Detrás de tus pasos
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Por
Kuraudea
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Capitulo II
Consecuencias
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«No es necesario mostrar bellezas a los ciegos, ni decir verdades a los mudos; los hechos simplemente plasman otra percepción de lo que se cree»
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—Buenos días, Presidente Brief—saludó la fiel secretaria desde su escritorio, como siempre con una buena pinta en su faz y con la CC-pad a la mano revisando pendientes.
—Hola, Rita, qué tal—el joven correspondió el saludo justo antes de entrar a su oficina. Eran cerca de las 9 am y había un mundo de labores por realizar. Él tan fresco como una lechuga, lucía con buen porte su traje negro; la fragancia de su perfume dejaba una estela a su paso que seducía a cualquiera.
—El Dr Brief está desde temprano en su oficina.
—El abuelo y su mala costumbre de madrugar—esbozó una sonrisa—No sé por qué nunca me espera para llegar juntos.
—Así es la gente mayor, cada vez tienen menos horas de sueño y llega una etapa en que se creen que son un estorbo para la familia. Se lo digo porque mi abuela es así: Todo un caso—suspiró con fastidio de solo recordarlo y de paso le dio un sorbo a su café que reposaba en su mesa de trabajo.
—Es complicado, pero ah,—asintió gustoso—Finalmente se les quiere mucho, ¿no?. O por lo menos mi abuelo ha sido un padre para mí y…—en eso, la charla se vio interrumpida por un estruendo que provino de la oficina presidencial. Tal explosión aturdió a ambos adultos, a tal grado que varios objetos, como la taza de café de Rita, dieron contra el suelo.
—¡Pero qué rayos fue eso!—dijo la mujer aterrorizada.
—¡¿Estás bien, Rita?!
—S-Sí, ¿Usted?
—Estoy bien…—después de pasar el mal trago respiró hondo y fue en un santiamén que hizo conciencia de la gravedad de lo ocurrido; al desencajarse su rostro, externó:—¡El abuelo estaba en la oficina!—dejó a su paso el maletín sobre una silla y fue directo a corroborar los hechos.
—¡Presídete Brief, aguarde!—fue tras de él—¡Puede ser peligroso!
Sordo y necio era el azul que le importó tan poco la advertencia de su asistente: abrió la puerta. Y fue así, que una ráfaga de viento resopló los cabellos y prendas de los testigos «¡aahh!» pues el gran ventanal que gozaba de la mejor vista de la Capital del Oeste, estaba hecha añicos.
—¿Pero qué es esto…?—cuestionó el heredero. En tanto, la mujer se aferró detrás de su espalda sosteniéndose de su saco. Trunks fruncía la mirada y con el antebrazo trababa de cubrir sus ojos del aire fuerte. Y entonces, a un lado del escritorio, vio a su abuelo inconsciente—E-Esto no puede ser…
Rita también observó con asombro y con la poca cordura que le quedaba, intentó ayudar—V-Voy a llamar a los servicios médicos—retrocedió para regresar a su escritorio.
El azul se acercó al cuerpo a paso lento, murmuraba:—Abuelo…¿Abuelo, me escuchas?—estaba con los nervios a flor piel, pero en el instante que apreció una extensa mancha de sangre en el alfombrado, supo que algo no estaba del todo bien. Se agachó, tomó en sus brazos al mayor en busca de su rostro, de percibir algún signo vital activo en él. En tanto, sus manos y los puños de su camisa blanca se manchaban del crimen—Por favor respóndeme…—y sus ojos se llenaron de lágrimas y desesperación—¡Por favor dime algo!—abrazó los restos.
Fue así, que el viento siguió resoplando violentas ráfagas con ecos de lamentos y dolor; un huracán se formó dentro del lugar tomando potencia con todos los papeles membreteados con el logotipo de la CC: fotografías, revistas, etc. En medio del fenómeno estaba el joven devastado, y justo cuando levantó su mirada hacia el ventanal, vio al culpable.
En primer instante quedó boquiabierto al verle, susurró:—¿Quién eres tú…?—luego frunció la mirada e Interrogó con rabia— ¡¿Por qué lo hiciste?! ¡¿Quién te ha mandado hacerle daño a mi familia?!
El sujeto quien permanecía al ras del ventanal dándole la espalda, no respondió. Solo divisó al Presidente desde su hombro; éste vestía todo de negro con prendas de cuero y su cabello se sujetaba por una coleta, en ambas orejas se observaba el brillo particular de dos arracadas. Sin algún gesto de su parte, solo se dio el gusto de perforar al Brief con sus ojos color miel.
—¡Respóndeme, maldito!
El de negro regresó la mirada hacia enfrente, estiró ambos brazos y de su espalda, de manera motriz, aparecieron dos alas con armazón de metal con plumas negras.
»¿Qué…?—el muchacho afligido quedó impresionado por la transformación. El criminal saltó al abismo sin miedos, y entonces, dentro del huracán quedaron restos de las plumas negras junto con las hojas y los recuerdos que lo unían al hombre en vida; su mirada azul quedó nula reflejándose así en sus orbes el horizonte y la luz del día que lo dejaría marcado para siempre.
