¡Buenas noches preciosas criaturas! Hoy toca actualización! debió haber sido la semana pasada pero estuve con muchos exámenes y seguiré con ellos, ya quiero un descanso. Quiero compartir mi felicidad de que este Domingo iré a ver Free! Timeless Medley al cine! al fin llegó a mi país, me he abstenido de verla por internet. Estoy emocionada de ver a mi hermoso Makoto en una pantalla gigante, será hermoso!

Bien con el capítulo, no puedo decir mucho, sólo que Haru sigue siendo el maldito que debe ser.

Perdonen todos mis errores!

Disfruten de su lectura!


La alarma sonó por tercera vez, pero nuevamente la dejó pasar; Rei que por lo general se levantaba antes de que ésta sonara, no tenía ánimos de siquiera salir de la cama, no se encontraba enfermo ni nada por el estilo, era más que nada miedo y también algo de depresión por lo sucedido con Haruka. Ser amenazado de tal calibre no era para menos, ni siquiera pudo dormir pensando en todos los posibles escenarios que sucederían si el pelinegro cumplía con su palabra y esparcía aquellas deplorables e indecentes fotos por toda la universidad, por supuesto tenía toda la razón, lo más probable es que perdiera todos los beneficios que consiguió con esfuerzo y también inminentemente lo expulsaran de la universidad. Fue bajo, realmente un golpe muy bajo por parte del nadador prodigio, del que se arrepentía una y mil veces haber interactuado con él. Miró el reloj pensando en no asistir a clases ni aparecerse por ninguna razón por el establecimiento, pero recordó que debía cumplir su deber, pues era el encargado de la biblioteca y no podía faltar sin un justificativo adecuado, por lo que muy a su pesar, se levantó con absolutamente nada de ánimos, esperaba poder fingir bien para evitar las preguntas de Nagisa y la preocupación de Makoto.

Por otra parte, un pelinegro de orbes oceánicos miraba el techo de su habitación, concentrando toda su atención en aquel lugar, sin dudas sus planes se llevaron a cabo con mucho éxito a pesar de una cosa, el haberse obligado a usar su carta guardada sólo para ocasiones especiales, no lo malentiendan, no podía arriesgar por ningún motivo su juego. Si bien un seductor de excelencia no tenía que usar cartas escondidas debajo de la mesa para lograr su objetivo, pues no debía dejar rastro de ninguna conquista anterior, este fue un caso de mala suerte como le gusta nombrarlo para no herirse su propio ego. Sabía a la perfección que amedrentar a Rei no estaba para nada bien, sin embargo, el haberlo presionado debió haber sido suficiente para que el chico de hebras azules comprendiera que en su juego no intervenía nadie. Miró nuevamente su celular, en especial la foto que había conseguido en la salida de ayer, Makoto realmente era muy lindo, además de un buen compañero, pues para él era una carga tener que sociabilizar por mera responsabilidad social, pero con Makoto se le hizo tan fácil que ni siquiera terminó agotado, todo fue muy fluido, tan natural, aun así no se dejaba llevar por estos sentimientos cálidos, pues sabía que todo terminaría cuando haya conseguido su premio, luego el de hebras olivas pasaría a la lista de conquistas, porque por supuesto, el sentir amor no estaba considerado en su vida. Cerró los ojos y dejó el celular sobre su pecho, disfrutando por un tiempo más, los recuerdos del ayer, dónde sólo existieron ellos dos.

—Vamos Makoto, ya levántate a desayunar —Decía Rin mientras servía el té y se sentaba en la mesa— ¿No te vas a comer el pastel de Sousuke?

El hermoso chico de orbes esmeralda se revolvió en la cama, no podía sentirse bien, la culpa estaba muy presente en él, ni siquiera había podido hablar bien con su novio, no pudo disculparse adecuadamente, miró la hora en su celular, ya había decidido no ir a clases.

—Makoto… —El muchacho con filosa dentadura estaba parado en la puerta de su habitación— No me hagas ir por ti.

—Cielos, Rin… —Makoto salió entre las almohadas y sábanas, quejándose de la insistencia de su amigo—Ya te escuché.

