Capítulo 4: El culto.
-Ram: Hey, estas bien?
La mano de la sirvienta peli rosada pasaba frente a los ojos de Adrian con el fin de hacerlo volver en sí. Este rápidamente callo en cuenta de lo que acababa de ocurrir y reacciono a su llamado.
-Adrian: Eh, si, solo un poco cansado por el viaje. Nada del otro mundo.
-Ram: Pues es una pena que estés cansado. Ven ayúdame con las cosas de la señorita Emilia, yo llevare lo de Roswaal.
Saliendo del carruaje, el chico saco de entre sus cosas el antiquísimo libro azul. Moviendo su gruesa tapa, aquel desgastado instrumento mostró lo que escondía su primera página. Ahora la puerta y las palabras sutilmente dibujadas se habían demarcado mucho más, mostrando en el interior de aquel portal a la muerte unos ojos profundos dibujados con tinta azul. Un escalofrío recorrió la espalda del muchacho. No hay manera de que vuelva a entrar a ese oscuro sitio. Por otro lado, aquel libro llamo su atención de sobremanera, por lo que lo guardo dentro de su saco para investigarlo mejor luego de ayudar a Ram con las valijas.
"Todo lo que rodeaba a esa entrada bajo la escalera me olía extremadamente mal. Quiero creer que el señor Roswaal nunca supo de la existencia de ese pasadizo, me pregunto que hubiese pasado si alguien que no fuese yo lo encontraba antes."
El piso crujió tras el dejar del equipaje de Emilia sobre este. Esta vez, de manera disimulada, Adrian poso su oreja en la puerta. Un débil sollozo resonaba a lo largo de toda la habitación. Puck acariciaba lentamente el cabello de la chica mientras esta apoyaba su cabeza sobre su montón de libros, ahora mojados por las lágrimas. Lágrimas de ira y odio hacia sí misma por no haber actuado de manera más comprensiva hacia Subaru.
-Puck: Esta bien Lia…lo de entonces no fue tu culpa y esto tampoco lo es…
-Emilia: Tal vez aun no sea tarde, tal vez si lo hablo con Crusch pueda traerlo de nuevo antes de tiempo.
-Puck: Si haces eso solo te perjudicaras. El estará bien, lo único que tiene que hacer es sanar su puerta y volver junto con Rem.
-Emilia: Lo se…pero sigo teniendo la sensación de que hice algo horrible.
-Puck: Hiciste lo correcto, el reacciono de mala manera y ahora tiene tiempo para pensar lo que hizo.
Secándose las lágrimas, Emilia levanto su cabeza sobre el mar de hojas y tinta que era su escritorio. Puck se posó en su mano, manteniendo una mirada directa a los ojos de su compañera.
-Puck: Lia…aun recuerdas su nombre?
La chica desvió su mirada hacia la ventana, admirando el extenso bosque que rodeaba la mansión. Con una voz tan seria que llego a sorprender al ancestral gato sobre su palma.
-Emilia: Siff…el caballero lobo.
Al escuchar ese nombre, Adrian saco el libro y rápidamente busco en su interior. La única frase que citaba en su primera página había extendido su contenido.
"Busca a quien camino sobre las sombras del Abismo. Quien cortejo a la muerte y cayó bajo el canto de su misticismo. Siff, el caballero lobo."
El plan de ese libro no le gustaba para nada al confundido muchacho. Si sus hipótesis eran correctas, entonces ese animal bajo las escaleras no era otro que quien mencionaron Emilia y el libro. Eso quiere decir que Emilia era totalmente consiente de la existencia de dicha criatura. Pero porque dejar algo tan peligroso en un lugar que cualquiera hubiese podido encontrar antes?
"Preferí dejar a la chica sola por el resto del día. Supuse que tendría mucho en que pensar y pasar ese tiempo a solas le sería mejor que un idiota recordando su pasado. Si me lo preguntan, en mi caso sería así."
