¡Buenas Noches mis amores preciosos! Lamento mucho la tardanza, y es que no me he sentido bien últimamente. Agradezco todos sus comentarios, son hermosos! los amo a todos.
Bien sobre el capítulo, siento a veces que hago a Haru muy perro, pero de eso se trata, tiene que ganar el juego después de todo, además digamos que es el antagonista de la historia, dependiendo de la perspectiva que lo quieran ver.
Los invito a leer mi nueva historia, que de drama tendrá poco o eso creo, búsquenla, se llama "secreto a voces" en orden me tocaría actualizar esa ahora. Revivamos el fandom de Free!
No tengo más que decir, perdonden todos mis errores.
Disfruten de su lectura!
—Tienes una linda voz —Makoto se volteó algo sonrojado al escuchar aquellas palabras, Haruka lo estaba mirando desde el mesón esperando su Expresso mientras le daba pequeñas mordidas al Muffin de arándanos. No era un engaño para seducir, lo decía sinceramente, aquel precioso chico de hebras olivas tenía una hermosa voz al cantar, sonrió al ver aquel tierno sonrojo, el que le haya hecho sentir algo con su halago ya era un punto a favor. Una de las primeras reglas del juego era acercarse y hacer contacto lejano, la segunda es un acercamiento en manera amistosa, para poder ganarse la confianza de la presa.
—¿P-Por qué lo dices? —El chico con gafas de marco negro le entregó el café algo avergonzado, era extraño que una persona lo halague de la nada.
—Digamos que te oí cantar —El pelinegro le dio un sorbo al café sonriendo con satisfacción, estaba preparado tal como le gustaba.
—¡¿Eh?! —Makoto se volvió un tomate al intuir acertadamente que aquel nadador prodigio lo había escuchado cantar en aquel karaoke el día de ayer— F-Fue algo fortuito, no suelo frecuentar ese lado de Ikebukuro —Decía rápidamente no queriendo que el pelinegro pensara que era un fiestero o algo así.
—Tranquilo —Su voz sin emociones, lograba provocar cosas— Podríamos ir un día —Haruka miró al muchacho que tenía una mirada pensativa, ¿Estaría considerando su propuesta? No quiso agregar nada más, debía ir despacio por las piedras, pues un paso mal dado le podía salir caro.
—La verdad es que, sólo voy a Ikebukuro cuando voy a ver a Sousuke —Decía mientras con un paño, limpiaba la barra con una sonrisa al recordar la noche que pasó con su novio, increíblemente ya lo extrañaba.
—Cierto, Yamazaki es tu novio… —De repente, su café había tomado un sabor algo amargo, de todos los idiotas en el mundo, Sousuke tenía que ser su novio— ¿Se ven mucho? —Tercera regla, averiguar todo sobre la presa a comer, mientras mayor la información recolectada, más fácil atraparla— ¿Cuánto tiempo llevan?
—Ah, bueno… Cumpliremos tres años la próxima semana —El dulce chico se sentía algo abrumado por las preguntas del otro adolescente— Hay veces… que no nos vemos tanto por los estudios y también por los campeonatos… —Bajó la mirada algo desanimado, Haruka estrechó la mirada, ese era un factor que podía usar a su favor y poner el dedo en la llaga— Pero cada vez que nos vemos, disfrutamos mucho el uno del otro —Sonrió angelicalmente.