—Te ves horrible —Alzó una ceja, mirando el estado en que se encontraba el chico de hebras olivas— ¿Aún te sientes mal? —Se acercó para sentarse en el borde de la cama, Makoto tenía los ojos hinchados, lo que quería decir que siguió llorando aún después de cuando había llorado frente al pastel— ¿Hablaste con Sousuke?

—Sí, pero…. —Por supuesto, Sousuke lo había llamado, pero sólo para desearle buenas noches, un llamado muy corto— Creo que está enfadado.

—Que no lo está —Rodó los ojos, Makoto era algo trágico, Sousuke era incapaz de enojarse por tan poca cosa, es cierto, el pelinegro tenía la cabeza en otras cosas y quizás por eso estaba algo distante, pero no lo podría decir muy bien, sólo él sabía lo que le sucedía— Ahora vamos, ese pastel te está esperando desde ayer —Lo tomó del brazo y prácticamente lo arrastró con él a la mesa, donde el desayuno estaba esperando por ellos.

Makoto miró el pastel, realmente se lo comería con mucha tristeza, tenía la necesidad de ver a su novio, que aún no le había mandado ningún mensaje de "buenos días", está bien, debe estar durmiendo aún, no debía inquietarse ni entrar en pánico; todo esto era culpa de su ansiedad, el sólo imaginarse los peores de los casos, pero había algo en él y en su relación que estaba intacto y muy fortalecido, se trataba de la confianza, el chico de orbes esmeralda tenía plena confianza ciega en su novio y sabía que su amor le diría si estaba molesto con él. Sólo que era su molesta ansiedad e inseguridad las que no lo dejaban en paz. Lo dulce le quitó lo amargo de la boca, le encantaba el chocolate con naranja, sentía que no debía ser tan mimado por parte de su novio, debería retribuirle de alguna manera todo lo que Sousuke le entregaba. Su celular vibró y su corazón se llenó de dicha al ver el tan ansiado mensaje del de hebras azabaches, al instante contestó deseando internamente poder estar con él.

Sousuke ahogó un bostezo, su noche no fue muy buena, pues el dolor de su hombro se le hizo casi insoportable, mañana le tocaba práctica en conjunto con la universidad de Tokyo, así que lo mejor era reposar, muy a pesar de sus ganas de practicar y practicar, sin embargo, el dolor de anoche que aún permanecía ahora, se lo hacían imposible. Tomó su celular y vio el montón de mensajes que Makoto le había enviado después de sus buenos días, al parecer fue algo tosco al hablar con él anoche, pero realmente estaba ardiendo en dolor y no quería que el de orbes esmeralda se diera cuenta; rápidamente le contestó para que dejara su angustia, no entendía por qué Makoto pensaba que estaba enfadado con él, quizás Rin lo hizo sentirse mal, pero le resolvió todas las inquietudes y le devolvió la seguridad que parecía había estado en desequilibrio. Sonrió ante la pantalla, si bien su novio era muy apegado a él y podría ser algo aprehensivo, no sabría cómo de aburrida sería su vida sin ese cubo de azúcar.

—Realmente encuentro impactante el efecto que tiene Sousuke en ti —Decía Rin quien miraba a Makoto arreglándose para ir a la universidad, al parecer su aura deprimente había desaparecido después de mensajearse con el lindo chico de orbes turquesa— Pasar de un estropajo a un radiante idiota —No le iba a decir que era lindo por obvias razones— Podrías basar tu tesis en eso.

—No molestes Rin —Aunque lo que le decía el pelirrojo era verdad, todos sus ánimos habían vuelto a la vida como arte de magia. Lo mejor de todo es que mañana su precioso chico le tocaría práctica con su universidad, por lo que lo podría ver.

