¡Hola a todxs! Hoy es 30 de diciembre y eso significa que... ¡este es el último capítulo del 2018! El 2019 traerá más sorpresas para vosotros, así que disfrutad de momento de estos 14 capítulos. A partir del día 2 de enero volveré cargada con más acontecimientos y, ¿quién sabe? Quizás la revelación de Marinette llegue antes (o más tarde) de lo esperado.
Feliz 2019 a todos. ¡Sed felices!
¡Nos leemos el año que viene! ;)
...
Uno de los pasatiempos favoritos de Adrien era ver a Marinette dormir. No sabía bien por qué; tal vez fuera por lo tranquila y apacible que parecía, por la manera en que sus pestañas aleteaban sobre sus mejillas o por cómo su boca se entreabría de tal forma que le incitaba a darle un dulce beso. O quizás, y esta era la opción más probable, era porque quería pensar que ella se sentía lo suficientemente segura a su lado como para bajar todas sus defensas hasta caer rendida. En aquella ocasión, tras lo que había pasado entre ellos, Adrien optaba más porque estaba tan cansada por las emociones de aquellos cuatro días que fundirse con él había agotado sus reservas de energía.
Aunque Marinette pensaba que Adrien no lo sabía, lo cierto era que él la había notado removerse demasiado por las noches, como si su sueño fuera demasiado inquieto. Ahora, sin embargo, no movía ni un solo músculo. No sin cierto esfuerzo, Adrien había conseguido arrastrarla hasta apoyarle la cabeza sobre la almohada y taparla con la colcha y la sábana para que no cogiera frío; seguía estando desnuda, no podía obviar ese detalle. Él mismo se había unido a ella tras quitarse el preservativo (tendría que compensar a Nino más adelante) y había vuelto a rodearla con un brazo, apoyando la barbilla sobre su coronilla.
El aliento de Marinette le hacía cosquillas en el pecho, pero no le importaba. Para él, era suficiente que ella hubiese aceptado todas sus caras con aparente facilidad y se hubiera entregado sin reservas. Adrien no sabía qué le emocionaba más: si haber conseguido recuperarla durante esos días, que ella aceptara su identidad secreta, que se entregase a él o todo a la vez. Seguramente, era una mezcla de todos los acontecimientos de los últimos días. En cierto modo, Adrien seguía pensando que estaba soñando y que pronto despertaría el día del viaje, sin Marinette, sin esa cama king size y sin su ropa desperdigada por la suite.
Adrien suspiró y cerró los ojos, sonriente.
En ese momento, Marinette se movió contra él, sacándole de sus pensamientos. Escuchó cómo bostezaba y notó que le ponía las manos en el estómago. Esa era la señal que buscaba. Separó la cabeza de la de ella y buscó su mirada somnolienta sin perder la sonrisa.
―Hola, bella durmiente―saludó, ganándose una mirada fastidiada de Marinette.
―Hola―respondió ella, bostezando―. ¿Cuánto he dormido?
―Solo unos minutos. ¿Tan destrozada te he dejado? ―bromeó, aunque su ego masculino esperaba la nota final, ansioso.
Marinette alzó una ceja.
―Te lo tienes muy creído, ¿no? ¿Es lo que le dices a todas las chicas con las que te acuestas? ―preguntó, no sin cierta acidez en la voz.
―Es lo que le digo a la única chica con la que me he acostado―repuso Adrien, rozando la punta de la nariz de Marinette con la suya.
―Oh, vaya…
La sonrisa de Adrien se agrandó. No quería que Marinette se sintiera tan insegura respecto a su relación, pero comprendía que aquello tomaría tiempo. No obstante, le gustaba comprobar que él también podía dejarla sin habla.
―¿Estás bien? ―murmuró Adrien, inspeccionando su rostro algo más serio.
Esta vez, fue Marinette la que sonrió y alzó una mano para acariciarle la mandíbula. Notaba ya el nacimiento de una nueva barba que Adrien siempre se rasuraba. Le encanta sentir su piel suave bajo los dedos, aunque le comía la curiosidad por ver cómo le podría quedar a Adrien el vello facial.
―Sí―asintió ella, removiendo las piernas―. Algo… extraña, pero bien.
―¿Extraña en el buen sentido?
Marinette soltó una risita.
―Sí, en el buen sentido.
Adrien suspiró, aliviado y estrechó aún más contra sí el cuerpo desnudo de Marinette. Ella se dejó hacer, encantada y se mantuvieron así, abrazados y en silencio, hasta que la vejiga de Marinette amenazó con reventar. Solo entonces, Adrien permitió que se alejara y se aseara. Él, por su parte, aprovechó para vestirse y para envolver el preservativo en un pañuelo parar tirarlo más adelante en la papelera del baño.
Cuando Marinette salió, él ya se había puesto el pijama y la esperaba sentado en la cama. Marinette, roja como un tomate, se paseó desnuda frente a él para alcanzar su propio pijama del armario. Notó los ojos de Adrien fijos en su cuerpo, en cada movimiento, hasta que la tela del pijama de Chat Noir la cubrió por completo.
