―Adrien, despierta. Adrien… Adrien… ¡Adrien!

Adrien abrió un ojo, somnoliento y se encontró con los enormes ojos verdes de Plagg demasiado cerca de su cara. Ahogó un jadeo y se enderezó. En un primer momento, no tenía ni idea de dónde se encontraba, pero un vistazo rápido a la habitación y a la chica que dormía despatarrada en la cama consiguió que los hechos de la noche anterior regresaran a su cabeza.

―Dios, Plagg…―masculló Adrien, llevándose una mano a la cabeza y tratando de despejarse― No grites, vas a despertarla.

―Si se despierta, no será mi culpa―repuso el kwami, flotando a su alrededor―. Son casi las diez de la mañana y tus ruidosos amigos van a salir de la habitación dentro de poco.

―Vale―Adrien suspiró y se levantó del sofá en el que había pasado las cinco horas anteriores―. Dame un minuto.

Plagg no dijo nada. Adrien se levantó de un salto y corrió a guardar la manta con la que se había tapado horas antes. Intentó por todos los medios no detenerse, pero el rostro dormido de Marinette le atrajo como un imán. Se acercó a ella con cuidado y la observó.

Las pestañas negras parecían más espesas con la sombra que creaban sobre sus mejillas arreboladas. La boca entreabierta le llamaba a gritos, le pedía que la probara de una vez por todas. Tenía las manos sobre el estómago y se había movido tanto durante la noche, que las sábanas habían acabado desperdigadas por toda la cama y se le había subido parte de la ropa, dejando a la vista un trozo de piel inmaculada. Adrien sabía lo suave que era, pero aun así su mano voló hasta ella y la acarició.

Marinette se removió de nuevo. Esa fue la señal que Adrien necesitaba para salir pitando de allí. Ella no tenía por qué enterarse de que habían dormido en la misma habitación. Si se repetía el esquema del día anterior, lo último que necesitaba Adrien era que ella pensara que se había aprovechado de la situación. De modo que, muy a su pesar, se alejó de ella y salió con sigilo de la suite, sudadera en mano.

―Buenos días, Agreste―dijo una voz a su espalda, sobresaltándole.

Adrien pegó un brinco y se alejó de la puerta de Marinette como si fuera ácido. El rostro adormilado pero satisfecho de Alya le devolvía una mirada pícara, con una ceja alzada y una sonrisilla satisfecha.

―¿Has dormido bien? ―inquirió Alya, señalando con la cabeza su habitación.

―Seguro que he dormido más que tú―repuso Adrien con cierta acidez―. Has usurpado mi cama, tenía que dormir en alguna parte. Pero no te preocupes, no le he puesto un dedo encima a tu amiga.

Eso no era del todo cierto, la había acariciado antes de salir de allí; pero eso era su secreto.

―Vale, tranquilo―rio Alya, alzando las manos al ver la actitud hosca de Adrien.

―He dormido en el sofá―añadió él, con un tono de voz más conciliador―. No quería molestar a Marinette.

Alya sonrió de nuevo, esta vez llena de dulzura. Alzó la mano y acarició la mejilla de Adrien con cariño.

―Te creo. Tú no te aprovecharías de la situación.

Adrien tragó saliva con fuerza.

―No sé de qué situación me hablas…

―No te hagas el tonto, que nos conocemos―Alya le guiñó un ojo y se apartó de Adrien para poder abrir la puerta de su suite―. Ve a tu habitación, Nino ya está despierto. Nos vemos en el desayuno, ¿de acuerdo?

Adrien no pudo hacer otra cosa que asentir con la cabeza. Alya había plantado la semilla de la duda en él: ¿a qué situación se refería? No podía ser respecto a dormir en el mismo lugar que Marinette, él ya había dejado claras sus intenciones. La única posibilidad que se le ocurría era que Alya se hubiera dado cuenta de lo que sentía por su amiga.