Rei sentía náuseas, estaba sentado en su escritorio de la biblioteca con los brazos cruzados sobre la mesa, le aliviaba un poco que hoy no hubiera tanta frecuencia de estudiantes, su mente estaba en un sufrimiento interno que no lo dejaba en paz, ¿Cómo podía mantenerse tranquilo? No había forma de que se escapara de las consecuencias de sus actos. No podía decirle a Makoto lo que planeaba Haruka con él, lo peor de todo es que se sentiría terrible si termina como en su historia, amenazado por la humillación pública, la expulsión o marginación. Entonces lo mejor era quedarse callado y esperar a que Makoto le rompan el corazón, para luego ir a consolarlo hipócritamente; imposible, no era ese tipo de persona que no le importaban los demás, a cambio de Haruka que sólo le importa él mismo. Debería haber una opción de advertirle al chico de hebras olivas sin que él saliera perjudicado ¿Podría ser Sousuke una opción? pero no conocía muy bien al de hebras azabaches como para hablarle apropiadamente, se sentía muy mal por su amigo, no sabía realmente como abordar el tema ¿Qué había de Rin? Jamás, él era amigo de Haruka. Antes que todo, debería pensar en cómo hacer que le crean, ¿Acaso diría que Haruka tenía fotos comprometedoras de él? Decir eso ya de por sí, era lamentable. Todo era muy complejo.

—¡Rei-chan! —El chico de hebras azules saltó de su asiento al escuchar su nombre, asustado vio que sólo se trataba de Nagisa, por lo que dejo salir un gran suspiro— ¿Qué te pasa? Estás pálido.

—Es sólo que me llamaste de repente —Decía mientras se acomodaba su suéter— ¿Necesitas un libro?

—Quiero saber cómo estás —Contestó haciendo un puchero— Te he mandado muchos mensajes y no has respondido ninguno.

—Lo siento… No he estado al pendiente del celular —Rei tomó su teléfono y efectivamente tenía más de diez mensajes de Nagisa, lo que menos quería causar era preocupación y era lo que más estaba haciendo.

—Estás actuando muy extraño —Nagisa estrechó la mirada, su amigo estaba ocultando algo que, al parecer por su actitud, no era tan bueno— ¿Sucedió algo?

—No ha pasado nada, Nagisa-kun estoy trabajando ahora —Esto era desesperante y asfixiante, pero podría ser peor, incluso ya lo era con la presencia de Haruka que venía entrando. Sus miradas se conectaron, los orbes oceánicos eran muy intensos, su corazón estaba a punto de dejar de latir. El pelinegro se acercó hasta el mesón, ignorando la presencia de Nagisa e hizo la entrega de un libro.

—Sólo lo vengo a devolver —Dijo cortante,queriendo salir rápidamente del lugar, por lo que Rei podría volver a respirar.

—Ah, Haru-chan espera —Sin embargo, su respiración se cortó en un segundo ¿Por qué Nagisa tenía que hablarle? La tensión sobre su cuerpo era horrible, ya estaba empezando a sudar— ¿Cómo te fue con Mako-chan?

—Oh… Me fue muy bien —Contestó mirando al de orbes moradas, Haruka sabía en el estado en que se encontraba y detestaba eso, su tensión se hizo más grande cuando el pelinegro sacó su celular— Incluso tengo una foto…

—¡Nanase-san! —Tomó el brazo del nadador impidiendo que le mostrara el teléfono a Nagisa.

—¿Te pasa algo Ryugazaki-kun? —Haruka se zafó fácilmente del fuerte agarre del chico de hebras azules, por supuesto, él tenía mucha más fuerza que el pobre chico— ¿Hay algo de malo que muestre esta foto? —Mostró dicha foto en la que salía con Makoto, algo nada fuera de lo normal.

—Rei-chan… —Nagisa miró extrañado a su amigo, ¿Qué pasaba con él?

—Bueno, sólo vine a devolver el libro. Nos vemos —El nadador de orbes oceánicos se marchó algo molesto, sin duda Rei era un estorbo, ni siquiera podía actuar normal y eso no era bueno para ninguno de los dos.

Rin resopló por tercera vez, ya iba tarde por esperar a Makoto y ahora el tren no pasaba, además de que la estación estaba repleta. Miró al lindo idiota a su lado, todo alegre mensajeándose con su novio, se preguntaba si tenía la noción del tiempo y de que iban tarde a la universidad. Su paciencia se estaba perdiendo entre la multitud. Makoto por otra parte, se sentía en paz, hablar con Sousuke siempre le daba tranquilidad, además ya se aseguró de que realmente no estaba enfadado; mañana iría a verlo en la práctica, por lo general nunca ve las prácticas ni se acerca a la piscina, pero esta vez iría, "iniciativa propia" fue uno de los consejos que le dio Haruka y que pondría en acción.

