¡Buenas noches mis preciosas criaturas! He vuelto de mis vacaciones! así que toca actualizar.

Muy bien, muchísimas gracias por sus comentarios hermosos! también muchas gracias por seguir leyendo a pesar de todo lo que me he demorado en escribir esta historia, pero puedo decir que va en buen camino.

Perdonen todos mis errores!

Disfruten de su lectura!


—Sí, tiene mucha fiebre, no… Espere, está abriendo los ojos —Makoto escuchaba a lo lejos la voz de Rin, tratando de que su mundo dejara de dar vueltas intentó incorporarse, estaba muy mareado— Por favor que sea pronto, muchas gracias —Logró ver al pelirrojo que lo miraba preocupado, su cabeza iba estallar en cualquier momento— ¿Estás bien? —Lo afirmó de los hombros.

—Sousuke… —Dijo recordando todo lo ocurrido, si no se sintiera tan mal, empezaría a llorar otra vez.

—Estás delirando, No soy Sousuke, soy Rin —Decía el de infiernos escarlata sin entender absolutamente nada— Aunque he obtenido un poco más de musculatura este último tiempo.

—¿Qué?, Rin no me refiero a ti —Trató de levantarse, pero cayó automáticamente, no tenía estabilidad, la fiebre lo tenía totalmente discapacitado— Necesito hablar con Sousuke.

—Ya cálmate, ¿Acaso no te das cuenta de cómo estás? —Rin lo volvió a recostar en el sillón— Llamé a un médico porque te encontré prácticamente inconsciente —Sacó de su bolso algunos medicamentos que había pasado a comprar como había dicho— De verdad me asustaste, ah, eso no quiere decir que haya estado preocupado todo el día ni ese tipo de cosas —Makoto cerró los ojos dejando de ponerle atención a su amigo, estaba acalorado y sudaba un montón.

—Sousuke se irá… Rin, yo le hice algo horrible…

—¿De qué hablas? Vamos, bebe esto —Le entregó un frasco de jarabe, a lo que el de hebras olivas acepto sin ánimos— ¿A qué te refieres con algo horrible? Se supone que Sousuke vendría a verte.

—Lo hizo, pero también vino Haru y… —Apenas podía sentirle sabor al jarabe, miró a Rin quien ya le estaba dando su típica mirada de "¿Qué estupidez hiciste ahora?", suspiró cerrando nuevamente los ojos— Volverá a Iwatobi.

—Bien, no estoy entendiendo nada, pero esperemos a que el doctor venga y después hablamos del tema —Aunque quizás ya podía imaginarse lo que había pasado.

El doctor llegó después de unos quince minutos, examinó a Makoto, inyectándole un analgésico para que bajara la fiebre, pues se había agarrado un resfriado bastante feo. Recetó unos medicamentos y le dio reposo al menos por una semana entera. Rin le agradeció y obviamente pagó por la consulta. Ahora que estaban solos y el de orbes esmeraldas se encontraba un poco mejor, se sentó a su lado y esperó a que le explicara todo lo sucedido, pues había intentado comunicarse con el de hebras azabache, pero simplemente no le contestaba. Makoto suspiró por enésima vez, bebió un poco del té que le dio Rin, tenía la necesidad de comer algo dulce, las penurias de amor se pasaban así, ¿No? Se preguntaba a veces cómo podía ser tan idiota.

—Seré sincero, no sé cómo ocurrió, pero Haru vino a verme y todo era normal, cuando de pronto… —Recordó el beso, en ese momento estaba mareado por lo que no comprendía mucho cómo pasó, realmente no le tenía ninguna explicación, tenía entendido que las personas sólo se besaban cuando había algún tipo de sentimiento romántico, ¿Acaso, Haruka?— Me besó.

—¿Qué? —Rin estaba impactado, entonces el nadador prodigio iba en serio con lo de conquistar a Makoto— ¿Cómo que te besó?

