Ladybug había leído algo sobre Mayura en el libro del Maestro Fu, pero jamás había esperado encontrarse con ella cara a cara. Saber que el Prodigio del Pavo Real estaba con Hawk Moth aclaraba muchas de sus dudas, como quién había sido capaz de ayudarle cuando akumatizó a medio París años atrás. Desde aquel entonces, Mayura no había vuelto a aparecer en el campo de batalla. Hawk Moth se había encargado de hacer el trabajo doble, despistándoles con pistas falsas y alejándolos de él.

Estaba claro que no había contado con que Plagg averiguara su secreto. Pero, si se paraba a pensarlo, Hawk Moth ya sabía que Chat Noir estaba viviendo en su casa, que era su propio hijo. Al menos, eso era lo que había dado a entender y Chat solo había confirmado su teoría. De alguna manera, Hawk Moth les había tendido una trampa y los dos habían caído en ella.

Él quería ser encontrado y ellos habían acudido a la llamada.

―Siento la tardanza, Hawk Moth―habló Mayura con una suave voz, como si les estuviera acariciando con sus propias plumas―. Los preparativos llevan tiempo.

Hawk Moth esbozó una media sonrisa.

―Bien―asintió, conforme, ajeno a cómo Chat se tensaba al mirar a Mayura.

Sin embargo, la presencia de la aliada de Hawk Moth era una de las pocas cosas de las que Chat debía preocuparse. Tras ella, caminando lentamente, se hallaba un buen número de personas anteriormente akumatizadas. El modus operandi era el mismo que la última vez. Aun así, Ladybug notaba algo extraño en aquellos akumatizados. No corrían hacia ellos ni trataban de arrebatarles los prodigios como las veces anteriores. Ni siquiera les apuntaban con sus armas…

―Tiene mala pinta―murmuró Chat, devolviendo a Ladybug a la pasarela de la mansión Agreste.

―Hay algo que no me cuadra―respondió ella con un susurro mientras se ponía en guardia y analizaba la situación. El jardín estaba libre, era un buen lugar para minimizar los daños y escapar de los posibles ataques.

―Eso no importa. Deberías llamar al equipo.

Ladybug respiró hondo. No le gustaba en absoluto meter a sus amigos en aquella pelea, pero estaba claro que su situación era claramente mala. De modo que cogió su yo-yo con ambas manos y pulsó el punto negro central. En cuanto lo hizo, el interior del yo-yo se iluminó un instante. Fue tan rápido que cualquiera que no hubiese estado atento podría haber pensado que se lo había imaginado.

Los akumatizados se situaron en torno a Hawk Moth y Mayura. Algunos tenían una sombra violácea en torno a los ojos, señal de que habían sido sometidos por el poder de la mariposa. Otros estaban cubiertos por un resplandor rojizo. Ladybug reconocía ese color, eral mismo que había revestido la apariencia de las víctimas la vez anterior.

―¿Por qué hacéis esto? ―dijo entonces Chat, sobresaltándola― ¿Qué ganáis utilizando a estas personas?

Mayura sonrió tras su abanico de plumas.

―No te hagas el inocente, Chat Noir―habló ella, con tanta calma que nadie diría que se avecinaba una tormenta―. ¿Crees que no sé que habéis llamado a vuestros amigos? Esperaba que hubierais aprendido la lección.

Ladybug dio un paso adelante, furiosa.

―No te atrevas a mencionarlos. Se unieron a nosotros por voluntad propia, no por culpa de un hechizo del que no pueden deshacerse por sí solos.

―Si tanto odias la idea de que sufran―intervino Hawk Moth, extendiendo una mano―, dame vuestros prodigios y dejaré que os marchéis de aquí sin un rasguño.

Chat apretó los dientes con fuerza.

―No saldré de aquí si no es contigo, padre―rugió, notando la ira apoderarse de sus sentidos―. Decide: o conmigo… o contra mí.

Hawk Moth y Chat Noir intercambiaron una mirada. Ladybug no necesitaba verle la cara a Hawk Moth para saber que ninguno de los dos daría su brazo a torcer; ninguno se rendiría. Chat respiró hondo y suspiró sin apartar los ojos de su padre.

―Muy bien. Tú lo has querido―sentenció y se lanzó contra él con tanta rapidez que nadie pudo prever su movimiento.

El cuerpo de Chat chocó de lleno con el de Hawk Moth, derribándolo. Ambos cayeron al suelo con un estrépito y rodaron un par de metros, mientras que Ladybug, aprovechando la ventaja del factor sorpresa, lanzó su yo-yo hacia el abanico de Mayura. No obstante, su enemiga vio por el rabillo del ojo lo que ella trataba y tuvo tiempo de apartarse. El yo-yo regresó zumbando por el aire, a tiempo para que Ladybug lo usara para evitar un contraataque de Mayura. Sorprendentemente, la dueña del Prodigio del Pavo Real se defendía por sí misma.

