¡Buenas noches mis preciosícimas criaturas! Han tenido una hermosa semana?

Seré sincera, como estoy de vacaciones, no tengo ganas de absolutamente nada, y ese es el único motivo de mi demora, la horrible pereza (Muy irresponsable, lo sé)

Sobre el fic! En realidad éste es el que dejo al último para actualizar, ya que actualizo mis otras dos historias que tengo antes, esto es simplemente porque este fic es "reciente" y los otros no XD. Ahora, como me han llegado muchos comentarios y como leo en ellos el entusiasmo (bueno, yo los leo con entusiasmo) he decidido actualizarlo pronto (relativamente)

Mis amores, me mataron sus comentarios! Son hermosos! Muchas, muchas, muuuchas gracias a todos ustedes! Y también les agradezco que se hayan querido quedar conmigo! ¡Miles de besos para ustedes!

Antes de dejar de molestar, voy a aclarar algo. No sé el por qué del miedo de que si hay SouMako, hay RinHaru; mis preciosas criaturas no tienen que preocuparse, porque si se trata de un fic escrito por mí, jamás leerán un RinHaru, ya que para Mí, esa pareja no existe. Y hago énfasis en "mí", porque esta es una opinión totalmente personal; ahora nunca dejaré de admitir, que entre ellos hay una gran y fuerte amistad, y la verdad es que me gusta mucho aquel bromance, pero de aquí a que lo vea como romance, no creo que suceda nunca.

Pido eternas disculpas por si a algunas preciosas criaturas no les agradó mis palabras! Es simplemente mi opinión y no deben tomarla taan en serio XDDD.

Nuevamente agradezco por sus hermosos comentarios!

Perdonen mis miles de errores.

Disfruten de su lectura!


—Deberías haber visto tu cara, fue sorprendente —Rin decía divertido, apoyado con ambos brazos sobre la barra mientras disfrutaba de un café Turco (el que era muy amargo y que le encantaba), en medio de su trabajo.

—Disfrutas de todo esto, ¿Verdad? —El hermoso adolescente de orbes oceánicos desvió la mirada molesto, no era ni temprano ni tarde, sus clases empezaban en un par de horas, pero realmente no se sentía con ánimos de ir a la universidad.

—Bueno… Seré sincero… Sí —Sabía que a Haruka no le agradó para nada la noticia de que Makoto estaba saliendo con Sousuke, que de por sí eran enemigos a muerte—Te dije que saldrías perdiendo.

—No eres agradable… —Miró su pequeño reflejó en el café a medio tomar, tenía sentimientos encontrados, no sabía muy bien qué hacer, el golpe fue demasiado reciente y apenas se estaba recuperando para contraatacar… Quizás.

—Ya anímate, encapríchate con alguien más y olvídate de Makoto —Para el chico de hebras rojizas la solución era muy fácil, lástima que para el nadador prodigio no le era tan así.

—Nos vemos en la práctica —Dijo cortante, tomándose lo que le quedaba de su Expresso de un solo trago para marcharse rápidamente.

— ¡Hey, espera! ¡Tienes que pagarme el café! —Pero sus palabras quedaron en el aire, pues el pelinegro había desaparecido tras las puertas— Ese idiota…

