Capítulo 5: Lucha.

Un siniestro silencia azotaba la misión y sus alrededores. El humo proveniente de las pilas de cadáveres se subía hacia lo alto de las nubes, tapando el sol y señalizando el horrible acontecimiento vivido horas antes. Y ahí mismo es donde nuestros protagonistas se encontraban.

-Subaru: No…no, no, no, no…

El muchacho golpeaba el suelo a un lado de su amiga fallecida, lamentándose y tratando de reordenar sus pensamientos. En ese momento, solo había tristeza, pena y desesperación en su corazón. Nada parecía importarle. Lentamente levanto su mirada hacia la inmensa estructura que una vez lo recibió como punto de hospedaje.

-Subaru: Ayuda…ayuda…ayuda…

Repitiendo una y otra vez la misma palabra, Subaru camino con la inexistente esperanza de que alguien siguiese con vida. Adrian por su parte, no estaba mejor. Sus manos temblaban a la vez que veía los cuerpos de quienes enfrentaron anteriormente a Rem. Todos vestidos con una túnica morada y una capucha que tenía como símbolo aquel ojo que vio en su libro.

-Adrian: Esto…no podemos dejar esto así…SUBARU!

Grito mientras corría en dirección a su amigo que en ese momento ya había entrado en la desolada mansión. Un camino de sangre se extendía a lo largo de uno de los pasillos. El sonido que producían sus pasos resonaba por todo el lugar, junto con los latidos de su corazón. Aquel silencio arrollador lo ponía más nervioso que nunca, era como estar en medio de un bosque, en medio de la noche y a sabiendas de que bestias desalmadas acechan por tu cabeza.

-Adrian: REEEEEEM! SEÑORITA EMILIAAAAA! ROSWAAAAAL!

El grito de Adrian se esparció por todos lados, pero no hubo respuesta a su llamado. Lo único que pudo oír fue un leve sollozo al otro lado de una puerta. Lentamente la abrió, revelando a su amigo, sosteniendo un frio y tieso cadáver, muy pequeño para ser de las personas de la mansión.

-Subaru: Porque…esto no debía ser así…porque tiene que ser así…

-Adrian: Subaru, amigo, quien…

-Subaru: NO TE ACERQUES!

El grito en sí, no fue demasiado fuerte, pero el eco del lugar lo hizo resonar por todos lados.

-Subaru: Tu…porque te fuiste…porque los dejaste solos? Después de que te dieron la bienvenida…tú los abandonaste como si nada…

-Adrian: Subaru, déjame explicarte por favor.

-Subaru: No me lo expliques a mi…explícaselo a ella.

Subaru señalo a un cuerpo recostado sobre una de las paredes de la habitación. Tieso, helado y con una expresión de dolor y pena absoluto en su rostro.

-Adrian: No…

La oscuridad de la sala impedía la visualización del cadáver, pero a medida que la visión de Adrian se empezaba a acostumbrar a esta la identidad de esa persona era revelada. Su cabello y ojos rosados y su ropa de sirvienta, ahora bañados completamente en sangre, eran una puñalada al pecho del muchacho que cayó de rodillas ante la espantosa imagen que se presentaba ante él.

"No había nada que hubiese podido hacer por ella. El estar ahí, solo habría representado mi muerte junto a Ram, pero eso no le importó a Subaru. El sujeto ni siquiera quiso escucharme, solo se levantó y camino hacia afuera de la habitación, sabrá dios a donde. Yo solo me quede ahí, arrodillado, consciente de lo que debía hacer, pero incapaz de llevarlo a cabo."

La espada de Astora relucía con imponente filo entre los dedos del nervioso chico. Todo eso podía evitarse. Él podía cambiar ese futuro, aquella gente inocente no tendría por qué morir y tal vez, incluso arreglar las cosas con Ram…solo debía tomar la ruta fácil. De repente, el aire a su alrededor comenzó a ponerse cada vez más helado. El metal del arma comenzó a empañarse y donde antes se reflejaba su rostro, ahora se encontraba una capa de hielo formada por la humedad del aire.