La noche cayó, Adrian paso lo que quedaba del día haciendo los ejercicios proporcionados por Ram. Cansado, tomo su camino a través de la puerta principal. Un pútrido olor a quemado lleno las fosas nasales del chico al pasar bajo el marco de la puerta. Rápidamente levanto su camisa, tapando nariz y boca para disminuir la peste.
-Ram: Hora se cenar!
La voz de Ram resonó a lo largo de la mansión como un eco profundo a través de las paredes. Levantando sus hombros, el chico tomo camino hacia el comedor, donde la peste se hacía cada vez más potente. Lentamente asomo su cabeza por el comedor, revelando una mesa con dos platos y comida en un estado de dudosa comestibilidad.
-Adrian: Ehhh, creo que falta un plato para la señorita Emilia.
-Ram: La llame un par de veces, pero Puck me dijo que se salteara la comida.
-Adrian: Entonces seremos solo tú y yo?
-Ram: Eso parece…de igual forma no estás obligado a comer si no quieres.
Mas por amabilidad que cualquier otra cosa, el chico se sentó en la mesa y acompaño a la sirvienta con su comida. El sabor de esta era, en pocas palabras, nauseabundo. De alguna manera la carne estaba quemada por fuera y cruda por dentro. Adrian intentaba no hacer ningún tipo de mueca a la par que los alimentos entraban por su boca y bajaban por su garganta.
-Ram: Generalmente mi hermana me ayuda con la comida. No tienes por qué actuar, sé que esta horrible.
-Adrian: Ah, está bien, yo tampoco tengo idea de cocina. Hey tampoco esta tan mal, digo, al menos no te equivocaste y le echaste veneno para ratas.
La mirada de Ram se clavó en el muchacho sin ningún tipo de expresión. Solo estaba ahí sentada, mirándolo con sus fríos ojos con tintes rojos y rosa.
-Adrian: Eh…dije algo malo?
-Ram: No.
Su voz reflejaba una falta total de emoción. Era como estar sentado frente a un robot. Cualquier pregunta que hiciese el chico tenía como resultado una respuesta vacía y cortante, por lo que simplemente se concentró en terminar de comer e ir hacia su habitación.
-.-
El día siguiente fue muy calmado. Una paz embriagadora que llenaba el ambiente con tranquilidad y felicidad. Los niños del pueblo recibieron a Adrian cuando fue a comprar lo encargado por Ram. Al parecer Subaru les había contado sobre él, lo cual dio una muy buena impresión a todos los presentes. Una niña en concreto, "Petra", le entrego al chico una manzana y le dio como encargo el venir a visitarlos cuando volviera Subaru. El muchacho no era muy dado a la sociabilidad, pero la sonrisa de la niña era algo a lo cual no se podía negar. Además de esto, decidió dejar de lado un poco su entrenamiento para ayudar a Ram con la cocina. A pesar de que ninguno de los dos era muy bueno, al menos así tendría tiempo para caerle mejor. En la noche Emilia salió de su habitación para comer con ellos, aparentemente sintiéndose mejor.
-Emilia: Eh, no huele un poco raro?
-Adrian: Es el olor del esfuerzo. (Dijo orgulloso)
Con una sonrisa nerviosa, Emilia puso los alimentos en su boca y evitando toda mueca extraña que pudiese resaltar en su expresión, mastico y trago. La textura gomosa y el extraño sabor hicieron de la tarea un suplicio. Rápidamente la chica tomo el vaso de agua y se dispuso a bajar el horrible sabor con su contenido.
-Ram: Señorita Emilia, cuando vuelven Rem y Balse?
-Emilia: Deben regresar solo cuando la puerta de prana de Subaru este curada por completo...supongamos una semana.
-Ram: "suspirando" supongo que tendremos que acostumbrarnos a esto hasta que vuelvan…tal vez debería volver a llamar a Frederica.
-Adrian: Frederica?
-Emilia: Ella era otra sirvienta que trabajaba aquí antes que tú y Subaru llegasen. Ella tuvo que marcharse por…asuntos personales.
