Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.


BREAK STATEMENT

Capítulo diezEn el exterior

De pequeña había preferido los peluches a las Barbies. Las pocas muñecas que fueron lo suficientemente desafortunadas como para caer en mi posesión sufrieron dolorosas muertes por desmembramiento. Principalmente eran los celos los que me llevaban a actos tan violentos. Las Barbies representaban todo lo que yo no era: delgada, alta, rubia, con ojos azules... perfecta.

Esas chicas siempre habían tenido confianza en sí mismas y eran populares, siempre estaban rodeadas de amigos. Ellas nunca se quedaban en casa solas los viernes y sábados por la noche, o tenían que escuchar el ruido de fiestas universitarias a las que no habían sido invitadas -como yo. Incluso en una facultad estereotípicamente "friki" como la MIT, me había costado encajar.

La pantalla del ordenador se vuelve borrosa ante mis ojos y pestañeo para volver a enfocar la mirada. Debería estar concentrándome en actualizar el Plan de Acción del proyecto y la hoja de objetivos en lugar de escuchar la charla del fin de día de mi equipo. Pero es difícil apagar sus conversaciones cuando siento tanta envidia.

Ben y Angela están hablando sobre sus planes para cenar esta noche -los compañeros de trabajo empezaron a salir hace un mes y parece que les va bien. Eric acaba de terminar de quejarse a Tyler sobre las rabietas de su bebé y ahora escucha al otro advertirle sobre cómo los adolescentes pueden tener berrinches igual de horribles o incluso peores. Luego empiezan a hablar sobre un inminente partido de baseball al que van a ir juntos.

Mi suspiro soñador se pierde en el sonido de tres golpes secos. Tyler abre un poco la puerta codificada y asoma la cabeza al pasillo. Todos los que estamos en el lugar le miramos con curiosidad cuando vuelve a entrar.

―Hay aquí un Teniente Comandante Cullen que quiere verla, Srta. Swan.

Ignorando cómo se me acelera el pulso, le sonrío a Tyler por su formal uso de mi apellido. Él sabe que me gusta la profesionalidad al relacionarme con gente que no pertenece al equipo. Tras un rápido examen para asegurarme de que no hay a la vista nada confidencial, le hago un movimiento a Tyler con la cabeza para que deje pasar a Edward.

Por algún motivo extraño, todos están repentinamente apurados por irse a casa. Levanto una ceja ante el revuelo de actividad, pero Angela solo me sonríe ampliamente mientras saca a Ben por la puerta con ligeros empujones. Cuando Edward termina de cruzar hasta mi puesto de trabajo, estamos solos en la sala.

Me sorprende bastante ver que un ceño fruncido arruina sus hermosos rasgos. Por instinto, me enderezo en mi silla y adopto mi postura más desapegada.

―¿Puedo ayudarle, Comandante?

Él se sienta en una silla frente a mi escritorio y me mira a los ojos. Otra imagen inesperada: el verde de sus ojos parece casi nublado. Su mano recorre su pelo y se queda en su nuca.

―Sé que esto no es asunto mío, pero... ¿puedo preguntarte algo?

Frunzo los labios e inclino la cabeza.

―¿Otro chiste? ―digo secamente.

―Definitivamente no. ―Inhala profundamente como si se preparase para algo o estuviese reuniendo el valor―. Vi a tu amigo del hotel cuando me marchaba del restaurante. Estaba... subiéndose al asiento trasero de un coche patrulla. Miré a mi alrededor pero no te vi, así que no estaba seguro de si lo sabías. Como he dicho, no es asunto mío -no sé qué tipo de relación tienes con él ni nada... pero, si tiene algún tipo de problema con la ley... solo he creído que deberías saberlo.

Edward se remueve incómodo en la silla y, aunque quiero decir algo para tranquilizarle, tengo la boca demasiado seca como para hablar.

Mostrando una obvia preocupación, sus ojos se abren como platos ante mi vacilación.

