Un chico de unos 19 años, cuya característica más llamativa eran sus orejas de punta, veía los restos de un edificio derribado, un edificio que antes fuera una imponente escuela. Entonnaba una canción mientras revisaba los restos que aún seguían en pie, encontrando un viejo espejo roto en una habitación que aún conservaba las deshilachadas sábanas azules de quien habitara ese lugar hace ya 200 años. Sus zapatos cafés hacían un ruido sordo cuando se trasladaba por aquellos pasillos olvidados, era tan discordante en el silencio como su túnica y gorra verde lo eran a la vista en aquel sitio abandonado y vacío.
vestido con con una túnica corta verde, similar a una playera y un gorro del mismo color, de zapatos cafés y bufanda azul,
–Somos los únicos después de 200 años ¿no? –Preguntó aquello a su acompañante, una joven de cabello castaño que llevaba una bufanda como la suya, pero roja en lugar de azul.
–Nosotros también seguimos aquí–Respondió en su lugar otra voz.
El interpelado se giró, sorprendido. Ante sus ojos se mostró Un muchacho de piel blanca y pelo rubio, vestido con una camisa roja, short y tenis del mismo color, junto a una chica mitad robot.
Pese a que el recién llegado llevaba antifaz igual al propio, se podía apreciar una sonrisa amigable en la porción descubierta de la cara del rubio. Si bien cualquiera no habría podido reconocerlos con una simple mirada, hubo entendimiento entre ambos al instante, tanto fue así que el interpelado se vio conmovido hasta las lágrimas.
–¡Hola, viejo amigo! –Le saludó con emoción, sonriendo pese a sus lágrimas, para luego añadir–: supongo que estamos todos ¿no?
la chica de bufanda roja afirmó con la cabeza con una sonrisa melancólica mientras señalaba el pecho de su compañero.
–Sabemos lo que le pasó a Sara, pero eso no importa, nuestro mundo está perdido y creo que ya no nos quedan opciones –el joven de la túnica verde dijo suspirando, y con un rostro serio continuó–: si podemos salvar el futuro volviendo en el tiempo, ¡lo vamos a intentar!
Mostraba valor, era lo único que le quedaba. Antes fue conocido por un nombre, ahora, simplemente era El Rey de Valla. Sus compañeros se mostraron conformes, era otra cosa que tenía todavía.
Repentinamente, rompiendo la atmósfera, un robot de armadura roja y ojos como la sangre apareció cerca de ellos con un estruendo. El corazón de aquel que antes tuvo un nombre se aceleró.
–¡No puede ser! Baymax nos encontró, ¡date prisa! –Gritó con apremio la chica robot, mientras hacía intentos por detener al gigantesco enemigo que era, evidentemente, más fuerte que ella-
–¡Naga! Préstame tu poder una última vez y déjame volver al pasado –Pidió.
Un fuerte temblor se escuchó, llamando su atención. Más enemigos les rodearon, rápida y ferozmente. Solo les quedaba la opción de pelear para salvarse, o morirían.
–No pierdas la concentración –pidió el chico de la máscara, en tanto detenía el ataque de lo que parecía ser una demonio de seis ojos rojos, piel pálida y una túnica morada, con una piedra roja inconfundible en la frente-
Era cierto, no podía desconcentrarse, sus amigos dependían de ello, todo…
–Con el ritual del despertar… te pido que por favor me lleves al comienzo del fin- tras estas últimas palabras, dichas en una voz temblorosa y tensa, el chico, que ahora brillaba, sintió cómo se acercaba alguien que conocía-
La imagen de una joven de pelo rubio había alcanzado el portal de Naga, siendo transportada, junto a la chica de bufanda roja y a sí mismo, al pasado...
–¡Ustedes han perdido! –fue lo último que dijo el rubio a sus enemigos, de forma desafiante, antes de que una espada élfica le atravesara el cráneo.
–Esta es la última vez que me haces esto, Naga, supongo que me quedará confiar en ti... Naruko Uzumaki –aquel sujeto enmascarado sonreía diabólicamente seguido de su ejército de resucitados-
continuará...
