Detrás de tus pasos
Por
Kuraudea
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Capítulo 8
«Mi protectora»
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«La amistad entre un hombre y una mujer sí existe hasta que uno de los dos se enamora»
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El techo eran los ojos que observaba a ambos jóvenes que no podían conciliar el sueño: ella en la cama, él en el piso cubierto por una sábana blanca. Después de una ligera riña en la cual se debatió en qué lugar dormiría el empresario, éste sin más remedio tuvo que aceptar «sus condiciones» y hacerse a la idea que la colchoneta sería su nuevo nido por las noches por quién sabe cuánto tiempo, «Demonios…» El azul con ambos brazos debajo de la almohada en una postura boca arriba, dijo:
—No tengo ni un gramo de sueño—torció los labios ante la inconformidad de estar en el suelo; agradecía el gesto hospitalario de la mujer pero viendo que su cama era matrimonial…¿no podía darle ni un campito?
—¿Vas a continuar con lo mismo, Trunks?—cuestionó la mujer desde lo alto, apenas y se dejaba ver su cabellera negra pues estaba tapada de pies a cabeza con aquella frazada desteñida hecha de varios retazos (regalo de su querida abuela)—Trata de dormir, son las 12 de la noche.—no negaría que disfrutaba un poco del sabor dulce de la venganza, pues por justicia divina se estaban cobrando todas las estupideces que él le había hecho antes.
—Como si tú tuvieras sueño, llevas más de media hora girando en la cama.—se quejó.
—No me vas a dejar más remedio que ponerte cinta en la boca y esposarte, ¿escuchaste?—amenazó con sutileza. Sin embargo el muchacho sabía bien que sí era capaz de hacerlo «¿Eh…?» por lo que una gota grande de sudor corrió por su sien y cubrió al instante con la sábana parte de su rostro excepto nariz y ojos.
Al pasar unos instantes de silencio y sabiendo bien que ninguno de los dos estaba durmiendo, el joven tomó la palabra nuevamente, pero esta vez no era para pelear sino más bien para agradecer.
—Si aún estás despierta …—suspiró y continuó—Yo…—pese a que le costaba trabajado decirlo fue directo al grano—Gracias Mai…
—No agradezcas, Trunks, es mi trabajo: Soy tu protectora—al buscar una mejor postura para descansar, dijo por último—Buenas noches.
—Buenas noches—contestó el muchacho con mejor pinta en su faz, cerró los ojos y tras respirar hondo, hizo el esfuerzo de dormir. No obstante, el cielo en el exterior gozaba de un color rosado y era iluminado momentáneamente por relámpagos dorados; desde que estaban discutiendo se percibía entrar por la ventana de la habitación el aroma a tierra mojada.
La lluvia cayó sobre la Capital del Oeste justo cuando el azul al fin había llegado al quinto sueño, pero, para su mal, las condiciones del departamento de Mai no eran las mejores, pues fue así que siendo un edificio viejo, el techo se trasminó y varias gotas cayeron justo en su frente. Abrió los ojos como endemoniado, arrepentido incluso de las breves palabras de gratitud que había dicho hacia un instante. Con la mano talló su frente más irritado que nunca y expresó…—Maldita sea…
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La noche se había convertido en todo una locura «¡Se está trasminando el techo!» Mai entró en acción al poner varios trastes de cocina por todo el lugar, pues no sólo había goteras en la habitación sino también en la cocina y la sala-comedor. El muchacho pudo dormir solo un par de horas gracias a que la lluvia cesó. Pero al despertar tenía una faz de haber recibido una gran paliza.
—Diablos…—buscó su toalla de la maleta y se fue directamente al baño; a su paso pudo percatarse que Mai estaba en la cocina preparando un poco de café, lo supo por el chillido de la cafetera.
—Buenos dí…—saludó la azabache a medias al verlo derrotado. Ella realmente se sentía avergonzada, sabía los fallos de su casa, pero por no haber tener un trabajo fijo por años, aparecieron cada vez más detalles que se fueron acumulando sin contar los gastos hipotecarios de su hogar.
«Trunks…»
El muchacho se desvistió rápido y se filtró a la ducha, pero al abrir la llave ésta se vino consigo—¿P-Pero qué?—no tuvo más remedio que dejarla en su lugar ¿Y qué más no servía en esa maldita casa?. Rápido talló su rostro y para su sorpresa al querer tomar la barra de jabón, encontró colgado un sostén de Mai en el exhibidor de los shampoos. Lo tomó con la mano y con los labios torcidos y una ceja alzaba lo observó a detalle.—Vaya….la señorita sargento no es tan ordenada del todo—Continuó con su aseo.
