El día había llegado. Después de la absolución y aquellas palabras por parte de la jueza y ministros no había porque hacer esperar más, después de todo habían dicho que si la relación era tan verídica una boda no vendría mal, Hermione lo vio como un reto... Una prueba para ver que tan real era todo o que tan comprometidos estaban con la mentira.
Cualquiera de las dos opciones llevaba al mismo resultado, una boda precipitada con solo unos cuantos invitados para no hacerla tan bulliciosa pero esto no paso desapercibido para la prensa rosa que se deleitaria durante un largo tiempo con esta nueva pareja.
Su vestido de novia era lejos de ser estilo del mundo mágico. Había optado por algo tradicional muggle. Recordaba el vestido de boda de su madre y puso a trabajar a la maquina de la señora Weasley creando un vestido similar, y que la hizo sonreír por unos instantes. Ginny que se mantenía un poco escéptica sobre si era lo correcto o no, la había peinado y maquillado de modo natural, era una boda real pero con intereses falsos no había motivo para verse mal, dijo la pelirroja intentado animar a su amiga.
Hagrid la observó desde el umbral de la puerta y sonrío con cariño. Hace tres días que ella lo había ido a ver para pedirle que la entregará en su boda, una costumbre muggle que atesoraba mucho pues siempre había soñado que fuera su padre quien le entregará pero por obvias razones eso no sería posible.
Y aunque sus padres la recordarán y supiera su panadero jamás habría podido mentirles tan descaradamente, no lo merecían.
Dejó aquel espejo sobre el tocador y lanzo un suspiro al viento, hubiera deseado tanto tener ahí junto a ella a sus dos amigos.
Estaba lista. Se animó ella misma se elogió por el futuro prometedor que la esperaba. Repitió mentalmente sus propósitos para no acobardarse.
No había visto a Draco ese día, desde que todo esto comenzó solo lo había visto una sola vez y no había sido una charla muy amistosa ni mucho menos amena.
Había logrado solicitar una cita premarital con su futuro esposo y siendo este solo un presunto sospechoso en la espera de sentencia para ir a Azkaban había sido un poco fácil. Cuando entraban a la prisión esos detalles jamás se podían contemplar, por eso había aprovechado que estaba recluido en los sótanos del ministerio.
La habitación era usada para dar privacidad a las parejas enamoradas que estaban a un paso de no verse mas. Era minuciosamente revisados para que no se infiltraron varitas, pasiones o algún artefacto mágico. Sólo sus presencias.
Draco la miró de arriba abajo pero no buscando algún detalle del cual sacar un insulto, la veía distinta y eso lo intrigaba.
—Te he traído un libro, cariño.
Murmuró ella y guiño con sensualidad para que lograse captar que ella presentía que esa habitación era monitoreada pese que se veía inofensiva.
Draco vio el libro, y hojeo un poco, era un cuento de niños pero había letras encerradas con tinta roja, dedujo que había un mensaje oculto, y ahí entendió todo.
La historia que debía aprenderse de memoria. Lugares, fechas, y detalles personales de ella.
Sintió un cosquilleo en su estómago, y entraron a la carpa donde todo comenzaría. Ginny y Luna habían decorado el lugar de manera que el color verde y tintes de rojo parecían unirse en armonía, parecía una broma del destino. No había sabido nunca de un Slytherin y una Gryffindor uniendo sus vidas, sabía de otras relaciones entre casas pero los miembros de Slytherin siempre terminaban con alguien de su círculo, con alguien puro.
Hagrid soltó su mano y observó a Malfoy como si le estuviera reprendiendo... A su mente vino aquel recuerdo cuando Hermione era aquella chiquilla que lloraba por qué él le decía sangre sucia, aquella vez deseo golpearlo pero no podía hacerle daño a un niño por mas malcriado que este fuera, pero ahora todo era distinto, deseaba confiar en que Draco sabría tratar cordialmente a su pequeña niña.
El ministro dio un discurso sobre la unión, los tiempos de paz y los sacrificios que se hacen por amor. Hermione que hasta ahora había intentando evitar ver a Draco lo observó de reojo por primera vez desde que comenzó la ceremonia. Su perfecto perfil masculino y su completa atención a lo que decía aquel hombre.
Su traje era obscuro, su porte elegante y esa mirada sombría la hizo sentir nerviosa. Devolvió la mirada al ministro y tomó una gran bocanada de aire cuando debía decir su parte...
