Detrás de tus pasos
Por
Kuraudea
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Capítulo 9
Sentimientos ajenos
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«El amor & la razón son dos viajeros que nunca habitan en el mismo albergue; cuando llega uno, el otro se va»
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«Mucho se ha escrito sobre el amor. Sin embargo solo basta sentirlo para saber que no se ha escrito nada»
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El barullo en la gran explanada de la Universidad del Oeste, se debía al festejo de la semana de Ciencia & Tecnología. El rector de aquello años, aseguró que el mejor invento tendría como premio un jugoso patrocinio para que el futuro científico comenzara su vida profesional con el pie derecho: con su propio producto, empresa y logotipo registrado.
Estantes decorados por grandiosos inventos se miraban por doquier. Los alumnos de bata blanca se cruzaban de un lugar a otro tras haber terminado la exposición.
—¿Cómo creyó este sujeto que ganaría el patrocinio?—preguntó el entonces joven Dr. Flappe a su colega de cabellos lacios—Aunque... el invento de los androides infrahumanos es original… y a la vez aterrador—tras cambiar el tema, su semblante tomó una mejor pinta; al abrir gustoso las palmas de sus manos, exclamó— ¡Qué bueno que resultaste ser el ganador Brief! Seguro las cápsulas Hoi-Poi cambiarán la vida del ser humano.
El ganador tras acomodar sus materiales dentro de una caja, dijo—¿Sabes algo, Flappe?
—Dime...
Tras acomodar sus anteojos de armazón grueso, echó tremendo suspiro—Solo sé que este mundo puede estar lleno de gente codiciosa—volteó discreto con su adversario y su macabro invento.
—¡Eso es claro!—rió irónico—Estamos hablando de gente muerta, Brief.
—Aún así creo que Maki Hero es una mente brillante.
—¡Bah! ¡Olvídalo!—dijo sin tomarle mucha importancia al sujeto mencionado—Pero dime, ¿Cuál será el nombre de tu empresa?
—"Corporación Cápsula"
—Entonces esta noche salgamos a festejar por "La famosa Corporación Cápsula del Dr. Brief"—ambos rieron.
—¿Tú qué hará después de graduarnos?
—¿Eh? ¿Yo…?—rascó su nuca resignado—Supongo que trabajar con algunos inventos y ofrecerlos hasta encontrar patrocinio.
—Verás que algún día la Corporación Cápsula será muy reconocida. Seguro te brindaré ser parte de mi equipo.
—E-Eso es muy gentil de tu parte, Brief.
—También quiero casarme—se mostró seguro—Formar mi propia familia y heredarles mis locos inventos a mis hijos—echó una sonrisa—Digo, si es que tengo algún varón. Sino qué importa, quizá tenga un nieto.
—Tu proyecto de vida suena fabuloso.
Entretanto, una voz femenil, los interrumpió—¡Oigan muchachos!—la chica rubia trotaba para llegar al estante de las Cápsulas Hoi-Poi
—Es Bunny.
—¡Cariño, muchas felicidades!—se acercó al científico y mostró su apoyo al sujetar sus manos.
—Oh, querida, gracias—le sonrió.
Después la rubia volteó con el otro hombre—Gracias por avisarme que Brief ganó, Flappe. En cuanto salí de clases me vine corriendo para acá.
—N-No fue nada, Bunny—se sonrojó. Si bien, Bunny era muy hermosa.
—¿Qué les parece si nos tomamos una fotografía?—la rubia sacó de su bolso de mano una cámara de rollo y pidió de favor a un joven de por ahí que capturara el momento mientras ella estaba en medio de los dos hombres tomándoles del brazo—¡Sonrían!
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Sus labios se despegaron lentamente. El teléfono con su coqueto timbre de una llamada entrante, los hizo ubicarse a su húmeda realidad. En medio de la alberca deportiva entre tonalidades verde y azul, se mantenían sumergidos los cuerpos protagonizando un beso que no sabían ni el porqué de su origen.
A media mirada se observaron descifrando los hechos. De sus labios frescos, delgados y varoniles salió un:—P-Por favor discúlpame, Mai….Yo…—y el sonido del aparato persistía.