Al salir el muchacho de la ducha, decidió cepillar sus dientes; frente al espejo del lavabo preparaba su cepillo y al querer abrir la llave del agua, una gran fuga apareció en un gran chorro que casi llegaba al techo.
—¡O no, no, no!—tomó una toalla que estaba colgada por ahí y apretó la fuga con fuerza. Sin embargo no fue de gran de ayuda puesto que la tela pronto se humedeció—¡Maldición!—frente al momento cardiaco de no querer hacer un lago en el baño, le echó un vistazo detrás del pedestal y observó la llave de paso que fue su salvación al cerrarla rápidamente—Uff…
Mai quien servía el desayuno no perdía detalle al mirar la puerta del baño—¿Qué tanto le pasará a Trunks?—susurró la mujer de mandil con el diseño de un simpático gatito gris. Pero al paso de medio segundo sus dudas se vieron aclaradas, pues el joven vistiendo solo con la toalla salió del baño y la encaró.
—¡¿Qué diablos le pasa a este lugar?!—se cruzó de brazos tapando parte de su torso desnudo, algunas cuantas gotas corrían por lo bronceado de su piel y otras se escurrían desde su cabellera morada.
La azabache se ruborizó, perdió un poco la razón al verle de esa manera. Más pronto la cordura volvió en ella, y al desviar la mirada, aseguró:—Eres un depravado.
—¿D-Depravado?
—¡¿Cómo te atreves a salir de esa manera?!
—¡¿Y tú cómo te atreves a vivir así?
—¿Eh?—se sonrojó aún más.
—El techo es un asco, las llaves del baño no sirve, la calefacción huele a rata muerta. Y estoy seguro que si tomo esta silla del comedor, ¡seguro se hará pedazos!—jaló una de ellas al ritmo de sus palabras y descubrió que el respaldo estaba roto, esbozó fastidiado—Maravilloso…
Entretanto, la sargento apretaba sus puños, se estaba enfureciendo, hasta que no puedo más y estalló—¡Ya basta, mocoso!
—¿Eh…?
—Eres un …¡Eres un maldito malagradecido! ¡¿ESCUCHASTE?!
—¡¿QUÉ?!
—¡Sí, como me escuchaste!. ¡Te quejas del techo, te quejas del baño, te quejas de todo! Si no fuera por la petición de tu madre y porque tu vida está al filo del peligro. YO NO HUBIERA ACEPTADO ESTO, así que…—el joven le robó la palabra.
—Así que entonces déjame arreglar este desastre, por favor.
—¿Eh…?—eso realmente no se lo esperaba—¿Q-Qué tú que…?
Éste se dio la media vuelta para ir a la habitación, murmuraba—Eres una mula terca…—siguiendo su corto andar alzó la voz—Prepárame una taza de café negro, ¿sí?
—¡Eres un…!
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Sin más, se había cumplido una semana y media muy productiva; Trunks cumplió su palabra de ser plomero pues solo bastó de una humilde caja de herramientas para darle solución a las goteras de las llaves.
—¿Podrías pasarme esa llave por favor, Mai?—el muchacho extendía el brazo para recibir la herramienta mientras estaba acostado sobre el suelo boca arriba arreglando la tubería de la tarja.
—Sí, aquí tienes—contestó la mujer en cuclillas observando a detalle la acción.
—Gracias.
Al seguir apreciando al muchacho en su actividad, mordió uno de sus labios apenada, entonces dijo—No tienes que estar haciendo esto, Trunks—se ruborizó ligeramente—En realidad... creo que tienes razón, yo soy la dueña de la casa y estos detalles han sido gracias a mis descuidos. Y bueno, digamos que tú eres mi huésped, créeme que conforme a mi paga yo iré arreglando cada cosa.
—Pero ahora estoy aquí contigo…—contestó desde las profundidades con cierto eco.
—Aun así no es necesario—tomó la punta de su mechón negro mientras agachaba la mirada.
—Digamos que es lo «mínimo» que puedo hacer. Tú ya estás haciendo tú labor, ¿no?
—De todas formas puedo ayudar.
