Detrás de tus pasos
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Por
Kuraudea
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Capítulo IV
El Plan B
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«Nuestros planes se malogran por falta de objetivos…caminos que, sorprendentemente, nos conducen a lugares inesperados, y así, a nuevos descubrimientos»
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—¿Y cómo la estás pasando con el hombre más rico de toda Capital del Oeste?—preguntó la violeta desde el otro lado del teléfono mientras que una mascarilla verde hacia la función de nutrir su piel.
—¿Qué cómo la estoy pasando….?—corroboró la pregunta la mujer guarura desde su cama con una faz de estar harta.
—¿Aja…?
—Solo sé que ese tipo es un maldito.
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Poco duró en dar las indicaciones pertinentes a su nuevo equipo de seguridad cuando se fue de largo a su habitación a descansar un rato. Al entrar, se quitó la chamarra desteñida y la arrojó sobre la cama; se dirigió a pasos contados a la cómoda pues en la superficie brillaba una botella de fino coñac. Vertió un poco del liquido en el vaso de vidrio cortado y por pura costumbre le dio un sorbo sin ni siquiera tener esa necesidad de beber alcohol. Sin más, se percató del ruido de la puerta de su nuevo huésped—¿Eh…?— alzó una de sus cejas, dejó la bebida y abrió un milímetro la puerta de su habitación para echar un vistazo.
Como si fuese un ratón en busca de un trozo de queso, observó a su víctima que se disponía a tomar una merecida ducha, era obvio por la toalla que llevaba sobre su hombro además de los utensilios que llevaba en sus brazos. Dedujo así, que esa sería la oportunidad perfecta para implementar el famoso «Plan B»—Claro que sí…—susurró—Y sin hacer el menor ruido se fue al cuarto de lavado en busca de la base digital que regularizaba la temperatura del agua.
Al presionar repetidas veces el botón con la flechita que indicaba «menos/abajo», sonrió con una dulce maldad—Perdóname...pero es necesario que te largues de aquí.—tomó camino a la cocina esperando deseoso los prontos resultados de hipotermia. Y fue así, que mientras preparaba un café sobre la barra de la cocina cromada, escuchó lo que deseaba.
»¡Aaaaaah!
El primer sorbo que le dio al café casi se le salió de la boca al esbozar una sonrisa, misma que evolucionó al formar una discreta carcajada—tapaba sus labios con la mano.
»¡Está fríaaa!~~
La mujer que casi parecía haberle caído un témpano de hielo y escarcha sobre el cuerpo, pasó a ser un felino erizado como cuando éstos tienen contacto con el agua. Pronto cerró la llave y se cubrió con la toalla: temblaba—D-D-Dios…qué horrible fue esto...—Y al observar de nueva cuenta la llave, pensó que tal vez se había acabado el gas o que quizá fue cuestión de algún fallo eléctrico. Por ello, pensando que su amo descansaba plácidamente en su habitación y con el afán de no molestarlo, salió del baño y se fue directo al cuarto de servicio.
Mientras se aferraba a la toalla blanca, su cabello escurridizo parecía estar adherido a su espalda. Sus pies, entretanto, se reconfortaban por la suavidad del alfombrado grisáceo mientras el barniz de sus uñas resaltaba coqueto con su color rojo escarlata.
—Dijo que el cuarto de lavado estaba pasando la cocina—sin dejar de temblar recordaba las indicaciones que el joven le dio antes de llevarla a su dormitorio. Y en efecto, al entrar a la cocina se topó con su jefe quien tomaba una deliciosa taza de café humeante.
»¡¿Qué?!—se avergonzó al borde de parecer un auténtico tomate; ciertamente no esperaba topárselo. Por ello, se cruzó de brazos rápidamente para «cubrirse» de la mirada masculina. Él simplemente al observarle por un segundo desvió la mirada hacia un lado pues era obvio que después de lo sucedido la mujer saldría a echar un vistazo, lo sabía. Aún así, trató de mostrarse empático.
—¿Qué sucede…?—preguntó muy en su papel de ayuda.
—Hu-Hubo un problema con el servicio de agua ca-caliente—agachó la mirada apenada.
—¿A sí?—ella asintió ante el breve cuestionamiento. Fue así que después de haberle dado un sorbo a la bebida oscura, añadió:—Qué raro, en verdad nunca había fallado. Pero dime, ¿qué pretendes hacer?
