Capítulo 26: Adiós.

La imagen desoladora del sol levantándose sobre aquella cantidad de cuerpos, ahora recubiertos por simples mantas blancas para evitar la manipulación de los cuerpos pos parte de cualquier factor externo que no fuese la madre naturaleza. Los hombres de Crusch habían sido enviados a inspeccionar la zona en búsqueda de las personas secuestradas. Esta última por otra parte, se encontraba junto a Felix, quien curaba a sus compañeros haciendo uso de sus capacidades sanadoras. Este último no estaba solo, pues refuerzos de la campaña de Priscilla hicieron acto de presencia, solo en caso de que fuesen necesarios. Esto molesto mucho a la diputada, pero no era el momento de causar una discusión. La joven admiro como desde dentro de aquellos restos de pared y papel tapiz, emergían sus orgullosos caballeros, portando una noticia desalentadora.

-Caballero: Mi señora, el lugar está limpio. No hay rastro un solo humano vivo en todo el lugar más haya de nosotros.

-Crusch: ¿Qué? Eso no puede ser… entonces esa maldita enana nos envió a morir…

-Pandora: En exactamente señorita Crusch. (Dijo acercándose lentamente a su actual aliada)

-Crusch: Creí que habíamos dejado claro que no quería que te acercases a nosotros…

-Pandora: Si hiciese eso no podría advertirle de la realidad.

-Crusch: ¿Realidad? ¿Qué realidad es esa?

-Pandora: Una en la que les ellos previeron un ataque. Usaron este lugar como carnada y nosotros caímos directamente en su trampa.

-Crusch: ¡Maldición! (Exclamo mientras golpeaba fuertemente su espada contra el suelo.) Es por eso que había tantos cultistas. No querían ganar la batalla, solo entretenernos…

-Pandora: Solo queda un lugar al cual podemos ir ahora… pero lo que encontraremos no será agradable.

-Crusch: Supongo que no tenemos de otra… preparen a las tropas, envíen a los heridos a la capital, nos encargaremos del resto por cuenta propia.

-Caballero: Mi señora, que hacemos con el señor van Astren?

-Crusch: El será nuestra jugada más poderosa. Iremos a enfrentarlos directamente… y rezar por que todo salga bien.

Garfiel quien en ese momento se encontraba escuchando atentamente aquella conversación, frunció su seño mientras presionaba levemente sus puños. Poco duro esto, pues uno gritos desgarradores de tristeza y dolor llamaron su atención de sobre manera. Frederica, su hermana se estaba sosteniendo de los hombros a Rem, quien no podía estar más destrozada por lo ocurrido ayer. Golpeaba su pecho con fuerza mientras lanzaba alaridos que ablandarían el alma incluso al más descorazonado de los enemigos. El semi-humano suspiro, un pensamiento paso por su mente a la par que se alejaba del campamento formado provisionalmente. Caminando lenta pero constantemente, solo quería aislarse unos momentos de toda aquella pena y muerte. Y de repente, sin siquiera quererlo, la imagen de un muchacho sentado en el borde de un árbol caído apareció ante sus ojos.

-Garfiel: Adrian…

El muchacho giró lentamente para recibir a su compañero. Una sonrisa forzada y difícil de creer apareció en su rostro mientras el semi-humano se acercaba y tomaba asiento junto a él.

-Adrian: Hola hermano…

-Garfiel: Como lo llevas?

-Adrian: Bueno… ya sabes… es difícil. Solo quería pensar un poco, ya sabes… alejarme de todo por un momento y tener un poco de espacio para mí.

-Garfiel: Ja. Pues pensamos igual. Los demás se están preparando. Pandora dijo que todo esto no era más que una carnada para hacernos perder el tiempo… ahora estamos heridos, cansados y además con una batalla mayor a punto de caer sobre nosotros.

-Adrian: Sabes… cuando nos encontramos por primera vez con Ram fue en un bosque… (Dijo cambiando de tema, ignorando las instrucciones de su amigo) Recuerdo su expresión. Ella me apunto con su mano, intentando desgarrarme el cuello con su magia de viento… ja, quien diría que esa misma chica daría su vida por todos nosotros…

-Garfiel: Hermano… (Poniendo una mano sobre su hombro)

-Adrian: Pero supongo que es lo que debía pasar. No podemos hacer nada para cambiarlo, ni tú, ni yo… ni siquiera Pandora… La… la vida puede ser un poco perra alguna veces… ¿no crees?

Su voz comenzó a quebrarse a medida que terminaba esa última frase. Su sonrisa falsa, flaqueó en el momento que sus lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas. El muchacho recordó por todo lo que había pasado, todos los amigos que había perdido, todo el sacrificio que había tenido que hacer para llegar hasta ese punto. Y el pensar que todo fue por culpa de su maldito destino, que decidió jugarle la peor broma de su vida al entregarle una vida nueva, con nuevas posibilidades y que las desgracias de su pasado volviesen a repetirse. Simplemente era una carga enorme para él. Pero como siempre… no es momento para flaquear. Un futuro peor puede evitarse y porque puede, Adrian DEBE evitarlo.

Movilizaciones armadas de todas las facciones se reunieron alrededor de la destruida catedral. Cientos de soldados preparaban sus armas y alistaban los últimos preparativos para comenzar el viaje hacia el bosque de Elior. De manera seria, el equipo conformado por Pandora, Garfiel, Adrian y Jeronimo se reunió con Crusch, quien rápidamente explico el plan. La bruja de la vanagloria, por otra parte, no pudo concentrarse como debería ser en las palabras de la diputada. Sus pensamientos estaban estancados en la imagen de Adrian, serio y con una mirada fría y completamente enrabiada.

-Crusch: Y eso es todo… ¿alguna pregunta?

-Adrian: Si, ¿Cuándo saldremos?

-Crusch: Me gusta ese ánimo. Saldremos en cuanto Reinhard nos dé el visto bueno. Por mientras… un momento, tú eres Adrian Mercer?

-Adrian: El mismo ¿A qué se debe la pregunta?

Crusch miro fijamente al joven por unos instantes, confundida a la vez que sorprendida por el cambio drástico que había sufrido en el poco tiempo que no se había visto. Una mano pálida toco delicadamente el hombro del muchacho. Girando rápidamente, este último pudo ver como Pandora reclamaba su atención, invitándolo con su otra mano a alejarse del grupo unos momentos.

-Adrian: Uno momento, ya volvemos.

-Crusch: ¡Espera! Rem me pidió que te diga que la busques cuando terminen de hacer… bueno, lo que sea que tengan que hacer.

-Adrian: Lo tendré en mente…

Jalando fuertemente de su mano, Pandora arrastro al muchacho hasta una de las tiendas precariamente armadas. El sonido de la tela ondeando en el viento azotó los tímpanos de ambos jóvenes en el momento que entraron dentro de esta. Sentándose frente a Adrian, la pequeña chica declaro sus intenciones mientras mantenía una expresión seria y neutral.

-Pandora: Seré directa… Me preocupas.

-Adrian: ¿Yo? Pfff… no tiene porque.

Fingiendo una sonrisa, Adrian realizaba un montón de movimientos corporales a la vez que hablaba, acción muy impropia suya, cosa que solo reafirmaba la inseguridad en Pandora.

-Adrian: Estoy perfectamente, no tienes por qué preocuparte… Sé que te gusta pensar en mí, pero eso no es motivo para inventar excusas jara estar conmigo, solo es necesario que lo digas jajaja.

La bruja simplemente guardo silencio, manteniendo su expresión y clavando firmemente su mirada en los ojos del muchacho. Un escalofrió recorrió la espalda de este último mientras intentaba continuar con su falsa y poco creíble actuación.

-Adrian: Mira, que te parece esto ¿Cuando todo termine, que me dices si salimos a comer a algún lugar lujoso? Conocí algunos lugares muy buenos cuando fui a la capital, estoy seguro de que no habrá ningún problema en ello.

