Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.
BREAK STATEMENT
Capítulo seis – Estática
Jacob Black está tan guapo como le recuerdo -puede que incluso más- con su espeso pelo negro rozándole la frente, los intensos ojos marrones que brillan cuando ríe, y un musculoso físico que demanda atención a pesar de estar enfundado en una camisa de botones y pantalones de vestir. El tiempo ha sido bastante amable con él, reemplazando las redondeadas mejillas por algo de pelo facial y definición masculina.
―¡Aw, vamos, Bells, no me digas que te has olvidado de aquél artista callejero de Barcelona! El que iba medio desnudo y hacía malabares con fuego sobre la cuerda floja. ―Sus dedos se estiran por la mesa para acariciar mi mano.
―¡Oh, cierto! ―Suelto una risita―. ¡Fue divertidísimo! Cuando esas cuatro chicas pasaron...
―...vestidas con unos minúsculos bikinis... ―continúa Jake.
―...perdió el equilibrio y se cayó...
―...y entonces su pelo...
―...¡se incendió! ―terminamos juntos.
Le doy un trago a mi vino cuando nuestras risas mueren. Así ha sido toda la cena -nostálgica y ligera. No hay escasez de cumplidos de parte de ninguno de los dos y siento una cálida comodidad en su presencia. Él me conoce con una intimidad que nadie más lo hace, incluso mejor que mis propios padres. Durante dos años, nos pusimos del revés el uno al otro y soportamos lo hermoso junto a lo feo. Todo lo que yo tenía, todo lo que yo era, lo compartía con él.
―¿Sabes? No puedo superar el buen aspecto que tienes, ―comenta Jake―. Es como si no hubieras cambiado nada.
―Eso es porque llevo doce capas de maquillaje y lycra. ―Resoplo―. Confía en mí, todo ha ido en declive.
―Bueno, para mí estás igual. En realidad... no, pareces mucho más delgada de lo que recuerdo.
El frío puño del miedo aprieta mi corazón a la mención de mi peso. Mi desorden alimenticio es el único secreto sucio que le he guardado. La enfermedad no había sido tan severa cuando salíamos y lo había camuflado bien.
―Hice mucho ejercicio después de dejar Boston y perdí unos diez kilos, pero he recuperado peso desde entonces. ―Mi cabeza cae avergonzada mientras la susurrada confesión se mantiene entre nosotros como un espeso humo que nos ahoga.
Jake frunce el ceño.
―Eso no es malo, Bells. Lo digo en serio. Estás genial. ―Mueve su silla y se acerca a mi oído―. Además, ya sabes cuánto me gustaba agarrarme a ese precioso trasero redondo mientras embestía tu apretado coño.
Mi jadeo es como el soplo de gas de un quemador de cocina mientras el deseo se enciende entre mis piernas. Han pasado años desde que sentí removerse algo en mí y quise hacer algo con ello. Una pobre razón u otra siempre ha saboteado cualquier oportunidad de una relación o incluso de sexo casual, pero este... este es Jake. Él ya ha visto mis estrías, cicatrices y barriga. A él no le importará que mis pechos cuelguen más ahora o que mi piel haya perdido algo de su anterior firmeza. A sus ojos siempre seré hermosa -nunca lo he dudado.
No hay razón para dejar pasar esta oportunidad. Solo va a quedarse en la ciudad un par de días, así que puedo obviar la preocupación ante la posibilidad de otro viaje en montaña rusa.
Fijo mi mirada en su cara expectante.
―¿Quieres subir a tu habitación? ―murmuro, con el corazón latiéndome en la garganta.
Él se sienta hacia atrás en su silla y me echa una sonrisa con hoyuelos.
―Déjame pedir que me pasen la factura.
Jake mira a su alrededor en busca de uno de los camareros del restaurante del hotel, pero no hay ninguno inmediatamente disponible. Con un seductor movimiento de sus oscuras cejas, se pone de pie para ir a buscar uno.
Queda algo de vino en mi copa y, a falta de algo mejor que hacer, la rodeo con mis dedos y termino los restos en un largo trago. Ya puedo sentir su efecto. La lechuga y las verduras no absorben mucho alcohol.
―Así que un trozo de cuerda entra en un bar...
Es toda una fortuna que no quede nada de líquido en mi copa o lo habría derramado sobre mi vestido al girarme hacia la familiar voz, hacia la hermosa cara con sus traslúcidos ojos verdes mar.
―Pide una cerveza, pero el camarero le dice: "Lo siento, aquí no servimos a trozos de cuerda".
