Detrás de tus pasos

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Por

Kuraudea

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Capítulo III

El inicio

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«El primer paso no te lleva a donde quieres ir, pero seguro te saca de donde estás. La clave de todo es el inicio, el primer paso, pues aunque existan incertidumbres por lo desconocido, si se trabaja bien, seguro el resultado terminará siendo un gran logro»

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Esa mañana se alistó desde temprano—Vamos, Mai, ¡Arri-ba!—al estirar sus brazos y bostezar por segunda vez, se levantó de la cama a paso lento como si sus pies fuesen de plomo; a su paso trajo consigo una toalla que pilló del perchero y pronto la colocó alrededor de su cuello como una boa.

Durante su trayecto más bostezos se escaparon de sus labios, sin embargo no se preocupó por cubrirlos con la mano, total, vivía sola y bajo su regazo de intimidad podía comportarse en el estado más salvaje que deseara. Cuando entró al baño y vio su rostro en el espejo, observó lo pronunciado de sus ojeras —Oh, no...— su nuevo semblante se originó debido a que no pudo conciliar el sueño durante toda la noche pues la sensación de su nuevo empleo le originó un terrible insomnio que solo le dejó como regalo una faz de zombi. Fue así, que rápidamente del botiquín tomó un frasco de mascarilla con extracto de pepino & aloe vera, y de manera uniforme la untó sobre su piel; tenía que prepararse para llevar una buena pinta con los Briefs.

Al salir de la ducha enrolló una toalla en su cabeza para evitar que su larga cabellera continuará escurriéndose por su espalda. Luego tomó otra y cubrió el resto de su cuerpo con ella; al pasar a la siguiente estancia, del cajón de la cómoda que estaba en el punto medio de la sala-comedor, tomó una vara de incienso de mirra y la encendió frente a un pequeño altar con la fotografía de la quien sería su abuela en vida: su única familia. La vara fue colada en un frasco de vidrio de cuello alto y así, de forma respetuosa juntó ambas manos e hizo oración.

—Deséame suerte, por favor…—suspiró hondo.

Después de años sin usarlo, sacó del armario aquel atuendo que caracterizaba su antiguo oficio obsoleto. Al instante se vio frente al espejo luciendo un pantalón negro y una gabardina con la insignia de un halcón abstracto en el hombro derecho. Secó su cabello con la pistola de aire y finalmente se maquilló untando un poco de lápiz labial rojo en sus labios. Luego agregó a sus pestañas algunas capaz de rímel y delineó sus ojos resaltando así el diseño rasgado de sus ojos negros. Al verse casi lista, se dijo a sí misma—Bien, démonos prisa.

Empacó sus cosas personales sobre la cama; echó una carpeta con documentación importante, entre ellas iba su permiso legal para el uso de armas, licencia para conducir y la cédula profesional que acreditaba y daba fe a su oficio. Por último agregó un estuche de cápsulas que incluían las armas y/o herramientas necesarias para realizar su trabajo: pistolas de distintos calibres, navajas, radio y otras municiones extras que el propio Coronel Silver le brindó. Cuando creyó que no había nada más que agregar a su equipaje, comprimió todo dentro de una cápsula Hoi Poi de mayor capacidad de almacenamiento—Listo…—y a sus escasos 15 minutos, una limusina de parte de la Capsule Corp aguardaba en la acera del edificio; al recorrer la cortina de la ventana divisó al chofer desde las alturas y sin hacerle esperar mucho bajó para atender.

—Señorita Mai Mizuiro, ¿cierto?—corroboró el chofer del galante auto.

—Sí, así es. Buenos días—hizo una reverencia mostrando educación y agradecimiento por haber venido por ella.

El sujeto pronto abrió la puerta del vehículo—Adelante, la Señora Bulma nos espera.

—Gracias.

Cuando la limusina arrancó, observó a rueda de llanta su viejo y deteriorado departamento en colores grises; sus ojos brillaron melancólicos pues de nueva cuenta se encontraba en esa faceta del «adiós temporal» con la incertidumbre de no saber si regresaría con bien a casa.

»Volveré pronto…—susurró.