Ella abrumada se separó de él bruscamente dándole un empujón, frunció la mirada pues su semblante era de molestia por lo ocurrido "¿Por qué Trunks había hecho eso?"—¡Fuera de mi camino!—exclamó, el agua se salpicó debido al movimiento brusco de sus brazos. Salió.
—¡Mai por favor, discúlpame!—la faz del azul se miraba preocupada. En su mente pasaba la frase: "Soy un idiota, un maldito idiota". Pues ciertamente entendió el comportamiento irritado de la mujer. No quería que ella pensara que se trataba de otra sus absurdas bromas. En tanto, él nadó para salir de la alberca y alcanzarla.
Al tomar su teléfono el cual permanecía en las gradas con el resto de sus cosas personales. Verificó la pantalla táctil al rozar ligeramente su dedo índice en él. En un susurro y con particular sorpresa, le nombró—Coronel…
Trunks en el momento que solo le faltaba impulsarse para salir de las aguas, le llegó de golpe la mirada de la mujer como si sus orbes fuesen el impacto de unas balas, justo en el pecho. Con sus ropas en manos, le reclamó—¡No sé qué pretendes ahora, Trunks Brief! ¡¿A qué rayos quieres jugar esta vez, eh?!—frunció la mirada.
—¡No, no, te juro que no fue una broma, es solo que…!
Sin darle la oportunidad de defenderse, continuó—Yo solo quise hacerte un bien con éste paseo—al calmarse un poco y recordando así el objetivo principal de su trabajo, además de que a ella «le gustaba» otro hombre, reafirmó:—Soy tu guardaespaldas, niño. No te confundas.—se retiró del lugar.
—¡Mai espera!—el empresario quedó anonadado, con su puño golpeó el ras de la piscina, maldijo—¡Carajo!—pues todo se había salido de control.
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Al haberse vestido en un dos por tres, las puertas de lo que era la preparatoria rebotaron de par en par al abrir y cerrarse; ella se plantó en el exterior. El aire nocturno era helado, y más lo era con el cuerpo húmedo y la cabellera escurridiza. Tras observar la soledad de la calle que se alumbró por escasos segundos con las luces altas de un vehículo en circulación, susurró con sus labios temblorosos—Larguemonos de aquí…— éstos sin una gota de pigmentos rojos. Fue así que bajó un par de escalones y siguió su curso a paso apresurado por la banqueta, casi trotando como si alguien estuviese Detrás de sus pasos. Sin interrumpir su andar, sacó del bolsillo del pantalón su teléfono móvil, echó un ligero vistazo a la pantalla táctil para no equivocarse al seleccionar el contacto, marcó, y llevó el artefacto a su oreja.
—¿Sí…?—contestó el huracán rojo después de tres timbres de espera.
—¿Co-Coronel?
—Oh, Mai, eres tú—afirmó, y tras darle un sorbo a su coñac, continuó—Hace un momento te marqué.
—Lo sé, Coronel—luego se retractó y corrigió—Q-Quise decir, Silver.
—¿Terminaste tu día con el Brief?
Ella se detuvo en seco, quedó anonadada tras recordar el beso con el empresario. Así que rápidamente agitó la cabeza para borrar todo rastro de ese recuerdo—Sí, terminé con mi día—respondió no muy animada.
—Eso es bueno—esbozó una sensual sonrisa, misma que taladró el oído de la mujer—Porque eso significa que te pudo invitar un trago—Mai se sonrojó al escuchar su invitación—Estoy en un bar sobre la avenida Clintong, te veo ahí—colgó.
—¡¿P-Pero?!—tras darse cuenta que había perdido contacto con el hombre, se lamentó—Rayos…lo que me faltaba…—Y en efecto, pues parecía que todo conspiraba en su contra. Después de haberse besado con su «jefe» ahora tendría una cita con el Coronel y con la peor de sus apariencias.
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Desde el exterior ella lo observaba. El Coronel Silver estaba sentado en un banco alto mientras sus brazos descansaban sobre la barra del bar. En el cenicero de cristal había rastro de la colilla del cigarrillo que fumó para acotar la espera. En tanto, con su mano meneaba el vaso de coñac, los cubos de hielo hacían ruido al chocar entre sí.