-Pandora: Adrian cállate y escúchame (Reclamo en voz alta, haciendo callar al muchacho.)… se perfectamente la relación que tenías con la chica demonio.

Aquella declaración dejo sorprendido y atemorizado al muchacho. No por el temor de que la chica fuese a hacer algún tipo de maldición o encantamiento sobre él, sino más bien, por el simple miedo a dañarla por no haber mencionado algo así con anterioridad… en todo caso, la culpa seria total y completamente suya.

-Adrian: Oh… lo siento…

-Pandora: ¿Porque lo sientes?

-Adrian: Es solo que… en el momento cuando te conocí, mi relación con Ram era algo muy extraño. Éramos amigos, pero al mismo tiempo deseando ser más que solo eso.

-Pandora: De igual forma, ya lo sabía… los otros "TU" hicieron cosas parecidas, pero ninguno logro ser realmente querido por aquella muchacha. Es como si de alguna manera, algo de ti, alguna característica que sobresaliera entre todos los otros, se hubiese pegado en ella.

-Adrian: Espera, estás diciendo que su muerte… ¿fue mi culpa?

-Pandora: ¡NO! No digas eso. Ella entrego su vida porque te amaba y quería que siguieras adelante. Quería que llegaras hasta el final de esto y vieras el final de esta historia como realmente merece ser contada… pero eso no lo lograras lamentándote por ella y llorando en medio de un bosque.

-Adrian: ¿Estas espiándome en todo momento?

-Pandora: No, solo pude notarlo.

-Adrian: Ja… Lo siento… (Bajando la cabeza)

-Pandora: ¿De nuevo con eso?

-Adrian: Es que… no espero que lo entiendas, es algo muy propio… siento como si te hubiese mentido o traicionado de alguna manera.

-Pandora: Te repito que no hiciste nada.

-Adrian: Tampoco hice nada para evitarlo…

-Pandora: Yo tampoco lo hice. Y es porque confié qué harías lo correcto. Sabiendo todo lo que llevabas detrás, podría haberte hecho la vida imposible… podría haber destruido tu esperanza y ganas de continuar hasta que no fuesen más que polvo y simplemente buscar alguna otra manera de solucionar todo… pero mira, aquí estamos, al borde del final.

-Adrian: Pero… ¿porque?

-Pandora: ¿No es obvio?

Diciendo esto, la bruja movió su cuerpo hacia adelante, dejándose caer sobre su querido y abrazándolo fuertemente mientras replicaba al oído aquellas palabras que nunca había tenido la oportunidad de decir a otra persona.

-Pandora: Porque te amo, Adrian Mercer.

El joven levanto la cabeza, encontrándose de frente con dos ojos azulados, que reflejaban la felicidad, alegría y nobleza. Algo muy distinto a lo que había visto en todas las demás personas involucradas en el culto de la bruja. Una sonrisa sincera se dibujó en el rostro de Adrian, borrando de su ser toda sensación de dolor y preocupación. Devolviendo el abrazo dado por la bruja, el muchacho respondió a aquellas tiernas palabras de afecto.

-Adrian: Yo también te amo… Pandora.

Nuevamente, ambos unieron sus labios en un largo y apasionado beso que demarco el comienzo de su última batalla. A las afueras de aquella tienda, Garfiel y Frederica se encontraban oyendo silenciosamente aquella charla. Sonriendo orgullosamente por su amigo, el semi-humano dejo caer una lagrima de emoción mientras ocultaba su rostro de su no tan querida hermana.

-Garfiel: Maldito Adrian… siempre caes parado jajaja.

Frederica comprendió el sentimiento que yacía dentro de Garfiel y movida por las emociones del momento e ignorando todas las maneras que este pudiese reaccionar al llevar a cabo tal acción, la muchacha poso lentamente su mano sobre el hombro de su hermano, cerrando los ojos y esperando alguna respuesta negativa. Pero por otro lado, pasaron los segundos y el joven semi-humano no se movía, no reaccionaba ni realizaba ningún tipo de sonido.

-Garfiel: Frederica…

Sobresaltada por el llamado de su hermano, la sirvienta respondió torpemente mientras retiraba su mano rápidamente y se preparaba para una posible retirada.

-Frederica: S-Si?

-Garfiel: Tal vez me arrepienta de esto, pero cuando esto termine… Debemos ponernos al tanto de todo.

Una sonrisa feliz, y comprensiva se dibujó en el rostro del muchacho mientras rascaba su cabeza y miraba a los verdosos ojos de su hermana. La emoción y felicidad llenaron el corazón de la felina sirvienta, lo cual la llevo por mero instinto a amagar sus intenciones de lanzarse sobre Garfiel. Por otro lado, este la detuvo con una mano, aclarando sus intenciones.

-Garfiel: WOW, un momento. Tampoco malinterpretes mis intenciones, nunca dije que te había perdonado. Solo te estoy dando el beneficio de la duda y suponiendo que el mundo no este por acabarse. Como digo siempre, si quieres mi confianza de regreso, gánatela.

-Frederica: (recuperando su compostura) Bien, esperare ansiosa ese momento… señor Garfiel.

-Garfiel: Y otra cosa más… no dejes que te maten… por favor.

Aquellas últimas dos palabras fueron dichas por mero sentimiento. El semi-humano entrecerró su boca para que estas no salieran, pero su cuerpo simplemente se revelo contra él, haciendo que saliera un leve e inentendible susurro.

El sonar de una trompeta alerto a todos los soldados, llamando a su encuentro en medio de todo aquel inmenso desastre. Un hombre pelirrojo vestido con atuendos blancos, bordados con pequeños detalles en negro y rojo fue el responsable de aquella convocatoria.

-Reinhard: Espada santa Reinhard Van Astren, mucho gusto caballeros.

Exclamo para todos los presentes, dando una ligera mirada a todos a su alrededor mientras guardaba un silencio sepulcral e incómodo. La mirada de los soldados, llena de admiración y alegría al ver al legendario guerrero delante suya era solamente comparable a la que tenía un niño al ver a un superhéroe.

-Reinhard: Bien, hora de partir. Señorita Crusch, usted dirá.

-Crusch: ¡Al bosque de Elior, exactamente en su centro!

El grito de cientos de soldados resonó a lo largo y ancho de todo el lugar, declarando su presencia y determinación por salvar aquella tierra a la que conocían como "Hogar". Adrian, liderando a su equipo dio la orden de seguir a los soldados, siendo detenido en el acto por el llamado de Rem. Recordando lo dicho por Crusch, el muchacho se separó de su grupo unos momentos para hablar con la sirvienta peli azul. Aun limpiando las lágrimas de sus ojos, Rem miro fijamente al rostro al joven, demostrando que su situación no había mejorado sino que al contrario, no se encontraba en condiciones de acompañarlos.

-Adrian: ¿Rem? ¿Qué ocurre? No estarás pensando en acompañarnos, ¿verdad?

-Rem: (negando con la cabeza) Rem debe velar por su hermana… por muy fuerte que sea, no puedo pelear con este dolor en mi pecho…

-Adrian: Te preocupas por Subaru, ¿no es así?

-Rem: Subaru es lo único que me queda… ahora que Ram no está… me duele demasiado no poder acompañarlos, pero debo estar aquí con ella.

Extendiendo su mano, la chica entrego a Adrian un presente un tanto…singular. Un recordatorio de porque estaba luchando y del porque no debía fallar aquella misión. Un pequeño, blanco, cristalino y brillante trozo de cuerno de demonio.

-Adrian: Esto es…

-Rem: De mi hermana… ella me pidió que lo cuidara el día que le fue arrebatado. Siempre me ayudó en los momentos difíciles, recordándome que a pesar de las adversidades, siempre se puede salir adelante. Ahora quiero que lo lleves contigo.

