¡Hola a todxs!

En primer lugar, quiero disculparme con todxs vosotrxs por haber estado ausente durante dos semanas. A veces, las enfermedades llegan sin previo aviso y nos dejan sin nada más que unos días para hacernos a la idea de que no hay vuelta atrás.

En segundo, quiero daros las gracias a todxs por las muestras y los mensajes de apoyo. De todo corazón, no sabéis lo mucho que me ha alegrado ver que seguís a la espera.

Y en tercer lugar, aquí comienza la recta final de este fic. Intentaré volver al ritmo normal de publicación de un capítulo o dos diarios. Solo os puedo prometer que no queda nada para que esta historia termine y que trataré de daros ese final lo antes posible.

Sin más dilación, aquí os dejo el capítulo 20. Es un poco cortito, pero es que lo mejor está por llegar. El capítulo 21 será bastante más largo que este ;)

Un abrazo muy grande a todxs.

¡Nos leemos!

Chat Noir soportaba como podía el estridente sonido de la alerta anti akuma del Louvre. Gracias a los poderes de Plagg, su oído captaba una serie de ondas sonoras que no podía escuchar siendo sencillamente Adrien; formaba parte del traje y de las habilidades de su kwami. Ladybug le vigilaba, atenta, por si el ruido era demasiado ensordecedor y le aturdía.

Ambos llegaron en silencio y con sigilo a la enorme pirámide que coronaba la entrada al museo. Normalmente, los cientos de cristales que formaban la estructura se iluminaban por la noche. Sin embargo, en aquella ocasión, no había ni una sola luz encendida. De hecho, toda la plaza se encontraba a oscuras, lo que hacía que los ojos verdes de gato de Chat Noir resplandecieran como si fueran faros. Ladybug suspiró, fastidiada.

―No voy a poder capturar el akuma si no veo nada―murmuró, girando la cabeza para mirar a todas partes.

Chat le cubrió la espalda con la suya, aumentando el rango de visión.

―Yo te cubro―respondió él, entornando los ojos y aguzando la vista nocturna.

―Me siento como aquella vez que estuvimos en el plató de Nadia Chamack y tuviste que sacarme a rastras de allí―musitó Ladybug, avanzando pasito a pasito, sin separarse de su compañero… y novio.

―Envidiosa―bromeó Chat, estirando la vara hacia adelante y siguiendo a Ladybug hasta el interior de la pirámide.

Ella rodó los ojos, pero sonrió. A tientas, encontró la barandilla de las escaleras y se sujetó a ella.

―Tendrás que ir delante, gatito.

―De eso nada―replicó Chat, volviéndose sobre los pies y poniéndole una mano en el hombro a Ladybug―. Yo te guío. Deja el resto del trabajo a mi oído gatuno.

Ladybug asintió, respiró hondo y se fue guiando con los susurros de Chat Noir hasta llegar a la primera planta del subsuelo, donde se encontraban la recepción y los primeros pasillos del museo, así como los aseos.

―¿A quién crees que habrá demonizado esta vez? ―se preguntó Ladybug, tensa, con el corazón latiéndole a toda velocidad, sintiendo la sangre bombear con fuerza en las sienes.

―No sé, pero para estar aquí debe ser toda una obra de arte.

―Dios, Chat―bufó ella―. Concéntrate.

―Estoy concentrado, bichito―repuso Chat sin perder el buen humor.

―Conseguirás que nos descubra…

―Eso es lo que quiero―respondió él con deje siniestro en la voz―. Me niego a estar en esto toda la noche y no poder disfrutar de ti.

Ladybug ahogó un gritito de sorpresa.

―No seas…―pero las palabras murieron en su boca.

El sonido de unas uñas rasgando una pizarra interrumpió el discurso de Marinette, provocándole un castañeteo de dientes. Chat apretó el agarre sobre ella y giró poco a poco la cabeza en busca del origen de aquel ruido.

―Viene de allí―señaló enseguida, con los ojos fijos en una de las puertas de seguridad de la primera sala, también a oscuras.