―Oh, mierda, ¿él...? Maldición. Estaba esperando que no... quiero decir... ¿estás bien? ―Se inclina hacia delante en su asiento como si fuera a ponerse de pie, pero entonces se obliga a soltar un suspiro y se echa hacia atrás, intentando ser paciente.

Incluso mientras les quito importancia sus preocupaciones con una sacudida de la cabeza, mi mano reacciona y cubre la amoratada parte de mi brazo bajo mi blusa.

―Estoy bien. Solo fue un... malentendido. Nada de qué preocuparse.

Su expresión esceptica muestra su obvia duda con mi versión de los sucesos. Me cruzo de brazos y endurezco mi expresión, a pesar de la necesidad de salir corriendo de la sala llorando.

―Hmmm, si tú lo dices, ―es su vacilante respuesta.

Nos quedamos un momento en silencio, mirándonos fijamente. Supongo que él me está midiendo y yo levanto la barbilla desafiante. Sé cómo jugar a este juego.

Entonces sus hombros se relajan y me regala una perezosa sonrisa.

―¿Sabes? Tenía otra razón para buscarte. Necesito tu ayuda.

―¿De verdad?

Muestro lo poco que me interesan sus palabras empezando a recoger mis pertenencias para marcharme. Esta vez, él se inclina hacia delante, apoyando los antebrazos sobre mi escritorio.

―Bueno, no estoy muy familiarizado con esta zona. Estoy harto de comer en el hotel y me encantaría encontrar un sitio interesante para cenar, algo pequeño y poco pretencioso. ¿Alguna idea?

En mi cabeza aparece una imagen de mi restaurante griego favorito. Una sonrisa casi se abre camino a través de mi estoica fachada al pensar en su deliciosa comida, y Edward lo nota al instante.

―Sé que tienes algo bueno, ―me insta―. Pero tengo que confesar que no soy nada bueno con las señas. Me harías un gran favor acompañándome.

Mis nervios se encienden de entusiasmo. Por fuera, sin embargo, ruedo los ojos por su lamentable intento de pedirme una cita para cenar.

―¿Un capitán de un barco de guerra al que se le dan mal las señas? Da miedo.

Me contesta con una apropiada sonrisa tímida.

―Um... ¿tenía un buen navegador?

―Seguro que sí. ―Mi voz es condescendencia líquida.

―¡De verdad, lo tenía! Entonces, uh... ¿tomas el trabajo?

―¿No preferirías que lo hiciera tu amiga rubia? ―Me arrepiento de las palabras y su tono amargo en cuanto salen de mi boca. Aunque desearía estar en la misma liga que su perfecta Barbie, no quiero que sepa cuán profunda es mi inseguridad.

Su suave resoplido me confunde hasta que lo explica.

―Un restaurante pequeño y sin pretensiones no es el estilo de mi hermana. Ella es más de lugares de cinco estrellas.

―Oh.

Su hermana. Me niego a analizar porqué me siento aliviada al descubrirlo. Levantándome, me echo al hombro mi bandolera de cuero y cojo las llaves de mi coche.

Edward también se levanta.

―¿Significa esto que sí, irás conmigo a cenar? ―pregunta.

Tengo el rechazo en la punta de la lengua. Tengo demasiado miedo, me preocupa no ser capaz de mantener mi fachada de confianza, que vaya a ver quién soy de verdad y luego me mire con la misma repulsa que yo siento cada día.

―Vamos, Bella. No contaré ni un solo chiste, lo prometo.

Un lado de mi boca se retuerce. Me había prometido a mí misma que lo intentaría.

―¿Qué te parece la comida griega?


¡Hola!

Perdonad por no haber actualizado antes, es que he estado sin ordenador y no he podido hacerlo.

Pero aquí lo tenéis, el capítulo 10. Estoy deseando leer vuestras opiniones.

Nos vemos el lunes.

-Bells :)