Capítulo 10: Una confesión de derrota
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Se podía decir que entre tanta velocidad, en un momento de extrema desesperación, pudo llegar a galopar por los aires. No es que hubiese sido un camino sin obstáculos, por el seguro motivo intencional de exasperarlo, personas parecían querer intervenir en la realización de su objetivo.
Su mano alcanzo de la camisa del enemigo, justo cuando salía del local. Lo estiró de tal modo que éste aun con sus extraordinarias e indiscutibles piernas de avestruz, se arrastró a dos pasos más, y luego, sin poder contra la fuerza de un ser preso del desespero colmado, cayó, de espaldas, aullando después por el tremendo dolor que le causó a su columna.
Ululaba y entre tanto maldecía también por el dolor. No es que esperase que ese tipo de inmoderada fuerza lo ayudase y le diese una mano para levantarse, pero por lo menos esperaba un poco de piedad.
— Dame esa cámara — gruño mirándolo con una muy gélida mirada que lo congeló al instante.
Al no recibir respuestas del lesionado y repentinamente mudo paparazzi, él bajó, buscó con su mirada y lo tanteó, hasta encontrar la pequeña cámara en un bolsillo escondido de sus pantalones. Sus manos desnudas aniquilaron el funcionamiento total del aparato, y para asegurar, quitó la tarjeta de memoria, y lo llevó a su bolsillo.
— ¿No tienes otra, no? — dijo mirándolo de nuevo con adusta expresión.
Éste, otra vez, no le respondió nada, entonces él, impaciente, buscó entre sus bolsillos por si una tarjeta memoria hubiese sido escondida. Lo volteó para buscar por el bolsillo de atrás y este emitió un quejido de dolor. Sus manos buscaron y no encontraron más, entonces, se levantó.
— Espero que no tengas otras fotos escondidas — sugirió con ojos fríos. Lo agarró de la camisa y lo ayudó a levantarse — ¿Estás bien?...Novato, ¿no? — Viendo como el sujeto seguía sin responder, él lo dejó solo, y entró al karaoke.
Si no fuera por el sonido del obturador y el flash de la cámara, no hubiese sido capaz de captar cuando lo fotografiaron. Si no lo atrapara, tal vez esa persona, hubiese recibo mucho dinero por esas fotos.
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Lo miraba fijo, su cuerpo yacía desparramado en el sofá, murmurando palabras que no alcanzaba a entender. Después de una lucha extenuante para que entrase de nuevo a la sala, logró de alguna manera convencerlo a que se mantuviera quieto.
Se había quedado en una esquina, cerca de la puerta para hacer de guardia, pero en su mente, unas palabras aun rondaban.
Dio unos pasos, y se acercó vacilante a él.
— Hey… ¿Cómo…lo supiste?
….…
Lo rechazaste… ¿No?... A ese tipo… ¿Sólo quieres a ese…imbécil?
…
Esas palabras hicieron que se turbase por dentro. Esperaba que hubiese sabido fingir su expresión, así como también esperaba que Yashiro no hubiese escuchado nada.
— Hey… —lo volvió a llamar— Shotaro…
— Kyoko… —murmuró, mirándola con los ojos entornados.
— Tú… ¿cómo supiste…que él…
Antes de que pudiese completar la pregunta, oyó que la puerta se abrió. Volteó inmediatamente, y vio que Yashiro entraba y se quitaba la chaqueta.
El manager miró hacia Kyoko, y luego divisó que el cantante estaba acostado en el sofá. Inspiró y exhaló profundamente, aflojándose la corbata, con cansancio.
— Yashiro-san…,¿pudiste alcanzarlo?
— Sí. Ya está todo resuelto — contestó recostándose por sobre la pared.
Kyoko iba a acercarse a él, pero una mano se lo impuso.
— ¿Qué…haces? — balbuceó el cantante, mientras le sostenía de la muñeca.
— Nada — dijo tratando de sacar de su mano, pero no pudo ya que éste la agarraba con fuerza — Suéltame.
— No te vayas… —susurró — ¿No viniste…por mí?