-Adrian: Debo…debo moverme, antes de que…

El piso bajo sus pies comenzó a resquebrajarse y una parte del techo fue abierta por completo, dejando caer una gran pila de escombros, madera y muebles. Estos se incrustaron por todo el cuerpo del muchacho, dejándolo inmóvil en el sitio, pero sin hacer el daño suficiente como para matarlo. Un grito ahogado se escuchó por toda la mansión mientras Adrian levantaba su mirada al cielo para encontrarse con un cielo gris, del cual caía una nieve tan fría que el solo contacto con su piel lo petrificaba. Poco a poco su respiración fue disminuyendo su velocidad, los latidos de su corazón se calmaron y el dolor de sus heridas fue reemplazado con un sueño maravillosamente siniestro. Lo último que escucho antes que todo se fuese a negro, fue una imponente voz que resonó hasta el pueblo.

-¿?: Duerme…junto a mi hija.

-.-

-Ram: Hey, estas bien?

Nuevamente, la mano de la sirvienta peli rosada pasaba frente a los ojos de Adrian con el fin de hacerlo volver en sí. El chico rápidamente salto hacia ella y la tomo por los hombros. Por un momento, Ram estuvo a punto de golpearlo en la cara, pero rápidamente sus intenciones cambiaron al ver la expresión de miedo en el rostro de Adrian.

-Adrian: Escúchame por favor, algo horrible está a punto de pasar, tenemos que avisar a Emilia ahora mismo!

-Ram: Te golpeaste en la cabeza en el viaje o algo? Espera…no me digas que…

-Adrian: En unos días, unos hombres encapuchados llegaran al pueblo y no dejaran a nadie con vida, debemos avisarles, DEBEMOS HACER ALGO REM! VAN A MORIR TODOS SI NOS QUEDAMOS AQUÍ!

-Ram: (Abofeteándolo) Primero, soy Ram. Segundo, cálmate y vayamos con la señorita Emilia, ella sabrá que hacer.

Rápidamente ambos jóvenes subieron escaleras e irrumpieron en la habitación de la elfo de cabello plateado. Sorprendida por las acciones de las personas paradas frente a ella, Emilia exclamo.

-Emilia: Que…Que está pasando?

-Ram: El señor Adrian dice…

-Adrian: EN UNOS DIAS VA A VENIR UNA SECTA LLENA DE DEMENTES Y NOS VAN A MATAR A TODOS!

Luego del grito del chico, la habitación se sumió en completo silencio. Emilia tomo asiento en la silla de su escritorio mientras guardaba en este los libros de sus estudios.

-Emilia: Bien, cuéntanos que paso?

-Adrian: (respirando fuertemente) Yo…me había ido de la mansión por una pelea que hubo la noche anterior con Ram y en el viaje encontré a Subaru y al verlo en un estado de ira total decidí acompañarlo de regreso aquí y cuando volví…

-Emilia: Si?

-Adrian: Cuando volví todos estaban muertos y amontonados unos sobre otro mientras se quemaban…debemos avisar al pueblo antes de que lleguen.

Ram y Emilia se miraron entre sí sin decir una palabra. Solo cruzaron sus miradas de manera instintiva, como si supieran lo que estaban pensando.

-Emilia: Adrian…en que tiempo ocurrirá lo que nos estas diciendo?

-Adrian: Exactamente dentro de tres días.

-Emilia: mmm entiendo…bien, Ram (mirando seriamente a la sirvienta) usemos el plan de Roswaal para situaciones así.

-Ram: Entendido. Adrian, ayúdame con las cosas de la señorita Emilia.

-Adrian: Bien, que debo hacer?

-Emilia: Sigue a Ram, ella sabe el procedimiento. Con calma, tenemos tiempo y no queremos asustar a nadie.

Esa última frase llamo la atención del chico y se paró bruscamente frente a la puerta.

-Adrian: Un momento, a que se refiere con "No queremos asustar a nadie"? no piensa avisar a la gente del pueblo?

La elfo de pelo plateado guardo silencio mientras miraba con una expresión triste a Adrian. Lentamente se acercó a este y puso una mano en su hombro mientras hablaba.

-Emilia: No podemos ayudarlos de ninguna manera. Si les decimos que atacaran el pueblo, lo único que lograremos será crear caos entre ellos. Algunos no querrán abandonar sus hogares y otros simplemente nos llamaran mentirosos y farsantes.