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—Mai, es un gusto saludarte—saludó la científica en el recibidor de la mansión; un vestido rojo y un collar de perlas amarillas era el atuendo que le vestía el día de hoy.

—Qué tal, Señora Bulma—hizo una reverencia para corresponder con educación el saludo.

—Adelante Mai, sígueme—ambas mujeres caminaron por un largo trecho de la gran casa, la de gabardina observaba discreta todo detalle a su paso: amplios muebles y grandes adornos le daban un toque muy especial a los espacios. En tanto, desde los ventanales se observa el frondoso jardín verde dónde provenía el eco de algunas aves y animales exóticos —Mi hijo Trunks se levantó muy temprano hoy—trató de agregar algo de conversación para acortar el camino—Me parece que está en la terraza haciendo un poco de ejercicio. La doctora le recomendó que cada mañana le dedicara 30 minutos de rehabilitación a su brazo.

—E-Entiendo...

—Trunks tiene su carácter pero…en el fondo es muy noble. Lo que me da gusto es que está ansioso por conocerte.

—Me alegra escuchar eso, Señora Bulma.

Subieron por unas amplias escaleras forradas por un alfombrado rojo; la magnate de la tecnología iba adelante y su nuevo elemento le seguía a paso firme. En el instante que caminaron por un pasillo repleto de puertas y macetas color ladrillo, pronto la luz que perforaba el ventanal se echó de ver.

—Hemos llegado—la Brief abrió la puerta de cristal dándole acceso a su invitado—Adelante.

—Gracias…—y a paso constante observó a su supuesto amo de espaldas «Es él…»—pensó en silencio— Éste era víctima del aire matutino que jugaba con su pelo morado y estrujaba su playera blanca; los rayos solares lo alimentaban de energía. Sus brazos, entretanto, estaban extendidos mientras sus manos sostenían unas pesas minúsculas; sus ojos permanecían cerrados.

—Trunks, cariño, te presento a la agente Mizuiro—el muchacho volteó al llamado de su madre, y cuando divisó a su nuevo guardaespaldas, el rostro se le pasmó quedando boquiabierto por algunos segundos.

—H-Hijo, ¿No vas a decir nada?—Debido a lo incómodo del momento, la de gabardina decidió presentarse para romper el hielo entre ambos:—Hola, joven Brief—hizo una delicada reverencia—Yo seré su guardaespaldas, es un gusto conocerlo y…

Pero sin dejar que terminara el saludo, el azul frunció la mirada molesto y cuestionó—¿Y esto, madre?—parecía que asesinaría a su progenitora de solo mirarle.

—¿A qué te refieres con "esto"…?—indagó su madre—Es un tu guardaespaldas, Trunks, ¿no es obvio?

—Pero…esto...—negó despacio—Esto no puede ser…

—Más modeles, Trunks Brief, no ves que estas frente a una mujer—la científica se cruzó de brazos y frunció la mirada por su comportamiento—Ella es buen elemento, una profesional, ¿no veo cuál es el problema?

—No pongo en duda su destreza pero, ¡¿tenía que ser una mujer?!

—Mujer, hombre o extraterrestre: ella es y será tu guardaespaldas—ordenó la mujer.

—¡Oh, claro que no!—el azul tomó el batido de frutas de la mesa y se fue de largo.

—¡Qué pasa contigo, Trunks!—Bulma le reclamó con los brazos extendidos. Luego éstos regresaron a su cintura, esbozó; estaba más que avergonzada por el comportamiento de su hijo.

—Creo que no fui de su agrado—la azabache agachó la mirada y mordió sus labios.

—No digas tontería, Mai—se dirigió a ella—Te aseguro que se le pasará pronto, de eso yo me encargo.

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Cuando se dirigía molesto a su habitación, se encontró a su hermana en el pasillo en compañía de Oswaldo.

—¿Cómo te fue, Trunks? ¿Verdad que la Señorita Mizuiro es sensacional?

—Guarda silencio, Bra—contestó a secas.

—¿Eh?—la jovencita torció la boca al ver que el joven la ignoró rotundamente—Ay, pero qué genio—se cruzó de brazos—Y luego dice que la amargada soy yo. Anda Oswaldo, vayamos al centro comercial.

