¡Buenísimas tardes!

Perdonen mi demora, no fue con intención!

Ahora me dedicaré de pleno en mis fics, si es que nada me lo impide. Bueno, quiero publicar otra historia, pero lo sigo pensando seriamente, ya que podría ser un problema, en fin eso no viene al caso.

Muchísimas gracias por todos sus comentarios! Los amo, siempre los amo.

Sayuki Yukimura, que interesante comentario... No me tientes, soy débil XD.

Perdonen mis miles de errores! sé que los tengo es obvio.

Disfruten de su lectura!


Makoto en cuanto vio el rostro de Rin, supo que estaba más que molesto, ahora el por qué lo estaba, era un asunto de tres opciones. La primera, era por la hora tardísima en que había llegado, él siempre llegaba al departamento antes de que se escondiera el sol, casi nunca hubo un día en el que llegara en el reino de la noche, eran muy pocas las veces en que pasaba, y cuando sucedía, Rin estaba con él. La segunda opción, se trataba de que al estar en la biblioteca, puso su celular en silencio, olvidándose de quitarlo al salir, por lo que no se percató de ninguna de las veintitrés llamadas del pelirrojo. La tercera y última opción, tenía que ver con la presencia del pelinegro con hermosos orbes oceánicos y sexy sonrisa (esbozada en aquel momento), que estaba a su lado. Como las tres opciones entregaban una gran oferta, decidió irse al mejor postor, que era la tercera. Él no era idiota, sabía muy bien que una de las debilidades de su amigo de la infancia, era su tierna y dulce sonrisa, que lograba ser un arma letal, pero que en esta ocasión, resultó ser una de doble filo, porque sólo hizo que Rin frunciera más el ceño. Cruzado de brazos, apoyado en el umbral de la puerta y con sus infiernos escarlata ardiendo iracundamente, se hizo a un lado para darle la pasada; si Makoto era inteligente, no se despediría del nadador que muy amablemente se ofreció a acompañarlo, por lo que sólo le dio una mirada furtiva e ingresó al departamento.

—No te veo muy alegre esta noche, Rin —Dijo Haruka, obviamente disfrutando de la situación.

—Ve a buscarte una ramera —Contestó agrio, cerrando la puerta de un portazo. Haruka simplemente se encogió de hombros, era normal que Rin se enojara, su temperamento era muy alterable. Se encaminó hacia la estación, definitivamente esa noche tendría sueños encantadores con aquellos orbes esmeraldas.

El chico de sedosas hebras olivas se sentó en silencio en el sofá, temiendo por su vida, pegó un pequeño salto al sentir el fuerte ruido que hizo la puerta al cerrarse, el regaño del adolescente de orbes rojizos se le hacía prácticamente inminente.

—Te dejé la cena en el microondas, estoy agotado, buenas noches —El chico de gafas se sorprendió al no escuchar ningún grito ni nada por el estilo.

— ¿No… Vas a decirme nada? —Lo miró extrañado, Rin se dirigía a su habitación cuando le preguntó, por lo que se detuvo y se volteó a mirarlo molesto, prácticamente como si quisiera matarlo. Makoto comprendió de inmediato que no debía hablar más, así que sólo suspiró resignado y se dirigió a la cocina para calentar su cena, pegando otro salto al escuchar un segundo portazo.

A la mañana siguiente, el día estaba bastante frío, Rin se había levantado con la sangre más calmada, aunque seguía un poco enfadado. Se metió a la ducha para darse un relajante baño de agua caliente antes de irse a la universidad. Se quedó pensando en lo ocurrido anoche, realmente estaba furioso, y por otro lado muy preocupado (aunque esto último por ningún motivo debía saberlo el chico de ojos verdes) porque Makoto era un lindo, muy lindo idiota, lo que aumentaba el peligro de que anduviera solo por la noche, en especial por el barrio en el que vivían, pues no era el mejor de Tokio, la verdad es que era uno de los peores, y si a eso se le agregaba la compañía de Haruka que era como la de un violador en potencia que usaba su encanto como droga en sus víctimas, la preocupación la tenía por las nubes; su molestia era porque el precioso chico no le hizo caso sobre su advertencia de mantener las distancias con Haruka, y el pelinegro tampoco le tomó en cuenta cuando se la hizo. Él perfectamente podría decirle a su dulce amigo, lo que era el nadador de orbes oceánicos realmente, pero se llevaba bastante bien con Haruka como para perjudicarlo de esa manera, pues no era de esos bastardos que le hacía daño a sus amigos por el placer de hacerlo.

