¿Qué es mejor? Haber nacido bueno, o superar tu naturaleza malvada tras mucho esfuerzo…


Saori contempló por largo rato el sendero de la vía láctea y esto trajo a su mente un recuerdo no muy lejano, cuando ella y Seiya descansaban en la cama una tarde de domingo y ella comenzó a hallarle formas a las vetas de la madera del techo de la buhardilla que compartían.

-Aquella parece un cangrejo aplastado.

-que horrible, exclamó él haciéndose el asqueado.

- y esa otra luce como la cabeza de un zombie.

- ¿pero que tienes en esa mente? Inquirió él con divertido espanto.

- Si, refutó ella, ¿ves? tiene los ojos derretidos…y esa otra es como una sanguijuela señaló con el índice.

- no, dijo Seiya tajantemente, tomando con delicadeza la mano con la que ella señalaba. Esa se ve como una galaxia, todas son galaxias.

Ella dedicó entonces una nueva mirada al techo de la buhardilla. Él tenía razón, todas las manchas en la madera parecían galaxias, era como estar viendo la bóveda de un planetario.

Ahora, en el presente, ambos admiraban el verdadero manto de estrellas que se extendía sobre ellos, acostados en la cubierta de un velero que se deslizaba sin esfuerzo por las mareas oscuras y constantes del mar egeo.

Ninguno de los dos decía nada, solo aguardaban con los corazones inquietos el momento en que alcanzarían la orilla, deseando a la vez nunca desembarcar y así continuar viajando juntos eternamente.

El momento llegó sin embargo, como llegan todos los momentos que cambian el curso del destino, se quieran o no.

Caminaron por la playa desnuda iluminados por la luna sin soltarse de la mano. La arena poco a poco pasó de ser gris pálida a traslúcida, y cada minúsculo grano parecía expedir su propia luz más que reflejar la de la esfera celeste. La línea del horizonte comenzó a ser difusa, unos pasos más y se había desvanecido completamente. Seiya miró a su alrededor, el cielo era la tierra y la tierra era el cielo.

Saori se detuvo y apretó la mano de Seiya, "creo que ya no puedes acompañarme" le dijo. Seiya, con tristeza pero sabiendo lo que tenía que hacer, comenzó a soltarla lentamente. Saori avanzó unos pasos hacia adelante. Las yemas de ambos estaban a punto de despegarse, pero entonces Saori cerró con fuerza sus ojos haciendo resbalar las lágrimas que se habían amontonado en sus pestañas y ciegamente se devolvió hacia Seiya anidándose en su pecho como una niña asustada. Él la encerró en sus brazos queriendo llevársela consigo a una vida donde no tuvieran que tomar decisiones como aquella.

Se dieron besos desesperados sin atreverse a decidir cuál sería el último, imprimiendo en cada uno de ellos todo el amor que sentían el uno por el otro.

Seiya tuvo que tomar el valor de no alargar más aquella dolorosa despedida, separándose de ella con el alma vuelta trizas. Trató de sonreírle y animarla, "éste no es el fin" le dijo, ella intentó parecer valiente, aún con las mejillas humedecidas por las lágrimas, y asintió.

Soltando un suspiro miró hacia el frente y comenzó a caminar, poco a poco Seiya iba quedando atrás y aunque sintió la tentación de voltear a verlo y comprobar su presencia, no lo hizo por temor a arrepentirse.

"Soy la diosa de la tierra" se dijo así misma, "debo protegerla". Estelas de luces como estrellas fugaces comenzaron a danzar bajo sus pies y sobre su cabeza, emitiendo silbidos cósmicos. Aquella que contenía su poder divino la buscaba, podía sentirlo en el pálpito de su corazón que se iba acelerando a medida que se acercaba.

Ella y yo siempre hemos estado en dos orillas distintas de una misma tierra. Ella en la divina y yo en la humana. Antes solía pensar que debía haber otro mundo esperándonos, un mundo mejor en donde al fin pudiéramos estar juntos. Pero fue en este mundo impermanente[1], imperfecto e incompleto que pude tomar su mano y apreciar la belleza oculta del caos, y junto a ella sentir que mi vida se extendía más allá de las limitaciones de mí ser. Logramos rodear el océano que nos separaba y encontrarnos en la mitad. Por un breve momento todo lo demás desapareció, solo fuimos ella y yo.

Ahora la veo alejándose y admiro el coraje con que asume su destino, y más aún el que ha tenido y todavía tiene para amarme. En cualquier momento una de esas luces que la buscan se estrellarán contra su cosmos enardeciéndolo para la batalla y ella volverá a su orilla divina.