—Como usted ordene, Señorita Bra.

El muchacho entró a su recámara y se aventó a la cama boca arriba con los brazos extendidos, esbozó una frase irónica—Fantástico…—pero al paso de unos minutos su madre llegó al lugar; la puerta se abrió al deslizarse—¿Ahora qué pasa, mamá?

—Creo que es preciso que vayas a disculparte con la Señorita Mizuiro. Te comportaste como todo un tonto.

—Es que no entiendes…—murmuró irritado.

—¿Entender que, Trunks?—se sentó al ras de la cama—Hijo, no seas ridículo.

—Que alguien esté detrás de mis pasos es muy duro para mí, sabes. Todo lo que ha pasado es abrumador y, habiendo tantas opciones no sé por qué no consideraste mi opinión para escoger a los candidatos.

—Estabas internado y yo tenía que dejar esto resuelto antes de que te dieran de alta. Es por tu bien, por tu seguridad.

—Lo sé…pero aún así me cuesta. Me siento como si quisieran que esté con alguien a la fuerza; al menos si fuera hombre habría más cosas en común, más que charlar. Lo mismo va si yo personalmente hubiese escogido a mi guarura.

—Tal vez aquí el género es lo que menos importa, cariño. La seguridad que ofrece el elemento es lo que se busca en estos momentos críticos. Ojalá pudieras echarle un vistazo a su expediente, tiene una gran habilidad. El Coronel del cuartel me la recomendó casi con los ojos cerrados, se nota que confía en ella—se acostó a un lado del muchacho pero ésta boca arriba; sus codos le servían de soporte—Ya existe un contrato, un salario adelantado, ¿por qué no haces el intento y le das una oportunidad? Hazlo por mí, por favor, ¿sí?—le suplicaba.

El muchacho abrió los ojos y no tuvo más opciones que aceptar—Está bien…—suspiró sin estar del todo de acuerdo.

—Gracias, Trunks—besó su frente y se levantó—Te espero abajo para la comida, ¿de acuerdo? Seguramente tu abuela ya de estar poniendo la mesa.

—Sí, en un momento voy.

Sintiéndose el hombre más desdichado del mundo, estiró su brazo para alcanzar su teléfono móvil del buró; necesitaba buscar consuelo. Fue así que de manera rápida buscó en la agenda de contactos y le marcó a su amigo fiel.

—¿Diga…?—contestó el hijo de Gokú.

—Soy yo...

—¡Hey, Trunks! Yo estoy aquí en casa de mis padres en Paoz. Mi madre hizo un banquete para conmemorar el próximo ingreso a la universidad de la pequeña «panquecito con leche». Bueno, ya ni tan pequeña.

»¡Ya no me digas Panqué, tío Goten!—se escuchó el reclamo de la festejada al fondo.

El azul esbozó una risa, pues bien sabía que se trababa de la más pequeña de los Son—Suena fantástico, mandale mis felicitaciones a la pequeña Pan de nuez, quieres.

—Por su puesto. Pero dime, ¿A ti qué rayos te pasa? No suenas muy animado.

—Ya ni me lo recuerdes…—suspiró decepcionado.

—¿Se trata sobre tu nuevo guardaespaldas, verdad?

—Así es. Lo que pasa …—y a grandes rasgos contó lo que sucedió en la terraza.

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—Entiendo, aunque lo preocupante es que ya no podrás andar en calzoncillos.

—¡No seas idiota, Goten!

—Es que no sé para qué te preocupas tanto, viejo. Solo cámbienla y ya—sugirió dándole solución al problema en un dos por tres.

—Eso sería magnífico pero, ya existe un contrato.

—¿De cuánto tiempo?

—Aún está indefinido.

—A ver si entendí: tu nuevo guardaespaldas ya está contratado de forma oficial y por ende, tienes que lidiar con ella pero a ti no te agrada, ¿cierto?

—Aja.

—¿Tan fea y desagradable es…?

—De su físico no me atrevería a decir nada, aunque no tuve la oportunidad de apreciarla a detalle—rascó su mejilla con el dedo índice—Quizá mi madre tenga razón en que debería de darle una oportunidad. En cambio creo que si me hubiera tocado alguien como Oswaldo, todo sería mucho más sencillo.

