Chat no vio venir el primer golpe y recibió sin resistencia la patada en la boca del estómago. Boqueando como un pez, se dobló sobre sí mismo, lo que le proporcionó tiempo mientras esquivaba el segundo ataque de Lady Fatale. Seguía sin asumir que aquella era Marinette, su Ladybug. Los demás no podían ayudarle, estaban demasiado ocupados con sus propias luchas, ahora que los akumatizados más cercanos comenzaban a moverse como las personas que eran y trataban de acabar con ellos.

Chat estaba solo.

My Lady―la llamó, sin querer golpearla ni contraatacar, limitándose a defenderse y a esquivarla―, escúchame. Esta no eres tú, ¿entiendes? Tú no eres así. Eres una buena persona, la mejor que he conocido en mi vida. Tú…

―Cállate―rugió Lady Fatale, corriendo hacia él mientras hacía girar su yo-yo negro de forma amenazante.

―¡Te quiero! ―exclamó Chat, saltando sobre su vara para que no le tocara el yo-yo y obligándola a ir hacia el otro extremo de la pasarela, alejándola de la acción― Estoy contigo, bichito. No estás sola, te lo prometo. No tienes que tener miedo.

Lady Fatale apretó los dientes. Las palabras de Chat se habían colado en su interior y luchaban una intensa batalla contra el poder de Mayura y Hawk Moth. Chat se dio cuenta del leve cambio en su rabia y se aprovechó de él. Siguió diciéndole lo mucho que la quería, lo increíble que era, mientras rezaba en silencio para tener el tiempo suficiente de liberarla.

Ella no le escuchaba. Cegada por el miedo y la rabia, siguió atacando a Chat Noir, aunque él era demasiado rápido como para que sus golpes llegaran a rozarle. Solo lo consiguió en un par de ocasiones y todo fue porque vigilaba por el rabillo del ojo a sus amigos. Cuantas más veces fallaba, más furiosa se sentía y más perdía la noción de la realidad, hasta que llegó un punto en que perdió de vista a Chat Noir durante unos segundos, el tiempo suficiente para que él la acorralase desde atrás y la obligará a girar sobre sus pies, dándole la espalda a la pared del extremo opuesto de la pasarela. Chat bloqueó el movimiento de su muñeca derecha, impidiéndole el uso de su yo-yo. Con la otra mano, atrapó la muñeca izquierda y le levantó la mano por encima de la cabeza. La posición era un tanto extraña, pero a él le servía. Lady Fatale solo tenía las piernas para defenderse. Sin embargo, Chat pegó sus caderas a ella y enrolló sus piernas con la de Lady Fatale.

Ambos respiraban con dificultad, agotados por la lucha. Chat se inclinó hacia ella, clavando sus pupilas rasgadas en ella.

―¿Podemos dejar de jugar ya al gato y al ratón, my lady?―murmuró, su aliento acariciando la piel del rostro de ella.

Lady Fatale le atravesó con una mirada oscura, pero no dijo nada.

―Esta no eres tú―añadió Chat con suavidad, sabía que andaba sobre una cuerda demasiado tensa que, en cualquier momento, podía romperse―. Háblame, ¿qué te ocurre?

Lady Fatale esbozó una media sonrisa siniestra.

―Estás tan concentrado en mí que te has olvidado de tus amigos, Chat Noir.

―Pueden cuidarse solos―replicó Chat, sonando todo lo tranquilo que no se sentía―. Mi Marinette sigue debajo de esta mutación en la que te has convertido.

―Tu Marinette ya no existe, Chat Noir. Soy Lady…

―Pruébalo―la interrumpió Chat, rozando su nariz con la de ella, ladeando la cabeza, analizándola, tratando de mirarla como sabía que la ponía nerviosa.

―¿No te sirve verme vestida así?

―No―sonrió Chat, cubriendo la distancia que les separaba y dándole un suave beso en la comisura de la boca; el efecto fue instantáneo, Lady Fatale se tensó y dejó de sonreír―. ¿Lo ves? Sigues siendo mi novia, aunque más oscura.

Lady Fatale apretó los dientes y entornó los ojos. Un agudo dolor se había instalado en sus sienes y la torturaba como si alguien estuviera clavándole mil agujas. Chat se percató de su gesto y trató de mantenerse sereno.

―¿Qué pasa? ―musitó.

―Duele…―admitió Lady Fatal, echando la cabeza hacia atrás, dándose golpes contra la pared.

―Para, cariño, te harás daño―susurró Chat, escondiendo el rostro en su cuello―. Escúchame, puedo hacer que desaparezca ese dolor, pero necesito que me ayudes.

