Life 2: Enseñanzas Suplementarias con la Yōkai Maestra y Sentimientos Confundidos.
Una hermosa rubia de pelo corto suspiro mientras veía por la ventana del aula con aburrimiento y cierta aprensión.
Ella era Giselle Miller, la mejor amiga de Uzumaki Naruto. Tal vez llevaban solo unos meses conociéndose, pero ambos se tenían la mayor confianza...o al menos eso pensaba.
-Me pregunto a dónde habrá ido. Solo dijo "Algo importante´Ttebayo", así que no debería preocuparme pero... -Volvió a suspirar, apoyando su mentó en su mano.- No puedo evitarlo...Sé que solo soy su amiga, pero...
Ella sabía bien que solo era una amiga, y que posiblemente nunca llegaría a ser más que eso. Naruto le había hablado en ocasiones de una "Shiro-chan", y con solo escuchar la pasión y el cariño con el que la describía podía sentir que su corazón se agrietaba. Tal vez era mejor guardar sus sentimientos, y esperar a que estos se apaguen, pensaba a menudo.
Además, ahora era que el necesitaba más que nunca su apoyo era que debía dárselo sin esperar nada a cambio, y esos sentimientos solo podrían entorpecer ese deseo. El haberlo visto morir, y el enterarse de que todo lo sobrenatural era real, sin dudas había cambiado su mentalidad, ya sea para bien o para mal. Naruto estaba mucho más metido en esos asuntos que ella, cosa que le molestaba un poco. Ella no quería que estuviera en peligro, no como aquella vez.- Esa vez fui inútil. Solo...¡Solo pude ver como se escapaba la vida de su pecho!
Ya no quería...ya no quería que el la viera como una carga. El era la primera persona en la escuela junto a Hiroki-san que le tendió la mano y le mostró una sonrisa sincera, aquel que se le acerco sin buscar nada más que su amistad. El le había ayudado a entender este lugar extraño para ella, e inclusive le contó de sus secretos, miedos y deseos. Ella ya no podía decepcionarlo, después de haber recibido tanto de el.
Colocó una de sus manos en su generoso pecho, donde estaba su corazón.- Es por eso que, como su amiga, es mi deber velar por el para que pueda estar con Shiro-chan. Si debo sacrificar mi felicidad por la suya, lo haré con gusto. -Vio al cielo azul, tan hermoso y despejado que le recordaba a sus ojos, y suspiro. Por más que lo deseara, sabía que sus sentimientos nunca cambiarían. Nunca podría dejar de desear ser algo más...- Espero que estés bien, Naruto...Mi Naruto-kun...
-Muy bien, entonces: ¿Cuáles son las mitologías más prominentes en la actualidad?
-La Cristiana, la Hindú, la Japonesa o Shinto, la Nórdica y la Griega/Romana ...¿No?
-Si, esas son las facciones más poderosas comenzando por la cristiana. Claro que hay otras con dioses muy poderosos, pero en términos de influencia, estas son las más famosas.
Hace un día y medio que el rubio Uzumaki había comenzado a entrenar con Masami dentro de la barrera, ya que había logrado obtener el permiso de sus primas bajo la premisa "Voy a casa de Giselle a estudiar para un examen importante, vuelvo en un día". No le agradaba mentirles, pero esta vez fue necesario.
-Aunque no me agrado que dijeran "Luego hablamos" -Pensó el rubio con mala espina mientras recordaba su algo oscura conversación.- Y Giselle-chan también va a estar molesta cuando me vea. Ahh, estoy muerto...
A pesar de que los conocimientos de Masami estaban atrasados cuarenta años, la información sin dudas le sería útil. Además, en cincuenta años pocas cosas podía cambiar con un sistema tan antiguo como el de las facciones. Era, por decirlo de alguna forma, educación básica.
Ahora tenía un conocimiento más bien básico de los seres sobrenaturales que habitaban su mundo, similar a una pequeña lista: Yōkai, Demonios, Ángeles, Ángeles Caídos, Dioses, Semidioses, Bestias Míticas y Humanos Especiales. Era una forma de simplificar todo lo que podría encontrarse, y lo que deseaba enfrentar.
Eso le llevó a preguntarse dónde encajaba él.
No era un dragón, ni tampoco un humano. Tampoco podía catalogarse como "Humano con habilidad especial", o como un Yōkai. Según parecía, era una criatura anormal entre las anormales.- No sé si eso es bueno o malo, ¡Es como decir que soy raro entre los raros´Ttebayo!
