Capítulo 24: Guerra contra Avaricia.

-Garfiel: Amigo…esto es increíble.

Dijo el semi-humano mientras movía los dedos de su nuevo brazo y lanzaba puñetazos hacia adelante, probando los límites de su adquisición. Jeronimo miro sonriente a su más reciente creación, envuelto en un orgullo desbordante el cual solo podía expresar a través de sus expresiones faciales.

-Jeronimo: No podía dormir, así que decidí adelantar trabajo. De igual forma, dudo que el no dormir me pase factura. Después de todo, no soy una parte muy importante del equipo como podrían serlo Adrian o tú.

Escuchando las palabras de su amigo, Adrian entro en la conversación mientras ayudaba a cargar lo que quedaba del equipo a espaldas del Valhalla.

-Adrian: No desprestigies tu trabajo amigo. Eres una parte vital de este plan, ningún otro sabe conducir esta hojalata más que tú, así que te necesitamos con tus pilas bien recargadas.

-Garfiel: Oye, el regalo es muy lindo y todo pero… ¿Crees que resistirá?

-Jeronimo: ¿Que si resistirá? Pruébalo y me dices.

-Garfiel: Con gusto…

Lanzando un grito desafiante, Garfiel levanto su puño y lo dejo caer con todas sus fuerzas en dirección al suelo, levantando una gran nube de polvo mientras creaba un pequeño agujero bajo sus dedos. Dando un ligero soplido, el joven disipo el polvo y pudo apreciar como aquel brazo artificial ahora se encontraba lleno de tierra y casi intacto.

-Garfiel: Nada mal, nada mal…

-Jeronimo: Lo cree con algunos objetos que encontré dentro del Valhalla. Su núcleo es una piedra de absorción conectada a un reloj, lo cual le permitirá traspasar mana de tu cuerpo a el puño en todo momento, cargándolo para el momento que sea necesario. Y si te lo preguntas, no, no notaras la absorción de tu prana, así que puedes quedarte tranquilo por ello.

-Garfiel: Amigo, no entendí nada de lo que dijiste, pero si dices que esta cosa es genial y es capaz de aguantar mis golpes, entonces supongo que puedo llamarte…

-Jeronimo: ¿Un genio? (interrumpiendo)

-Garfiel: Iba a decir un gran inventor, pero un genio también sirve.

Dentro del armazón del gigantesco barco volador, Adrian terminaba de organizar la última de las cajas, repitiendo para sí mismo el contenido de estas y limpiando con su mano el sudor de su frente mientras admiraba las magnitudes de aquel trabajo.

-Adrian: Uff… bien. Diez cajas con piezas de armaduras, arcos largos, espadas y alguna que otra hacha de por ahí. Lo veo un poco exagerado, pero si los hombres de Garfiel dicen que es necesario, no me queda otra que hacerles caso.

-Lewes: Son hombres muy leales.

La voz de la pequeña dama tomo por sorpresa al joven, haciendo que este se sobresaltase y diera un pequeño salto mientras giraba rápidamente hacia atrás.

-Adrian: ¿PORQUE SIEMPRE TIENES QUE APARECER EN MODO NINJA?

-Lewes: Ya te lo dije, me gusta hacerlo.

-Adrian: Como sea… iré a avisarle a los demás que ya está todo listo. Y tú no sé, prepárate por aquí, busca algo para entretenerte durante el viaje.

-Lewes: Yo no iré.

-Adrian: ¿Qué? ¿Porque no?

-Lewes: No tengo permitido alejarme del santuario. A más lejos este de aquí, menores serán mis poderes, al punto en que comenzare a desaparecer lentamente.

-Adrian: Oh, entiendo… bueno, de igual forma alguien tiene que cuidar esta lugar ¿No es así? No podemos simplemente irnos y dejar todo a la suerte.

Lewes asintió con la cabeza mientras con su mano tocaba delicadamente el vientre del joven. Rápidamente el cuerpo de Lewes comenzó a emanar una poderosa luz que le fue transferida al muchacho, solo para desaparecer segundos después.

-Adrian: ¿Y eso para que fue?

-Lewes: Solo curaba lo que quedaba de tu puerta. Ahora estas en completa forma.

-Adrian: Muchas gracias entonces. Cuando todo esto termine, reconstruiremos la tumba de Echidna, te lo prometo.

-Lewes: Esperare pacientemente su regreso, o más bien…Todo el Santuario lo hará.

El equipo entero, conformado por Adrian, Garfiel, Rem, Pandora, Jeronimo y los soldados del Santuario abordaron el Valhalla. La joven demonio por otro lado, aún tenía una cosa más por hacer antes de emprender el viaje, acercándose al borde de la embarcación la muchacha grito a la pequeña hechicera que miraba ansiosamente desde tierra.