¡Saori!

Quiero alcanzarla al menos con mi voz, ella me mira por un instante con la esfera de luz ardiente entre sus manos…

Entonces múltiples recuerdos en imágenes llegan a mi mente. Saori con sus shorts de jean y el cabello recogido, sentada en la ventana de nuestra buhardilla compartiéndome algo que había acabado de leer. Saori y su hermosa sonrisa llevándome de la mano por las calles de Tokyo. Saori corriendo a prisa por las escaleras de un templo incitándome a alcanzarla. Saori mirando la nieve caer tras la ventana del tren y dibujando sobre su vaho un corazón que con mirada traviesa me dedica. Saori con sus labios entreabiertos cerca de los míos y sus mejillas encendidas susurrando mi nombre mientras me encierra entre sus piernas bajo las sábanas. Saori sentada bajo un árbol en la cima de una montaña al atardecer, riendo a carcajadas por causa mía…

"¡Eres hermosa, eres la chica más hermosa del mundo!", quiero gritarle, aunque sé que desde donde estás mis palabras no la tocan. "Siempre te amaré por qué crecimos juntos y me ayudaste a ser quien soy. Siempre habrá una parte de ti dentro de mí y estoy agradecido por eso. En quien sea que te conviertas y donde sea que te encuentres siempre tendrás mi amor hasta el final de mis días[2]. Tú me hiciste despertar".

En ese momento veo como ella se bebe la estrella fugaz y la luz ardiente atraviesa su garganta e incendia su pecho, vuelvo a gritar su nombre aunque esta vez ni yo mismo puedo escucharme. Luego las esferas de luz se apagan, todo queda oscuro y en silencio por unos segundos y el escenario irreal se desdibuja.

Hemos vuelto a la playa de antes, en seguida veo su silueta tendida a unos metros de mí sobre la orilla del mar, mecida suavemente por las olas. Salgo corriendo inmediatamente en pos de ella, me arrodillo y la acuno en mis brazos, apartándole con cuidado el cabello de su rostro. Ella aprieta sus ojos inquietamente, yo trato de tranquilizarla susurrándole…

Finalmente ella abre sus ojos, que ahora son dos magníficas galaxias mirándome…


"Athena ha regresado" la noticia se esparció por todos los rincones del santuario atrayendo a todos sus habitantes a la plaza central, allí aguardaron pacientemente cerca de la escalinata principal desde donde les hablaría su diosa, expectantes. Al cabo de unos segundos, cuatro de los cinco santos legendarios fueron apareciendo uno a uno en el estrado, la línea de guerreros más cercana a la diosa ahora vestía ropaje dorado; Shun, Hyoga, Ikki y Seiya, era evidente la ausencia de Shiryu, pero antes de que pudieran cuestionarse que habría sucedido con el caballero de dragón, un magnífico cosmos los envolvió a todos llenándolos de valor y esperanza, preparándolos para una terrible noticia:

"Nuestro mundo se encuentra en peligro nuevamente" profirió la diosa con voz grave, "Pero esto no es una sentencia de muerte, no, no debemos sentirlo como una amenaza, o una sombra en nuestros corazones, por el contrario, estos deben enardecerse como nunca con coraje y valentía porque esta tierra es nuestra, y la defenderemos con nuestro último aliento de ser necesario, nosotros ¡lucharemos!"


Era de noche en los cinco picos, una brisa tranquila mecía los árboles que circundaban la cascada que fluía torrencial y majestuosa, igual que antes, igual que siempre.

"Aquí permaneceremos a salvo" le había dicho Shiryu, tras volver a China huyendo de sus amigos… de Athena. Por qué fue así como se sintió cuando se enteraron de la amenaza de Marte, y shiryu decidió no hacer parte de ello.

No quiero estar sola… pensó Shunrei, quiero tener a mi familia conmigo, ¿eso la hacía una horrible persona?, "deseo que te quedes conmigo" le había dicho ella a Shiryu muerta de miedo de que él no llegara a conocer a su hijo…

Shunrei quien veía la cascada sumida en sus pensamientos, no notó que Shiryu se encontraba ahora a su lado, hasta que él le tomó la mano cuidadosamente y uniéndola con la suya acarició el vientre de ella que ahora lucía más abultado.

Shunrei bajó la mirada sonriendo, y pensando en el niño que esperaba le preguntó a su esposo: ¿Qué te parece el nombre Shoryu?

-Si… está bien, contestó él, pero creí que te gustaba Ryuho

-¿Puedo cambiar de opinión, no? Refutó ella mordiéndose el labio, pensando ahora en algo más…

-Shiryu, comenzó a decir ella, sabes… he estado pensando que… ahora solo estamos aquí para ser los recuerdos de nuestros hijos… nosotros ya no importamos.

