Detrás de tus pasos

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Por

Kuraudea.

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Capítulo I

Libertad Condicional

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«Hemos pronunciado no sé cuántos millones de veces la palabra "libertad", pero no sabemos lo que es, porque no la hemos vivido, y la estamos interpretando como permisividad»—José Saramago.

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Esa noche el viento susurraba a su favor la palabra y la condición que tanto luchó por conseguir. En su faz se notaba la satisfacción de haber obtenido la victoria ante la obstinada negación de su madre; media sonrisa se reflejaba en el espejo retrovisor al tiempo que sus labios sostenían un cigarrillo a punto de consumirse. Entretanto, la rebeldía de su cabellera lila se entregaba a los cuatros vientos provocados por el exceso de velocidad que marcaba el tablero luminoso del coche. Sentía tanta adrenalina que, poco le importó que algún policía lo fuera a pillar y lo multara con una fuerte cantidad de zenis por conducir a su antojo.

Nada importaba para él, pues sólo quería festejar esa sensación que le irradiaba felicidad. Sus orbes azules eran deslumbrados por la majestuosidad de la vida nocturna donde los gatos se convertían en pardos por unas cuantas horas antes del que el amanecer apareciera para borrar la magia y mostrar así la realidad. La famosa avenida Clinton de la Capital Oeste se llenaba de fantasía por la iluminación extravagante de los centros de diversión; entre ellos: casinos, bares y los antros más prestigiados de la cuidad.

—Es tiempo de salir a divertirse, Trunks—dijo entre risas su compañero de aventuras quien justo se dio el lujo de asomarse por el quema cocos del galante convertible plateado—¡Sensacional!—gritó eufórico con las manos hacia arriba mientras se daba el gusto de apreciar los encantos que caminaban por las banquetas.

—Hola, guapo—una coqueta pelirroja saludó aprovechando la pausa del vehículo por el semáforo en rojo.

Debido al gesto atrevido de la mujer, el Son se ruborizó al borde de parecer un auténtico tomate. Sin embargo, sacó agallas para responder el saludo; carraspeó y su voz tornó galante al instante:—Qué tal preciosa, te deseo bonita noche.

—Igual para ti, bombón—con chillido de llantas el auto arrancó mientras a lo lejos la mujer le mandaba un beso al aire.

Seis meses se habían cumplido desde el trágico asesinato de prestigiado genio de la tecnología. Por ello, Bulma, se empeñó en insistir que sus hijos optaran por un equipo especializado de guardaespaldas, cosa que al joven azul no le pareció en su momento.

—¿A mis 33 años y con guardaespaldas?—cuestionó el presidente desde su escritorio ante el disparate que le ofrecía su madre; su cara era de total desacuerdo.

—¿Y qué otra opción existe, Trunks?—se cruzó de brazos la de flequillo alto y vestido rojo; un collar de perlas rodeaba su cuello —Temo por ti, por Bra. Desde ese día—agachó la mirada con signos notorios de tristeza—…Vivo angustiada pensando en su bienestar, es que si les llegara a pasar algo yo…

—No me pasará nada, ¿de acuerdo?—le interrumpió a secas—Soy lo suficientemente capaz de cuidarme solo y...—hizo un silencio tras observar la faz de su madre, trató de suavizar el tono de su voz—Por favor mamá, te prometo que no me ocurrirá nada de gravedad. Solo dame la oportunidad, es que... no imagino que alguien esté detrás de mis pasos en todo momento—asintió despacio—;siéndote sincero me disgusta demasiado pensar que así sería por siempre— abrió la palma de su mano mostrado empatía a la situación—Sé que lo haces porque nos amas pero, no me quites ese derecho, por favor.

—Pero hijo…

—Si quieres hacerlo por el cuidado de Bra, estoy de acuerdo con ello, pero no conmigo, mamá, sé cuidarme solo.

—Bueno…—observó a su hijo con su rostro de súplica, pues quien mejor que ella que gozó desde muy joven de ese gran espíritu de rebeldía y libertad para comprenderle perfectamente —E-Está bien—cedió y un suspiro se escapó de su boca mientras el joven se empapaba de alegría —Pero con una condición, Trunks Brief.

—¿U-Una condición?—indagó el heredero aunque el acuerdo ya se estaba estipulando—Claro, dime lo que quieras.

—Júrame que no andarás en lugares donde corras peligro y que serás prudente en tus salidas, ¿me escuchaste?

—Sí, madre. Te juro que así será.

—Porque si no…

—¿Por qué si no…?

Dejó su ultimátum antes de marcharse—Accederás QUIERAS o NO al equipo de seguridad, ¿Estás de acuerdo?