-Rem: ¡Esperen! ¡Casi lo olvido, señorita Lewes!

-Lewes: Esta bien… yo lo traeré.

-Adrian: ¿Traer qué? más armas no, ya tenemos demasiadas.

-Rem: No son armas… es un regalo para ti.

-Adrian: ¿Un regalo?

-Lewes: ¡Aquí esta! ¡Atrápalo!

Luego de exclamar aquello, Lewes lanzo una caja mediana, lo suficientemente grande como para transportar varios pares de zapatos. Atrapando el paquete en medio del aire, la pequeña sirvienta demonio lo acerco hasta las manos de Adrian con una sonrisa en su rostro.

-Rem: No puedes ir a todos lados vistiendo una simple camiseta.

"Levanto la tapa de la caja revelando su contenido ante mis ojos. Una prenda de ropa de color azul oscuro, larga y liviana, muy parecida a la que usa Roswaal, con la única diferencia de que esta no posee tantos detalles ni colores extravagantes alrededor de su diseño."

-Garfiel: ¿Y bien? ¿Qué esperas amigo? Todos aquí queremos ver que tal.

Lanzando a un lado la caja, el joven tomo por los hombros aquel pedazo de tela, haciéndolo girar en medio del aire sobre su cabeza, forzando a que caiga sobre el mientras levantaba sus brazos y se volvía uno con aquella ropa.

-Adrian: Es… es simplemente increíble… Muchas gracias Rem… Aunque de cierta manera, es como si le faltase algo. No puedo evitar pensar en ello.

-Pandora: Creo saber a qué te refieres.

Pandora chasqueo los dedos, creando un tenue brillo blanquecino alrededor de la gabardina. Los ojos de todos a su alrededor se ensancharon en señal de sorpresa, pero rápidamente sonrieron en señal de aprobación ante aquel minúsculo pero significativo cambio ubicado a espaldas de aquella prenda de ropa.

-Garfiel: Pega mucho contigo amigo.

-Rem: Pues sí, no entiendo como no se me ocurrió.

-Jeronimo: Yo no entiendo.

A espaldas del muchacho se había formado el símbolo de una luna media, plateada y ligeros detalles de blanco y negro alrededor. Una sonrisa de oreja a oreja se dibujó en su rostro mientras caminaba lentamente hacia la proa del Valhalla, ubicándose delante de Jeronimo quien sostenía fuertemente el timón. Girándose y mirando orgullosamente a sus compañeros, Adrian levanto su puño en alto mientras las turbinas de la nave iniciaban el vuelo y ondeaban la parte trasera de su gabardina, asemejándose a una especie de bandera.

-Adrian: Es hora… Hoy dejamos de ser supervivientes… Hoy más que nunca, dejamos de arrastrarnos bajo la sombra de otros, dejamos de ser víctimas de nuestro pasado y nuestros miedos…

Los motores rugieron con fuerza, lentamente la distancia entre el Valhalla y la tierra comenzó a ser cada vez mayor. El poder del viento, golpeando fuertemente contra el pecho y espalda de todos los presentes, acompañado de las palabras de un emocionado Adrian, los hacían sentir como que ya nada era imposible…como el final y el inicio de una nueva era.

-Adrian: ¡HOY DEJAMOS DE SER ESCLAVOS DE NUESTRO DESTINO, NOS REVELAMOS PARA YA NUNCA MAS SEGUIR SU MALDITA AUTORIDAD! ¡ASI QUE RECUERDEN ESTE DIA, PORQUE QUEDARA MARCADO NO SOLO EN SU MEMORIA, SINO TAMBIEN EN LA MEMORIA DEL MUNDO ENTERO!

Aullidos de emoción y grandeza llenaron el cielo. El Valhalla destruía las nubes con el solo toque de su metal, perforando el cielo y abriendo el horizonte para las personas sobre él.

-Adrian: ¡ASI QUE RECUERDEN ESTE DIA, PORQUE HOY ES CUANDO…NOS CONVERTIMOS EN LOS HEROES DE ESTE MUNDO!

El sonido de los motores funcionando a toda potencia dio inicio al viaje de aquellos jóvenes. Se enfrentaban a un destino incierto o mejor dicho, a una lucha contra este mismo, mas ninguno de ellos tenía miedo. Sonrisas optimistas, llenas de esperanza y valor se dibujaron en sus rostros mientras el Valhalla surcaba los cielos a toda velocidad.

-.-

Mientras tanto en la capital, las tropas de Crusch comenzaban a juntarse al llamado de la diputada de cabello verdoso. Una mirada seria en su rostro, más de lo que acostumbraba, reflejaba un meticuloso cálculo de los posibles acontecimientos. La situación era complicada, no solo porque se tratase del culto de la bruja, sino más bien por lo que estaba en juego.