Lady Fatale no pudo responder. Lo único que salió de su boca fue un quejido ahogado.

―No… ―farfulló entre dientes.

Chat notó algo húmedo sobre su mejilla. Se separó lo suficiente de Marinette para ver que estaba llorando. Su rostro, contraído en una mueca de dolor, le rompió el alma a Chat.

―Vuelve conmigo―murmuró, soltándole las manos y sujetándole el rostro con firmeza―. Te necesito. No puedo hacer esto solo.

―Chat…

―Sí, cariño, estoy aquí. Estoy contigo. No te dejaré, te lo prometo.

Lady Fatale no lo soportó más. Un desgarrador grito surgió desde su garganta al tiempo que la sombra bicolor de su rostro empezaba a tornarse cada vez más clara. Ella se llevó las manos al pelo y comenzó a tirar de él. Chat actuó con rapidez y puso sus dedos bajo sus manos, impidiéndole que siguiera destrozándose el cabello con los tirones. Marinette… Ladybug… Lady Fatale se aferró a él y la resistencia de Chat Noir fue lo único que impidió que cayera de bruces sobre el suelo. Las rodillas le fallaron, su cuerpo cayó sobre el de él, que la sujetó mientras ella seguía gritando, cada vez más débil.

Y, de repente, todo paró. La voz de Marinette se extinguió, dejó de luchar contra sí misma y sus extremidades colgaron, laxas, sobre Chat Noir, que había aguantado estoicamente, al borde del llanto, cómo Marinette se deshacía de la doble akumatización.

―Marinette―murmuró, arrodillándose con ella encima. Se colocó de manera que su cuerpo acunara el de Marinette, con el rostro de ella escondido en su pecho, sus brazos sobre el estómago y las piernas colgando, sin fuerza.

En cuanto pronunció su nombre, el color del traje comenzó a cambiar. El negro dio paso al rojo brillante y el borgoña acabó arrasado por la oscuridad de los puntos. Sin embargo, Marinette no abrió los ojos y Chat comenzó a preocuparse. Se sentó en el suelo, con sus brazos rodeando el cuerpo de Marinette e, inconscientemente, empezó a mecerse adelante y atrás.

―Marinette―volvió a llamarla, presa del pánico―. Vamos, mírame…

―¡CHAT! ―gritó alguien en medio del caos.

Él apartó los ojos de Ladybug un segundo y vio a Rena Rouge luchando contra Mayura directamente. Los demás akumatizados habían ido cayendo uno por uno y solo quedaban unos cinco que continuaban dando guerra. El resto de víctimas había quedado encogido sobre el suelo, rumiando cualquier cosa, mientras el hechizo de Mayura y de Hawk Moth se desvanecía poco a poco. Chat no supo bien qué fue lo que menos le gustó, si aquello o que una nube de mariposas oscuras planeara sobre ellos, al acecho, preparada para introducirse de nuevo en las personas.

Chat volvió su atención a Ladybug, le tomó el pulso y supo que estaba bien. Un torrente de alivio le recorrió de arriba abajo. De alguna manera, su cerebro supo lo que debía hacer.

Con cuidado, apoyó la espalda de Ladybug en la pared, de manera que estuviera lo más cómoda posible cuando despertara. Estaba claro que ella no iba a poder luchar a su lado hasta nueva orden, de modo que hizo lo único que se le ocurrió en esos instantes. Respiró hondo y clavó la vista en la lucha.

―Plagg, garras dentro.

Su transformación fue más rápida de lo normal. Plagg salió despedido de su anillo, incrédulo, anonadado.

―Pero, ¿¡qué haces, idiota!?

―Lo que ella haría―respondió Adrien, cortante, mientras se agachaba y le quitaba los pendientes a Ladybug con cuidado.

Plagg fue a protestar. Ladybug desapareció ante los ojos de Adrien para dar paso a Marinette. Tikki apareció junto a Plagg, que se apresuró a cogerla para evitar que cayera al suelo.

―¿Estás bien, azucarillo? ―preguntó el kwami negro, muerto de preocupación.

Tikki pudo girar la cabeza y sonreírle levemente.

―Estoy mejor que Marinette―a continuación, fijó sus enormes ojos en Adrien, que estaba recolocándole la ropa a Marinette―. No puedo ayudarte si no me recupero antes…

―Lo sé―asintió Adrien, hurgando en los bolsillos de Marinette hasta dar con unas galletas rellenas de chocolate―. Come tranquila, ¿de acuerdo?

Plagg frunció el ceño.

―No es que nos sobre el tiempo, ¿sabes?

Adrien le fulminó con la mirada.

―Eres de lo más comprensivo, Plagg.

Tikki rio por lo bajo.