—De acuerdo.

El vehículo con sus potentes luces de neón y con la insignia de la CC sobre la puerta, se estacionó cerca del lugar que visitarían ambos jóvenes en busca de pasar una gran noche. El lugar del momento era conocido como «El Famoso 34», mismo que le regalaba a sus clientes una noche maravillosa pues el buen servicio los hacía distinguirse entre los otros establecimientos del mismo giro. Además, contaban con una gran variedad de exquisitas bebidas de muy alto costo.

Entrar al Famoso 34 no era tarea fácil, contaba mucho el buen vestir y el estatus social de sus solicitantes. Dicho lugar fue el asilo por años de grandes celebridades de la radio y televisión, específicamente de la gran cadena masiva ZTV. También era casa de los empresarios locales de la ciudad o gente vinculada al ejército del Rey Furry.

Sin embargo, él y su afortunado amigo no tuvieron problema alguno para entrar; contaban con todos los requisitos establecidos. El Son vestía un pantalón y camisa blanca, el Brief era engalanado por un traje gris de hechura muy sencilla: era liso con algunas líneas de un bordado apenas visibles.

—Presidente Brief, es un gusto verle por aquí—dijo el guardia de seguridad que custodiaba la entrada principal del antro; complexión robusta y prendas negras al igual que sus gafas le daban presencia mientras un micrófono colgaba de su oreja, mismo que servía para entrar en contacto con el resto de su equipo de trabajo.

—Así es. Vengo a despejarme un poco, tú sabes…—del bolsillo sacó un par de billetes de alta denominación, se los entregó poniéndoselos en el pecho con un par de palmadas—Te encargo mucho mi auto y, asegúrate de que todo esté en orden por aquí—con ello dio a entender que nadie lo molestara durante su estadía.

—Descuide Presidente Brief, así será—desprendió la cadena que colgaba para darles acceso—Adelante, buena noche.

—Gracias.

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El humo se disipaba a sus pasos descubriéndose así las pieles aperladas de los hijos de la noche. Las luces de neón se convertían en el aura multicolor que acreditaba la seducción y la excitación en lo dilatado de sus pupilas azules.

—Vaya, sí que hay gente—dijo en voz alta el hijo de Gokú para hacerse escuchar. Mientras tanto, ambos tomaron asiento en los bancos altos del área del servicio de bebidas.

—Era de esperarse, es sábado—sonrió el azul, luego se empinó un vasito tequilero; para menguar el ardor de su garganta exprimió un gajo de limón con sal.

—¿Y qué se siente ser libre, Trunks?.—tomó una bebida que le ofreció el mesero en turno «Gracias», ésta contaba con colores estrafalarios como el azul y el amarillo fosforescente—Es una fortuna que lleves varios meses así. Haz demostrado ser el hombre de la familia Brief.

—¿Que qué se siente?—reafirmó la pregunta y luego aseguró feliz—¡Se siente fantástico, Goten!—con una seña le indicó al de mandil negro que le sirviera otro shot— Por fortuna Oswaldo le fue asignado a mi querida hermana.

—Pobre de Bra—le dio un sorbo a su bebida; después de limpiar sus labios con la lengua, continuó:—Con lo rebelde que es me imagino que no la ha de estar pasando muy bien.

—No—negó con la cabeza dándole la razón a su amigo—Sé que la pasa mal pero, Bra es muy irreverente, así que es mejor que alguien le esté cuidando.

—Entiendo. Seguro ella estará bien.

—Por supuesto—se empinó el reciente trago que llegó a sus manos.

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—¿Y?¿Te gustó…?

—Ha decir verdad está muy sabroso, Señorita Bra. Muchas gracias por haberme ofrecido esta delicia.

—No, no hay de qué—le observaba la jovencita con la apariencia de que pronto iría a dormir pues una bata larga le vestía y sus pies reposaban en la suavidad de unas pantuflas esponjosas de color rosa fucsia—En verdad me esmeré mucho, me alegra que haya sido de tu agrado—sonrió inocente como si no rompiera ni un plato; la más joven de los Briefs consintió a su guardaespaldas con un batido de frutas como muestra de su agradecimiento por su arduo trabajo. Oswaldo, su guarura, era un señor de complexión robusta, las canas junto con algunas llagas de calvicie adornaban su nuca de manera pronunciada. Éste permanecía de pie escoltando la puerta de la habitación de la muchacha noche y día, tal y como se lo había ordenado la Señora Bulma.

—¿Y cuál es el secreto de esta fantástica bebida?—preguntó el mayor entre tragos.