-Priscilla: Entonces, que ocurre Crusch?

A espaldas de la imponente caballera, se encontraban las otras dos diputadas al reino, siendo estas una pequeña niña de cabello morado y ojos azulados, Anastasia Hoshin, y una altanera y empoderada muchacha con la arrogancia y el desprecio en su mirada, Priscilla Barielle.

-Crusch: Me alegra que hayan venido. En especial tu Priscilla, no esperaba que realmente vinieses.

-Priscilla: Bueno, como podría no haber venido si uno de tus hombre llega diciendo cosas como "Se avecina el fin del mundo"?

-Crusch: Escuchen. Sé que en otro momento no habríamos ni siquiera pensado en trabajar juntas, pero en este caso necesito su colaboración absoluta.

Seguido a esto, la joven prosiguió a explicar con meticuloso detalle los acontecimientos que había presenciado, excluyendo información que podría llegar a ser peligrosa de saberse, como la utilidad del Bifröst o las personas que fueron secuestradas por el culto.

-Anastasia: Ya veo… entonces quieres nuestra ayuda para…

-Crusch: Acabar con el culto antes que lo peor ocurra.

-Priscilla: Te das cuenta que es una misión suicida verdad?

-Crusch: No lo es. La joven que capturamos en la invasión al pueblo de Irlam nos concedió información vital para este combate. Para empezar, los integrantes del culto que ahí se encuentran no son otros que los de la rama de la Avaricia, liderados por un integrante de la Senda Solar.

-Priscilla: El culto de la bruja aliándose con otro grupo radical?

-Crusch: Persiguen un mismo objetivo, ambos necesitan abrir a toda costa la puerta oscura. Debemos detenerlos antes de que inicien en ritual para esto.

-Anastasia: Supongo que tendrás un plan, no es así?

-Crusch: En realidad… no hay mucho que podamos planear. Es probable que nos estén esperando y no tenemos más alternativa que responder a su declaración de guerra.

-Priscilla: Entonces tu idea es ir de cara y rezar para que todo vaya bien? Es broma verdad?

-Crusch: Le estuve dando demasiadas vueltas y por mucho que lo pensara no hay de otra. Logramos contactar con Reinhard, el podrá llegar pero tardara un tiempo en ello. Debemos hacer tiempo hasta entonces.

-Priscilla: Usar al poderoso santo de la espada como arma principal? Estoy segura de que el podría acabar con todos por sí solo, además no creo que logremos mucho con simplemente ir y lanzarnos al combate.

-Crusch: En realidad, si pude ingeniar un plan… pero es un tanto, arriesgado.

-Anastasia: Yo quiero escucharlo.

Las miradas de las diputadas al trono recayeron sobre Priscilla, quien se mantenía distante y con una expresión de desconfianza en dirección a Crusch. Su abanico tapaba parte de sus labios mientras esta analizaba meticulosamente la situación y planeaba alguna manera de sacar ventaja de la situación.

-Crusch: Priscilla, en otro caso nunca te hubiese pedido ayuda. Tienes que entender que si esto falla, ya no habrá Lugunica que gobernar.

Entrecerrando sus ojos, Priscilla golpeo su pequeño abanico contra la palma de su mano, forzando este a que se repliegue en una pequeña varilla y guardándolo en el compartimento oculto de su basto vestido.

-Priscilla: (suspirando) Bien, supongo que no me queda otra que colaborar… cual es el plan?

-.-

Una calma abrazadora rodeaba la catedral de la avaricia, nombrada así por el arzobispo dueño de aquel imponente y oscuro sitio olvidado de la mano de todo dios. El mismo, se encontraba en aquel momento relajándose con una copa en su mano, postrado sobre su lujoso sillón de cuero, observando el hermoso sol del atardecer mientras este se postraba detrás de los árboles del inmenso bosque que lo rodeaba.

-Regulus: Precioso… sin dudas, este lugar no tiene precio. Me apena no haber podido pasar más tiempo aquí, todo gracias a esos… burdos ignorantes que no quisieron aceptar la palabra de nuestra señora… Querida Ram, me acompañarías a contemplar el descenso del sol?

La sirvienta, ahora vestida con unos ropajes largos y pesados, muy parecido al diseño de una túnica, se encontraba distante, con una mirada perdida en el trabajo que le fue concedido el día que fue entregada por el marqués.

-Regulus: Que ocurre? No has dicho nada desde el día de la boda… es que acaso mis cuidados no son dignos de tu belleza? Es que acaso no te es suficiente con ser la esposa de uno de los apóstoles de la sagrada bruja de la avaricia?