―Plagg tiene razón―asintió la kwami roja, tragándose de un solo bocado la primera galleta―. No tenemos tiempo que perder.

Adrien esperó pacientemente a que Tikki se acabara la comida, lo cual solo le llevó unos segundos. Antes de que pudiera darse cuenta, ya tenía los pendientes de Marinette enganchados a su ropa, como si fueran un pin o un broche. Adrien intercambió una larga mirada con Plagg, al tiempo que le ponía el anillo a Marinette. Utilizar los dos prodigios al mismo tiempo, o incluso usar uno mientras tenía el otro puesto, supondría un gran peligro para todos. Adrien era consciente de ello, sabía que esa sería la solución a todos los problemas, pero… ¿a qué precio? No, Adrien no pensaba correr ese riesgo.

―No te separes de mí, ¿queda claro? Necesitaré el cataclysm cuando llegue el momento.

―Sabes que eso puede suponer que destruya la mansión completa, ¿no? ―replicó Plagg, con los ojos brillantes, deseando entrar en acción.

―Pues hazlo―sonrió Adrien, sabiendo lo que suponían sus palabras.

Tras echarle un último vistazo a Marinette, Adrien respiró hondo y apretó las manos en puños.

―Tikki, puntos fuera.

… … … …

Rena Rouge lo había visto todo. En medio de la vorágine de patadas, puñetazos, ataques mágicos y defensas aún más mágicas, Alya había sido capaz de prestarles atención a sus amigos. Lo que jamás había llegado a imaginar era hasta qué punto eran amigos… Dadas las circunstancias, no podía enfadarse con Marinette por no haberle dicho nada y tampoco con Adrien, por supuesto. En esos instantes, lo único que le preocupaba era que su mejor amiga estuviera bien.

Cuando vio a Ladybug desaparecer bajo la apariencia de Lady Fatale, Rena creyó que no tendrían ninguna posibilidad. Aun así, Chat Noir no se había rendido ni había dado orden de que se replegasen; porque, siendo francos, Chat y Ladybug lideraban al Equipo Miraculous. De modo que se había mantenido al margen, pero alerta, por si alguno de ellos necesitaba su ayuda. Sin embargo, Chat no los había llamado y había conseguido traer de vuelta a Marinette, aunque no tenía ni idea de cómo se encontraba ella.

Por eso tampoco le sorprendió atisbar por el rabillo del ojo a Adrien transformándose con el prodigio de Marinette. Le resultó extraño verle con el pelo igual de despeinado que cuando llevaba el traje de Chat Noir, pero con el traje masculino de Ladybug y dos largas cintas rojas bamboleándose a su espalda desde el cuello. Rena continuó defendiéndose mientras seguía discretamente los silenciosos movimientos de… ¿Chat? ¿Monsieur Bug? Ya no tenía ni idea de cómo dirigirse a él mentalmente.

―¿Todavía seguís aquí? ―dijo entonces Mayura, lanzando su afilado abanico de plumas hacia ella y Carapace para obligarles a retroceder.

Rena y Carpace intercambiaron una mirada. Por su parte, Queen Bee y Viperion habían conseguido paralizar a Hawk Moth, con el problema de que a Queen Bee solo le quedaban cinco minutos antes de transformarse en Chloe. Viperion se inclinó sobre Hawk Moth y le arrebató el prodigio del pecho. Un resplandor morado cubrió al villano para dejarles ver a los demás el rostro de Gabriel Agreste contraído en una mueca de odio y rabia. Mayura maldijo por lo bajo al darse cuenta de que se había quedado sola.

―Ríndete, Mayura―exigió Rena Rouge, aplastando un último objeto akumatizado y liberando a la última de las víctimas que habían usado contra ellos―. No estás en disposición de negociar esto.

Mayura dibujó una sonrisa y entornó los inquietantes ojos rosados. Rena no desvió la mirada de ella, pero se percató de que Adrien se acercaba hacia ellos desde el techo. De alguna manera, había ido moviéndose de viga en viga hasta situarse sobre sus cabezas. Rena contuvo las ganas de mirar hacia arriba, no debía descubrir la posición de Adrien.

―Esto que habéis hecho―Mayura señaló a los akumatizados, agazapados en el suelo, encogidos sobre sí mismos―, no sirve de nada―el pitido de la peina de Queen Bee rompió su discurso―. ¿Lo escuchas? Dentro de unos minutos, solo quedaréis tres. ¡Vuestra Ladybug ya no está! Y Chat Noir ha decidido largarse antes que perder esta batalla.

Rena apretó los dientes. Estuvo a punto de responderle, pero Viperion le puso una mano en el brazo y se lo impidió. Carpace aprovechó y tiró de ella para pegarla a su cuerpo; si tenía que utilizar su poder especial para protegerla, lo haría.