Se escucha el esbozar de su sonrisa— ¿No comprendes, verdad?—salió de la cueva de lobos y en sus mejillas se mantenían unos manchones de grasa—Tu haces el trabajo más importante, Mai. No lo olvides—le miró—Tu cuidas de mi vida.
—Y-Yo…
Ambos se miraron a los ojos por escasos segundos; él rompe el silencio—Así que…siempre cuida de mi—su faz se miraba enternecida.
Después de otra pausa, ella asintió—Lo haré—expresó decidida en voz baja, con la mirada vidriosa, repitió—Lo haré. Ese es mi trabajo.
—Bien. Continuaré—se sumergió nuevamente y desde el fondo dijo—Prepara algo rico para la cena.
—¡Trunks!—le dio un golpe en la rodilla flexionada; el azul rió.
—Y no te olvides de mi café americano.
La mujer militar sonrió a discreción, se levantó, y antes de ponerse en acción, murmuró—Una deliciosa cena con café, ¿eh?—subió las mangas de su sudadera amarilla—Seguro.
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La próxima lluvia que purificó a la Capital del Oeste, no tomó por sorpresa a los chicos, pues un fabuloso impermeabilizante para el hogar con sello y garantía de la CC, fue aplicado por el joven con éxito. Así que ambos pudieron apreciar la lluvia desde la sala mientras miraban el televisor. Con café en mano, frazadas y ropa cómoda, estaban atentos en la serie policiaca.
—Al menos algo me queda claro, Mai—le dio un sorbo a la bebida.
—¿Qué el culpable es el Dr Marshall?
—No.
—¿Entonces qué?
—Que el impermeabilizante funcionó—rió.
—Ah…—dejó la taza en la mesa de al lado y se cubrió con los brazos con la frazada—"Muy gracioso, Trunks"
—Vamos, es sensacional que no haya más goteras. Y sobre lo otro que mencionaste: sí, fue el Dr Marshall el asesino —asintió.
—Lo sabía—frunció la mirada al saber que tenía razón.
Al instante, el muchacho también se deshizo de la taza y cubrió de igual manera sus brazos. Debido a la lluvia se percibía fresco el ambiente—¿Oye, Mai…?—se acercó a la mujer.
—¿Qué sucede?—cuestionó sin dejar de ver la televisión.
—Nunca creí que la azotea estuviera genial, ¿no crees que alguna noche podríamos cenar ahí y leer un buen libro?
Ella sonrió, y en cierto punto se compadeció del joven muchacho que solo lo obligaban a estar encerrado; el pobre joven que le habían arrebatado su tranquilidad y estabilidad familiar—Claro—contestó con empatía—Sería una gran idea.
—Oh, ya comenzó la serie—ambos se acurrucaron.
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Otros días más sumaron para la pareja, y con ello, se fueron complementando cosas cotidianas, desde cocinar, platicar de cualquier tema antes de dormir, entre otras actividades del hogar que compartían juntos. Cada mañana, Kuro, amanecía arriba de la cabeza del Brief.
—¿Otra vez tu?—preguntó con una faz de rotunda pereza, pues bien, no eran ni las 6 de la mañana. Desde su tendido observó que su guardaespaldas aún dormía en su cama. Entretanto, la gatita muy campante ronroneaba desde su nido morado—Solo sé buena y déjame dormir, ¿sí?
Prrrrr~~
Bulma siempre se mantuvo al pendiente de su hijo, pues de vez en cuando llamaba a Trunks para saber que todo estuviera en orden; una madre siempre vela por los suyos, y por la difícil situación que atravesaba su familia, era más que necesario estar al pie del cañón.
—Me alegra que estés bien, hijo.
—Gracias, mamá. ¿Y cómo está la abuela & Bra?
—Tu abuela como siempre cocinando y Bra con ese instinto compulsivo de ir de compras—ambos rieron.
—Supongo que Oswaldo le acompaña, ¿vdd?
—Sí, así es. Él está siempre al pendiente del cuidado de Bra; si mal no recuerdo dijo que Goten también los acompañaría..
—Entiendo—asintió al sentirse aliviado por saber que su mejor amigo acompañaba a su hermana—Y dime…¿cómo te sientes mamá? Recuerda no hacer sobre esfuerzo, en verdad me preocupas demasiado..