Por un momento, la idea le asustó. Alya solía irse de la lengua cuando tenía una bomba que soltar, pero luego se le ocurrió que no le diría nada a Marinette porque sabía cómo podría afectarle la noticia. Si sus suposiciones eran ciertas, a Marinette le seguía importando Adrien y eso le ponía a él de muy buen humor. Así que, con una renovada actitud positiva, regresó a su suite e hizo frente a las miradas acusatorias de Nino.

… … … …

Marinette se despertó con el sonido de una puerta cerrándose. Cansada por haberse acostado tan tarde la noche anterior, dio la vuelta sobre sí misma y entornó un ojo para ver la hora en su móvil, que seguía dentro de sus bolsillos. Las diez y cinco de la mañana.

―Noooo…―farfulló, echándose la almohada encima.

Fue en ese momento en que cayó en la cuenta de algo. ¿Cómo había llegado a la suite? Allí, bajo la almohada, comenzó a rememorar lo ocurrido: habían salido a cenar, luego Adrien la había acompañado al hotel para llevar a Sabrina y Chloe y luego ella no había podido dormirse, por lo que había bajado a la playa para relajarse un poco. Y después, había aparecido Adrien de nuevo y se habían puesto a hablar. Él había estado sorprendentemente cercano, tanto que Marinette podía notar cómo se le aceleraba la respiración con solo recordarlo. Y luego… nada, tenía una laguna mental, pero se acordaba de haber caído encima de algo cálido, algo que olía increíblemente bien y que la rodeaba por todas partes…

Marinette se enderezó de repente con un solo movimiento, lanzando la almohada a la otra punta de la cama.

―Me dormí sobre Adrien―concluyó.

En el momento en que lo dijo en voz alta, se llevó las manos a la boca y de la boca a la cabeza, al tiempo que hacía lo posible por no ponerse a gritar, histérica.

―Oh, Dios… Ay, Dios mío… No… Y él…―Marinette miró a todas partes, pero Adrien no estaba allí.

Sin embargo, atinó a escuchar vagamente su voz al otro lado de la puerta. Marinette dio un salto y se apresuró a pegar la oreja a la puerta. Adrien hablaba con alguien al otro lado y esa persona era Alya, su voz era inconfundible.

―Vale, tranquilo―reía Alya, tal vez por algo que Adrien habría dicho.

―He dormido en el sofá―dijo él entonces―. No quería molestar a Marinette.

Marinette se tapó la boca con las dos manos. Miró a su espalda, hacia el sofá. No parecía que nadie hubiese pasado la noche allí y, no obstante...

―Te creo. Tú no te aprovecharías de la situación―respondió Alya tras un corto silencio.

―No sé de qué situación me hablas…―Marinette captó la duda en su voz. ¿Adrien, nervioso? No, no podía ser verdad.

―No te hagas el tonto, que nos conocemos. Ve a tu habitación, Nino ya está despierto. Nos vemos en el desayuno, ¿de acuerdo?―añadió Alya y Marinette supo que su espionaje había acabado.

Para cuando Alya entró en la habitación, Marinette ya había vuelto a la cama y se tapaba con la sábana. Marinette simuló un largo bostezo, al tiempo que su amiga se acercaba a la cama y dejaba caer el bolso de la noche anterior sobre ella.

―Buenos días―saludó Marinette―. Espero que anoche te lo pasaras de escándalo―miró el bolso y alzó una ceja―. Me parece que he dormido sola.

Alya soltó una carcajada.

―No tanto―repuso ella―. Quién sabe, a lo mejor tienes un ángel de la guardia.

Marinette sacudió la cabeza y desvió su atención hacia el sofá, sin percatarse de la atenta mirada de Alya.

―Ya, claro…

Alya sonrió.

―Bueno, vamos a desayunar―sentenció, quitándose el vestido por la cabeza y caminando hacia el cuarto de baño―. ¡Cámbiate!