Después de haberse tomando el tiempo suficiente para observarle a detalle, pronto se centró en su propio reflejo. Y tras ver el caos de su cabello, sus dedos rápidamente tomaron el papel de ser un peine de cerdas gruesas: peinó y peinó infinidad de veces. Arregló su flequillo recto, pellizcó sus mejillas para darles un poco de rubor y humectó sus labios al morderlos—Mucho mejor…—se dijo a sí misma y entró.
Un poco de música más el barullo de algunos de los presentes, fue lo primero que captaron sus oídos. La luz era tenue, amarillenta. En tanto, las paredes tenían un estilo barroco tras mostrarse los blocs de ladrido. Antes de tocar su hombro, carraspeó—Buenas noches…
El hombre cuando sintió lo sutil del roce, volteó—Mai…—mostró media sonrisa e invitó—Por favor toma asiento.
—Gracias.
—¿Alguna bebida?
—Una simple limonada está bien.
—¿Cómo te fue en tu día de trabajo?—en espera de su respuesta le hizo una señal al mesero para ordenar.
En la mente de la mujer militar volvió a plasmarse la escena bochornosa del beso con el empresario. Pese a sentirse avergonzada, solo asintió—Bien…—su tono camuflado de seguridad no sirvió de mucho, el hombre rojo era astuto.
—¿Bien…?—soltó una risita irónica—No suenas para nada convincente, Mizuiro.
—¿P-Por qué lo dices?—se sonrojó.
—Eso mejor explícamelo tu, ¿no crees?—cedió la palabra—Adelante te escucho.
—Bueno…—agachó la mirada, en realidad no sabía cómo decirle que ya no quería llevar el caso del joven Brief. ¿Acaso sería prudente renunciar voluntariamente? Pues sabía perfectamente que lo que pasó con el muchacho, en este caso el cliente, era incorrecto. Según las normas de los Halcones Rojos, Mai estaría sobrepasando la relación profesional entre el guardaespaldas y su solicitante: «Nada de relaciones personales en el ambiente laboral»
—¿Ajá….?
Sin embargo tuvo sus cinco minutos para pensar. En realidad, ¿Por qué tendría que abandonar su puesto?. La vida era difícil para ella, era mayor, sabía la poca demanda de trabajo para gente de su edad; las deudas se la estaban devorando viva, ¿Y así sería capaz de irse solo por una imprudencia?
Lentamente negó con la cabeza, miró fijamente al hombre de ojos marrón—Estuve entrenando un poco, Silver. Por eso mi semblante no es muy bueno. Soy un desastre, lo sé. Apenas pude vestirme para venir acá—mostró una sonrisa para adornar de manera linda su gran mentira. Pues claro, no renunciaría por la culpa de una estupidez. Desde ahora, tomaría nuevamente las riendas de su oficio y nada más—Ya sabes, hay que estar en forma, ¿no?
—Por supuesto—asintió despacio, en realidad su faz se mostró satisfecha—Esa es mi chica—agachó su rostro para acercarse al de ella, y muy cerca, dijo:—Y cuando digo que eres mi chica, es porque quiero que lo seas.
Sus miradas chocaron. Y con ello, sus orbes brillaron al tiempo que sus mejillas se sonrojaban; sus rostros se percibían bronceados por la luz tenue del lugar.
—¿Lo serías…?—preguntó.
—Yo…Yo…—y al no dejarle contestar, él pescó sus labios y sin pedir permiso la besó. Su unión fue sencilla, prudente a los ojos del público. Al pausar por un momento el beso, la soldado susurró en sus labios finos, según ella convencida por completo que sería capaz de separar lo laboral con lo sentimental. Y más ahora con su nueva relación, pues bien, la mujer guardaespaldas siempre estuvo enamorada de su mayor.
—Entonces…¿serías mi chica?—insistió a media voz.
—Sí…
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—Es bueno que estés en casa, cariño—dijo la rubia de crepé alto al tiempo que regaba sus plantas.
—Gracias mamá—sonrió la científica desde en la silla donde aún reposaba.
Tras haber pasado algunos días hospitalizada, pronto el doctor de cabecera la dio de alta, pero con la condición de mantenerse tranquila para no tener recaídas. Técnicamente no se le había diagnosticado algún padecimiento en particular, pero pese a que seguirían investigando, por el momento solo declararon que su estado era consecuencia del estrés a raíz de sus problemas familiares.