-Adrian: No hay necesidad, yo puedo aprender a cocinar, solo necesito un poco de tiempo, unos libros y…
-Ram: ADRIAN!
El grito del demonio hizo callar al chico a la par que paraba los pelos de su espalda.
-Ram: CREES QUE NECESITAMOS TU AYUDA? ESTABAMOS MUCHO MEJOR ANTES DE QUE LLEGARAS, SOLO VINISTE PARA EMPEORARLO TODO!
-Emilia: RAM!
Los insultos de Ram iban acompañados de una rabia que había estado guardada en su pecho desde el primer día que el chico estuvo en esa casa. Su sola existencia en ese lugar irritaba mucho a la sirvienta de pelo rosado, que con cada palabra elevaba el volumen de su voz. Emilia intentaba calmarla, pero nada parecía hacer efecto en ella. Todo ese odio y frustración finalmente habían explotado. Las lágrimas comenzaron a correr por su rostro y la demonio peli rosada salió corriendo escaleras arriba hacia su habitación, como un niño al que sus padres habían castigado. Luego de eso el silencio lleno el ambiente.
-Emilia: Ram…
-Adrian: Porque…reacciono de esa manera? Porque me tiene ese odio tan irracional? Yo solo quiero caerle bien. Pero ella parece que solo tiene odio para mí.
-Emilia: (sentándose) Adrian…siéntate.
La voz de la elfo sonó seria y demandante a la vez que miraba al chico con toda falta de expresión en su mirada.
-Emilia: Supongo que sabrás que ella pertenece al clan de los demonios. Ella, junto con su hermana, son las últimas de su linaje. Su pueblo fue atacado por el culto de la brujo cuando eran niñas y fueron erradicados por completo. Luego el señor Roswaal las encontró y les dio su hogar.
-Adrian: Pero eso que tiene que…
-Emilia: Cállate y escucha.
Fue una simple sugerencia, pero lo dijo de tal manera que parecía más "Cállate o veras".
-Emilia: Cuando llegaste a este lugar hiciste entrar en razón a Rem golpeando su cuerno con tu escudo. El cuerno para un demonio es más que solo una transformación para volverse más fuerte…es mucho más que solo eso. Soy ignorante de los límites que posee…pero cuando el culto ataco al pueblo de las chicas…cortaron el cuerno de Ram. Desde entonces ella depende de su hermana para todo…es como si hubiese perdido su…
-Adrian: Su fuerza para vivir?
-Emilia: Algo así…por eso, al ver a alguien como tu esforzarse y superar lo que ella es capaz de hacer ella siente miedo de que a reemplacen. Siente miedo de perder su forma de vida, es por eso que te odia. No lo hace por tu forma de ser, ni porque la hayas molestado. Su mente lo hace instintivamente. Es como…como si…
-Adrian: Como si yo quisiera robarle su hogar…
"En ese momento lo asimile…al querer ayudarla, solo empeore lo que ella sentía y pensaba hacia mi…sé que no era mi culpa, pero no pude evitar sentirme terrible en ese entonces…entonces tome una decisión."
La silenciosa noche cubría con su manto al chico mientras entraba lentamente a la habitación de Roswaal. El escudo y espada del caballero de Astora, ese que lo recibió en aquel extraño y mágico mundo, descansaban a un lado del escritorio. Fríos al tacto, pero menos pesados de lo que Adrian recordaba. Calzándose ambas armas en su espalda, el muchacho dio media vuelta y busco la salida.
-¿?: Entonces nos abandonas?
Una figura pálida con pelo plateado lo esperaba parado en el marco de la puerta, salida de aquella habitación.
-Adrian: Mis disculpas señorita Emilia. Es solo que no quiero ser una carga. Además, ustedes nunca me necesitaron.
-Emilia: …entiendo…en ese caso toma esto.
La chica hizo entrega de un pesado saco que en su interior contenía algunas monedas de plata.
-Emilia: Te servirán para sobrevivir unos días.