—Te recuerdo que hace seis meses tú mismo te negaste a él y se lo otorgaron a Bra.

—Lo sé, lo sé—se quejó de su mala decisión.

—…¿Y si ella renunciara voluntariamente?

—¿A qué te refieres con eso…?—mostró interés.

—Supongo que en ambas partes del contrato deben de existir cláusulas de respeto y buen comportamiento. Lo quiero decir es...—hizo un silencio mientras analizaba el caso y continuó—…que sea ella quien se queje de algo tuyo de tal manera que la obligue a renunciar.

El azul se sentó de una y frente a sus ojos apareció una luz de esperanza al final del túnel—Espera un momento, ¿P-Pero qué es lo tengo que hacer?

—Eso es muy fácil, Trunks.

—Te escucho.

—Solo sácala de quicio y en menos de quince días las tendrás fuera de tu vida. Y así escoges a la persona que desees.

Y justo cuando dieron en el clavo del asunto, Trunks no pudo creer lo que estaba a punto de decir:—Goten... eres un maldito genio.

—Ya sabes, cuando quieras el Gran Goten puede ser ayuda—rió abiertamente.

—Te hablaré después, ¿sí?—colgó y salió de la habitación.

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Llevaba más de 10 minutos encerrada en el baño de visitas pues en realidad solicitó el servicio de sanitarios a la abuela Bunny para estar a solas por un momento.

—Dios…—estaba sentada sobre el borde de la bañera y, con los brazos sobres sus muslos, observaba sus zapatillas negras—¿Qué fue lo que salió mal?—con ambas manos ocultó su rostro lamentándose.

—¿Todo está en orden, Señorita Mai?—preguntó la abuela después del «toc-toc» a la puerta.

—A-ah, sí,sí—la guardaespaldas se levantó de una y se dirigió al lavamanos; abrió la lleve—En un momento salgo.

—Perfecto, no se preocupe—la de crepé alto juntó ambas manos al nivel del pecho, luego invitó con su particular personalidad—Aprovecho para decirle que la comida está servida, la esperamos para comer.

—S-Sí, muchas gracias—por inercia lavó nuevamente sus manos y se observó en el espejo—Por favor ampárame, abuela…necesito de este empleo— cerró la lleve y al tomar un pañuelo desechable, secó sus manos—Bien, tú puedes, Mai—al respirar hondo se dio ánimos a si misma y salió.

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—Disculpen la tardanza…—se acercó la mujer de gabardina al amplio comedor de los Briefs.

—No te preocupes—aseguró Bulma—Anda, toma asiento—sugirió y con su mano señaló el lugar que le correspondía tomar: a lado de Trunks.

—¿Seguros que quieren que coma con ustedes? Es decir…mi trabajo comienza desde ya y, debería mantenerme de pie para cuidar a…

—¡Ay, vamos, tonterías!—dijo la madre de familia, ésta acompañó su frase con un singular movimiento de manos—Ni que estuviéramos en la edad media, toma asiento—volvió a insistir.

—Bueno…está bien.

La mujer jaló la silla del comedor y se sentó, Trunks quien partía una chuleta con ambos cubiertos, volteó con ella después de introducir un trozo de carne a su boca; al limpiar sus labios con la servilleta, dijo:—Quiero que disculpes mi actitud de esta mañana. No quise ser grosero contigo, Mai.

Ambos se vieron a los ojos y mostraron una sencilla sonrisa: la de ella fue con destellos de ingenuidad, pues creyó que estaba siendo aceptada por su amo. Entretanto, él se saboreaba la estrategia que guardaba bajo su manga.

—Por cierto, madre…—intervino el joven azul al dirigirse a ella.

—¿Qué pasa, cariño?

—Quiero regresar esta tarde a mi departamento. Ya me siento muy bien y, ahora que está mi guardaespaldas a mi lado me siento más seguro.

—¿Lo dices en serio?—la magnate de la tecnología sonrió.

—Por supuesto.

—Entonces me parece excelente, cariño. ¿Tú qué opinas, Mai?