—Solo quiero echar un vistazo para cerciorar que todo esté orden; deseo terminar de ducharme—mordió sus labios ante la bochornosa escena, pues no tenía un par de horas de haber llegado al departamento del Brief y éste ya la había visto en paños menores.
—Discúlpame Mai, no creí que esto pasaría. Mañana mismo le hablaré al técnico del edificio para que venga a revisar.—tomó la taza y una pieza de pan a su paso.
—N-No te preocupes. Déjamelo a mí, veré si puedo hacer algo al respecto—estaba más que apenada.
—No deberías de molestarte. Pero bueno, la caja digital está sobre la pared a un lado del marco de la puerta—indicó—Cualquier cosa estaré en mi despacho—y salió de la cocina mordisqueando el pan de dulce.
Ella siguió su objetivo—Bien, démonos prisa—pero justo cuando se acercó a la caja digital, sus ojos se pasmaron al ver que solo se trataba de una modificación en los grados—¿Pero de qué se trata esto?—como era de esperase la duda entró en ella.
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—A ver si te entiendo—hizo un moviendo ligero de cabeza la de mascarilla verde acompañado de un gesto de confusión—¿Me estás diciendo que fue él, Mai?
—¡¿Y quién más?!—rascó su nunca desesperada—¡Llevo más de siete días aquí y cada mañana modifica la temperatura del agua!
—¡Imposible!
—¡Lo juro!...además….
—¿O sea que hay más?
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El despertador sonó a una hora poco común para él, pero al estirar su brazo lo hizo callar en un santiamén. Entre sábanas blancas el cuerpo del muchacho descansaba; su torso bronceado resaltaba entre tanta blancura y suavidad. Eran las 4am y el Brief se había levantado tan optimista que ni siquiera batalló para despabilarse; al tallar sus ojos para quitar todo residuo de lagañas, sonrió—Buenos días…—se dijo a sí mismo y se levantó de la cama.
Tomó una ducha rápida y se vistió con una camiseta de resaque negra, pans deportivo y en su mano llevaba un garrafón de agua por aquello de que le diera sed. Claro que para hacer ejercicio era necesario marcar el ritmo con un poco de música, pues decidido a ponerse en marcha con el Plan B, descomprimió en el área de ejercicios una cápsula y al disiparse el humo en el ambiente una gran bocina apareció frente a sus ojos—Es el momento…—mostró media sonrisa.
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Su víctima dormía tranquilamente en su habitación. Sin embargo, para su desgracia, un ruido infernal de heavy-metal le hizo dar un brinco inesperado—¡¿QUÉ SUCEDE?!—por mera inercia tomó la pistola del buró y apuntó histérica hacia la puerta. Con una faz abrumada más signos leves de una segura gripe, trató de entrar en sí—¿Pero qué es eso…?—se cuestionó. Y tras comprender que el ruido provenía del gimnasio, dejó caer medio cuerpo sobre la cama, tapó toda su cara con la almohada y giraba de un lado a otro sin parar—¿No será consciente de que alguien más está durmiendo?—pero por cosa de telepatía el muchacho le subió más al volumen—¡No puede seeeerrr!–rascó su cabeza desesperada.
Resignada se levantó de la cama y se dirigió al baño. Era necesario tomar una ducha para recuperar todas sus energías. Al menos había algo positivo en el asunto: el ruido había terminado aparentemente. Así que entre pasos lentos y bata de dormir se dirigió al baño; más de algún estornudo se le escapó durante el trayecto—¡Aaaachuuuu!~—cosa que rápido cesó al recibir la pureza del agua tibia de la regadera. Sin embargo, mientras jabonaba su cabello negro el agua cambió bruscamente de temperatura—¡NOOOO, OTRA VEZ!—histérica salió del baño y descubrió que habían cambiando nuevamente la temperatura del agua—Ese maldito…—apretó su puño molesta, pues no había dudas de que se trataba del joven Brief.
Al regresar al baño se encontró al culpable en el pasillo principal de la casa.
—Buen día, Mai—saludó con buena pinta—Suelo hacer ejercicio muy temprano, espero que no te haya molestado mi ruido.
—Sí, ya me di cuenta—susurró molesta.
—¿Disculpa?
—Yo…Yo tengo que regresar a ducharme—se fue de largo.
Pero él la hizo frenarse al decir:—Estaré en mi despacho revisando unos pendientes de la Corporación.—de ahí ordenó—Llévame una taza de café.
»¿Qué?—se le erizó la piel de solo escucharlo.
—Que sea negro y con tres cucharadas de azúcar.