-Ram: Esta mentira no durara demasiado… lo sabes? (girando su cabeza en su dirección)

-Regulus: Oh soy consciente de ello. Es por eso que quiero disfrutar cada momento, cada segundo que le queda a esta… asquerosa e impura tierra. Porque otra razón pediría tu mano a nuestro amigo Roswaal?

-Ram: ¿Qué? ¿A qué te refieres?

-Regulus: Ese hombre realmente sentía algo por ti, sabes? Yo no soy como mis compañeros, yo no me dejo guiar por los instintos primitivos de los genes que me fueron concedidos. Mi único interés, es disfrutar del tiempo que se me fue concedido, hasta el momento en que nuestra señora regrese.

-Ram: Eso no responde a mi pregunta. Porque, de todas las cosas que hubieses podido pedirle a Roswaal, me quisiste a mí?

-Regulus: Porque necesitaba una nueva esposa para esto que se cierne sobre nosotros… Necesito a alguien que cuide de mi corazón, para que este no se marchite por la mano de mi toda poderosa autoridad. ¿Y qué mejor que tener el corazón de la mujer amada por quien está destinado a liberar a nuestra señora?

-Ram: Pero… eso no tiene sentido, porque pondrías en riesgo de esa manera el ritual? Qué pasaría si él decía que no?

-Regulus: No lo haría. Su destino no se lo permitiría. El pobre hombre solo quiere recuperar a la mujer que alguna vez amo… y perdió a manos de nuestra señora… La bruja de la Avaricia, Echidna. (Su voz se volvió un poco más seria en este punto)

-Ram: Entonces él no me ama, ama a Echidna! (exclamo)

-Regulus: Error. Él te ama mucho, pero su corazón ya pertenecía a otra persona con anterioridad. (Acercándose a la muchacha con cada palabra que decía) Es por eso que no te puede corresponder, es por eso que te entrego a mi… es por eso que nuestro destino esta sellado y este nos impone la grandeza.

Ram retrocedía sin perder de vista al arzobispo que rápidamente acortaba distancia entre ellos dos, con su mirada tranquila, sonriente y rebosante de arrogancia. La pared detrás de la muchacha detuvo su andar y antes de que pudiese intentar escapar por algún otro sitio, fue detenida por el brazo de Regulus, imponente a un lado de su cabeza.

-Regulus: Desconozco lo que ocurrirá luego de que nuestra señora regrese… pero tal vez haya una oportunidad para ti, querida… tal vez aun puedas salvarte. (Alejándose y extendiendo sus brazos hacia ambos lados, en señal de bienvenida) Solo tienes que aceptar nuestra fe, nuestra creencia y ser uno con el nuevo mundo que Satella creara para nosotros… Solo tienes que ceder a mis deseos… y ser finalmente mía para toda la eternidad.

En un ataque de ira por las palabras del arzobispo, Ram golpeo con todas sus fuerzas el pecho de Regulus, causando que este perdiese su mirada de tranquilidad y la reemplazase por una cruenta y vengativa expresión de desaprobación.

-Ram: Prefiero morir en el barro… que mi cuerpo sea usado para alimentar a las bestias y que mis huesos sean transformados en polvo, antes de siquiera tener algo que ver contigo.

-Regulus: (meciendo su cabeza de lado a lado) Me apena mucho oír eso…

Mientras esta charla llegaba a su fin, un pequeño gripo de cultistas observaba los alrededores de la catedral. Precipitándose específicamente en una dirección, concentrando toda su atención en un mismo punto y desenvainando sus dagas. El silencio del entorno rápidamente fue destruido por la explosión de un ataque mágico proveniente de entre los bosques. Como si de hormigas protegiendo el nido se tratase, cientos de otros cultistas salieron en la ayuda del pequeño grupo, ahora enloquecidos y cargando en dirección al origen de aquel ataque.

-Regulus: jejeje…

Una sonrisa perversa se dibujó en el rostro del arzobispo mientras le daba la espalda a Ram y se aproximaba lenta y calmadamente a la ventana.

-Regulus: Parece que el momento ha llegado… El momento por el cual hemos estado esperando tanto tiempo y la razón de nuestra peregrinación alrededor de Lugunica…

Sin dejar de sonreír, Regulus lanzo un poderoso puñetazo al cristal delante suyo, volviendo este añicos y parándose sobre el barandal de la ventana para apreciar la vista de aquella batalla.

-Regulus: ¡HERMANOS! HOY ES EL DIA…Hoy es el día en que ellos caerán y nosotros resurgiremos para purificaremos esta tierra condenada y corrupta tierra de nadie! NO DEJEN A UNO SOLO DE ELLOS CON VIDA!