"Tal vez estuviese exagerando…no había una razón realmente importante para irme, pero ya no quería quedarme sabiendo que hacía daño alguien más. Y eme aquí, nuevamente solo y perdido en un mundo hostil, crudo y desconocido."
En la distancia, el muchacho observo por última vez la mansión mientras caminaba lenta pero constantemente hacia su destino desconocido.
-.-
La luz del medio día golpeaba fuertemente sobre la cabeza del muchacho. El escudo en su espalda se tornaba más caliente a la vez que caminaba por el extenso camino de tierra. Sus labios, secos como pasa de uva gritaban por una gota de agua. Para su fortuna, en el horizonte pudo ver, débilmente un pueblo. Un pequeño asentamiento muy al estilo de la edad media.
"Intente pedir instrucciones a varias personas del poblado, pero la mayoría simplemente me ignoro. Al final fui a parar a un bar que estaba muy cerca de la plaza central. Era un sitio muy parecido a los que podías ver en películas del viejo oeste. Me senté en el bar y pedí lo que sea."
En una de las mesas cercanas, un grupo de individuos un tanto peculiares observaban al muchacho. Lentamente fueron acercándose a este mientras el bebía un vaso lleno de un extravagante licor.
-¿?: Adrian Merecy, hijo de Satella y caballero del duque Roswaal. Me equivoco?
Sorprendido por semejante declaración, el chico miro al sujeto sentado junto a él. Un hombre delgado, aparentemente de su edad y con cabello oscuro lo miraba sonriente.
-¿?: Por tu expresión deduzco que eres tú.
-¿?: Lo ves Dennis? Te dije que estaría aquí.
A su espalda, una chica cajita, con pelo alborotado color rubio oscuro y expresión de orgullo.
-Dennis: Permítenos presentarnos. Yo soy Dennis Vondur, y mi amiga aquí presente es la señorita Alice Scarlet. Seguramente no nos recuerdas, pero nos hemos presentado antes.
-Alice: Al igual que tú, somos hijos de Satella.
-Adrian: Si, es de suponerse. Adivino, también buscan a la bruja?
-Dennis: A…la bruja?
Ambos se miraron entre si confundidos. Rápidamente la chica contesto.
-Alice: Que te dijeron?
-Adrian: Cuando aparecí aquí estuve en una prisión con un sujeto en armadura de hierro.
-Dennis: El asilo de los condenados, si, ahí es donde todos aparecimos por primera vez.
-Adrian: El sujeto me dijo que si quería regresar a mi mundo necesitaba encontrar a la bruja de los celos, Satella.
-Dennis: Amigo, llevamos meses en este mundo, sin contar las veces que…bueno, "volvimos atrás" ya sabes.
-Alice: Es realmente una molestia no poder decirlo.
-Dennis: Satella murió hace mucho. El que sea que te dijo eso, no tenía idea de lo que decía.
-Adrian: Y que si todos se equivocan? Tal vez ella siga con vida, solo que escondida en algún lugar. Es un mundo donde la magia existe y los animales hablan y caminan como los humanos, porque es tan raro pensar que ella podría seguir con vida?
-Alice: Porque han pasado 300 años desde que se vio por última vez.
-Adrian: Eso no responde mi pregunta.
Alice estaba a punto de contradecir al chico, pero su amigo la detuvo poniendo su mano en su hombro. Seguido a esto, aquel sujeto dio una propuesta muy interesante a Adrian.
-Dennis: Escucha…no sabemos si la bruja de los celos sigue con vida, pero si tenemos una forma de regresar a casa que la incumbe. Veras, cuando Satella se fue dejo atrás un el instrumento que nos trajo aquí.
-Alice: En distintas civilizaciones antiguas de nuestra historia hablan de él como un artefacto con la capacidad de viajar a través de diferentes mundos.
-Dennis: En la mitología escandinava se lo conoce como "el Bifröst".
-Adrian: Espera…antes de ir incluso más lejos con esto, dime como es que sabes todo esto?
-Dennis: Me alegra que preguntes.