-Oi, No te comas la cabeza pensando en eso, o te quemarás las tres neuronas que te quedan.
-¡Callate vieja enana!
-¡¿Eh?! ¡No me calles, enano rubio!
También había aprendido un poco a luchar y a concentrar su aura, aunque en ambos casos su control era muy rudimentario. El aura era como la energía mágica, un tipo de energía que irradiaban ciertos seres entre los cuales se encontraban los dragones. Esta podía concentrarse para aumentar la fuerza, o simplemente dispararla en potentes explosiones o ráfagas. Era allí donde entraba el talento, la imaginación y la imprevisibilidad. Era cuestión de cómo deseas usarla, la forma en la que deseas que actué, y en el poder de esta.
-Te he dado las bases para que aprendas. Con práctica y esfuerzo, estoy segura de que conseguirás dominarlo.
Es decir, a partir de allí todo se resumía en practicar y practicar hasta hacerlo bien. Bueno, el no tenía resolución de rendirse, así que daría todo para aumentar su nivel. Con trabajo duro, estaba seguro de que mejoraría enormemente.
-Ahora probaremos algo distinto -Exclamó Masami sacando de sus ensoñaciones al rubio. Lo guió a la parte frontal del templo, y adoptó una posición de pelea.
La pierna izquierda adelantada, la palma izquierda al frente, y la mano derecha apoyada en su cintura. Su mirada era más seria que nunca, pero podía sentir cierto desafío en ella. Al instante supo que deseaba, y también se preparo.
Con ambos puños alzados, y las piernas separadas, comenzó a caminar lentamente alrededor de su maestra. Esta hizo lo mismo, vigilando los movimientos de sus ojos y de sus pies. Ninguno hacía la mínima reacción. Se podía decir que estaban en un punto muerto.
-¡HYAH! -El rubio se movió como el rayo al costado derecho de la yōkai dispuesto a acertar un golpe. Ella lo esquivó dando un paso hacia atrás.- ¡Deja que te golpee!
Siguió golpeando, cada vez más rápido, fuerte y furioso. Ella solo lo esquivaba hábilmente, como una hoja meciéndose en el viento. Lanzó un cargado golpe con su mano derecha, más rápido y fuerte que los otros. Masami se preparó para detenerlo, pero nada paso. ¡Fue una finta!
La pierna izquierda del rubio subió veloz, a punto de impactar contra el vientre de la peliazul con la fuerza de un martillo.
-¡Hhmp! -Con un suave y fluido movimiento, ella se apartó lo mínimo de su golpe, por lo que solo rozó sus prendas. Su mano se volvió veloz y lo golpeó en el cuello suavemente.- Muerto de nuevo, Uzumaki-kun. Sigues siendo muy obvio, fufufu. Aunque esa finta fue astuta, debes aprender a concentrar tu enojo. No solo veas al oponente, ve todo y a la vez no te centres en dada.
El rubio retrocedió con una mueca.- Tsk, sigo siendo más lento que tú, ¿No? ¡Eso no es bueno´Ttebayo!
-Fufufu, esas cosas vienen con el tiempo. Solo debes seguir entrenando, y pronto me superarás. ¡Vamos de nuevo!
-¡Hai! ¡Le dejó todo en sus manos, Masami-sensei!
En eso se resumió su última lección: Lograr golpear a Masami.
Obviamente, el dia terminó sin que el pudiera hacer más que acercarse.
Ahora se encontraba comiendo un gran plato de Okonomiyaki, un curry especial con huevo crudo, calamares asados y manju de cerdo. Tenía una gran sonrisa, pero eso no calmaba su pequeña pero creciente frustración.
Ahora sabía defenderse mucho mejor que antes, pero no sentía que realmente se hubiera hecho más fuerte. Cierto, ahora sabía más pero...
-Debo ser más fuerte si quiero superar a Masami-sensei, para volver a ver a Yuuma, y para luchar contra los seres sobrenaturales. -Vio su mano fijamente. Ahora era mucho más fuerte que un humano, pero era una fuerza que eventualmente se volvería maligna y destructiva sin la ayuda de Masami. Eso le molestaba, y aterraba. El no tener control de su destino, el no poder controlar en qué se convertiría, eso le molestaba enormemente.