Saliendo disparados a toda velocidad, Julius y Wilhelm embistieron al primer grupo de cultistas, reduciéndolos rápidamente antes de ser atacados por sus compañeros. Seguido a esto, el grito de Crusch se escuchó desde la parte trasera de la batalla.

-Crusch: AHORA! MIMI, HETARO, TIVEY!

Desde la copa de los árboles, los tres hermanos semi saltaron disparando sus ataques de prana en dirección a la multitud de cultistas, creando una grieta en medio del campo de batalla. El bando contrario no se hizo esperar y rápidamente levantaron sus manos, cargando poderosas bolas de fuego y disparándolas en dirección a los bosques, cubriendo estos en llamas.

-Crusch: Ya no hay vuelta atrás caballeros, ATAQUEN!

Grito la diputada mientras desenvainaba su poderosa espada de viento y lanzaba un corte hacia el balcón en que Regulus se encontraba. Esta simplemente levanto su mano e hizo uso de su autoridad, deteniendo el ataque de viento conjurado por Crusch.

-Crusch: Hmmm hay una briza muy molesta aquí, será mejor que baje a buscar mi abrigo.

Crusch frunció el ceño mientras veía al arzobispo en la distancia retirándose lenta hasta la profundidad de su aposento. Sin esperarse otro ataque, Crusch grito hacia las profundidades del ardiente bosque, llamando al resto de sus aliados para que se unan al combate.

-Crusch: FELIX, MEILI, FREDERICA!

Como si de un jinete experimentado se tratase, Meili y Felix salieron a toda velocidad montados sobre la espalda de la forma bestial de Frederica. La pequeña niña hizo un llamado, invocando a las ma-bestias de los alrededores para que atacasen al culto de la bruja y estas, sin esperar a más, surgieron de cada rincón de los alrededores, sedientas de sangre y con sus bocas babeantes por el hambre.

-Crusch: No rompan filas, Formación acorazada, AHORA! (Grito mientras se metía entremedio de los soldados, armados únicamente con lanzas y escudos para crear esta estrategia.)

En la línea frontal, Meili y Felix bajo la profesión de Frederica. Bajo la tutela de los soldados, quienes unidos formaban una fortaleza con sus escudos para protegerlos, se encontraban el trio de semis y Crusch. Y por último, abriendo el paso para el avance de los soldados se encontraban Julius y Wilhelm, rápidamente bloqueando y contraatacando los golpes de los cultistas. La idea de esta composición no era otra sino la de poder llegar a la Catedral, celosamente protegida por un gran grupo de aquellos monstruos.

-Crusch: ¡Avancen! ¡No pierdan tiempo!

Los soldados usaban los puntos de cierre entre sus escudos para lanzar estocadas con sus lanzas. Seguido a esto, daban un fuerte golpe con sus escudos y avanzaban la distancia recorrida por estos. Por otro lado, el trio de guerreros fuera de la fortaleza se encargaba de que los cultistas no centrasen sus ataques en una única zona a modo de romper la barrera protectora de los escudos. Por otro lado, aun había otro problema del cual tenían que encargarse. Los cultistas de la parte trasera comenzaban a cargar poderosas bolas de fuego explosivo. Si estas golpeaban contra la barrera, seguramente los soldados no podrían soportar el impacto.

-Felix: ¡Señorita Crusch!

-Crusch: Si, lo se…

Potentes luces amarillentas volaron a toda velocidad en dirección al grupo de soldados mientras estos se preparaban para recibir el impacto. Rápidamente Crusch blandió su espada de vienta, realizando un corte en horizontal que impacto contra la energía canalizada en medio del aire, causando su explosión prematura antes que siquiera pudiesen golpear contra la barrera.

-Crusch: (sonriendo) Todo según lo planeado.

La ventaja por parte de Crusch estaba clara. Su estrategia había sido impecable, de tal manera que pasados los primeros 15 minutos de la pelea los cultistas comenzaban a tomar distancia ante el escuadrón de soldados y concentrar sus ataques en Julius y Wilhelm. Por otro lado, al ser estos espadachines experimentados, poco había que pudiesen hacer ante su habilidad con la espada y las artes mágicas.

-Julius: Buen trabajo señor Wilhelm.

-Wilhelm: Tu tampoco lo estás haciendo mal muchacho, los rumores que oí sobre ti son ciertos.

-Julius: Soy más que solo un rumor.

-Wilhelm: Ya veo que sí.

