¡Buenas noches mis preciosas criaturas! Ha pasado mucho tiempo, muchos no sabran, pero tenía este fic en hiatus hasta que saliera de vacaciones y terminara otro fic. Lo publiqué en mi página de facebook, por si quieren seguirla es "Aiiri" (publicidad innecesaria)

Bien, sobre el capítulo, no deja el drama del pasado, ahora nos entramos de lleno en el drama de este fic, para luego irnos a su climax y por último al final. Trataré de actualizar la otra semana, antes de irme unas semanas de vacaciones, donde no podré escribir.

Perdonen todos mis errores!

Disfruten de su lectura!


La puerta se abrió en silencio, evidenciando la llegada del chico de hebras olivas, Rin en cuanto lo vio llegar se dirigió a él preocupado, se había hecho de noche y una lluvia torrencial empapó a todo Tokio, después de haber salido del hospital, Sousuke se fue directo a casa, sin decir palabra alguna, más que frustrado, más que deprimido y más que destrozado. El pelirrojo se sentía devastado por lo ocurrido a su mejor amigo, pero aun así no dejó de preocuparse por el lindo idiota quien estaba frente a él, con todo el cuerpo mojado y goteando, como si él mismo se tratara de una propia lluvia. No le contestó el celular en ningún momento, y ahora no le dirigía ni siquiera la mirada. No tenía idea de lo que había pasado con él, ni si había hablado con Sousuke, si se había enterado o algo; eso lo desesperaba.

—Makoto, ¿Dónde estabas? Me tenías preocupado —Dijo acercándose más al muchacho que estaba inundado de la lluvia.

—Lamento preocuparte, estoy bien —No lo miró, ni siquiera cuando se fue directamente a su habitación, ¿Dónde había quedado su dulzura? ¿Por qué escucharlo fue agrio?

—¡E-Espero te estés cambiando de ropa! —Alzó la voz para que lo escuchase a través de la puerta, pero no hubo respuesta. Se revolvió el cabello exasperado, sus dos amigos estaban en caos, y él no era capaz de nadar en tal tempestad.

Sentía frío mientras su cuerpo ardía, estaba mareado y con una gran presión que caía sobre su cabeza. Se removió entre las sábanas sudoroso, se sentía fatal; no tenía ni idea de qué hora era o si era noche o día, pues estaba tapado hasta por encima de la cabeza, ocultándose de todo. Sin embargo, la gran insistencia de Rin, sobré que debería levantarse, no lo dejaba descansar en paz, los sonidos le retumbaban.

—Vamos, se te hará tarde para desayunar —El pelirrojo entró en la habitación finalmente, encontrando a una oruga en la cama— Makoto… Hay que ir a la universidad, debes levantarte —Lo sacudió suavemente.

—Rin… ¿Puedes dejar de molestar por un minuto? —El precioso chico de profundos bosques, entreabrió los ojos con pesar, realmente se sentía fatal— No me siento muy bien —Se sentó, descubriéndose por completo y mirando a su amigo.

—Te ves terrible —Rin puso una mano sobre la frente del chico de hebras olivas y confirmó que estaba ardiendo en fiebre, esto le pasaba al lindo idiota por haberse quedado debajo de la lluvia— Tienes fiebre, creo que no deberías ir a la universidad hoy —Lo miró preocupado.

—Supongo… Que tienes razón —Se volvió a recostar— Perdón por preocuparte —No lograba ver bien a Rin, pues su vista estaba nublada por el fervor.

—Descuida, procura no salir de la cama, si te sientes muy mal, me llamas, ¿Está bien? —Decía mientras se apoya en el umbral de la puerta— Traeré medicina de vuelta.

—Está bien —Respondió el muchacho de hebras olivas, cerrando sus ojos nuevamente. Al oír que Rin ya se había ido, tomó su celular para ver si tenía algún mensaje de su novio, pero nada; no entendía muy bien lo que había pasado, sólo sabía que Sousuke estaba enfadado con él. Se abstuvo de llamarlo, pues pensó que, si lo hacía, la molestia del lindo chico de orbes turquesa aumentaría. Realmente no sabía qué hacer y eso lo confundía.