—No lo sé, sólo lo hizo y Sousuke lo vio… Me pidió tiempo, dijo que volvería a Iwatobi y… —Las lágrimas volvieron a salir, se sentía cómo una basura, estaban a días de su aniversario, pero todo se fue al mismísimo infierno ahora— N-No tenía idea de que… De que no podría volver a nadar, que su sueño se había roto —Sollozaba tratando inútilmente de calmar la angustia de su corazón que sólo incrementaba más— Ni siquiera soy capaz de decirle que no se vaya.

—Realmente… Eres un idiota —Rin no podía créerlo, ¿Entonces aquellos dos tórtolos tan enamorados habían rompido? ¿De verdad estaba pasando esto? Obviamente entendía a Sousuke, ¿Fue drástico? Quizás, pero por todo lo que estaba pasando no podría haber reaccionado de otra manera, mucho menos con calma. El de hebras azabaches debe encontrarse en la total miseria ahora, y eso le preocupaba, no quería que se encerrara en sí mismo. Miró a Makoto, quien sólo se abrazaba a sus rodillas y no dejaba de llorar, aunque quisiera, no podía molestarse con él, porque después de todo sabía que ese meloso chico no hubiera sido capaz de besarse con cualquier otra persona, pues él tenía ojos sólo para Sousuke— Demonios… Te dije que no te acercaras a Haru —Lo abrazó para tranquilizarlo, sólo podía darle consuelo por el momento, lamentablemente conocía muy bien al de orbes turquesa, sabía que era orgulloso y quizás no perdonaría tan fácil lo ocurrido.

Haruka se detuvo antes de abrir la puerta de su departamento, rozó sus labios con los dedos, bien, había cometido un error, pero… sentir los labios de su ángel fue la cosa más fabulosa y revolucionaria que en su vida había sentido, hace muchísimo tiempo que no sentía tanta emoción en un beso, ¿Qué clase de encanto era este? Su corazón aún palpitaba con fuerza, había vuelto a su departamento caminando, sólo para darse el tiempo de pensar, ¿Qué debía hacer ahora? Por supuesto que estaba preocupado por Makoto, con ninguna intención quiso hacerle daño, era lo que menos quería, era el chico de sus sueños, al que siempre estuvo buscando, el que tenía esa euforia que había perdido, su corazón volvió a palpitar por él, por aquel precioso muchacho. Entró al departamento, al parecer Kisumi había salido pues se hallaba vacío, lo que le hizo aliviarse un poco; se sacó su abrigo y se sentó mirando a la nada, absorto en sus pensamientos, todo esto era tan nuevo, aquellas sensaciones, ese hormigueo y el nerviosismo, lo hacían sentirse vivo, ¿Podría darles nombres a estos sentimientos? ¿Makoto seguía siendo su presa? Nadie le había provocado esto, sólo aquel ensueño, ni siquiera estaba pensando en el sexo, en su mente sólo estaba el recuerdo de ese dulce beso y que obviamente le gustaría tener más de aquellos, si tuviera de esos besos durante toda su vida, podría darse por satisfecho… De pronto algo en su cabeza se activó, no estaba pensando como el seductor de siempre, no estaba viendo a Makoto como una víctima más de su juego, él realmente estaba sintiendo cosas por el chico dueño de los más hermosos bosques esmeraldas que en su vida pudo haber visto, lo estaba entendiendo, pudo entenderlo de golpe, ya no era simple atracción física, sino que también emocional. El no poder sentirse bien cuando lo ve mal, el preocuparse por su salud, cómo su corazón palpitaba con cada sonrisa que le entregaba, y ahora como a pesar de todo lo grandioso que fue besarlo, el pesar de haberle hecho daño. Ya se estaba dando cuenta de lo que estaba ocurriendo.

El día siguiente estaba igual de frío que los días anteriores, Haruka hizo su rutina de siempre, dirigiéndose a la cafetería, sabía que no iba a encontrar a Makoto, pues estaba bastante enfermo, pero tampoco se esperaba la mirada de odio que le estaba dando aquel pelirrojo quien le sirvió su café de costumbre con las peores ganas, tal vez por eso lo encontró con un sabor tan amargo.