—Prométeme que estarás tranquila, Bulma—insistió el doctor un día antes de firmar su liberación del hospital.
—Así será, lo prometo.
Las atenciones por su puesto estuvieron a la orden del día, principalmente por Bunny & el Doctor Flapple, tanto así que éste último tuvo la caballerosidad de ir por ella al hospital y transportarla a la mansión Brief en su modesto vehículo amarillo.
—No debiste molestarte, Flapple—dijo Bulma desde el asiento del copiloto, Bunny iba en la parte trasera con ambas manos entrelazadas al nivel de pecho.
—¡Ah, tonterías! Tú eres como una hija para mí—dijo con cigarrillo en la boca al ritmo del cascabeleo del anticuado pero eficiente auto—Tu padre era mi mejor amigo, conozco a tu madre casi de toda la vida; tú y tu hermana son valiosas para mí. Ni hablar de tus hijos, ¡los adoro!—aprovechando un semáforo en rojo, volteó con la mujer—Ustedes son mi familia—aseguró al asentir.—¿No es así Bunny?—buscó la mirada de la rubia desde el espejo retrovisor.
—¡Por supuesto!—dijo la mujer contenta—Lo ves, Bulma, no hay por que sentir pena.
—Entonces en ese caso…—sonrió conmovida al abrazar una canasta llena de bocadillos y variedad de tes que el hombre le había regalado como muestra de apoyo—Gracias por cuidar de nosotros …Tío Flapple—y el auto siguió su curso.
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Tras el mal entendido y las diferencias que se formaron entre el Brief & su guardaespaldas, no hubo más remedio para el chico que regresar a su antiguo departamento. Para esto, ya había considerado prudente el lapso de abandono de su hogar. Durante la mudanza analizó que cualquier imprudencia o ataque de cualquier índole, sería muy poco probable. Considerando también que durante su ausencia su hogar se vio reforzado por un mejor equipo de seguridad: alarmas de alta calidad, vidrios blindados y otras tantas mejoras al igual que su vehículo personal. Total, la gente o el dichoso asesino seguro ya se habrían olvidado de la tragedia que abordó a su familia. Y lo importante para el azul era reincorporarse, de algún modo, a su rutina de vida.
Trunks se integró a la Corporación Cápsula, pese a sus riesgos y en contra de la voluntad de su madre. Tanto encerramiento ya le estaba afectando. Y si tendría que morir lo haría como todo un hombre y no por escabullirse entre las sobras.
En tanto, la mujer militar tomó postura pues de cualquier forma continuó con su trabajo original, era obvio que no lo abandonaría; ante las circunstancias difíciles hay que pensar con la cabeza fría. Una cosa fue lo que pasó y otra cosa era su trabajo. Por lo tanto, regresó a su antigua habitación del departamento del Presidente, tal y como lo estipulaba su contrato, aunque los fines de semana los tomaba para irse a descansar a su casa.
La última noche que se encararon en el departamento de Mai, el joven ofreció una disculpa a la mujer. Sin embargo ésta no sirvió de mucho pues sólo hubo más roces entre los dos.
—Al fin llegaste…—dijo el muchacho al percibir que la mujer cruzó la puerta principal, él se mantenía sentado en el sofá frente al modesto televisor, Kuro dormía a su lado —Salí de la alberca y de inmediato me vine para acá; pensé que estarías aquí—asintió despacio—Sé que estás molestas, aun así te pido perdón.
Ella colocó sus llaves sobre la mesa, cruzó los brazos y reprochó—Por su puesto que estoy molesta, ¿qué no es obvio?
—Lo sé…lo sé…
—¡¿Es que cómo te atreviste?!
El azul se levantó de una, le miró firme—Es que yo creí que …tú y yo nos…—«gustábamos» eso quiso decir. Sin embargo no lo hizo, porque en la mirada de la mujer se ventilaba algo, y «ese algo» lo hizo enfurecer—Ya entiendo…—asintió con una actitud sarcástica, muy de él cuando se molestaba—Creo que me equivoqué con todo esto.
—¿A qué te refieres…?—la mujer se extrañó, tanto así que suavizó el ceño.