Marinette refunfuñó.

―Eso debería decirlo yo.

… … … …

Durante el desayuno, que se servía en la zona de restaurante del hotel, Marinette no hizo mención de lo ocurrido la noche anterior. Adrien tampoco lo sacó a colación y se comportó con total naturalidad con ella. Por un momento, a Marinette le pareció que habían vuelto a tener la misma relación que en el instituto, con la diferencia de que ella ya no estaba enamorada de él.

¿No?

Fuera como fuese, la mayoría de sus compañeros maldecían el alcohol que habían tomado en la discoteca, pero se animaban al momento cuando recordaban que esa noche volverían a salir de fiesta.

Tras ponerse las botas con los ricos pasteles, tostadas y fruta del desayuno, todos regresaron a sus suites para ponerse los bañadores e ir a la playa. Aquel día, Marinette se sentía extrañamente deslumbrante, por lo que optó por ponerse un triquini que modelaba su figura y le hacía parecer más alta. Al verla, Alya casi se lanzó sobre su móvil para hacerle fotos, aunque Marinette consiguió disuadirla amenazándola con tirar su teléfono por la ventana.

Unos minutos después, Alya, Nino, Adrien y Marinette se metieron en el ascensor, preparados para tostarse al sol. Marinette estaba emocionada, seguía sin pasársele la ilusión de estar junto al mar, a pesar de que no se le había olvidado la electricidad que le recorría el cuerpo cada vez que Adrien estaba cerca.

En cuanto todos llegaron a la playa, Alya se quitó el pareo que llevaba atado a la cintura y tiró de Nino para llevárselo al agua. Marinette negó con la cabeza, sonriendo. Su amiga siempre era la más entusiasta de todas, aunque por lo que podía ver, Rose y Mylène no se quedaban atrás.

―Está loca―comentó Marinette, riéndose, al tiempo que recogía el pareo de su amiga de la arena.

―Yo habría hecho lo mismo si no fuera porque sé que me matarías si te meto en el agua con la ropa puesta―intervino Adrien a su lado, quitándose la camiseta.

Marinette apretó el pareo entre sus manos, intentando no fijarse en el torso marcado de Adrien. Desvió de inmediato la mirada hacia unas hamacas libres y caminó en su dirección.

―Bien pensado―coincidió Marinette, dejando las cosas de sus compañeros repartidas en varias hamacas―. Además, yo soy de meterme poco a poco en el agua.

Adrien se echó a reír.

―Gallina―apostilló.

―Cuidadosa―replicó Marinette, divertida―. No quiero que me dé un calambre o algo por el estilo.

―Uhm…―Adrien ladeó la cabeza, pensativo y Marinette aprovechó para deshacerse del vestido ancho que llevaba y quedarse con el traje de baño puesto― Sigues siendo una gallina.

Marinette no tuvo ni un segundo para evitar lo inevitable: Adrien la cogió por las piernas, se la echó encima del hombro y comenzó a correr por la arena. Marinette chilló y se agarró a su espalda, pataleando.

―¡Suéltame! ¡Bájame, Adrien!

Él solo reía, ignorando los gritos de Marinette. Era demasiado increíble tenerla sobre él como para claudicar y dejarla en el suelo.

―¡Adrien! ―gritó Marinette al ver el agua demasiado cerca e intuir las intenciones de su amigo― ¡NO!

―¡Coge aire!

En apenas un momento, Adrien se hundió con ella en el mar. El grito de Marinette se perdió en el horizonte y solo fue consciente de los fuertes brazos de Adrien sujetándola contra su cuerpo, deslizándola por él hasta que sus rostros quedaron a la misma altura. Cinco segundos después, Adrien subía de nuevo a la superficie con una sonrisa enorme en la cara.

―La madre que te…―boqueó Marinette, con los brazos alrededor de su cuello, mientras trataba de quitarse el agua de los ojos.