Suspiró sintiéndose cada vez peor, quería ver a Sousuke, ¿Podría ir hasta su departamento? Se sentó, pero se mareó al instante. Por el momento no podía hacer nada. Su cabeza retumbaba, volvió a recostarse, cerrando los ojos para dormir, quizás cuando volviera a despertar estaría mejor, eso esperaba.

Rin no pudo relajarse, ahora Makoto se encontraba bastante enfermo, no era bueno en esto de cuidar a amigos, le envió un mensaje a Sousuke, realmente no esperaba una respuesta positiva por parte de él, su sueño se había roto después de todo ¿Qué se podía esperar de eso? No prestó atención a su clase, simplemente se fue sin decir nada, prefería deambular por los pasillos de la gigantesca universidad. Caminaba con la mirada gacha, tropezando torpemente con un chico. Inmediatamente se dio cuenta de que se trataba de Rei, el amigo de Makoto, había provocado que un montón de libros fueran tirados por todas partes.

—Lo siento Rei, iba distraído—Dijo ayudándolo a recoger los libros.

—Makoto-san… ¿No vino? —Preguntó algo tímido, Rin era amigo de Makoto, pero también lo era de Haruka, por lo que no podía sentirse en total confianza con él.

—No, está algo enfermo por lo que se quedó en casa —Tomó varios libros consigo— ¿Vas a la biblioteca? Déjame ayudarte —Le quitó el resto de los libros.

—No… No es necesario —Protestó, sin embargo, el pelirrojo le sonrió cálidamente. Lo que le hizo sentirse algo relajado.

—Está bien, tengo tiempo libre —Empezaron a caminar juntos, Rei caminaba detrás de Rin, mirándolo atentamente, se preguntaba cómo podía ser amigo de Makoto y Haruka a la vez, ¿Sabría que el pelinegro tenía malas intenciones con el chico de orbes esmeraldas? Sabía que el pelirrojo lo cuidaba mucho, no dejaría que lastimaran a Makoto, ¿Verdad?

—Rin-san… —El nadador se volteó para mirarlo, a lo que Rei se arrepintió y negó suavemente— No es nada, gracias por ayudarme.

—No hay problema —Se encogió de hombros, podía notar las miradas que les daban algunas personas, suponía que era normal, era raro que los populares ayudaran a los más desapercibidos. Rei lo ayudó al abrir la puerta de la biblioteca y le indicó que dejara los libros en el escritorio.

—Muchas gracias —Volvió a agradecer entregándole una leve sonrisa, que se deshizo en cuanto vio a un chico de intensos orbes oceánicos, Rin pudo darse cuenta de esto, lo que le llamó bastante la atención.

—Rin, ¿Has visto a Makoto? Lo ayudaría con sus ejercicios —Dijo ignorando totalmente al de hebras azules.

—No vendrá, está enfermo —Explicó sintiendo la tensión entre Rei y Haruka.

—Supongo que no debimos quedarnos en la lluvia —Se dijo a sí mismo, pero el de orbes escarlata lo escuchó a la perfección.

—¿Estuviste con Makoto? —Ya se había alterado, es que Haruka no entendía que no debía interponerse.

—¿Qué tiene de malo? Su novio fue quien lo dejó de lado —El nadador prodigio era agrio con sus palabras. Rei se sorprendió un poco al escuchar aquella conversación, ¿Qué había sucedido ayer?

—No lo dejó de lado, no deberías hacer comentarios si no sabes —Era muy fácil hacer enojar a Rin— Deja a Makoto y Sousuke en paz, no insistas.

—Sólo soy amigo de Makoto, quizás tú no deberías inventarte cosas —Dijo con su rostro estoico, saliendo de la biblioteca dejando a un irritado Rin y un intrigado Rei.

—Es un idiota —Se quejó el pelirrojo cruzándose de brazos.

—Pensé que se llevaba bien con Nanase-san —Rei comenzó a ordenar los libros, sin perder la oportunidad de sacar un poco de información, al parecer Rin era un poco confiable.

