Aquella noche mientras la primera gota de lluvia después de la guerra caía sobre sus cabezas supieron que era una manera de limpiar la tierra de la sangre derramada aquella fatídica noche.

Fred Weasley había dejado un profundo hueco en el corazón de su familia, su recuerdo permanecía tan fresco como la brisa nocturna, su madre había perdido un poco de ese brillo en su mirada pero juntos aprenderían a sobrellevar el dolor y vivir con el, hacerlo mucho más llevadero.

Después de que Ron y Harry tomasen la decisión de emprender un viaje sin rumbo ni fecha de regreso en modo de limpiar sus mentes y refrescar sus espíritus, Hermione decidió que esa no era la manera ni su estilo para redimirse de sus culpas, de sus angustias ni la manera de digerir la guerra.

El trío se había separado por un tiempo estaba bien, para ella estaba bien. Se enfocaría en las nuevas oportunidades que ser heroína de guerra le había dejado.

Había tomado la firme decisión de terminar los estudios de modo autodidacta combinando todo con su empleo en el ministerio de magia. Las leyes comenzarían a cambiarse y los hijos nacidos de muggles gozarían abiertamente de los privilegios que pretendió quitarles el señor tenebroso.

Hermione había solicitado abrir una carpeta de investigación minuciosa de los mestizos caídos y sus hijos, cobijar a los huérfanos y evitar que el rencor la ira y el dolor impregnara de nuevo el mundo como había ocurrido hace tiempo atras.

Entre todos sus pesares estaba la búsqueda de sus padres. Aquel día que borró todo indicio de su existencia ellos habían cambiado el rumbo de sus vidas, estaba segura de que no descansaría hasta verles de nuevo. Por ahora los Weasley eran su familia, la familia que la había cobijado y ofrecido no solo un techo para dormir sino brazos cálidos para aferrarse las noches en que las pesadillas la atormentaban, las noches en las que no pegaba un ojo temerosa de sus recuerdos. Había meditado si debía aplicar un hechizo para olvidar todo aquello pero se arrepintió, pues el coraje para hacer las cosas que haría ahora se verían nulas si perdía ese dolor latente que la motivaba a seguir viva.

Y entonces mientras su té parecía ser la cosa más interesante de la noche llegó aquella mujer que había visto pocas veces, nada gratas cabía recalcar.

Había sabido que en su juicio había salido bien librada. El hecho de que mintiera sobre la supuesta muerte de Harry ante Voldemort le había dado ciertos puntos e indulgencia ante su juicio.

La suerte no fue la misma para su esposo quién había sido confinado a Azkaban para el resto de sus días. Pero aun quedaba una gota de esperanza para su único hijo, el motivo por el que deseaba que Harry Potter acabará con Voldemort, salvaguardar la vida de su hijo.

Había buscado a Potter pero este no había mandando algún indicio de su paradero, Weasley tampoco, solo efímeras notas a su madre en las que le decía lo vivos y felices que estaban, recorriendo el mundo y devorandolo como si el tiempo se les acabará.

Su única opción era aquella joven. Había visitado a una de las pocas o posiblemente la única que mujer que apelaba por ex mortifagos; algunos la apodaban la defensora de las causas perdidas.

Había sido clara en su idea, sí seguía el plan al pie de la letra Draco Malfoy sería libre y podría gozar de una vida nueva sin tener que envejecer en prisión como su padre lo haría.

Así fue como Narcisa se trago el orgullo y la vergüenza, se vistió de humildad y clemencia. La lluvia azotó con mas fuerza y en medio de un relámpago se escuchó el llamado de la puerta.

La señora Weasley abrió con sigilo y observó la pena reflejada en los ojos de aquella mujer. No importa mucho lo que hubiera pasado tiempo atrás ambas leían en los ojos de la otra el dolor de una madre que llora por su hijo.

Hermione no cabía en lo que oía. Era la petición más ridícula y horrenda que jamás hubiese oído. El señor Weasley comenzó a descifrar la tetra de la que había aferrado sus esperanzas, Narcisa.

Hermione al ser heroína de guerra, mejor amiga del elegido e hija de muggles había ganado cierta simpatía en el mundo mágico, era como una representante del cambio por venir en el mundo mágico.

Por ende si se tejía una historia breve y concisa que diera indicios de un romance entre aquel joven, sería como hacer una tregua y apaciguar las aguas. El mundo muggle y el mágico tenían infinitas diferencias pero había algo que los hacía semejantes, como en aquella época de reyes y clanes, una boda podía unir dos mundos y sellar un trato de paz. Por ende eso igual implicaría la libertad del joven Malfoy y el confort para Narcisa.

Acordó que lo pensaría, en tres días le daría su respuesta después de meditar meticulosamente cada detalle de ese contrato por qué era lo que ella veía en ese momento, un simple negocio y debía buscar su beneficio, por ejemplo con la fortuna que poseía la familia Malfoy se podría apoyar a los huérfanos y alumnos de Hogwarts, financiar algunas reconstrucciones y lograr que otros mas creyeran en sus ideales. Ser heroína era un plus pero el apellido Malfoy tenía aún poder y valor, su fortuna también.

Así que la decisión fue tomada, los señores Weasley la apoyaron con cierto miedo, pero firmes en estar con ella para todo, lo único que quizás ahora aquejaba su corazón era que sus dos amigos quizás se enterarían de esto cuando ya hubiese ocurrido.

Se casaría con Draco Malfoy, un año les había indicado la señorita Try que debía durar el matrimonio para después cada quién tomar el rumbo de sus vidas. Con la fortuna de los Malfoy igualmente contraría un buscador que hallará a sus padres para devolverles los recuerdos de su existencia.

Nota.

Historia corta con limón, leve. La pareja principal es Draco y Hermione. También me enfocaré en George Weasley y una chica de mí invención, su duelo ante recordar a Fred.