29 de Julio de 2274, -22ºC 12:24

Llevábamos 3 horas caminando ya cuando llegamos a un lugar en el cual era posible que habitase alguien. Max se acercó en silencio al lugar mientras sacaba su machete, cosa que me sorprendió.

-Quédate atrás y no hagas ruido-Me dijo en voz baja.

Yo no rechisté, supongo que lo hacía por precaución pero resultó extraño cuanto menos. Se adentró en el lugar, era una especie de cueva artificial parecida a la que vivía. Mientras Max estaba merodeando dentro me puse a observar un poco y parecía que todo estaba tirado por el suelo y destrozado, como si algo o alguien hubiera saqueado todo.

-¡Leo, ven rápido!-Me gritó.

-¿Qué ocurre?- Le pregunte mientras entraba a toda prisa.

-Ayúdame con este pobre perro-Dijo mientras lo sostenía en brazos para ponerlo sobre una mesa que había cerca.

-¿Qué le ha pasado?-

-No lo sé pero ahora no es el momento de hacer preguntas, está muy grave. No sobrevivirá a menos que se le pare la hemorragia y sean tratadas sus heridas.-Dijo mientras a toda prisa sacaba un kit de primeros auxilios que llevaba en la maleta.

Era un Husky de unos 4 años de edad aproximadamente, tenía heridas por todo el torso y una herida profunda en el lomo. Tenía arañazos en la cara, eso me dio a entender que se enfrentó a otro tipo de canino. Después de tratarle las heridas en completo silencio lo dejamos descansar para que pueda recuperarse tranquilo. Se notaba de que había estado luchando por sobrevivir porque estaba tan agotado que se quedó dormido prácticamente al instante.

-Hay que registrar el lugar seguro que este perro tenía un dueño, si es así no puede andar lejos a menos que lo abandonase a su suerte.- Me dijo algo preocupado.

-Sí-Respondí.

-Yo miraré fuera a ver si encuentro algo a los alrededores, tu busca por aquí dentro.- Me ordenó mientras salía del lugar.

Me puse a buscar por aquella morada para ver si encontraba algo. Empecé a pensar que había podido pasar realmente y después de buscar no encontré nada más que unas pocas reservas y comida de perro así que cogí el pienso y se lo preparé para cuando despertarse que pueda alimentarse. Cuando lo volví a mirar me percaté de que era un ejemplar realmente bonito a la vista. Tenía el pelaje negro azabache con un vientre blanco como la nieve, además tenía una oreja blanca y la otra negra. Daban ganas de acariciarlo, así que me acerque, me senté al lado y le empecé a acariciar detrás de las orejas. Se despertó y me miro con una mirada de cansancio y con eso pude ver sus ojos. Tenía heterocromia, de tal manera que el ojo derecho era azul y el otro marrón. Era algo realmente hermoso. Me quedé a su lado para darle algo de calor mientras descansaba hasta que llegó Max. Venía con un alguien acuestas y parecía ser el dueño de aquel perro.

-Aguante señor, ya estamos aquí- Le dijo Max al pobre hombre.

-¿Donde esta Buck?- Preguntó él.

-¿El perro?- Contesté.

-Sí, ¿dónde está?- Pregunto algo inquieto.

-Está recuperándose de sus heridas, sobrevivirá.- Contestó Max.-¿Usted se encuentra bien?-

-Sí, no te preocupes por mi…cof…cof- Tosió desagradablemente.

De pronto se levantó para ir a ver a Buck, se quedó de pie un momento y luego se desplomó en el suelo.

-Señor, ¿oiga?- Dijo Max mientras le intentaba despertar.- Está inconsciente, y parece que tiene mucha fiebre. Será mejor que descanse, le prepararé unos medicamentos para cuando despierte.-

Se dispuso a preparar los medicamentos que iba sacando de su mochila mientras yo colocaba en la cama al hombre que debía de rondar los 60 años. Vestía con unas ropas muy pobres para combatir el frio.

-Sus ropas no parece que abriguen lo suficiente para el frio que hace fuera, ¿te dijo cuanto tiempo estuvo fuera?-

-No, no me lo dijo. Tampoco había tiempo para preguntarlo.- Dijo Max con una cara más seria de lo normal.-Es un milagro que siga vivo-

-Por cierto, ¿Cómo es que sabes tanto sobre cómo tratar heridas y medicamentos? ¿Eres médico o algo?-Pregunté con curiosidad.

-Bueno… a decir verdad, no, no soy un médico. Al menos al 100%. En realidad soy un científico que trabajaba en el norte de Francia, de Abbeville más concretamente. Pero mi grupo y yo nos vimos obligados por temas de trabajo a irnos al sur.- Dijo con su sonrisa habitual.

Instantáneamente se le cayeron casi todas las cosas que llevaba en la maleta mientras buscaba dentro de ella.

-Muy bien Max… ¡¿es que no puedes hacer nada bien?!- Se dijo para sí mismo mientras recogía las cosas.

-Espera te ayudo a recogerlo-

-No hace falta, ya está, ¿ves?- Dijo un poco nervioso mientras escondía unos papeles en la mochila.

-¿Qué llevas en esa mochila?- Pregunté con curiosidad.

-¿En la mochila? Ah, nada importante. Solo unas pocas provisiones y el machete por si es necesario defendernos en algún momento.-Dijo intranquilo.

No le di mucha importancia a lo que intentaba ocultar, supongo que era algo de su trabajo que es muy importante pero era muy raro. Bueno, ese no era el momento de preocuparse por eso sino por el pobre anciano que estaba en la cama y el perro que parece que se recuperaba bien. Fui a ver como estaba el anciano y a comprobarle la fiebre.