Sintió una suave mano posarse en su hombro. Se dio la vuelta y vio a Masami sonriéndole amablemente. Ella al parecer sabía sobre sus pensamientos oscuros, y le abrazó suavemente. No pudo evitar sonrojarse y suspirar. Le recordaba a la madre que solo había conocido en su infancia.
-No te aflijas por esos pensamientos, Uzumaki-kun, solo te traerán más problemas. Tal vez sea cierto que tienes poco control de tu destino, pero para todos suele ser así. Lo que te diferencia es que no lloras y te rindes cuando el destino de lo ordena. -Tomó su rostro entre sus manos y sonrió.- Eso es lo que hace especial a Uzumaki-kun: No se rinde aún en la peor situación.
En quedó en silencio, escuchando sus amables palabras. Solo pudo musitar un "Gracias" silencioso.- Realmente...realmente...tengo la mejor Sensei de todas...
-Ahora debemos aprovechar el tiempo. -Dijo ella separándose tras unos minutos.- Vamos a ver: ¿Cuales son las debilidades de los Dioses?
El solo pudo suspirar y rezar a sus padres en el cielo. "Oto-san, Okaa-san, mi maestra sin dudas es implacable"
Una vez que calló la noche, una figura salió del templo a hurtadillas. Era nuestro rubio protagonista, quien había esperado que Masami se durmiera para hacer su movimiento.
Fue hasta una arboleda oculta tras el templo, que había preparado el mismo día que llegó.
Hizo un corto calentamiento, y comenzó a correr de un lado a otro lanzando golpes como un boxeador. Este era un entrenamiento más bien básico, pero no podía soportar ser débil.
No notó una figura de ojos grises verlo desde un árbol. Esta lo veía con admiración, y cierta pena. Podía entender que fue un duro golpe a su orgullo morir sin poder hacer nada, pero tampoco debía esforzarse tanto y destruir su cuerpo.
Sin embargo, no dijo nada ni reveló su presencia. Ese era el camino que él había escogido, uno muy duro y arduo que podría o no llevarlo a un gran poder. Todo lo que podía hacer ella era apoyarlo en silencio, y velar por su bienestar...
Al día siguiente, ambos se reunieron para su sesión de estudio diaria tras el desayuno. Normalmente comenzaba con Masami haciéndole preguntas, pero quien comenzó fue el rubio.
-Masami-sensei, ¿Yo podría usar Senjutsu?
Esa era una pregunta extraña. Ella ladeo la cabeza, pero asintió.- Si, es posible. El senjutsu es el control de la energía que fluye dentro de nosotros, el chakra, y de la energía que se encuentra en todas las cosas, el Ki. Al unir ambas cosas, surge el Touki, que es la forma física de la vida. -Alzó cuatro de sus delgados dedos, en los cuales se formó una intensa llama blanca.- Hay un total de cuatro formas de despertar el Touki. La primera es siendo un Yōkai, ya que nosotros tenemos una conexión innata con el Youjutsu y el Senjutsu. La segunda es meditando y alcanzando el entendimiento de la naturaleza, de el yo interno, y de la conexión entre ambas. La tercera es convirtiendo en anfitrión de una de las Cinco Bestias Sagradas, que dominan sobre un elemento y permiten el uso de su Touki.
La última, la más simple y peligrosa, es entrenando al máximo el cuerpo. Esto despertará la fuerza de vida, y permitirá su uso -Explicó ella al tiempo que le daba forma a la llama, pasando de algo simple como una esfera hasta una estructura compleja como un arpa.- Sin embargo, el método tiene influencia en el resultado. El Touki de los Yōkai es más maleable, pero requiere una mayor concentración para ser más fuerte. El Touki del Sabio es mucho más denso, calmado y tiene características ofensivas y defensivas equilibradas. Los Touki del Anfitrión y del Cuerpo son más volátiles, salvajes y poderosos, por lo que sirven mucho más para el combate directo.
-Oooh, ¿Cuál crees que podría usar yo? -Preguntó el rubio muy interesado. Todas sonaban interesantes, e inesperadamente familiares.
Ella sonrió y negó suavemente con la cabeza.- Ummm, no lo sé. Yo te recomendaría el del Sabio, pero con tu personalidad te sería más fácil de conseguir el del cuerpo. Para el primero debes meditar intensamente, y alcanzar un estado de comprensión de la naturaleza. Para el segundo, debes entrenar al máximo tu cuerpo e incrementar tu Ki hasta el punto en que tu vida se desborde y se convierta en Touki.