—Estoy bien, cariño—sonrió dulcemente—Y no. No creo que mi preocupación de madre se compare con la tuya; mi amor hacia ustedes es enorme, infinito. Rezo para que ya nos dejen en paz, para que termine esta pesadilla y, que no te hagan algún daño—suspiró.
—Me temo que las cosas no son tan sencillas, mamá—sin soltar prenda del tema de las máquinas infrahumanas como lo habían pactado con los demás, solo añadió—Definitivamente sí existe ese «alguien» que está detrás de nuestros pasos.
—Trunks…¿por qué lo dices, hijo? ¿Acaso sabes algo?
—Solo sé que es así—cambió de tema—¿Cuándo estará listo mi departamento con el nuevo equipo de vigilancia?
—No desesperes, pronto estará listo. Ahora estoy aquí en el jardín en compañía de tu abuela—y a lo lejos se escuchó el saludo de la nombrada «¡Mi chiquitín especial!
El muchacho rió al escuchar su voz—Mándale mis saludos, por favor.
—Cuéntame hijo, ¿la señorita Mizuiro te trata bien en su hogar?
—Sí…bueno…todo anda bien por aquí.
—Me alegra escuchar eso cariño.
—Yo…Ya tengo que colgar. Otro día charlamos, ¿sí?
—Sí, mi amor. Cuídate mucho, te amo.
—Tu igual, mamá. Besos.
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Debido al carácter de ambos, nunca faltaron sus acostumbradas riñas.
—¿Por qué eres tan terca?
—¿Yo soy terca? Tú eres un malcriado berrinchudo. Si te digo que el guiso lleva tres cucharas de azúcar, ¡es porque así es!
—¿Y quién rayos te dijo eso? La cocina no tiene límites en su preparación.
—Receta de la abuela. No se discute más.—con una cuchara extra probó el sazón del caldillo, ignorando al muchacho.
—Pues con la pena pero, se me antoja agregarle picante—sin pedir permiso tomó la botella y vertió una buena cantidad de la salsa al guiso.
—¡Trunks!
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Sus pasos eran firmes, toscos, como la suela ruda de sus botas. Cada persona que se encontraba a su paso sobre el pasillo que conducía a su oficina, hacían firmes mostrando respeto a su honorable Coronel.
—¡Bu-Bu-Bu-Buenos días, Coronel Silver!
—Buenos días, Gutiérrez.—se fue de largo después de saludar.
A pocos pasos llegó a su recinto de trabajo. Al tomar asiento, dejó caer de golpe su espalda ancha sobre el respaldo; aflojó el nudillo del paliacate rojo de su cuello. Y así, aprovechó para darse un ligero masaje en en la zona del estrés. Esbozó cansado—Dios…—cerró los ojos y por unos minutos dormitó. El día había sido pesado pues dirigió durante toda la mañana y tarde los arduos entrenamientos de los halcones, no era para menos sentirse agotado. Cuando despertó, tomó varias carpetas que contenían expedientes sobre los soldados que brindaban sus servicios como guardaespaldas.
—Veamos…—le echó un ojo a varios de los documentos, hasta que llegó al expediente de los Briefs—Trunks Brief…—pronunció su nombre y al instante recordó a su soldado favorito y la última vez que la vio y la besó—Mai…—incluso pensó de cómo le estaría yendo con el cuidado del presidente de la Corporación Cápsula.—Tal vez sería bueno invitarla a cenar—murmuró..
Al seguir leyendo el controversial caso del asesinato del Dr Brief y el reciente ataque que tuvo su heredero con los otros empresarios, llevó una pluma a sus labios, su faz de ceño fruncido buscaba una solución al problema. Sin embargo, su concentración se esfumó cuando tocaron a su oficina.—Adelante.
—Coronel, buenas tardes—entró Violet y llevó su mano a la frente señal de un saludo respetuoso.
—Violet, ¿qué te trae por aquí?—alzó la mirada para observarle.
—Solo ocupo de su firma y sello para actualizar mi licencia de uso de armas, señor—entregó su credencial al pelirrojo.
—De acuerdo—éste firmó y selló, luego hizo entrega del gáfete—Aquí tienes, Violet.
—Gracias, Coronel.—la violeta se levantó de su lugar, pero pronto volvió a la silla cuando el coronel, preguntó:
—¿Sabes algo sobre la agente Mizuiro?
