La verdad es que no me pude resistir y decidí hacerle otro capítulo. Más bien, lo había hecho hace ya varios meses, pero como en general no hay mucho fandom, no me había animado a subirlo.

Pero recientemente un blog en Tumblr me recordó este fic y bueno, aquí está.


Teodora paseó la mirada por la panadería disimuladamente mientras le preparaban su café y luego la dirigió hacia la puerta que daba hacia la cocina, pero ésta permaneció cerrada con saña. Chasqueó la lengua y deseó no haberse levantado tan temprano. Ella no estaba acostumbrada a que a) el plan no le saliera y b) buscar a alguien antes de que éste la buscara a ella. O sea, la verdad, ¿qué le estaba pasando?

— Un frappuchino latte con café de Chiapas y leche deslactosada light para Teodora — dijo la chica que era más puberta que adolecente detrás de la caja registradora, haciendo que Teodora regresara la vista a su interlocutora.

— ¿Eh? — preguntó, luego regresó en sí misma. — Ah, sí. Gracias, — dijo dándole un billete. — Quédate con el cambio.

La niña miró el billete, al que le sobraba prácticamente la mitad y luego a la muchacha que tenía enfrente. Sonrió con picardía al percatarse que había devuelto los ojos a la puerta de la cocina, completamente distraída que incluso había pasado por alto que la había llamado por su nombre sin que ella se lo mencionara antes.

— Leo no está, — dijo entonces con toda la seguridad del mundo en la voz, confiada en que eso era lo que buscaba.

Cuando Teodora le devolvió la mirada con un respingo, se rió. La había cachado en la movida.

— No me diste tu nombre pa' que te lo pusiera en el vaso, pero eres Teodora, ¿apoco no? Yo soy Kika, y soy prima del tilico de Leo, —explicó. — Mi mamá creyó que sería una grandiosísima idea mandarme pa'cá con mi hermano Beto pa' pasar las vacaciones pero pos como al cara de charal de Nando lo castigaron por despistado, pos adivina a quién pusieron a trabajar.

Teodora pareció regresar en sí en ese momento.

— A ver, espera, espera. ¿Cómo conoces mi nombre, dices? — ahora sí le estaba prestando toda su atención.

— Uf, pos es que San Juanito estaba dale y dale con que no quería y no quería ir por la harina que se le olvidó resurtir al Chisguete, y yo sabía que'ra por ti, — dijo con una sonrisa picarona. — Por eso no está, pero si lo esperas no creo que se tarde mucho. Salió hecho la mocha pa' regresarse rápido.

Teodora parpadeó. Suponiendo que San Juanito era Leo y el Chisquete era Nando… eso sólo la dejaba con una sola duda.

— O sea que me estás diciendo que… ¿Leo habla de mí? — preguntó contrariada, ignorando a propósito la información de que no se tardaba.

— ¡Uuuuy, sí! Y una vez que empieza no lo callas. Nando le tira un chorro de carro, y ahora que está aquí Beto, el pobre San Juanito no haya un respiro. Orita que llegue vas a ver la cara que pone cuando le diga que ya conocí por fin a su princesita fantasma, — concluyó con una risa.

Teodora arqueó una ceja ladeando un poco la cabeza.

— ¿Princesita fantasma? ¿Te refieres a mí?

— ¡A ti merita! ¿O apoco hay otra señorita pelirroja ricachona rete bonita que traiga a mi primo de un ala por aquí? Es que como no te conocía pero siempre estabas presente con todo lo que Leo habla de ti, ¡nombre! Hasta parecías fantasma.

Teodora se tomó un momento para procesar todo lo que había dicho.

Claro que ella sabía que era bonita, se lo decían muchas personas continuamente, y nunca fallaba en atraer la atención de todos al entrar a la habitación. Sin embargo, la honestidad e inocencia de Kika al exclamarlo como si nada, la dejó con las mejillas ruborizadas.

— ¿Le gusto a Leo? — preguntó estúpidamente, más para sí misma que para Kika. Teodora sabía que le gustaba a muchos niños, y desde luego, sospechaba que no le era indiferente a cierto barista. A pesar de ello, su corazón había hecho una voltereta emocionado con la confirmación que le había dado su prima.

— ¡Mmmmmmmta, no! Lo traes cacheteando la banqueta, — confesó Kika. Luego la ojeó con un brillo astuto en la mirada. — Y no es el único, si no soy tonta. — Se rió. — Mira que levantarse tan temprano en vacaciones nomás por un café me huele a segundas intenciones. Y hasta te ajuariaste y perfumaste rete bonita.

Teodora se irguió muy digna, con la cara todavía más roja y casi, casi ofendida.

— Tengo clases de inglés por la mañana — mintió descaradamente la excusa que se había ideado desde que iniciaron las vacaciones.

Kika se divirtió con el tono defensivo de su voz y volvió a reírse.

— Nooooo, si no me quieras picar los ojos. Hoy no es sábado.