—Qué bien que lo disfruten, por lo general las parejas que no se ven mucho no suelen permanecer por mucho tiempo —Dio una mordida al Muffin y disfrutó cómo el semblante del lindo ángel cambiaba a uno de inseguridad— Bueno, al menos llevan a penas casi tres años, no creo que la distancia arruine su relación… Aún —Su mirada intensa estaba inyectada en Makoto, plantearle inseguridad era una excelente jugada, bebió de un trago el café y se llevó el ultimo bocado del Muffin a la boca, qué placentero era ver aquel chico con ese rostro afligido por la inseguridad instaurada, deseaba pasar la barra y tocarlo, rozar su piel y conectar su mirada con la de él, había descubierto la naturaleza de aquella belleza y se aprovecharía de eso— Se ven lindos juntos, espero que no les pase eso, y si llega a pasar, no habría nada que hacer... ¿Verdad? —Sonrió con una dulzura cínica y se marchó del lugar despidiéndose con un gesto. Makoto sólo se quedó mirando, ansioso por las palabras dichas, nunca se le había pasado por la cabeza, que algo podría arruinar su relación con Sousuke y pensar en aquello, le angustiaba.
Rin observaba fascinado, cómo su mejor amigo se había adueñado de su cocina y preparaba un banquete de dioses, sazonar las verduras junto a la carne, mezclar la soya con la pasta, espolvorear la sal en la sopa, todo hecho de la manera más elegante y atractiva que un ser humano podría lograr ser, y no, por supuesto que no le gustaba Sousuke, pues era su mejor amigo y novio de su otro amigo/hijo, pero él era un catador de hombres, y tenía que reconocer lo que era bueno, por lo que consideraba al pelinegro un gran partido, Makoto se había ganado el campeonato nacional de sensualidad con aquel semental de orbes turquesas y eso lo enorgullecía, pues nadie más podría ser novio del gato miedoso, tan sólo Sousuke completaba todos los requisitos que se necesitaban para salir con el idiota de lentes más dulce y diabético del mundo. La parejita había llegado por la mañana, gracias a su suerte ya se había vestido y quitado su kigurumi de dinosaurio que Makoto le había regalado en su cumpleaños, los regalos de ese chico siempre eran vergonzosos y los tenía que abrir cuando no había nadie para que no lo avergonzaran y para que tampoco nadie supiera que, en sí, los regalos del de hebras olivas eran los más esperados y acertados, era un secreto de convivientes, pero eso era tema para otra ocasión. Sousuke quería visitarlo, por lo que vino con Makoto prometiéndole que lo esperaría con un gran almuerzo para cuando llegara después del trabajo; era normal que el de cabello azabache quisiera verlo de vez en cuando, siempre se tomaban su tiempo para conversar, sin embargo, hoy su mejor amigo actuaba extraño, si bien sonreía melosamente con Makoto, al no estar él, su actitud se ensombrecía un poco, parecía algo perdido en sus pensamientos, lo que le preocupaba pues insistía en que había algo que le estaba molestando al más alto.
—Sólo te falta el pastel de chocolate para tener completamente consentido a Makoto —Decía sentado en el sillón— ¿Es porque se acerca su aniversario?
—No necesariamente —Sousuke apagó la cocina y comenzó a armar los platos— Cuando tienes novio te gusta consentirlo de vez en cuando y pasar tiempo con él. Es mucho mejor que una aventura de una sola noche —Y aquí iba, el precioso muchacho de orbes turquesas no le gustaban las prácticas de Rin, pues no le hacía realmente feliz y se arriesgaba a muchas cosas como enfermedades venéreas.
—Ya sabes que no me gusta el compromiso —Cruzó sus brazos sobre la cabeza, siempre escuchaba lo mismo, no sólo de él, sino que también se lo decía el lindo idiota— Como si fuera fácil mantener un novio.
—Hablas como si se tratase de una mascota —El de hebras azabache se volteó para hacer contacto visual— Tampoco te he dicho que te consigas un novio.
—Sólo digo… Ustedes son el uno para el otro, y está bien, pero hay personas que no nacen destinadas con un otro, por lo que no lo necesitan, pueden hacer su vida en solitario —Rin era un romanticón, Sousuke volteó los ojos y volvió a hacer su labor de adornar los platos.
—Entonces no seas tan sentimental… —En un mal movimiento, el hombro de Sousuke se resintió y le provocó una aguda puntada. Rin se dio cuenta de esto y se acercó a su amigo.