—¿Eh…? ¿De Mai?—ella parpadeó por el cuestionamiento mientras que el hombre rojo asintió—Pues…no hace un tanto cuidé de su hogar por algunos días por su nuevo empleo con los Briefs. Ahora sé que está de regreso en su departamento; quizá sea temporal.
La expresión facial del hombre se vio anonadada por escasos segundos. Luego volvió en sí—Entiendo…¿Algo más en lo que te pueda ayudar, Violet?
—No señor, es todo. Ahora sí me retiro.
—Entonces nos vemos mañana.
En el pelirrojo se sembró el beneficio de la duda sobre el porqué Mai regresaría a su departamento. Si en la cláusula de contratación, la cual firmó Bulma Brief, decía que se le brindaría un hogar estable. Por lo tanto no estaría mal ir a visitarle un día de estos para saber la verdadera razón—Sí, eso haré.
En tanto, pasaban de las 6 de la tarde, los Halcones de Plata se disponían a descansar; los internos recurrían a sus habitaciones dentro del cuartel, mientras otros tantos salían de la institución para dirigirse a sus hogares. No obstante, Violet le mandó a su amiga un mensaje de texto mientras esperaba el transporte público que la llevaría a casa: «Hoy el Coronel Silver me preguntó por ti. Se ve que lo tres loco, eh ;) En tu día libre hay que ir a beber algo, tenemos mucho de qué platicar».
La mujer violeta hizo para del bus urbano al percibir a corta distancia las luces altas del mismo; guardó su teléfono móvil en la bolsa de su gabardina, y justo al abordar, expresó:—Quien como tú, Mai.
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Tales ojos azabaches leyeron el mensaje con lujo de detalle. Como era de esperarse aparecieron rubores rojos sobre sus mejillas blancas—Coronel Silver…—susurró, sus dedos por mera inercia rozaron sus labios con total discreción; inevitable no pensar en ese beso espontáneo, en esa noche. En tanto, mientras recordaba el dulce sabor del recuerdo, volvió a su realidad tras escuchar:
—¿Todo está en orden, Mai?—preguntó Trunks desde un sillón viejo de la terraza.
—S-Sí.
—En cinco minutos estarán las sopas instantáneas—tal manjar reposaba sobre una mesa vieja, y en su tapa de papel permanecían unos palillos de madera—Así que ve tomando asiento.—el muchacho palmeó el lugar invitando, ella asintió.
La terraza del edificio no era nada más que el típico lugar austero con tendederos y objetos sin usar. Además de varias plantas dentro de cubetas, se percibía el aroma de la noche, sus estrellas y el ruido del exterior.
—Este lugar me agrada—dijo el azul al tiempo de que ambos degustaban de esos fideos.
—Pero…—a la agente tras no parecerle un lugar hermoso, cuestionó con extrañeza—…¿Por qué?—alzó una de sus cejas.
—El aire huele a libertad—el chico observaba el cielo y como éste se tornaba cada vez más oscuro. Ella supo al instante su padecimiento, pese a su trabajo era «cómplice» de su encerramiento.—Extraño muchas cosas, y no me refiero a los lujos sino cosas simples como por ejemplo andar en la calle sin miedos, sin angustias…sin temor a nada. Solo me pregunto si llegará el día en todo vuelva a ser lo de antes.
—Trunks…—mostró empatía tras sus orbes ponerse cristalinos—¿En verdad tienes ganas de salir?
—¿P-Por que lo dices, Mai?
—¿Observas esa caja de herramientas?
—Ajá…
—Hay una cápsula dentro de ella. Descomprimela por favor.
—De acuerdo.
El muchacho hizo lo que le ordenaron. Y luego de disculparse el humo, se mostró una vieja aero–moto de diversos colores debido a sus distintas refacciones.
—¿Y esto…?—el azul observó a la mayor con un semblante de confusión. Luego observó el vehículo con labios torcidos y una ceja levantada, expresión muy de él.
—Es un pequeño proyecto que nunca terminé. Solo me salta arreglar unos cables para que funcione.
—Sí…pero…
La guardaespaldas le robó la palabra—Y bueno…yo pensaba que... como tengo de visita al nieto del famoso genio en tecnología, quizá podría echarme una mano—dirigió su mirada hacia otra parte.
En los labios del muchacho se iba formando una sonrisa coqueta, luego esbozó y finalmente rió. Pues sabía que todo era intencional—Me extraña tu falta de confianza, Mai. ¿Por qué no me dijiste desde el primer día, eh?—dobló sus mangas y se puso en acción—Bien. ¡Hagámoslo!—le lanzó un guiño a la mujer.