—¿Puedes dejar de hablar con Sousuke por un momento? Vamos más que tarde, esto me pasa por esperarte —Se cruzó de brazos indignado, claro, tuvo que consolarlo cuando era un mar de lágrimas y ahora que estaba feliz no lo tomaba ni en cuenta, qué ingrato.

—Calma Rin, ya debe estar por pasar —Dejó su celular de lado y miró a su amigo, dándose cuenta del cúmulo de gente que había llegado a la estación ¿Tanto tiempo había pasado?— Podemos tomar bus si quieres.

—Nos demoraríamos lo mismo a este paso —Ya se estaba enojando con tanto empujón que le daban, prácticamente lo estaban llevando a la orilla— ¡¿Quieren dejar de empujar?! —Bien ya se había alterado.

—Vamos Rin, no pelees —El chico de orbes esmeralda trataba de apaciguar el ambiente.

—A la mierda, no iré a ningún lado —El pelirrojo se fue haciendo camino entre la multitud— Tampoco tengo clases importantes hoy.

—¡Rin espera! —Decía mientras iba tras el más bajo— ¡Ahí viene el tren!

—Olvídalo Makoto, ya no iré a clases —Ya no estaba de humor para ir siquiera a practicar. En ese intento de esquivar a las personas que corrían para tomar el metro, una de ellas chocó con él, provocando que se cayera.

—¿Estás bien? —Makoto se agachó para ayudar a su amigo.

—Disculpa, no te vi —Un chico de hebras rosáceas y lindos orbes violeta se disculpaba amablemente, se trataba de Kisumi quien en cuanto vio a Makoto, su mirada cambió— ¿Te hiciste daño? —Le ofreció la mano al de hebras oliva, ignorando por completo a Rin. Si no estuviera la regla de no quitarle la conquista al otro seductor, ya hubiera seducido por completo a Makoto, bueno si Haruka resulta ser el perdedor, con gusto conquistaría a la hermosura que tenía en frente.

—¡Idiota, fue a mí a quien empujaste! —Se quejó el de orbes escarlata, ¿Era su idea o ese chico le estaba coqueteando a Makoto?

—Perdón, me distraje porque tienes unos ojos muy bonitos —Dijo sonriéndole al chico de hebras olivas, lo que le hizo sonrojarle al máximo, ¿Cómo debía reaccionar a un halago tan directo?— Bien, que tengas un buen día —Se despidió guiñándole un ojo. Makoto puso ambas manos en sus mejillas aun pensando en cómo reaccionar.

—Qué truco tan viejo —Rin se levantó y se quedó mirando a Makoto quien aún seguía en trance, por lo que le dio un palmazo en la cabeza.

—¡¿Por qué hiciste eso?! —Se quejó el más alto sobándose donde le dio el golpe.

—No seas tan fácil —Lo regañó a lo que su amigo sólo parpadeo sin comprender, en efecto, era un lindo idiota.

Sousuke vio el umbral de la clínica con desgano, no esperaba estar en Tokyo nuevamente para esto, pero quería asegurarse de que todo estaba bien para la práctica de mañana. Subió las escaleras, no le había dicho a Makoto que andaba por estos lares, además de que su precioso chico debería estar en clases. La verdad es que su preocupación estaba más alta en estos últimos días, pues su hombro no dejaba de doler e incluso se notaba su piel inflamada; no lo entendía, había seguido todas las indicaciones, se supone que el dolor debería haber desaparecido o disminuido, que frustrante, no había podido rendir bien en sus prácticas y ya estaba en el ojo del entrenador, además no quería otra derrota ante el imbécil de Haruka, no necesitaba alimentarle el ego tan asqueroso que tenía. Se sentó esperando ser llamado, si era sincero consigo mismo, no esperaba ningún diagnostico alentador, pero tampoco esperaba algo peor de lo que era, sólo que todo siguiera igual. Ser un nadador profesional, ser uno de los mejores, un sueño ambicioso, pero no inalcanzable y que estaba dispuesto a cumplir. Recordó las palabras de su novio, Makoto confiaba plenamente en que él no sólo ganaría el campeonato, sino que también cumpliría su sueño; no podía defraudarlo, no a él quien le ha entregado tanto amor en todo el tiempo que llevan juntos. Se levantó al escuchar su nombre, estaba un poco nervioso, no lo negaba, pero era mejor estar informado de cómo iba su lesión.