Caminar por Tokio en un día de semana era un infierno, en especial si era viernes. La ciudad tenía sus calles transitadas de forma masiva, de personas dirigiéndose de aquí a allá bajo la lluvia, entrando a edificios, saliendo de tiendas, bajando hacia el metro o tomando los trenes, nunca se vería la ciudad vacía, tenía que ser así de todos modos; si algún día se encontraban con Tokio desolado, era porque estaba muriendo. Aun así, Haruka odiaba las multitudes, él era un fiel activista de su espacio personal, que a veces era invadido sin ningún reparo. Ese día en especial no estaba de humor como para soportar estar entre tanta gente, por lo que decidió ir a su departamento, después de todo, le quedaba cerca del café. Mirando hacia ambos lados, cruzó la calle por el lugar que no debía hacerlo, no le importaba sin embargo; ya que realmente odiaba las reglas, porque éstas lo limitaban mucho. Él estaba siendo muy tolerante al aguantar con tranquilidad los reglamentos de la natación profesional, aunque en algunas ocasiones estuvo a punto de romperlos todos. Con unas cuantas vueltas de las llaves en la cerradura, la puerta abrió fácilmente; su departamento era grande, cuatro podrían vivir ahí sin ningún problema e incluso se podría invitar a más personas. El barrio en que se encontraba, era donde estaban todos los lujos y lo más interesante era que a unas cuantas cuadras más al centro, se hallaba la zona roja más glamorosa de la imponente ciudad, que de noche brillaba por sí sola, vendiendo placer y satisfacción a cambio de una buena cantidad de dinero. Lo más increíble era la facilidad de acceder a drogas ilícitas en aquel sensual distrito; al ser un visitante algo "habitual" por esos lares, se había visto expuesto miles de veces a ellas, pero les hacía el quite olímpicamente, pues a él sólo le interesaba el sexo, y la verdad es que le daba igual si la cortesana con la que estaba se drogaba frente a él, mientras hiciera bien su trabajo, ¿Qué importaba? El placer era lo esencial, ahora si era mutuo o no, eso ya no era su asunto. Era egoísta, lo admitía, con un ego inmenso y una arrogancia increíble; por eso, cuando vio a su precioso Adonis siendo ensuciado vilmente por los labios de un perro mestizo sin clase, se sintió fatal, como si una simple y zarrapastrosa hiena le hubiera arrebatado el trozo de carne más grande y exquisito a un león. Makoto era un arcángel reencarnado en tierra de mortales, lo deseaba sublimemente; la necesidad de poseerlo, hacerlo suyo era un anhelo que se hacía cada segundo más insoportable y difícil de llevar, en él se encontraba aquella euforia que había perdido, lo sabía, pero el gran problema es que aquel precioso chico estaba cazado. Suspiró Sintiendo una vibración en el bolsillo de su pantalón, con pocos ánimos sacó su celular sólo para ver la llegada de un mensaje.

Sousuke retuvo un bostezo mientras miraba a Makoto dormir, a pesar de que ese día no tenía clases, tenía asuntos que resolver, había extrañado a su novio, aunque no se lo decía muy a menudo. Hace más de dos semanas que no se veían, así que en cuanto se encontró con él a la salida de la piscina, no pudo evitar besarlo, fue una especie de confort después de haber perdido la competencia contra Haruka y su arrogancia, que creció aun más después de aquella carrera.

— ¿Sousuke? —Se escuchó preguntar la tierna voz adormilada del adolescente de orbes esmeraldas. El chico más alto le sonrió levemente, extendiendo su brazo para remover algunos mechones rebeldes de la frente de su novio.

—Hey… —Lo saludó, recibiendo sólo un bostezo ahogado por parte de Makoto— ¿Dormiste bien?

—Sí, ¿Y tú? Lo siento si me arrumé mucho a ti —Decía en tono de disculpa y algo avergonzado— La noche estaba muy fría.

—Está bien —Se levantó de donde estaba sentado y estiró sus brazos, una persistente punzada le estaba molestando en su hombro derecho hace un tiempo, el entrenador lo había mandado a hacerse unos exámenes en una clínica en Tokio, por lo que ahora tenía que ir a realizárselos. Makoto se dio cuenta de que su novio estaba totalmente vestido y al parecer hace poco había salido de tomarse un baño, pues su cabellera azabache estaba mojada— Debo irme.

— ¿Eh? ¿Por qué? —Tenía la esperanza de pasar más rato con su amado chico e incluso almorzar con él. Sousuke miró el lindo puchero que se formó en sus labios, aquel adolescente era muy adorable para su corazón y salud, no se sorprendería si le dijeran que padecía de diabetes, después de todo tenía un novio demasiado dulce.

—Tengo que hacerme unos exámenes —Explicó después de unos segundos— Sólo es por chequeo, nada más.

— ¿Quieres que te acompañe? —El muchacho más bajo se sentó en el borde de la cama, refregándose los ojos y sintiendo que el sueño no quería abandonarlo.

—No, no sé cuánto tiempo demoraré y tú tienes que ir a la universidad —Dijo tomando su bolso— Estaré bien —Agregó al ver la mirada preocupada de Makoto.

—De acuerdo —Suspiró, levantándose para encaminar a su novio hasta la puerta— Supongo que tampoco desayunarás.

—Voy tarde, lo siento —Le sonrió mientras se ponía sus zapatos. La lluvia aún caía sin piedad por toda la ciudad, ni siquiera daba atisbos de que deseara parar.