—Bueno, verás, consiste en agregarle unas cuantas fresas, esencia de vainilla y …

La Luna que se asomaba por el gran ventanal y alumbraba lo largo del pasillo de la Corporación Cápsula; anunciaba con su magia plateada que los aires del exterior eran impregnados por la fragancia de la noche de sábado. Desesperada por llevar un ritmo de vida estricto con un cuidado de 24 horas, no tuvo otra opción que agregarle al licuado unas cuantas tabletas para dormir. Quería ser libre por una noche, beber, tomar y divertirse como cualquier chica de su edad sin que nadie estuviera detrás de sus pasos; hacía un instante había charlado con Steve desde la aplicación de CC-chats de su teléfono móvil, asegurándole que haría todo lo posible por verle.

—Lo siento mucho…—susurró al apreciar que el cuerpo del hombre se desvanecía poco a poco. Pronto acercó una silla, la colocó a un lado de la puerta y, con todo el poder humano del mundo arrastró su cuerpo y lo hizo sentarse, asegurándose así que adoptara una pose de lo más natural—Rayos...—se quejó al frotar su hombro—Pesas demasiado…

Con todo en orden entró a su habitación. A su paso se quitó la bata y se mostró una mini falda negra de charol. Las pantuflas salieron volando y se suplieron por unas botas largas de tacón alto; una blusa tipo top mostraba lo atractivo de su vientre plano—Bien, larguémonos de aquí.

Su bolsa de mano contenía el suficiente dinero en efectivo para cualquier emergencia: maquillaje, tarjetas de crédito, el cargador de su celular y una cápsula que comprimía su coche favorito (un Beattle modelo RN-08) el cual su abuelo en vida se lo había obsequiado en una Navidad. Fue así, que de la manera más austera, emprendió escape al arrojar por la ventana una soga hecha de varios retazos de tela.

—Aquí vamos—bajó sin miedos pues el vértigo de ser libre le brindaba seguridad, aunque poco duró esa grata sensación cuando el crujir de la tela le advirtió que no aguantaría mucho—¡No, no, no!—más no hubo colchón que le ayudara a menguar el golpe que recibió al caer justo dentro de un arbusto, —¡Auchhhh!—sin embargo el sentirse en el exterior le provocó una risa con cierto grado de locura—¡Ja, ja, ja, qué torpe soy!—se levantó sacudiéndose su falda y, sin importar lo alto de sus tacones, corrió como alma que lleva el viento; lejos de casa descomprimió la cápsula y al disiparse el humo subió a su vehículo, afirmó con determinación—¡Allá voy, Steve!

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—Ella no era nada serio—dijo el Brief entre bocanadas de humo del cigarrillo que fumaba—Digo, no me quejo de su destreza en la intimidad pero...solo es eso.

—Ah, maldito canalla...—torció los labios el Son al ver la suerte que tenía su amigo con las mujeres—Quien como tú. Pero dime, ¿Por qué no la buscas?

—Te confesaré que desde que pasó lo del abuelo, he perdido el interés de muchas cosas.

—Es comprensible. ¿Pero sabes? Creo que no deberías de limitarte tanto—le animaba—Por ejemplo—le observó pícaro—Aquella chica de allá tiene rato observándote, eh—le dio de varios codazos.

—Por favor, no fastidies—se mostró irritado.

—Anda, Trunks—se acercó a su rostro—Solo voltea y levanta tu vaso como buen gesto.

—P-Pero.

—¡Solo hazlo!

—De acuerdo, de acuerdo—el apuesto joven volteó, alzó discretamente su bebida y le lanzó a la mujer una mirada seductora que la hizo sonrojarse.

—¡Eso es! ¡Lo ves, no te pasó nada!—giraron sus cuerpos de regreso a la barra.

En tanto el Brief rió—Eres un tonto.

—Aunque no lo creas soy muy listo—hizo un guiño.

Mientras continuaron haciéndose de palabras, el lugar gozaba de la presencia de un prestigiado DJ, éste le daba ritmo a las melodías de moda a como sus manos y dedos jugueteaban con los discos.

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Un rato se había cumplido para los hombres y con ello, risas, bebidas y un que otro cigarrillo por parte del azul, complementaba su noche de sábado.

—Necesito ir al baño, en un momento regreso—manifestó esa necesidad humana el de ojos negros.

—Está bien.