El de orbes esmeralda se vio arrastrado a faltar a clases gracias a Rin, así que les envió un mensaje a Rei y Nagisa para que no lo anduvieran buscando ni esperando, por supuesto, también le había enviado un mensaje a Haruka, con el que había quedado para almorzar. Sí, se estaban haciendo buenos amigos. Ahora los convivientes caminaban por el centro de Tokyo, ya que el pelirrojo no quiso ir a Akihabara, al menos podían aprovechar el día y pasar el tiempo juntos, que era lo que tenían que apreciar, según Makoto. Estaban en una tienda de ropa, donde el de orbes escarlata se probaba distintas prendas, casi todas con estampado de leopardo, un gusto que obtuvo hace poco, no es que no supiera vestirse, pero podría lucir mejor en otras tenidas, aunque el de hebras olivas no era el mejor en cuanto moda se trataba.

—Deberías vestirte como Sousuke, él siempre se ve muy guapo —Decía amablemente a lo que Rin sólo suspiró.

—Eso es porque lo ves como un baboso enamorado —Se miró en el espejo, en cierto sentido Makoto tenía razón, Sousuke tenía un buen gusto a la hora de vestir, y porque no decir que también a la hora de amar. Le gustaba la chaqueta que llevaba puesta, lástima que no tenía el dinero para comprarla, pero como si estuviera acompañado del ángel de la divinidad, su precioso amigo terminó por comprársela, y es que el de orbes esmeralda jamás terminaba de gastar todo su sueldo que ganaba en la cafetería, en comparación a Rin que era una especie de comprador compulsivo.

—Cuando me paguen el sueldo nuevamente, pídeme lo que quieras —Y con esto, el mal humor del de orbes escarlata desapareció por completo— Ahora si quieres puedo invitarte un helado.

—Bien, con eso me doy por pagado —Sonrió dulcemente, caminando junto al pelirrojo. Nunca rechazaría un helado muy a pesar del clima frío.

Ambos caminaron hasta una tienda de helados artesanales, donde había muchos sabores, por lo que Makoto estaba algo indeciso. Sin poder elegir durante unos quince minutos.

—Rin, qué tal si tú eliges el sabor de mi helado y yo el tuyo —Ofreció alegre el de hebras olivas, a lo que el más bajo pensó en lo empalagoso que era, aunque le gustaría saber qué sabor elegiría por él, ¿Se basaría en su personalidad? O ¿En sus gustos?

—Elige tú el sabor de los dos —Dijo pasándole el dinero— Te esperaré afuera, no demores —Salió de la tienda para respirar, el olor a dulces lo tenían algo mareado. Miró su entorno aburrido, la ciudad era muy aburrida de día, sólo tumultos de gente caminando de aquí a allá. Sin embargo, y en esta triste ocasión, su mirada se topó con la reconocida silueta de Sousuke, quien salía cabizbajo del edificio del frente ¿Qué se supone que estaba haciendo el de orbes turquesa en Tokyo? Subió la mirada hacia el edificio ¿Una clínica? ¿Por qué estaba en una clínica? Volvió su vista hacia donde estaba Sousuke, pero ya se había ido y perdido entre la gente.

—Ya estoy de vuelta, elegí pistacho con crema de galletas para ti —Se volteó al escuchar la voz de Makoto— ¿Pasó algo? —Preguntó al ver la repentina seriedad del pelirrojo.

—No… No es nada —Tomó el helado que el más alto le ofrecía, al parecer Makoto no lo vio. Volvió a mirar la clínica. Ya no había dudas, Sousuke ocultaba algo, y parecía algo serio.


Eso es todo mis amores! Qué les pareció?

Después de este capítulo viene el drama, no me odien.

hasta entonces, se despide su servidora.

Aiiri.

¡Muchos kissus llenos de amor virtual!