—Bueno…—observó a los miembros de la mesa y tras asentir, aseguró—Me parece bien.

—Eso es—expresó gustosa—Pero bueno, terminen de comer que la comida se enfría, chicos—le lanzó un guiño a la pareja.

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Después de la comida, Trunks regresó a su habitación nuevamente para empacar sus cosas. Mai en tanto, aguardaba en la salida cerca del coche del muchacho pues en esta ocasión ella sería su chofer. El azul tras verse al espejo suspiró y se dio ánimos—Tu puedes…—luego se colocó una chamarra desteñida y salió.

En el recibidor de la casa se despidió de su madre—Mamá, estaré en contacto contigo.

—Por favor ten cuidado, hijo—le abrazó, y tras menguar el gesto de cariño entre ambos, palmeó sus hombros—No olvides que en unos días tienes la junta con los empresarios de la ciudad para el próximo evento de caridad.

—Descuida mamá, no lo olvidaré. Además, es seguro que Rita también me lo recuerde—de ahí, el joven se dirigió a su abuela, ésta traía consigo un pañuelo blanco para limpiar el ligero brillo de sus ojos—Abuela…—la mencionó enternecido.

—Mi chiquitín especial—le abrazó de forma espontánea y él correspondió—Sé que siempre tienes mucho trabajo, mi amor…—le dirigió la mirada—…pero aún así prométeme que harás el esfuerzo de visitarme.

—Por supuesto, no lo dudes.

—Toma esto—le entregó una cápsula.

—¿Y esto que contiene…?—alzó una de sus cejas y observó el famoso artefacto al tiempo que torció sus labios, ademán muy de él.

—En esa cápsula vienen muchas tartas de limón para ti, ¡Tú favorita! Esta mañana fui a la nueva pastelería de compras y te traje muchos postres para que los lleves contigo, ¿qué te parece? ¿verdad que fue una idea sensacional?

El muchacho esbozó una risa—Claro que sí. Gracias por tu dulce detalle, abuela.

Finalmente, Bra venía llegando de hacer sus compras; el pobre de Oswaldo venía detrás de sus pasos con un mundo de cajas y bolsas.

—¿Creíste que te ibas a escapar de mi, Trunks?—dijo con una faz altanera y brazos cruzados.

—Bra…—el chico la observó al instante—Fue así que la mujer de prendas de charol guindas, se acercó a él y le despidió con un fuerte abrazo—Cuídate mucho, hermanito. Un día de estos le diré a Oswaldo que me lleve a visitarte.

—Seguro, ven a mi departamento cuando quieras—contestó; luego le dio un leve coscorrón y aclaró antes de partir—Ya no comentas más estupideces Echallote, ¿entendiste?

La menor sobó su nunca entre risas—Lo intentaré.

Y así, el muchacho se acercó a su guardaespaldas; ésta le abrió la puerta del lado del copiloto y, antes de subir al convertible se vieron a los ojos; ella preguntó:—¿Está listo, joven Brief?

—Sí.

—Bien, pues entonces marchémonos—y el coche tomó camino al perderse entre calles.

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El vehículo plateado llevaba aproximadamente 20 minutos de haber tomado camino a su destino de años: el edificio Romel City, aquel que había sido cuna de muchas aventuras de todo índole para el Brief. El Romel City era de diez pisos y en el último, se encontraba el amplio departamento del joven heredero correspondiente al número 3427-J. La mujer que al parecer hacia bien su trabajo de conducir, llevaba ambas manos sobre el volante y vista al frente; justo cuando requería de algún cambio en la transmisión, presionaba el cloche sin dificultad para acceder a la siguiente velocidad.

El silencio fue el amigo fiel que venía abarcando un lugar más en el coche, y para romper tal barrera, él dijo—No conduces nada mal.

—G-Gracias, Señor.

Pero no fue hasta llegar a un semáforo en rojo que el muchacho decidió dejar en claro algunos términos de importancia.

—Sé que solo tú cumples con tu trabajo y no te culpo por ello—el azul no tuvo ni siquiera el detalle de voltear a verle—Pero si no quieres salir mal conmigo, te recomendaría que no te metieras en lo que no te importa, ¿estamos claros?