—Qué presumido eres Trunks—ambos se pusieron en cuclillas y le echaban un ojo al cableado.
—No entiendo. Primero me alabas y me pides ayuda, ¿Y ahora resulta que soy un presumido?—ambos rieron.
—Mejor ya ponte a trabajar, «señor modesto»—le dio un golpe en el hombro.
—De acuerdo, de acuerdo.
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Entre cinta, cautín y una hora aproximadamente de trabajo, estaban listos para ver el resultado de su esfuerzo.
—Muy bien, Mai. Enciéndela.
—De acuerdo—la mujer azabache presionó el botón y el motor hizo su labor—¡Fantástico, ya está lista!—dijo rebosada de alegría. En tanto Trunks la observa y compartía su felicidad. Fue así, que pese a sentir el triunfo de su pequeño logro, preguntó:
—¿Y de aquí que sigue…?
La guardaespaldas del tendedero tomó una chamarra desteñida y una gorra sin bordado, se las aventó al muchacho.
Éste las recibió con sorpresa—¿Qué significa esto?
—Significa que te prepares porque vamos a salir a pasear.
—¿Eh?
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La gorra ocultaba sus mechones morados perfectamente. Solo la Luna y las estrellas fueron testigos de sus actos indebidos; ambos eran conscientes de su falta de palabra y compromiso. Sin embargo, esa noche no importó romper las reglas. Sus pulmones, en tanto, se llenaban de la ráfagas del viento mientras con ambas manos se aferraba de su cintura femenina.
Ella suplió su atuendo por una chamarra, gafas traslúcidas en tono azul y pantalón de mezclilla. Eso sí, siempre con arma en mano para aquello de las dudas.
Con una apariencia de lo más ordinario, su protectora le regaló un instante de libertad.
—¡Esto es fantástico!—decía el joven Brief eufórico de adrenalina. Ella definitivamente gozaba de su alegría y por ello, más aceleraba. Para darle un toque especial a la noche traviesa, Trunks desde su móvil puso música que iba a corre a la ocasión.
Ambos cantaron fuertemente:
«Y la ciudad ardió, y la ciudad ardió
con sentarme a su vela
y la ciudad ardió lo mismo que ardió yo
como alcohol en las venas»
Una hamburguesa pedida desde la ventanilla de servicio del «BurgerOeste», una nieve y música ligera, fue el toque mágico que hizo de la noche algo muy especial. Las risas no se hicieron esperar, pues para su mala suerte, la aero–moto falló y tuvieron que regresar a casa caminando.
—Ja,ja,ja, rayos…—reía el presidente empujando la moto desde la banqueta—De saber que esta chatarra iba a fallar, no nos hubiéramos alejado tanto—volvió a soltar una carcajada.
—Si tan solo me hubiera traído mi caja de herramientas—se lamentaba entra risas la mujer.
—Ya no importa—suspiró el muchacho contento, volteó hacia ella y dijo—En verdad me hacía falta esto.
—N-No fue nada—al sonrojarse ligeramente por sus palabras, volteó a su izquierda y descubrió que justo habían llegado a una preparatoria—Mira Trunks, hay luz. Tal vez esté el conserje nocturno y pueda brindarnos un poco de herramienta.
—Sí, tienes razón. Hay que entrar.
Tras comprimir su medio de transporte, los muchachos se aventuraron sobre los pasillos largos llenos de casilleros; buscaron y buscaron con quién dirigirse pero no encontraron a nadie. Fue así, que en su andar se filtraron al aérea de piscina.
—Es inútil…—dijo Trunks desde las gradas. Mai estaba sentada a corta distancia de él: se lamentó con ambas manos en sus mejillas.
—Diablos, todo iba tan bien—observaba sus botas y escuchaba la risión del muchacho tras recordar lo ocurrido.
Al cesar su risa, dijo resignado—Ya no importa—suspiró y se levantó.
—¿A dónde vas…?
El muchacho se agachó para tocar el agua de la piscina—Está tibia, tiene servicio de calefacción.—El lugar en sí era oscuro, pero en las profundidades del agua resaltaba un color verde azulado gracias a los focos laterales. Fue así, que para seguir con la noche loca, el azul comenzó a quitarse la chamarra, la camisa, la gorra así como también su reloj y celular. Retiró sus botas y dobló su pantalón.