—¿Sucede algo? —Miró al de orbes turquesa, quien le desvió la mirada inmediatamente, evitándolo.
—No es nada… Estoy algo constructurado nada más —Podía sentir los infiernos escarlatas sobre él, y eso le incomodaba.
—¿Quieres que te de un masaje? —Sugirió el pelirrojo, pero el más alto se negó— Sousuke…
—Estoy bien —Lo miró para no preocuparlo más, entregándole una sonrisa, pero sabía que no era suficiente para Rin.
Makoto miró el reloj, ya era hora de salir del trabajo, después de la visita de Haruka no había logrado reponerse del todo, realmente no quería que nada pasase en su noviazgo, Sousuke era su primer novio y el único en su vida, no podía imaginar algo que estropeara su tan querida relación, es cierto, él era muy torpe y a veces era muy cariñoso, no tenía grandes habilidades y era un nerd que nadie tomaba en cuenta. Recordó cuando conoció a Sousuke, fue gracias a Rin, quien se lo presentó, al principio no cruzaban palabra alguna, siempre se le quedaba mirando desde la distancia, el pelinegro frecuentaba al pelirrojo, pues se había cambiado hace poco a Ikebukuro para seguir la carrera de nadador profesional, con el pasar del tiempo se fue acercando más al más alto, tenían pequeñas conversaciones y a veces compartían juntos distintas actividades, Sousuke le había confesado que estando con él, se sentía relajado, lo que hizo que su delicado instrumento palpitante, se estremeciera. Había veces en que las que le tocaba práctica en conjunto con la universidad de Tokyo, por lo que aprovechaba de ir a visitarlo a la biblioteca, Makoto siempre esperaba esos días, y sin darse cuenta, cayó en el amor. Se mandaban mensajes de buenas noches y de buenos días, hablaban de lo que hicieron durante el día, a veces se pedían consejos mutuamente para abordar cosas sobre Rin, segundo que pasara, segundo en el que la cercanía de volvía más corta y también crecía el amor. Sin embargo, un suceso ocurrió que detonó el comienzo de un hermoso romance. El precioso muchacho de orbes turquesa había ido a la universidad del más bajo, pues en la mañana de ese mismo día había recibido un mensaje de él, en el que le pedía si podía ir por el al terminar sus clases; Sousuke no se negó, había visto un lugar que de seguro a Makoto le encantaría pasar, pero había un problema, el muchacho de hebras olivas no contestaba los mensajes ni las llamadas, lo que le preocupaba. Caminaba entre los pasillos de la gran universidad en busca del lindo adolescente, pero no lo encontraba por ningún lugar, entonces recordó el sitio donde Makoto solía pasar la mayor parte del tiempo, el club de periodismo, ubicado en el tercer piso. Estaba llegando al lugar cuando vio que, en los últimos peldaños de la escalera, había un chico sentado en ellos, abrazado a sus rodillas y ocultando su rostro, empapado, hecho un desastre prácticamente, a su lado estaban unas gafas de marco negro rotas, como también un celular y algunas notas y cuadernos. El pelinegro se sorprendió al ver al chico de orbes esmeralda, sollozando hacia dentro, pensando que nadie lo miraba.
—Makoto… —El nombrado levantó la cabeza asustado por ser descubierto, fue en ese instante, en que vio el rostro del más bajo, donde su preocupación estalló. Makoto tenía los ojos hinchados de tanto llorar, pero lo peor es que tenía señas de haber sido golpeado. La mancha de sangre en la comisura de su labio que se mostraba herido, una mejilla inflamada y rojiza, decían que aquel chico había sufrido un ataque— ¿Qué te sucedió? —Se acercó a lo que Makoto se limpió rápidamente las lágrimas. El pelinegro al acercarse, vio que el celular se encontraba roto al igual que las gafas, e insultos escritos en los cuadernos— Makoto…
—Yo… —El chico más bajo desvió la mirada— Soy muy tímido y me cuesta hablar con las personas… No he podido adaptarme a la universidad.