En ese instante, al girarse hacia él, se dio cuenta de un pequeño detalle.
―Oh, Dios―masculló, para luego soltar una sonora carcajada que la hizo doblarse por la cintura.
Adrien la observó, anonadado por el ataque de risa. Tuvo que esperar varios minutos hasta que ella se calmó y pudo mirarle de nuevo.
―¿Qué te pasa? ―inquirió él, confuso.
―Es que…―Marinette se señaló a sí misma― El pijama… Tú eres Chat Noir y mi pijama es de…
Adrien notó que se sonrojaba un poco, pero sonrió.
―Me encanta que seas una de mis fans.
Marinette se mordió el labio inferior y agachó la cabeza. Regresó a la cama y se sentó junto a Adrien. Sin embargo, eso a él no le era suficiente, por lo que tiró de ella hasta tenerla entre sus brazos.
―¿Sabes? Me dijiste lo mismo el día que Jaged Stone vino a la panadería de mis padres a grabar un programa, ¿recuerdas? Se metieron en mi habitación y vieron todas tus fotos…
―Sí―coincidió Adrien, acariciándole el brazo derecho distraídamente de arriba abajo―. Me dijiste que las tenías porque te gustaba la moda―entornó los ojos y ladeó la cabeza con una sonrisa traviesa―. Mentirosa… Sabía que me estabas engañando.
―¿No me creíste? ―los ojos de Marinette se abrieron por completo.
―Uhm… No del todo―admitió Adrien―. Pero yo no te mentí cuando te dije que me gustaba que fueras una fan.
―Ya… Y me invitaste a una sesión de fotos―recordó Marinette con una sonrisa nostálgica.
―Sabía que disfrutarías viéndome desfilar―bromeó Adrien, ganándose un tortazo suave en el regazo de Marinette―. Ese día fue el más divertido de toda mi carrera. Tú, Nino y Alya estabais allí.
―Y Chloe.
―Y Sabrina.
Adrien y Marinette se miraron unos segundos y se echaron a reír a la vez.
―¿Recuerdas la que lio la madre de Chloe?―dijo Marinette sin dejar de reírse.
―Ni me lo menciones. No pude transformarme…
Marinette desvió la vista hacia el fondo de la habitación, jugueteando con la mano de Adrien.
―Pero Ladybug pudo solucionarlo todo con la ayuda de Plagg…―murmuró, recordando el miedo que había pasado por Adrien.
Él frunció el ceño.
―Sí…―sacudió la cabeza y respiró hondo― Mañana por la mañana te lo presentaré. Debe de haberse quedado dormido en alguna parte.
Marinette asintió con la cabeza, pero no dijo nada.
No mucho después, Adrien y ella se fueron a dormir, aunque el cerebro de Marinette no dejaba de revisar cada momento vivido con Chat Noir. Cuando Dark Owl atacó París, ella le había pedido a Chat Noir que confiase y que se deshiciese de su transformación. Ambos habían cerrado los ojos y sus kwamis habían visto quién era el otro. A Marinette le preocupaba que Plagg la delatase aunque, si actuaba igual que Tikki, se mordería la lengua y no le diría nada a Adrien. Sin embargo, sabía que era cuestión de tiempo que él se enterase.
… … … …
El día siguiente fue un absoluto caos de maletas y despedidas. Marinette y Adrien apenas tuvieron tiempo de estar juntos, pero esa pequeña distancia les sirvió para asumir lo que había ocurrido la noche anterior. Ambos seguían estando en una nube y apenas bajaron de ella para despedirse de sus amigos en la Estación del Norte de París. Alya y Nino se quedaron ellos mientras los demás se dispersaban en diferentes direcciones.
En cuanto se quedaron los cuatro solos, Nino y Alya se volvieron hacia Adrien y Marinette con una sonrisa y una mirada inquisitorial. Marinette intercambió una mirada tensa con Adrien. Él sacudió la cabeza, aparentando tranquilidad.
―Ni se os ocurra preguntar, ¿de acuerdo? ―atajó Adrien al ver que Alya abría la boca para comenzar a avasallarlos― Ninguno de nosotros quiere saber vuestros escarceos amorosos.
―Pero yo al menos no robo los condones―apostilló Nino y todos se echaron a reír.
Adrien se encogió de hombros y le pasó un brazo por encima a Marinette.
―Esas cosas no se planean―bajó la mirada hacia Marinette y le guiñó un ojo―. ¿Nos vamos?
Marinette asintió con la cabeza y sonrió.
―Sí―se volvió hacia su mejor amiga y su novio―. ¿Nos vemos en unos días?
Alya se acercó a ella, el quitó el brazo de Adrien y fue ella quien la estrechó contra sí.
―Por supuesto, chica. El verano acaba de comenzar―acercó la boca a su oreja y susurró: ―. Me alegra que por fin seas tan feliz como yo.