De entre sus ropas, ambos individuos sacaron libros idénticos a los que el chico poseía. Una tapa azulada y extremadamente desgastado. Mas su interior no era el mismo. Este poseía escritos que no tenían el mínimo sentido para Adrian.
-Dennis: Estos instrumentos son algo muy diferente a lo que aparentan. Satella los creo como medio para guiar a sus hijos a través de escritos donde relata sus conocimientos del mundo. Para nosotros, son nuestra mayor arma en estos momentos. Pero no es tan simple…cada página trae no solo conocimiento, sino también una gran pena y dolor para quien descubra su contenido.
-Alice: Solo hemos encontrado uno con sus páginas completas…o bueno, casi.
-Dennis: En su página final, pudimos ver una parte del cuerpo de Satella, junto con un inscrito.
"En las hojas del olvido, los niños bailan. Sus libros los llevaron a su destino, sus…"
-Dennis: Las palabras se cortaron ahí.
"Las revelaciones que se me eran impuestas me parecían extremadamente difíciles de creer. Me ofrecieron viajar con ellos, conocer el mundo y ayudar a otros como nosotros. La oferta era muy tentadora, pero como estar seguro de que sus intenciones son benignas?"
-Dennis: Escucha, estaremos en el pueblo hasta mañana por la tarde, puedes pensarlo hasta entonces. Puedes quedarte en la estancia que hay a unas cuadras de aquí, el sujeto que renta es muy amable en verdad.
No hubo más acontecimientos en lo que restaba del día, por lo que el chico simplemente rentó una habitación en aquella estancia. El cansancio lo llevo a quedar completamente inmóvil sobre aquella cama, mas no tenía intenciones de dormir. Había mucho en que pensar como para perder el tiempo durmiendo. Saco el libro de entre sus cosas y hurgó entre sus páginas. Nuevamente comenzó a dibujarse lentamente unas siluetas alrededor del reverso de la primera página. Líneas de un color oscuro comenzaron a extenderse en forma vertical y horizontal, formando un cuadrado en medio de la hoja. Unos detalles simples revelaron que se trataba de una ventana. En el centro de esta, algo peculiar comenzó a aparecer, una figura ovalada que terminaba de forma puntiaguda en su extremo superior, con un extraño ojo y dos puntos en cada extremo. Lo más extraño de todo fue el hecho de que aquel ojo fue el único dibujo con color, un rojo claro, casi desgastado diría yo.
"Estuve un buen rato esperando que aquel libro dibujase algo mas o escribiera alguna frase para tener una idea más clara de que quería decir, pero eso nunca ocurrió. Solo estaba ese dibujo ahí, estático, sin un aparente significado más que el de darme una terriblemente mala espina."
El crujir de unas maderas se escuchó a las afueras. El sonido de unas ruedas de madera comenzando a moverse invadieron los oídos de Adrian mientras este lentamente se levantaba y abría disimuladamente la ventana de su cuarto. Un carruaje de madera se alejaba a toda velocidad de aquella vieja estancia. Su conductor, a simple vista el chico no pudo distinguir bien quien era, pero hubo un detalle que llamo su atención. El color del cabello de aquella persona era azul cielo.
"En ese momento pensé…No puede ser Rem…ella debería estar con Subaru y dudo mucho que viajen por la noche…y eso es otra cosa, donde esta Subaru? De cualquier forma, poco habia que yo pudiese hacer. Seguramente sería mi imaginación…Seguramente estaba comenzando a ver cosas debido al cansancio, por lo que deje mis cosas en la mesa de noche y me dispuse a dormir. Si tan solo supiese el problema en el que estaba metido…"
-.-
Un fuerte golpeteo despertó a Adrian de su profundo sueño. Un rabioso chico corrió rápidamente a través del pasillo. Subaru, tomo rápidamente por el cuello de su camisa al dueño de la asiendo.
-Subaru: DONDE ESTA LA CHICA DE PELO AZUL QUE VINO CONMIGO?
-Señor mayor: Eh…ella.
-Subaru: (presionando) NO TE ESCUCHO!
