II

Phoenix no jamás supo con certeza en que momento Maya quedó embarazada.

Pudo ser desde la primera vez, o talvez en cualquiera de las otras veces a partir de esa, pues Mia no dejó pasar una sola oportunidad en que ambos tuvieran privacidad para intentarlo nuevamente.

Parecía que lo único que la detenía de estar sobre Wright todo el tiempo era la presencia de Pearl, pero ya fuera que la niña saliera unos minutos a hacer algún encargo sencillo, que se fuera a la cama durante la noche, o no hubiera despertado aun temprano en la mañana o incluso que la dejaran todo el día bajo el cuidado del Detective Gumshoe para que le diera una visita guiada por las instalaciones de la jefatura de policía, tan pronto se quedaban a solas, el espíritu de Mia volvía a tomar el control del cuerpo de Maya, y a veces sin mediar palabra alguna, como si todo estuviera ya dicho, saltaba sobre el abogado y procedía de inmediato a seducirlo para nuevamente hiciera un intento de preñarla.

A veces el momento no avisaba. En un instante, Maya descansaba canturreando alegremente por un pasillo de la oficina, y al siguiente, Mia entraba con paso sensual y se plantaba frente a él como desafiándolo a contener el deseo que sabía, bullía dentro de Phoenix hacia ella.

Y aunque la transformación era virtualmente imperceptible, existía una enorme diferencia entre la complexión física de las dos hermanas Fey. Maya era delgada y aunque de rostro encantador, tenía muchos gestos y manierismos de una niña pequeña, en cambio, Mia, por lo menos un palmo más alta que su hermana y aunque de cuerpo igualmente esbelto, sus senos, cadera y piernas eran varias tallas más robustos, sin mencionar que su carácter era ecuánime y su trato siempre sereno y educado.

Precisamente eso era lo que alteraba tanto a Wright, ver a la siempre correcta y sensata Mia dominada de un deseo tan intenso al grado de aparecer de la nada para casi arrancarle la ropa de encima en cuanto tenían la menor oportunidad de tener sexo.

Más de una vez, ella se metió con él en la ducha, dándole apenas unos minutos de ventaja, yendo tras él con el cuerpo exquisito completamente desnudo y haciéndolo que le acariciara todo el cuerpo, lo provocaba para luego darse vuelta y presentarle su redondo y torneado trasero como una ofrenda para que el pudiera penetrarla con fuerza contra la pared.

Confiados en que Pearl dormía aun plácidamente en su cama, los gritos de placer de Mia resonaron por las paredes del baño sin restricción alguna excitando cada vez más a Phoenix quien luego de saciar su deseo de apretar y acariciar las nalgas de su tutora, se adelantó estrujando su cuerpo contra la espalda de ella para que sus manos pudieran alcanzar a masajear los enormes senos que colgaban entre los brazos de la abogada sacudiéndose violentamente con cada embestida.

Y cada vez, no había nada que Nick pudiera hacer para evitar vaciarse dentro del útero de Maya. Pero no era como que estuviera intentándolo.

En otra ocasión, Mia lo sorprendió durante el desayuno. Maya se había levantado temprano a cocinar usando un lindo delantal sobre su túnica, y tan pronto terminó de tomar sus alimentos, Pearl salió a jugar unos minutos a la calle.

Phoenix no había terminado aún su café cuando ya no vio por ningún lugar a su asistente, pero no tardaría mucho en saber en dónde estaba en cuanto sintió como las manos de la chica, ahora siendo ocupadas por Mia, desabrochaban su pantalón con el fin de permitirle tener acceso a su pene para que ella pudiera comenzar a chupárselo.

El miembro se puso duro de inmediato y sin siquiera haberle dado los buenos días a su dueño, Mia lo devoraba metiéndoselo en la boca hasta la base. El pequeño y discreto delantal hacia poco por esconder sus generosos pechos y tan pronto Wright estuvo completamente erecto, lo hizo retirar su silla de la mesa para poder sentarse sobre él y que su pene duro se introdujera hasta el fondo de su sexo.