Marinette cerró los ojos, notando cómo el pecho se le hinchaba de felicidad.
―Sí…―se separó de Alya y le dio un beso en la mejilla― ¡Nos vemos chicos!
Adrien condujo a Marinette hacia una de las salidas de la estación, donde ya esperaba el chófer de los Agreste para recoger a Adrien. No obstante, Adrien le indicó a Gorila que llevase a Marinette a su casa y este obedeció, poniendo rumbo hacia la panadería de los Dupain-Cheng.
Ni Adrien ni Marinette dijeron nada durante el trayecto. Adrien podía subir un cristal tintado entre los asientos delanteros y los traseros, pero sabía que eso le supondría algún que otro problema. Sin embargo, se apeó del coche para ayudar a Marinette a sacar sus maletas en cuando llegaron ante la puerta de su casa y aprovechó esos minutos para hablar con ella.
―¿Quieres que venga esta noche? ―murmuró, mirándola a los ojos a través del flequillo rubio.
―¿Como Chat Noir? ―sonrió Marinette, mordiéndose el labio inferior.
Adrien alzó la vista al cielo y ladeó la cabeza.
―¿Quién es ese?
Marinette se echó a reír y se inclinó hacia él para darle un beso en la comisura de la boca.
―Terminaré de cenar sobre las siete y media. Envíame un mensaje cuando vayas a venir.
Adrien chasqueó la lengua, fingiendo fastidio.
―No te cargues el factor sorpresa.
Marinette entornó los ojos.
―Nada de juegos sucios, Adrien Agreste―le advirtió, notando que su corazón y su cuerpo respondían de inmediato ante la posibilidad de repetir lo ocurrido en el hotel.
Adrien se llevó una mano al pecho.
―La duda ofende, princesa.
Marinette rodó los ojos, divertida y sacó las llaves de su casa del bolso. En cuanto hubo abierto la puerta, Adrien la ayudó a subir las escaleras con las maletas y solo consintió marcharse cuando se aseguró de que Marinette estaba a salvo en el amplio salón vacío.
―Tengo que irme―anunció, sin mucho ánimo―. Te veo esta noche―murmuró y se acercó a ella para poder besarla como realmente quería.
Marinette se derritió con el beso, hasta tal punto que necesitó apoyarse en sus brazos para mantenerse en pie. Cuando se separaron, ninguno respiraba con normalidad y los ojos de Adrien brillaban con un brillo peligroso, con esa necesidad que Marinette apenas había comenzado a vislumbrar.
―Te quiero, Marinette.
Ella sonrió.
―Te quiero, Adrien.
Él le devolvió la sonrisa y la besó fugazmente por última vez antes de marcharse por donde había llegado. Marinette se asomó a la ventana para ver cómo se montaba de nuevo en el coche y se marchaba hacia la mansión Agreste, hacia su prisión de cristal.
El humor de Marinette se agrió de inmediato. Aquellos días habían sido un medio de escape para Adrien de sus obligaciones constantes. Él no era un chico de diecinueve años normal y corriente, tenía una vida llena de compromisos y ahora le había añadido una relación con ella. Marinette temió que Adrien explotara de alguna forma, pero enseguida recordó que él era Chat Noir.
―Vale…―suspiró, girándose hacia sus maletas― Tikki, ya puedes salir.
Su kwami rojo apareció en un abrir y cerrar de ojos ante ella. La expresión preocupada de Marinette hizo que se acercara a ella, flotando con suavidad.
―¿Estás bien, Marinette? ―preguntó Tikki, inquieta.
―Más o menos―admitió Marinette, permitiéndose sonreír―. Tengo muchas cosas en la cabeza.
―¿Y una de esas cosas es salir con Chat Noir? ―rio Tikki.
Marinette ladeó la cabeza y toqueteó las mejillas de su kwami, haciéndole cosquillas.
―Qué cotilla.
―Qué ruidosos―replicó ella, riéndose aún más.
Marinette suspiró, alzando la vista al techo.
―No sé muy bien cómo vamos a sobrellevar esa situación…
―¿La de que Adrien es un súper héroe?
―La de que los dos lo somos―repuso Marinette, haciendo una mueca―. ¿Cómo se lo voy a decir? Y no me digas que tiene que seguir siendo un secreto―se apresuró a añadir al ver que Tikki iba a protestar―. Él ha corrido un riesgo muy grande diciéndomelo, ya lo sé, pero él se merece la misma sinceridad por mi parte. Además…―Marinette se miró los pies― No quiero que tenga otra cosa más por la que preocuparse. Bastante tiene ya con su vida como para que yo también sea un lastre.
Tikki negó rápidamente con la cabeza y se pegó a la mejilla de Marinette.
―Dudo mucho que él te considere una carga, Marinette. Te quiere, disfruta de eso y confía en que él sabrá organizarse.
―Supongo…―Marinette sacudió la cabeza y dio una palmada― Será mejor que quite esto de en medio antes de que mis padres lleguen de su viaje de aniversario.