El rubio sonrió y se cruzo de brazos inflando el pecho.- Hmm, Ya vera sensei. ¡Me convertiré en un Sennin´Ttebayo!
-Fufufu, estoy segura. Muy bien continuemos. También debes saber que el Touki, fuera de otras propiedades que puede adquirir, es una fuerza de la vida. Y por lo tanto, puede afectar directamente al alma de los seres tanto vivos como muertos, y causar daños internos bastante graves. Si decides aprender a usarlo debes tener...
Así, su charla sobre el Touki, la vida y su control, se hasta la tarde. El rubio, usualmente bullicioso y con una severa falta de atención, había estado bastante atento a la clase tomando todos los apuntes posibles en un pequeño cuaderno. Podía sentir que cosas como el chakra le eran familiares, pero no sabía de dónde.
De esa forma, la mañana paso rápida dando paso a su segunda clase: Control del aura.
Se encontraba sentado en pose Zen, con una pequeña esfera dorada pulsando en sus manos. Masami-sensei vigilaba atentamente sus progresos mientras le explicaba.
-El aura es una de las herramientas primordiales de los seres que carecen de magia, Touki, energía demoníaca o sagrada, y una de las más poderosas. Es simplemente una fuerza destructiva que todos poseemos, que incrementa con el crecimiento de tu poder, y que responde a tus emociones -Explicó ella viendo como al esfera crecía y decrecía como el latir de un corazón.- Debes darle algo a tu aura, una razón para crecer y ser más fuerte, puede ser amor, puede ser odio, o puede ser ira. Debes encontrar el sentimiento al cual responda tu aura, y en eso no puedo ayudarte.
El rubio sudaba del esfuerzo. Era como una anguila, cada vez que creía que la tenía esta escapaba de sus manos. Al final, la esfera se desvaneció dejando un gran cansancio en su cuerpo.- ¡Fuuu! En serio es difícil, pero me agradan los retos. ¡Voy de nuevo!
Masami rió suavemente al ver el entusiasmo de su nuevo pupilo.
Había pasado tiempo desde que tuvo un estudiante tan determinado.- En ese entonces, el...-Negó con la cabeza varias veces. El pasado esta enterrado, se recordó. Se sentó junto al rubio, y se unió a la meditación. Al instante un aura blanca y armoniosa la cubrió, contrastando bastante con la leve y furiosa aura dorada del rubio.
-Oi, Miller-san, ¿Qué son tu y Uzumaki?
-Pufff ¡Q-que cosas dices, Murayama-san! Solo somos amigos...
-¡Murayama-san, ¿Cómo puedes ser tan atrevida?! -Exclamó una de las estudiantes, Mari Tachibana. Una belleza de segundo año con vibrante pelo rubio platinado y ojos negros. A pesar de su edad, estaba muy bien desarrollada, cosa que atraía a los chicos. Ella era bastante amable con todos, pese a su apariencia de Idol, y una muy buena estudiante.
-Solo tenía curiosidad, Tachibana. ¿No te molesta, verdad Giselle-san?
Era la hora del almuerzo en la academia Kuoh, y las chicas de la clase A se encontraban disfrutando de una amena charla. Sentadas bajo la sombra de un árbol, era bastante agradable el ambiente.
-¿Ah? Eh...no no, claro que no...jeje...
-Ohhh, ya veo. ¿Me lo presentarías? En verdad me gustaría conversar con el. El siempre se burla de ese trío de asquerosos pervertidos, a pesar de que se llevan bien, e intenta arreglarlos. Sin dudas merece mi respeto.
Al instante el ahoge de la rubia se alzó. ¿Que deseaba esa practicante de kendo con su amigo rubio? No lo sabía, pero tenía un mal presentimiento. Una, no, unas cinco estaban interesadas en el, podía sentirlo. No necesitaba a otra más.
-T-tal vez, Murayama-san. C-cuando le vea, le preguntaré. ¿Ok?
-¡Ya verás, el te agradará Murayama-san! Naruto-senpai siempre nos saluda y nos trae dulces -Mencionó una chica de primer año, Victoria H. Amano, con una enorme sonrisa. Ella era de baja estatura, facciones aniñadas, ojos grandes de color verde, y cabello corto negro recogido en dos coletas.- ¡Además, el siempre dice que es bueno ayudar a otros! Es un ejemplo para todos nosotros.