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»Trunks.
»Por favor resiste, hermano.
»Trunks.
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—M-Mamá…
—¡Hijo mío, al fin despertaste!.—dijo Bulma desde la silla de la cual no se movió ni un instante desde que el muchacho ingresó al hospital. Con su faz llena de angustia la mujer quien había dormido de piernas y brazos cruzados, fue hacia él—¡No sabes lo preocupada que estaba por ti, Trunks Brief!—le regañó como si fuese un niño pequeño pues tan afligido estaba su instinto maternal que estaba al borde de derramar lágrimas.
—Lo sé, lo sé…Pero por favor no te pongas así, mamá—buscaba darle consuelo—E-Estoy bien, además puedo explicarte todo lo que pasó.
—No es necesario, Bra me contó todo—suspiró—Esta niña se mete en cada problema—tomó su mano y con calma se sentó al ras de la cama; le observó fijamente—Esto está muy mal, Trunks. Mírate, ve tu hombro, perdiste mucha sangre. ¿Y si hubieras muerto? ¿O hubiera muerto tu hermana? Creo que tú deberías de…
El muchacho sabía lo que su progenitora le iba a decir, cerró los ojos y suplicó:—Por favor no, madre. Dame otra oportunidad.
—No me queda otra opción que solicitar un servicio de guaruras especializados para ti. No podemos exponernos a otra contingencia de este índole.
—Pero mamá…
—¡Trunks, comprende! Esto no es por arruinarte la vida, hijo, es para protegerte, para que estés a salvo. ¿Teníamos un trato, no?
Resignado con el rostro hacia un lado, contestó:—Sí…
—Mañana mismo iré a visitar una buena agencia. Por lo tanto trata de descansar; tómate unos días de incapacidad para que te recuperes, ¿de acuerdo?
El joven no dijo ni una sola palabra al respecto, pues era un hecho que estaba disgustado por las medidas a tomar. Pues pese a que comprendía la situación perfectamente, se resistía en tener que vivir de esa manera tan esclavizada. En tanto, las puertas de la habitación se abrieron de par en par al deslizarse.
—Hola, qué tal—saludó la menor de los Brief con una ligera sonrisa en los labios. En sus manos llevaba una canasta de frutas con un moño de regalo color azul; obsequio que le llevaba a su querido hermano para su apetito voraz.
—Bra, hija, ¿qué haces aquí?
—Oswaldo me trajo a la clínica. De hecho se quedó escoltando la puerta—puso la canasta a un lado de la cama sobre la mesa—¿Mamá?
—¿Sí?—ambas mujeres se observaron, cada una estaba del lado contrario de la cama: Bulma sentada, Bra de pie.
—¿Por qué no vas a casa a descansar un poco? Ve a tomar una ducha a comer algo y también toma una merecida siesta. La abuela Bunny está tan preocupada que su ansiedad la llevó a preparar un sinfín de pastelillos; a todas horas anda con su pañuelo blanco: «¡Pobre de mi chiquitín especial, ha de estar sufriendo mucho!»
—P-Pero Bra…
—Anda, mamá—insistió—El chofer y el guardaespaldas están esperándote en la salida. Yo me quedaré un rato con Trunks.
—D-De acuerdo—la científica regresó la mirada con el mayor de sus hijos—Cariño, en un momento regreso.
—Sí, no te preocupes—contestó sin mucho ánimos.
Cuando la madre de los chicos salió de la habitación, Bra tomó asiento en la cama—¿Cómo te sientes, Trunks?—sonrió optimista, más ese semblante se esfumó al no tener las palabras precisas para ofrecerle una disculpa—Sabes…yo nunca pensé que algo así iba a ocurrir esa noche. Si yo no me hubiera escapado sin permiso, nada de esto habría ocurrido. En verdad lo lamento mucho; sé lo importante que es para ti tu libert…
Sin dejar que terminara esa última palabra, intervino—¿Pero tú estás bien, no?
—S-Sí. Pero aún así arruiné todo para ti.
—De alguna manera estoy tranquilo de haber llegado a tiempo para recibir el impacto. Creo que no hicimos nada malo en querer pasar un buen rato—le miró—En realidad nada de esto es nuestra culpa, son otras personas que no nos dejan vivir en paz, que no nos dejan retomar nuestras vidas. Y bueno, siendo yo tu hermano, ¿qué te puedes esperar? Es mi deber protegerte.
—Trunks…—sus orbes tornaron cristalinos—¿Qué te parece si comemos un poco de fruta, eh? Se ve deliciosa—trató de relajar el momento con algo más alegre—Sé lo mucho que te gustan los duraznos, así que traje varios para ti.
El muchacho sonrió—Gracias.
—Anda, te ayudaré a incorporarte para que te comas todo.
