Capítulo 1

Amigas o Enemigas

"Hay sólo dos personas que pueden decirte la verdad acerca de ti mismo — un enemigo que

ha perdido su temperamento, y un amigo que te ama entrañablemente"

Arquímedes


Un hermoso atardecer de verano figuraba en todo su esplendor sobre el cielo, se sentía una cálida brisa moviendo las hojas de los árboles mientras jugaban con el corto cabello azul negro de una pequeña niña. La pequeña humana se encontraba corriendo como si no hubiera un mañana, jugando, yendo detrás de las mariposas que volaban a su paso.

Su inocente risa era acompasada con el ruido de la naturaleza, pero el panorama comenzó a cambiar generando confusión en su pequeño corazón. El pasto verde y reluciente fue remplazado por un viejo y desgastado café, sus piecitos tocaron la madera de un abandonado muelle que crujió debajo de ella haciéndola sollozar repentinamente. Detuvo sus pasos llevando sus mandos a su pecho, de sus ojos comenzaron a caer gruesas lágrimas de miedo, su labio temblaba al igual que el resto de su cuerpo.

Esto no puede estar pasando... – Pensaba una y otra vez, tratando de convencerse de que lo que había visto no era cierto... que lo que había oído había sido una equivocación. Esa pequeña deseaba con todo su rasgado corazón que todo fuera mentira, una cruel broma del destino. Daba su vida con tal de que no fuera cierto.

Cerró los ojos con fuerza, fueron quizá segundos los que pasaron, pero las voces gritando en su cabeza no se iban. Le cuestionaban, le aullaban por ayuda, pero ¿Qué podía hacer una niña de ocho años? No había mucho qué hacer para lo tanto que sentía. Abrió los ojos con temor, su vista estaba nublada por las lágrimas así que parpadeó un par de veces y su corazón se encogió en terror. Ya no había más azul, todo era rojo carmesí.

Contuvo la respiración cuando comenzó a ver manos saliendo del lago. Eran miles de ellas. Venían a llevarla porque sabían que ella no tenía que haber sobrevivido, no merecía seguir viva. Un pronto sonido sordo de madera quebrándose la hizo trastabillar y caer sobre su peso, gritó con terror, pero no pasó ni un segundo cuando una de las manos la tomó del tobillo y la arrastró hasta hundirla en el agua.

Un agudo y aterrado grito escapó de sus labios, rasgando su garganta y quemando sus pulmones. No había estado respirando quién sabe desde cuándo. Se movió histéricamente hasta que su espalda chocó con algo duro y frío. Sus pies y manos se removían sobre algo suave que se enredaron en ellas. Jadeante, parpadeó hasta que sus ojos se acostumbraron y reconocieron el lugar.

Estaba en su habitación. Fue otra pesadilla.

Relajó su cabeza contra el respaldo de la cama y respiró lentamente hasta controlar su respiración. También relajó sus músculos, y soltó el agarre a las blancas sábanas. Unas escurridizas lágrimas bordearon sobre sus mejillas y dio traspié para que comenzara a llorar. El terror que había sentido dio paso a la tristeza, y de esa tenía mucha.

Dos golpes huecos la hicieron dar un brinco sobre la cama. Tratando de enfocar sus pensamientos lejos de la pesadilla y sus recuerdos, enjuagó sus lágrimas rápidamente. Sus pasos la llevaron hasta sus pantuflas rosa. Recorrió el pasillo del apartamento y se acercó lentamente con el corazón latiendo muy fuerte.

– ¡Hinata! – Esa voz la asustó en un comienzo, pero, luego se rió suavemente por lo tonta que había sido. A fin de cuentas, ¿por qué sentía miedo? Nadie quería hacerle daño… – Son las pesadillas... alteran mis nervios – Se dijo a sí misma mientras quitaba todo rastro de pesadillas de su rostro y se disponía a abrir la puerta.

– Por Dios, creí que no me abrirías – Exclamó su mejor amiga.