Lo que más rodeaba al mundo era el mar, por ende, peces habían por billones, así que no lograba entender por qué, un seductor de alta gama se pudo haber fijado en un pez imposible de cazar, sabía que Makoto era único en su raza, que era la presa más codiciada entre los depredadores, pero era inalcanzable por varias razones, y debía hacérselas entender al pelinegro antes de que se encapriche más con su utopía imposible. Haruka se olvidaría fácilmente del muchacho, como lo hacía con todas sus conquistas, rápidamente se interesaría en otro chico o chica y Makoto quedaría en el olvido, estaba seguro. Después de salir del baño que estaba consumido de vapor, se vistió con su equipo deportivo que indicaba que pertenecía a la Universidad de Tokio; con el cabello aun goteando y una toalla sobre su cabeza, se encaminó a la sala de estar que estaba pegada a la cocina de estilo americano; se encontró a Makoto, sentado en el sofá con su ridículo y lindo pijama de vaca (que se lo regaló él de broma pero que le gustó demasiado) con su tonta revista de subscripción mensual de gatitos sobre su regazo y su estúpida y diabéticamente dulce sonrisa. Cada una de esas contemplaciones, era un componente altamente explosivo de una bomba de ternura que podía arrasar con prácticamente un continente entero, fácilmente. Definitivamente no iba a dejar que Haruka pusiera sus garras en él, primero debería pasar sobre su cadáver, y el de otro.

— ¿Qué es esto? —Preguntó curioso el adolescente con pijama de vaca, sosteniendo un pequeño librito entre sus manos.

—Ese, es el manual de tu celular —Explicaba el pelirrojo mientras se secaba sus rojizas hebras— Léelo, tal vez así aprendas a contestar cuando te llaman.

—Rin… —Makoto suspiró— Tenía mi celular en silencio y se me olvidó sacarlo, lo siento tanto, sé que te preocupé mucho…

—Detente —Rin hizo un gesto con su mano— Me preocupé, está bien, pero mucho… No lo creo. Sólo fue un poco porque eres un idiota que no se sabe cuidar solo —Mentía por supuesto, pues la angustia de que algo le había pasado a su bonito hijo aún lo carcomía. Ahora, Makoto no tenía por qué saber que fue realmente así— Además te dije que no te acercaras a Haru y es lo primero que haces.

—Haru se quedó ayudándome con los ejercicios de matemáticas, no me hubiera quedado si alguien fuera paciente y me explicara tranquilamente en casa —Se defendió el muchacho de hermosos orbes esmeraldas.

—Es porque eres muy lento, no tenemos el mismo ritmo de vida —Decía dirigiéndose a la cocina para prepararse el desayuno.

—Como sea, Haru se ofreció a ser mi tutor y yo acepté —El más alto había retomado la lectura de su revista, admirando el póster exclusivo de un trío de gatitos albinos que traía, cuando por tercera vez, pegó un salto, ahora por culpa de algo que cayó al piso y se quebró— Oh no… Por favor dime que no fue mi taza de navidad.

— ¡Que aceptaste ¿Qué?! —Gritó Rin, volteándose para hacerle frente al estudiante.

—Bu-bueno… No puedo reprobar esa asignatura, es muy importante y él explica tan bien que…

—Él no puede ser tu tutor —Lo interrumpió sin querer escuchar las explicaciones.

— ¿Por qué no?

—Porque yo lo seré —Dijo dictaminante, ganándose un quejido del otro muchacho— ¿Qué? ¿Acaso crees que no soy digno de enseñarte?

—No es eso… Pero si no quieres que Haru me enseñe podría decirle a Sous…

— ¡Dije que yo lo haré! —Enojado, le dio la espalda para sacar otra taza del mueble donde las guardaban— Tendrás que agradecerme cuando apruebes.