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Su despertador siempre sonaba a la misma hora, pues su oficio como tal le exigía levantarse muy temprano. Tan acostumbrada estaba a ese estilo de vida que su reloj biológico ya era automático; primero comenzaba a cepillar sus dientes, luego se duchaba y finalmente, se preparaba un buen desayuno con todos los poderes de nutrición, aunque claro, los waffles nunca debían de faltar. Personas como «ella» se tenían que alimentar muy bien, pues nunca sabían cuando sería su último día de vida (aparentemente) así que cada segundo se tenia que vivir al máximo.
—Gatito, Gatito, ven por tu desayuno—vertía el alimento del felino en un platito.
»¡Meooww!
—Eso es, come—acarició un par de veces el lomo peludo.
No llevaba una vida económicamente estable, pues estaba endeudada con la hipoteca de su pequeño departamento ubicado en uno de los sectores populares de la Capital del Oeste, para ser exactos vivía en el cuarto piso de la edificación. Desde temprana edad se enlistó en el ejército y con los años se especializó en servicios privados de cuidado; ciertamente la paga era buena pero la contratación era eventual, esporádica, así que a veces no había trabajo de guardaespaldas y por ello, existía otra opción para generar ingresos extras el cual consistía en trabajar por las noches en un restaurante como mesera. Actualmente estaba afiliada a la agencia de seguridad «Halcones de Plata»; liderados por el famoso Coronel Silver. Como su permiso permanecía vigente, era su obligación el ir a entrenar todas las mañanas y mantener la fe de que su Coronel le tendría muy pronto una nueva misión.
—¡Diablos, ya es tarde!—tomó su gabardina verde del perchero empotrado detrás de la puerta, su mochila del sillón y salió a prisa a tomar el transporte.
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La limusina con la insignia de la Corporación Cápsula había llegado al cuartel de los reconocidos «Halcones de Plata». El chofer bajó con discreción la ventana y pidió amablemente la autorización al vigilante de la caseta para que les dieran acceso a la institución. El lugar era un lote muy amplio que gozaba de grandes jardines y árboles altos de eucalipto; estaba dividido en varias secciones: el área de tiros se situaba en el lugar más lejano por obvias razones de seguridad. Luego estaba el campo de entrenamiento militar donde llantas sobre la tierra, arneses y redes, eran de ayuda para ejercitar la destreza de los internos. Una alberca de gran longitud se salpicaba por los soldados que nadaban al ritmo de un silbato que les indicaba el inicio y el fin a su jornada para así, nuevamente comenzar. Al lado contrario se situaban comedores, salones, dormitorio para aquellos que gustaban pasar la noche en la institución, baños y en el puro centro, estaban ubicadas las oficinas principales de administración y dirección; frente a ello una bandera grande se revoloteaba con la insignia de un Halcón de Plata.
—Hemos llegado, Señora Bulma—indicó su guardaespaldas quien abrió la puerta para que bajara.
—Gracias, Hannes.
La científica que lucía un faldón entallado negro, tacones y una torera del mismo color, se quedó estática observando el entorno que se reflejaba en sus gafas oscuras, principalmente la insignia de la bandera llamó su atención. Y así, con un poco de valor siguió su camino y pensó que esto de solicitar un servicio especial era por el bien de su familia.
»Esto es lo correcto—se dijo a sí misma.
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—Un halcón es mejor conocido por su crueldad de caza, por ser sigilosos y rápidos—la gabardina de mezclilla se revoloteaba de la parte trasera mientras con su mirada marrón observaba a diez filas largas de soldados. El paliacate rojo del cuello le daba gran personalidad, mismo color que gozaba su cabellera de peinado rebelde; alto, fornido: todo un Coronel—Un halcón caza a su presa desde los cielos, por encima y abasteciéndose por el aire para cazar hasta un insignificante ratón: buen olfato, buena vista, buena intuición—en su mano derecha forrada por unos guantes cafés de uso rudo, sostenía un auténtico halcón— ¡Así somos los halcones!—afirmó e impulsó su brazo para darle la orden de volar. Y éste se perdió en lo alto de los árboles de eucalipto, pues su amo sabía que pronto estaría de regreso—Empecemos con la práctica de tiro.
—¡Sí!—contestaron todos en una sola voz.
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Varios grupos se formaron para la práctica del tiro al blanco. Hombres y mujeres usaban lentes transparentes, guantes negros y cubre orejas. Mientras abastecían de municiones las armas, pronto comenzó la charla.
—El Coronel Silver amaneció de muy buen humor, ¿no lo crees, Mai?
—Otra vez con lo mismo, Violet—volteó a ver a su colega con fastidio; ésta vestía unos pantalones flojos verdes, botines y una camiseta de resaque blanca. Su cabello como siempre era corto, morado, y sus ojos eran bendecidos por el color más bello: el azul.
—¡Vamos, Mai! ¡ E!—le dio una palmada en su hombro y luego del bolsillo sacó un par de guantes cafés y una boina roja que pronto colocó en su cabeza—Aunque te irrites sé que observabas al Coronel con si fueras una adolescente enamorada—suspiró—Se miraba formidable con ese halcón en su brazo.
