Capítulo 38: Elegir un bando
Escuchar la historia de Itachi no había hecho que Hinata se arrepintiera de confiar en él. Al contrario, lo sintió más cercano. Sabía que no era lo mismo, pero de cierta manera podía entender lo que su compañero pasó. Ella no quería que nadie mueriera por su culpa, pero sabía que eso era inevitable. De ella dependía elegir el peor de los males.
—Si yo muriera, el Consejo no anunciaría un compromiso y la rama secundaria no tendría motivos para rebelarse.
—Podrían pensar que te querían hacer callar o tomar medidas más severas para controlar el clan, incluso usar a tu hermana menor.
Esto último horrorizó a Hinata. No había notado que el Consejo tuviera algo en contra de su hermana por lo que no creyó que esto último fuera posible. Después de que Itachi lo dijera, no podía dejar de pensar en ello y temer lo que pudieran hacer con su hermana. Si el Consejo temía perder poder, podrían convertir a Hanabi en una marioneta.
—Y si Kō se enamorara de mí, no tendría que ser visto como una forma de controlarlos.
—Seguiría siendo un problema el sello, si hiciera algo que les molestara solo tendrían que usar el sello y amenazándote con ello.
Hinata recordó cuando Natsu fue castigada con el sello. No había hecho nada que pudiera considerarse como un acto de rebeldía, solo le dijo a Hideki que no podía servirle un té en ese momento porque Hanabi le había pedido algo que no pudo escuchar. No fue hasta dos años después que ella y Neji lograron regular el sello de maldición. Hubiera querido prohibirlo en su totalidad, pero el Consejo aseguró que de hacerlo se desataría una anarquía.
—Podría ponerme el sello, de ese modo les mostraría que no somos diferentes.
La mirada de Itachi le indicó que eso ni siquiera era una opción. Sabía que su padre no estaría de acuerdo con esto último. No había dicho nada, pero Hinata estaba segura de que él era el motivo por el que no recibió el sello, incluso cuando fue considerada no apta para el puesto de heredera. La edad de Hanabi no era una excusa, pues su tío, Hizashi, fue sellado poco después de nacer, algo que podía deberse al hecho de ser gemelos y la necesidad de un rasgo que los diferenciera.
Por varios minutos Hinata intentó buscar una solución que le permitiera salvarlos a todos, pero cada vez le resultaba más obvio que debía convertirse en ejecutora o en cómplice. Hablar no era una opción, por muchos años se había intentado y cada uno de esos intentos había terminado en fracaso.
—Por lo que he escuchado el problema es el Consejo —continuó hablando Itachi.
Hinata solo pudo darle la razón. Eso era algo que había pensado desde pequeña. Aunque principalmente se culpaba a sí misma por la muerte de su tío, en ocasiones les reclamaba a ellos por no haberlo salvado y por entregarlo como si fuera un cerdo para el matadero. Ver su actitud de superioridad por años había hecho que ese pensamiento creciera.
Cuando se reunió con sus antiguos compañeros lo único que les dijo sobre sus planes era una pregunta. No habló sobre asesinar al Consejo, solo insinúo reemplazarlos. Kiba y Shino parecían estar de acuerdo con Itachi en que ellos eran el problema. Regresó a la aldea, pero no tuvo que inventar una cuartada, una misión con Anbu la llevó fuera de la aldea.
Ella e Itachi debían rastrear a un hombre y asesinarlo. No les habían dado motivos. Hinata sabía que no podía quejarse o preguntar, era algo que había aceptado en el momento en que aceptó ingresar a Anbu. No era algo en lo que le gustaba pensar.
Localizarlo no fue complicado. Con su byakugan y la guía de Itachi solo necesitaron de unos pocos minutos. Lo complicado fue cuando tuvieron que cumplir con la última parte de la misión. Lo que su compañero hizo fue algo que no espero en lo más mínimo.
—Asesinalo —le dijo Itachi mientras ponía una katana sobre sus manos —, es algo que deberás hacer si quieres continuar siendo Anbu y cumplir con tu misión.
Hinata sabía que este último comentario no era nada relacionado a Anbu. Quiso decir que no era necesario, pero en el fondo sabía que era cierto, que la única opción que tenía era eliminar al mal de raíz. El Consejo no quería aceptar los cambios, eliminarlos sería lo que menos muertes provocaría.
No era la primera vez que asesinaba, pero sí que lo hacía sin un motivo. Como kunoichi había tenido que hacerlo para sobrevivir y asegurarse el éxito de la misión. Había tenido la certeza de que no solo era lo correcto, sino que también era lo que debía hacer. Cumplir con lo que Itachi le pedía le hacía sentir un dolor físico.
—El tiempo pasa —le dijo Itachi, su voz carente de emoción le hizo imposible saber si estaba molesto, decepcionado o algo más.
Fue un corto limpio todo lo que necesitó. El cuerpo sin vida del hombre cayó frente a ella. Hinata sintió deseos de vomitar, pero no lo hizo. Dolía más de lo que imaginó y sabía que dolería aún más cuando lo hiciera con los integrantes del Consejo.
—Estaba en el libro bingo. Secuestraba niños para hacerlos pelear a muerte —le dijo Itachi, su voz seguía careciendo de emociones, pero hizo que Hinata se sintiera un poco mejor —. ¿Te sientes lista?