—Ah… Está bien —Suspiró el chico de hebras olivas resignado— Uhm… Rin, la taza que se…

— ¡No fue tu estúpida taza de navidad! —Y por cuarta vez, Makoto nuevamente pegó un salto gracias a los agresivos gritos de su padre— … Fue mi taza de tiburón…

El desayuno fue "tranquilo", al menos Rin ya no estaba gritando; ambos se encontraban sentados en la mesa, con Makoto disfrutando de su leche desnatada de chocolate, mirando con una sonrisa boba a su amigo quien bebía de su café cargado y con muy poca azúcar. Por lo general, el adolescente de orbes escarlata no era de gritarle, al que siempre le gritaba era a Sousuke que los soportaba… A veces, porque había algunas ocasiones en donde simplemente, no usaba su paciencia y terminaba por pelear con él, cosa que era más frecuente de lo común. Así que el hecho de que le tratara así, debía ser por un asunto algo serio que obviamente tenía que ver con Haruka; un fuerte motivo tenía que tener Rin para su total negación a que se involucrara más con aquel enigmático nadador, tal vez se debía a…

— ¿Te gusta Haru? —Preguntó el muchacho de gafas de la forma más inocente posible— Sabes que no tienes que sentir celos, lo único que me interesa es ser su amigo…

— ¡HAH! —Makoto cerró los ojos con algo de miedo del chico con dientes de tiburón— En primer lugar, me ofendes; en segundo lugar… Me ofendes, y en tercer lugar… … … Me ofendes.

—Lo siento, es sólo que no entiendo por qué no quieres que esté cerca de él —Decía tratando de calmar las revoluciones del más bajo.

—Makoto… Tú, gato miedoso e insistente… —Rin suspiró sobándose las sienes— Quieres… simplemente obedecer.

—Perdón… No te enojes, ¿Sí? —Le sonrió, el pelirrojo lo miró por unos segundos antes de asentir levemente.

—Bien debo irme —Se levantó tomando su bolso y colgándolo al hombro— Devuelta te vienes conmigo.

— ¡Pero tus clases terminan dos horas después de las mías! —Protestó, pero Rin no le hizo caso.

—Recuerda leer el manual —Y sin más que decir, el nadador salió del departamento.

Haruka estaba algo decepcionado, ya que cuando fue al café no encontró a su hermoso ángel de ojos verdes y preciosa sonrisa, así que sólo pidió su Expresso y Muffin para irse rápidamente. El viento helado golpeó su piel, congelándola; recordó que su bufanda la tenía su amado chico; la verdad es que estaba orgulloso de su autocontrol, porque sus deseos de tener al adolescente entre sus brazos eran magnos y que no lo haya atacado en la estación de tren fue algo admirable para un depredador como él. Subiendo el cuello de su chaqueta, se encaminó a la universidad, hoy era el día en que se topaba con Rin todo el tiempo, ya que tenían las mismas clases los jueves; el único día en que coincidían totalmente. Estaba más que preparado para las palabras ásperas del nadador y sus advertencias, no era la primera vez que alguien se interponía en su juego, pero hicieran lo que pudiesen e incluso intentaran lo imposible, él salía ganando igual, y esta absolutamente no iba a ser le excepción. Con introducción a la historia organizacional de la natación como su primera clase, el aburrimiento lo poseyó por completo, decidió por ponerse a dibujar en las últimas hojas de su cuaderno, en ellas ya habían algunos bosquejos de aquel ser mitológico en cuerpo de humano, admitía que estaba embobado con la belleza de Makoto, una que desearía ver más a menudo y de forma mucho más íntima. Si era sincero, esperaba la llegada de Rin expectante, disfrutaba de discutir con él de vez en cuando, pero al pasar las horas y las clases, éste no llegaba; no estaba preocupado, el pelirrojo a veces desaparecía todo un día sin dejar rastro, por lo general ocurría cuando estaba con mucha tensión acumulada, cuando eso pasaba, siempre se iba en busca de algún amable chico que recibiera toda su tensión, él a veces lo acompañaba, pues era una actividad que solían compartir; sin embargo, por lo ocurrido en la noche, tal vez no quería compartir nada con él en esos momentos. Se encontraba en las dos últimas clases que eran equivalentes a las prácticas, cuando el pelirrojo se dignó a aparecer como si nada. Faltaban unos quince minutos para que llegara el entrenador con los demás del equipo, él estaba bastante concentrado en la creación de una de sus obras de arte(ya que no podía usar la piscina); dibujar a un ángel no era fácil después de todo, así que no se percató del adolescente que se sentó a su lado, quien en cuanto vio qué estaba dibujando, le quitó el lápiz rápidamente.

— ¿Puedes dejar de dibujar a Makoto? —Le dijo molesto, mirando los dibujos de su amigo, debía admitir que tenía un gran talento, pero que era escalofriante.

—Sólo dibujo lo que está en mi cabeza —Contestó con su rostro estoico, quitándole el lápiz y volviendo a su trabajo.