Luego de recordar esa fabulosa escena tuvo que reconocer que lo que decía Violet era la pura verdad; soltó un suspiro, dijo:—Él es impresionante.
—Vaya que lo es…—y ambas derrocharon un mundo de suspiros al observar al hombre desde lejos mientras éste le ayudaba afinar puntería a uno de sus nuevos alumnos.
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—Mientras no te concentres, nunca lo lograrás, Gutiérrez—le dijo el rojo a su discípulo de complexión delgada y anteojos de armazón grueso —Dame el arma—extendió la mano.
—S-S-S-Sí, Se-Se-Se-Señor.
—Y desde luego mientras no dejes de tartamudear—murmuró discreto observándolo con cierta pena—Bien, aquí vamos otra vez. Primero divisa tu objetivo, apunta—el coronel estiró su brazo hacia enfrente—Examina a tu presa, sus movimientos, respira hondo y…— pero justo antes de jalar el gatillo, uno de miembros administrativos aclamó su presencia.
—¡Coronel Silver!
—¿Eh?—volteó—¿Qué sucede?—preguntó en voz alta.
—Tiene la visita de un cliente, lo esperan en su despacho.
—¡Correcto!—bajó el arma—¡En un instante voy!.
—Está bien.
—Aquí tienes, Gutiérrez—le entregó la pistola—Sigue practicando.
—S-S-S-Sí, Co-Co-Coronel.
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—¿Oíste eso, Mai? El coronel tiene la visita de un cliente.
—Sí, eso veo…—su orbes azabaches observaron al de gabardina caminar hacia su oficina. En tanto, se colocó sus gafas de protección y el cubre orejas.
—¿Buscarán algún servicio de guaruras?
La de cabello largo suspiró—Eso espero, Violet—y comenzó a dispararle a los obstáculos.
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—Buen día—saludó el hombre rojo al entrar a su despacho. Dicho lugar estaba adornado por trofeos, medallas y reconocimientos. El color de las paredes era de color gris, hacían bulto unos cuantos archiveros, un abanico antiguo de fierro y la ventana era protegida por una persiana a medio cerrar—Señora Bulma Brief, ¿no es así?—tomó asiento.
—Sí, Coronel, es un gusto conocerle. He escuchado muy buenas referencias de usted—retiró sus lentes por educación.
—Vamos, y yo qué puedo decir de usted y su prestigiada empresa—colocó ambos brazos sobre el escritorio.
—Gracias.
—¿Café? ¿Té? ¿Algún aperitivo?—ofreció el hombre.
—No, no, así estoy bien. No se preocupe—contestó desde el otro lado del escritorio.
—Bien. Entonces pasemos al tema importante—la observó con la mirada fruncida y un semblante más serio—¿Qué es lo que usted busca aquí?
—Un guardaespaldas para mi hijo mayor.
—¿Por qué?—cuestionó rápidamente y llevó su mano a la barbilla.
—Bueno, es que…resulta que una noche mi hijo sufrió un atentado en un lugar público. Por fortuna solo le hirieron un brazo; ahora se encuentra hospitalizado y… necesito a alguien que esté con él en todo momento. Trunks no es de los puede estar encerrado, su trabajo en la presidencia le exige muchas veces desplazarse.
—Entiendo. Ahora respóndame esto: ¿Fue un accidente? A lo que me refiero es que tal vez él estaba en el lugar equivocado, digo, muchas veces suele pasar así y no necesariamente es porque quieran matarnos, ¿O fue intencional?
—Creo yo que fue intencional—bajó la mirada—Mi padre murió hace seis meses víctima de un asesinato, ni siquiera había razón para cometer esa falta. Por ello creo que esto se vincula a algo personal.
—¿Algún enemigo de la familia?
—No que yo sepa.
—Los servicios de guardaespaldas son muy efectivos, Señora Brief. Créame que reciben un buen entrenamiento y no sólo físico y con armas, sino también teórico para apliquen inteligencia en caso de que se tenga que resolver algún problema.
—Eso es excelente—asintió y con ambas manos apretó su bolso.
—El detalle es que ya existe un antecedente de asesinato. No hay duda que alguien está detrás de sus pasos, Señora Brief. Por ende, pueden seguir surgiendo atentados múltiples—sacó de su archivero unas carpetas con los expedientes de los posibles seleccionados para el caso—Un guardaespaldas puede morir y se puede suplir por otro como si estuviéramos hablando de simples calcetines, así sucesivamente. Aunque lo ideal para su familia sería encontrar la raíz del problema para que vivan otra vez en paz y así, no sacrificar en vano la vida de mi gente, ¿usted comprende, verdad?
—Por supuesto.
—La renta de guardaespaldas es costosa, y creo que es justo porque lo que aprenden mis alumnos es gracias a mi esquema de entrenamiento especializado. Por otro lado, mis halcones merecen una buena paga también y en caso de alguna lesión se les debe de indemnizar.