—¿Estás… Siendo acosado? —Sousuke estaba molesto, hacerle algo tan cruel a alguien tan dulce como Makoto. El chico de hebras olivas asintió, aguantando las ganas de llorar frente a él.
—Mi celular está roto, lamento no poder haberte contestado —Decía mientras se encogía por el frío que sentía—Soy un desastre… Lo siento —Se disculpó con la voz quebrada y lágrimas cayendo inevitablemente, sintiendo lástima de sí mismo— Por favor… No le digas nada a Rin —De pronto sintió como un calor comenzaba a abrigarlo, el pelinegro le había puesto su chaqueta, cubriéndolo de todo lo que le pudiera hacer daño.
—¿Quiénes fueron? —preguntó serio, limpiando la mancha de sangre de su labio, estaba enojado.
—Sousuke… —Lo miró temeroso, esmeralda y turquesa se miraban fijamente, no lo comprendía, no quería involucrarlo en sus problemas, pero parecía que el pelinegro no lo dejaría, se lo dijo con la mirada.
A Makoto no le gustaban las peleas, estaba asustado, pero a la vez impresionado, Sousuke golpeó a sus acosadores, amenazándolos de que no lo volvieran a tocar. El de hebras olivas no entendía por qué alguien haría eso por él, por qué Sousuke haría eso por él. Fue en ese instante en que el más bajo se sintió protegido, seguro, donde no tenía nada que temer.
Un suspiró salió de sus labios mientras se cambiaba, recordando aquel evento, realmente siempre se ha sentido seguro con Sousuke, tal vez demasiado y se estaba confiando más de la cuenta. Quizás el pelinegro no sentía su relación tan segura, después de casi tres años, tal vez estar distantes y no poder verse siempre, le afectaba y no se lo estaba diciendo. Hablaban todos los días por teléfono, pero no era lo mismo que estar juntos, sí él lo extrañaba durante los días en que no lo veía, el pelinegro también se lo mencionaba, no tan seguido como él, sin embargo parecía que eso no era un factor del peligro, al menos no lo había notado hasta ahora. Salió de la cafetería, su novio lo debería estar esperando, por lo que rápidamente se fue a casa, aún afligido por la inseguridad.
Para cazar sin tener que ensuciarse las manos, lo mejor es usar una trampa, primero necesitabas encontrar un cebo que sea efectivo, uno donde la presa no pueda evitar acercarse a él. Después tenía que armar la trampa y colocarla en un lugar estratégico.
Haruka estaba compartiendo una pizza con Kisumi cuando vio increíblemente, un mensaje de su lindo ensueño, al abrir el mensaje no pudo evitar una sonrisa.
Entonces, cuando la presa sienta el olor a ese irresistible cebo y no note la presencia del peligro inminente, se acercará y terminará cayendo en la vil trampa.
Mensaje de texto
De Makoto:
¿Estarás ocupado mañana por la tarde? Me gustaría hablar contigo.
El chico de orbes oceánicos estaba satisfecho, le respondió rápidamente el mensaje a Makoto, para luego seguir disfrutando de lo bien que le salió su jugada, aunque no se sorprendía, él era un profesional después de todo.
Al llegar al departamento, no pudo evitar sorprenderse con la mesa totalmente adornada y repleta de sus platos favoritos, miró directamente a su novio, pues sabía que Rin no era tan dedicado como el de hebras azabache, quien le entregaba una cálida sonrisa. Makoto se la devolvió sin saber que decir, no se esperaba nada de esto.
—Bienvenido —Sousuke le dijo mientras se acercaba para arreglar su flequillo en un gesto de cariño, era un hábito normal en él, que le entregaba dulzura.
—Estoy en casa —Sonrió enamorado, ahogando un suspiro.