Sin inmutarse, el trozo de cuerda va al baño, se hace un nudo y se deshace uno de los extremos. Vuelve a la barra y pide una cerveza.
El camarero dice: "Oye, ¿no eres el trozo de cuerda de antes?"
La cuerda contesta: "No, pero tengo cuerda para rato."
Aunque no quiero, suelto un gemido de diversión.
―¿De dónde sacas estos chistes tan malos?
Una sonrisa encantadora se extiende por su cara mientras se encoge de hombros. Está a punto de responder cuando Jake vuelve a la mesa.
―¿Bella? ―pregunta, poniendo la mano en mi hombro. Es obvio que está marcando territorio.
Todos los demás están de pie, así que me levanto también. La mano se desliza por mi brazo y se acomoda en mi cadera.
―Jake, este es, um... Edward. Es, uh... ―vacilo, sin saber muy bien cómo describir de qué nos conocemos.
Edward extiende la mano hacia Jake.
―Estoy destinado en la Reserva de la Marina para el Grupo de Operaciones de Desarrollo.
Mis ojos se abren como platos por el asombro -parece ser que trabajamos juntos. Me pregunto sí...
―¿De qué conoces a Bella? ―inquiere Jake, agarrando la mano extendida de Edward.
Puedo identificar el subtono de su voz. Es sutil, apenas audible, pero yo lo he escuchado muchas veces antes.
―No la conozco. ―El tono de Edward es casual, tranquilo―. Ayer chocamos, literal y accidentalmente. Me ha sorprendido verla aquí.
Ve algo y extiende su brazo hacia una alta mujer rubia que se acerca a nosotros.
―Bueno, mi cita para cenar ha llegado, así que os voy a dejar. ―Nos saluda a Jake y a mí con un movimiento de la cabeza―. Jake, encantado de conocerte. Bella, me alegro de haberte visto de nuevo. Que paséis una buena noche.
La hermosa rubia nos sonríe con educación y luego acompaña a Edward a una mesa ya preparada.
Jake recupera mi atención con una mano en la parte baja de mi espalda.
―¿Estás lista?
Me guía fuera del restaurante, hasta el ascensor. Una palpable tensión sale en olas de su cuerpo y satura la atmósfera del ascensor.
―¿Qué va mal, Jake? ¿Estás bien?
No estoy segura de porqué pregunto, sé perfectamente lo que le ha puesto de mal humor.
Él no dice nada mientras se abren las puertas en su planta y sale del ascensor. Vacilo un momento y luego camino rápidamente para alcanzarle.
―Escucha, Jake, si vas a estar cabreado porque un extraño me salude entonces me marcho. No voy a volver a soportar esta mierda. Dijiste que habías cambiado.
Se mantiene en silencio, deteniéndose frente a una puerta y deslizando una tarjeta en el lector. Me detengo y me llevo las manos a las caderas.
―Jake, más te vale hablarme o...
Una enorme mano se arquea hacia delante y se cierra en mi brazo. Sus dedos se hunden en la carne desnuda. Mi grito ahogado se pierde en el ruido que hace la pesada puerta al cerrarse después de que él tire de mí al interior de la habitación.
―Puedes apostar tu trasero a que vamos a hablar. Siéntate.
Me suelta cerca de la cama pero, en lugar de tomar asiento, ruedo por el colchón y caigo al suelo al otro lado. El mueble extragrande se convierte en mi línea de demarcación.
Jake me mira con una sonrisa sarcástica pero triste en la cara. Levanta las manos como imitación de un gesto que señala que no hay amenaza.
―Lo siento, Bells. No pretendía enfadarme, pero sí quiero hablar.
Da un paso hacia mí y yo me incorporo, lista para volver a cruzar la cama. Mis músculos tiemblan por el estado de preparación, esperando la pelea, prefiriendo escapar. Y, aun así, a pesar de mi aprensión y ansiedad, tengo el macabro deseo de imitar la sonrisa sarcástica de Jake. Es una escena que se me hace muy familiar, como debe ser. Es una que se ha dado varias veces antes.
Jake estaba equivocado y yo he sido una estúpida por pensar que ha cambiado. Es obvio que soy la misma criatura débil y tonta de siempre.
La escena bien podría haber tenido lugar hace ocho años, en nuestra residencia de la universidad. A pesar del paso del tiempo, del cambio de lugar, de nuestro supuesto desarrollo como personas, nada en esta trágica representación es diferente. Nunca lo es.
¡Hola!
Bueno, aquí os dejo el capítulo 6. Estoy deseando leer qué os ha parecido.
Hasta el jueves.
-Bells :)