-Max, la fiebre le ha bajado un poco-

-Tu…-Dijo mientras me miraba atentamente.

Apareció Max con la medicación preparada.

-¿Ya se ha despertado señor?- Dijo alegremente.

-S…Sí- Contestó con pocas energías el anciano.

-Bien, tómese esto, le sentará mejor –Le ofreció la medicación.

-Gracias- Agradeció volviendo la mirada fija sobre mi otra vez.

Me estaba poniendo nervioso con esa mirada. No paraba de mirarme de arriba abajo, era como si me estuviese analizando. De pronto apartó la vista para ver al perro que se le acercaba.

-Oh pequeño Buck, menos mal que estas bien. Lo que te hicieron esos cobardes no tiene precio alguno.-Dijo mientras daba mimos a Buck.

-¿Esos cobardes? ¿Quiénes? - Preguntó Max.

-Unos saqueadores, querían provisiones para poder irse de esta zona y saquear al siguiente que se encuentren. Me quitaron todo lo que tenía, excepto a mi querido Buck.-

-No tienen perdón- Dijo Max algo cabreado.

-Bueno, eso no importa ahora. Seguramente no volverán, pensarán que estoy muerto y de hecho lo estaría de no ser por vosotros. Os debo la vida.-Dijo con un tono más despreocupado.- ¿Pero dónde están mis modales? Ni siquiera me he presentado.- Dijo mientras se reacomodaba para sentarse en la cama.-Me llamo Alfred, Alfred Collins, y este que creo que ya lo conocéis se llama Buck.-

-Encantado señor Collins, yo soy Maxwell, Maxwell Morandé y este es…-

-Leo, Leo Steiner.- Me presenté.

-¿Steiner?-Dijo sorprendido.

-Sí…- Contesté confundido.

-¿Tu padre es Walter Steiner?-Dijo impresionado.

-¿Conocía a mi padre?-

-Claro que sí, era mi aprendiz.- Dijo orgulloso- Yo le enseñe todo lo que sabe. ¿Cómo está? Hace mucho que no le veo.- Pregunto alegremente.

-Mi padre… verás… él…-Empecé a llorar.

-Ya está, ya paso… tranquilo- Dijo Max en un intento de consolarme.

-Vaya… no me esperaba que…lo siento mucho joven.-Dijo Alfred con una expresión triste en la cara.- Era un buen hombre, no se merecía una vida así.-

-Venga Leo, ya está. Vete a descansar un rato.- Dijo Max.

Asentí con la cabeza y me acosté en el suelo al lado de la entrada, Buck notó que no estaba bien y vino conmigo. Era muy cariñoso conmigo, se ve que le había caído bien. Al menos me hizo olvidarme del tema por un rato. Max y el señor Collins se quedaron hablando de otros temas de los cuales no presté atención y no me enteraba. Se acercó el señor Collins y me ofreció algo de comida.

-¿Quieres un poco?-Me preguntó

-¿Qué es?-

-Son frijoles enlatados, siento no tener nada mejor pero algo es algo.-Dijo con tal de animarme.

-Gracias.-

Cuando termine de comer ya me sentía algo mejor. Me levanté y me acerqué a donde estaban Max y el señor Collins hablando.

-Parece que al pequeño Buck le caes bien- Dijo con una sonrisa el señor Collins.

-Puede ser.- Sonreí- Por cierto señor Collins.-

-Por favor llámame Alfred- Me aclaró.

-Señor Alfr…-

-Déjate de formalidades joven, llámame Alfred a secas.-Me interrumpió.

-Está bien… Alfred…-Me corregí- Estaba pensando que a lo mejor podía contarme algo sobre mi padre cuando él era más joven y tal.-Dije tímidamente.

-Claro que si jovenzuelo, ¿qué quieres saber?-

-Me gustaría saber cómo era mi padre cuando era más joven.-

-Bueno, tú eres igualito a tu padre cuando era tan solo un niño, eres su viva imagen físicamente. Tu padre era muy curioso y algo cabezota, cuando se le metía una idea en la cabeza no había quien le llevase la contraria. Cuando se enamoró de tu madre, a los 17 años, se volvió la persona más cursi que haya existido en la faz de la tierra. El cambio que pego fue increíble, maduró de un día para otro con tal de enamorar a tu madre, llegaba a ser muy ridículo a veces. Eran buenos tiempos.- Dijo con un tono feliz- En cuanto a tu madre, era la mejor de todas. Ella era muy guapa, parecía un ángel con la piel tan blanca que tenía y esa figura tan perfecta. Lo mejor es que no se quedaba ahí, además de eso era muy lista y tenía una capacidad para comprender a los demás que no era normal. La verdad es que cuando la perdimos aquel día fue duro para todos. Eso generó conflictos entre tu padre y los demás y al final decidió irse solo contigo. Pensábamos que había perdido el juicio y que no lo volveríamos a ver. Hubo gente que lo buscó pero no lograron encontrarlo. Pero bueno, veo que tu padre hizo un buen trabajo al fin y al cabo.-

-Ojalá pudiese estar él aquí ahora, seguro que se alegraría mucho de verte, Alfred- Dijo Max.

-Creo que me hubiese pegado un ataque al corazón si fuera el caso, yo ya estoy mayor los 74 años se notan jajajaja- Contestó riéndose.

-¿74?- Dijimos sorprendidos Max y yo a la vez.

-Ja, ¿pensabais que tenía menos o qué?-

Después de mirar nuestras caras empezó a reírse a carcajadas, se ve que la fiebre ya se le había ido.