—Pagaré lo que sea necesario, Coronel. Solo quiero que mi hijo esté a salvo, así que por favor mándeme a su mejor elemento.
—Así será, Señora Brief. Confié en mis halcones—comenzó a darle un vistazo a las hojas.
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En los baños femeninos del cuartel se escuchaba el chorro de las regaderas que abastecía de agua caliente a los cuerpos desnudos. El vapor era denso y siendo una ducha múltiple, a ambas mujeres solo les cubría una simple división.
Mientras la violeta jabonaba su cabellos, comentó :—Me quedé con la duda del cliente que visitó el cuartel. Por lo que escuché, los chicos dicen que era alguien de importancia.
—Ya veo…—contestó Mai y luego talló con fuerza su rostro.
—¿Será que te contraten?
—No lo sé—suspiró—Esos días de gloria de la joven Mai terminaron hace muchos años—cerró la llave de la regadera, exprimió sus largos y alcanzó la toalla—Por lo general en estos tiempos solicitan agentes jóvenes o en todo caso a hombres.
—Ay, pero qué dices. Recuerdo cuando cubriste muchos años al emperador loco del Castillo del Diablo, ¡Y lo hiciste muy bien! Y más considerando que ese enano era el «Rey de las contingencias» Por ende…—alzó su dedo índice y acercó su rostro a su compañera—Creo que ahora tienes más experiencia y probabilidades de que te afilien una jugosa misión—cerró la llave de la regadera.
—N-No lo sé, Violet—se cruzó de brazos con una cara de no estar muy convencida de lo que había escuchado.
—Con esa actitud no sé qué será de ti—secaba su rostro con la toalla.
—Al menos sé que lo único que tengo que hacer—hizo un silencio y continuó—Es ir a trabajar esta noche al restaurante, ¡Y tú vendrás conmigo!—abrió la regadera de agua helada para mojar otra vez a la mujer.
—¡Oye, qué te pasa! ¡El agua está fría, Mai!
La azabache rió y caminó—Te veo en el vestidor.
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—¿Se siente satisfecha con los términos y el perfil, Señora Brief?
—Sí, por su puesto, muchas gracias.
—Espero que el género no sea un factor que incomode. Estoy seguro que desempeñará un excelente trabajo, no lo dude. Aún así, estaré al pendiente de su caso e incluso trataré de contribuir en pos de ayudarlos.
—Le agradezco mucho, Coronel.
—Bien, ahora iré por su nuevo guardaespaldas para la conozca.
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Después de haber terminado la jornada de entrenamiento. La violeta y la azabache caminaban por el camino que les conduciría a la salida del cuartel.
—¡No vayas a llegar tarde, Violet!—amenazó entre pasos—¡Sino ese gordo de Bob nos castigará de nuevo y nos pondrá lavar los platos toda la noche como pasó ayer! ¡¿Me escuchaste?!
—De acuerdo, de acuerdo, estaré puntual—contestó sin culpas con ambas manos metidas en los bolsillos del pantalón.
—Más te vale—cerró los ojos, suspiró y continuó su camino pero pronto su trecho se vio obstaculizado por su máximo líder—Co-Coronel Silver—ambas mujeres saludaron al hombre marcando «firmes» con la mano en la frente.
—¿Ya vas para tu casa, Mai?—preguntó el hombre.
—S-Sí, señor.
—¿Me permites unos minutos en mi despacho? Tengo algo que informarte.
Mientras la solicitada quedó sin habla, a Violet se le iluminaron los ojos—Anda, Mai, no te preocupes, yo me adelantaré y, ¿Te veo esta noche, si?—le lanzó un guiño en señal de «Me tienes que contar todo»
—E-Está bien.
—Sígame—indicó el hombre tomando el frente.
—Sí, Coronel.
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—Señora Brief—la puerta se abrió y se cerró al instante—Le presento a la agente de seguridad Mai Mizuiro.
La de fleco elevado se puso de pie y extendió su mano gratamente—Es un gusto, Señorita Mizuiro.
—I-Igualmente—estrechó su mano.
—Tomen asiento, por favor—el pelirrojo les brindó el lugar al indicar con la mano cada asiento —Tenemos que afinar los últimos detalles para que se selle el contrato—revisaba unas hojas—¿Mai…?
—¿Si, Coronel?
—Dentro de tres días te presentaras formalmente en la mansión de los Briefs. Trabajarás con elemento de seguridad para esta familia.
—¿D-De verdad?
—Así como lo oyes.
—¿Seré su guardaespaldas, señora?—se dirigió con Bulma pero ésta negó.
—En realidad cuidarás de mi hijo. En tres días saldrá del hospital y te lo presentaré.
En eso, la mujer azabache se levantó bruscamente e hizo una improvisada reverencia en muestra de su gratitud—Muchas gracias por confiar en mí, Señora Bulma, prometo que no la defraudaré. Sé que no soy la más joven pero daré lo mejor de mi.
—Tienes un perfil extraordinario, no era para menos que tu mayor te escogiera con los ojos cerrados para que cuides de mi hijo.