Mia abrió la túnica descaradamente y sus grandes y firmes tetas se vieron libres del apretón de aquella prenda demasiado pequeña para contenerlas cómodamente. Se abrazó a la cabeza del abogado para que su cara quedara sumergida en su escote. Los brazos de Wright le rodearon la cintura estrecha sujetándola fuertemente y así sentirse libre de penetrarla con tanta fuerza como su desenfrenado deseo por ella le exigía.

Lo hicieron rápido, lo hicieron ruidosa y violentamente, consiente que la pequeña Pearl podía entrar por la puerta en cualquier segundo, así que en cuanto sintieron que el clímax se acercaba se entregaron a él salvajemente, viniéndose al mismo tiempo, y luego, momentos después de disfrutar la duradera sensación, se separaron al tiempo que un fino hilillo de semen asomaba por la comisura de la entrada de Mia…

De Maya, más bien, pues ese era el cuerpo de Maya…

Pero a pesar de eso, con cada penetración, con cada movimiento, con cada eyaculación, cada que su miembro entraba y salía de su vagina, la culpa y el remordimiento de estar usando el cuerpo de Maya, de estar, de hecho, penetrando a Maya aun cuando ella no era consciente de ello, fue dejando de parecer importante en la mente de Phoenix, de manera que el único dilema en el que siquiera podía pensar, era no poder decidir si disfrutaba más poseerla mirando y acariciando sus tentadores glúteos o si prefería hacerlo manoseando y contemplando sus deliciosos senos.

Cualquier pensamiento de duda dejó siquiera de transitar por su mente el día que Mia se acostó sobre el escritorio de Wright levantando su túnica y abriendo mucho las piernas con las rodillas flexionadas, al tiempo que usaba sus dedos, introduciéndolos lujuriosamente en su vagina para tentarle.

Pero no necesitaba realmente mucho esfuerzo para convencerlo. Sólo el aroma de la humedad del sexo de la abogada, bastaba para despertar el apetito de Nick quien de inmediato quito de en medio el estorbo que le hacían sus finos pantalones formales y su ropa interior para sujetar a su instructora con violencia y comenzar a profanar su cuerpo al tiempo que hurgaba entre su ropa para estrujarle los pechos.

Los artículos que quedaban sobre la sólida superficie del escritorio fueron a parar al suelo y el ordenador en el otro lado se estremeció precariamente. Mia gemía y suspiraba abandonándose al placer que él le provocaba mientras que él no se contenía en nada regodeándose en la vista, tacto y aroma de todo el cuerpo de la abogada.

Ya ni siquiera se tomaban la molestia de desvestirse del todo sino que tenían sexo en cualquier parte, a medio desnudar, cada que una oportunidad aparecía.

No fue sino hasta un mes después de que las cosas marcharan de esa manera que Wright notó los síntomas en Maya. La había visto soñolienta y fatigada, talvez un poco menos ruidosa y un poco más lánguida, pero todo eso no era nada fuera de su estado normal, nada de qué preocuparse, hasta que la chica comenzó a perder el apetito.

Que Maya Fey tuviera en frente un colosal tazón de rámen y que decidiera de pronto que no quería comerlo, eso sí era todo un acontecimiento.

Ella misma parecía desconcertada y confundida al respecto, no comprendiendo como exactamente sus insaciables y siempre presentes ganas de comer simplemente habían desaparecido y fueron reemplazadas eventualmente con repentinos mareos y súbitos accesos de nauseas, especialmente en presencia de comida.

La chica al principio no hizo gran alboroto, y Phoenix tampoco quiso presionarla. De hecho, evadía la situación siempre que podía, cambiando el tema o desestimándolo, de manera que cuando algunos días su asistente le pedía que la dejara quedarse en la cama, él, además de permitírselo sin dudar, hacia lo posible por conseguirle alimentos sencillos de comer y no demasiado olorosos.