—¿C-Cómpo dice…?—ella le observó asombrada.

—Facilitemos esta farsa de «el jefe & el guardaespaldas feliz» Iré al grano, ¿cuánto dinero quieres para que NO estés detrás de mis pasos? Solo anda por ahí y listo. O si quieres pasar más tiempo en tu casa, adelante. Entre menos estorbes mayor será la paga.

En tanto, cuando el semáforo cambió su color a verde, ésta aceleró de un jalón mostrando en su faz signos de irritabilidad.

—¡Oye, oye, tranquila! ¡No es necesario que conduzcas así! ¡¿No ves que hay tránsitos y peatones?!

—¿Y qué es una simple multa para usted, joven Brief? Si tiene el valor de sonsacar otras cosas, una multa sería pan comido.

»¿Qué?—el rostro se le desencajó—Entrégame el volante—ordenó.

—No sabe lo mucho que he esperado por un empleo como estos. Hace años que nadie se fijaba en mi. Claro, sé que no le importa ni un gramo mi situación, ¿pero sabe algo? soy un agente honrado y no accederé a una tontería como estas cuando puede perjudicar mi carrera.

—Si tan solo entendieras mi postura, créeme, comprenderías.

—Y si usted entendiera la mía, también.

Después de un breve silencio, agregó:—Estupendo…—dijo irónico tras azotar la espalda en el respaldo del asiento—Entonces haz lo que te plazca.

—Yo solo hago mi trabajo, Señor—metió otro cambio de velocidad, luego suspiró—Por lo veo es un hecho que no te agrado para nada solo por ser mujer...

Él quien divisaba el paisaje desde la ventana, contestó:—No me lo tomes así, te juro que no es nada personal…

—¿A no…? Pues no parece.

—Ya basta—cerró tajante el tema—Sigue conduciendo—en tanto, sacó un cigarrillo del bolsillo del pantalón, pues ante el primer enfrentamiento con su nuevo elemento de seguridad, no tuvo otra idea más que fumar y superar el mal rato; bajó la ventanilla para que el humo no quedara encerrado. Pero cuando vio su reflejo en el espejo lateral, concluyó que su método de chantaje no había funcionado para nada, por ello, se valdría ahora de su Plan B.

»Así será…

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De un coche de modelo tradicional, bajó un hombre mayor que se estacionó justo al ras de la mansión de los Briefs. En sus manos llevaba una canasta con algunos detalles para la familia. Cuando llegó a la entrada principal observó su reflejo gracias a las puertas de cristal: delgado, con lentes, cabello esponjoso sin residuos de pigmentación, pues las canas poblaron en su totalidad todo el terrero sin dejar mancha alguna de lo que alguna vez tuvo color. Su tez morena le iba bien a lo amarillo de su saco junto con aquella corbata de color azul.

—Hola, hola, ¿Hay alguien en casa?—preguntó en voz alta al frenarse en la primer estancia.

—Pero qué sorpresa, Dr Flappe—lo recibió la mujer rubia con mandil sujeto a su cintura, ¿Dígame qué le trea por aquí?—estrechó ambas manos las cuales sujetaban una regadera de plástico.

—Hola, querida Bunny—asintió con gusto—He venido a ver a Trunks.

—¿A mi chiquitín especial?—preguntó la mujer sin hacer conciencia de la excesiva cantidad de agua que estaba dándole a la maceta con flores.

—Así es, ¿Cómo sigue?

—Qué pena Dr Flappe, pero mi querido Trunks ya partió a su departamento con su nuevo guardaespaldas.

—Ah…ya veo…De nueva cuenta no lo alcancé.

—No se preocupe, de cualquier forma agradezco el gesto que tiene con mi nieto.

—No hay que agradecer, Bunny. Ustedes son como mi familia.

—Pero dígame, ¿Qué es eso que trae en las manos?

—¿Eh…?—volteó a sí mismo a ver sus brazos—Ah, lo había olvidado—rió con un singular rebote en sus hombros—Son unos frascos de fino café y té que les traje a obsequiar.

—Seguro son una delicia.

—Los traje de la ciudad del Este. Son de muy buena calidad, y como sé que ustedes son muy dados a estas sustancia pues…—entregó la canasta a la mujer—Les he traído una dotación extra para que sigan bebiendo—ambos rieron.