—Sabía que eras un maldito, pero esta vez te pasaste —Decía el chico orbes rojizos entregándole el Muffin de arándanos con poca cortesía.

—¿Cómo está Makoto? —Preguntó sin inmutarse del mal trato del otro nadador, no le importaba él, le importaba su ángel.

—¿Y a ti qué te importa? Ya déjalo en paz, elimínalo de tu lista —Decía Rin molesto— Cógete a otro ya que estas tan desesperado.

—Parece que eres tú el que necesita una cogida —Respondió agrio, alterando más a Rin quien lo agarró bruscamente de la sudadera notoriamente cabreado. Haruka lo miró serio, sin dejarse intimidar, sabía que el pelirrojo ladraba, pero no mordía— Sólo te estoy tratando como tú lo estás haciendo.

—De acuerdo… —Lo soltó, pues estaban en la cafetería y no quería problemas en su trabajo— Makoto se encuentra descansando por su resfriado —Lo miró de manera asesina— No te atrevas a ir a visitarlo, te recuerdo que también es mi departamento, así que te veto de él.

—¿Qué hay de Yamazaki? —Bebió un sorbo de su amargo café, definitivamente el que le hacía el de orbes esmeraldas era mucho mejor.

—Ese es un tema que no hablaré contigo —Dijo tajante, dándole la espalda para preparar otro café. Haruka sólo se encogió de hombros, no le interesaba, pero estaba preocupado por su hermoso adonis, Sousuke ya lo había hecho llorar lo suficiente. Bajó la mirada aún confundido con sus sentimientos, aunque ya lo tenía todo claro, no sabía qué hacer.

—Puedes… ¿Puedes darle mis disculpas a Makoto? Sólo yo soy el culpable de todo esto —Dejó el dinero en la barra y se marchó sin terminar su café.

Rin no podía creer lo que había escuchado, Nanase Haruka, el nadador prodigio, el seductor por excelencia que tenía uno de los egos más grandes, ¿Se estaba disculpando? Vio como salía de la tienda, parecía ensimismado, ¿Acaso el tiempo en que ha estado relacionándose con Makoto lo estaba cambiando? Aun así, no podía perdonarlo, se entrometió en una relación que era prácticamente perfecta, y lo peor de todo esto es que al que más le dolió fue al chico de hebras olivas, que no dejó de culparse en toda la noche; sí, estuvo consolándolo todo el tiempo, incluso se le pegó la sensibilidad del más alto y termino llorando con él, pero ese era otro tema. Rin simplemente no podía entender lo que estaba tramando Haruka en estos momentos, y eso le desesperaba un poco porque no sabía cómo prevenirlo.

Sousuke suspiró mirando por la ventana, ya no era necesario que fuera a la universidad, se preguntaba en qué momento descuidó tanto a Makoto para que Haruka terminara por acercársele, sentía que se estaba yendo en pique en todos los sentidos de su vida. No quería pensar mal, pero se sentía traicionado, no estaba siendo razonable ni con los otros ni consigo mismo, debía despejarse, aclarar su mente; sabía que su frustración sólo haría que tratara mal a las personas que lo rodeaban, y lo que menos deseaba era tratar mal al precioso chico de hebras olivas. Lo mejor era alejarse un tiempo, dirigió su mirada a la pila de cajas listas para empacar, se iría después de su operación, ya lo tenía decidido, por supuesto que se le rompía el corazón el tener que alejarse de su amado novio, pero no estaba siendo el Sousuke de siempre, el que le podía entregar cariño y sonrisas infinitas, simplemente no podía hacerlo ahora y quizás en un buen tiempo más. No esperaba que el amor de Makoto se quedara intacto en su ausencia, menos con la intromisión del de orbes oceánicos en su vida. Después de todo, los labios que siempre fueron suyos, habían sido robados y eso no se lo perdonaba. Se levantó haciéndose los ánimos para ir al hospital para ver qué día sería la operación, nunca pensó que su vida se iba a volver tan miserable.