Al notarlo, Pearl llegó a angustiarse, preocupada por la salud de su querida prima, pero al ver la dedicación con que Wright cuidaba de ella y luego de que el abogado le asegurara que ella se pondría bien, la niña se tranquilizó no sin antes sonrojarse un poco imaginando como siempre que el abogado y su asistente compartían una especie de relación romántica secreta que la pequeña idealizaba.

Pero cuando el día acababa y las luces se apagaban en el departamento de Phoenix Wright, pasada la hora de dormir de Pearl, Mia volvía a tomar el control y Nick echaba a un lado las cobijas para subirse sobre ella y penetrarla ruidosamente sobre la cama de su hermana.

―Creí que lo único que deseabas era quedar embarazada ―le decía él susurrando mientras se movía poseyéndola fuertemente, su voz apenas elevándose por encima de los rechinidos que le arrancaban al lecho.

―¿En serio? ¿Pensaste que me perdería de esto en cuanto tuviera lo que quería? ―Respondió ella con una sonrisa traviesa. ―¿Cómo esperabas pues que atravesaría el embarazo sin que saciaras mis deseos?

Las tetas de Mia se sacudían con cada arremetida del pene de Wright en su vagina, que se había colocado con las piernas tan abiertas como podía para poder recibirlo hasta el fondo.

―Maya no sospecha nada todavía ―continuó ―talvez piensa que fue algo que comió.

―Tendremos que decirle en algún momento, sobre todo ya que tendrá que pasar por el parto y todo eso… ―respondió él, sin dejar de moverse, excitado por la sensación del sexo de Mia apretadísimo, comprimiendo con sus paredes su erección.

―Talvez no tenga que hacerlo ―Mia desvió la mirada como si estuviera por confesar alguna fechoría, pero no dejó de sonreír en ningún momento. ―Me refiero a… talvez no tenga que enterarse siquiera. Si me quedo en su cuerpo durante el resto del embarazo ella no sabrá lo que pasó.

―No sabía que fuera posible mantener una canalización durante tanto tiempo… ¿estas segura que puedes hacerlo?

―No veo porque no. Después de todo, para eso volví, ¿Pensabas que me perdería el nacimiento de mi propio hijo? ―ella frunció el ceño, pero sin dejar de sonreír tomó una de las manos de Phoenix y se la puso sobre el vientre, mientras el aún seguía penetrándola. No le había crecido mucho todavía, pero se sentía mucho más firme que antes, como si estuviera levemente hinchado.

―Tendríamos que explicárselo a Pearl, ¿Qué razón le daremos para que ocupes el cuerpo de Maya tanto tiempo? ¿Acaso le diremos que el bebé en tu vientre llegó contigo desde el más allá?

―Podríamos sólo enviarla de vuelta a Kurain una temporada. Tan solo los meses antes del parto. Seguro en la aldea hay alguien que se pueda hacer cargo de ella… ―se encogió ella de hombros, volviendo a desviar la mirada, sintiéndose en todo derecho de ser tan egoísta como le placiera para poder hacer realidad su sueño.

Nick no dijo nada, pero como si quisiera animarla con ello, aumentó el ritmo de la penetración, embistiéndola feroz mente hasta que ambos pudieron terminar.

Se quedaron así un rato, tendidos el uno sobre el otro con las agitadas respiraciones tratado de recuperar el aliento y las fuerzas luego de una de sus largas sesiones de sexo nocturno, solo inhalando el aroma del cuerpo del otro, embelesados, deseando que aquel momento pudiera solo alargarse indefinidamente.

Pero los segundos volaron y más tarde que temprano, Nick tuvo que levantarse, volver a su habitación y disimular la mañana siguiente ante Maya como si nada hubiera pasado, como lo había hecho ya tantas veces. Apenas pestañeó un poco esa noche, y despertó de pronto, aún estaba oscuro, aun en la habitación de Maya, aun dormido sobre el cuerpo de Mia…

O no. Aquel no se sentía como el cuerpo de Mia, de hecho, reflexionándolo de pronto se dio cuenta de que lo que lo despertó fue que su cabeza, cómodamente agazapada entre los generosos senos de su mentora, se había visto de pronto desprovista de los tales, y en su lugar, se encontraba apoyada sobre los suaves, pero más pequeños y juveniles pechos de Maya Fey.