-Adrian: Estoy seguro que tu hermana querría que lo tengas tú.

-Rem: Lo sé, pero tú lo necesitas más que yo. (Poniendo sus manos sobre el puño cerrado de Adrian, Rem continuo) Si alguna vez te hieren y sientes que vas a caer… este cuerno te susurrara al oído…"¡LEVANTATE! ¡DE PIE, NO TE RINDAS! Porque eres especial y debes continuar"

Con ciertas dudas, Adrian llevo el pedazo de cuerpo hasta el bolsillo interior de su abrigo, cerca de su corazón. Aquel compartimento era pequeño y profundo, pero aquel regalo cabía perfectamente en él.

-Adrian: Gracias Rem, realmente lo aprecio. Pero como es eso de que solo tienes a Subaru eh? (reclamo con aires de confianza y alegría) también nos tienes a nosotros. Estamos contigo para lo que necesites.

Rem sonrió forzadamente, mirando en el fondo a sus amigos apoyándola y deseándole lo mejor hasta que volviesen. Dando media vuelta, Adrian miro con orgullo y determinación a sus compañeros, listos para entregarlo por él y esperando que el hiciera lo mismo por ellos.

-Adrian: Muy bien lacayos, ¡Vamos a marcar la diferencia!

-Alice: Sip, a marcar la diferencia.

El sonido de aquella voz, hizo sobresaltar al muchacho. A su lado, aquella muchacha que había atentado contra su vida y la de sus amigos semanas atrás. De manera sorprendida y confusa, Adrian cuestiono.

-Adrian: ¡HEY! ¿Qué demonios haces aquí?

-Alice: Pues ayudando a la causa, ¿qué más podría ser? Yo fui quien guio a todos estos tarados hasta aquí después de todo.

-Adrian: ¿Entonces estas con nosotros?

-Alice: De momento, sí. Era esto o seguir en prisión, así que es preferible.

-Adrian: Daaaah, bien. Pero no te acerques a mí.

-Alice: Oye no seas así. Hey, creciste mucho desde la última vez que nos vimos. ¿De dónde salieron esos músculos? ¿Quién te enseño a pelear? ¿Dónde puedo conseguir ropa así?

Ignorando todas y cada una de las preguntas que la pequeña dama lanzaba hacia su persona, el muchacho simplemente mantuvo paso firme hacia su destino.

-.-

-Roswaal: ¿Hasta dónde piensa llegar con esto… querido Subaru?

El joven levanto su debilitada mirada, admirando aquel escenario que lo rodeaba. Un circulo lleno de escrituras en idiomas que nunca antes había visto, una cantidad inmensa de personas a su alrededor, todos y cada uno de ellos vestidos con el mismo atuendo del culto de la bruja, un hombre pálido, con aspecto cansado y demandante que le replicaba fuera de aquel circulo, pero lo más llamativo… una muchacha de pelo plateado y orejas puntiagudas, clavada de ambas manos en un poste de madera, del cual se vertía su sangre lenta y constantemente.

-Subaru: ¡EMILIA!

Gritó intentando moverse hacia ella, siendo detenido por unas cadenas de hierro que lo retenían al suelo inmóvil donde se encontraba. Los ojos de su querida se posaron sobre él, demostrando un dolor y pena inmensos. Roswaal ladeo la cabeza lentamente mientras levantaba sus manos.

-Roswaal: ¿Que pasa Subaru? ¿Acaso ya has olvidado lo ocurrido estos últimos días? Pues… no me extraña… el cuerpo humano suele hacer cosas extrañas cuando pierde mucha sangre. Pero no te preocupes, siempre puede generar más.

-Subaru: ¡ROSWAAL! ¿QUE DEMONIOS SIGNIFICA ESTO?

Procedió agresivamente mientras tensaba las cadenas, intentando zafar sus manos de su metálico y frio agarre.

-Roswaal: Todavía no te has dado cuenta de donde estas, ¿verdad?

Girando su cabeza, Subaru pudo presenciar una inmensa, oscura e imponente puerta de madera. Su altura sobrepasaba los árboles, creando un contraste increíble con la fauna del lugar mientras a su alrededor podía distinguirse un circulo perfectamente formado por esta, como si la mera naturaleza no quisiera tener nada que ver con el origen de tal artefacto.

-Roswaal: Pues déjame refrescarte la memoria… Estas viendo la poco conocida "puerta oscura" o sello oscuro como algunos lo llaman. En su interior yace un poder sin medidas, un artefacto capaz de sobrepasar al mismísimo tiempo y espacio…y también, a la muerte misma. (Agrego forzando seriamente su voz)

Subaru se quejó fuertemente mientras las cadenas de sus brazos se cerraban, aplastando lentamente su brazo y exprimiendo la sangre de estos como su fuese una mera fruta para el desayuno. El líquido rojizo cayó al suelo, deslizándose rápidamente alrededor de aquel circulo tribal y llenando sus líneas con su esencia.

-Roswaal: Pronto este maldito pedazo de madera estará abierto… pronto volveremos a vernos, amada mía… (Susurrando para sí mismo) mi amada Echidna… pronto volveremos a estar juntos, solo tú y yo…

-Emilia: ¿Por qué?… ¿porque nos haces esto?

Susurro la pequeña semi-elfo mientras lágrimas de furia y frustración salían de sus ojos. Girando rápidamente, el pálido y excéntrico hombre se dirigió a ella con un tono de cierta superioridad.

-Roswaal: ¿Por qué?... bueno, esa respuesta podrías verla en tu mera historia jovencita. (Señalado a Subaru) Mira por ejemplo a este chico aquí junto… el hizo hasta lo imposible por ti, murió incontables veces solo para salvar su pellejo y no tengo dudas en que seguiría haciéndolo si fuese necesario. Es el ejemplo perfecto de un hombre que entregaría todo por la persona que ama.

-Emilia: ¿PERO TRAICIONAR A LOS TUYOS? ¿A la gente que una vez te apoyo y quiso?

-Roswaal: Yo no dictamino las reglas señorita, solo las sigo. Como dije, estoy dispuesto a todo por recuperarla… sin importar lo que sea necesario. Ustedes no tienen culpa de nada, no se confundan. No estoy insinuando que hice esto por venganza ni por placer… mi único deseo es poder volver a ver su hermoso rostro ¿Es eso algo tan malo después de todo?

Habiendo dicho esto, Roswaal dio la espalda tanto a Emilia como a Subaru y haciendo caso omiso de sus gritos e insultos, el marques decidió esperar pacientemente a que el ritual fuese concebido. Arrepentido a la vez que esperanzado por el traidor en que se había convertido, poco había que hacer ya para arreglar sus fechorías… más que seguir adelante.

-.-

El repiqueteo de las garras de los carruajes dragones acercándose rápidamente hacia el bosque resonaba alrededor de todo el lugar. Un silencio sepulcral reinaba en todo el lugar, sirviendo solo para señalar problemas inminentes y un peligro inigualable. Reinhard froto su mano contra su barbilla mientras realizaba una planificación rápida para su ataque.

-Reinhard: ¡Alto!

Exclamo mientras levantaba su mano en alto para detener a sus aliados.

-Reinhard: Ustedes continúen, yo haré un rastrillado de los alrededores para evitar emboscadas.

Y habiendo dicho esto, joven espada santa hizo a un lado su montura para elevarse en medio del cielo nocturno y observar los alrededores. Crusch dio la orden de avance mientras continuaba con paso lento pero firme hacia las profundidades del lugar.

-Garfiel: ¿Soy el único al que esto le huele a mierda?

-Adrian: No, es que pisaste excremento hace como un kilómetro y estamos aguantando tu hedor.

-Garfiel: Wow, ya estás de humor para bromas tan rápido?

-Pandora: El no bromea…

-Garfiel: Oh… lo siento jejeje.