—Hay días en que nos llevamos bien y otros que no, pensamos muy distintos en ciertos temas —Comenzó a ayudar al muchacho de lentes mientras tomaba cuenta de que su amistad con Haruka era algo extraña.

—¿Le molesta que esté cerca de Makoto-san? —El chico de orbes violeta aceptó con gusto la ayuda del nadador, Rin podía ser muy amigable cuando quería.

—Bueno… Haru es un egocéntrico que sólo puede pensar en sí mismo, por otro lado, Makoto es un bobo que no es capaz de anteponerse a otros, son totalmente opuestos, pero que de mala manera encajan. Además, Makoto es muy sensible —Por un momento pensó si podía pedirle ayuda al de hebras azules para que convenciera al lindo idiota de que no podía estar cerca de Haruka.

—Usted es un buen amigo, Rin-san —Tomó uno de los libros y acarició la tapa de éste— Me alegra que cuide de Makoto-san.

—Tú también lo eres —Sonrió revolviéndole las sedosas hebras azuladas. Rei se estremeció ante el tacto.

—Me pregunto si realmente lo seré… —Susurró sintiéndose tan mal por no hacer nada por su amigo, pero lo que no sabía aquel muchacho, es que Rin tenía unos sentimientos parecidos.

Sousuke miró con poca gracia los papeles que le estaban entregando en la clínica, debía rellenar un formulario y firmar uno que otro papel, para autorizar la cirugía, luego debía ir a la universidad para congelar por completo su carrera de nadador profesional. Realmente no quería hacer nada de esto, no podía superar el impacto aún, ¿Quién podría hacerlo? Ya no le quedaba nada, lo único que lo amarraba a esta ciudad era Makoto, con quien fue bastante rudo, miró su celular para ver si había un mensaje de él, pero nada. Rin ya le había informado que se encontraba muy enfermo, debió ser su culpa, a veces olvidaba que su precioso novio es como una esponja y absorbía todas las emociones del otro. Debía disculparse con él, por lo que después de hacer todo el papeleo, lo iría a visitar. Era su único motivo para quedarse en Tokio y no volver a Iwatobi.

Haruka era un jugador de élite, por lo que en cuanto veía la oportunidad, daba los pasos seguro, por lo que no le importó saltarse todas las clases y dirigirse al departamento de su ensueño en vida. Makoto se encontraba enfermo ya que se quedaron bajo la lluvia por mucho tiempo, así que era su responsabilidad cuidar de él. El clima estaba frío, pronto empezarían las nevadas, le gustaría pasear por las calles teñidas de blanco junto al chico de hebras olivas, ¿Algo así como una cita? Pero ahora que lo pensaba, si hacía eso, ¿No significaba que se estaba desviando de su juego? Las reglas consistían en conquistar a su víctima con el sólo fin de llevarla a la cama, el pensamiento de querer sólo pasear junto a Makoto por las calles nevadas de la ciudad tenía un tinte más romántico. Lo que le provocó grandes dudas, pero no era el momento para darle vuelta a ello, debía concentrarse en su objetivo, cuidar del de hebras olivas y poder tener una mayor proximidad. No había cabida al romanticismo.

Miró a su alrededor, parejas caminaban juntas, se preguntaba si podían estar juntas tanto tiempo sin perder la euforia, él la perdía de inmediato, para luego no soportar el amarre de una relación. Cruzó la calle, subiendo las escaleras hasta detenerse en la puerta del departamento de Makoto. Nadie podía descubrir lo ansioso que estaba por verlo, ese sentimiento que hacía que su corazón se acelerara, era extraño, pero no le disgustaba. Tocó el timbre y esperó hasta que lentamente la puerta se abrió, asomándose unas lindas hebras olivas.

—¿Haru? —Su cara sonrojada y su respiración agitada mostraban su estado febril, la voz algo ronca con la que dijo suavemente su nombre, toda esta combinación provocó estragos muy desastrosos en el interior del pelinegro.

—¿Puedo pasar? —Preguntó embobándose de nuevo, efecto normal cuando lo veía.

—Claro —Dio un paso al lado para dejar pasar al nadador. No entendía por qué estaba ahí, la verdad se sentía bastante mareado como para pensar bien.

