Historias de Navidad.

03—sin ti.

Kirito estaba evadiendo a conciencia entrar ahí dentro donde su mejor amigo, y sus valets estaban. No quería sonar rudo, ni odioso, pero... adoraba estar solo, y no tenía intenciones de cambiar eso.

Aquella era la segunda Navidad que pasaba lejos de su casa, y quizás por eso se encontraba tan malhumorado.

Pese a que no tenía idea de cómo era la aceleración del tiempo en aquel mundo virtual, era consciente de la cantidad de fechas importantes que se había perdido ese tiempo lejos de su vida en Japón. Citas, cumpleaños, aniversarios, la Navidad.

Asuna...

Repetir el nombre en su mente se había vuelto como una especie de amuleto. Cuando sentía que la presión de su estadía en Underworld se tornaba difícil de soportar, bastaba repetir el nombre amado para recordar que ella estaba del otro lado esperando.

Pero... Últimamente ya no era suficiente, y con el arribo de la fiestas decembrinas lo carcomía la nostalgia. No podía evitar pensar en su familia, y por supuesto en su novia. La echaba de menos, y parecía que en estas fechas la ausencia se hacía más y más grande.

Por lo que se retraía y buscaba quedarse solo con sus recuerdos, pensándola, imaginando que estaba a su lado sonriendo de ese modo adorable que solo ella tenía.

Asuna te echo de menos...

Suspiró mirando por la ventana; la nieve se acumulaba en los jardines que bordeaba la academia, lo cual significaba que no podría salir a entrenar con su espada, que otro día más tendría que quedarse confinado ahí dentro.

Asuna ¿está todo bien por allá? No me habrás olvidado ¿verdad?

Suspiró, era un pensamiento tonto, pero tantos días alejado de ella, sin poder comunicarse, sin poder decirle lo mucho que la extraña... ¿Y si ella encontraba alguien nuevo...?

—Kirito —la voz de Eugeo rompió la quietud —Vamos a adornar el árbol, te estamos esperando.

El nombrado suspiró lentamente, como previniéndose de estallar, contempló a su amigo que al abrir la puerta de la habitación que anteriormente ignoraba, dejó entrar una huella de luz, y llamándose a la calma, se tragó la enorme desazón que sentía.

—Ya voy.

Cuando la realidad era que no quería ir. Por eso se había recluido en su habitación para evadir las costumbres decembrinas, costumbres que solía realizar con su preciosa novia, y que sin ella no tenía ánimos de cumplir.

El pino era bastante grande, se preguntaba donde lo había conseguido Eugeo... ¿O quizás fueron esas dos? Ronye y Tieze eran nobles de segunda categoría, quizás lo obtuvieron de alguna forma.

—Kirito-sempai luce muy serio hoy, y está muy callado. Más de lo habitual —murmuró la valet pelirroja, mirando al nombrado sobre su hombro mientras colocaba algunos adornos en las ramas más bajas del árbol.

Antes de que este pudiera responder, la voz de Eugeo se alzó, contestando en su lugar —Es que Kirito está así por una mujer.

La desazón cubrió el rostro de una de las dos alumnas, pero esta se concentró en seguir en su labor disfrazando su decepción.

—Eugeo —le recriminó el muchacho, y volvió a sentirse un escolar otra vez porque sus mejillas se acaloraron.

—El año anterior estabas así de huraño, y en ese entonces me dijiste que extrañabas a tu novia — Eugeo continuó —No habla mucho de ella, pero cuando lo hace su expresión cambia por completo.

—¿Y porqué no estás con ella en estos momentos? —no quiso sonar impertinente, ni parecer cruel, pero la voz de Ronye salió disparada como una saeta, antes de que pudiera detenerse.

Kirito la miró con pena, y luego desvió la mirada —Estoy trabajando todos los días para volver a verla —sonrió —Ella está en un lugar muy lejano, y debo vencer ciertas... dificultades antes de encontrarla...

Tengo hablar con Ronye luego...

—Debe ser muy difícil estar separado de la persona que amas —murmuró Tieze con suavidad. Lo extraño era que no estaba viendo a Kirito en esos momentos, sino a Eugeo quién intentaba desentrañar un ovillo de luces, y no le estaba poniendo atención.

Si para Kirito era difícil hablar de sus sentimientos con sus amigos del mundo real, aquí era más complicado. Sobre todo si presientes que una de las tres personas restantes dentro de la habitación, tiene sentimientos por ti.

—Sí lo es.

Si alguien de afuera, que no conocía las instalaciones, se aventuraba ahí dentro, quedaría maravillado.

La sala de estar, siempre tan sobria, tan masculina, tenía ambiente navideño por dónde se la mirase. Guirnaldas de luces titilantes adornaban las ventanas, junto a calcetines rojos y verdes que estaban enganchados en las esquinas. En la chimenea habían colgado una pequeña pareja de renos, algunos bastones rojos y blancos, y algunas campanitas de metal. Más guirnaldas de luces cruzaban las paredes, y el árbol que se erguía majestuoso en un rincón, plagado de obsequios. Y por último; muérdago. Ramilletes verdes ubicados por doquier.