-Alice: El culto de la bruja no dejaría algo tan importante desprotegido. Deben estarnos esperando, eso es seguro.

-Pandora: Son muy solitarios cuando se trata de relación entre arzobispos, pero en una situación así, es muy probable que nos estemos enfrentando al culto completo…

-Adrian: Genial. (dijo con aires de desanimo)

El silencio abrazador causaba una sensación de incomodidad abrumadora en Adrian. Sus experiencias anteriores en los que esa paz antes del desastre había demarcado su vida o su muerte habían dejado meya en su subconsciente, creando una especie de trauma o cicatriz difícil de curar. El prana de su cuerpo, preparado y listo para saltar al combate comenzaba a canalizarse alrededor de todo este, de manera casi inconsciente. Crusch levanto su mano, poniendo nuevamente un alto al caminar de sus tropas y haciendo una señal para que estas guardaran silencio absoluto.

-Frederica: ¿Qué es eso?

Un leve pero inquietante zumbido resonaba en la lejanía. Como si del volar de una mosca se tratase pero siendo oído por todos ahí presentes, este estaba muy lejos de ser simplemente eso.

-Adrian: No bajen la guardia… se avecinan problemas.

Y de la nada, cortando con todo aquel silencio, una inmensa explosión resonó alrededor de todo el bosque, e ilumino las espaldas de todos los ahí presentes. Girándose rápidamente, pudieron ver como en la distancia el fuego comenzaba a expandirse en todas las direcciones posibles y cientos de cultistas ardiendo por las llamas, salían disparados a toda velocidad e impactaban contra los arboles del lugar.

-Crusch: ¡CORRAN! ¡NO MIREN HACIA ATRÁS!

Grito a todo pulmón la diputada mientras golpeaba con las púas de sus pies a su leal montura dragón. Julius, Felix y Wilhelm obedecieron mientras desenvainaban sus espadas y miraban de lado a lado, esperando cualquier ataque sorpresivo por parte del enemigo. Afiladas dagas volaron desde la profundidad del bosque, incrustándose profundamente dentro del cuello de algunos soldados, matándolos en el acto. Otros tuvieron menos suerte, al ser sus dragones quienes recibieron el impacto y provocando así que ellos cayeran directamente a las ruedas del carruaje trasero, siendo aplastados por su inminente andar. El trio semi, escoltando lado a lado a Crusch comenzaron a lanzar en conjunto potentes ataques de prana en cada dirección, acompañados de fuertes cortes de la espada de viento de la diputada.

-Felix: ¡SEÑORITA CRUSCH!

Girando rápidamente su cabeza, Crusch pudo ver a su fiel caballero, a Felix poniéndose delante de ella, bloqueando el agarre de un afilado y puntiagudo garfio enganchado a una cadena. El arma traspaso completamente el brazo del muchacho y sin esperar más, este fue jalado hacia adelante, donde una figura delgada, alta y sostuvo fuertemente su cuello con sus esqueléticas y decrepitas manos. Al ver esto, Crusch se detuvo frente a aquel individuo, admirando su imponente y extraña figura que solo se volvía más extraña a medida que pasaban los segundos.

-¿?: Bien… no son tantos como esperábamos, eso es bueno.

Susurro al caballero semi mientras se aferraba fuertemente a su cuello. Mirando fijamente a aquella criatura, Felix pudo tener una imagen más clara de a que se enfrentaban. Una mujer, cubierta de pies a cabeza por vendajes blancos y portando la túnica típica del culto de la bruja se encontraba examinando su cuerpo detenidamente con aquellos ojos llenos de desagradable curiosidad.

-¿?: Perfecto, el santo de la espada esta entretenido con los demás, así que no será muy difícil acabar con estos antes de que llegue. Oh, olvide mencionarlo…

Haciendo una reverencia casi deformada por los atributos tan poco pronunciados de la criatura, hizo su presentación mientras con su lengua lamia la herida del caballero semi.

-Sirius: Sirius Romanee-Conti… esposa del legendario Petelgeuse y arzobispo del pecado representando a la ira.

Empuñando sus armas, la armada de soldados se preparó para el combate contra aquella extraña mujer pero estos fueron detenidos por la una pequeña chica que lentamente se acercaba a Sirius, meneando su cadera como si de un gato de tratase y sonriendo pícaramente.

-Crusch: Que demonios significa esto…

Perplejos por la imagen que aparecía frente a ellos, no había uno solo de aquellos guerreros que pudiera creer la presencia de la persona frente a ellos. Una chica con orejas puntiagudas, cabello plateado y vestidos blancos.

-Crusch: ¿E-EMILIA?

Ladeando su cabeza mientras sonreía a modo de burla, la muchacha realizaba una serie de movimientos muy extraños para su persona. Sus expresiones y su mero andar era demasiado impropios de ella, lo cual llamo poderosamente la atención de Pandora.

-Pandora: ¡No es Emilia! Es otro arzobispo del…

Sin dejar que la muchacha terminara su frase, aquella copia de la semi-elfa lanza rápidamente una llamarada proveniente de su boca, que abrazo a los soldados que estaban frente a ella, dispersando a las tropas y volviendo el campo un mero caos. Continuando con aquella acción, Sirius levanto una de sus manos lo cual provoco que cadenas doradas salieran disparadas del suelo y atrapasen a los soldados restantes, anclándolos al piso y presionando con una fuerza sobrehumana sus cuerpos.

-Capella: Capella Emerada Lugnica, arzobispo del pecado de la lujuria. El placer es todo mío.

Reaccionando rápidamente a las acciones de sus contrincantes, Wilhelm cargo rápidamente hacia ellas, seguido por Julius. Empuñando sus espada ambos caballeros lanzaron cortes a toda velocidad en dirección a ambos arzobispos, quienes simplemente esquivaron los ataques sin mucho problema. Lanzando a Felix a toda velocidad contra Crusch, Sirius remolineo sus cadenas, golpeando repetidamente a ambos caballeros, causando heridas de poca gravedad, pero moviendo las cadenas con intención de atrapar a sus enemigos. Mientras todo esto ocurría, cultistas comenzaban a acercarse rápidamente a la zona, con intenciones de interferir en la pelea.

-Adrian: ¡Garfiel! ¡Frederica! Nos necesitan…

-Frederica: Hagamos lo… (Haciendo sonar sus nudillos)

-Pandora: No, esperen…

La voz de Pandora llamo rápidamente la atención de sus compañeros. Acercándose a Adrian, susurro al oído lo que estaba por ocurrir para evitar que nadie más ahí presente pudiese percatarse de esto.

-Pandora: No debes pelear aquí.

-Adrian: ¿Qué? ¿Porque?

-Pandora: Nos estamos quedando sin tiempo, debemos irnos de aquí lo más rápido posible.

-Adrian: ¡No podemos abandonar a esta gente!

-Pandora: Es por eso que debes ir solo… nosotros nos encargaremos de todo esto.

-Adrian: Estas demente si crees que voy a dejarlos.

-Pandora: Adrian hazme caso. Nos estamos jugando mucho, si mueres al menos una vez, todo cambiara y se volverá incluso más difícil lograr esto… debes hacerlo sin errores y a la primera… eres nuestra carta mas valiosa, no podemos arriesgarte.

-Adrian: Pero…

-Pandora: Estaremos bien, te lo prometo.

"Una sensación horrible de miedo y confusión lleno mi corazón, las dudas me invadieron y no podía pensar claramente en medio de todo aquel encuentro… pero decidí confiar en ella."

-Adrian: Bien… no me han fallado hasta ahora, por lo que puedo suponer que no lo harán.

Dijo orgullosamente mientras se giraba a mirar a sus compañeros.

-Adrian: ¡ESCUCHENME! Esto es algo que deberán hacer por ustedes mismos…

-Garfiel: Sea lo que sea, te apoyare en lo que sea…hermano.