—Muchas gracias, Coronel Silver—sus ojos negros brillaron por las lágrimas que contuvo.
—Te lo dejo en tus manos.
—¡Sí!—mostró actitud.
Los términos se establecieron en la documentación final sin generarse algún tipo de problema entre los presentes, pues existió el común acuerdo sobre lo que sería la paga y los beneficios con los que contaría el guardaespaldas así como su mayor. Sin más aclaraciones al respeto, las tres firmas se plasmaron con puño y letra al final del contrato.
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—Tanto que me dijiste que llegara temprano, ¡Y ahora fuiste tú la que llegó media hora tarde, Mai!—reclamó la de cabello corto.
—L-Lo siento mucho, Violet.—ambas damiselas lavaban una torre de platos planos mientras la tarja se rebosaba de múltiples burbujas—Es que cuando llegué a casa tomé una siesta y ya no supe de mi…cuando desperté ya era muy tarde—trató de justificarse.
—Da igual—limpió su frente con el antebrazo—Ya estamos aquí, así que…—volteó a mirarle—Hay que apurarnos para terminar pronto y largarnos de aquí.
—Sí.
—Ese gordo dijo que al terminar nuestro turno podíamos pedir una orden de hamburguesa con papas para llevar—se refería finamente a su patrón—Por cierto, Mai, ¿Cómo te fue con el Coronel?
La nombraba secaba un plato con una franela—Tal vez eso me abrumó tanto que por eso dormir de más, aún no me lo creo…
—¿Y eso qué significa?
—Significa que me contrataron para ser guarura de la familia Brief.
—¡¿D-De verdad?!—tanto fue el asombro de Violet que el plato se le resbaló de las manos como pez al agua haciéndose añicos contra el suelo. Era esperarse que el gordo Bob gritara:—«¡Cincuenta zenis menos en tu salarioooo!» La mujer violeta refunfuñó «¡Aiññ, maldito gordo!», pero era tanta la emoción del nuevo tema que le importó muy poco el descuento que aparecería en su cheque semanal.
—Así como lo escuchas—reafirmó Mai al secar sus manos con el mandil.
—¡No sabes el gusto que me da saber eso, Mai!. Es decir, los Brief son dueños de la Corporación Cápsula, ¡Qué va! Son dueños de casi toda la Capital de Oeste, ¡Son millonarios! ¿Así que te imaginas? ¡Seguro te irá muy bien! Y así podrás pagar la hipoteca de tu casa además de…—tocaría un tema delicado pero aún así lo dijo—La deuda de los servicios médicos de tu abuela y los gatos funerarios.
—Lo sé….—suspiró.
—¡Animo!, verás que todo saldrá excelente.
—Gracias—volteó a verle y continuaron con su labor de lava platos.
—¿Cuidarás de la científica?
—Eso mismo creía yo pero, resulta que cuidaré a uno de sus hijos.
—Vaya…
—La señora Bulma Brief solicitó el servicio más completo: el de 24 horas. Así que tendré que ingeniármelas para cuidar de mi casa. En todo caso, ¿podrías hacerme el favor de regar las plantas y alimentar a mi gato?.
—Claro, dalo por hecho—asintió—¿Y cuándo inicias con el trabajo?
—En tres días. Mi nuevo amo está hospitalizado, tengo que esperar que lo den de alta.
—Entiendo. Pero bueno—puso un semblante alegre—En tu día libre salgamos a beber unas cervezas, ¿sí?
—Por supuesto—sonrió.
En eso a la violeta se le resbala otro plato:—¡Otros cincuenta zenis menos!
—¡Aiñññ!—apretó sus puños pero pese a todo no tuvieron otra opción más que reír.
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—Nada de alcohol—la doctora le leía la cartilla a su paciente. Ésta traía consigo una tabla con otros tantos expedientes; anteojos y una bata blanca eran complementos estrictos de su oficio. Su cabello, entretanto, se sujetaba por un molote y justo en el medio era perforado por una pluma para darle soporte.
—De acuerdo, lo prometo, nada de alcohol—se comprometía el joven Brief quien vestía un conjunto de pans gris con tenis. Tal parecía que estaba listo para salir de la clínica.
—Nada de hacer esfuerzos con el brazo; eso implica cargar cosas pesadas, abstenerte de manejar un par de días o hacer cualquier tipo de movimiento brusco, Trunks. No te olvides de tus ejercicios matutinos de rehabilitación.
—De acuerdo.
—Y ah, debido al medicamento que tomarás: Nada de cigarrillos.
Eso no le convenció mucho—Pero doctora…
—Nada de cigarrillos, Trunks—reafirmó el médico.
—De acuerdo, nada de cigarrillos.
—Por mi parte es todo. Cuídate mucho y no olvides cumplir con las indicaciones—bajó un poco sus gafas y le observó—No deseo volver a verte por aquí, ¿me oíste?—tal comentario le causó gracia al muchacho y sonrió.