Giselle sonrió amargamente. Ella sabía bien lo bondadoso que podía ser su amigo, cosa que le encantaba y le enfadaba al mismo tiempo.- Ese tonto no sabe que siendo como es solo atrae a más predadoras...
-Tienes razón, Victoria-chan. Naruto-senpai siempre nos ayuda en las actividades del club, aunque no le corresponda. Es una buena persona.
Quien añadió eso fue Emiko Kusama, otra de primer año y miembro del Club del Noticiero Escolar. Siendo de una altura media, con un buen cuerpo y un rostro bonito, era bastante agradable de ver. Su cabello marrón oscuro atado en una larga trenza y sus ojos rojizos hacían juego con su uniforme. Ambas eran buenas amigas de la clase A, por lo que solían acompañarlas en la hora del almuerzo.
-Yo también quiero hablar con el. Quiero comprobar si en verdad no es un pervertido -Habló Katase cruzada de brazos con cierta desconfianza. El trío pervertido la había acosado tanto que era bastante cautelosa con quienes estos se relacionaban. Algo entendible, claro.
-Ne, Giselle. Por qué si solo son amigos tienes esa mueca de molesta ¿Acaso son algo más? -Preguntó burlona Kiryuu Aika con una sonrisa. Ella también era amiga de Naruto, y disfrutaba de burlarse de esos dos.
La rubia se coloró hasta las orejas y negó repetidas veces.- ¡N-no no no! S-solo somos amigos. -Se cruzó de brazos y murmuró para sí misma.- Eso es lo que somos...y siempre seremos...
Katase arqueó una ceja y preguntó.- ¿Y por qué te interesa su relación, Kiryuu? No sentirás por Uzumaki-san, ¿cierto?
-Para nada -Dijo la de lentes recargando su mentón sobre su mano.- Es guapo, y muy agradable, pero solo puedo verlo como un hermano. -Todas quedaron sorprendidas por su comentario, por lo que suspiro. El que ella dijera, siendo que tenía fama de pervertida, que no se sentía atraída por uno de los jóvenes más guapos de la academia, era sin dudas extraño.- Cuando el vino a aquí desde Kioto hace unos...10 años, yo fui su primera amiga junto a otra niña llamada Shidou Irina y a Issei. Todos nos llevamos bien, aunque Naruto y Ise creían que Shidou era un niño.
-¿En serio? ¿Tan lentos eran? -Preguntó Murayama sorprendida.
-Si si, aunque Naruto creció un poco, sigue siendo como antes. Al igual que Ise. Pero eso es quienes los hace ellos. Esos fueron buenos tiempos...
Victoria asintió y se cruzó de brazos.- Es cierto. Aunque agradezco que Hyodou-san no le hubiera pegado sus mañas Naruto-senpai.
-Jejeje, es cierto. Es una dicha -Concordó Giselle con una sonrisa. Ella no conocía bien la infancia del rubio, ya que a el no le gustaba hablar de los viejos tiempos. El saber más de su mejor amiga le alegraba enormemente. Entonces una pregunta se formó en su cabeza.- Si no es Aika, ¿Quién es Shiro-chan? ¿Y cuándo la conoció? Tal vez deba preguntarle a Kiryuu...pero...
Vio como la castaña con coletas discutía alegremente con Murayama y Katase sobre la infancia del rubio.
Soltó una leve risa. Tal vez no le agradaba que tantas chicas se acercaran a el, pero nada podía hacer. Las entendía. El era como un sol, atrayendo a la gente a su alrededor.- Creo que es mejor que él me lo diga cuando esté listo. -Decidió ella con firmeza, viendo el inmenso cielo azul.- Hasta entonces...esperaré a por ti...Naruto-kun...
Al atardecer del siguiente día, se podía ver a tres personas reunidas frente a la barrera. Ya era tiempo de que Naruto se fuera, así que Masami decidió despedirlos.
Ese último día habían repetido la rutina, con cierta tristeza al saber que podría pasar un tiempo antes de que pudieran volver a verse.
-Ciertamente me he encariñado con ustedes, Uzumaki-kun y Kari-chan. Pero deben irse, mi lugar es este, pero son libres de volver cuando gusten. -Ella sonreía bastante, aunque estuviese triste. Naruto y Kari asintieron con una enorme sonrisa, ya que ambos también deseaban volver a verla.
El rubio sonrió y puso sus puños en su cintura.- Hasta pronto, Masami-sensei ¡Definitivamente volveré a verla´Ttebayo! ¡Es una promesa!