-Frederica: Puede confiar en mí para lo que sea señor Adrian.

-Adrian: Me alegra oír eso. Ahora esto es lo que necesito que hagan…

Tomando de cada brazo al joven guerrero, Garfiel, Frederica y el mismo Adrian dieron un salto impulsados por la fuerza de los tres, elevándose por encima de la copa de los árboles. Viendo esto, Sirius lanzo su gancho a toda velocidad en su búsqueda, pero este fue rápidamente bloqueado por la espada de Wilhelm.

-Wilhelm: Todo depende de ti chico… no nos defraudes.

Posicionando sus piernas en la espalda de Adrian, los hermanos semi empujaron con todas sus fuerzas al muchacho, impulsándolo en medio del aire y mandándolo a volar a toda velocidad hacia el centro del bosque. Sintiendo el viento golpear contra su cuerpo, recibiendo la fuerza de sus compañeros caídos y de los que aún lo seguían, Adrian se sintió más motivado que nunca. El prana de su cuerpo se intensifico mientras se re direccionaba a cada parte de este, dotándolo de un poder inmensurable. Bajando su mirada, pudo ver el escenario de tan espantoso ritual, sus amigos desangrándose, el mundo puesto en una cuenta regresiva y un sujeto demasiado ocupado pensando en su futuro como para percatarse de lo que ocurría.

"Entonces, cayendo a toda velocidad y con el destino de la humanidad en mis hombros, simplemente cerré mi mano, llenándola de aquella energía procedente de aquel extraño y cruel mundo que me había traído hasta aquí, solo fui capaz de decir una única palabra al ver al responsable de todo aquel sufrimiento a mi alrededor…"

-Adrian: ¡ROSWAAAAAAAAAAAAAAAL!

Al oír aquel grito, el marques se movió a toda velocidad hacia atrás, esquivando el puño que venía en su dirección y que intentaba reclamar su vida. Aquel impacto levanto la tierra a su alrededor y creo un pequeño temblor que derribo el poste en el cual se encontraba sostenida Emilia. Subaru levanto su mirada, confundido y asustado por la magnitud de aquel ataque.

-Roswaal: ¿Q-Que? No… esto no puede ser… ¡NO DEBERIAS ESTAR AQUÍ!

El polvo comenzaba a dispersarse rápidamente, revelando la figura del joven empuñando aquellos cestus otorgados por la bruja de la vanagloria, ahora apuntados en dirección a su antes patrón por la persona que estaba a punto de desafiar a los hilos destino.

-.-

El marqués, mostrando una expresión indiferente pero frustrada debido a la aparición del muchacho simplemente se dedicó a golpear sus manos delante de él, expresando de cierta manera, algún extraño sentimiento de orgullo que descansaba dentro de su corazón.

-Roswaal: Así que lograste cambiar el destino… esto es algo que no esperaba de ti muchacho. Me lo hubiera esperado de Subaru, pero ¿de ti? Explícame ¿Cómo has logrado burlar a los arzobispos?

-Adrian: Los arzobispos están muertos y pronto tú también lo estarás.

Levantando una ceja, Roswaal dejó escapar una risa ahogada mientras a su alrededor comenzaban a emerger coloridas burbujas de prana que se preparaban para el comienzo del combate.

-Roswaal: ¿Tu? ¿Matarme a mí? ¿No crees que se te han subido los humos a la cabeza?

Formando una pose tensa y amenazadora delante de Roswaal, el muchacho demostró que tenía pocas intenciones de retroceder.

-Adrian: No eres el único con secretos, Rosqui… ahora te demostrare que tan fuerte soy en realidad.

-Roswaal: ¡JAJAJA! Esa pasión, ese odio, simplemente me dejas sin habla muchacho. ¡VEN! ¡ACABEMOS CON ESTO!

Presionando fuertemente su puño, Adrian cargo a toda velocidad contra su antiguo jefe, compañero y amigo.

"En aquel momento, pude sentir aquella sensación tan extraña que anteriormente había ocurrido, tanto peleando contra Garfiel como contra Lisa. La adrenalina en mi sangre, la emoción del momento, todo llevó a mi cerebro a un estado de éxtasis absoluto en el cual, cada segundo, cada momento parecía eterno. Aquellas bolas de energía, rebosantes de poder, volaron en mi dirección teniendo como objetivo arrancar mi vida, con un simple movimiento de caderas, me era muy fácil esquivar su ir y venir debido a aquel estado mental en el que me encontraba."

Poco a poco Adrian se acercaba cada vez más a Roswaal. Su velocidad, solo era igualada por el lanzar de los ataques del marques, sus movimientos eran erráticos y lo cual le dificultaba muchísimo el lograr golpear correctamente. Era como estar luchando contra alguien que ya hubiese pasado por esto anteriormente, a pesar de que esto nunca hubiese ocurrido. Roswaal se percató de que si recibía un golpe del muchacho, posiblemente seria el final, por lo que voló a toda velocidad hacia lo más alto y comenzó a lanzar nuevamente aquella ráfaga de ataques, intentando no dañar a la puerta ni a los sacrificios con la onda expansiva.

-Emilia: No puedo… quedarme sin hacer nada.

Viendo luchar a su amigo e imaginando todo por lo que anteriormente había tenido que pasar, solo por llegar hasta ahí para salvarlos, un sentimiento de esperanza surgió en el corazón de la semi-elfa. Jalando con todas sus fuerzas hacia adelante, ella pudo ver como la sangre salpicaba fuertemente de sus manos, manchando toda su ropa y llenando aún más rápido el círculo del ritual a su alrededor. El dolor era inmenso, un sufrimiento inmensurable, una agonía incesante… pero de no hacerlo, todo sería incluso peor. Un chorro de sangre salió disparado hacia donde Subaru se encontraba, golpeando en su rostro y haciendo que este se percatara de lo que estaba ocurriendo. Poniendo uno de sus pies sobre el tronco de madera, Emilia hizo lo mismo con su otro brazo, quedando libre del castigo que se le había impuesto.

-Subaru: ¡Emilia! ¡No dejes que el ritual se complete! Aléjate de aquí!

-Emilia: ¡NO TE ABANDONARE!

Exclamo mientras corría desesperadamente a su encuentro. Levantando su mano, la muchacha pronuncio en silencio una oración de poder, dejando salir de sus destruidas manos una escarcha helada como el invierno y veloz para congelar aquellas cadenas que lo retenían, debilitando el metal y resquebrajando su estructura. Finalmente, Subaru cayó en brazos de su amada, rendido por el dolor que lo atormentaba.

-Subaru: Emilia-tan…

-Emilia: No hables, guarda tus fuerzas…

Rápidamente, Roswaal se percató de lo que estaba ocurriendo. Una imagen de su preciada Echidna pasó por su mente, el momento mismo en que aquel sujeto la conoció, su primer encuentro y más preciado recuerdo de tantos años. Un odio y desesperación abrumadora invadieron la mente del hombre pálido, haciendo que presionara tan fuerte sus dientes que se creó en estos una pequeña grieta.

-Roswaal: No… ¡NO DEJARE QUE ME LA ARREBATEN!

Una gigantesca bola de energía comenzó a crearse entre las manos del Marques, listo para lanzarla y acabar con todo a su paso. Adrian se preparó, canalizando el prana de su cuerpo para recibir el impacto, creyendo que este iría dirigido hacia su persona. Sin previo aviso, el ataque fue lanzado hacia la pareja de jóvenes, arrastrándose sobre el cello del ritual.

-Adrian: No, no dejare que los sigas lastimando.

Dando un salto potenciado por el movimiento espiritual, Adrian intentó destruir el ataque en medio del aire, impactándolo con su cuerpo y haciéndolo estallar antes que este tocase a sus amigos.