Sangre esparcida por todos lados, cadáveres recubiertos por el fluido viscoso y purulento que salía de sus cuerpos y restos del fuego y cenizas provenientes de los bosques llenaban el escenario. Todo marchaba extrañamente bien para el grupo proveniente de la capital, lo cual confundía mucho tanto a Wilhelm como a Crusch, mas no era momento para flaquear, por lo que esta última ordeno que todos estén atentos a cualquier movimiento extraño por parte del culto. Para su desgracia, dicha advertencia llego tarde a oídos del espada-demonio, pues sin que nadie pudiese advertírselo, un grupo de cultistas salió disparado en su dirección, no para tratar de herirlo, sino como proyectiles humanos. El anciano uso su espada para cortar por la mitad los cuerpos de aquellos hombres, pero fue golpeado inevitablemente, siendo derribado.

-Julius: Que demonios es eso…

-Felix: Viejo Wil!

Rápidamente Julius se interpuso entre Wilhelm y aquella nueva amenaza que aparecía para frustrar los planes de una batalla perfecta. El viejo espadachín se reincorporo nuevamente para admirar el escenario que lo rodeaba. Los cultistas, aquellos que hace segundos se abalanzaban sobre él, ahora tomaban distancia formando un círculo perfecto, como los que generalmente se usan en peleas callejeras, pero más que por esto, la preocupación de ambos guerreros radicaba en sus dos enemigos parados frente a ellos. Un gigantesco hombre de dos metros, piel de color azulada y seis brazos yacía portando dos espadas largas de cada lado, y alentando a la multitud con sus únicos dos brazos libres y un hombre delgado, vestido con un traje elegante y de cabello morado.

-Stride: Stride Vollachi, mucho gusto señor Julius.

-Wilhelm: STRIDE! (Grito desafiante en su dirección)

-Stride: Oh, señor Wil, hace tiempo no nos encontrábamos.

-Wilhelm: Julius ten cuidado, este sujeto no es ningún debilucho.

-Julius: Yo te conozco…

Dijo señalando con su espada al gigantesco hombre azul parado delante suya quien, deseoso de arrancar la cabeza del caballero, simplemente se limitó a fruncir el ceño y respirar agitadamente.

-Julius: Tú eras uno de los héroes del imperio Vollachia… Famoso por las leyendas que se cuentan de ese sitio, pero conocido como un mito por los poco creyentes. El poderoso Kurgan, espíritu indomable e invendible.

-Stride: Ah veo que has escuchado de él. Lamentablemente no resulto ser ni indomable ni invencible… un título sin valor al fin del día.

-Julius: Nunca imagine que un héroe reconocido fuese a terminar trabajando para el culto.

-Stride: Pues para su desgracia así es… pero no es eso lo que nos trae aquí, verdad? Ustedes quieren detener nuestro propósito, arruinar nuestro trabajo, todo por lo que alguna vez hemos luchado. Lo siento pero no puedo permitir que eso ocurra…

El hombre abrió su mano completamente, revelando una herida abierta por la cual rápidamente comenzó a emanar sangre y formando una rojiza y afilada espada. Levantándola en dirección a Wilhelm, Stride declaro sus intenciones con una mirada seria y confiada.

-Stride: Vamos Wil. Acabemos con nuestra rivalidad de una vez y para siempre.

-Wilhelm: No puedo estar más de acuerdo con eso…

-Stride: Kurgan, encárgate del muchacho y los demás. Lo mismo va para todos ustedes (señalando a los cultistas a su alrededor), no quiero que nadie interfiera en esta pelea… esto es entre Wilhelm y yo.

Lanzando un grito de guerra a todo pulmón, el héroe caído embistió a toda velocidad el cuerpo de Julius, ignorando completamente todo lo que estuviese en su camino que no fuese él. El caballero no podía hacer más que bloquear los ataques del monstruo que rápidamente se volvían más rápidos y fuertes. No parecía estar batallando con otro hombre, sino más bien con una máquina. En vez de cansarse, era como si se hiciese más fuerte a cada momento.

-Crusch: ROMPAN FILAS!

Los soldados frontales que protegían a Crusch se dispersaron, dejando un espacio abierto para poder atacar a Kurgan, el cual fue aprovechado rápidamente por la diputada y el trio de semis. Un triple ataque mágico le siguió al corte diagonal de la espada de Crusch. El ataque combinado impacto directamente con el héroe caído, creando una poderosa explosión que golpeo a todos los guerreros cercanos, incluyendo tanto cultistas como al mismo Julius. Rápidamente Frederica corrió en su ayuda, atrapando a este en su espalda y dejándolo al cuidado de la mano sanadora de Felix.

-Julius: Hubiesen podido haber avisado…

-Felix: No me lo digas a mí, yo no sabía nada nya.

Crusch guardo su espada en la vaina de su cinturón mientras lanzaba la orden de restaurar la barrera humana conformada por sus hombres.