—Sí, bueno, yo como buen idiota me formé una idea errónea y resulta que no. Ahora estoy seguro que vienes de estar con ese tipo de cabellos rojos.
—Eso no te incumbe, Trunks.
—Tal vez, y sé que puedes salir con quien te de la gana y que tú solo trabajas para mí. Pero entonces, ¿por qué diablos accediste a besarme?
—¡Estás equivocado! ¡Yo no….!
—¡Claro que sí!—contraatacó robándole la palabra de la boca— Es que Mai, de no haber querido …te hubieras alejados de mi desde un principio.
—No te quieras hacer la víctima, niño.
—Y tú no te pases de lista.
—¿Qué dices?
—En fin, me largo a mi departamento.
Un par de semanas se habían cumplido desde entonces. Todo parecía tranquilo, nada de ataques, nada de novedades, hasta los medios masivos del ZTV parecían distraídos con otras notas. Bulma, en tanto, se mostraba estable con sus respectivos tratamientos; tal parecía que los Brief volvían a ser los mismos de antes, bueno, aunque con sus debidas precauciones, pues los herederos Briefs continuaban con sus guardaespaldas.
Mai & Trunks se hablaban muy poco. Ella no ocultó su nuevo romance y él tuvo que asimilarlo de alguna u otra manera. Las cosas a raíz de esa noche cambiaron para ambos, su convivencia estaba muy fría, podría decirse que casi en peligro de extinción. Al fin al cabo la relación «jefe–guardaespaldas» era lo único que los regia. Sin embargo el azul no se quedó atrás, pues empezó a salir con la nieta de un gran accionista en la rama tecnológica: Line McCognely, una rubia sensual de ojos verdes y melena.
El día de labores se había terminado para el joven Brief. Desde su gran ventanal se apreciaba la oscuridad del cielo, la Luna y el ligero brillo de las estrellas. Su escritorio se alumbraba gracias a la fina lámpara que se mantenía a su lado derecho. Tras bostezar, presionó el intercomunicador para entablar con su secretaria.
—¿Dígame, Señor Brief?
—Rita, ¿podrías decirle a mi guardaespaldas que prepare el auto, por favor? Es que tengo que pasar por la señorita Line. Iremos a cenar a un lindo lugar.
—Me alegra por usted, Señor Brief. Y no se preocupe, yo le doy aviso.
—Gracias.
Rita informó a Mai sobre lo que el jefe ordenaba. Ésta desde el incidente ya no permanecía dentro de la oficia del Presidente sino ahora custodiaba la puerta como fiel guardián: estática y de pie.
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El convertible plateado circulaba sobre una de las avenidas principales de la Capital del Oeste. Mai iba sobre el volante mientras Trunks & Line en el asiento de atrás. La chica rubia llevaba un mini vestido negro, este dejaba ver sus hermosos atributos, el azul en tanto iba con su usual traje negro; el muchacho con sus encantos seductores le echó el brazo encima, susurraban cosas y reían en conjunto.
—Ya basta, Trunks—decía entre risas la mujer.
Tal escena la apreciaba la mujer militar con un sabor agridulce, pero qué hacerle, era su trabajo. Se preguntaba si se iba a terminar este show temprano, se sentía cansada y deseaba más que nunca estar en su cama. Revisó en un parpadeo su teléfono móvil, vio un mensaje de Silver, corto y sencillo: «Ten una linda noche, mi Halcón» Ese detalle la hizo sonreír. Pero su pesadilla continuó con los protagonistas que iban atrás, pues pronto llegó el ligero olor a cigarrillo, sumándole más risas y música. Ella solo torció los ojos, le incomodaba verlo de tal manera y más con esa tipa. Pero al recapacitar un poco se preguntó cuál era su molestia, no entendía; sin más remedio poco a poco se fue irritando.
Sin embargo, lo que se imaginó que pasaría, pasó: Trunks comenzó a buscar los labios de Line, la besó. Para Mai fue tan impactante ver esa unión que la rabia la consumió sin razón «alguna» e intencionalmente aceleró y frenó de golpe. La acción hizo que los protagonistas cayeran del asiento, el joven pronto reclamó mientras se reincorporaba y ayudaba a la chica.
—¡¿Qué diablos estás haciendo, Mai?!