Phoenix aspiró profundo conteniendo la respiración ante un súbito arranque de preocupación y sorpresa. Su asistente dormía a pierna suelta, incluso roncando quedamente entre sueños, con la camisa de su piyama alzada y los senos al aire. Sus redondos y rosados pezones brillaron tímidamente bajo la luz tenue que se colaba desde la calle por la ventana. Wright apartó la vista, se levantó con sumo cuidado de la estrecha cama y cubrió a Maya con la sabana sin tener el valor de acomodarle correctamente la ropa, para después salir caminando de puntitas, sonrojado como un tomate.

Después de todo, era a Mia a la que había estado poseyendo todo aquel tiempo. Era Mia la que deseaba ser tomada por el constantemente y era a ella a quien Nick deseaba complacer y hacer suya salvajemente. Aun cuando su cuerpo era usado para toda aquella actividad, la joven y despistada Maya no tenía parte ni conocimiento de nada de ello, de manera que no habia forma de que Wright encontrara las palabras para explicarle si acaso llegaba alguna vez a darse cuenta o siquiera sospechar algo.

O eso pensaba Nick.

Antes de quedarse dormido de vuelta en su cuarto, el abogado no pudo evitar meditar un momento en cuan distintas eran las dos hermanas, aun cuando ocuparan el mismo cuerpo. Y no solo en su personalidad y compleción. Aún la textura y el aroma de la piel de Maya cambiaba cuando era utilizada por Mia y no era de sorprender a nadie, después de todo, se llevaban casi 12 años de diferencia, brecha que se había ido disipando con el tiempo luego de que la edad de Mia quedara perpetuamente congelada al momento de su muerte.

Al final, algún día, la menor de las Fey alcanzaría a su hermana, mientras Mia se quedaba estancada para siempre en la edad en que falleció, confinada a usar el cuerpo de otra médium para poder interactuar con los vivos. Wright se preguntaba, antes de quedarse dormido, si el cuerpo de Maya entonces se volvería más como el de Mia, no sin antes hacer una nota mental de haberse dado cuenta que en la estructura más delgada de su cuerpo, se volvía mucho más notable el abultamiento de su vientre.

Comenzaron a pasar los días y Phoenix comenzó a notar un patrón inquietante. Al principio parecía cosa de coincidencia, ya que talvez menos oportunidades se presentaban, pero luego era un hecho que Mia y él estaban teniendo menos tiempo a solas. Los pocos momentos que compartían, no hablaban mucho, dándole prioridad a desnudarse y entregarse violentamente el uno al otro, pero antes de que pasaran dos semanas, Wright estaba convencido de que algo estaba sucediendo.

¿Había Mia cambiado de opinión acerca de lo que hablaron esa noche, sobre ocupar el cuerpo de Maya durante el embarazo? ¿Se había sentido culpable y reconsiderado de último momento?

Si eso era así, ¿Cómo haría Phoenix para explicarle a su asistente la razón de su embarazo?

Varios casos se atravesaron los últimos días y entre revisiónes de evidencia y audiencias en el juzgado, Nick pasó por tres largos días sin ver ni saber de Mia ni un momento. La propia Maya tampoco podía acompañarlo conforme sus síntomas se agravaban y para su desgracia, el deseo acomulado por no poder saciarlo con las constantes visitas espirituales de su tutora, no le estaba siendo de mucha ayuda a la hora de tener que concentrarse en su trabajo.

Finalmente, el fin de semana, llegó cansado, casi arrastrando los pies y con el saco azul sobre el hombro, pasado el anochecer. No se escuchaba ningún ruido en el departamento y al pasar junto a la puerta de la habitación de Maya, echó un vistazo y la vio dormida. Y sin duda era ella misma, no su hermana. Así que pasó de largo y escuchando la respiración distante de Pearl dormida en su cuarto, siguió de largo hasta su propia alcoba donde se desplomó en la cama sin mayor cuidado ni ceremonia.