Antes de que pudiera irse, Kari jaló de su manga, haciendo que se arrodillara.- Tengo una idea, Socio.
Comenzó a susurrarle, haciendo que las expresiones del rubio fueran desde la sorpresa al asombro y de la felicidad a la pena.
Naruto se acercó a su maestra, hizo una reverencia y le ofreció la mano.- Tengo una idea. Por favor, agarrate de mi.
Esa era una petición extraña, pero hizo lo pedido. El rubio la jaló suavemente, y atravesaron la barrera juntos.
Del otro lado, Masami cubrió sus ojos ante el ardiente sol que comenzaba a ocultarse en el horizonte, tiñendo el cielo de intensos naranja, rojo y violeta. Gente caminaba por la plaza, sin tomar conciencia de lo que ocurría frente a ellos.
Lagrimas comenzaron a salir de sus ojos, que observaban la belleza del mundo real, no uno que era visto a través de una barrera. El aroma del viento. Todo era distinto, pues todo podía cambiar en cincuenta años, pero sabía que no todas las cosas podían haber cambiado.
Limpiando sus lagrimas, le dijo a su alumno.- N-no sé como lo hiciste, pero te lo agradezco enormemente. En verdad, gracias... -Vio el inmenso cielo.- Había pasado tanto desde que pude ver este cielo, un verdadero cielo...
El rubio negó suavemente y tomó sus manos.- No me lo agradezcas. Esto es algo que hubiera hecho sin necesidad de pago. -Sonrió enormemente, como siempre lo hacía.- Eres mi amiga, y mi maestra. Es lo mínimo que podía hacer por ti.
Ella sonrió, y beso suavemente su frente.- Entonces lo he decidido. Quiero ayudarte a ser más fuerte, y quiero quedarme contigo.
-Esta bien. Eso me hace feliz -Dijo separándose de ella. Ambos comenzaron a caminar hacía la casa del rubio, la cual no quedaba lejos. Naruto comenzó a decir con una pequeña sonrisa al tiempo que se rascaba la nuca.- Aún soy débil, y necesito de un maestro. Me alegra que seas tú quien me enseñe, Masami-sensei.
-Ufufu, me alagas. -Dijo ella aferrándose a su brazo. El se sonrojó pero no hizo nada, cosa que hizo que la sonrisa de su maestra creciera.- Espero no ser un problema para tu familia.
-J-jeje tranquila...Estoy seguro de que lo aceptarán. Ya verás, ella son-
Ambos sintieron un cambio en la presión del aire. Algo había pasado, algo muy grave.
-Eso es...-Discretamente, Masami liberó sus orejas, las cuales se agitaron en el aire. Se concentró unos segundos, y anunció.- Un demonio renegado esta atacando una pequeña escuela tres cuadras a la izquierda. No sé por qué lo hace a plena luz del día, pero puedo sentir que varios ya han muerto.
-¡Vamos! -A penas recibió esa información, el rubio tomó el brazos a la yōkai. Esta se sorprendió un poco, pero luego sonrió sintiéndose cómoda en sus brazos.- Guíame hacía el demonio, Masami-sensei.
-Hai. -Apenas recibió el consentimiento, el rubio comenzó a correr, al mismo tiempo que volaban sus pensamientos.
-¿No se supone que los Demonios encargados de esta ciudad controlen a los renegados, Kari?
-No es un trabajo fácil. Y como el tiempo de los Demonios es la noche, es muy raro que actúen de día. Lo mismo es para los Renegados, ya que la noche les facilita encubrir sus acciones del ojo humano.
Chasqueó la lengua y aceleró el paso. En esa escuela habían niños inocentes, que no tenían nada que ver con lo sobrenatural. El hecho de que murieran solo por capricho de otro...le llenaba de furia.- Yo, que tengo poderes que sobrepasan mi entendimiento, debo proteger a aquellos que no pueden hacerlo solos. Es algo que he decidido´Ttebayo.
Al rato llegaron al lugar, y lo que veía aumento enormemente la furia del rubio.- Ese desgraciado...
Toda la escuela estaba en llamas. El patio y la entrada estaba destruidos, y podía escuchar los gritos de los alumnos. La entrada estaba destrozada, al igual que las rejas y el estacionamiento. Carne quemada podía verse entre los escombros ardientes, los restos de quienes no lograron escapar.