Volteó hacia él asombrada por el pedido—¿P-P-Pero…?
—Y ah, sí puedes arreglar mi habitación y también el desorden que dejé en el gimnasio, te lo agradecería. De hecho tengo un par de trajes que mandar a la tintorería, encárgate de ello, ¿sí?—le lanzó un guiño y siguió su camino.
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—¡¿Y qué hiciste, Mai?!
—Lo que supongo que haría cualquiera.
—¿Ajá…?
—Lo enfrente, Violet. ¡No lo soporté!
—¡Claro! Si eres su guardaespaldas, no su sirvienta. ¿Qué pretenderá este chico?
—Tal vez que renuncie voluntariamente a mi trabajo. Es la única forma de deshacerse de mí.
—Suena lógico. ¿Y renunciarás?
—¡Por su puesto que NO!—dijo con orgullo y determinación mientras apretaba su puño—Tu más que nadie sabes lo mucho que necesito de este trabajo, Violet. Me parece injusto renunciar solo por ese idiota.
—Además, el Coronel Silver terminaría defraudado de ti.
—Lo sé…—suspiró de solo recordarlo—¿Cómo están todos en el cuartel?
—Gutiérrez ha mejorado bastante su puntería, no puedo decir lo mismo de su tartamudeo. Y bueno, el Coronel…tú sabes, Mai, se ve irresistible.
La azabache se sonrojó—Entiendo…
—En los entrenamientos te ha mencionado mucho—hizo su voz grave para imitarle—«Aprendan a la agente Mizuiro, ella siempre se la pasaba entrenando»
—¿D-De verdad?
—Claro—rió—Pero bueno, sígueme contando.
—Está bien—asintió—En ese instante me moleste muchísimo y …
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Volteó su cuerpo lentamente y sin importar que estuviese en toalla, contestó:—NO LO HARÉ.
El azul se frenó y de igual forma volteó—¿Perdón?
—Como lo escuchaste: NO LO HARÉ.
—Creo que algo no le queda claro, Agente Mizuiro. Yo solo le recuerdo que está en mi casa y mi madre me otorgó la responsabilidad de su paga. Así que… — ordenó al fruncir la mirada—… prepáreme un café.
—No lo haré. ¿Qué pretendes, maldito inmaduro?
—¡¿Cómo me dijiste?!—se le desencajó el rostro.
—¡¿Quieres que me dé hipotermia?! ¡¿O dejarme sin trabajo?!
—Yo puedo hacer lo que se plazca. YO SOY EL DUEÑO DE ESTA CASA—dijo seguro de sí.
—Pues yo no estaría tan seguro de ello. Finalmente quieres correrme, ¿cierto?—se cruzó de brazos y con una mirada perspicaz, contraatacó —Es una lástima que no puedas hacerlo pues la Señora Bulma fue quien me trajo aquí.
—Tal vez, pero…el que va a pagarte seré yo—mostró media sonrisa al tener el mejor As bajo la manga. Luego se acercó a ella a pasos lentos y susurró cerca de su oreja—Te recuerdo que la deuda de la hipoteca de tu casa está sobre girada, hay gastos médicos y funerarios que tienes que pagar, ¿no es así?
—¿Y tú cómo sabes eso…?—abrió los ojos sorprendida, se había extrañado por la información.
Éste hizo una mueca con sus labios—Solo investigué un poco—le miró a los ojos.
—No te atrevas a burlarte—frunció su mirada y pese a su expresión, sus orbes brillaron. Se sintió vulnerable, desnuda, tal y como si la toalla no le cubriera en lo absoluto.
—Y no lo hago—dejó en claro —Yo solo quiero hacer énfasis que te conviene hacer las cosas a mi manera, Mai. Sería más cómodo para ambos. Piénsalo.
Al pasar algunos minutos de silencio y meditación, respondió firme:—NO.
—Entonces como quieras—sonrió y tomó el mismo camino hacia su despacho—Y ah, que no se te olvide mi café—rió.
»¡Ay, ese maldito!—refunfuñó.
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El diario se convirtió en algo totalmente apocalíptico: ruidos infernales, duchas heladas, y demás contingencias que sacaron de quicio a la mujer, pues la ultima gota que derramó el vaso fue toparse con su cama humedecida.
—¡Ay, este maldito canalla!—expresó al sentir su espalda mojada pues justo se disponía a dormir.
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—Me sacó de mis cabales, Violet.
—¿Y dónde dormiste?
Después de un silencio, contestó con cierta pena:—Con él.