Goten se dirigió rápidamente a los sanitarios que se localizaban al doblar por un pasillo a mano izquierda, pues se debatía a pocos segundos de evitar que la vejiga le explotara y derramar así todo un río por los suelos blancos «¡Ya casi, ya casi!»; apretaba su caminado. El empresario, entretanto, se quedó en el mismo lugar observando el meneo de su amigo, ese detalle le pareció tan cómico que esbozó una risita burlesca. Cuando al fin lo perdió de vista, tuvo ese antojo de fumar otro de sus vicios para hacer algo de tiempo en lo que Goten regresaba. Pero justo en el momento que utilizaba el encendedor para brindarle fuego al cigarrillo, alguien llegó de sorpresa y con una palmada le saludó interrumpiendo el acto.

—¡Hey, Trunks!

—¿Eh…?—cuando divisó a un ex compañero de universidad regresó el gesto con gusto—Hola Keel, qué sorpresa verte por aquí.

—Lo mismo digo y, ¿cómo has estado?

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—Vamos—murmuraba desesperada—Por favor contesta, Steve, contesta...—era la tercera vez que le marcaba al muchacho y no tenia respuesta de su parte—Maldito…—frunció la mirada y sostuvo el volante con ambas manos. De manera brusca, Bra se estacionó al ras de la acera del Famoso 34; bajó del coche y después de un portazo, le entregó las llaves al sujeto encargado de llevarlos a un lugar seguro—Más vale que lo cuide bien—exigió altanera.

—Así será, señorita.

Sin problemas tuvo acceso al lugar y se dijo que con o sin Steve la pasaría bien, pues no quería que fuera en vano el haberse escapado de casa.

—Sea como sea será una buena noche…—se filtró en medio de la pista dejándose arrastrar entre la multitud. Con las manos hacia arriba y movimientos sensuales de pelvis, se dispuso de disfrutar el momento.

En ese instante, mientras su piel se teñía de matices azules y verdes, una mano rodeó su cintura. Susurraron a su oído:—Hola, preciosa—la chica volteó con una actitud provocativa—¿Por qué tan sola?

—Solo estoy en busca de una buena compañía.

—Entonces llegué en el momento indicado—hizo girar su cuerpo esbelto hacia él—¿Cuál es tu nombre, lindura?

—Mi nombre es…—hizo un silencio al pensar que no sería conveniente decir su nombre real por motivos de seguridad. Por ello, recordó aquel nombre que su madre le dijo en una ocasión; coqueta retomó su respuesta:—Puedes llamarme Echalotte—le lanzó un guiño.

¿Echalotte? Vaya, qué lindo nombre. Un poco extraño pero no importa, te queda genial.

—¿Y tú eres…?

—Yo soy Dave, ¿Qué te parece si pasamos una noche inolvidable, nena?

La chica le miró convencida de sus palabras—Por supuesto—contestó.

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—Afortunadamente las cosas para Corporación han sido favorables. Y bueno, ya sabes, uno necesita salir de la rutina de vez en cuando—ambos hombres rieron mientras se mantenían de pie con la vista hacia la pista: fumaban.

—Por supuesto, Brief—asintió el joven de cabellos castaños y chamarra de piel—En verdad fue una pena lo que pasó con tu abuelo.

—Sí, ni me lo digas—suspiró fuerte ante el tema—No hay duda que nadie tiene comprada la vida...

—Eso es inevitable, a todos nos llegará la hora.

El azul asintió dándole créditos a su colega por lo acertado de su comentario. Y sin más que agregar al respecto, centró su mirada en la pista de baile mientras expulsaba una bocanada de humo blanco. Pero justo a pocos segundos de divisar a la multitud, su rostro se vio petrificado al reconocer a su propia hermana bailando con un sujeto que, de solo verle, le causó un mal sabor de boca; murmuró con extrañeza—Bra…—y trató de buscar a simple vista a Oswaldo más no lo encontró por ninguna parte—Esto no puede ser…

—¿Qué dices, Trunks?—cuestionó Keel al no saber de qué rayos estaba hablando.

—D-Discúlpame Keel, en un momento regreso.

—Adelante, no te preocupes.

Con la sangre hirviendo se metió entre la multitud para ir detrás de los pasos de su querida hermana y pedirle una maldita explicación del porqué estaba sola. Una belleza, sin esperárselo, lo pescó entre sus brazos como si fuese una red. Él de forma inmediata cambió su semblante a algo más relajado, tomó a la mujer de sus brazos y le hizo moverse delicadamente hacia un lado. De ahí, juntó su rostro al de ella y negó con un movimiento de cabeza muy sutil—En otro momento será…—la joven entendió su indirecta y pronto le dio el pase para que llegara a su objetivo.

Mientras Bra bailaba de espalda, Trunks tomó a Dave de la camisa y lo acercó a él de un jalón brusco. Le saludó con la mayor gentileza posible—¡Desaparece de mi vista, cretino!.