Los akumatizados, sin embargo, no se inmutaron. Ladybug anotó eso mentalmente y rodeó a Mayura mientras ella se dedicaba a lanzar su abanico contra ella. En una ocasión, las plumas pasaron demasiado cerca de su pelo y acabó cortando uno de sus mechones limpiamente, como si fuera una hoja extremadamente afilada. Debía tener cuidado o lo próximo que Mayura cortaría de ella sería su cuello.

Fue en ese momento, mientras Chat forcejeaba con su increíblemente hábil padre para arrebatarle el bastón, cuando todos escucharon el ruido de varios pies a la carrera yendo en su dirección. Ladybug pudo ver de refilón las orejas de zorro de Rena Rouge, el escudo verde de Carapace, las piernas delgadas de Queen Bee y el látigo escamoso de la última incorporación al equipo: Luka, más conocido como Viperion.

El estallido en el aire del látigo de Viperion captó la atención de Mayura. Ladybug utilizó ese instante de distracción para alejarse de ella cuanto pudiera y reunirse con el equipo Miraculous, como a Chat le gustaba llamarlos.

―Por favor, ¿no podríais haber escogido otro lugar para luchar? Este sitio es deprimente―se quejó Queen Bee, echándole un ojo al jardín, la pasarela y la caja de cristal de Émilie Agreste.

―Creía que no vendrías―admitió Ladybug, resollando―. Pensaba que ya te habrías marchado de nuevo a Nueva York.

―Decidí quedarme unos días más con papá, sobre todo ahora que se presenta a la presidencia de Francia…

―¿Podemos dejar los informes personales para más tarde? ―intervino Rena Rouge, metiéndose en medio de las dos― ¿Qué narices es esto? ―inquirió, señalando a las víctimas que no se movían y que observaban todo como si sus dueños no los necesitasen.

Ladybug se mordió el labio inferior y echó un vistazo a Chat para asegurarse de que estaba bien. Mayura, por su parte, no estaba muy segura de a dónde acudir.

―No podemos entretenernos―aclaró Ladybug―. Carapace, cúbrenos a Rena y a mí mientras nos ocupamos de Mayura. Viperion, échale una mano a Chat. Y Queen Bee, espera el momento oportuno para paralizar a Hawk Moth.

―Oh, venga ya, ¿en la retaguardia?

―¡Queen! ―estallaron los demás, a excepción de Viperion.

―Está bien, está bien… Pero luego no digáis que no os salvo el culo―sentenció y se marchó corriendo a toda prisa por la barandilla de la pasarela hasta situarse de espaldas a Émilie Agreste.

Ladybug rodó los ojos, lo que le permitió ver cómo Viperion se colocaba al lado de Chat y enfocaba parte de la atención de Hawk Moth en él. El pelo negro con las mechas azules de Luka contrastaba con fuerza contra el rubio dorado de Adrien. Hubo un momento en que Marinette se sintió confusa respecto a Luka, creyó que él podía ser quien le quitara a Adrien de la cabeza. Pero no fue así, el propio Adrien, bajo la apariencia de Chat Noir, eliminó cualquier posibilidad de superar su enamoramiento.

―Ladybug―dijo entonces Rena Rouge, sacándola de su ensimismamiento―, ¿estás bien? ¿Quieres descansar?

Ladybug le sonrió. Se limitó a negar con la cabeza y a rezar en silencio para que nada les pasara a Alya y a Nino.

―No es nada―dibujó una sonrisa maliciosa y enarboló su yo-yo, haciéndolo girar a una velocidad vertiginosa―. ¡Vamos!

Rena Rouge, Carapace y Ladybug se lanzaron al ataque. Mayura esquivó casi todos sus movimientos, pero a medida que pasaban los minutos, más comprendía Ladybug que la batalla no podía seguir así. Los akumatizados no se movían, solo observaban; Chat Noir y Viperion habían conseguido acorralar a Hawk Moth durante unos segundos, pero la victoria había durado poco; y Mayura se escapa de su alcance sin problemas, moviéndose como si estuviera aburrida.

La rabia y el miedo a perder aquel enfrentamiento hicieron mella en Ladybug y tampoco ayudaba nada ver cómo Chat respiraba con dificultad, agotado. Además, sus prodigios pronto comenzarían a avisar de que se les agotaba el tiempo. Ladybug pensó en utilizar su Lucky Charm, pero no se le ocurría cómo podía ayudarle su poder en aquella situación. No luchaban contra akumas, luchaban contra quienes demonizaban a las personas.

Ladybug dio un paso atrás y dejó que Rena tomara la delantera junto a Carapace. Se parapetó tras ellos, jadeante.

―No podemos seguir así…―murmuró, agobiada, notando el miedo crecer en su interior.

En cuanto fue consciente de sus propios sentimientos, el ejército de akumatizados se giró hacia ella, como movido por un resorte. Ladybug se tensó y ahogó una exclamación de sorpresa.

―¿Qué…? ¿Qué es esto…?

Una de las víctimas dio un paso hacia ella y luego la siguió otra más. Comenzaron a avanzar en su dirección. A Ladybug se le congeló la advertencia en la garganta. No comprendía lo que estaba ocurriendo. ¿Acaso los akumatizados estaban reaccionando a su ira y a su temor?