Rin tomó los apuntes que le estaba entregando Rei, ya que Makoto se ausentaría toda una semana de la universidad, decidió al menos llevarle los apuntes de sus materias, y como no conocía bien a los compañeros del lindo idiota, le pidió al chico de hebras olivas si los podía conseguir.

—Muchas gracias, Rei —Sonrió guardándolos en su bolso, se alegra que hoy no hubiera práctica, así se evitaría una pelea con el pelinegro.

—¿Makoto-san se encuentra muy mal? —Rei preguntó preocupado por su amigo.

—Es un resfriado mal cuidado, ¿Quieres visitarlo? Salgo de clases en dos horas, si quieres puedes volver conmigo, no le haría mal algo de compañía —Le propuso el de hebras rojizas, a lo que el chico de lentes se sonrojó levemente.

—¿Podemos visitar a Mako-chan? —Decía Nagisa animoso, había visto a los dos chicos conversando en los pasillos y se acercó.

—Supongo que sí —Contestó Rin sin mucha importancia.

—Me alegro, la última vez que lo vi estaba muy desanimado —El rubio se refería a los días anteriores dónde la desgracia se desencadenó— Aunque Rei-chan también ha estado bastante desanimado —Miró al de orbes violeta que inmediatamente se sintió incómodo.

—Bueno, debo volver a la biblioteca, Nos vemos después de clases, Rin-san, Nagisa-kun —Se despidió rápidamente de los dos muchachos.

—Otra vez escapó —Nagisa hizo un puchero, Rin lo miró sin entender.

Makoto se encontraba en su Kigurumi de vaca, sentado en la sala de estar, tratando de distraerse leyendo un manga, sin embargo, no podía dejar de mirar el celular, sabía que no iba a recibir ningún mensaje de Sousuke, y aunque estaba tentado en llamarlo no lo haría, pues iba a respetar el tiempo que quería el azabache. No podía negar que lo que ocurrió le confundía, ¿Por qué Haruka lo besó? Se lo ha estado preguntando toda la noche y todo el día, la verdad es que le agradaba bastante el nadador, no veía nada malo en él, además de que siempre se comportó amable, ¿Por qué todos querían que se alejara de él? Haruka era enigmático, de eso no había dudas, quería hablar con él y aclarar lo que sucedió, ¿Estaría igual de confundido que él? Tomó su teléfono, ¿Sería correcto enviarle un mensaje? Estaba en esa duda cuando la puerta se abrió, dejando entrar a Rin con sus amigos.

—¿Por qué no estás en cama? —Dijo de inmediato el pelirrojo cruzándose de brazos.

—Bienvenidos —Sonrió el muchacho, Rei y Nagisa se dieron cuenta de lo hinchado que estaban sus ojos, ambos sabían que eso no era efecto del resfriado— Qué sorpresa verlos.

—Rin-chan nos dejó venir a visitarte —El rubio se acercó al más alto entregándole un pastelito de limón— Me dijeron que el limón ayuda mucho a que se pasaran los resfriados, y como te gustan las cosas dulces, te traje este pastel.

—Muchas gracias, Nagisa —Agradeció mirando el pastel— Lamento preocuparlos.

—No te disculpes, por cierto, ya te arreglaste con Sou-chan —Fue una pregunta inocente, pues no sabía lo que había pasado, pero la expresión de Makoto le dijo que quizás no debió haber hecho ninguna pregunta.

—Dejemos ese tema para más tarde —Intervino Rin, Rei miró preocupado a su amigo, pero no quiso hacer ningún comentario al respecto, por lo que sólo se sentó a su lado.

Conversaron de temas poco relevantes, pero que poco a poco subían los ánimos, Makoto siempre prefería la compañía a estar solo, agradecía bastante la visita de sus amigos. Ya se había hecho tarde y sus dos amigos debían irse, por lo que los dejó en la puerta junto a Rin.