-Roswaal: Eres fuerte chico… pero te falta experiencia.

Cerrando su mano, Roswaal mostró sus verdaderas intenciones. Aquella bola de energía, rápidamente de resquebrajo y dividió entre miles de pequeñas y veloces células de poder. Estas volaron sin control alrededor del muchacho suspendido en el aire, ignorándolo y corriendo rápidamente hacia Subaru y Emilia.

-Adrian ¡NOOOOOOO!

Subaru sonrío. Miro felizmente a su querida Emilia, quien sostenía su cuerpo con firmeza a pesar de la situación. La sangre emanada de las manos de la muchacha se esparcía por todo su cuerpo, bañándolo en aquel liquido rojizo y pegajoso.

-Subaru: Las cosas que hago… ¡POR AMOR!

El joven hizo uso de todas sus fuerzas para desprenderse del agarre amoroso de su querida, empujándola a la vez con sus piernas e interponiéndose entre aquellos pequeños ataques y ella, recibiendo todos y cada uno de los golpes. Su chamarra deportiva, ahora estaba hecha un millón de pedazos, su cuerpo, ahora lleno de cortadas parecía un colador por el cual la sangre se escapaba de su ser a borbotones. Subaru cayó el piso, inmóvil y apenas consiente por el shock de causado por todo aquel dolor que se le había impuesto. El grito de desesperación y dolor de Emilia pudo oírse por todo el bosque.

-Emilia: ¡SUBARUUUUU!

-Adrian: ¡BASTARDO MAL NACIDO, VOY A ARRANCAR LA CARNE DE TUS HUESOS!

Pero de la nada, e interrumpiendo todo el enfrentamiento. Un brillo oscuro y lúgubre comenzaba a emanar del cello, como si las sombras emergieran de aquel extraño artefacto y envolviesen todo a su alrededor. Adrian finalmente cayó al suelo, lleno de un sentimiento de miedo y desesperación. Aquella puerta, inmensa e imponente por sí sola, comenzaba a abrirse lenta y constantemente. En un intento por detenerla, el muchacho se movió a toda velocidad e intento detener su movimiento con su mera fuerza, siendo empujado a toda velocidad en el proceso.

-Roswaal: Incluso luego de todo ese esfuerzo inútil, luego de tanta charlatanería, este no resulto ser más que otro de tus fracasos.

Exclamo el marques descendiendo delante de aquella entrada que rápidamente comenzó a mostrar el lugar a donde dirigía su existencia. Un brillo oscuro, incluso más de lo que es posible distinguir para nosotros los humanos emanaba de aquel instrumento. Un aura sobrenatural, más antigua que la existencia misma.

-Roswaal: Pero supongo que esto era de esperarse… después de todo, el destino es inevitable.

Sumergiéndose a sí mismo en aquella oscuridad, Roswaal fue rápidamente tragado por aquella aura abrazadora. Las cartas estaban jugadas, pero la partida aún no estaba decidida. En un intento por remediar lo ocurrido, Adrian simplemente hizo lo mismo que el marqués, dejándose engullir por aquella masa amorfa de sombras.

-.-

"¿Cómo podría definir aquella sensación? Fue… la sensación más extraña que tuve en toda mi vida. Era como estar cayendo a toda velocidad, pero al mismo tiempo sentir que estabas quieto en tu sitio, invadido por una calma absoluta… sin duda algo que no quiero volver a sentir nunca jamás. Y de un momento para otro… el entorno simplemente apareció ante mí, como cuando estas en medio de un sueño y te despiertas de golpe."

Aquel extraño lugar era, en una extraña coincidencia, lo más parecido a un árbol que podía ser. Enormes raíces conectaban a distintos puntos donde puertas gigantescas y oscuras se encontraban, idénticas a las que trajeron a ese lugar a ambos individuos. Un inmenso tronco central, levantado por 4 raíces a cada lado y un espacio hueco en el centro podía apreciarse adornando el centro de todo aquel escenario.

-Adrian: Bueno… esto no era lo que…

Levantando su mirada, el muchacho pudo ver los límites de aquella estructura. Un árbol inmenso, tan grande y extenso como un rascacielos tenía como hojas cientos, sino miles de constelaciones, universos y galaxias que se entrelazaban y mesclaban entre sí.

-Adrian: Dios vendito… ¿esto es el Bifröst?

-Roswaal: ¿Es precioso no es así?

Llamando rápidamente su atención, el marques apareció recostado contra la raíz principal del árbol, aquella que demarcaba el centro de todo ese lugar.

-Roswaal: Tu viaje ha sido largo y doloroso mucha… perdón, señor. Ya no eres un niño después de todo lo que tuviste que pasar.

Sin bajar la guardia, Adrian comenzó a acercarse lentamente hacia el pálido hombre frente a él. Sonriente con una malévola expresión de triunfo en su rostro, Roswaal simplemente se mantenía callado, esperando a su encuentro con el caballero.

-Roswaal: No tiene por qué acabar así Adrian. No tenemos por qué matarnos entre nosotros. Yo puedo darte lo que desees, vida eterna, poder, riquezas… puedo devolverte a Ram.

El caminar de Adrian se vio detenido en el momento en que oyó aquella propuesta. La sonrisa del marques se ensanchó, había pegado en el clavo.

-Roswaal: Puedo hacer que tú y ella vivan felices por siempre, puedo devolverte a tu familia, todo será… como tú lo quieras. Solo debes unirte a mí y todos tus deseos serán realidad.

-Adrian: Es sin duda… una propuesta que no puedo rechazar… Pero aun así pienso hacerlo.

Roswaal ladeo su cabeza al oír aquella respuesta. Nuevamente, esferas de energía surgieron a su alrededor, listas para el combate. El pálido hombre miro fijamente a Adrian, desafiándolo con su mera mirada y esperando a su movimiento para comenzar aquel último enfrentamiento. Pero algo ocurrió… algo fuera de sus planes y que sin duda algo que ninguno de los dos esperaba. Adrian fue salpicado con la sangre de Roswaal, sus gritos hicieron eco en todo el lugar mientras veía como de su pecho surgía una oscura y sombría mano, ahora manchada con su propio fluido vital.

-Adrian: Genial… lo que me faltaba.

A espaldas del marques, una figura oscura de rasgos femenino, imponente y amenazadora se encontraba lista para tomar su vida. Lentamente los labios de la mujer se acercaron a su oído y un aliento frio y mortal azotó su piel como un mero látigo.

-Satella: Tu… asesinaste a nuestro amor… tú no tienes derecho a estar aquí.

Enrollando sus manos invisibles alrededor de las extremidades del hombre, Satella simplemente tuvo que realizar un rápido movimiento para arrancar todas las extremidades del hombre y lanzarlo al espacio vacío entre las grietas del suelo, provocando que este cayera descontroladamente al infinito.

-Satella: Caerás eternamente en el espacio desconocido… ese será tu castigo.

La mirada de Satella se centró rápidamente en Adrian, quien a pesar de todo, se mantenía firme y serio ante la figura del monstruo que devoró medio Lugunica. Un silencio mortal llenaba el lugar mientras ambos compartieron su tan esperado encuentro. Mientras esto ocurría… un espectáculo imposible era llevado a cabo en medio de la batalla contra el culto de la bruja. Esta se había visto interrumpida, tanto soldados de la capital, como cultistas e incluso los mismos arzobispos del pecado se encontraban atentos a la imagen que se formaba en medio del cielo. Ahí estaban, el caballero esclavo y la bruja de los celos, plasmados como dos gigantes en medio de aquella estrellada noche.

-Satella: Adrian Mercer, al fin nos conocemos.

-Adrian: Bruja de los celos.

-Satella: He estado siguiendo tu viaje… realmente de no por lo que he visto te habría destrozado de la misma manera que a ese otro… "sujeto". Eres… extraño, por decirlo de alguna manera.