—Seguro a Bulma le encantarán—afirmó y luego invitó—Yo dejé un poco de té en la tetera, ¿gusta pasar a tomar una taza y comer algún postre?

—Desde luego, Bunny. Muchas gracias.

—Entonces pasemos a la cocina.

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—Hemos llegado—indicó el muchacho al teclear un comando en el lector de la puerta; ambos accedieron al departamento. Trunks tomó delantera y justo su guardaespaldas iba detrás de sus pasos.

Ella, entretanto, observaba el fino lugar que resaltaba por sus colores en escalas de grises, negro y blanco. Un comedor minimalista en colores oscuros descansaba sobre una alfombra gris; el adorno del centro era una figura abstracta en tonalidades rojas, mismo color de un par de cuadros en lienzo que adornaban la pared. Al bajar unos escalones (enseguida del comedor) estaba hundida la siguiente estancia: la sala. Los sofás eran de vinil negro, y frente a ellos, estaba una chimenea artificial luciendo sobre ella una televisión plasma de grandes pulgadas. Del otro lado estaba la cocina, el cuarto de lavado, baño, gimnasio, el despacho, su recámara y finalmente el cuarto de visitas. Gran parte del departamento consistía en ventanales, especialmente el comedor y la sala las cuales eran cubiertas por unas persianas en colores blancos.

—No te quedes ahí parada, sígueme—el comentario del azul hizo volver a la mujer en sí.

—S-Sí, discúlpeme…

—Y ah, un favor…—frenó su paso y sobre su hombro divisó a la mujer—Háblame de TU, por favor.

—D-De acuerdo—metió ambas manos en los bolsillos de su gabardina.

—Nuevamente me disculpo por lo sucedido en el auto—le miró y presionó el botón de la puerta de la recámara de las visitas—Este será tu lugar de descanso. Adelante—le dio el paso y se fue de largo a su habitación—Si necesitas de algo solo dime.

Tanta maravilla parecía imposible, aun así agradeció y pensó que los malos entendidos habían sido superados—Gracias—pero lo que no sabía, era que el PLAN B apenas comenzaba.

Fue así, que al descomprimir la cápsula de su equipaje sobre la cama de colchas blancas, tomó sus artículos de aseo personal y con toalla en hombros, salió de la recámara para el baño. Entre pasos movía su cabeza de un lado a otro pues sentía una grata sensación de descanso en el cuello.

Desnuda accedió a la ducha y pronto su cuerpo recibió la pureza del agua caliente; con sus manos talló su rostro repetidas veces y luego llevó su flequillo recto hacia atrás: suspiró. No había duda que le hacía falta un rato de relajación, total, no todos los inicios eran buenos y tras cruzarse de brazos por un instante, pensó que las cosas entre ella y Trunks estaban mejorando.

—Todo irá bien…—susurró segura y procedió a jabonar su cabello. Sin embargo, cuando menos se lo esperó, el agua tibia se suplió por fría.

Ella gritó al sentir esa horrible sensación de caliente a frío: «¡Aaaaaahh!»

Y él…

Él simplemente sonrió al escucharla.

CONTINUARÁ…

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Hola a todos n.n ¿cómo están queridos?

Yo muy feliz porque nos volvemos a leer en otro capítulo más de DetrásDTP. Y caramba, ya empiezan los problemas con este dúo, era de esperarse que Trunks se disgustaría por el guardaespaldas que le asignaron, ¿me pregunto cómo les irá en su nueva etapa viviendo juntos? ¿Terminaran aceptándose de alguna forma? …Eso y más lo iremos descubriendo.

Como siempre agradezco a quienes dejan sus maravillosos Reviews. Muchas a mis queridas: Yos, Cereza del Pastel, Nancy Cephiro, Eterna Mente, Migleidi Quintero y los 200 views de mis estimados lectores silenciosos que como quien dice están "detrás del fic" ¡A todos gracias!

¡Nos vemos en él próximos capítulos!

Besos & Cariños:

Kuraudea~

02/Febrero/2018

Respetemos los derechos de autor.