-Adrian: Está diciendo que dejara morir a esta gente porque si? Ram por favor, dile algo, hasta entrar en razón.

Los ojos del muchacho reflejaban cierta ira que a su vez intentaba reprimir para no expulsarla contra las jóvenes. Ram por su parte, frunció el ceño por unos momentos, pero rápidamente volvió a su inexpresividad y contestó.

-Ram: Yo…creo que lo mejor sería hacer caso a la señorita Emilia.

Un dolor inmenso se sintió en el pecho de Adrian mientras presionaba con fuerza sus puños y dientes para reprimir la ira por la falta de importancia que parecía darle sobre todo lo que estaba ocurriendo. No paso mucho hasta que decidió dar media vuelta y salir corriendo de la mansión en dirección al pueblo. Nadie lo detuvo, no hubo un grito gentil diciendo "Adrian detente por favor", nadie se interpuso entre él y el acto que estaba a punto de realizar.

El joven corría a través de las calles gritando para llamar la atención del poblado y hacer que salieran a atender su llamado. Un grupo de personas, algunos molestos, otros asustados por la actitud del chico se reunieron a su alrededor en la plaza central mientras el gritaba de manera que todos lo escucharan. En el camino, invento una mentira bastante creíble para desviar toda culpa de Emilia por lo que pudiese pasar.

-Adrian: Vengo de parte del ejercito de la capital, nuestros hombres descubrieron planes de un culto de gente muy peligrosa que vendrá a invadir este lugar. Necesitamos que evacuen el pueblo de inmediato para poder preparar una emboscada sin poner en riesgo la vida de nadie.

Las miradas de los habitantes se cruzaron entre si mientras compartían sus pensamientos los unos con los otros. Algunos reflejaron el miedo en sus acciones, otros la incertidumbre y la desconfianza hacia las palabras del chico.

-Adrian: Tranquilos, ellos están a gran distancia de aquí. Tienen tiempo para tomar sus cosas y marcharse.

-¿?: Un momento.

Un hombre emergió de entre la multitud. Su aspecto era el de una persona adulta con cabello color marrón oscuro, vistiendo una camisa color gris y portando una expresión de pocos amigos.

-Hombre: Yo te conozco, tú eres el que trajo toda esa chatarra inservible de la mansión Roswaal.

-Adrian: Si, estuve quedándome allí unos días como encomienda de mis superiores. Por mientras tuve la necesidad de hacer unos favores para el dueño del lugar, nada importante.

-Hombre: Oh ya veo…y supongo que ahora en la capital se aceptan hijos de Satela como militares, verdad?

El muchacho se sorprendió ante las palabras del hombre. Al darse cuenta que había sido descubierto, rápidamente pensó en una excusa.

-Hombre: Veo que acerté. Dime, que tienen en mente tus "SUPERIORES" como los llamas? Acaso los Roswaal volverán a la vieja costumbre de robar territorios?

-Adrian: Que? NO! Escúchenme por favor, esto es serio…

-Hombre: Sabia que esa familia no eran gente de confianza, pero contratar a un hijo de Satela para que haga el trabajo sucio por ellos? Eso es muy bajo.

La multitud a su alrededor comenzaba a impacientarse y a ponerse de lado de aquel hombre que atacaba a la familia de Roswaal con un odio intenso que no podía ser entendido por Adrian.

-Adrian: Por favor, escúchenme, esto no tiene que ver con Roswaal, sus vidas están en riesgo.

-Hombre: El único que está en peligro eres tu muchacho, te recomiendo que abandones lo antes posible esas mentiras que aquel demente de la mansión puso en tu cabeza.

La gente alrededor del muchacho comenzó a gritar y abuchear a la vez que comenzaban a levantar piedras para lanzarlas en dirección al joven aprendiz de caballero. Al ver que las primeras fallaban, Adrian comenzó a correr en dirección a la mansión mientras algunos de esos duros proyectiles impactaban con su espalda, causando daños menores pero dolorosos en él.

"En ese momento no supe que hacer. Aquel odio que expresaba esa gente hacia mí, alguien que solo quería hacer un bien, me daba tanta rabia, tanto dolor por el hecho de que no quisieran escucharme…pero supongo que ellos eligieron lo que les pasaría."