—Muchas gracias—la de bata salió de la habitación y a los pocos segundos entró su chofer momentáneo.
—¡Hola, Trunks!—saludó Goten y detrás de sus pasos lo seguía la castaña Pares.—¿Estás listo para salir de aquí?
—Hola, chicos—contestó el saludo—Seguro que si, estoy harto de estar aquí.
—Tu madre me dio permiso de venir por ti. Mañana por la mañana conocerás a tu nuevo guardaespaldas.
—Lo sé—dijo sin muchos ánimos.
—No te preocupes tanto, Trunks, verás que será un hombre genial. Te llevarás tan bien con él que beberán alcohol, fumarán y podrás andar en calzoncillos sin problema—el muchacho rió creyendo que su comentario había sido mucho de ayuda.—Bien, iré a subir la maleta al auto.
Cuando Goten salió, Pares estaba frente al azul, le nombró:—¿Trunks…?—apretó ambas manos al nivel del pecho y agacho la mirada.
—¿Q-Qué sucede?—le dirigió la mirada.
—Yo…Yo siento tanto lo que pasó en mi departamento. Fui una irresponsable, no debí hacerlo, yo quise ayudar y solo logré empeorar las cosas. No sabes lo preocupada que estaba.
El muchacho suavizó la mirada—No te preocupes—le dijo—Tu solo hiciste lo que yo te pedí, ¿no?—le lanzó un guiño para hacerle entender que ella no había tenido la culpa de nada.
—Trunks…—sonrió con un brillo en sus ojos—Me alegra verte sano.
—Salgamos de aquí, Pares.
—Sí—se acercó a ella, le echó el brazo sano encima y partieron.
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—¡Hemos llegado familia!—dijo Goten al entrar a la mansión con maleta en mano. Para esto, un banquete estaba plantado en el comedor principal de la mansión por motivo de la recuperación del muchacho. Bulma siempre era experta en organizar festejos, pero pese a que éste era de carácter familiar no dejó de sorprender a su hijo.
—Esto se ve delicioso—quedó maravillado el azul—Muchas gracias por este gesto, familia.
En un parpadeó llegó la abuela Bunny hacia él—¡Mi chiquitín especial!—sacó su pañuelo blanco y comenzó a llorar—No sabes lo preocupada que estaba «mamá Bunny» por ti.
—A-Abuela…—suavizó la mirada y rascó su nuca—Siento mucho haberte preocupado.
—Me alegra que estés en casa, mi amor—le sonrió—Por eso horneé muchos pastelillos para ti, hice tarta de limón, ¡Tú favorita!—volteó hacia un costado y observó a Goten y a Pares—Joven apuesto, señorita, ¿Gustan un poco de té?—y la abuela volvía a su carácter natural—Tomen asiento, pueden comer todo lo que gusten, con confianza.
—Ah, je, je, gracias abuela Bunny—y la nombrada jaló a la pareja de cada brazo y los guió al banquete.
—Adelante, es por aquí.
El joven Brief sonrió y justo al querer dar un paso para alcanzarlos, su querida hermana se interpuso en su camino con brazos cruzados.
—¿Eh…?—agachó la mirada para verle—¿Qué pasa, Bra?
—Me alegra que estés en casa, Trunks.
—Gracias. A mí también me alegra verte.
—Mañana conocerás a tu nuevo guardaespaldas, ¿Te sientes listo para que alguien esté detrás de tus pasos?
—Ni me lo recuerdes…—torció los labios con fastidio.
—Créeme, después de todo no es tan malo como parece. Les tomas cariño—volteó a ver a Oswaldo quien se servía con cuchara grande en la mesa del bufete.
El azul esbozó una sonrisa—¿Tú crees?
—Por su puesto, te acostumbras a su compañía. A propósito, ¿Cuántos días estarás en casa de mamá?
—Como no quiero ver tu actitud amargada de cada mañana y esa mascarilla verde hecha de vomito que te aplicas en el rostro todas las noches—empezaron las bromas pesadas entre los hermanos—Seguro un par de días y me regreso a mi departamento.
—Me parece bien—sonrió perspicaz como si lo dicho no le hubiera afectado en lo absoluto—Así yo también me evito de escuchar tus ronquidos de titán que atraviesan las paredes.
—Yo no ronco, boba.
—Por cierto—tocó su pecho al tiempo que sostenía un sobre.
—¿Y esto…?
—Es una tarjeta de ánimo que te dejó el Dr Flappe. Ya sabes lo mucho que te estima y lo cercano que es con los abuelos. En cuanto supo lo del atentado le marcó a la abuela para preguntar por ti; se le escuchaba tan preocupado.
—El Dr Flappe…—abrió el sobre y leyó en silencio la tarjeta decorada por un simpático oso con traje de médico—«Hay un momento en la vida en que debemos buscar dentro de nosotros mismos para decidir…animo Trunks»—Qué detalle de su parte. En cualquier oportunidad le marcaré para darle las gracias.