Kirito se llevó la mano al rostro con aire cómico. Él queriendo alejarse del ambiente festivo, y éste lo perseguía sin tregua.

—Las chicas han hecho pavo— Eugeo comentó alegremente palmeando la espalda de su amigo quién seguía lelo.

—¿Pavo? —repitió, y su expresión aburrida se iluminó notablemente.

—¡Ajá! ¡Sabía que la sola mención de una sustanciosa cena iba a quitarte esa cara!

—¿Pero como lo consiguieron si tienen prohibido salir?

—Shh, es un secreto.

La cena aunque le pese decirlo estuvo deliciosa, y aunque le costara reconocerlo; no la estaba pasando tan mal. Sin embargo la añoranza seguía allí, en alguna parte de su pecho pugnando por salir.

Las chicas se esmeraron en obsequiarle a sus mentores una verdadera fiesta, ambas llevaban gorros navideños y hasta deleitaron a Kirito y a Eugeo con un villancico que ambos aplaudieron divertidos y emocionados.

Conforme la noche transcurría Kirito iba sintiendo que el nudo en su pecho comenzaba a aflojarse, pero eso era seguramente a causa del ponche misterioso que Eugeo le había insistido en beber. Estaba seguro de que no era la bebida ordinaria de las fiestas. Esta tenía un ingrediente secreto.

Luego en medio de un brindis alborozado, las chicas decidieron iniciar la repartición de obsequios.

Kirito presentía que el cénit de la noche estaba por acontecer. Y no se equivocó.

Cuando vio a Ronye acercarse a él con un regalo en las manos, las mejillas sonrojadas y ojos brillantes, supo que el momento de tener una sería charla con ella había llegado.

—Feliz Navidad, sempai— dijo con una hermosa sonrisa tendiendo lo que llevaba en las manos.

—Muchas gracias Ronye —lo desenvolvió y sonrió con tristeza al ver la bufanda negra que, seguramente su valet había tejido por sí misma —Es perfecta. Lo malo es que... No tengo nada para ti.

—No debías darme nada, Sempai. Soy feliz de que hayas aceptado mi regalo.

Kirito ignoró sus palabra e iba a ponerse la bufanda, pero ella le ganó de mano. La abrió y lo envolvió con ella, utilizando la excusa para acercarse a él. Kirito podía ser distraído pero no tonto, y cuando la nariz pequeña de Ronye casi impacta con la suya, él la sostuvo de los hombros con suavidad, deteniéndola.

—Muérdago... —musitó ella con dulzura y sus serenos ojos azules encontraron los de él antes de mirar el ramillete que inocentemente colgaba sobre ellos.

—Lo siento Ronye.

—No te disculpes...

—Debo hacerlo, ya escuchaste a Eugeo... tengo a alguien importante.

—Pero Sempai, tu novia no...

—Ella me está esperando, sé que lo está.

Los ojos de la chica temblaron antes de ponerse dudosamente más brillantes —Perdón...

—Ronye —la interrumpió, sonriendo débilmente — Lo siento... Debí hablar contigo antes, pero no sabía cómo empezar... y ha sido enteramente mi culpa — apretó los párpados — Yo-yo... soy realmente una mala elección para cualquier mujer... ni siquiera me gusto a mi mismo. Pero, Asuna... Asuna es una maravilla que aún a pesar de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, a pesar de mi carácter, todavía me quiera con ella, y me siga eligiendo una y otra vez.

—Sempai...

—Yo debería ser el que te pida perdón. Y por supuesto que te quiero Ronye... pero no... como tú quisieras...

—Lo comprendo— la valet terminó por él, con la cabeza aún inclinada.

Sin embargo Kirito le rodeó los hombros con delicadeza y se mantuvo allí consolándola un momento. Luego alcanzó su oído y le susurró —Feliz Navidad.

Y antes de que la muchacha hiciera algún movimiento en falso, el joven espadachín se desprendió de su abrazo y se alejó de ella.

—Ire un momento afuera —le dijo y sin esperar consentimiento abrió la ventana y antes de que ella pudiera frenarle, saltó hacia el árbol más próximo.

Fue bajando con facilidad rama por rama, y una vez con los pies enterrados en la nieve, alzó la mirada al cielo oscuro y murmuró:

—Otra Navidad sin ti... Espero sea lo última.

Cerró los ojos al sentir que misteriosamente estos le ardían y trató de recordar el eco suave de su melodiosa voz.

Iré con Kirito-kun hasta el fin del mundo de ser necesario...

—¿Qué eso no es demasiado exagerado?

Se limpió la lágrima que cuesta abajo recorría su mejilla hasta caer desde la punta de su mentón.

—Deseo que estés aquí, Asuna. Realmente lo deseo.