El sol casi se ponía sobre la inmensa estructura de la familia Roswaal. En las puertas de aquella mansión, Ram esperaba a su pupilo con su expresión típica de desinterés.

-Ram: Déjame adivinar, no te creyeron.

-Adrian: Peor aún. (Dijo levantándose la camisa y mostrando las heridas causadas por los aldeanos)

-Ram: Oh…Bien, ven conmigo vamos a curarte.

Mientras subían por las escaleras e iban camino a la habitación del muchacho, este recordó aquella noche donde Ram exploto en ira y odio hacia él. Sentándose en aquella lujosa cama y de forma bastante desvergonzada, Adrian se quitó la camisa dejando al descubierto aquellas heridas. Algunas chorreaban un poco de sangre y otras simplemente se demarcaban como moretones morados que latían con dolor.

-Ram: Bien, deja saco esto de aquí.

Desde dentro de la mesa de noche la sirvienta saco unas vendas junto con algunos medicamentos artesanalmente preparados.

-Ram: Lo ideal sería sanarte con magia, pero haciendo esto ayudara a que te acostumbres de mejor manera al dolor. Considéralo parte de tu entrenamiento.

-Adrian: No será un problema, puedo soportarlo.

Vertiendo un poco del líquido sobre un pedazo de trapo, Ram pasó lentamente el paño húmedo por las heridas sangrantes del muchacho, causando un dolor punzante mucho mayor al que ya sentía antes.

-Adrian: Oye…Rem?

-Ram: Esa es mi hermana, yo soy Ram.

-Adrian: Ram…

-Ram: Que ocurre?

-Adrian: Yo…lo siento si hice que te sintieras incomoda de alguna manera desde que llege…

-Ram: A que te refieres?

-Adrian: Una noche antes de que todo lo de aquel culto ocurriera tú…te pusiste un poco loca y me insultaste de manera desmedida. Luego la señorita Emilia me explico tus razones y…de cierta manera lo entiendo…

-Ram: Mis razones? Creo que te estas confundiendo. Las únicas razones que yo tendría para insultarte son por lo irritante que eres tratando de caerme bien…es que…(presionando fuertemente el paño húmedo) Eres irritante…muy irritante, es como si no pudieses entender cuando a alguien le caes mal…solo…(suspirando) Que más te conto Emilia?

-Adrian: Sobre lo que le ocurrió a tu hermana y a ti de pequeñas y como llegaron aquí.

-Ram: Oh…bueno, no es un secreto. Pero hubiese preferido que no te lo contase. Es algo…más bien complicado para nosotras.

Ram soltó el paño y tomando los vendajes hizo una seña para que Adrian levantase los brazos. Lentamente comenzó a poner estos alrededor del cuerpo del chico mientras ajustaba con su brazo para que el extremo inferior no se cayese.

-Adrian: Si te hace sentir mejor, no eres el único que perdió a una familia…aunque más bien, fue por culpa mía.

-Ram: Escuche cuando dijiste que tienes muchos hermanos, debió ser difícil para tus padres mantener a tantos como tú.

-Adrian: En realidad…mi padre huyo de casa poco después de que nació mi cuarto hermano, dejando a mi madre embarazada y con 16 hijos que cuidar…años más tarde ella falleció de camino al trabajo en un accidente de tránsito…los forenses dijeron que el enorme cansancio la llevo a quedarse dormida frente al volante y…bueno, ocurrió lo inevitable.

-Ram: No…entiendo muy bien a lo que te refieres, pero me quedare con la parte en la que tu madre murió…que paso luego? (dijo de manera un tanto intrigada)

-Adrian: Dependió de mí y mi hermana mayor cuidar a nuestros hermanos. Lamentablemente y como podrás adivinar, yo no era de mucha ayuda por lo que ella estaba en gran parte sola. Poco tiempo pasó hasta que el gobierno nos los arrebato uno por uno y los llevo a un orfanato.

-Ram: El gobierno se llevó a tus hermanos?

-Adrian: En mi mundo si tienes a niños que no puedes mantener de manera correcta pasa a ser propiedad del estado y estos los ponen en adopción para familias más capases…uno a uno se fueron y nosotros tuvimos que ver como ellos nos abandonaban de manera forzada para nunca volver a verlos…finalmente, yo y mi hermana tomamos caminos separados.