La muchacha tomó el brazo de su hermano—Pero bueno, ahora vayamos a comer. Te conozco tan bien que estoy segura que te estás muriendo de hambre.
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Y el día llegó.
El Sol salió para los dos individuos que pronto se conocerían, cada cual con la incertidumbre y esa sensación de misterio por lo desconocido que les rebotaba en el estómago.
Él se levantó temprano. Y pese a su lesión que aún emitía ciertos toques de dolor al tejido, se le miraba con una faz serena. Sin embargo, mientras se duchaba, observaba esa cicatriz que permanecía en su hombro pues ciertamente hay heridas que marcan más allá de piel y nos incitan a pensar. Entonces supo que a raíz de ahí las cosas de alguna manera serían diferentes. Ya habría quien marcara sus pasos, quién cuidara de su sombra y quien le aconsejara que camino tomar; ahora la cuestión sería si él estaría dispuesto a estar bajo esa condición de vigilancia toda su vida. Alguien estaba detrás de sus pasos: uno de ellos era para su protección y el otro para aniquilarlo.
Cuando salió de la ducha se vistió con un pantalón de mezclilla y una playera blanca con el logotipo de la CC en el pecho; prendas casuales para estar cómodo pues no pretendía ir a trabajar a la corporación. Mientras su abuela gentilmente le sirvió un jugo de frutos frescos en el comedor de la terraza «Aquí tienes, mi amor. Bébetelo todo», él con una pesa pequeña comenzó hacer ejercicios para la rehabilitación de su brazo, sin embargo no fue impedimento para agradecer el dulce gesto a la mayor—En un momento lo bebo, abuela. Gracias.
Situado justo al ras de la reja, cerró los ojos. Recibió el aire y la luz del Sol que lo alimentaba de energía, de esperanza. Sus cabellos se elevaban y respiraba hondo, muy hondo, pues una nueva etapa comenzaría.
—Trunks, cariño, te presento a la agente Mizuiro—el muchacho volteó al llamado de su madre, y cuando divisó a su nuevo guardaespaldas, su rostro se pasmó quedando boquiabierto.—H-Hijo, ¿No vas a decir nada?
Debido a lo incómodo del momento, la de gabardina decidió presentarse para romper el hielo entre ambos:—Hola, joven Brief—hizo una delicada reverencia—Yo seré su guardaespaldas, es un gusto conocerlo y…
Pero sin dejar que terminara el saludo, el azul frunció la mirada molesto y cuestionó—¿Y esto, madre?
CONTINUARÁ…
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Hola, ¿Cómo están? Me alegra nuevamente saludarlos. Aquí les comparto con mucho cariño el capítulo 2 de DetrásDTP. Espero y confió, que lo hayan disfrutando tanto como yo al escribirlo. En el capítulo anterior no quise dejar mi nota de final bíblica, pero aprovechando acá les digo que el detalle de "Echallote" lo tomé de la serie de DBS pues el propio Vegeta fue quien quiso ese nombre para su bebé, sin embargo Bulma se adelantó en registrarla y le nombró como la conocemos actualmente: Bulla/Bra.
Ahora, a lo inverso de Hacia el Mismo Rumbo & Flor Artificial, el Coronel Silver sale haciendo acto de presencia en un fantástico papel como el mayor del cuartel. Por ahí también vimos a Violet como la amiga fiel de Mai pues siendo ambas mujeres de ejército, me pareció propicio dejarlas juntas nuevamente. La insignia de los «Halcones de plata» se lo dedo gracias a la caricatura de los 90s "Halcones Galácticos" ya saben: (8) Son de plata y de acero(8) quien no le tocó verlos puede buscar la intro en YouTube, ¡Me encanta! ¿Alguien se acuerda del Dr Flappe? Si bien nunca apareció en el manga de DB, sin embargo tuvo un pequeño papel de relleno en la serie, como siempre me parece fantástico darle la oportunidad a otros personajes secundarios en mis fics. Ya veremos poco a poco el papel que desempeñarán este científico. El apellido de Mai «Mizuiro» lo tomé prestado de mi anterior fic «Flor artificial» que significa azul celeste. En tanto, ¿cómo creen que recibió Trunks el saber que una mujer lo cuidará? Cha, cha, cha , chaaaaan!
Y nada, me retiro no sin antes agradecer los 120 views de mis queridos lectores silenciosos. A los que agregaron este fic a sus Fav/Fallowers: Kaimitan, LEBEM, Mayfix, Mel-Nara, Nancy Cephiro y Nicols.m1234, ¡Muchas gracias! A los Reviews que me alegraron la vida: Gracias a mis queridas Nancy Cephiro & Cereza del pastel por dejarme sus lindos comentarios.
Quien no cuente con cuenta de FF y deseé estar al tanto de los updates, en mi fanpage subo cada actualización, así que si gustan darse una vuelta en mi pequeño espacio los invito a darle like a «Kuraudea Rorena» n.n
Sin más que agregar nos vemos en el próximo capítulo.
Besos & Cariños:
Kuraudea~
26/Enero/2018
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