Los tres adolescentes almorzaron juntos, charlando y disfrutando de la mutua compañía; en esta pequeña burbuja de confort, Makoto había olvidado todo tipo de sentimiento angustioso, su mundo que era diminuto, giraba en torno a Sousuke y Rin, las dos personas más importantes en su vida, por supuesto estaban también Nagisa y Rei, quienes con su llegada, ya no estaba solo en la universidad, estar rodeado de todos ellos hacían que se sintiera en un hermoso bosque, en el que no había nado que pudiera pasar. De pronto, en estos pensamientos se cruzó la imagen de Haruka, ¿Él era parte de su pequeño mundo? Era pronto para decir que eran amigos. Aun así, le gustaría interactuar más con aquel nadador, pues su aura de misterio era atrayente y él como buen gato, era curioso.
Al terminar el almuerzo, Rin tuvo que marcharse pues tenía que ir a su práctica, por lo que Makoto y Sousuke se quedaron solos en el departamento. El lindo chico de hebras olivas se dispuso a lavar los platos que exquisitamente fueron preparados por las manos de un dios, el de orbes turquesa levantaba la mesa y le llevaba toda la vajilla, para luego posicionarse a su lado y secar los platos y utensilios que habían usado; cualquier persona que los viera, dirían que eran una pareja de casados que se complementaban plenamente. Al terminar los quehaceres, los novios se sentaron en el sillón, con un chico de ojos verdes que se arrumaba lo más que podía al muchacho más alto. Sousuke comenzó a acariciar las sedosas hebras olivas, disfrutando de su tiempo juntos y a solas; Makoto sólo se dejó llevar por las caricias del más alto, siempre cuando lo tocaba aun de la forma más casta, era pecaminosamente placentero. El pelinegro dentro del enigma de su mente, pensaba en decirle sobre la lesión que lo ha estado agobiando silenciosamente, no quería preocupar a su amor, pero no podía ocultarlo de él siempre, en especial si intimaban, pues era notoria la inflamación del hombro, tendría que vendar los ojos de Makoto, y aunque lo podría usar como una excusa de una provocativa propuesta, no era una solución.
—Makoto…
—Rin me dijo que el campeonato nacional se acerca, y que entre las universidades la tuya era la favorita junto a la de Tokio —Interrumpió el muchacho mientras delineaba los nudillos de la mano del más alto con sus dedos.
—Ah… Sí, es cierto —El de orbes turquesa apoyó su mejilla en la cabeza del de hebras olivas, ¿Debería decirle?
—Definitivamente… Ganarás —Sousuke se separó un poco de su novio para verlo directamente a los ojos, aquellos orbes esmeraldas brillaban con intensidad, estaba sorprendido de la confianza ciega que le tenía aquel precioso chico—Está bien si tu padre no te viene a ver, porque yo estaré ahí, y estaré muy orgulloso de ti —Las palabras del más bajo le clavaban en su corazón un "No lo decepciones". Si bien, al no querer seguir con el negocio de su padre, la relación con él se había mermado un poco, justo en ese momento, Makoto había aparecido en su vida, aliviando aquel dolor.
—Si yo gano… ¿Estarías feliz? —Preguntó acariciando la adorable mejilla del chico con gafas.
—Por supuesto, eres increíble Sousuke —Le sonrió dulcemente— Y si no llegarás a ganar, no importa, porque seguirás siendo igual de increíble —Makoto no sabía, que cada palabra de amor que le dedicaba al nadador, le provocaban una horrible angustia. Sousuke no podía, no podía decirle sobre lo que estaba padeciendo y borrar esa sonrisa y esa confianza, simplemente no podía quebrar las ilusiones de su hermoso niño. Lo besó dulcemente, a lo que Makoto aceptó con gusto, no había apuro por lo que disfrutaban del roce de sus labios, una pequeña mordida en el labio inferior y el de hebras olivas abrió el acceso a su lengua; cuando su noviazgo comenzó, Makoto no sabía cómo besar, por lo que muchas veces sus dientes chocaban o babeaba más de la cuenta, cosas vergonzosas que, si las recordaba ahora, eran lindos recuerdos. Para el muchacho de orbes esmeraldas nunca era suficiente de Sousuke, siempre necesitaba más, por lo que había ocasiones en la que demandaba mucha atención, como ahora, que se abrazó a su cuello y profundizó el beso, todo iba bien, el camino a algo más que besarse se acercaba, sin embargo, el despiadado dolor interrumpió toda pasión. El pelinegro se separó aguantando el quejido y las punzadas hirientes de su hombro.