El joven refunfuñó engreído—¡Hey, Hey, tranquilo hermano!, Echallote viene conmigo, así que búscate a tu propia chica, ¿oíste?

¿E-Echallote?—el Brief parpadeó por leves segundos, pues a lo que recordaba, según palabras de su madre, esa era la segunda opción de nombre para la menor. Cuando volvió en sí, jaloneó otra vez al chico y amenazó con el ceño fruncido:—Escúchame maldito idiota, si vuelvo a verte cerca de mi hermana juro que te mato—lo empujó soltándole—¡Desaparece de aquí!.

—Está bien, está bien…—el tipo tomó camino y entre pasos desarrugaba su camisa al darle unas cuentas palmadas, luego murmuró—¡Bah!, hay muchos peces en el mar—; el azul en tanto se situó detrás de la menor.

—Oye, Dave, ¿Por qué estás tan callado?—seguía bailando al ritmo de la noche—Hace un instante no parabas de hablar, ¿Acaso el ratón te comió la lengua?—soltó una risa que poco duró en su boca tras reconocer la voz de su querido hermano.

—No lo creo, Echallote. Al menos yo sí puedo hablar muy bien.

La chica se paralizó a secas mientras una nube azul se le pintó en la frente debido a los nervios. Tras pasar un trago grueso de saliva, volteó lentamente imaginándose la peor cara de Trunks—Yo…Yo puedo explicarlo.

—¡Oh, claro que puedes!—se encararon—¡¿En qué diablos estás pensando, Bra?!

—¡No es de tu incumbencia, Trunks!.

—¿Dónde está Oswaldo?

—¡No lo sé!.

El Brief tomó de su muñeca, al jalar insistió:—¿Dónde está tu guardaespaldas? ¡Sabes bien que no puedes salir sin él! ¡¿Te escapaste?!

Bra enfurecida se zafó de la mano de su hermano, con el ceño fruncido, contraatacó:—¡¿Y qué si me escapé?! ¡¿Vas a hablarle a mamá?! ¡¿A la policía?! ¡Tú qué sabes de ser un prisionero de tu propia vida, Trunks! ¡El joven «libertad» dándome cátedras de cuidado!—sus ojos azules se llenaban de lágrimas—Solo una noche…una maldita noche deseaba ser libre, ser la Bra de antes…

—Bra…

—Así que por favor…ya no me ridiculices frente a todos. ¡Ya basta de todo esto, no quiero seguir viviendo así!—tapó su rostro con ambas manos.

El muchacho hizo conciencia de lo ocurrido pues el roce con Dave había despertado el interés de más de alguno de los presentes; ambos estaban en el ojo del huracán. Fue así, que comprendió un poco el cómo se sentía su pequeña hermanita, era terrible tener que vivir privados de su libertad por la desgracia que marcó a su familia. Tras cruzar sus brazos y esbozar, no tuvo otra opción que acceder en hacer algo para reparar la noche; lo hecho, hecho estaba y ya pensaría en alguna estrategia para salvarle el pellejo a la menor.

Con la mirada hacia el suelo, la chica continuaba lamentándose por la escena de hace un instante. Entonces, de repente, sintió que su hermano le tomó de la mano y comenzó a bailar como si fuese su pareja de noche. Coqueto le dirigió la mirada—¿Y…? ¿Te quedarás como una tabla? ¿O los ratones te comieron la lengua, Echallote?

El comentario provocó que la chica sonriera. Y con su estilo muy particular, contestó:—Bailo mejor de lo que crees, tonto.—y así, bajo la complicidad de la fraternidad, comprendió sus buenas intenciones.

Un par de giros dio la chica en los brazos de su hermano como si él fuese su riel que le ayudaba a desplazarse de un lado a otro. Cuando sus rostros se encontraban, dialogaban:

—Me quedaré esta noche en casa de mamá.

—¿L-Lo dices en serio, Trunks…?

—Claro, dormiremos juntos como cuando éramos pequeños a no ser que prefieras que le diga la verdad.

De esa forma natural salieron desapercibidos de las miradas de quienes los acosaban; todo siguió su curso normal bajo las estrafalarias luces de neón. Así que sin importar romper el ritmo de sus pasos modernos, Bra se echó a los brazos del joven—Gracias, Trunks.—besó su mejilla un par de veces.

El muchacho correspondió el gesto al rodear su cintura con cariño—Para eso soy tu hermano mayor, ¿no? Además…sé cómo te sientes y creo que te hace falta tener un respiro de vez en cuando. Trataré de hablar con mamá para que te deje salir con más frecuencia. Solo no hagas más tonterías, por favor. Te prometo que todo volverá a la normalidad.