—Deberías llevar un paraguas, está lloviendo muy fuerte…

—Makoto… —Sousuke interrumpió su hablar, acercándolo a él para abrazarlo por la cintura— Nos vemos mañana —Lo besó castamente, pero en el instante cuando se iba a separar, el adolescente de hebras olivas profundizó el beso, negándole a su novio a romper el contacto. El muchacho de hebras azabaches no puso mucha resistencia, los labios de Makoto eran una droga demasiado adictiva que lo hacían caer en cuanto la probaba. Fue un beso lento, sin apuros, pero con mucha intensidad, en él se decían cuánto se habían extrañado y cuánto deseaban poder estar juntos— Me tengo que ir —Dijo con la respiración algo entrecortada, tenían que parar, pues si seguía besando a su precioso chico, su autocontrol dejaría de funcionar y provocaría algo de lo que seguro no se arrepentiría, pero que le haría perder la cita con el doctor.

—Sí… —Un sonrojo se asomó en sus mejillas, bajó la mirada algo apenado, no quería verse necesitado, pero realmente extrañaba el tacto del nadador. Sousuke sabía de esto, pues tenía el mismo sentimiento; con pesar, le dio un último beso antes de salir del departamento; Makoto se quedó mirando la puerta, sintiendo frío… Otra vez.

Tal vez Makoto tenía razón, tal vez debió haber llevado un paraguas o simplemente haberse quedado entre el calor de sus brazos, pero aunque lo deseara mil veces, no podía perder la cita con su médico. Su rendimiento había bajado, se había dado cuenta y su entrenador también, como era el nadador estrella del equipo, éste último estaba preocupado; él en cambio, no lo estaba, tal vez sólo era una mala racha o agotamiento, nada que le impidiera seguir nadando y convertirse en nadador profesional. Un suspiró salió de sus labios mientras caminaba rápidamente para no llegar tan empapado a la clínica, sentía una pesadez en su corazón por haber dejado a su lindo novio solo, lo único que quería en ese momento era estar con él. Sabía que era afortunado por tener a alguien como Makoto a su lado, era la esencia dulce que le faltaba a su vida; muchos habían intentado arrebatárselo, robárselo, pero fallaban rotundamente, ¿Por qué? La respuesta era simple, él no dejaba que nadie se interpusiera en su relación, además de que Makoto sólo tenía sus orbes esmeraldas puestos en los suyos, y él sólo podía amar intensa e únicamente a aquel adolescente, a nadie más amaba de esa forma y no creía que existiera alguien en el mundo que pudiera recibir ese amor aparte de su novio. En dos semanas era su aniversario, con él cumplirían tres años de uno de los noviazgos más hermosos que había tenido, y realmente esperaba cumplir muchos más.

Eran cerca de las dos de la tarde, Rin detuvo su andar y miró a su amigo que corría hacia él, ambos se encontraban en la universidad, que por curiosos motivos, siempre estaba más vacía cuando la lluvia visitaba Tokio. Makoto se detuvo frente a él, recuperando el aliento perdido, nunca fue bueno en los ejercicios físicos.

— ¿Ya almorzaste? —Preguntó con su dulce sonrisa, la que a veces le provocaba escalofríos.

—Ahora iba a eso —Contestó con expresión aburrida, arreglándose su gorro de lana negra para poder tapar sus orejas del frío.

—Entonces, ¿Almorzamos juntos? —Le sugirió comenzando a caminar junto a Rin— ¡Dios! ¡Sí que está frío este día! Me sorprende que esté lloviendo con tan baja temperatura.

— ¿Cuánta ropa llevas encima? —El pelirrojo alzó una ceja, mirando como el gatito miedoso que se veía algo más grande de lo normal por tanta prenda puesta, se frotaba las manos en busca de más calor.

—No la suficiente… —Caminó apegándose más al más bajo, haciendo que sus brazos rozaran y que Rin rodará los ojos exasperado.

—Le hubieras dicho a Sousuke que te calentara —Sonrió sugerentemente, dándole un codazo a lo que Makoto sólo se sonrojó y desvió la mirada— Por cierto, ¿Dónde lo dejaste? Pensé que almorzarías con él.

—Se fue temprano, dijo que tenía que hacerse unos exámenes en una clínica de por aquí.

— ¿Exámenes? ¿De qué? —Frunció el ceño, sintiéndose algo intrigado por la información que le estaban dando.