Shiryu se quedó un rato meditando en las palabras de Shunrei y tras darle un tierno beso en la cabeza se alejó de ella y fue a sentarse al borde de la roca.

-Sabes que puedo sentir el miedo que cargas, dijo ella alzando su voz sobre el ruido de la cascada, y desearía que hubiera algo que pudiera hacer para ayudarte a librarte de él, porque si pudieras…

-Debo ir con ellos, interrumpió Shiryu, y luego de una breve pausa añadió: es como tú dices, yo ya no importo, solo soy un fantasma en el futuro de… Ryuho, pronunció aquel nombre como decidiéndose por él, luego dedicó una sonrisa a su esposa.

Shunrei fue a sentarse junto a él y lo abrazó con fuerza, él la estrechó entre sus brazos por largo tiempo escuchándola sollozar, besando su cabeza y acariciando su cabello, Shunrei entonces levantó la mirada y con voz decidida le espetó:

Shyriu mírame, ¡mírame y prométeme que no morirás!


La chica del pelo verde caminaba por una calle de Atenas llena de tiendas y transeúntes por doquier. Lucía como una de las tantas jóvenes viajando en plan mochilero, con pantalones étnicos y una camiseta de tirantes. Era pleno verano y a esa hora de la tarde aún hacía un calor sofocante.

Decidió tomar el metro para ahorrarse camino hacía la colina de Filopappos, además en la profundidad de la estación se estaba más fresco que en la superficie; igualmente tuvo que caminar hasta la cima de la colina, por suerte eran casi las nueve, la hora del crepúsculo.

Se sentó en una roca lisa a ver los colores del atardecer, las nubes azuladas hendidas por estelas rosáceas, la acrópolis al fondo recién iluminada se veía especialmente nostálgica.

-Mi abuelo nunca me dejó venir a Grecia con él

Una joven de cabello lavanda y rostro angelical había pronunciado esas palabras apareciendo de repente, luego tomó asiento junto a ella en la roca, mirando hacia a la antigua edificación.

-Tendría miedo de que alguien te reconociera antes de tiempo, respondió la del pelo verde

-Sí, pero en ese entonces yo no entendía por qué, interpuso la otra.

-Gracias por venir, pronunció finalmente Shaina, no me sentía digna de pisar tu santuario…

-No quiero… que vuelvas a hablar así, dijo Saori, basta ya de autocompadecerte,

Shaina cerró sus ojos sin poder evitar que unas lágrimas resbalaran de ellos,

-No, no he tenido la suerte que tú has tenido, le reprochó la amazona

-Lo dices como si lo hubiera tenido fácil, respondió Saori

-Bueno, no pero, al menos lo tienes a él, refutó Shaina

-Nadie va a venir a salvarte de ti misma, ¿sabes? -sentenció Saori con voz firme- es injusto que cargues sobre alguien la responsabilidad de hacerte feliz…

- Lo sé, contestó Shaina, limpiándose las lágrimas bruscamente, eso es lo que precisamente he venido a decirte, sé que no he sido yo misma antes, pero ahora te aseguro que voy a estar bien otra vez…

Saori le dedicó una cálida sonrisa, Shaina apoyó su cabeza en el hombro de la diosa y esta comenzó a acariciarle el cabello mientras fijaba su mirada en la estrella roja que brillaba con furia en el horizonte solitario…

-Necesito que me ayudes a entrenar como antes, pidió Saori, la amazona asintió con la cabeza curvando una sonrisa en sus labios.

Las notas de guitarra flotaban en el aire desde la casa de Sagitario. La diosa disfrutaba de la melodía desde la terraza de sus aposentos con los ojos cerrados, trayendo a su mente todos los recuerdos hermosos que encerraba esa canción, y justo en ese momento de total abstracción del mundo real, todo cambió.

No atacaron el santuario, atacaron el pueblo aledaño,

Que malditos.

La diosa estaba furiosa.

Se van a arrepentir…

Continuará…


Hola! Quería regalarles algo sobre este fic antes de que finalizara el año, se que seguro esperaban más pero hasta aquí me alcanzó la inspiración en 2014, en 2015 cerraré este fic con un adorable epílogo, gracias por comprender que ahora ya no me queda tiempo para escribir y ser pacientes! Y muchas más gracias por leer,

FELIZ AÑO 2015 PARA TODOS


[1] Esta palabra no existe pero que bonita suena

[2] Esto último lo saqué de la peli "Her"