Terminando de cubrir cada herida, Ram hizo un moño en la parte frontal uniendo la parte inicial de la venda con el otro extremo.

-Ram: Bien, con eso basta…podrías responderme algo?

-Adrian: Seguro.

-Ram: Porque esa necesidad de salvar a la gente del pueblo? No conoces a nadie de ahí y seguramente ellos hubiesen hecho lo mismo en tu lugar.

-Adrian: Esa es una lección que mi hermana me dejo. Nunca hagas lo que no te gustaría que te hagan. A ti no te gustaría que te tratase con odio o desagrado, por eso mi respuesta nunca es agresiva.

Ram miro al suelo con su expresión típica, pero pensando en lo que acababa de oír.

-Ram: Eso…es estúpido. (Levantándose) El "Ser bueno con otros para que lo sean contigo" es como pensar que un depredador no va a comerte solo porque tú no lo harás.

-Adrian: No digo que no vaya a hacerlo. Pero en ese caso, será el quien haya atacado y no yo. Uno sabe que tarde o temprano van a lastimarlo y sin embargo nunca está preparado para cuando esto ocurre. Pero depende de uno elegir cuando lastimar a otros.

-Ram: Bueno, sigo creyendo que eso es estúpido.

La sirvienta peli rosada se paró en la puerta y dio las instrucciones al muchacho para que a primera hora del día se encuentren fuera de la mansión para preparar el equipaje. Seguido a esto, abandono el lugar cerrando la puerta detrás de ella. Adrian simplemente se recostó mientras pensaba en la charla que acababan de tener. Una sonrisa se dibujó en su rostro mientras se decía para sí mismo.

-Adrian: Dios…esa chica es increíble.

-.-

Cuatro maletas perfectamente alineadas cubrían los asientos del carruaje, dejando lugar solo para una persona. Ram y Adrian acababan de completar la tarea de ordenar el equipaje, lamentablemente el vehículo era demasiado pequeño como para guardar todo en el compartimento trasero, por lo que se vieron obligados a comenzar a rellenar el interior.

-Ram: Y con esta acabamos, cuando la señorita Emilia esta lista saldremos.

-Adrian: No creo que haya lugar para mí allí dentro, supongo que tendré que ir junto a ti mientras conduces.

-Ram: Genial…no sabes la ilusión que me hace.

Su voz se escuchó sarcástica y muy desalentada, aunque realmente poco le importaba. Emilia salió de la mansión portando aquel escudo y espada que le fueron a Adrian cuando apenas había llegado a la mansión.

-Emilia: Joven Adrian, esto le pertenece.

-Adrian: No creo que pueda hacer mucho con ellas, aun no tuve la oportunidad de aprender a usarlas.

-Emilia: No podemos dejarlas en la mansión y además ahora te pertenecen.

Haciendo entrega de ambas armas la chica espero a que Adrian acomodara ambas en su espalda, solo para detenerlo momentos después.

-Emilia: Espera. Ajusta la espada en tu cinturón. En un momento de necesidad será más rápido sacarla de esa manera.

-Ram: Señorita Emilia, estamos ya están los preparativos listos.

-Emilia: Bien, en ese caso vámonos.

-Adrian: Esperen que no había una niña pequeña que desaparecía entre las habitaciones?

-Emilia: Supongo que te refieres a Beatrice. Tranquilo, ella estará bien, no podrán encontrarla fácilmente, además que es una hechicera muy capaz.

Subiendo sobre el lujoso carruaje del señor Roswaal, nuestros protagonistas abandonaron aquella mansión, dejando atrás consigo a las personas que no quisieron escuchar las advertencias del joven Adrian y eligieron su destino fatal en aquel desolado espacio de tierra.

"Mientras pasábamos por aquel pueblo había algo que no me dejaba estar tranquilo. Asumí que era el hecho de que mi cerebro recordaba con miedo los acontecimientos de "mi vida pasada" por decirlo de alguna manera. Decidí no darle más importancia de la que debía, así que simplemente guarde silencio y Ram continuo conduciendo"

-Ram: Si te hace sentir mejor, tampoco me agrada la idea de dejar a esta gente a su suerte. Pero lamentablemente es mejor así…

-Adrian: Preferiría no hablar de eso ahora…

"Un pensamiento llego a mi mente en cuanto estábamos saliendo del poblado. REM…había olvidado completamente que ella volvió por si sola al pueblo cuando Subaru y ella salieron de casa de Crusch"

-Ram: Demonios…no de nuevo…

-Adrian: Que ocurre?