—¿Qué?
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Furiosa se cambió de ropa; una bata rosa vaporosa fue la vestimenta que portó para hacerle justicia a la situación—Vamos a ver quién se incomoda más, infeliz—se dirigió a la habitación del Brief y sin importarle nada, abrió la puerta.
Lo primero que vieron sus ojos fue al joven subirse el pantalón y éste al verse acosado, expresó:—¡¿Qué diablos haces?!—por poco caía el piso.
Sin hacerle caso al joven, ella se fue directo a la cama y se acostó.
Trunks al ver su acción, insistió—¿Qué haces en mi cama?
—Voy a dormir aquí—afirmó mientras observaba el techo—Anda y ve a dormir en la cama que mojaste.
Para mala suerte del azul, el plan no salió como esperaba, pues éste creyó que la mujer saldría corriendo a dormir a la sala. Entonces tenía que utilizar una táctica de emergencia para sacarla de su habitación.
»Piensa, piensa Trunks…
Y pronto descubrió con qué hacerla desatinar. Se quitó la playera y se acostó en la cama muy cerca de ella.
—Bien, pues dormiremos juntos—sentenció.
—¿Qué dices?—pues igual que él, Mai creyó que por caballerosidad se largaría a la sala. Pero no.
—Dije que dormiremos juntos—reafirmó lo dicho hace un instante.
—¡¿Por qué no te vas al sillón?!—cuestionó histérica.
Él rió—Ni que estuviera loco, además la noche está fresca. ¿Es mejor dormir en compañía, no crees?
—P-Pero…
—Eso sí, te advierto que me muevo mucho—sonrió, cerró los ojos y boca arriba se dispuso a dormir. Pero no pasaron ni cinco minutos cuando intencionalmente le echó el brazo encima. Mai se incomodó al borde de sonrojarse como un auténtico tomate, solo le faltaba que le saliera humo por las orejas por lo bochornoso del momento; aunque sabía bien que tal acción era un truco sucio por parte de azul «¡Maldito depravado!»—pensó para sí misma. Fue así, que ella hizo lo mismo: dejó caer su brazo sobre el abdomen bronceado.
No obstante, el chico le echó la pierna encima continuando con su plan. Y ella para ajustar cuentas hizo lo mismo hasta que los cuerpos quedaron entrelazados como si estuvieran en un combate de karate.
—¡Maldición!—expresó el muchacho irritado, ambos se separaron y se vieron a los ojos echándose la peor de las miradas—No te saldrás con la tuya…
Agitada, contestó—Eso ya lo veremos, Trunks Brief.
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Después de haberse hecho la noche imposible, quedaron dormidos rostro con rostro como un par de querubines sobre una nube. El primero que abrió los ojos fue Trunks, no evitó fruncir la mirada al verle, pero al tenerla tan cerca apreció sus labios y lo poblado de sus pestañas. Sin aparente razón esbozó una sonrisa y se levantó de la cama; aprovechó para ducharse y hacer un poco de ejercicio, eso sí, con audífonos puestos. Por lo menos tuvo un poco de consideración con la mujer.
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Ella despertó después de medio día—Rayos, me quedé dormida—bostezó y al parpadear ubicó al muchacho en el closet.
—Al fin desertaste—dijo serio.
—¿Eh…?—luego recordó todo lo sucedido—L-Lo siento.
—Tu cama ya está seca. Ya podrás dormir en tu habitación.—tomó ropa limpia y antes de salir del cuarto, dio aviso—Mi secretaria me habló para recordarnos que mañana tenemos la junta con los empresarios locales. Hay que estar puntuales.
—Sí.—sorprendida por el cambio de actitud se fue rápido a su habitación. Aunque obviamente no fue exenta de mínimas contingencias.
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—Y bueno, esa ha sido mi horrenda semana, Violet.
—Ya veo…—esbozó—Todo indica que este chico no quiere que estés detrás de sus pasos.
—Yo solo cumplo con mi trabajo, ¿es tan difícil para él comprenderlo? Además, no debo fallarle a la Señora Bulma, tampoco deseo decepcionar la confianza del Coronel.
—¿Por lo pronto que harás, Mai?
—Ya veré cómo me las arreglo con este idiota. En tanto….—su faz era de pereza—Tengo que alistarme porque hoy saldremos a una reunión de firmas para el evento de caridad que patrocina la Corporación Cápsula y otros empresarios locales.