—T-Te lo agradezco mucho, Trunks—apretó con más fuerza el abrazo—Te quiero, hermano.

—Y yo a ti, tonta.

Un par de ojos negros apreciaron el bello momento fraternal—Se ven tan adorables cuando no pelean, chicos.

El abrazo se desbarató y Bra presenció al hijo de Gokú.

—¡Ah, Goten, tú también estás aquí!—dijo alegre la muchacha, pues todo lo que conspirara con el azabache era de su total interés.

—Así es. Ya sabes que donde está Trunks, estoy yo—sonrió.

—Ya me di cuenta—se cruzó de brazos e hizo un guiño.

—Bueno, bueno,—interfirió el Brief—Volvamos al área de bebidas.

—¡Pero yo quiero seguir bailando!—reclamó la chica.

—Pero ya bailamos un rato, ¿no?

—No fue suficiente. Además la noche es larga para nosotros los jóvenes.

—¿Insinúas que estoy viejo?

—Si lo quieres tomar de esa manera, está bien.—respingó perspicaz con ambas manos sobre su cintura.

Trunks estaba perdiendo los estribos ante los caprichos de su hermana—¡BRA…eres una...!

Sin embargo Goten para evitar una guerra nuclear entre los hermanos Briefs, se ofreció en ser su compañero de pista.

—Si tú quieres yo puedo bailar contigo, Bra.

—¿Eh?—se sonrojó por la oferta, luego volteó con su hermano para que le otorgara permiso—¿Puede?

—E-Está bien, solo…no la pierdas de vista, ¿de acuerdo?

—Descuida, no te preocupes. En un momento te alcanzamos en el área de bebidas.

Mientras Trunks salía de la pista, ambos chicos comenzaron a bailar un popurrí de los 70s.

—Y dime, Goten, ¿Todavía sigues saliendo con esa castaña vulgar?—preguntó con ciertos aires de celos e interés.

—¿C-Castaña vulgar?—parpadeó repetidas veces al no entender.

—Aquella mujer santurrona de Satán City.

—Ah, te refieres a Pares.

—Patsy, París, Pares…como sea…—refunfuñó.

—No es que salga en sí con ella. Lo que pasa que la conozco porque trabaja en una clínica veterinaria; en varias ocasiones he llevado a las mascotas de Videl con ella para que les haga un corte de pelo. Finalmente Pares es muy allegada a los Satán.

—Entiendo…—sin darles más largas se empeñó en seguir bailando más no tenía buena pinta su faz.

—Olvídate de eso, mejor hay que divertirnos—sugirió el muchacho para hacerla sonreír—Observa esto, Bra, ¿Qué te parece este movimiento tipo Travolta?—su brazo se movía exagerado de arriba hacia abajo con el dedo índice recto—O tal vez te agrade este suculento movimiento de caderas y hombros.

La muchacha estalló en risas porque era ridículamente encantador—¡Ja,ja,ja!—Misma risión que soltó su hermano al divisarlos desde el bar.

Al no reencontrase con Keel decidió beber solo una tanda de tequilas mientras fumaba un cigarrillo tras otro. Entretanto, volteaba constantemente para estar alerta del cuidado de su hermana. No podía quitarse esa mala costumbre, hasta se juzgaba a sí mismo por sentir ese miedo arraigado, pues aunque tratara de no preocuparse de más, una sensación de angustia quedó en él tras el fallecimiento de su abuelo; pensar que otro miembro de su familia estuviese en peligro, le preocupaba bastante.

Dejando su paranoia a un lado, decidió mantenerse más relajado, e incluso platicó por buen rato con el mesero que lo atendía; temas sociales o de fútbol salieron a relucir amenamente al ritmo de la música. Al paso de una hora le dio el visto a su reloj de mano—1:30 de la mañana—murmuró, y de alguna forma le pareció prudente regresar a casa pues tenía que ver la manera de cómo entregar a Bra a casa sin crear problemas con su madre. En tanto, a los chicos le dio la oportunidad de terminar la última pieza de baile. Por ello, decidió sentarse dandole la espalda a la barra para así tener toda la visión hacia la pista.

—Oye, Bra, iré por una bebida. ¡Estoy que muero de sed!—dijo el Son.

—Está bien, solo no tardes demasiado. Es una grosería dejar a una dama en medio de la pista.

—No te preocupes. Enseguida vuelvo.