Sin embargo, ella dejó de maldecir al escuchar su risa. Adrien se estaba riendo sin complejos, se estaba divirtiendo de verdad. La agarra con firmeza y seguridad por la cintura, a pesar del oleaje que amenazaba con hacerles caer. La tenía abrazada de tal manera que nadie podría haberla separado de él.

Y Marinette se contagió de su felicidad y se permitió un pequeño respiro. Era agotador comportarse de forma distante con Adrien, con el mismo Adrien que la noche anterior le insinuaba que estaba guapa o que la abrazó por detrás para mirar las estrellas con ella. El mismo que le había suplicado que le dijera por qué no quería estar cerca de él. Cuando bajaba las defensas, Adrien se convertía en un chico divertido, gracioso y tan increíblemente atrevido que Marinette habría jurado que había visto esa faceta suya en alguna otra parte.

Adrien estaba siendo él mismo y Marinette no podía luchar contra la alegría que le daba ser testigo de ello.

Tras varias ahogadillas e intentos de zafarse de él, Marinette se resignó a que Adrien la llevara de un lado a otro, hasta el punto de subirla sobre sus hombros para una lucha contra Alya y Nino, y luego contra Kim y Alix. A la hora de la comida, se sentaron juntos y no pararon de charlar y reír, sumidos en una burbuja que todo el mundo veía pero que nadie se atrevía a romper, ni siquiera Chloe.

Por la tarde, tras el almuerzo, Kim retó a Alix a una carrera en motos de agua y Marinette, que se moría por montar en una, no desperdició la ocasión de aprender.

―¿Alguna vez has conducido una moto de agua?―inquirió Adrien, yendo tras ella hacia el puesto para alquilarlas por una hora.

―No, pero siempre hay una primera vez para todo―repuso ella, entusiasmada.

Adrien se cruzó de brazos, acentuando de esa manera los pectorales trabajados y bronceados. Marinette inspiró con fuerza y se obligó a centrarse en su nuevo objetivo: llevar una moto de agua.

―Esas cosas pesan bastante―apuntó Adrien, fijándose en una de las muchas motos que había sobre la arena, junto a la casetilla de alquiler―. Y tú eres muy pequeña…

―Soy bastante fuerte, ¿sabes?―se defendió Marinette, golpeándole en el brazo con el puño.

―Sigue sin convencerme.

―No tiene por qué hacerlo―replicó ella, sacándole la lengua―. ¿Quién es el gallina ahora? ―rio, aunque dejó de hacerlo al ver la expresión adusta de Adrien― Relájate, no me pasará nada.

Adrien alzó una ceja.

―Muy bien. Si dices que son inofensivas, entonces no te importará que vaya contigo.

Marinette creyó que el suelo desaparecía bajo sus pies.

―¿¡CÓMO!?

Adrien esbozó una media sonrisa que dejó a Marinette sin defensas mentales; en cuanto a las físicas…, mejor no pensarlo. Bastante tenía ya con lidiar consigo misma.

―Lo que he dicho―reafirmó Adrien, colocándose a su lado y pasándole un brazo por los hombros; el calor de su piel, unido al del propio sol, hizo que a Marinette casi le diera un ataque―. Iré contigo. Así me enseñas cómo se hace―Adrien le guiñó un ojo y dejó que transcurrieran unos segundos para que sus gestos y sus palabras hicieran mella en su amiga.

Acto seguido, se alejó de ella y fue hacia la casetilla, donde alquiló una moto de agua y dos chalecos salvavidas. Al regresar, Adrien llevaba consigo los dos chalecos y las llaves de una moto. Le tiró uno de los chalecos a Marinette e hizo girar las llaves en su mano.

―Vamos, valiente―la retó y aquello fue suficiente para que Marinette, que se había recreado demasiado en los anchos hombros de Adrien y en la estrechez de sus caderas, despertara del coma en el que había caído y respirara con normalidad.

Sonrió.

―Adelante.