-Adrian: Espera… ¿estás diciendo que no quieres hacerme daño?

-Satella: Estamos destinados al enfrentamiento muchacho. Así ha sido desde el comienzo y así debe de ser.

-Adrian: No… creo que no lo entiendo…

Las palabras de la bruja solo lograban confundir más y más al muchacho que, de manera desconfiada, continuaba su juego mientras buscaba deliberadamente alguna manera de solucionar todo esto.

-Satella: Nuestra batalla es más antigua de lo que crees. Lo que la otra yo te ha contado no es más que una pequeña parte de la historia. Tu raza, originalmente fue conocida como "Los Luceros", humanos que invadieron este mundo para conquistar y matar a mi raza "Los Primigenios".

-Adrian: Espera, si lo que dices es cierto, entonces los Luceros fueron derrotados anteriormente por los primigenios ¿y luego estos recuperaron el control de Lugunica?

-Satella: Eso ha ocurrido más veces de las que puedes contar… un ciclo infinito, una serpiente mordiendo su propia cola. Como dije, estamos destinados al enfrentamiento eterno.

-Adrian: ¿Y porque no detenernos? ¿Porque no acabamos con todo esto de una vez?

-Satella: Esta guerra es llevada a cabo por la necesidad de tu gente de poseer este lugar. Aquí yace un poder mayor incluso que el de nuestras razas combinadas. El poder de crear y destruir realidades a antojo propio… tu gente siempre ha querido poseerlo y está en el deber de la mía detenerlos… Incluso tú buscaste al Bifröst en un inicio.

-Adrian: Yo lo quería para volver a mi hogar, no para hacerle el mal a nadie.

-Satella: Es por ello que seguimos hablando. Te estoy dando la oportunidad de cumplir tu deseo… puedes tomar un poco del poder del Bifröst, úsalo y lárgate a tu mundo antes que cambie de parecer… la era del hombre, ha llegado a su fin nuevamente y una nueva era de paz y prosperidad comenzara para los míos.

-Adrian: ¿Y luego qué? ¿Volverán a aparecer humanos que no podrán morir y reconquistaran todo, destruyendo vidas inocentes?

-Satella: (diciendo tristemente) Así ha sido… y así debe de ser.

-Adrian: No… me niego a irme a ningún lado y me niego a luchar contra ti.

Diciendo esto, el muchacho arranco los cestus de sus manos y los arrojo al piso lejos de él. De manera sincera y abierta, comenzó a aclarar sus intenciones.

-Adrian: Fui arrastrado a este lugar, obligado a pelear para sobrevivir y a conocer un mundo que me odiaba… supongo que de cierta manera, también lo odie… pero luego comencé a ver la verdadera naturaleza de las cosas. Nadie estaba aquí por placer, sino porque eran obligados hacer lo correcto… así que decidí imitarlos. Y ahora llego aquí y me dices que nada de lo que puedo hacer es lo correcto? ¿Qué debo dejar todo atrás como si nada y marcharme de regreso a esa inmunda y aburrida vida?

Cayendo de rodillas, Adrian tomo fuertemente su cabeza con ambas manos mientras intentaba contener la frustración y la rabia que sentía en su corazón. Lagrimas rodaban por sus mejillas mientras el muchacho se golpeaba el pecho y gritaba de furia.

-Adrian: Yo… yo no quiero abandonar mi hogar… no quiero pasar por eso de nuevo.

-Satella: (sorprendida) ¿Estas… dispuesta a morir una y otra vez aquí? Eso no tiene sentido…

-Adrian: Tal vez no lo tenga para ti, pero no necesito que lo entiendas. Tu misma lo has dicho… esta guerra lleva demasiado tiempo, es por eso que hay que terminarla cuanto antes… pero no lo lograremos si seguimos yendo por el camino de la desconfianza y el odio.

Levantándose nuevamente, Adrian camino lenta y firmemente hacia Satella, quien rápidamente se puso el guardia levantando su inmensa cantidad de brazos invisibles.

-Adrian: Dijiste que todo es por culpa del Bifröst, ¿verdad?

-Satella: Es por todo este poder que tu gente masacro a la mía…

-Adrian: Entonces… destruiré el Bifröst para que ya no tengan por qué pelear.

-Satella: ¿Qué? Si haces eso caeremos directo al vacío infinito, nunca moriremos y el tiempo no pasara para nosotros.

-Adrian: Ahora es cuando yo te pongo a ti a prueba. Que es peor, la muerte de incontables vidas… o la nuestra?

-Satella: En realidad… mi vida está ligada al Bifröst por lo que si lo destruyes… estarás solo por toda la eternidad.

"Estando ya cara a cara con la bruja de los celos, aquel monstruo invencible, insensible y cruel que tanto se me había prometido… y escuchar aquellas palabras suyas, preocupándose por el castigo que se me seria impuesto si decidía obedecer sin dudas… hacia que un escalofrió de emoción recorriera todo mi cuerpo."

Extendiendo su brazo, Satella ofreció aquella llama que surgía de entre las raíces del árbol a Adrian. Un fuego azulado, constante que flameaba sin cesar al compás de la briza espacial que soplaba a su alrededor.

-Satella: No te detendré… Las raíces del árbol solo pueden ser destruidas por un Lucero… así que has lo que tengas que hacer.

-Adrian: Satella… una última cosa.

-Satella: ¿Si?

-Adrian: ¿No le temes a la muerte?

-Satella: He perdido a la única persona que amaba… mi única razón para existir, se ha ido… solo quiero descansar en paz…

Una risa irónica y agraciada salió de la garganta de Adrian. Toda esa situación le parecía, de cierta extraña manera, hilarante. Un pequeño sentimiento de cariño surgió dentro de él, destinado para la bruja en frente suyo.

-Adrian: Sabes… en realidad no eres tan mala como dicen todos… tal vez en otro giro del destino… hubiésemos sido buenos amigos.

Satella guardo silencio mientras veía al muchacho acercarse lentamente a las raíces del árbol mientras de su chamarra sacaba aquel cuerno que anteriormente pertenecía a la muchacha que tanto amó. Sonriente y feliz, Adrian comenzó a hablar con aquel pedazo de recuerdo, como si el mero espíritu de Ram estuviese ahí para escucharlo.

-Adrian: Lo logramos Ram… ganamos. Todo al fin acabo… finalmente, todo acabo…

Canalizando el prana de su brazo, Adrian sonrió felizmente mientras en su mente, aquel golpe viajaba lentamente, desgarrando el agarre de las raíces de aquel árbol y rompiendo la conexión que tenía la llama con el centro del Bifröst. La proyección que se reflejaba en el cielo de Lugunica se rompió, desapareciendo en aquel mismo instante la imagen de ambas personas hablando en medio del espacio. Los amigos del muchacho cayeron de rodillas, presa del dolor y la angustia por haber presenciado tal acontecimiento. Gritos de dolor y pena hicieron eco en todo el bosque mientras los arzobispos del pecado y sus seguidores cultistas iban poco a poco perdiendo la conciencia, cayendo debilitado en medio de la pelea.

"La imagen de Satella detrás mío desapareció, fue evaporada como el agua en un día de lluvia en un día caluroso. Los portales que llevaban a otros reinos, fueron inmediatamente cerrados en cuanto corte la conexión con el Bifröst. Por mi parte, solo me mantuve ahí, parado e inmóvil mientras observaba las ramas del árbol caer y sus raíces marchitarse a mi alrededor."

Un último sonido pudo oírse en medio de todo aquel vacío mientras el muchacho caía. Una frase final que daba fin al viaje de Adrian.

-Adrian: Se acabó… Rem, Subaru, Emilia, Garfiel, Frederica, Jero…y también, Pandora… a todos ustedes… adiós.