El empresario observó a distancia que su mejor amigo se alejaba de su hermana, pensó entonces que iría al baño, o en todo caso, que iría a solicitar una bebida enlatada con algún mesero que se cruzara a su paso. No tenía problema con ello y más, que por fortuna él también cuidada a la menor.

En eso Bra volteó hacia él y le saludó sonriente al extender el brazo; el mayor correspondió el gesto con discreción y continuó fumando su cigarrillo. Al tiempo que su vicio se consumía, su mirada se centró en examinar el entorno de manera natural, sin mucho interés, pues no había otra cosa novedosa que apreciar, solo lo mismo: música, parejas besándose y un que otro atractivo visual, que ciertamente, llenaban sus pupilas.

Cuando el último gramo de ceniza cayó al suelo, entre la multitud observó a un hombre de traje y gafas negras; frunció la mirada con extrañeza al parecerle ridículo el hecho de que llevará puesta gafas en el interior del lugar. Así que sin querer darle mucha importancia trató de ignorarlo pero resultó difícil para Brief pues ya no se había quedado del todo tranquilo ante lo absurdo. Fue así, que por pura corazonada, divisó de reojo a su hermana y se dio cuenta que aún estaba sola en medio de la pista—Bra…—murmuró preocupado más no dejó de observar al hombre. Pero la situación se empeoró cuando divisó a otros dos sujetos situados en puntos estratégicos del antro; su nariz rápidamente detectó ese olor a peligro tras descubrir que estaban armados y justo, uno de ellos, comenzaba apuntar hacia a Bra—N-No puede ser…—su orbes se dilataron.

Al sentir que la joven estaba vulnerable corrió hacia ella lo más rápido que pudo—¡A un lado, a un lado!—empujaba a la multitud para despejar el camino—¡Bra!—alzaba la voz desesperado pero desafortunadamente el ruido de la música era tan alto que no favorecía en lo absoluto—¡BRA!—el miedo de perderla lo estaba enloqueciendo—¡Agáchate! ¡Quítate de ahí!

»¡BRA!

—¿Eh?—la muchacha volteó al percibir la presencia de su hermano—¿Q-Qué pasa Trunks?—se aterrorizó al verle de tal forma.

Sin embargo, para su desgracia, el gatillo lanzó su primer disparo y ambos jóvenes dieron contra el suelo; se observaban a los ojos ante el caos: preciosos zafiros azules, herencia de su madre. Mientras sus rostros temblaban la gente gritaba y salía corriendo del lugar despavorida. Fue así, que los sospechosos vieron la oportunidad perfecta para emprender huida, con una señal bastó para salir del lugar.

—Bra…

—Trunks, h-hermano…

Y la sangre se escapó de los tejidos manchado las prendas de su víctima.

»No puede ser…—los lamentos aparecieron como interminables ecos, los oídos punzaban, el tiempo se hizo lento…

»No...—la desesperación se plasmaba en su faz llena de lágrimas.

—¡Malditos, por qué le hicieron esto!—gritaba el testigo hecho un manojo de nervios mientras trataba de apretar la hemorragia que provenía de su hombro: temblaba—¡Por favor, Trunks, resiste!

—¡¿Pero qué rayos pasó aquí?!—llegó Goten para auxiliar en medio de la desesperación.

—¡Goten, tenemos que llevarlo a un hospital!

—S-Sí.—el muchacho azabache pese a sus nervios, intentó cargar a su amigo pero éste respingó con la pocas fuerzas que le quedaban.

—No…

—¿No?—se cuestionaron ambos ante lo absurdo de su petición.

—No quiero…no quiero ir al hospital. No quiero perder mi libertad…Goten…—siseaba—Tu sabe lo mucho que esto significa para mí.

—¿P-Pero…?

—E-Estoy bien…

—Hermano pero…

—Por favor…solo sáquenme de aquí.

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La puerta de un domicilio de clase media, era tocada bruscamente al ritmo de la desesperación de sus solicitantes.

—Espero que esto sea una buena idea, Son Goten.

—Es la única persona que se vino a la mente que nos puede ayudar... o eso espero…

Cualquiera persona cuerda dudaría en abrir la puerta puesto que era muy tarde para recibir visitas. Sin embargo escuchó su nombre con insistencia que, pese a que dormía plácidamente, tuvo la suficiente voluntad para levantarse de la cama.

—Ya voy, ya voy—atendió la dueña en bata de dormir mientras un gran bostezo adornaba su faz.

—¡Pares, por favor ayúdanos!

—¿Eh…?—tallaba sus ojos para quitar todo residuo de lagañas—¿S-Señor Goten…?—y pronto divisó el problema al ver que el muchacho traía cargando en su espalda a su mejor amigo—¿Q-Qué fue lo que pasó?