—Sólo son de chequeo, ¿A ustedes no le hacen lo mismo? —Dirigió sus preciosos bosques verdes a los infiernos escarlatas de su amigo, mirándolo inocentemente. Que los nadadores se hiciesen exámenes era algo normal, pero algo le decía que los de Sousuke no eran para un simple chequeo de rutina, en especial cuando no estaba siendo capaz de ganarle a Haruka, quien a su opinión, no estaba al mismo nivel que el adolescente de orbes turquesa.

—Sí… es cierto —Dijo de forma ambigua, tal vez debía interrogar al pelinegro; ayer se dio cuenta que había algo en él que le inquietaba, en su mirada; parecía distraído, como si le estuviera molestando alguna cosa.

—Si sigue estando así de helado, tendré que dormir contigo —Rin inmediatamente volvió a la realidad al escuchar las palabras de Makoto.

—Ni lo sueñes —Se alejó del muchacho para caminar lejos de él.

— ¡Pero Rin!

La furia de Haruka era prácticamente como la lluvia, a cada minuto aumentaba más, en especial ahora que estaba esperando en la estación, la llegada del tren. No se sentía ni siquiera un poco culpable por haber faltado a la universidad y si sus ánimos seguían así, tampoco iría a la práctica. Se apoyó en la pared, cruzándose de brazos, ahogó un suspiro y se detuvo a mirar. Habían varias presas que le llamaban bastante la atención, la idea de liberar su estrés y enojo no se le hacía tan mala en esos momentos, lástima que tenía que esperar al idiota que llegara; leyó nuevamente el mensaje que había recibido por parte de su viejo amigo. Kisumi iba a visitarlo de vez en cuando, aunque por lo general lo hacía por el fácil acceso al placer que Tokio vendía. Miró con esperanza la llegada del tren, esperaba que de éste por fin saliera el chico de hebras rosáceas, no iba a esperar un segundo más si no se encontraba con él ahora. Y como si sus pensamientos fueron escuchados, pudo ver entre la multitud al adolescente que le enseñó todo lo que sabía sobre la seducción. Por su personalidad histriónica y su encanto natural, Kisumi decidió estudiar actuación, aunque seguía amando el basketball, por lo que se unió al club de la universidad. Haruka en cuanto vio la estúpida sonrisa de su amigo, desvió la mirada, esperando inevitablemente el abrazo con el que iba a ser recibido.

— ¡Haru! —Se abalanzó sobre él, el pelinegro se preguntó en qué momento había crecido tanto que ahora prácticamente se estaba ahogando en el pecho de éste.

—Ya aléjate —Haruka se apartó molesto por el contacto físico que Kisumi amaba tener.

—Siempre tan desabrido… —Hizo un lindo puchero, a lo que el más bajo sólo alzó una ceja— Y yo que te extrañé tanto.

— ¿A qué viniste esta vez? —Comenzó a caminar, ignorando las palabras del adolescente.

— ¿No es obvio? ¡A visitarte! —Decía con genuina alegría— La universidad nos adelantó una semana de las vacaciones de invierno, así que me tendrás por todo ese tiempo. Cuando estés de vacaciones tendrás que visitarme también.

—No lo creo...

— ¡¿Eh?! ¿Por qué no? —Kisumi frunció el ceño fingiendo gran tristeza.

—Porque me da pereza —Contestó simplemente, saliendo de la estación y mojándose con la lluvia.

—Deberías animarte, puedo enseñarte el encanto oculto de Kyoto —Pasó un brazo por los hombros del nadador, susurrándole al oído. El chico de preciosos orbes oceánicos quitó inmediatamente el brazo del más alto para seguir caminando un poco más rápido— Dios, ¿Qué te pasó? Estás más serio de lo normal.

—Nada… —Kisumi ladeó la cabeza en confusión, algo le molestaba a su amigo, era muy notorio su enfado. Decidió por no insistir y enfadarlo más, pero definitivamente iba a averiguar lo que le pasaba a su compañero de caza.

Sousuke se sobó su hombro derecho, mientras esperaba las palabras del doctor, no le gustaba aquel semblante serio que tenía. El hombre de mediana edad, miraba concentrado y preocupado los papeles que tenía en sus manos, el silencio lo estaba matando, sólo quería salir de ahí lo más pronto posible; que el día acabara y se convirtiera en sábado para poder estar con su novio como habían concordado. Un suspiro por parte del médico le llamó la atención, levantó la mirada para encontrarse con la de éste. Algo de tensión lo invadió, los ojos de aquel hombre decían que algo no iba bien. Su celular que en esos momentos estaba en sus manos le indicó un mensaje de su novio.