—¿Q-Qué estás haciendo, Trunks?—Mai lo observaba anonadada.
—Entraré a la piscina.
—¡¿QUÉ?!
Al impulsarse cayó al agua y a los pocos segundos asomó el rostro haciendo su lacia cabellera hacia atrás.—Deberías de acompañarme—invitó a la mujer.
—N-No, así estoy bien—dijo nerviosa—A-Además si alguien nos pilla, ¡estaríamos fritos, Trunks!.
—Vamos, no seas exagerada. No te hagas del rogar—luego amenazó—No me obligues a buscar una estrategia para convencerte.
—¿Eh…?—abrió los ojos como platos pues justo el chico le lanzó con sus brazos una buena cantidad de agua—¡¿PERO QUÉ DIABLOS ESTÁS HACIENDO?!
—Ya estás empapada. Ahora entra y muéstrame tu destreza en el agua, Mizuiro.—esbozó una sonrisa—A no ser que temas a que yo sea mejor nadador que tú—la estaba retando.
—¡Eso nunca!—se puso de pie con la mano empuñada—Recuerda que soy un Halcón de Plata, mocoso.
—¿A sí? Pues demuéstramelo, mujer.
La guardaespaldas pronto se deshizo de su ropa, solo quedó con el pantalón que dobló por comodidad más una camiseta de resaque negra. Entonces, anunció su entrada—¡Aquí voy!—se lanzó a la piscina con un salto espectacular. Al mostrarse su rostro se alabó a sí misma—¿Y qué te pareció ese salto, Trunks Brief?—sin embargo el nombrado no estaba, lo buscó por todas partes—¿Trunks…?
De manera sorpresiva el joven salió desde las profundidades quedando justo frente a ella.—¿Te asuste?—dijo entre risas.
—¡Eres muy infantil!—frunció la mirada y golpeó su pecho—Te perdiste de mi gran salto—le reprochó.
—Yo también te puedo enseñar algo, Mai.
—¿Harás nado sincronizado o algo así?—dijo en son de broma. El muchacho debido al chiste, rió abiertamente.
—Búrlate, búrlate….
—¿Y bien?—esperaba la azabache ver su gran acto.
—Te lo mostraré si cierras los ojos por unos segundos en lo que me preparo—Mai refunfuñó—Anda, anda.
—D-De acuerdo—contestó no muy convencida, pero hizo caso a su petición.
El azul se acercó a ella, tomó ligeramente sus caderas y habló:
—Gracias…—dijo sereno. Tal expresión hicieron que Mai abriera los ojos y le mirara al rostro—No cabe duda que eres mi protectora, cuidas muy bien de mi.
—Es que ese es mi tra…—sin dejarle terminar su frase, la besó repentinamente. Debido a la sorpresa ella forcejeó un poco, pero luego cedió, se envolvió junto con él en sus brazos y ampliamente se sincronizaron en un beso fresco.
El beso se frenó por unos segundos. Labio con labio sentían el calor de su respirar. Al entreabrir sus ojos se observaron en silencio; un raro idioma fluyó a través de sus ojos, algo indescriptible. Y así, al concretar sus pensamientos y sentires, se besaron otra vez seguros de que lo hacían.
En tanto, el teléfono de la guardaespaldas recibía una llamada entrante de su máximo jefe «Coronel Silver» llamada que se ignoró por estar en otros labios.
CONTINUARÁ…
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Muchas gracias queridos lectores por llegar hasta aquí. Me da mucho gusto saludarles a todos, muchas gracias por sus lecturas & Reviews. Les ofrezco una disculpa por la demora del capítulo, en la vida «real» siempre salen compromisos, pero aún así, trato de estar aquí con ustedes.
El fragmento de la canción que cantan Trunks & Mai, pertenece a la cantante Alejandra Guzman. Supongo que sí la conocen. ¡El trumai se besaaaaaaaa! Rayos, ¿y ahora que sigue? Habrá malos entendidos entre Trunks & Silver?¿quién estará detrás de los pasos de los Briefs? Queda mucho por contar.
¿Saben? Hoy es un día especial, pues hoy es nada más ni nada menos que el cumpleaños de su servidora n.n así que celebró con ustedes un año más de vida. Muchas gracias a todos.
Besos & cariños:
Kuraudea ~
Respetemos los derechos de autor.
11/julio/2018