Sin embargo, el sonido se repitió, esta vez más cerca. Chat se volvió hacia la mesa de recepción. Ladybug se pegó a su pecho instintivamente, sintiéndose tremendamente indefensa.

―Por Dios―suspiró, agobiada―, ¿dónde está?

―Se mueve―observó Chat, hablándole al oído―, pero lo hace tan rápidamente que no puedo verle.

―Ni lo harás, gatito―intervino el ruido, articulando las palabras como si no dejara de arañar un plato con un tenedor.

―Me pone los pelos de punta―masculló Ladybug, tirando de Chat hacia la salida.

Chat fue a responder, pero entonces se fijó en que, efectivamente, el cabello de Ladybug empezaba a alzarse. Anonadado, se tanteó la cabeza con una de las manos y descubrió que a él también le estaba pasando.

―Literalmente―comentó, sin salir de asombro―. Es como si estuviera hecho de electricidad estática.

En cuanto dijo aquello, un estallido de luz blanca inundó el museo y cegó momentáneamente a Chat y Ladybug. Fue tan repentino, que ambos se llevaron las manos a las orejas, como si hubieran podido escuchar la luz viajar por el cableado del edificio y aparecer en cada uno de los aparatos eléctricos que los rodeaban.

―Mierda, he acertado―farfulló Chat, que guiñó un ojo para poder encontrar a Ladybug agazapada a su lado.

―Qué bien―respondió ella sin alegría.

Como pudieron, alzaron las cabezas y encontraron a un ser hecho de trazos de electricidad, sin una forma concreta. Los pulsos eléctricos se curvaban en la parte superior a modo de rostro, con una sonrisa tan inquietante como aterradora.

―Los humanos habéis corrompido la oscuridad natural del planeta. La contaminación lumínica ha sobrepasado todos los niveles. Ahora, viviréis en la oscuridad… ¡para siempre!

―Qué amable por su parte, así no me subirá la factura de la luz.

Ladybug le lanzó una mirada envenenada a Chat, que terminaba de recuperarse del ataque. Él se encogió de hombros y le guiñó un ojo, colocándose en posición de ataque.

―Qué poca chispa tienes, My Lady. Vamos―Chat dejó de mirar a Ladybug y se concentró en el ser de electricidad que comenzaba a chupar de nuevo la energía del museo, amenazándoles con dejarles de nuevo a oscuras―, acabemos pronto con esto… y vayamos a por él.

Ladybug se tensó, dubitativa.

―¿Te refieres a…?

―Sí―Chat suspiró, resignado―. Terminemos esto de una vez por todas.

… … … …

A pesar del problema que suponía luchar contra un ser hecho de energía estática, el lucky charm de Ladybug fue suficiente para atraparlo en una jaula hecha con neumáticos. En realidad, la idea fue de Chat, que vio en el gato del lucky charm una salida para conseguir material no conductor de forma más o menos rápida. Los efectos del Miraculous Ladybug iluminaron al instante las zonas en las que Electro (como Chat le había apodado) había actuado y París quedo de nuevo bajo el amparo de la claridad en medio de la noche.

Agotados, Ladybug y Chat Noir se dejaron caer tras una de las columnas que rodeaban la plaza del Louvre. Chat acogió a Ladybug y la pegó a su pecho con un brazo, al tiempo que sus prodigios titilaban y sus kwamis resurgían. Marinette suspiró y cerró los ojos al ver la ropa de Adrien bajo el traje de Chat Noir. Aún no podía asimilar lo que estaba ocurriendo: su discusión, la visita nocturna de Chat, la revelación de quién era Hawk Moth, la cena, la vigilancia, la reconciliación…

―Estoy muy cansada―murmuró, apretando con los dedos la camiseta de Adrien a la altura del pecho.

Adrien respiró hondo, con la vista fija en el techo de la galería. Aquellos minutos en silencio tras la pelea le habían servido para poner en orden sus pensamientos. Debía parar a su padre, pero no quería que Marinette saliera perjudicada. Sabía que era absurdo intentar dejarla fuera de aquello y, aun así, tenía que intentar que ella se mantuviera al margen, que le dejara hacer todo el trabajo a él.