―Creo que no entiendes bien la situación, Mayura―habló Viperion, que aferraba con fuerza el Prodigio de la Mariposa―. Has perdido. Tu socio ya no tiene poderes y somos más que tú. Ríndete y acabemos con esto de una vez.

―No―gruñó Mayura, borrando la sonrisa―. No podéis parar lo inevitable, estúpidos. Émilie regresará… ¡aunque vosotros tengáis que morir!

Rena nunca llegó a comprender cómo lo supo, pero fue entonces cuando alzó la cara al techo y gritó:

―¡AHORA!

Todo ocurrió demasiado deprisa como para que nadie pudiera asimilarlo. Adrien se lanzó en picado contra Mayura, aterrizó sin problemas junto a ella y tiró del broche del Pavo Real que llevaba prendido en el pecho cuando se giró hacia él. Mayura ahogó un grito de sorpresa y trató de arañarle el rostro con las uñas, pero en vano. El poder del prodigio la abandonó con tanta rapidez que se le aflojaron las piernas y cayó de rodillas al suelo.

―¡Plagg, YA! ―exclamó Adrien con el aire que le quedaba en los pulmones.

Una ráfaga de aire gélido les dio a todos de lleno cuando el kwami de la destrucción utilizó su Cataclysm sobre el trozo de suelo donde se encontraban.

―¡SALTAD! ―ordenó Adrien, apartándose del cuerpo de la dueña de Mayura, que no era otro que el de Nathalie y cogiendo el de su padre para, a continuación, unirse al resto del grupo junto al cuerpo relajado de su madre.

Parte de la pasarela se hundió con un estruendo y el pedazo de plataforma donde se encontraba Nathalie corrió la misma suerte, no así el lugar donde se encontraban las víctimas. La estructura de metal cayó sobre el impoluto jardín y su iluminación, que se apagó con un chispazo que hizo temer a Adrien que aquello acabara incendiándose. En cuanto el silencio se apoderó de nuevo del escondite de Hawk Moth, el último pitido de Queen Bee lo rompió y un resplandor dorado los cegó a todos, antes de que Chloé se presentara ante ellos.

―Por favor―protestó ella, quitándose el polvo de la ropa y el pelo―, ¿eso era necesario?

―Lo era―replicó Adrien con el ceño fruncido y los ojos fijos en su padre, que comenzaba a recuperar la movilidad tras desaparecer los poderes de Queen Bee―. Viperion―dijo entonces, dirigiéndose hacia su compañero―, ocúpate del Prodigio del Pavo Real mientras yo arreglo todo esto.

Viperion asintió, sombrío, mientras miraba los ojos verdes de Adrien con cierta sospecha.

―¿Eres Chat Noir?

Adrien sonrió levemente.

―Normalmente, sí.

―Nos debes una explicación―intervino Rena, separándose de Carapace y dándole un par de golpecitos con el dedo en el pecho―, Adrien.

Chloé ahogó un chillido, Viperion alzó las cejas, como si realmente se esperara esa respuesta. Y Carapace… Bueno, se quedó mudo.

―Os la daré―respondió Adrien, guiñándole un ojo a Rena―, pero ahora…

Adrien alzó el yo-yo y comenzó a girarlo, atrapando todas y cada una de las mariposas oscuras que aún pululaban por allí y volvían a acercarse peligrosamente a las víctimas. En apenas unos segundos, las mariposas volvieron a tener su habitual aspecto blanco tras la purificación.

―Dime que has tenido que utilizar en algún momento un Lucky Charm―suspiró Rena cuando Adrien relajó la postura y se dispuso a regresar junto a Marinette.

―No, lo siento―se disculpó Adrien con un encogimiento de hombros―. Chicos, ¿me ayudáis a llevar a los demás al otro lado?

Carapace sacudió la cabeza, saliendo por fin de su asombro.

―¡Tío! Tú…

―Las disculpas para luego, Carapace, por favor―intervino Viperion, que empezó a atar cabos en silencio―. Regresa con ella, nosotros nos ocupamos de todo.

Adrien le dirigió una mirada llena de agradecimiento. Por mucho que Luka se hubiera interesado en Marinette desde el principio, nunca había hecho un solo movimiento que le perjudicara. Al contrario, había ayudado a Marinette a aclararse y le había dado carta blanca para que escogiera entre los dos. De alguna manera, Adrien sentía que tenía algo pendiente con Luka.

―Bien, gracias―murmuró y, sin más preámbulos, lanzó el yo-yo a las vigas del techo y se lanzó hacia el vacío.