—De acuerdo, luego charlamos. Yo voy a quitarme esta cosa de la cara que parece piedra—se refería a la mascarilla puesto que ya le costaba trabajo gesticular.
—Cuídate—ambas colgaron—Bien.—trató mostrarse optimista pese a todo—Es hora de alistarnos.
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Frente al espejo retocó sus labios de rojo y al sentirse lista se colocó la gabardina negra. En ésta, permanecía fija a un cinturón su equipo de armas de primer grado, aunque nunca estaba de más tener una pistola por si las dudas. Por ser una ocasión especial suplió sus botines por unas zapatillas negras de tacón medio. Finalmente se puso sus guantes de piel y con todo listo, salió para reencontrarse con su amo en el estacionamiento del edificio Romel.
El susodicho aguardaba en el asiento del copiloto del convertible plateado, era un hecho que por un largo tiempo lo privarían del volante, en primera por su brazo herido y en segunda porque ya tenían quien cumpliera esa labor; una verdadera lástima pues adoraba conducir. El azul quien disfrutaba de un dulce de menta, lucía fresco como una lechuga pues la apariencia de su cabellera húmeda delataba lo reciente de su ducha. La ventilación del aire acondicionado se impregnó de su fina fragancia y ésta circulaba una y otra vez esperando cautivar el olfato de quién decidiera integrarse al viaje; traje negro, corbata y lentes oscuros era las prendas que le hacían lucir con buen porte su apellido: Un Brief.
Mientras su mirada se fijaba hacia enfrente, observó impaciente su reloj de mano—Rayos, se hace tarde—se quejó. En eso, la puerta del convertible se abrió y abordó el chofer.
—Buenos días…—saludó la mujer por educación.
—Hasta que llegas–acompañó su reclamo al negar con la cabeza, tal parecía que le reprochaba el haber llegado después que él— Un poco más y se nos hubiera hecho tarde.
—Estamos a buena hora—contestó.
—Como sea—susurró, luego indicó—Vayamos a la junta—y el auto aceleró.
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La junta se llevaría acabo en el famoso rascacielos Golden City Oeste. Su último piso constaba de un amplio salón alfombrado de rojo. Hermosos candiles adornaban con elegancia los techos blancos mientras grandes ventanales proporcionaban luz natural al interior; desde éstos se apreciaban los otros edificios que rodeaban al salón como la popular torre de pantalla digital que ponía al día a todos los peatones que pasaran por allí. Como el evento sería de margen pequeño no se necesitaría inmobilario ostentoso, por ello, se colocó solo una mesa rectangular larga para un máximo de quince personas; manteles blancos, servicio de bufete, Champagne y meseros que vestían apropiadamente, estaban listos para recibir la orden de sus comensales.
En tanto, ellos caminaban rumbo al ascensor que los llevaría a la junta: él adelante, ella detrás de sus pasos.
—No es necesario que te me acerques tanto, ¿de acuerdo?—dijo el azul bajo el antifaz de sus gafas oscuras.
La azabache solo volteó la mirada con fastidio, sin mucho entusiasmos contestó—Como tú digas, Trunks…
Mientras el ascensor descendía, un silencio incómodo se apoderó de la situación mientras ambos observaban sus reflejos en lo cromado de la puerta; no había palabras, no había gestos, pues no se creían afines a nada. Él seguiría terco con su obstinado plan de destierro. Ella, en cambio, permanecería firme como un roble, pues pese a todo ocupaba del trabajo, y sin sonar como una interesada, necesitaba urgentemente la paga de su salario para ir liquidando aquellas deudas sinfín que le perseguían de años. Tampoco pondría en juego su ética profesional.
Cuando las puertas del ascensor se abrieron, un saludo los recibió—Sea usted bienvenido, Presidente Brief.
—Gracias—le entregó su abrigo al tipo de la puerta y entre pasos una charola de bocadillos y copas efervescentes de Champagne, obstaculizaron su trayecto. Pero con una simple seña de su mano fue suficiente para negar el servicio que le ofrecían.
El empresario y su elemento de seguridad caminaban para dirigirse a la mesa y así, comenzar con las firmas y los acuerdos a tratar sobre las donaciones del próximo evento de caridad que se llevaría en la explanada máxima de la ciudad, la cual consistiría en la realización de un concierto con algunos de los artistas de momento. El dinero donado y recabado por la exposición que se mantendría fija con diversos artículos que ofrecerían los distintos empresarios locales, sería para ayudar a familias de escasos recursos.
Palabras discretas no se hicieron esperar entre el azul y la mujer.