Mensaje de texto.

De: Makoto.

¿Ya saliste de la clínica? ¿Qué tal te fue?

—Yamazaki-kun… —Fijó sus orbes turquesas nuevamente en los del doctor.

— ¿Sucede algo? —Alzó una ceja, apretando inconscientemente el celular entre sus manos.

—Verás… La molestia de tu hombro, es causada por una leve a moderada tendinitis del bíceps —Explicó con paciencia y voz fría. Sousuke sólo parpadeó en entendimiento, dejando que el hombre de cabellera algo canosa continuara— Esta lesión es normal en los nadadores profesionales, lo extraño es que tú eres muy joven como para lesionarte, tengo entendido que apenas estás en segundo año de la carrera.

—Así es.

—Tal vez has estado entrenando mucho, ¿Me equivoco? —Nuevamente el silencio se encargó de ensordecer el tenso ambiente; el pelinegro contuvo la respiración por unos segundos, pensando en quizás nada y todo a la vez.

—No para causarme una lesión —Finalmente pronunció, de forma seca y algo áspera para su propio gusto.

—Escucha… —Apoyó ambos codos sobre la mesa, entrelazando sus dedos— Tienes que suspender tus actividades por un tiempo, estar en reposo, te recomiendo que dejes de nadar por al menos unas semanas, hasta que la inflamación pase. Voy a…

—Imposible —Lo interrumpió rápidamente— No puedo dejar de entrenar, el campeonato universitario se acerca y mi equipo cuenta conmigo.

—Necesitas reposo, tu lesión puede convertirse en algo mucho más grave si no la cuidas debidamente —Insistió el doctor, frunciendo el ceño y apoyando su espalda en el respaldo de su silla.

—Voy a estar bien —Contestó negándose a escuchar— Sé que debo reposar, pero no puedo dejar de nadar ahora que me necesitan. No puedo perder el campeonato.

—Ah… —Suspiró, podía sentir la rotunda negativa del adolescente frente suyo— No puedo obligarte a hacer algo que no quieres. Al menos disminuye las horas de entrenamiento.

—Lo intentaré.

—Eso espero —El médico tomó un lápiz y un papel, comenzando a escribir rápidamente— Te recetaré unos antinflamatorios para calmar el dolor —Le pasó el papel, al que Sousuke lo examinó curioso— Y cuando puedas, ponte algo de hielo o calor, cualquiera de los dos te ayudará, aunque esto no te servirá mucho si no haces el reposo que te digo.

—No dejaré de nadar —Repitió algo molesto— Gracias —Se levantó dirigiéndose a la puerta, pero las palabras del mayor lo detuvieron.

—Si sigues con esa soberbia muchacho, perderás más que un campeonato, tenlo por seguro...

Sousuke sólo hizo una leve reverencia y salió del lugar, ya había sufrido de tendinitis antes cuando iba en la secundaria, se había recuperado a la perfección de ella y no necesitó dejar de nadar para hacerlo, así que esto iba a hacer lo mismo, algo de hielo y un par de antinflamatorios antes de cada práctica resolverían todo; no había nada de qué preocuparse, o por lo menos quería creerlo así. Puso su mirada en el celular, empezando a escribirle a su precioso chico, que de seguro estaba algo inquieto porque no le había respondido antes.

Acabo de salir, todo está bien.

Envió el mensaje para luego guardar su teléfono en el bolsillo de su pantalón; se paró en el gran umbral de la clínica, mirando apacible la lluvia que caía sin descanso, muchos pensamientos revueltos habían en su cabeza y la paciencia que tenía para ellos no era la más adecuada. Quizás sí necesitaba al menos un día de reposo. Un último suspiró salió de sus labios, escondió sus manos del frío en los bolsillos de su chaqueta y se dirigió hacia la estación para volver a Ikebukuro; el viento helado hacía que su hombro doliera más, pero debía soportarlo en silencio, como lo ha estado haciendo todo el tiempo desde que su tortura empezó.