―Es como si… como si…―abrió los ojos por completo, helada de terror― Como si ellos fueran los demonios…

… … … …

Chat intercambiaba sus ataques con los de Viperion. El látigo de Luka era realmente útil cuando se trataba de inmovilizar el afilado bastón de Hawk Moth, pero no servía de mucho en las distancias cortas. El poder del prodigio le daba a su padre una agilidad asombrosa, tanto como la de él mismo. Chat no conseguía dar con su punto ciego y Viperion empezaba a impacientarse, cambiándose el látigo de mano a medida que los brazos se le acalambraban.

―¡Chat! ―gritó Viperion, esquivando un golpe de Hawk Moth― ¿Alguna idea más?

Él no pudo responder, apenas tuvo tiempo de saltar antes de que el bastón le diera de lleno en el estómago.

―No muchas―admitió, más para sí mismo que para su compañero.

Chat nunca averiguó por qué, pero en esos instantes algo le dijo que Ladybug estaba en problemas, como si fuera un sexto sentido. La buscó en medio de la lucha y lo que vio le hizo temblar. Ladybug se encontraba de rodillas en el suelo, rodeada por un círculo uniforme de akumatizados. En un principio, ninguno hizo nada, pero pasados unos segundos, uno de ellos tocó a Ladybug en el hombro.

Su grito de dolor resonó en la pasarela y el jardín.

―¡Viperion! ―chilló Chat, alejándose de Hawk Moth― ¡Cúbreme!

No hizo falta que mirara hacia donde estaban su padre y su compañero; sabía perfectamente que Viperion se encargaría de él. Además, aún quedaba Queen Bee en la retaguardia, esperando su momento. Se las arreglarían bien mientras él saltaba de cabeza en cabeza para llegar hasta Ladybug. Un nuevo chillido le alertó aún más y se creyó morir cuando, por fin, llegó hasta ella.

Con un rápido movimiento, Chat aterrizó junto a Ladybug y apartó a los akumatizados que estaban tocándola. Alzó su vara por encima de la cabeza de Ladybug y creó un perímetro de seguridad a su alrededor. Los akumatizados retrocedieron un paso y se mantuvieron ahí, a la espera. En cuanto se cercioró de que no iban a abalanzarse sobre ellos, Chat les dio la espalda y se agachó de cara a Ladybug.

―Marinette…―susurró, pasándole una mano enguantada por el rostro para hacer que le mirara.

Chat esperaba ver los ojos azules de Ladybug brillantes, derrochando fortaleza, pero se encontró con un rostro truncado por un gesto de dolor permanente.

―Me… me duele…―balbuceó Ladybug, apoyándose en Chat para no caer al suelo por completo.

―Tranquila―Chat intentó que no le temblara la voz, ella le necesitaba más que nunca―, te sacaré de aquí, ¿de acuerdo? Aguanta, my lady

―No―le interrumpió ella, consiguiendo dirigirle una mirada de advertencia―. Salid de aquí, corred…

―No voy a dejarte―rehusó Chat de inmediato, sujetándola con firmeza por los hombros―. Te quiero, ¿me oyes?

Ladybug abrió la boca para responder, aunque no fue capaz de emitir ningún sonido. En medio de un grito silencioso, su cuerpo se contrajo sobre sí mismo. Chat se fijó entonces en cómo su traje rojo y negro comenzaba a cambiar. El pitido constante y acelerado de los pendientes de Ladybug atrajo su atención y trató de quitárselos, pero ya era demasiado tarde. Y, a pesar de todo, Chat no se movió de su lado. Se mantuvo ahí, con ella, hasta que todo lo que era rojo en su traje y en sus pendientes se pintó de negro y los puntos oscuros se tiñeron de borgoña.

Solo cuando hubo acabado el cambio en el traje, Chat notó que Ladybug volvía a respirar con normalidad.

Solo que ya no era Ladybug…

―Marinette―musitó Chat, temeroso, como si diciendo su nombre real pudiera invocarla de vuelta.

Sin embargo, su rostro presentaba una sombra de dos colores: rojizo y violáceo, como si Mayura y Hawk Moth la hubieran akumatizado al mismo tiempo. Aunque era imposible, ¿no? Habían sido las otras víctimas quienes la habían tocado. No podía ser cierto…

―Levántate, Lady Fatale―dijo entonces Mayura, alzando la voz por encima de los ataques de los héroes― y únete a nosotros.

―No…―dijo Chat con un hilo de voz, sintiendo cómo algo le oprimía el pecho.

Lady Fatale se deshizo de su agarre y alzó el rostro para enfrentarle. Chat se quedó sin palabras al ver que sus ojos, sus preciosos ojos azules, esos que le habían buscado durante años, que le habían sonreído, que le habían dado miles de oportunidades hasta que él fue capaz de valorarlos como se merecían… Esos ojos ya no eran los de su adorada Marinette. Ahora, sus irises se habían convertido en dos coronas rosáceas y, por la sonrisa que le dirigió, no iba a ser delicada con él.

―Sí, Mayura―respondió ella con la determinación reflejada en cada una de sus palabras.