La muerte de los integrantes del Consejo ocurrió un día antes de que ellos hicieran su anuncio. Itachi les había escrito una carta, citándolos en Hoshigakure, lugar donde habían adquirido la mayor cantidad de preparativos para la boda que organizaban. Ambos estaban convencidos de que esa era la única opción que tenían y de que podían lograrlo sin que nadie los descubriera.
Hinata hubiera querido que fuera una muerte tranquila y sin dolor. No se logró del todo. El veneno fue su primera opción e incluso pensó en hacerlo sola. Ella solía servirles el té por lo que no tendrían que sospechar de ella. Itachi hizo que lo descartara al no ser posible cubrir un asesinato de esa forma. A Hinata no le preocupaba ser castigada por sus acciones, pero sí que su decisión provocara una guerra interna.
Asesinarlos no fue sencillo. Ninguno opuso resistencia y eso lo hizo más complicado. No se arrepentía de su decisión, estaba convencida de que era la única alternativa que tenía. Era la culpa. Ellos no eran sus personas favoritas, estaban lejos de serlo, pero nunca les deseó la muerte, ni siquiera cuando la humillaron y le hicieron sentir que valía menos que nada.
Buscó con la mirada a Itachi. Lo encontró a pocos centímetros de ella, asesinando a los miembros del Consejo. No llevaba máscara, pero su rostro no mostraba ninguna emoción. Verlo le hizo preguntarse si estaba haciendo lo correcto. Durante muchos años le dijeron que la amabilidad era su mayor defecto, quizo convertirlo en su mayor virtud, pero la situación en la que se encontraba le hacía pensar que quizás, no estaban del todo equivocados.
—No es momento para arrepentirse, estamos juntos en esto.
La voz de Itachi carecía de cualquier tipo de emoción, incluso sonaba mecánica. La culpa no disminuyó, solo le hizo recordar el motivo de sus acciones y la razón por la que debía continuar. La sangre de unos pocos era el precio por la vida de muchos. Sentía que estaba traicionando su camino ninja, quería renunciar. Lo único que la hacía continuar era la voz de Itachi y lo que pasaría si se detenía en ese momento. Los peligros siempre fueron grandes, pero no tantos como en ese momento. No podía detenerse, por el bien de Itachi, de su clan e inclusive por su propio bien.
Tomaron algunas de las pertenencias de los miembros del Consejo. Ninguno de los dos estaba dispuesto a conservar ese dinero, pero necesitaban que la gente creyera que se trataba de un robo. Itachi le había dicho que se encargaría de borrar sus huellas, Hinata no quiso ni se sintió capaz de preguntarle por sus métodos. …..
Itachi sabía que Hinata no la estaba pasando bien. No había hablado acerca de lo ocurrido con el Consejo, de hecho, era muy poco lo que decía. Su mirada había perdido brillo y nadie la había visto sonreír en mucho tiempo. La mayoría confundía su mutismo con timidez, otros culpaban a Naruto por haberle roto el corazón. Itachi sabía que esto último la había afectado, pero que no era el motivo de su depresión.
Él había estado junto a ella cuando recibió la carta de su exnovio. Naruto le había escrito sobre su vida fuera de Konoha y de su entrenamiento para Hokage. Le habló sobre sus planes para regresar y le contó sobre Shion. Itachi sabía que esto último no lo hizo con mala intención y que lo último que deseaba era lastimarla. Había visto la reacción de Hinata. No podía decir que no le había dolido, pero sí que le alegraba el que Naruto decidiera seguir adelante y se diera una nueva oportunidad en el amor. Lejos de sentirse ofendida, Itachi sabía que Hinata se sentía alagada de que Naruto la hubiera tomado en cuenta para tomar una decisión de tal magnitud.
No había estado con ella cuando eligieron a los nuevos integrantes del Consejo, pero Hinata le había contenido hasta el último detalle de lo ocurrido en esa reunión. Pudo notar la esperanza en su voz cuando le habló sobre los integrantes de la rama secundaria que eligieron y como el nuevo Consejo se mostraba más dispuesto a cambiar. También notó la culpa en su voz cuando habló sobre las investigaciones sobre la muerte de los anteriores miembros y cómo esta se cerró, alegando que se trataba de un robo y que los responsables fueron encontrados muertos. Itachi sabía que no era necesario, pero quiso contarle a Hinata acerca de la manera en que inculpó a los integrantes de una pandilla que fueron asesinados por sus rivales.
La había visto trabajar arduamente. Cumplir con todas las misiones que le eran encomendadas sin quejarse o detenerse para descansar. La había visto entrenar hasta desmayarse por el cansancio. Itachi sabía el motivo de sus acciones, en el pasado lo había hecho más de una vez. Cuando se estaba cansado era más sencillo lidiar con los pecados del pasado.
Era por eso por lo que había tomado una decisión.
No le gustaba ver a Hinata tan decaída. Extrañaba su sonrisa. Quería que volviera a ser la compañera que lo acompañó en tantas misiones, la amiga que eligió no juzgarlo y la mujer de la que se había enamorado. Le propuso que se tomaran unas vacaciones, lejos de la aldea y de todo aquello que lo ataran, que viajaran juntos en busca de la redención del mismo modo en que él lo había hecho después de asesinar a su clan.
Hinata no dijo nada cuando le contó de sus planes. Solo lo abrazó con fuerzas y lloró, dejando salir esa angustia que la había estado carcomiendo por dentro. No necesitó de palabras para saber que ella había aceptado su propuesta. La conocía lo suficiente para poder interpretar su silencio y sus gestos.
Partieron al día siguiente, ellos dos contra el mundo. La redención no fue lo único que encontraron.