—Discúlpeme Señor Brief, vi un tope y no me quedó otra alternativa que frenar así. Prometo tener más cuidado.
—¡Pues más te vale, mujer!—añadió la McCognely.
— Tranquila Line….—dijo Trunks para darle consuelo ante el suceso, luego éste centro su mirada penetrante en el espejo retrovisor chocando con la de Mai—Continúa tu trayecto hacia el restaurante—ordenó serio.
—Como usted diga, mi Señor.
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Cuando llegaron al restaurante, la guardaespaldas permaneció afuera, recargó su hombro al ras del capacete. Tenía amplia visión de lugar gracias a sus ventanales; obviamente tenía que observarlos pues cuidarlos era su trabajo. Sin embargo al verles juntos, con las manos estrechadas y con mutuo robo de besos, inevitablemente suspiró; una sensación, un ardor, «un algo» o un «no sé qué» se apoderó en pecho.
La salvación para la militar llegó cuando sonó su celular, afortunadamente era él.
—Hola mi Halcón.
—Silver…Hola…
Pero para el hombre azul que degustaba en el interior del lugar la suavidad de un buen vino tinto, rica cena italiana y compañía. El sabor agrio llegó a su garganta tras visualizar que su guardaespaldas charlaba por teléfono. Seguro estaba hablando con «él»; se sumergió tanto en verla que se perdió en el limbo por un instante.
La había perdido.
O tal vez ella no era para él.
—¿Trunks me estás escuchando?—interrogó Line sin tener respuesta; volvió a insistir tras notar su ausencia—¿TRUNKS?
Este de inmediato volvió en sí—Ah, Line, mil disculpas, ¿me decías?
—Te decía que se aproxima el cumpleaños de mi querido abuelo y …
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—Oye nena, eres la mejor repostera que he conocido en todo el planeta Tierra—dijo Goten al comer unas sabrosas galletas hechas por la linda Pares. En tanto, el olor a pastel de zanahoria se desprendía del horno.
—Nada me hace más feliz que escuchar eso, Señor Goten—sonrió contenta mientras amasaba suavemente la harina para hacer más galletas—¿Cómo está Trunks?—quiso entablar conversación.
—Está bien—contestó mientras masticaba—Creo que le sentó bien su guardaespaldas, o al menos eso creo.—Sin embargo en ese memento le llegó un mensaje a su celular que fue el detonante para no continuar con la conversación, él leyó en silencio:«¡¿Estás con la castaña vulgar?!»—¿Eh…?—alzó consternado una de sus cejas.
—¿Sucede algo…?—preguntó la de mandil blanco y trenza.
—Es que me mandó un mensaje Bra y…—pero justo en ese momento tocaron la puerta bruscamente; ambos se miraron a los ojos tras escuchar el escándalo.
—Iré a atender—dijo Pares mientras una de sus palmas se mantenía en su mejilla. Fue así, que delicadamente se dirigió al llamado, atendió y descubrió que se trataba de Bra & Oswaldo—Bra…Oswaldo…qué gusto.
—¡A un lado, mujer!—la chica que mantenía el ceño fruncido, se fue de largo sin ni siquiera voltear. En sus manos, llevaba una caja repleta de finos postres; su abuela Bunny le recomendó un buen lugar para su compra—Goteeeen, yujuuu~~¡Mira lo que te traje!—depositó alegre el paquete sobre la mesa de la cocina.
—¿Y esto?—preguntó el joven curioso, pues todo lo que se tratara de comida era buen motivante para él.
—Repostería fina solo para ti—le lanzó un coqueto guiño.
—¡Se ve delicioso!
—Es lo mínimo que mereces, no te conforme con cualquier postre barato—le echó indirecta a la castaña que sin comprender sus intensiones solo parpadeó con una faz de confusión «¿Eh…?»
—¡Adelante Goten, pruébalos!—invitó al pecado.
—¡Por supuesto que sí!
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Line fue entregada a la mansión McCognely. Trunks, en tanto, se bajó del vehículo pues en la puerta estaba el abuelo de la chica. No estaba de sobra estrechar las manos y saludar.
—Qué gusto verte, Trunks—dijo el mayor con una bata a rayas que cubría su pijama—Seguro el viejo Brief ha de estar muy orgulloso de ti por tus logros.