—¿Qué pasa? —Makoto miró al muchacho preocupado, tocando su rostro para que los orbes turquesas lo miraran.
—Que tal… Si, esperamos a la noche de nuestro aniversario —Le sonrió coquetamente entrelazando su mano con la del más bajo, haciendo que el dulce muchacho se sonrojara de sobremanera y también ocultando así la verdadera razón del por qué no podían seguir.
—Cla-Claro… —Dijo sonriendo algo avergonzado. Sousuke besó la frente del adolescente y se levantó del sillón tomando su chaqueta.
—¿Quieres ir por un pastel de chocolate? —Lo miró con dulzura, a lo que el más bajo asintió alegre, levantándose para ir de la mano junto a su novio.
Sousuke salió del departamento y suspiró, se preguntaba hasta cuándo podría ocultar esa lesión de Makoto y también del mundo.
Un nuevo día había amanecido y esta vez el frío seco lo acechó, Makoto estaba en la biblioteca, leyendo libros de historia mientras esperaba a la persona con la que había acordado reunirse. Estaba muy introducido en su lectura que no se percató de la presencia de cierto pelinegro quien miraba fascinado el estado natural de su presa.
—¿Te gusta la historia occidental? —Susurró cerca de su oído, haciendo que el menor se sobresaltase.
—Cielos Haru… Siempre me tomas por sorpresa —Sonrió algo nervioso, el chico de orbes oceánicos se encogió de hombros y se sentó al lado de su belleza viviente.
—¿De qué querías hablar? —Dijo sin titubeos, Makoto se sonrojó un poco ante la pregunta del pelinegro, no sabía cómo empezar ni hablar del tema.
—Bueno… ¿Tienes novia o novio? —Prácticamente susurró, usando un libro para ocultar la mitad de su rostro y sólo dejar sus ojos a la vista.
—¿Acaso te intereso? —Se acercó quitándole el libro, a lo que el más alto reaccionó alejándose y sonrojándose aún más, una linda reacción para el deleite de Haruka, orgulloso de provocarla— He tenido ambos, pero ahora sólo estoy concentrado en la natación —Se alejó para darle un respiro al de hebras olivas, Makoto pensaba que el mayor no respetaba mucho el espacio personal de otros.
—No es eso… —Movió las manos negando cualquier insinuación que pudiera haber generado su pregunta— Es sólo… Que pareciera que conoces mucho sobre… Amor, entonces me gustaría… Ehm… Me gustaría pedirte algunos consejos.
Haruka sonrió levemente, viendo como el gran pez había mordido el anzuelo, ahora era sólo cuestión de táctica el sacarlo del agua sin que el cordel se rompiera en el camino.
Eso es todo! ¿Qué les pareció?
Creen que Makoto llegue a caer en las redes de Haru? Los hilos ya se empezaron a mover.
actualizaré mi historia nueva, y después le toca a Dolor de pérdida, por lo que quizás el otro fin de semana actualice esta historia si es que no me sienta mal.
Había dejado spoilers de este fic en mi twitter. Sigan mis redes!
Twitter: Aiiri_
y en facebook sólo por Aiiri o por Aiirisadness.
Descubrí un nuevo concepto en este mundo! el HanaHaki, lo encontré encantador, quizás lo use para el futuro.
Bien no molesto más.
Hasta entonces se despide, su servidora.
Aiiri.