Con su varita Draco apareció una preciosa argolla en su dedo, repitió lo que el ministro dijo y ella hizo lo mismo. Su voz a diferencia de la de Draco era temblorosa, y nerviosa.
Se regañó por aquello pero a la mente se le vino la conversación con la señora Weasley sobre los nervios que ella había tenido el día de su boda. Quizás la única diferencia era que ella no sentía nada por Draco, y dudaba que él por ella.
Por un momento se sintió mal. Ahora que lo meditada hubiera deseado casarse por la razón mas común y muggle del mundo... Amor.
Para terminar la ceremonia Luna se paro frente a ellos y Neville junto a ella, las varitas de Granger y Malfoy fueron unidas por una clase de hilo azulado que resplandecía.
Había leído sobre eso, y olvidó solicitar que eso se impidiera. La unión de dos magos, implicaba la unión de sus varitas, una complicidad entre ambas que podía hacerlas fuertes e invencibles, pero también un arma letal para ellos mismos.
— ¿Por qué?
Eran sus primeras palabras hacía ella después de tanto tiempo. Hermione siguió a su lado mientras todos bailaban. Observando como la nueva reportera del profeta hostigaba a sus invitados.
—Tengo mis intereses.
—No creí que fueras de ese tipo —murmuró Malfoy con cierto sarcasmo e ironía.
Ella le dirigió una sonrisa — Se dice gracias
El frunció el seño. —Yo jamás hubiera pedido tu ayuda.
—Pero la aceptaste —respondió ella dándole justo en su ego. — ¿Podríamos al menos comer pastel? estaba muy nerviosa antes como para comer algo— dio un bocado al delicioso postre que la directora Minerva había obsequiado para la boda.
Draco le dio un sorbo a su trago y eso fue un sí para ella, bebieron y comieron, posaron para las fotografías que serían portada en los diarios de mañana.
Mientras tanto George no quitaba los ojos de encima de la preciosa mujer que acompañaba a la madre de Draco Malfoy, Narcisa.
Llevaba un vestido celeste de manga larga y su larga melena pelirroja cubría parte de su espalda descubierta, realmente lucia preciosa. La había estado observando desde la ceremonia y parecía tan seria, un poco fría pero preciosa. Ginny le había dado un par de codazos para que prestará atención a la ceremonia pero no podía evitar admirar a esa mujer. Así que durante la fiesta se propuso abordarla en cuanto se alejara de la madre de Draco. Y entonces ahora estaba ahí la oportunidad.
Aprovecho para abordarla cuando ella caminó hacía la barra para beber algo. —George Weasley— dijo él con galantería y entusiasmo mientras le ofrecía su mano.
Ella bajo su copa y estrecho su mano —Try... — atinó a decir fríamente.
— ¿Familiar del novio? —bromeo Weasley, aunque presentía que esas eras rojizas no tenían nada que ver con los Malfoy ni los Black.
—Abogada, es más atinado— respondió ella después de beber un poco más de su copa.
George cambio su semblante —Oh, defensora de ex mortifagos— su semblante cambio un poco y ella notó que su mirada expresaba cierto dolor y el brillo que había visto antes de opacaba en un instante.
—Intuyo que te has desilusionado —dio un sorbo mas a su trago —Draco Malfoy no es realmente un criminal, y muchos mas están en su situación.
— ¿Alguno de ellos te arrebato a alguien que amabas?
La mujer negó —No.
Mintió. Este juego de bien y mal la había dejado marcada pero con una idea firme en su cabeza. Pese que había perdido todo sabía que había almas que no eran obscuras y que merecían redimirse.
—Entonces entiendo porque los defiendes.
— ¿Acaso tú sí? — dijo molesta. Se había sentido un poco a tacada pero al ver el rostro del pelirrojo se sintió mal consigo misma. No todos lidiaban con el dolor de la misma forma.
George movió su varita sobre la barra y quiso hacer un hechizo pequeño, su varita hizo un ruidito raro y Try lo observó con un deje de pena— Creo que mi magia se vio afectada cuando mi hermano fue asesinado.
—Lo lamento— contesto con honestidad —pero estoy firme en mis ideales.
Weasley sonrío, esa mujer era un hueso duro de roer y le gustaba mucho pese lo distintos que eran — ¿Al menos podríamos bailar un rato?
Ella sonrío como pocas veces se permitía, se puso de pie y tomó la mano del pelirrojo, una pequeña corriente eléctrica paso por sus dedos dando un leve cosquilleo, sus ojos y los de él se conectaron y no pude dejar de bailar con él y reír ante sus comentarios durante lo que resto la noche.
