Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.


BREAK STATEMENT

Capítulo ochoPrioridades

Las palabras dejan mi boca. Mi cabeza se mueve arriba y abajo, de un lado a otro. Unas líneas son dibujadas junto a una "X" en el informe.

Pero no estoy pensando en esos actos.

Hay policías, ATS y personal del hotel por todas partes. Al otro lado de la puerta de la sala de conferencias, dos agentes de la ley acompañan a Jake fuera. Su ojo hinchado ha empezado a ponerse morado.

Pero no estoy pensando en los eventos que llevaron a esa herida o en sus consecuencias.

Solo una cosa me motiva, da vueltas en mi cabeza, consume mis pensamientos.

―Srta. Swan, ¿está segura de que no quiere presentar cargos?

La mirada del joven agente cae sobre la prueba de mi mal juicio: una gran huella roja que se curva en mi brazo.

―Estoy segura, ―confirmo rápidamente―. Solo quiero que encuentre ayuda. Eso es lo importante. ―Mi pierna se mueve arriba y abajo con ansiedad―. ¿Necesita algo más o puedo irme?

―Hemos acabado, pero... ¿hay alguien que pueda llevarla a casa? ¿Un amigo o familiar? Ha sido una noche estresante y después de su mareo de antes... ―Frunce el ceño preocupado.

―Ahora estoy bien, de verdad. Solo ha sido una reacción tardía a lo sucedido, pero me siento mucho mejor. La... um... comida ha ayudado mucho.

Le echo una débil sonrisa y me pongo de pie, teniendo cuidado de no mirar el plato y la copa vacíos que están en la mesa. Nos damos un apretón de manos y, en cuanto es socialmente correcto hacerlo, salgo corriendo de la sala.

Hay otra sala de conferencias al fondo del hotel y, a estas horas de la noche, seguro que está desierta. Cuando entro rápidamente en el lavabo que está junto a la sala y me doy cuenta de que está vacío, suelto un suspiro de alivio.

Por fin.

Es una de las formas de odio más asquerosas -meter la cabeza en un cuenco diseñado para contener excrementos y vomitar comida parcialmente masticada, saliva, ácidos estomacales y, si eres afortunado, bilis. El sabor de ese acre fluido es una bienvenida señal de que el estómago está casi vacío, el estado perfecto.

La meta no es tan sencilla de alcanzar como podría parecer. Con el tiempo, ingerir una gran cantidad de comida provoca que las paredes del estómago se cierren, haciendo que sea más difícil expulsar su contenido. He leído que, como media, el cincuenta por ciento de las calorías consumidas durante una comilona se quedan en el cuerpo, a pesar de los intentos de vomitar. Es una de las razones por las que se ha nombrado a la bulimia "un trastorno alimenticio invisible". Los que la sufren tienen todas las formas y tamaños. De hecho, a menudo, se gana peso en lugar de perderlo.

Esta noche, parece que el zumo de manzana y el croissant que he comido van a convertirse en peso ganado.

Una y otra vez, fuerzo mis dedos por mi garganta casi hasta el punto de ahogarme con ellos, pero todo lo que consigo producir con esos esfuerzos son duros sonidos de ahogo y que se me humedezcan los ojos. Los músculos de mi estómago están demasiado distendidos como para que tenga efecto sobre una cantidad tan pequeña, y ha pasado demasiado tiempo desde que bajó por mi esófago. Debería haber salido antes y haber probado en el baño del vestíbulo.

No, no debería haberles dejado que me convencieran de comer en primer lugar. Sí, mis extremidades temblaban y mi cuerpo se balanceaba. Sí, mi estómago gruñía y mis palabras salían arrastradas. Pero cualquier cosa que hubiera pasado tiene que ser mejor que esta humillante escena.

Tengo la garganta ardiendo y dolorida cuando finalmente reconozco mi derrota y salgo del cubículo, pero el sabor del fracaso es incluso más amargo. De todo lo que he vivido esta noche -los ruegos de Jake, el cuchillo sobre su muñeca, mi carrera en busca de libertad, su confusión por haber sido golpeado con el teléfono, el afortunado momento en que el ascensor se abrió y aseguró mi huida- nada me preocupa tanto como el zumo y el dulce entrando en mi intestino.

Me enjuago la boca y miro mi reflejo en el espejo. El blanco de los ojos está lleno de motas rojas y moradas debido a la fuerza de los intentos de vomitar, que han hecho que estallaran capilares. Mis mejillas están hinchadas y los labios abiertos completan la vergonzosa imagen. No sé si llorar desesperada o reír por lo absurdo que es todo.

Elijo grabarme esa imagen en mi memoria. Esta es la verdadera yo -la persona en la que me he convertido, a lo que me he reducido. Lo odio.

Algo tiene que ceder. No puedo seguir cayendo por este oscuro agujero eternamente. O estiro la mano, detengo mi descenso e intento una vez más arrastrarme hacia arriba, o el implacable suelo me hará pedazos.

Hay una tercera opción, una opción que acabará para siempre con mi sufrimiento, pero no sé si soy lo suficientemente valiente para eso. He pensado en ello tantas veces... anhelo la idea de callar esa desdeñosa voz de mi cabeza, pero...

No. No puedo. No voy a renunciar a la esperanza.

No lo haré.

Voy a intentarlo otra vez. Voy a extender los brazos, curvar los dedos y rezar por tener la fuerza suficiente para agarrarme a algo sólido.

Buscaré ayuda. Lo intentaré otra vez.

Lo haré.


¡Hola!

Bueno, antes de nada, algunas de vosotras con la nota del pasado capítulo parecisteis creer que estaba defendiendo a Jacob y quiero explicarme bien. En ningún momento quise decir que la relación que Bella tenía con Jacob fuera buena. Era una relación tóxica. De parte de los dos. Lo único que digo es que de una relación tóxica a una de maltrato (algunas pensabais que Jacob la golpeaba y minaba su autoestima) va un trecho. Nada más. Evidentemente, no era algo sano en lo que los dos crecieran juntos como personas, pero tampoco es algo que llegase al punto de poner en peligro sus vidas.

Os cuento esto, porque son cosas que no solo he visto en los comentarios, sino que, por lo que parece, la autora original también tuvo que explicarlo.

En fin, ¿qué os ha parecido este capítulo? Estoy deseando leer vuestras opiniones.

Nos vemos el viernes.

-Bells :)