-Crusch: Rápido, antes que…

La nube de tierra fue rápidamente dispersaba por un movimiento agresivo de espadas, proveniente de una fuerza indomable e invencible. El golpear de sus hojas abrió el suelo bajo los pies de Crusch, forzándola a retroceder y romper lo que quedaba de la barrera. Sin esperar otro momento, aquellas espadas se movieron hacia los soldados más cercanos, arrancando sus vidas y partiendo a la mitad sus cuerpos y armaduras como si de mantequilla se tratase.

-Crusch: Que… que es esa cosa…

Wilhelm y Stride, por otra parte, se encontraban sumidos en un duelo a muerte, el cual tenía más simbolismo que el solo triunfo de alguno de los bandos, ya sea el culto de la bruja o la capital… esa batalla llevaba años librándose y era momento de acabarla. Sus movimientos, rápidos y feroces escapaban de la visión y la movilidad de cualquiera ahí presente y solo podían ser igualados por la furia de ambos hombres.

Crusch desenvaino su espada y sin pensarlo dos veces la blandió de manera horizontal, intentando cortar la carne de Kurgan. Este último recibió el ataque de lleno, sin siquiera hacer un intento de bloquear ni esquivar. Su piel apenas de rasgo un poco, dejando ver una pequeña cortada con sangre rojiza y viscosa, mas está herida fue rápidamente curada, sin dar oportunidad a nada para la diputada.

-Crusch: Bien… eso es malo.

-Mimi: Eh… señorita Crusch.

Las tropas de Crusch se abalanzaron contra la criatura, intentando detener su andar mientras la diputada se reposicionaba corriendo en dirección a Frederica y los demás. Kurgan tomo a los soldados y uno a no los uso como proyectiles para intentar golpear a la muchacha, quien no podía hacer más que esquivar los ataques. La semi-humano corrió rápidamente en su dirección para intentar poner a salvo a su aliada. Abalanzándose sobre ella, el gigante tomo por el cuello a la muchacha, presionando fuertemente y golpeando su estómago con su único brazo libre mientras sus espadas eran bloqueadas por los esfuerzos de Felix y Julius.

-Felix: Que demonios es este sujeto, no parece nada de este mundo.

-Julius: Es porque no lo es. El verdadero Kurgan está perdido bajo el encanto de Stride, su fue potenciado gracias a la magia del culto de la bruja… ya no le queda ni un pequeño rastro de humanidad.

-Felix: (presionando fuertemente su espada contra la de Kurgan) ¿Que podemos hacer?

-Julius: Lo desconozco…

-Felix: ¿ENTONCES ESTAMOS LUCHANDO CONTRA UN MONSTRUO INVENCIBLE?

-Julius: No quería admitirlo… pero es muy probable que sí.

Una fuerte explosión proveniente del trio se semis golpeó la espalda de Kurgan, forzándolo a soltar a Frederica y dejándolo vulnerable a los ataques de Felix y Julius. Rápidos y certeros cortes llenaron de heridas el cuerpo del guerrero, seguido a esto tajos de la espada de viento de Crusch llegaron a él desde la distancia. Frederica por su parte se reincorporo y se unió al equipo, golpeando con sus garras el vientre del monstruo, cortando su abdomen y dejando ver sus intestinos y viseras. Por fin sus esfuerzos por atacarlo parecían estar dando frutos.

-Kurgan: Es inútil…

Un escalofrió recorrió el cuerpo de todos los presentes. Tanto aliados como enemigos del gigante, su voz creo una atmosfera de desconfianza y temor que rápidamente se dispersó por todo el lugar. Un sonido tan leve y tan particular al mismo tiempo que dejo estático a todos a su alrededor.

-Kurgan: No pueden ganar esta pelea.

Su voz, tan grave y profunda que pareciese provenir del mismo infierno se clavó directamente en el corazón de Crusch. Parecía el discurso de aliento que daría cualquier héroe de historias de fantasía, pero con un efecto inverso. Tomando por la zarpa a Frederica, Kurgan dio un fuerte rugido mientras giraba a toda velocidad usando a la semi-humano como un arma viviente y golpeando a todas las personas cercanas. Finalmente, el monstruo soltó a la chica, haciendo que esta salga disparada a toda velocidad hacia Crusch. En medio del aire, la joven logro volver a su forma original, evitando que el golpe con la diputada fuese lo suficientemente fuerte como para matarla. Lamentablemente, la chica ya estaba fuera de combate, al igual que Crusch.

-Kurgan: El tiempo ha llegado. Un tiempo de cambio y revelación para este mundo. (Tomando una de sus espadas) y yo… Kurgan, seré quien comience esta época… con la derrota de la capital.