—Cuando te mejores vamos por unos batidos —Decía Nagisa despidiéndose de ambos chicos— Tú también Rin-chan.

—De acuerdo, ahora vete —El rubio sabía que el de orbes rojizos actuaba arisco, pero que realmente era muy amable y sensible.

—Recupérese, Makoto-san, y Rin-san, muchas gracias —Hizo una reverencia para luego llevarse a Nagisa y dejar que los mayores descansaran.

Caminaban a la estación cuando Nagisa dijo algo que a Rei le hizo bastante ruido.

—Creo que Mako-chan estuvo con Haru-chan cuando pasó aquel incidente con Sou-chan —Dijo pensativo— Ese día llovió mucho, espero se arreglen pronto.

—Nanase-san… Parece interesado en Makoto-san —Él sabía las intenciones del pelinegro, pero debía guardar el secreto.

—¿También te diste cuenta? Supongo que todos caen en el encanto de Mako-chan, aunque he escuchado algunas cosas de Haru-chan —Rei se detuvo ante esto, sintiendo algo de miedo.

—¿Qué cosas? —Preguntó simulando su nerviosismo.

—Bueno… Que le gustan las amistades de una noche, ya sabes… —No era necesario que el de orbes rosáceas explicara más a fondo, el muchacho de anteojos ya lo sabía —Pero sólo son rumores, no creo que Haru-chan sea así.

—Quizás los rumores sean ciertos —Susurró sin que Nagisa lo escuchara, realmente esperaba que Haruka no tuviera que ver con lo que había pasado entre Sousuke y Makoto. Desgraciadamente ya había sucedido.

Rin miró con brillos en los ojos el mensaje que su mejor amigo le habían enviado, no se había podido contactar con él en todo el día, y que ahora diera signos de vida le alegraba.

—Sousuke me envió un mensaje —Le dijo al de hebras olivas— Dijo que su operación sería la próxima semana.

—Ya veo… —Le encantaría acompañarlo, pero no sabía si aún querría verlo.

—También preguntó cómo seguías de tu resfriado.

—¡¿En serio?! —De pronto su corazón empezó a latir con regocijo, realmente pensaba que Sousuke lo estaba odiando.

—No te emociones tanto —Rin alzó una ceja, encontrando algo adorable la reacción del más alto, parecía un cachorro— Sólo tienes que darle tiempo —Le sonrió.

—Sí.

Kisumi miró al de orbes oceánicos esperando su respuesta, ambos se encontraban en un bar de esos en los que podían ejercer su profesión. La verdad es que Haruka siempre tuvo ese potencial de seductor, estaba orgulloso de lo que había construido, el pelinegro era de esos peces que opacaban a cualquier otro, era mucho mejor que cualquier tesoro, sin embargo, jamás se imaginó lo que estaba escuchando, realmente no podía creerlo. El seductor de élite, el que nunca perdía el juego, había sido flechado, ni nada menos que por su propia víctima, ¿Quién lo diría? Ahora la pregunta fundamental que le había hecho, con esto determinaría muchas cosas de su vida.

—¿Entonces qué harás? ¿Seguirás jugando? —Esperó paciente la respuesta de Haruka, el silencio los rodeaba en medio del bullicio.

—No… —Respondió finalmente, determinado.

—Ya veo —El de hebras rosáceas sonrió, pensando si el chico frente suyo recordaba todas las reglas de su juego— Entonces, disfruta tú última noche de seductor —Levantó la copa que tenía en la mano en modo de brindis.

Nanase Haruka se había enamorado.


Eso es todo! Les gustó?

¡Pasó lo que muchos esperaban! Haru finalmente se dio cuenta de que se enamoró de Makoto!

Qué pasará ahora? Habrá que esperar a la otra semana.

Hasta entonces, se despide su servidora.

Aiiri.

¡Muchos kissus llenos de amor virtual!