—Lo único que quieres es acostarte con él —Recriminó agresivamente, pero Haruka ni se inmutaba por sus palabras. Sólo desvió su oceánica mirada hacia él por un segundo, para luego ponerla sobre el papel— Escucha… Me da igual si te masturbas pensando en él, o tienes sueños húmedos toda la noche, mientras entiendas que no puedes acercarte.

—Dame una buena razón para no acercarme a Makoto —Dejó de dibujar, poniéndole toda la atención del mundo al chico de orbes escarlata.

—Bueno porque él es… —Justo cuando Rin iba a explicarle el porqué de sus advertencias, su celular comenzó a sonar. Tomó el teléfono viendo que se trataba del chico de hebras olivas— Hablando del diablo… —Susurró levantándose y alejándose del pelinegro para hablar con mayor comodidad— Veo que aprendiste a usar tu celular, te felicito.

—"Rin, ¿Realmente te tengo que esperar? ¡Me aburriré todo este rato!"—Se escuchaba la dulce voz a través de la línea telefónica.

—Los tontos se aburren… Si quieres puedes venir a ver la prac… —Se detuvo, si Makoto iba hacia donde estaba él, vería a Haruka, algo que no era muy conveniente para la paz del mundo— Ve a leer uno de tus estúpidos libros a la biblioteca o algo así.

— "¿Eh? Pero no quieres que te vaya a…"

— No, no quiero que vengas —Lo interrumpió para luego colgarle, escuchando un segundo después, las grandes puertas abrirse para que entrara el equipo de natación junto al de la Universidad de Rikkyo, se había olvidado de que hoy tenían que practicar con ellos.

Pudo distinguir rápidamente a Sousuke, pues era uno de los más alto, siempre con una mirada indiferente, como si nada le importara; en cierta forma, era muy parecido a Haruka, pero a la vez muy distinto; partiendo por el punto de que el chico de preciosos ojos turquesa no era un casanova hambriento por comerse a sus víctimas. Su mejor amigo era como un perro rabioso y muy fiel, en comparación con Haruka, que en cuanto le llegaba el olor de comida nueva, partía tras ella dejando atrás la anterior. Aunque daba igual cuales fueran sus razas y cualidades, él no los tendría como mascotas, ni mucho menos bajo un mismo techo, sería una cruenta masacre, porque el odio entre esos dos crecía cada vez que se veían, nunca supo porque se llevaban tan mal, pero era mejor no meterse en ese territorio, era un campo minado después de todo, y ningún paso en falso era perdonado. Tal vez era eso, una de las muchas razones para quedarse sólo con su gatito miedoso, aunque éste le acarreara más de un problema.

Makoto se encontraba sentado en una de las miles de bancas que había por alrededor de toda la universidad, estaba disfrutando de su gran libro de crucigramas, el sol escondido tras el mar de nubes hacían que tuviese que forzar más la vista para poder leer; dirigió su mirada a la bufanda de color azul oscuro que sobresalía de su mochila, se le había olvidado devolvérsela al nadador, y el día cada vez se estaba volviendo más y más helado, así que no se la iba a quedar más tiempo de lo debido, después de que terminasen las prácticas, él iría y se la devolvería a Haruka personalmente, aunque al adolescente de hebras rojizas no le vaya a agradar mucho esa idea.

El silbato sonó, anunciando que el calentamiento había terminado, y después de un leve receso, las prácticas comenzarían. Sousuke estaba perdido en sus pensamientos, Rin podía darse cuenta de ello con tan sólo mirarlo, había algo que le molestaba, en sus orbes de color verde y celeste se reflejaba aquella incomodidad; le gustaría saber qué pasaba pues eran amigos, pero aquel pelinegro no era alguien que demostrara sus sentimientos a flor de piel, bueno… Al menos no con él, cosa que le dolía un poco, ya que no se trataba de cualquiera, era su mejor amigo, en el que debería tener plena confianza. Sousuke le decía que ocultaba muchas cosas para no hacerlo llorar, algo totalmente innecesario porque él no era alguien que llorara fácilmente (siendo ésta una de las mentiras más grandes que el mundo haya escuchado), pero no le insistiría, aún no. Los gritos de los entrenadores resonaron por todo el lugar, la práctica de relevos comenzaba y estaban formándose para su carrera, los dos equipos eran grandes potencias e incluso si se unieran serían invencibles; nunca había un ganador consecutivo, a veces la Universidad de Rikkyo ganaba como a veces la de Tokio lo hacía también. Eran perdedores y ganadores al mismo tiempo, pero en un campeonato como el que se acercaba, la derrota era algo en que no se podía tener la opción de redención. La tensión que siempre se respiraba cuando los dos monstruos se enfrentaban no tardó en llegar, la última vez que compitieron, Haruka fue el vencedor, un golpe muy duro para Sousuke que no estaba acostumbrado a saborear la amargura del fracaso, así que estaba decidido a que no se volviera a repetir.