-Ram: Nos están…CUIDADO!

Rápidamente Ram empuja a Adrian fuertemente fuera de la carreta. Este cae rodando al camino mientras el carruaje acelera rápidamente. Confundido, el chico se levanta rápidamente e intenta seguir al vehículo. Sin embargo, no fue capaz de dar más de dos pasos hasta darse cuenta del inmenso dolor en su brazo derecho. Los latidos de su corazón aumentaron su velocidad a la vez que descubría la falta de su brazo y una gran cantidad de sangre saliente de este junto con astillas y trozos de madera destruida del carruaje. El grito del muchacho resonó alrededor de todo el bosque, lo cual llamo la atención de personas indeseadas.

-¿?: Pero que tenemos aquí? Una oveja descarriada.

Una voz chillona a la vez que profunda y extraña resonó a espaldas del joven quien lentamente comenzó a darse la vuelta. Una figura fantasmal pálida y perturbadora se paraba imponentemente y realizando poses extrañas mientras hablaba de manera casi imposible.

-Petelgeuse: Joven abandonado, déjeme presentarme…Soy el arzobispo de culto de la bruja, representando a la pereza…Petelgeuse Romanee Conti!

El dolor por la pérdida de su brazo hizo retorcer en su lugar a Adrian mientras hombres encapuchados lo rodeaban rápidamente y aquel hombre continuaba su siniestro baile que no parecía más que una burla a su sufrimiento.

-Petelgeuse: Tú debes ser el sujeto del que me contaron…(acercándose rápidamente y oliendo su cabello) Si…hueles a pereza…ES UN HIJO DE SATELA!

Grito a los cuatro vientos mientras sus seguidores comenzaban a girar a su alrededor, formando un torbellino de color morado que poco a poco se fue cerrando hasta dejar cara a cara al hombre y al chico.

-Adrian: Si vas a matarme…adelante…QUE ESPERAN?

-Petelgeuse: Matarte? Oh…quieres que te matemos para que corras con tus amiguitos y les cuentes nuevamente de nuestra llegada verdad? Como hiciste la última vez…realmente…eres pereza.

Un rápido golpe en el mentón del joven fue propiciado por una fuerza oscura proveniente del siniestro hombre. Lentamente, unas manos oscuras y largas comenzaron a emerger de la espalda de aquel ser y envolvieron al muchacho. Este solo pudo sentir como su brazo restante era presionado con fuerza para detener hemorragia y como una de esas cosas golpeo su cabeza nuevamente para dejarlo inconsciente.

-.-

-¿?: Interesante…muy interesante…

Una tenue corriente de agua pasaba entre las rocas de aquella celda y caía directamente en la cabeza del muchacho en forma de heladas. Lentamente Adrian volvió a ser capaz de moverse. La cabeza le daba vueltas, la herida de su brazo había sido curada y ahora solo un simple muñón ocupaba su lugar, las imágenes en frente suya eran borrosas y difícilmente sería capaz de defenderse de nada en esas condiciones. Pero la figura frente suya no tenía esas intenciones.

-¿?: Pobre muchacho, que destino tan horrible es el que te han impuesto…oh mejor dicho, que afortunado eres.

Los ojos del muchacho se centraron en un joven de su aparente edad, vestido de blanco y con un cabello plateado, muy parecido al de Emilia.

-Adrian: Quien…eres?

- Regulus: Oh ya has despertado! Déjame me presento…soy Regulus Corneas, arzobispo del culto de la bruja representando a la avaricia. He llegado aquí de pura casualidad pero al ver que ese demente de pelo verde te traía aquí…(extendiendo su mano) he decidido venir a saber sus intenciones.

-Adrian: Culto…de la bruja? Porque hacen esto? Que les han hecho esas personas de ahí afuera?