—¡Déjanos entrar, mujer!—ordenó la Brief con el ceño fruncido, pues pese a todo la castaña no era santo de su devoción.

—Sí, sí, pasen.

A como sus conocimientos le permitieron, trató de auxiliar a Trunks de la forma más austera. Éste permanecía sin camisa sentado sobre la barra de la cocina en espera de ser atendido.

—¿Están seguros que no es mejor ir a un hospital?—preguntó la castaña.

—Nena, por favor ayúdanos—insistió Goten angustiado—Por cuestiones privadas es mejor que la familia de Trunks no se entere de esto.

—Pero yo soy solo un estilista de mascotas, y digamos que Trunks no es un San Bernardo, un Poddle o algo así que necesite un corte de pelo. ¿Y si esto sale mal?.—sostenía unos utensilios de cocina que previamente había calentado en la estufa para esterilizarlos: herramientas que, en teoría, le ayudarían a extirpar la bala.

—Supongo que en más de alguna operación canina haz ayudado al veterinario, ¿no?—el azabache trataba de animarle.

—Aún así no estoy segura.

Fue así, que el herido al escuchar sus palabras, intervino al sostener bruscamente las mejillas de la castaña.

—Pares, cariño,—le miró fijamente y ordenó:—¡SACA LA MALDITA BALA!—apretó sus mejillas como si se trataran de una pelota.

—E-Está bien, e-está bien—se zafó de su mano y suspiró fuerte—Bien, entonces aquí vamos.

Un chorro de alcohol para bebidas fue vertido en la herida provocando así un gran siseo por parte del azul. Éste mordía un pedazo de tela de su saco para soportar el dolor; comenzaron a extirpar dentro del tejido del brazo—Creo que aquí siento algo...resiste un poco, Trunks…

El azul apretaba su mentón y sus dientes se mostraban rígidos; sudaba frío.

—Solo un poco más…

—¡Quieres darte prisa Patsy, París o como te llames! ¡Lo estás lastimando!—externó Bra ante el sufrimiento de su hermano.

—Un poco más y…y…listo—la bala cayó en la barra.

—¡Eso es, Pares! Bien hecho—se alegró el Son ante el triunfo de la improvisada operación.

La mujer limpió su frente con la ayuda de su antebrazo—Dios…—esbozó.

—Gracias, Pares…—dijo Trunks en un hilo de voz pero fue así que su vista se nubló por un instante y se desmayó de una. Había perdido demasiada sangre que su cuerpo no resistió.

—¡Oh, diablos, no puede ser!—se exaltó el hijo de Gokú.

—¡¿Trunks estás bien?! ¡Por favor reacciona!—Pares trataba de reanimarlo al darle unas palmadas en las mejillas. Sin embargo el muchacho mostraba un semblante muy pálido.

—¡M-Más te vale que no le pase nada malo a mi hermano!—amenazó Bra con el ceño fruncido y la mano empuñada; estaba hecha un manojo de nervios.

»Trunks

»Trunks

»Trunks

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.

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El nebulizador arrojaba humo constantemente a la habitación que se vestía de colores blancos. Un suero permanecía en su brazo hidratándole mientras descansaba de aquella operación a la que fue sometido hacia un par de horas. En tanto, el marcapasos contaba su ritmo cardiaco que, por fortuna, se mostraba estable pese a su condición; su brazo herido fue vendado desapareciendo todo rastro de sangre. El joven azul dormía sobre una cama vaporosa, vestía solo un pantalón blanco de tela delgada mientras debajo de sus pies había un par de cojines que le daban altura.

Tras pasar los efectos de la anestesia, sus ojos se abrieron lentamente reconociendo así el lugar. Parpadeó un par de veces y tras levantar ligeramente su cuello, observó a su progenitora sentada en una silla con piernas y brazos cruzados.

Después de analizar todo, el azul cayó en cuenta que estaba en un hospital y era obvio que su madre sabía todo lo ocurrido.

—M-Mamá…

CONTINUARÁ…

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Hola, ¿cómo están, amigos? n.n

Nos volvemos a leer con este nuevo Long fic Trumai que le traigo por aquí, como siempre situado en un Universo Alternativo y con un tema muy distinto a mis trabajos anteriores; ojalá les guste mucho. Así que les pido me regalen nuevamente la oportunidad de contarles otras de mis trilladas xDDDDD

Les mando un fuerte abrazo y muchas gracias a todos lo que anden por aquí.

Con cariño:

Kuraudea~


22/Enero/2018

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