– Lo siento, Tenten – Se disculpó con su suave voz un poco ronca – ¿Qué haces aquí? – Preguntó ajustándose la bata alrededor de su cuerpo. La castaña la miró con desconcierto para luego reírse.

– Vaya... sabía que eras despistada, pero no creía que fuera para tanto – Respondió Tenten mientras Hinata frunció levemente el entrecejo –, ¿Qué esperas? Vamos, no puedes seguir en pijamas, se nos hace tarde. – Tenten la apresuró y entró al apartamento. La joven seguía confundida, trató de hacer memoria, quizá se le había pasado algo importante.

– ¿Para qué? – Se aventuró a preguntar cerrando la puerta y viendo como su amiga se acomodaba en el sofá dispuesta a esperar por ella.

– ¿No recuerdas? – Preguntó parpadeando un par de veces–, quedamos en vernos con Temari y Sakura.

– ¡Es cierto! – Exclamó la peliazul recordando. Sin embargo, las alarmas ya habían sonado en la cabeza de la castaña. Se levantó de sofá para acercarse a ella. Viéndola más de cerca notaba como sus mejillas seguían un poco húmedas. No tenía ni siquiera que preguntarle, Tenten ya sabía que no había pasado una buena noche.

–¿Por qué no vas a bañarte? Te esperaré – Le sonrió amablemente.

No había forma de que ella lograra ocultar sus sentimientos de ella. La conocía como la palma de su mano, desde pequeñas. Ella y su hermano eran los que mejor la conocían, y ella se sentía cómoda con ellos. Años de amistad, apoyándose cuando más lo han necesitado, no había fuerza que pudiera romper los lazos que compartían.

– No tardaré – Se apresuró a decir dirigiéndose a su habitación. Dicho y hecho, luego de 15 minutos Hinata estaba terminado de vestirse para cuando Tenten entró a su recámara. Reconoció en su mesita de noche una fotografía de ellas cinco enmarcada. Sonrió con cariño.

– Déjame ayudarte – Dijo Tenten tomando el cepillo de la cómoda y se acercó a Hinata, quien se colocaba sus botas. El clima afuera aun era frío, dentro de poco sería primavera.

–Gracias. –Susurró un poco avergonzada. Luego de unos segundos Tenten suspiró.

– ¿No crees que deberíamos hablar? – Se aventuró la castaña a preguntar, sabiendo de antemano la respuesta.

– ¿De qué? – Su voz sonaba lejana. Ella sabía que era inútil tratar de evadir el tema, pero no se sentía con ánimos de hablar. Solamente esperaba que Tenten captara lo que quería y dejara de insistir.

– Sabemos de qué hablo, pero está bien si no quieres hablar. – Tenten no tenía intenciones de presionarla, pero sentía que era necesario que Hinata hablara sobre ello de vez en cuando, para liberar un poco la carga.

Hinata le agradeció en silencio. Una vez Tenten terminara de desenredar su largo cabello, buscó su mochila y antes de salir, volteó hacia Tenten.

– Gracias. – Musió. Una palabra que le había dicho tantas veces a lo largo de su vida. Pero es que nunca iba a dejar de estar agradecida con ella. Hinata sintió que en cualquier momento se pondría a llorar de nuevo así que sin dejar hablar a Tenten caminó hasta la puerta.

– Hinata... – Tenten caminó tras ella – Espera. –Le pidió justo cuando Hinata tocaba el picaporte para abrir la puerta –. No puedes seguir así... no huyas, al menos no de mí. – Hinata sentía como su labio comenzaba a temblar. Apoyó su frente sobre la puerta con cansancio.

– No puedo... – La chica se sentía débil, cansada, le dolía el pecho, le dolían los recuerdos. Esa mañana, precisamente, le dolían más que cualquier otro día sin razón aparente.