Masami, que había bajado de los brazos del rubio, murmuró con tristeza.- No quedan muchos vivos, y si lo están, lo más probable es que mueran en el hospital. Si no fue el Demonio, las llamas acabaron con ellos...Lo siento mucho...
-Kuh, ¡Maldición! -Clavó su puño en el suelo lleno de frustración.- Yo...yo...¡Lo haré pagar por esto!
Una leve aura dorada emanaba de su cuerpo, llena de furia y frustración.
Masami suspiró, y apoyo suavemente su mano en su hombro.- Si has de ir, hazlo ahora antes de que lleguen los Demonios o la Policía lleguen aquí. Yo me quedaré aquí cuidando de todo.
Naruto quedo sorprendido por su amabilidad, pero sonrió y asintió. Con una mirada determinada, se abalanzo sobre los restos en llamas. Tal vez no pudiera salvar a los niños inocentes que estaban en esa escuela, ¡Pero sí que podía castigar a quién causo todo esto!
Dentro, donde todo era humo y polvo, al rubio se le hacía muy difícil respirar o ver algo. Pero no necesitaba de sus sentidos para saber donde estaba su enemigo.
-Esta al otro lado de este pasillo, el patio. Parece que no se mueve. -Kari hacia de sus ojos, usando sus capacidades de detección.
-Eso que no se mueva me da mala espina -Admitió el rubio avanzado lento, pero seguro entre la destrucción. Más de una vez pudo haber perdido una mano o un pie entre las vigas derretidas y la madera ardiente.- ¡¿Hay alguien vivo?! ¡Vengo a ayudar!
El seguía gritando cosas como esa, pero nadie respondía. Eso solo alimento su ira. El ver los rostros quemados, y aplastados de los niños, le llenaba de un sentimiento amargo y repugnantemente familiar.- Ya los he visto antes... La muerte, el daño...todo esto lo he experimentado...y no sé cuando o por qué...¡Solo sé que lo odio´Ttebayo!
Al final del pasillo había un enorme agujero en la pared, el cual daba al patio. Debió haber sido la puerta, pensó. Salió con pasos de plomo, con furia en su corazón y fuerza en sus puños, dispuesto a hacer pagar al desgraciado que ocasiono esa masacre.
Sentado sobre un pequeño montículo de escombros carbonizados, estaba un joven similar en edad a el. Un aura anormal salía de su cuerpo, diciéndole que no era humano.
Tenía el cabello cobrizo sucio y revuelto, vistiendo solo unos andrajosos pantalones negros. Podía ver una gran cantidad de cicatrices en sus brazos y espalda, marcas de cadenas y azotes. Varias de sus heridas estaban abiertas, liberando gruesas gotas de sangre que corrían por su cuerpo.
Al notar su presencia, el pelicobre se dio la vuelta.
Sus ojos, rojos como las llamas, estaban llenos de sangre y lagrimas al igual que su rostro.
-L-lo siento...yo, yo...no quería hacerlo...Mi amo...¡Esto es su culpa! -Con su grito, las llamas crecieron en intensidad y comenzaron a sacudirse.
-El posee un Sacred Gear, socio...
-Si, me di cuenta .-El rubio dio unos pasos en su dirección, y bajó sus puños.- ¿Quién era tu amo? ¿Por qué dices que esto es su culpa?
El escondió un grito doloroso y cubrió su cabeza con sus manos, como si quisiese protegerse de algún golpe.- ¡Un...un maldito desgraciado! El...el...¡Me apartó de mi familia! -Las lagrimas escurrían entre sus manos.- Soy...Jack Redlick...en verdad, lo siento...yo no quería hacerlo...Él...él me dejó aquí y dijo que los matara a todos...uso su poder para hacerme obedecer...pero yo no quería...-Cubrió sus oídos y soltó otro grito doloroso.- Sus gritos...sus llantos...¡Haz que paren! ...por favor...Te lo suplico...
El rubio apretó tanto sus puños que comenzaron a sangrar.
¿Por qué?...¿Por qué un ser mostraría tanto desprecio hacía otros seres, hasta este punto? Al principio pensaba que era solo un ser despreciable pero...ahora ya no sabía que pensar.- Ese dolor...era genuino...Por qué...por qué...