—Gracias, señor. Espero que así sea.
—Es una pena por la odisea que ha pasado tu familia, pero de corazón espero que todo siga tranquilamente.
—Eso mismo deseo también.
—Sin embargo muchacho te aconsejaría que no bajes la guardia. Bien dice por ahí que hasta «el silencio da miedo»—ese comentario le caló a joven—Pero bueno, me gustaría pronto visitarte en la Corporación para hablar de negocios.
—Sería todo un placer, Señor McConely—asintió y luego observó su reloj de mano—Creo que debo irme ya, mi guardaespaldas me espera—volvió estrechar la mano con el hombre mayor y se despidió de Line al darle un beso en la mejilla—Cuídate linda, estamos en contacto—le arrojó un guiño y partió.
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El trayecto de regreso a casa fue en total silencio, sólo música ligera los acompañó de una estación de radio de clásicos en inglés. Al paso de 40 minutos llegaron al departamento del joven Brief.
—Hemos llegado, señor—indicó la Halcón.
—Gracias. —Trunks se bajó del auto y se fue directo a su morada. Mai por lo tanto acomodaba el coche en su respectivo lugar.
Luego de un rato, la mujer militar entró al grisáceo lugar, visualizó a Trunks bebiendo cerca de la chimenea. Sin decir nada se fue de largo. Era justo bañarse, relajarse y dormir.
Tras estar bañándose, la mujer se preguntó el porqué Trunks estaría tomando. En realidad no entendía, para él fue una buena noche.
—Este bobo no entiende…—continuó lavando su largo cabello negro; luego regresó a su habitación. Se vistió con su clásica pijama rosa vaporosa y para finalizar, iría a la cocina por una taza de té y así, por fin dormir con buen sabor de boca.
La mujer de rosa pasó por el pasillo y antes de tomar acceso a la cocina volteó con el joven, se detuvo. Al verle, se tomó la libertad de mandarlo a su cuarto.
—Ya es tarde. En vez de beber deberías de ir a la cama, mañana tienes que ir a trabajar.—antes de darse la vuelta, agachó la mirada y le deseó buen descanso—Buenas noches….
Sin embargo, Trunks la hizo frenar al decirle:
—Tal vez sea mejor que me maten, morir. Tanta tranquilidad de parte de mi agresor, me abruma. Espero sea normal—continuó bebiendo mientras observaba el crujir de las maderas de la chimenea. Su rostro se observaba en tonos naranjas.
—¿Por qué dices eso, Trunks?—regresó la mirada a él, se abrumó un poco por lo que había escuchado—No sabes lo que realmente significa vivir.
—¿Lo dices por tu querida abuela, no? No eres la única que sabe que es ese dolor, Mai.
—Lo digo porque lo más hermoso que tenemos es LA VIDA. Cualquier vida es valiosa, ¿Dónde quedaron tus deseos de buscar al asesino de tu abuelo? ¡¿Así tan fácil te darás por vencido?!
El muchacho quedó anonadado por sus palabras—Mai…
—Tal vez no nos frecuentamos como antes, pero mientras esté viviendo aquí—dijo firme—No quiero escuchar que vuelvas a decir semejante tontería. Para eso estoy aquí: ¡para cuidarte!...ese es mi trabajo.
—P-Pero…
La mujer se dio la vuelta, siguió su camino hacia la cocina. Sin embargo frenó un instante y observó al joven desde su hombro—Deja de beber y fumar, deberías de tomar una ducha e irte a la cama.
Trunks como buen perro fiel, obedeció. No sabía qué clase de poder de convencimiento tenía Mai en él, porque pese a todo siempre terminaba por ceder. —Creo que en esta ocasión tienes razón…—depositó el cigarrillo dentro del cenicero, echó la última bocanada de humo, apagó la chimenea y tomó su saco que se mantenía sobre el respaldo del sofá.
Mai continuó con su camino.
Él en tanto iba Detrás de sus pasos.
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CONTINUARÁ….
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Muchas gracias por leer, queridos lectores. Le mando un abrazo y una disculpa también, he tenido mucho trabajo y eso ha hecho demorarme bastante tiempo con las actualizaciones. Espero de corazón que hayan disfrutado del capítulo n.n
Abrazos & cariños:
Kuraudea ~