Levantando su brazo, el gigantesco hombre apunto la espada en dirección a Crusch, tendida en el suelo, con intenciones de lanzar su arma. La muchacha, golpeada y presa del temor por aquellas palabras, poco podía hacer más que esperar a las últimas palabras de su enemigo, quien ferozmente esperaba poder saborear su sangre. Mas no era el momento de morir… en aquel último momento de desesperación, de miedo y perdición… una luz surgió de entre las tinieblas.

-Kurgan: ¿?

Una flecha, pequeña y brillante traspaso la mano del monstruo. Y tan rápido como esto ocurrió, la misma implosión en su lugar, destrozando completamente su mano y haciéndolo retroceder. Seguido a esto, aquellos pedazos de carne esparcidos por todos lados comenzaron a juntarse nuevamente en su sitio mientras el furioso guerrero miraba en todas direcciones, buscando el origen del ataque.

-¿?: HEY! Aquí arriba…

Levantando sus cabezas, todos los ahí presentes pudieron ver su llegada. Un muchacho joven, anteriormente tomado como muerto, se cernía sobre la punta de una embarcación metálica que sobrevolaba los cielos, acompañado por una demonio de cabello azul, una bruja, un semi-humano y sus soldados y por ultimo pero no menos importantes, un pequeño chico que guiaba la maquina hacia la catedral.

-Adrian: Parece que llegamos en el momento justo muchachos, hora de demostrarles nuestra valía.

El grupo de soldados comandado por Garfiel lanzo una lluvia de flechas en dirección a Kurgan, quien sin pensarlo dos veces hizo uso de su fuerza para dar un poderoso salto en dirección al Valhalla. Las flechas causaban un gran daño a su cuerpo, pero este no solo no se inmutaba, sino además curaba estas heridas tan rápido como eran creadas. Esto no le importó a Garfiel, quien sin pensarlo demasiado se lanzó al combate, interceptando en medio del aire al guerrero y mandándolo a tierra junto con él.

-Garfiel: Tú pareces estar a la altura de la situación, pero veamos si puedes medirte con el gran Garfiel. HEY AD! Te importaría encargarte de los demás por mí? Tengo trabajo aquí presente!

-Adrian: Déjamelo todo a mí, hermano.

Los soldados de Garfiel siguieron las indicaciones de su líder, saltando del vehículo, el cual comenzaba a descender su vuelo mientras tomaba como punto de destino la catedral. Jeronimo miró la energía restante en los motores, percatándose de que esta estaba cerca de los límites.

-Jeronimo: Adrian! No queda mucho combustible.

-Adrian: Bien, parece que es hora de decirle adiós al Valhalla. Rem, asegúrate de que nuestro amigo aterrice a salvo!

La sirvienta asintió con la cabeza mientras tomaba a Jero por la cintura y se lanzaba por la borda, haciendo que su cuerno demoniaco comenzaba a salir de su frente, llenándola de poder y determinación.

-Pandora: Solo quedo yo, supongo.

-Adrian: Ahora es cuando te pido que vallas con ellos y te encargues de que nadie muera.

-Pandora: NO! Prometiste no volver a dejarme, no pienso permitir que vayas solo.

El joven tomo a la bruja por la cintura y rápidamente propicio un apasionado beso, víctima de las emociones del momento y la adrenalina mientras el motor del Valhalla comenzaba a apagarse y perder potencia en su andar.

-Adrian: Tranquila, yo estaré bien… solo confía en mí.

-Pandora: (sonrojada) Esto… No puedo creer que me lo pongas tan difícil.

-Adrian: Ese es mi trabajo. Ahora ve!

Saltando por la borda, Pandora miro por última vez a su amado mientras un potente brillo comenzaba a emanar de su cuerpo, cubriendo por completo a este mientras la embarcación voladora comenzaba a aumentar la velocidad de descenso.

-Adrian: Esta va por ti… Gern…

Adrian corrió en línea recta, encarando la pared principal de la catedral y saltando justo antes que el Valhalla comience a derrapar y chocar contra la entrada del lugar, bloqueándola completamente. El chico levanto su puño, envuelto por un poder sin medidas, potenciado por sus emociones y enloquecido por su corazón.

-Adrian: HIMIKATSU… INYOOOOOO!

El puñetazo lanzado por el chico creo una potente ráfaga de viento que golpeo sin piedad la estructura de la catedral, destruyendo ladrillos, cristales y maderas del lugar. Escombros salieron disparados en todas direcciones, creando una verdadera lluvia de basura sobre las cabezas de los arzobispos y dejando una abertura inmensa por la cual entro muchacho y fue recibido por la presencia de aquel hombre de cabello y túnica blanca.

-Adrian: Supongo que tú eres el encargado de todo esto… me equivoco? REGULUS CORNEAS!