-Para la mayoría de los demonios, sus siervos son solo objetos para usar y tirar, piezas para luchar contra sus iguales, y algo de lo cual sentirse orgullosos .-Explicó Kari con voz sombría, y algo triste. No quería el lo supiera así, pero era cierto. Los demonios, al igual que cualquier otra raza, tenían un lado oscuro que no mostraban normalmente a los demás.- La mayoría de sus siervos reciben este trato...siendo reencarnados a la fuerza, y sufriendo abusos sin control. Solo los fuertes de cuerpo y mente sobreviven...y nunca vuelven a ser iguales...El solo requirió un peón, por lo que no es muy fuerte...así que este...trabajo...debió ser para fortalecerlo...
El rubio apretó con fuerza su mandíbula, y comenzó a caminar. Tomó del suelo un tubo roto de lo que antes fue una reja, y este lentamente se cubrió de un aura dorada.
-Realmente lo siento...Jack...Sufriste algo que nadie debía haber sufrido...-El pelicobre bajó de la pila, y se paró frente al rubio con los brazos colgando en sus costados y los ojos cerrados. Naruto alzó el tubo, y atravesó su pecho con el. Jack no dijo nada, y solo se quedó inerte.- Espero...que a donde vayas...puedas recuperarte de todos tus daños...Descansa de una vez...
Retiró la tubería, y el cuerpo se deshizo en el aire, dejando solo una joya rojiza. Una sola palabra resonó en el aire, al tiempo que las cenizas volaban por el aire.- Gracias...
-Ese es su sacred gear socio. Al parecer, lo liberó antes de morir...
El rubio lo tomó suavemente, y lo apretó contra su pecho.- Esta es su memoria...un recordatorio para mí de lo cruel que pueden ser los demonios...-Lagrimas cayeron de sus ojos, pero no se derrumbo. Guardó con cuidado la gema en su bolsillo, no tenía ganas de usarla...pero tal vez encontraría a alguien digno de ella.- Socia...si hay demonios malos...también los hay buenos ¿No?
-...si, los hay algunos...Hay quienes tratan con cariño a sus siervos, y que no discriminan a los demás...Son escasos, pero si los hay...
El rubio vio como todo ardía por culpa de un solo ser, un demonio que mando a su siervo a destruir una escuela solo para deshacerse de el.- Me gustaría ver un demonio que sea buena persona. Como de personas hay buenas y malas, así debe ser para todas las razas.
Tres brillos de distintos colores aparecieron frente a el, con símbolos extraños.
De ellos, salieron tres mujeres y un hombre. A dos las conocía, pero la última y su acompañante no le eran familiares.
-Rias Gremory, Sona Shitori...veo que son más de lo que veíamos -Reconoció Naruto con una risa sarcástica aferrándose a la tubería. Podía notar el interés de las tres en el, y no le agradaba mucho.
-Ufufu, veo que ya sabes quienes somos ¿Cierto? Eso hace más fáciles las cosas -Comentó Rias cruzándose de brazos y resaltando sus activos. Tenía una dulce sonrisa, pero el rubio podía sentir intenciones ocultas detrás de ella.
La tercera dio un paso al frente, y con un movimiento de sus manos, apagó las llamas.
Era una onee-san de largo pelo castaño rojizo, con ojos rojos y una mirada seria. Era la única que no parecía tener intenciones extrañas. Con un cuerpo más recatado que el de Gremory, era una belleza seria. Ella le vio a los ojos, bufo y desvió la mirada.
A su lado estaba un joven de su misma edad, con cabello negro en una coleta espinosa y ojos aburridos del mismo color. Una el mismo uniforme que el, pero no recordaba haberlo visto con el. Le era...extrañamente familiar. Demasiado familiar...
-Venimos a conversar contigo, Uzumaki Naruto -Anunció Sona cruzada de brazos, emanando un aura fría y amenazante que en cierta forma le recordaba al mar. El rubio no se dejó intimidar, y soltó su propia aura brillante. A su lado se encontraba Masami, quien con sus puños cubiertos de fuego blanco, estaba lista para apoyarlo si las cosas empeoraban.
Este era su primer encuentro con los seres denominados como Demonios, y no sabía que esperarse. Eran aquellos que dominaban las creencias del mundo, seres de la noche con un poder que superaba al de los humanos.
Había visto como podían destruir una mentalidad, y como arruinar su mundo. Le era factible la cara que mostraba el cristianismo de ellos: Seres que solo veían por sí mismos. No sabía si llegaría a ver su lado bueno, si es que lo poseían, pero estaba por verse.