No puedo, susurró una y otra vez mientras comenzaban a salir lágrimas de sus perlados ojos. Tenten la había visto muchas veces, más de las que deseaba, en ese estado. Sin embargo, eso no disminuía el dolor que le causaba verla y la impotencia de no poder sanar sus heridas. Pero, eso no significaba que la dejaría. Si no podía aliviar su pena, al menos la ayudaría con la carga. Consolarla cada vez que se sintiera triste, calmarla luego de un ataque de pánico, escuchar sus dudas y tormentas, porque se sentían como familia, como hermanas.

Colocó sus manos sobre los hombros de ella y la sintió temblar. El pecho de Tenten se comprimió al verla así. En cuestión de segundos Hinata se dejó caer al suelo. Y Tenten estuvo en el suelo con ella hasta que dejó de llorar. Ella siempre iba a estar donde la necesitara, en la miseria, en la alegría, en la pena, en el dolor... Con el llanto aminorado, Hinata rio levemente. Tenten apartó unos mechones que se pegaron sobre las mejillas de ella y sonrió.

– No sé qué haría sin ti – Confesó la joven de ojos perlados. La castaña sonrió recordando el tiempo que llevaban siendo amigas, lo cual se traducía a toda la vida –. En serio que no lo sé, pero tampoco quiero saberlo... – Ahora fue turno de Tenten para que los ojos se anegaran en lágrimas, sonrojándose levemente ya que no acostumbraba a mostrarse sentimental frente a los demás, diciéndose a sí misma que tiene demasiado orgullo para eso.

– Tonta – Musitó limpiándose las pocas lágrimas derramadas rápidamente – No me iré a ninguna parte sin ti. – Respondió con una promesa implícita.

Hinata tomó su mano y la apretó con suavidad, secó sus lágrimas para luego sonreír sinceramente. La presión en su pecho había disminuido luego de llorar. Se había desahogado, se sentía bien. Ambas quedaron sumergidas en un agradable silencio donde la otra era protagonista de sus pensamientos, hasta que un golpe las hizo sobresaltar. Se miraron a los ojos y se pusieron de pie. Hinata abrió la puerta sobresaltándose.

– ¡No puedo creer que pasemos por esto de nuevo! –Exclamó molesta en voz baja. Volteó y las miró entrecerrando los ojos. Colocó una mano sobre su cadera, en la otra mano descansaba un teléfono celular.

– Hasta que aparecen – Les reclamó alzando la voz –. ¿Qué han hecho con sus celulares? ¿Saben lo furiosa que va a estar Temari? – Le increpó Sakura, alzando cada vez más la voz.

Ambas chicas sacaron sus celulares y sintieron un frío recorrer sus columnas vertebrales. La pelirrosa no exageraba, Temari, con su fuerte y frío temperamento seguro les guardaría una reprimenda para nada agradable. No era la primera vez que se atrasaban y la dejaban varios minutos, incluso horas esperando por ellas. Temari se caracterizaba por ser una persona excesivamente puntual. En clases solía llegar justo segundos antes que el profesor. Una puntualidad a veces escalofriante.

– ¡Tienes que estar bromeando! –Exclamó Tenten con frustración.

– Será mejor que nos vayamos yendo – Dijo Hinata tomando sus cosas, lista para salir corriendo al lugar de encuentro.

–¡Vayámonos! – Sakura tomó a Tenten de la muñeca y comenzó a correr, haciendo que la morena tropezara con sus propios pies.

–¡E-Espera! – Tenten se quejó sin dejar de ser arrastrada por la chica de ojos jade. Hinata cerró la puerta de su apartamento, escuchó el tintineo de sus llaves siendo guardadas en su mochila y les siguió el paso con una suave sonrisa en su rostro.

Algo cálido se alojó en su pecho al verlas discutir más delante de ella, se sintió dichosa porque a pesar de lo que la vida le había arrebatado, también tenía que estar agradecida por todo el cariño que había encontrado en ese grupo alocado de chicas que se hacen llamar, y con todo el derecho, sus amigas.

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NOTA:

Muchas gracias por darle la oportunidad a esta historia. Actualizaré lo más pronto que pueda.

Gracias por leer.