Teodora no supo que contestar a eso por un momento. Antes de que pudiera reponerse, Kika continuó.

— ¡Que te digo que no soy tonta!, — insistió. — Y si te estoy diciendo que lo traes cacheteando la banqueta, es para que ya se junten de una vez, que si se los dejo a ustedes, ¡Nooo, aquí me voy a hacer abuela!

Teodora decidió que ya se había quedado mucho tiempo callada.

— O sea, a ver, no, — dijo echándose el cabello hacia atrás con un gesto de la cabeza. — Digo, no me malinterpretes, tu primo no es que esté feo, pero, o sea, no es mi tipo. Quiero decir, sí está guapito y es un amor de persona, obvio, pero o sea, el café que prepara está mucho mejor que el de sus ojos, ¿me entiendes?

Kika le dirigió una mirada significativa cargada de divertida insinuación. "¿Sus ojos?", pareció preguntar. Teodora se retractó de inmediato. Trompeteó un gesto de escepticismo y rápidamente añadió.

— Sí son cafés, ¿no? No es como si le hubiera puesto atención.

Kika estalló en risas.

— Pero… hipotéticamente, — continuó Teodora como quien no quiere la cosa recargándose en el mostrador para adoptar un aire de confidencialidad. — Si te quisiera preguntar, no sé, así como que… datos que yo pudiera usar para molestar a Leo… ¿sí me dices, no?

Kika se recargó también en el mostrador y la miró imitando su tono de confidencia.

— Eso depende de qué quieras saber y cuánto estés dispuesta a pagar por conocer los más oscuros secretos de mi familia.

En ese momento, la puerta de la cocina se abrió por fin, revelando al susodicho que al ver a ambas chicas en tan ominoso ambiente, puso cara de espanto.

— ¡Kika! ¿Qué le estás diciendo a Teodora? — preguntó, a sabiendas de que su prima no tenía ni filtro ni sentido común y cuando soltaba la lengua, soltaba la lengua.

— No pos nada, aquí nomás le dije que ya por fin la conocí y ya iba a dejar de ser la princesita fantasma.

Leo se puso pálido, y luego colorado, asumiendo correctamente toda la sopa que de seguro Kika ya había soltado.

— ¡Kika! — exclamó Leo en un aliento, y Teodora no pudo más que encontrar divertidísima la situación.

— Bueno, pues ya que mi trabajo aquí está hecho, ya me voy que no quiero quedarme para ser mal tercio.

Dicho esto, se dirigió a la puerta de la cocina y antes de atravesarla, se volteó con el par.

— ¡De nada, par de tórtolos despistados!

Y con eso, se fue, no sin antes susurrarle a Leo al oído cuando lo pasó.

"¡Ándale, menso!"

Él se giró entonces con Teodora, que seguía recargada en el mostrador, ahora con una sonrisa de satisfacción en sus perfectamente pintados labios rosas. Le dio un sorbo a su ya tibio café y volviendo a echarse el cabello fuera de la cara con ese gesto que sabía que le daba un aire coqueto sin ser descarada, lo miró con intención.

Leo tragó pesado.

— Así que, ¿de un ala, eh?

Leo suspiró, tragándose la vergüenza. Se acercó al mostrador y rascándose la nuca, decidió que después de la tragedia con Kika, ya no tenía nada que perder.

— Uh, ¿tienes planes para las vacaciones? — preguntó con la timidez combatiendo con la valentía en la voz.

— No. Todavía no, — dijo Teodora, instándolo a continuar.

— ¿T-te gustaría…? Uh, ¿te gustaría…? — intentó, pero con cada palabra se iba poniendo más rojo y tenía la mirada clavada en la caja registradora como si ésta le pudiera dar las respuestas que necesitaba. — ¿Q-que si te gustaría…?

Entonces calló y Teodora terminó por rendirse. Le puso un dedo en los labios, y cuando Leo levantó la vista sorprendido, completó.

— Sí, Leo. Me gustaría, — aseguró. — Idea algo para mañana, ¿sale?

Se preparó para marcharse y tomó su café.

— Dile a tu prima que me guarde el secretito, ¿okey? —se tocó con el mismo dedo sus propios labios al decir aquello y luego le guiñó un ojo. — ¡Chao!

Con ello, salió por la puerta, volviendo a dejar tras de sí el aroma a perfume francés. Leo, como siempre, la miró marcharse con cara de añoranza.

— ¿Quieres un platito, San Juanito? ¡Para la baba! — dijo entonces una voz divertida a sus espaldas.

Leo dio un respingo.

— ¡Kika!

Su prima se rió y se devolvió a la cocina.

— ¡Ooooooooh, pos si yo que te ayudé! — la alcanzó a escuchar Leo desde la registradora. No tuvo tiempo de seguir rezongando porque en ese momento entró otro cliente. Pero para sus adentros, Leo sabía que sí le debía una a Kika.

Ya pensaría cómo pagarle. Después de pensar en una cita capaz de sorprender a Teodora, claro.