—No es necesario que estés a mi lado durante la junta. Puedes tomar una considerable distancia, por favor; es solo una simple reunión, no hay por que entrar en pánico.
—Lo sé, lo sé…No hace falta que me lo digas a cada instante. Y bien lo has dicho, una simple junta no encaja con lo rimbombante de este lugar. Apresúrate a firmar y larguemos de aquí.
—Tu solo haz lo que te digo—le miró y luego se fue largo hasta llegar a su asiento ubicado al extremo de la mesa; saludaba de mano a sus colegas.
Mai se frenó, esbozó con fastidio. Sin más remedio se recargó en un pilar con brazos cruzados—Este Brief de pacotilla…—se quejó, y sin querer engancharse con lo mismo solo observó la buena vista que le ofrecían los ventanales.
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El cielo, los edificios y algunas aves, adornaban el lugar para los que solo observaban el embrollo de la junta. Mai suspiraba y después de haber pasado alrededor de unos veinte minutos, algo la impacientaba. La intuición de una mujer siempre es muy acertada, pues algo había en el lugar que no le convencía del todo: muchos ventanales, poca gente y demasiados edificios alrededor.
—Mmmm…—hizo una mueca en su rostro.
Sin embargo, como todo un Halcón de Plata, se mantuvo al margen de cualquier rareza; finalmente ese era su trabajo: cuidar al joven empresario.. Fue así, que al fijar su mirada a la edificación de enfrente, divisó a un francotirador camuflado de negro y lentes; éste sostenía un arma empotrada en la base de puntería. Mai abrió ligeramente sus labios y mientras sus pupilas se dilataron, susurró:—No puede ser…—regresó la mirada con el Brief pues el punto rojo del láser lo marcaba sin que éste se diera cuenta.
El objetivo ya estaba enfocado y faltaba poco para finalizar su disparo.
—No puede ser…—repitió la mujer y dio un par de pasos lentos que poco se poco se aceleraron hasta correr hacia la mesa. Entre trotes, advertía— ¡Quítense de ahí! ¡Todos de bajo de la mesa!
El azul la divisó boquiabierto como diciendo:«¿Qué diablos estás haciendo, Mai?»
Causando pánico entre los empresarios, todos voltearon sin entender que era lo que ocurría; murmullos se escuchaban entre los hombres debatiendo las advertencias que decía la azabache. Pero a escasos segundos, los ventanales exploraron haciéndose añicos y como si todo hubiese pasado en cámara lenta, la agente se impulsó tumbando al Brief de su silla; lo cubrió con su propio cuerpo. Al fallar el disparo hirieron a otro de los presentes. Fue así, que comenzaron a llamar a los servicios de paramédicos.
» ¡Llamen a una ambulancia!
Mai quien quedó arriba del cuerpo de su amo, poco a poco buscó su rostro, tomó sus mejillas con ambas manos y fatigada preguntó—¿E-Estás bien, Trunks?
Él anonadado por la escena apreció al otro empresario herido siendo auxiliado por los paramédicos. Pero al regresar su mirada hacia a los orbes negros, vio la realidad de lo que en verdad pasaba: lo querían muerto.
—S-Sí…estoy bien—el corazón le latía a mil por hora.
—Me alegra...—suavizó la mirada mostrándose satisfecha por haber cumplido su labor.
Y así, rostro con rostro él vio la fortaleza que conformaba a la mujer.
Mirándose a los ojos volvió a repetir—Estoy bien…
CONTINUARÁ…
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Muchas gracias por pasarse a leer. Espero que haya sido de su agrado, ¿las cosas se complican, no? ¿Después de este atentado creen que la relación de Trunks & Mai cambien? Hay mucho que contar aún. Espero que se encuentren muy bien y pido una disculpa por la tardanza del capítulo, verán, me salieron pendientes de inventario en mi trabajo y ya sabrán el caos que es, lo bueno es que ya estoy más relajada y espero seguir con el mismo ritmo de update que llevaba. Así que aquí les dejo el cap con mucho cariño.
Muchos saludos a mis queridos lectores silencioso, ¡rebasamos los 400 views! ¡Muchas gracias! También un saludo para mis queridas: Nancy, Migleidi, Evelyn Cotrina & Michell Terán, Sandy Lyv,Vere Loca,, gracias por sus msj y por sus reviews.
¡Nos leemos pronto!
Con cariño:
Kuraudea~
23/Febrero/2018
Respetemos las derechos de autor.