Debieron haber pasado algunas horas, cuando se despertó de pronto, pero no por sí solo. El descarado jaleo provocado por alguien literalmente sacándole los pantalones del cuerpo llamó su atención a tiempo para escuchar como la hebilla de su cinto caía al suelo.

Sorprendido y desconcertado, sintió el peso de otra persona al subir a su cama, pero su mente paso de la alerta repentina al alivio tranquilizador, al deseo y la deliciosa ansiedad de la lujuria al sentir un par de suaves manos femeninas cernirse sobre su miembro duro, aun escondido bajo la ropa interior.

El abogado sonrió. No podía verla en la oscuridad del cuarto, pero sabía que era Mia. La había echado mucho de menos y se alegraba poder estar con ella nuevamente, ahora que todo estaba más tranquilo.

La chica rebuscó torpemente bajo los boxers de Phoenix y en cuanto tuvo su miembro entre sus manos, se abocó a estimularlo con su boca. Debia estar nerviosa o ansiosa, sus movimientos parecían inseguros y a veces hasta inexpertos, pero él se lo atribuyó talvez simplemente a que estaba jugueteando como le gustaba hacerlo.

Ella lamia traviesamente el pene de Wright y una vez que este se puso duro como una roca, cubierto completamente de la saliva de ella, no quiso esperar ni un momento más y sin dejarlo decir una palabra siquiera, se acomodó sobre él, sentándose sobre su erección, penetrándose con ella al hacerlo.

La joven lanzó un gemido largo y agudo de puro placer, ahogándolo luego tapándose la boca con una mano. Sin demorarse un momento siquiera, comenzó a moverse sobre Nick para que su pene estimulara su vagina húmeda y excitada que aquella noche, sentía el abogado, debía estar más apretada que nunca.

El placer escaló rápidamente y no pudiendo ni queriendo frenar su deseo, Wright comenzó a recorrer el cuerpo de ella con sus manos lascivamente. Comenzó desde sus piernas, en sus rodillas acariciando su suave y tersa piel subiendo hacia su vientre, que además de duro estaba hinchado, mucho de hecho, volviendo asombroso como el embarazo de la chica podía estar disimulado también debajo de su túnica.

Acariciarla lo excitó mucho, de solo recordar que estaba esperando un hijo suyo, fue una motivación poderosa para Nick para moverse más, para desearla más.

Mia comenzó a gritar de placer, lanzando dulces suspiros y tiernos quejidos mientras su alumno continuaba manoseándole el cuerpo, esta vez, llegando hasta sus senos que, él imaginaba, tarde que temprano se volverían colosales, a punto de reventar como consecuencia de llenarse de leche. La boca se le hizo agua solo de imaginar que podría saciar su lujuria y su sed en el dulce néctar de las tetas de su maestra, cuando al acariciarlas, a la par de una sensación de suave placer, le dio de pronto un acceso repentino de miedo.

Y es que esas tetas eran, de hecho, perfectas. Redondas, hinchadas, sus pezones duros por la excitación de su dueña provocándolo, despidiendo un dulce aroma como si presagiaran que estarían listas dentro de muy poco para la temporada de ordeña…

Aun en tamaño eran perfectas. Eran grandes. Pero no tanto

Wright tragó saliva y se puso pálido, mientras que las caderas de la chica sobre el seguían moviéndose descontroladamente, como una niña que monta emocionada un caballito mecánico.

Una de las manos del abogado se separó de los pechos de ella, mientras que la otra quedó atrapada ahí, cuando la chica no la dejó irse al sujetarlo y obligarla a masajearle el seno.

La mano libre fue a parar a ciegas sobre la mesita de noche y encontrando la cadena que encendía la luz de la lámpara, la accionó llenando la recamara con una luz tenue.

―Buenas noches, Nick. No escuché cuando llegaste, pero tenía muchas ganas y simplemente no podía esperar hasta mañana…

Dijo Maya entre gemidos justo antes de cerrar sus brillantes ojos y torcer un infantil gesto al sentir un fuerte orgasmo.