—Supe que enfermaste y me preocupé —Contestó leyéndole los pensamientos nuevamente— Después de todo fue mi culpa el habernos mojado.

—Está bien, no tenías que venir, puedo contagiarte —Decía mientras le guiaba a tomar asiento. Haruka lo observó, sin dejar de pensar lo lindo y tierno que se veía aún en su estado. Traía puesto un Kigurumi de vaca y encima una manta afelpada.

—No importa —Simplemente no podía dejar de mirarlo, sintiendo miedo de tocarlo, era tan hermoso que su toque podría arruinarlo. Makoto se sentó a su lado, pero algo más apartado para evitar contagiarlo, se cubrió la boca para luego toser secamente, realmente quería que Rin llegara luego con la medicina— ¿Te sientes muy mal? —Se acercó al muchacho para con temor, tocar su frente, estaba ardiendo, lo que le preocupó.

—Un poco… —Mintió, la verdad es que se sentía horrible y quería morir.

—¿Puedo usar tu cocina? —Preguntó quitando suavemente su mano del menor.

—¿Eh? Supongo —Lo miró curioso, ¿Prepararía algo?

Rin salió rápidamente al frontis de la universidad para encontrarse con Sousuke, quien le había enviado un mensaje antes para avisarle que pasaría por ahí.

—Aquí tienes —Dijo el pelirrojo entregándole las llaves de su departamento— Me alegro que puedan arreglar las cosas, ¿Le contarás todo?

—A veces se me olvida que Makoto es casi igual de sensible que tú, así que debo disculparme y de paso, decirle lo ocurrido —Sonrió algo melancólico, Rin se sentía algo aliviado de que su amigo aún pudiera bromear un poco.

—Todo estará bien —Le dio ánimos— Debo volver, Makoto estará feliz de verte, nos vemos —Se despidió el pelirrojo, Sousuke se le quedó mirando por unos minutos antes de irse, debía mostrarse animado para no preocupar a nadie, muy a pesar de que por dentro esté destrozado y apenas tuviera energías para caminar por el dolor que le provocaba su hombro.

Makoto miró la humeante taza frente a él, Haruka puso junto a ella un frasco de miel y se sentó a su lado.

—Es un remedio casero para el resfriado, tiene limón y jengibre, la miel es para que lo endulces —Explicó mientras le echaba una cucharada de miel a la taza con el líquido— No te curará, pero al menos te aliviará un poco. El precioso chico de orbes esmeralda tomó la taza y sonrió.

—Siempre soy yo el que te prepara café, pero esta vez fuiste tú quien me preparó algo, eso me alegra un poco —Le entregó una dulce sonrisa, el pelinegro no podía creer que una sonrisa bastó para hacerlo sonrojar levemente, hace años que nadie le provocaba sonrojos— Está algo agrio.

—Puedes echarle más miel —Tomó el frasco para que el más alto sacara otra cucharada— Es normal que te pique la garganta.

—Gracias Haru —Haruka estaba hipnotizado, ¿Le había contagiado la fiebre? Su mirada se enfocó en sus labios, ¿La miel le habrá dado un toque aún más dulzor de lo que se imaginaba? Si realmente estuviera actuando en su papel de seductor, se habría aprovechado de la condición del de hebras olivas, ahora mismo estarían en la cama, pero es que simplemente no podía, no quería arruinar el vínculo que tenía con él. Sin embargo, aquellos labios lo llamaban intensamente, ¿Podría tocarlos? Un beso, un simple beso y con eso ya podría morir— ¿Haru? —Makoto no entendía muy bien lo que estaba pasando, pero el nadador de orbes oceánicos se estaba acercando mucho a él— Deberías alejarte un poco, voy a contagi…

Fue interrumpido, no, fue callado por los labios de Haruka, quien lo besaba de una manera demasiado dulce para ser real, no podía creerlo, ¿Por qué lo besaba? Puso una mano sobre su hombro para separarlo cuando escuchó el ruido de la puerta abrirse y cerrarse fuertemente. Se separaron al instante en que sus orbes esmeraldas se encontraron con unos muy molestos orbes turquesas.