Makoto no odiaba el agua, pero le temía ferozmente; tan sólo pensar en sumergirse en ella le aterraba y le provocaba ansiedad. Por eso, no le gustaba entrar al recinto donde se encontraba la piscina que quedaba al frente de la cancha de atletismo que en esos momentos estaba vacía, algo extraño ya que siempre habían personas entrenando. Se encogió de hombros, no era un asunto que le importase mucho; siguió caminando, frotando sus brazos por lo frío que estaba, cuando una gota aterrizó sobre su cabeza, curioso, levantó la mirada sólo para ser recibido por más gotas. Las lluvias en otoño no eran muy comunes en Tokio, pero cuando las gotas ya empezaban a caer, no había dios que las detuviera. Ahora comprendía porqué la cancha de atletismo estaba vacía; corrió rápidamente a hacia la piscina que estaba totalmente techada, con agua temperada para no detenerse en ninguna época del año. Esperó afuera de ésta, bajo el gran pórtico, observando como la lluvia se volvía cada vez más fuerte, se convertiría en un diluvio torrencial, de eso no tenía duda. Poco a poco, los nadadores comenzaron a salir, primero fueron los de la Universidad de Rikkyo, luego los de la suya, algunos le dirigían la mirada por instantes y otros ni cuenta de él se daban; al parecer muchos sabían sobre la lluvia, ya que en cuanto salían, abrían sus paraguas para caminar bajo ella. Recordó que no traía ninguno consigo, y no vio a Rin salir con uno tampoco, por lo que sólo le quedaba lamentarse.

— ¿Makoto? —Fijó su mirada en el chico de orbes oceánicos que lo miraban curiosos— ¿Qué haces aquí?

—Ah, hola Haru —Lo saludó cordialmente, con una hermosa sonrisa que hizo que el corazón del nadador se contrajera—Estoy esperando a Rin y… Para devolverte esto —Sacó la bufanda que estaba perfectamente doblada y protegida en el interior de su mochila— Muchas gracias, creo que ahora la necesitarás —Haruka tomó la prenda, tocando los dedos del chico con los suyos.

—Estás helado —Dijo mirando las manos del más alto, enrojecidas por el frío.

—Bueno, estuve esperando aquí afuera por un buen tiempo, así que…

—Makoto.

Si alguien se dignaba a preguntarle a Haruka, si se esperaba lo que estaba presenciando en ese momento, obviamente diría no, ni por un segundo se le hubiera ocurrido pensar en ello. Él disfrutaba del frío y amaba caminar bajo la lluvia, empapándose de ella en el camino, pero ahora…

— ¡No hagas eso de repente!

Ahora no estaba disfrutando de nada, ¡¿Cómo podría estarlo, cuando acababa de ver los labios de su hermoso ángel siendo ensuciados?!

—Ahm… Haru…

Los preciosos orbes esmeralda se volvieron hacia él; No quería saberlo, ya tenía suficiente con la mirada orgullosa y engreída de Rin encima como para aguantar algo más.

—Te presento a mi novio… Sousuke.

Y cuando su barco iba viento en popa, una horrible tormenta azotó al navío provocando que perdiera el rumbo, y se quedase varado en aquel bravo mar, donde el tráfico de seducción… Estaba prohibido.


Qué les pareció? Se lo esperaban? jgjdgskgjkdgs. La verdad es que tenía planeado esto desde antes de publicar este fic, pero no les quería decir nada.

Mis amores! les presento mi tercera OTP que amo, SouMako! Lamento mucho si no les gusta esta pareja, pues en la historia habrá MUCHO de esta pareja.

Así que son libres de elegir! Seguir conmigo y ver qué es lo que pasará, o llegar hasta aquí y despedirnos.

Los insultos, quejas, amenazas, declaraciones de amor (?), son bienvenidos!

Hasta entonces, se despide su servidora.

Airi.

¡Muchos kissus llenos de amor virtual!