-.-

Emilia mantenía su hechizo curativo contante en el cuerpo de Subaru, tratando de estabilizar su cuerpo y evitar que este perdiese la vida. Mas la pérdida de sangre hacía de aquel trabajo una misión imposible. Los labios de Subaru intentaron hablar, intentaron decir lo que su corazón sentía pero su cuerpo no estaba en condiciones para ello. Las lágrimas se Emilia se vertían rápidamente sobre su cuerpo, rodando hasta el rostro de Subaru quien se mantenía con una sonrisa sincera, sosteniendo la mano de la mujer que tanto amaba.

-Emilia: Subaru… lo siento tanto… soy una inútil, no puedo ayudarte. Al menos… te daré la respuesta que tanto tiempo has esperado…

Susurro a su oído mientras su cabeza descendía, poniendo cara a cara con el malherido muchacho. La chica limpio la sangre de su rostro con el manto de sus manos, ahora utilizado para parar la hemorragia por las heridas sufridas anteriormente.

-Emilia: Yo… te amo…

Finalmente, el grupo liderado por Crusch llego a la zona donde se había librado aquel ritual que puso en jaque a la humanidad misma. Sus ojos pudieron ver como los labios de la diputada chocaban con pasión y se fundían como el hierro sobre la boca del moribundo muchacho postrado en sus piernas. Rápidamente Felix intento correr en su auxilio… pero de alguna manera, al llegar pudo notar una peculiaridad muy extraña. No había heridas en el cuerpo de Subaru ni tampoco en el de Emilia. El mismo hubiese jurado que momentos antes había visto la sangre caer de enormes agujeros que se abrían a lo largo de todo su cuerpo, ¿Cómo era esto posible? Y de repente… un milagro. Una luz azulada, incandescente como el mismísimo sol golpeo los ojos de todos los presentes, volviéndose más blanca a medida que el tiempo pasaba.

-Crusch: Q-Que demonios… no…

-Garfiel: Ja… bastardo suertudo.

Mareado, con su mirada perdida en el horizonte y claramente desorientado, un joven con el cabello extremadamente crecido se levantó del suelo y miro a su amigos, feliz y victorioso.

-Adrian: Subaru… ya me debes dos… jajaja…

Corriendo hacia el como si de una presa se tratase, los amigos del muchacho se lanzaron sobre él, derribándolo y abrazando fuertemente su cuerpo, incluso haciendo que partes de este crujieran por la fuerza.

-Adrian: AAAAAA Chicos, un poco más despacio, sigo siendo humano!

-Garfiel: Hermano, déjame decirte que tienes un dios aparte jajaja.

-Frederica: Pero… ¿cómo es esto posible?

Adrian abrió su puño, revelando el cuerno de Ram, ahora irradiando fuertemente con una luz cegadora y potente que rápidamente comenzó a atenuarse hasta volverse completamente blanco.

-Adrian: Creo que ya se quedó sin poder. Bueno, fue lo suficiente como para hacer regresar, así que no me quejo. Resulta que cuando golpee las raíces del Bifröst lo hice con el cuerno de Ram en mi mano. Puedo suponer que al hacer esto, este cacharro absorbió un poco de su poder, al menos de manera temporal.

-Garfiel: ¿Cuánto tiempo paso para que te percataras de eso?

-Adrian: Unos días jajaja.

Corriendo a través de todo aquel oscuro bosque, Pandora se movía a toda velocidad, intentando descubrir si sus oídos no le engañaban de ninguna manera. Poco a poco su expresión de sorpresa fue cambiada por una mirada de felicidad absoluta. Los ojos de ambos jóvenes se encontraron chocando en un mar de emociones y amor absoluto. Adrian, sin esperar un segundo más, se levantó y corrió en su encuentro, lo cual termino en un fuerte y largo abrazo lleno de cariño y sentimientos encontrados. Entonces, una luz gigantesca, amarillenta y prospera los bañó a todos, señalando el inicio de una nueva era… la era del amanecer, una era donde tanto el sol como la luna, danzasen en paz el uno con el otro y no tuviesen razones para luchar nuevamente.

-.-

Dos largos años pasaron desde aquel día. El mundo está cambiando rápidamente y nuestros héroes no se quedan atrás.

Jeronimo se convirtió en el inventor más famoso del reino, creando avances tecnológicos que rápidamente potenciaron a la economía y modernizaron la forma de trabajar. Frederica regreso al santuario junto con Garfiel y juntos comenzaron la reconstruían de la tumba de la bruja… con un poco de ayuda por supuesto.

Subaru, luego de reencontrarse con Rem, paso por un largo periodo de indecisión, hasta que finalmente tomo la iniciativa más fácil de su vida. Hace poco menos de unos meses, un pequeño bebe demonio de cabellera azul fue dado a luz en una pequeña capilla de la capital. Su nombre, Ramsés en nombre de la hermana de Rem y como promesa de restauración del clan de los demonios.

En cuanto a la campaña de la semi-elfa, ella tomo ventaja rápidamente luego de que se esparcieran los rumores del héroe que salvo Lugunica y del famoso inventor Jeronimo. Digamos que las elecciones están casi decididas.

Meili decidió comenzar un viaje para negociar una alianza entre la asociación de asesinos y la campaña de Emilia. Con esto, la muchacha planea buscar una paz aunque sea temporal entre ambos bandos.

Pandora se dispuso a ayudar a los afectados por el gen de la bruja y a ayudar a quienes planean aprender sobre este.

Y finalmente, Adrian… Bueno, poco se sabe de su vida. Lo último que se supo es que finalmente cumplió el deseo de su amada y se convirtió en la primera persona en tener una relación clandestina con una bruja del pecado. Por otro lado, luego de que este viajase a la capital luego de la misión del Bifröst, los políticos decidieron como agradecimiento entregarle las pertenencias del ahora difunto Roswaal L. Matters. Con esto a su favor, restauro la mansión del pueblo de Irlam, con algunas modificaciones menores… más allá de eso, bueno no se sabe mucho. Tal vez esté viviendo tranquilamente con su familia… escribiendo un libro o simplemente disfrutando de la vida.

-Pandora: 8 Meses… con este ya van nueve meses desde la noticia.

-Adrian: ¿Estas emocionada?

-Pandora: Un tanto… nerviosa, ya sabes… por lo de los genes.

-Adrian: Tranquila, estoy seguro de que será perfecto como su madre.

-Pandora: Pffff ya vas a empezar con tu palabrería.

"Dejando a un lado el libro y la pluma, me arrodille a los pies de mi señora, apoyando mi cabeza contra él bebe en su vientre, solo para oír su respiración. Un fuerte golpe en mi mejilla provoco una fuerte emoción de alegría en mi ser."

-Pandora: ¿Lo sentiste?

-Adrian: ¡SI! Fue… fue increíble.

-Pandora: ¿Que nombre crees que debamos ponerle?

-Adrian: Estaba pensando en algo como… Baldur.

-Pandora: ¿Baldur? Mmm ¿tiene algún tipo de significado?

-Adrian: Es cultura de Luceros, estuve leyendo un poco sobre eso jejeje.

"Levantando mi querido diario de la mesa, mire seria y orgullosamente aquel largo y profundo libro que con tanto cariño escribí cada noche y cada mañana. Pandora, apoyándose cariñosamente en mi hombro poso su mano sobre la portada acartonada del pedazo de papel."

-Pandora: ¿Y tú? ¿Qué nombre le pondrás al libro?

-Adrian: Pues… aún no he pensado en ello.

-Pandora: Yo tengo el nombre perfecto.

"Asomándose en mi oído, susurro unas palabras que en conjunto formaban el nombre perfecto para aquel gran proyecto que tanto tiempo me había llevado. Sonriendo felizmente, la mire a los ojos mientras volvía a tomar lo pluma y grababa sobre la tapa del libro la siguiente inscripción…"

Re:Zero: Vuelta a Casa.