—Sousuke… —Su voz ronca, apenas audible, logró reflejar todo lo que sentía en ese momento, desde la gran confusión que le provocó el beso de Haruka, hasta el miedo de ver a su novio tan molesto. Sabía que se había metido en un gran problema.

Sousuke no podía creerlo, menos de Makoto, su novio estaba siendo besado por otra persona, y lo peor de todo era que se trataba de Haruka, se sentía traicionado, es que acaso ahora que no valía nada como nadador, ¿Tampoco lo valía como persona? No podía aceptarlo, era demasiado orgulloso para aceptarlo.

—Siempre he sabido que eras un hijo de puta, Nanase —Lo tomó del cuello de su abrigo, iba a golpearlo, pero Makoto lo detuvo, no tuvo que hacer fuerza, sólo bastó con sostenerle la mano para que se detuviera— Lárgate —Lo empujó.

—Yamazaki espera, no fue culpa de…

—¡Sólo lárgate antes de que te golpee!

—Lo siento, Makoto… —Suspiró sabiendo que había lastimado a su precioso ángel, se marchó del lugar maldiciendo sus impulsos.

Sousuke se sentó tratando de analizar las cosas, tratando de darle una lógica, pero no podía.

—Sousuke, no es lo que piensas —Makoto entró en pánico, no sabía que decir.

—Entonces qué es, explícamelo —Dijo sin dirigirle la mirada, no quería verlo porque sabría que caería a sus pies, y no quería ser débil.

—Yo… —Estaba mareado, su cabeza dolía y no podía encontrarle una explicación a lo sucedido, simplemente pasó.

—¿Puedes? —Insistió el de hebras azabache ante el silencio del más bajo, Makoto era su único alivio en Tokio, pero sin él, no le encontraba sentido seguir en esa ciudad.

—Es sólo… Perdón —Bajó la mirada, sintiéndose avergonzado de sí mismo.

—Dejamos de hablar un día, y lo encontraste suficiente para estar besándote con otro, ¿Tan rápido te olvidaste de mí? —Sus palabras fueron duras, y le dolieron más de lo que se imaginó, pero de cierta forma podía comprenderlo.

—Sousuke, realmente no es lo que piensas, Haru me besó y sólo… —No sabía más qué decir, pero para el de orbes turquesa era suficiente.

—Me lastimé el hombro, una lesión tan grave que me dejó totalmente fuera de la carrera de nadador profesional, ya no volveré a nadar —Decía con su cabeza gacha, conteniendo todas sus emociones, lo más que podía, el sentimiento de traición no lo abandonaba, ¿Podría perdonarlo? No lo sabía, pero no quería ser el traicionado de la relación— Deben operarme, luego de eso volveré a Iwatobi.

—¿Te irás? —El muchacho de hebras olivas escuchó atentamente todas las palabras de Sousuke, su corazón comenzó a estrujarse cada vez más. Aquel chico había perdido su sueño y para más remate, se había dejado besar delante de él— ¿Qué… pasará con nosotros?

—Necesito un tiempo.

—¿Eh? —Para desgracia de Makoto, sabía perfectamente lo que significaba— Espera, ¿No podemos conversarlo?

—No, ni siquiera puedo ordenar mis pensamientos, es lo mejor para los dos —En ningún momento le dirigió la mirada, y eso al de hebras olivas le dolía como el infierno. Se levantó para irse, no soportaba estar más ahí, en una última muestra de cariño, besó la frente del más bajo y se marchó, dejándolo en completa soledad.

Makoto se quedó mirando la taza frente a él, sintiendo cómo la angustia se apoderaba de él poco a poco, sus mejillas afiebradas sintieron las lágrimas que caían de sus ojos, trató de secárselas, pero no paraban, se envolvió en su manta hasta cubrirse por completo, hundiéndose en el sillón. Sintiéndose la peor persona del mundo, ya nada tenía sentido.


Les gustó? Espero que sí.

Nos leemos en el siguiente capítulo!

Hasta entonces, se despide su servidora.

Aiiri.

¡Muchos kissus llenos de amor virtual!