-Adrian: Subaru? Que haces aquí?
-Subaru: Que…Adrian?
El reencuentro de ambos jóvenes no fue tan agradable como hubiesen esperado. El pobre hombre cuya camisa era sostenida por Subaru aprovecho su distracción para aclararle.
-Subaru: Ella se fue durante la noche…de-dejo esta nota para usted.
Rápidamente arrebato el pedazo de papel de la mano del anciano. Adrian se acercó rápidamente al chico cuya mirada se tornaba cada vez más oscura a la vez que leía el contenido de la carta. Golpeo fuertemente la mesa con su mano y salió corriendo al exterior de la asiendo mientras maldecía a los cuatro vientos.
-Adrian: Subaru! Espera! (siguiéndolo)
El muchacho corrió hasta donde un grupo de mercaderes se encontraban. Intento de todas formas posibles que lo llevasen hasta la mansión, pero ninguno de ellos acepto. Un chico en concreto, Otto, fue quien al ver a Subaru yendo al encuentro de sus amigos aclaro que Rem le había pagado para llevarlo a casa por la mañana. Adrian por su parte, decidió pagarle con el resto de la bolsa de monedas para acompañar a su amigo. Mas Subaru no tenía ningún tipo de intenciones de hablar y su expresión ponía cada vez más nervioso al pobre Otto. El sujeto ignoro completamente la existencia de Adrian, no le importó absolutamente nada.
Llegaron a la entrada del pueblo en menos de una hora. El dragón que tiraba del carruaje se detuvo en seco y Otto expreso la imposibilidad de continuar. Subaru, por su parte se lanzó al camino y corrió en dirección al pequeño poblado.
-Otto: Ese sujeto me da mala espina…
-Adrian: Mejor iré con él.
Cada paso que el chico daba en aquel camino de tierra resonaba como un eco por todo el bosque. Una calma paranormal se cernía en el ambiente. Adrian había perdido de vista a Subaru, pero este de igual manera siguió corriendo hasta llegar al poblado. Nuevamente, una calma total y un silencio abrumador fueron las únicas cosas que lo recibieron. Y entonces fue ahí cuando lo peor llego…un olor nauseabundo llego a él como un camión de basura. Un olor pútrido y…quemado…fue ahí cuando lo vio, una nube de humo saliendo de entre las casas y elevándose al cielo. Trago saliva y rápidamente corrió en aquella dirección mientras la peste se intensificaba. Tuvo que tapar su nariz con su camisa para no vomitar, pero nada lo preparo para lo que encontró allí.
"Mis ojos comenzaron a lagrimear a medida que el humo entraba por estos, mi estómago se revolvía por el pútrido y nauseabundo olor de la carne quemada y mi corazón dio un vuelco al ver aquel espectáculo que solo un demente podría propiciar."
Ante el chico, múltiples pilas de cadáveres, quemados como si de simples animales se tratase, descansaban clavados por una estaca que los mantenía unidos. Niños, ancianos, adultos, ninguno de ellos se salvó, no fue una batalla, no hubo un objetivo que conseguir ni un mensaje que enviar…fue una matanza a desmedida.
Un pensamiento paso por la cabeza del chico "la mansión". Rápidamente corrió en dirección a la inmensa estructura. Cuerpos empalados por las mismas dagas llenaban el camino. Los que antes era marrón y verde, ahora es rojo y negro. Las puertas principales, abiertas de par en par, el chico desenvaino la espada y coloco el escudo en su brazo mientras rápidamente entraba. Pero ya era tarde, nada había que se pudiese hacer…
"No había ningún enemigo restante…ningún ejercito reclamando sus nuevas tierras, ningún héroe luchando para proteger su hogar…fue ahí cuando me quedo todo claro. Al ver a mi amigo, arrodillado a los pies del inerte cuerpo de la sirvienta de pelo azulado. Gritando a los cielos y maldiciendo de ira e impotencia. Fue entonces, dejando caer mi escudo y espada, que me di cuenta…En este mundo no hay héroes…solo supervivientes."