-Regulus: Oh ellos…es una pequeña costumbre que tienen los de nuestra…"organización". Pero esto fue algo más que solo eso… Al parecer mi compañero…Pete? Putel? Ya no recuerdo su nombre, da igual, ha encontrado un recipiente perfecto para albergar a nuestra querida Satella.

-Adrian: Un recipiente? Eso quiere decir que…Satella está muerta…

-Regulus: Si…desafortunadamente así es…pero no será por mucho muchacho y cuando ella regrese…todo volverá a ser su voluntad…todo lo que alguna vez fue suyo, le será devuelto.

-Adrian: Le será devuelto? A que te refieres con eso?

-Regulus: hm? No lo sabes? La respuesta es muy simple. Se refiere al mundo entero y por consecuencia…ustedes, sus hijos. Ella los creo con un propósito, con el propósito de que cuando alguien con la suficiente fuerza de voluntad surgiera de entre todos ellos y liberara su alma del cello que la retiene.

-Adrian: Y porque alguien querría hacer algo así? Qué sentido tendría eso?

-Regulus: (sonriendo) Simple…poder, gloria, amor, dinero…los humanos son seres débiles de mente y corazón chico…es fácil corromper su camino si tienes los medios necesarios. Mírate por ejemplo a ti, piensa en lo que te llevo hasta aquí, a vivir con una de las candidatas a reina de Lugunica…no fue ESA tu razón para convertirte en caballero en primer lugar?

-Adrian: Yo solo quería regresar a casa! Me prometieron que si encontrase a Satella ella me llevaría de regreso!

Las lágrimas comenzaron a caer de los ojos del pobre muchacho. No de tristeza ni remordimiento, sino de ira por tener que afrontar la realidad de que ya no solo ya no podría regresar…sino que estaba a merced de todo y de todos.

-Regulus: Esas lagrimas…(meneando la cabeza de lado a lado) ya te has dado cuenta verdad? Creíste que tú habías elegido el camino y la verdad es que no lo hiciste. NADA de lo que hagas tiene peso aquí.

Habiendo terminado su discurso, Regulus camino unos pasos a un lado de la celda donde Adrian se encontraba y saco un arma, un pequeño cuchillo curvo, oxidado y malgastado, pero con el filo suficiente como para matar. Aquel sujeto lanzo el cuchillo dentro de la celda y espero pacientemente mirando a Adrian.

-Regulus: Dicen que los hijos de Satella mueren definitivamente cuando ya no tienen por qué vivir. Tal vez ese sea un mejor destino que morir de hambre.

Regulus sonrió maliciosamente mientras lentamente abandonaba el lugar y dejaba al muchacho con el puñal en su única mano restante. Un grito de rabia hizo eco por todo el lugar. Grito y grito de furia y resentimiento hasta que simplemente se quedó sin voz. Paso una hora, dos horas, incluso tres y comenzaba a ser evidente que nadie vendría en su ayuda…nadie lo rescataría.

"En ese momento, muchos se hubiesen desmoronado, hubiesen perdido toda fe y esperanza debido a la dificultad de la situación, del hecho de que ya no había un hogar o una familia a la que acudir para pedir ayuda o por lo menos algún tipo de consejo para tranquilizar…"

El muchacho presiono fuertemente el puñal en sus manos a la vez que medio su filo.

"Yo ya no tenía nada…nada por que vivir."

Tomo la distancia entre el filo del arma y su cuello y alejo el cuchillo a la vez que expulsaba todo el aire de sus pulmones para dar una última puñalada.

"No tenía nada por que vivir, por lo que en ese momento decidí que buscaría una razón para hacerlo. Decidí que no iba a dejar que ese fuese el futuro que deparaba a Emilia, Rem, Ram, Subaru y a la gente de la aldea."

La sangre salió disparada como un torrente, bañando pareces y barrotes de aquella celda. El dolor era inmenso pero no se comparaba con la desesperación de ahogarse con su propia sangre.

"Debe haber una forma de arreglar todo esto. Debe haber una salida…y si no la hay…"

El muchacho callo, desangrado en el piso mientras todo se iba a negro y luego volvía a estar sentado en aquel carruaje, con la sirvienta pasando su mano frente a él.

-Ram: Hey, estas bien?

"Si no hay una salida, entonces creare una con mis propias manos."

-Adrian: (Sonriendo) Estoy de maravilla.