Kisumi observó decepcionado la despensa del nadador de estilo libre, buscando por todos lados, algo que le aliviara el frío, pero lo único que veía era caballa enlatada o congelada en bandejas, nada que le sirviera para calmar el temblar de su cuerpo. Miró a su amigo que estaba sentado sobre la alfombra de la sala de estar, viendo la televisión sin interés alguno; se sentó a su lado, sin saber mucho qué decir; el pelinegro tenía un aura sombría que lo rodeaba por completo, cosa que le daba algo de miedo, debía admitirlo. Definitivamente algo le había pasado a aquel adolescente, pues a pesar de que su actitud era bastante agria y desconsiderada, en el fondo era amable, como también algo sensible, aunque éste no lo demostraba para nada.

—Quizás necesitas relajarte… —Rompió el silencio que a esas alturas era bastante incómodo. Haruka sólo le dirigió la mirada por unos breves segundos antes de volverla al televisor— Y yo necesito algo para calentar el cuerpo.

—Puedes hervir agua si quieres —Kisumi lo miró haciendo un pequeño puchero, esa no era la respuesta que quería.

—Vi una cafetería muy cerca de aquí —Se levantó tomando su chaqueta para ponérsela— Vamos, te invito un café —El nadador simplemente alzó las cejas, sabía que si se negaba, el muchacho de hebras rosáceas insistiría y se volvería más molesto de lo que comúnmente era.

Al entrar al café, tenía la leve esperanza de ver a su ángel recibiéndolo con su preciosa sonrisa que iluminaba más que el sol y sin un perro que carecía de raza a su lado que perturbara su belleza, pero se llevó la desagradable sorpresa de que su dulce capricho no estaba.

—Aquí es donde trabaja el chico del que me hablaste la vez pasada, ¿Verdad? —Decía el más alto, sentándose en una mesa algo apartada— ¿Cuál era su nombre?

—Makoto… —Dijo casi en un suspiro, como si su alma hubiera tratado de escarparse en él.

— ¿Y cómo has ido? ¿Ya has conseguido algo? —Apoyó su mentón en la palma de su mano derecha, esperando con gran interés la respuesta del más bajo.

—No… Él… Tiene novio… —No le gustaba pronunciar esas palabras, ya que para él, le sonaban a una asquerosa derrota.

—No veo el problema en eso… Espera, ¿Eso es lo que te tiene molesto? —Haruka estuvo a punto de contestarle, pero un hermoso sonido se acaparó de todos sus sentidos.

— ¡Siento llegar tarde! —Se disculpó Makoto, entrando apresuradamente al café.

—Oh, la lá… —En cuanto los preciosos orbes morados de Kisumi se posaron en el adolescente que acababa de llegar, pensó inmediatamente que había muerto y despertado en el paraíso, porque una criatura así, sólo se podía encontrar en el cielo.

—Él, es Makoto… —Logró escuchar por parte del otro seductor, aunque su voz se oía lejana ya que estaba absorto en la belleza del muchacho de orbes esmeraldas— Oye… —Le dio un leve puntapié para que reaccionara, una de tantas cosas que odiaba el pelinegro, era que otros miraran a su presa, pues sólo él podía tener los ojos sobre ella.

—Entiendo que tenga novio —Balbuceó aún embobado,casi babeando, haciendo que Haruka se molestara más. Respiró hondo, debía volver a sus estribos y no perder la compostura, después de todo, él era un seductor de alto rango, y jamás debía mostrarse débil ante nadie, esa era una de las reglas que un cazador tenía que seguir— Lo que no entiendo es… Qué es lo que te impide seducirlo. No es como si fuera la primera vez que has arruinado una relación sólo para acostarte con la persona que deseas.

Y ahora que lo pensaba, lo que decía Kisumi era cierto, ya había pasado por esa situación antes, había hecho romper a muchas parejas por sus meros caprichos de querer tener sexo con una presa ya cazada; ésta no iba a ser la excepción… Oh, definitivamente que no. Él era el dueño de este juego, él ponía las reglas, él tomaba las decisiones, y él siempre ganaba. Sonrió para sus adentros; el tutorial ya se había acabado, ahora realmente empezaba… El verdadero juego.


Bien mis amores, eso fue todo por hoy! Espero les haya gustado.

La acción a comenzado!

Creo que retomaré mi sistema de actualizar los fin de semana. Pero repito, CREO.

Nos leemos en el siguiente cap!

Hasta entonces, se despide su servidora.

Airi.

¡Muchos kissus llenos de amor virtual!