―Mari―musitó, captando la atención de la chica a la que abrazaba.

Ella alzó la cabeza para mirarle, encontrándose con los labios apretados, el ceño fruncido y los ojos entornados de Adrien.

―Dime―dijo Marinette, extrañada por cómo la había llamado.

Necesito pedirte un favor.

Marinette se tensó bajo su agarre, expectante.

―¿Qué es? ―preguntó, inquieta.

―Necesito que esperes fuera mientras yo hablo con mi padre―Adrien pronunció cada palabra con lentitud, como si así a ella le diera tiempo de asimilar lo que le pedía.

―No―repuso Marinette al instante, sin apenas escuchar el final de la frase.

Se enderezó y le obligó a mirarle poniéndole ambas manos sobre el rostro. Sus ojos se encontraron con los de él y vieron en su mirada un atisbo de esperanza. Él ya sabía que ella le plantaría cara, que no se quedaría de brazos cruzados.

―Voy contigo. Somos un equipo.

Adrien esbozó una media sonrisa que no le llegó a los ojos.

―Solo seremos un equipo si los dos nos mantenemos a salvo…

―Precisamente―le interrumpió Marinette―. Nunca nos hemos separado. ¿Recuerdas cuando hubo aquella akumatización masiva? Tú mismo me dijiste que somos la fórmula inicial: «tú y yo contra el mundo».

Adrien inspiró con fuerza. Recordaba haberle dicho aquellas mismas palabras tras haber perdido en medio del combate a sus compañeros más recientes. Al pensar en ellos, Adrien cayó en que Marinette conocía las identidades de todo el grupo, pero él no. Anotó mentalmente aquel detalle para preguntárselo cuando todo hubiera acabado.

―Juegas sucio―dijo con voz ronca, sujetándola por la cintura para poder sentarla en su regazo―. ¿De verdad no puedo hacer o decir nada para que me esperes?

Marinette desvió la mirada unos segundos. Sus manos resbalaron por su cuello hasta la altura de la clavícula.

―Llevo esperándote cinco años, Adrien―respondió con suavidad y decisión, alzando los ojos para encararle de nuevo―. No voy a seguir esperando. En esto no hay elección. O vas conmigo o no vas.

Se quedaron mirando mutuamente sin decir nada. El pecho de Adrien se expandió y su cuerpo actuó por sí solo. Tiró de ella para poder envolverla entre sus brazos y hundir la nariz en el hueco de su cuello. Aspiró su aroma, se impregnó de su calidez, sintiéndose absolutamente completo. Era una sensación tan abrumadora que no pudo evitar temblar bajo el peso de Marinette. Ella, al notar su estremecimiento, le aferró con más fuerza si cabe, tratándole de transmitirle su compromiso con él y con la misión que se les había encomendado años atrás.

Se mantuvieron así durante unos minutos más hasta que los temblores de Adrien cesaron y su respiración volvió a tener un ritmo normal. Solo entonces, Marinette se separó parcialmente de él y le dio un casto beso en los labios.

―Vamos―musitó sobre su boca.

Adrien suspiró.

―Vamos.

… … … …

El reloj de la mesita de noche de Adrien marcaba la una de la madrugada cuando Chat y Ladybug entraron por la ventana de su habitación que él había dejado abierta horas atrás. Aterrizaron en el suelo con sigilo, sin hacer ningún ruido. Cuando Ladybug fue a cerrar la ventana, Chat la detuvo, negando con la cabeza.

―¿Por qué? ―vocalizó ella sin emitir ningún sonido.

Chat se pegó a su oreja y le susurró:

―No sabemos si necesitaremos una vía de escape rápida. Prefiero asegurarme de que no te vas a estampar contra un cristal anti-balas.

Ladybug ahogó un grito de sorpresa. Chat le sonrió levemente.

―Es una fantasía para mí tenerte aquí con ese traje, My Lady―la recorrió con los ojos de arriba abajo―, pero tenemos una mariposa que atrapar―su gesto fue rápidamente sustituido por una expresión seria, de concentración total.

Ladybug le puso una mano en el hombro y asintió una sola vez con la cabeza.

―Estoy lista.