Capítulo 7: Acechar
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Iba a la mayor velocidad posible, ya que temía no encontrarla. Pero aun así, no sabía cómo lo haría, no tenía idea de adonde ella se había dirigido. El sitio adonde fue, tenía muchos establecimientos por los que buscar.
El celular de ella comenzó a sonar. Miró de reojo a su lado, la pantalla brillaba con un nombre.
Tsuruga-san
Sus ojos se abrieron feroces. El tono de llamada se cortó en un instante. Fue una llamada perdida.
Primero se le escapó una pequeña risa y luego explotó. Parecía un loco en el volante, mientras reía con expresión jocosa.
¡Así que eso me estaban escondiendo! ¡Se están encontrando a escondidas! Jo, jo, jo… ¿Quién diría? Es por eso que Ren estaba tan despreocupado con Kyoko-chan... ¿Es una clase de señal lo que él hizo?
Reía, tratando de imaginar escenas de aquellos dos acaramelados, pero no podía, todo se censuraba nuevamente. ¿Cómo podría imaginarlo?, cuando los dos se trataban como senpai-kohai/kohai-senpai frente a sus ojos. Pero hoy les descubriría y miraría con sus propios ojos esa imagen que no podía crear en su mente.
A dos cuadras antes, adonde había dejado a la joven, disminuyó la velocidad. Grande fue su sorpresa al encontrarla en el mismo lugar, parada, inmóvil, solo la posición de su cuerpo había cambiado, ya que ella ahora miraba a su derecha.
Detuvo el auto a unos metros, apagó las luces y el motor. Él la miraba, frunciendo el ceño, pensativo, del porque ella podría estar todavía en el mismo sitio. ¿Está esperando a Ren? —Se preguntaba.
Repentinamente la vio caminar. Salió discretamente del auto y cerró la puerta lo más silencioso posible.
Por dentro se sentía terrible por ser como un asediador en cacería, pero una voz maliciosa le gritaba a voces que siguiera, instigándole a que la persiga para descubrirlos.
Como si de un profesional se tratase, fue a pasos sigilosos, sin perder de vista a la joven. La vio desaparecer en una puerta, y cuando vio arriba, se percató de que el lugar era un karaoke.
Karaoke… ¿Karaoke?… ¿Ellos se encontraran en un karaoke?
La idea le era extraña, no se imaginaba a ellos encontrándose en ese lugar... ¿Ellos cantaban?
Continuó. No podía creer lo que hacía, y que descarado se sentía al entrar en recepción— sin antes divisar que ella no estuviera, obviamente—. De su bolsillo sacó su billetera y pagó por una pequeña sala para dos. Ladeaba su cabeza, en negación ante su insolencia, pero así, y a pesar de todo, se apresuró y en silencio trató de buscar con la vista a la joven. Se imaginaría que la sala que alquilo estaría cerca al de ellos. Y así fue, repentinamente vio a la actriz frente a una puerta, inmóvil, parada con seria expresión. Él en cambio se quedó tras la pared, en una esquina, mirando como todo un acechador.
¿Qué es lo que esperaba para entrar? No lo entendía. Según su suposición, entendería que Ren tendría que llegar después de ella. ¿Pero qué si estaba equivocado y de verdad se encontraba con una amiga? Se sentiría muy avergonzado, un adulto que no tiene cosas que hacer más que inmiscuirse en la vida de dos jóvenes, haciéndose de la más burda diversión. Que patético y banal sería, pobre solterón que no disfrutaba de su vida, y se pasaba trabajando horas tras horas, sin tener un momento para sí solo.
Su expresión fue trágica, horrorizado al verse en esas circunstancias. Y era verdad, oh…, sí que lo era. Los recuerdos cedían en su memoria, a un Ren molesto, al verse entrometerse en su vida amorosa, que no era amorosa. ¡Solo quería ayudarlo! Se excusaba interiormente, pero luego recordaba las risas maliciosas por querer hacer burla de él.
La aflicción emergió en su semblante, sacudiendo la cabeza en un gesto de contradicción. Decidió salir de ahí, y con una última mirada fue a despedirse, hasta que vio que ella abrió un poco la puerta y como venía haciendo desde hace rato se quedó inmóvil. Lo cerró de nuevo, como si no quisiese entrar y abrió su cartera, tal vez tratando de buscar su celular.
No podía, no podía salir… Por una parte la preocupación, por otra parte gran curiosidad. ¿Qué es lo que ocurría con Kyoko-chan? ¿Se echaría al ridículo solo por eso? ¡Qué alguien le mandase una señal!
— ¿Señor? ¿Tiene algún problema?
Sería bueno que no hubiese pensado en eso.
— No… Solo estaba mirando… — ¡Que excusa más lamentable fue esa!
Y como si quisiera ponerlo en ridículo, agarró el recibo que estaba en su mano y miró el número de la sala.
— Es por aquí, señor, venga por favor.
Mientras el joven, mozo, le hacía ademanes para que entre en la sala, él se quedaba tras la pared tratando de esconderse. Miró de reojo hacia dónde estaba la actriz, logrando divisarla justo ahí, mirando a lo que ocurría a su lado.
— Señor, sería mejor que entre ahora, debería aprovechar cada minuto para poder disfrutar— Seguía diciéndole con una sonrisa, mientras abría la puerta.
¡Y que insistencia en ponerlo en ridículo! ¡¿Por qué no le dejaba de molestar?!
Comenzó a hacer gestos con su boca y sus manos, tratando de decir que se detenga, pero el mozo solo le miraba confuso.
— ¿Qué dice? ¿Ocurre algo malo? — Como si fuera demás, miró a su derecha a la actriz que se hallaba observando la situación.
Yashiro cubrió su rostro con ambos manos y se dio por vencido. Salió de su escondite, sin mirar a su costado. Le dijo al mozo que ya estaba bien, que ya deje de hacerle el ridículo, decía su mente.
— ¿Yashiro-san?
Aquí vamos…
No fue la expresión con la que creyó se encontraría, ella estaba ¿nerviosa?
La curiosidad comenzó a picar pese al espectáculo que había hecho. ¿Entonces de verdad se encontraría con Ren?
Sus ojos se abrieron, de nuevo con ese brillo, que decía querer encontrar lo que vino a buscar.
Y de repente, en un imprevisto vio que la puerta frente a ella se abría.
¿Uh?
Un hombre con quepis oscuro, de camiseta gris ajustada, y jeans negros, apareció. Lo conocía, era él… Podía ver su rostro y esos mechones rubios que no cubría su quepis.
¡¿Fuwa Sho?!
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