Kyoko suspiró, y con su otra mano quitó la de él cuando éste lo aflojaba — No me iré a ningún lado —respondió— Esperaré a que Shoko-san venga,…y Sho, no vine por ti, fue por Shoko-san, ella estaba muy preocupada y me rogó para que la ayudase.
— No — dijo él tratando de incorporarse para sentarse — Lo hiciste…por mí… Me hiciste esperar…pero…no importa… Tú aun…sabes de nuestro lugar….Tú aún…
— Lo sé —sus ojos se cerraron y se abrieron lentamente — Aquí fue el primer lugar en donde vinimos luego de llegar a Tokio.
Yashiro miró incomodo, preguntándose qué había ocurrido entre aquellos dos. La situación no le estaba gustando, ellos parecían haber creado un ambiente, en el que nadie sería capaz de irrumpir. Ren, no puedo hacer nada… Kyoko-chan toma sus propias decisiones, y no puedo solo interponerme por tu causa… —Pensó mirando seriamente hacia ellos.
— Es así… — balbuceó Sho, con una sonrisa altiva — Estuvimos muy felices… Fue en esta sala… ¿lo sabes?
— Sí…, pero, Sho, no vine aquí porque me lo dijeras, ya te he dicho que—
— No, que vinieras…significa que…— con una mano golpeó el lado izquierdo de su pecho — aún me tienes…en tu corazóóón… Odio…o…amor… — exclamó riendo.
El manager creyó que la actriz perdería la compostura de alguna forma, pero se sorprendió de verla seria e invariable.
— Ya te he perdonado — respondió ella —, no siento más odio…no hay nada más… Te lo he dicho, y sabes que para mí…siempre serás alguien que me ayudó a crear lo que hoy soy… Lo que fui fue pasado, lo que antes en un pasado sentí por ti ya no está…
— Mentirooosa — rió — Te gusto…mi beso… Te resististe… Reaccionaste… Me tiraste con mucha fuerza… Aún hay algo…
Kyoko miró hacia Yashiro, él estaba con una expresión un tanto complicada de describir: perturbación, repulsión, malestar, angustia, abatimiento. Su rostro era un sin número de sentimientos que podía verlos a simple vista.
Sus cejas se unieron, sintiendo lástima a lo que él sufría.
— Sho, no quiero un beso tuyo —dijo no revelando lo sucedido por compasión — No por eso significa que sienta algo de lo que quieras por ti.
— No importa… — repuso dándole de pronto menos importancia — Lo he decidido… Saldrás conmigo… serás la mujer de Fuwa Sho… No he elegido a la mujer más bella del mundo…Yo te elegí a ti.
Los ojos y la boca de Yashiro se abrieron con asombro e incredulidad.
— Sho… — Kyoko lanzó un suspiro— No saldré contigo. No te entiendo, ¿por qué querrías salir conmigo? Ya te he dicho que es imposible. Nunca sucederá.
— Pero sé que yo—
— No, nunca seré tu novia, no lo quiero, lo que estás diciendo no tiene sentido. ¿Por qué estás insistiendo? Shotaro… entiende, te he perdonado, pero hasta ahí llega, si lo que quieres es solo jugar conmigo, por favor ya no lo hagas —sus pasos fueron avanzando, pero luego se detuvo— Te deseo lo mejor, no vuelvas a preocupar a tu gente, ellos te aprecian mucho.
— Kyoko, no, no te vayas… Deje de lado mi orgullo...Es porque ganaste…Ha sido mi derrota…Te quiero… Ahora me tienes por completo…Aunque haya bellas mujeres a mí alrededor, solo…pienso en ti… Solo eres tú…No hay otra más.
Kyoko miró como sus ojos la miraban con súplica y cierto pesar que le eran totalmente desconocidos. Sus manos cubrieron su boca, cerró los ojos y fue de nuevo a él.
Ese sentimiento ya lo había vivido, ese mismo día, con otra persona.
— Lo siento, Shotaro. Yo no puedo corresponder a tus sentimientos.
El corazón se le oprimía.
Empatía era lo que sentía al dolor de un rechazo.
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