Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.


BREAK STATEMENT

Capítulo onceDesear

Edward es el paradigma del compañero de cena ideal. Es interesante, educado, divertido y la medida exacta de inapropiado. Nuestra conversación es animada y nos echamos unas risas. Respondo algunas preguntas sobre mí y aprendo cosas sobre él.

―Mi barco seguía a un contacto de interés crítico cuando recibí la llamada sobre el infarto de mi padre. Incluso aunque me hubieran dado permiso para atracar en un puerto y tomar un vuelo a casa, seguramente no habría llegado a tiempo. Al menos mi madre tenía al resto de la familia allí para ayudarla. Se sintió devastada cuando murió tres días después.

―No puedo ni imaginármelo, ―digo con pesar.

―Ahí fue cuando decidí dejar el servicio activo. Me encanta servir, pero ese estilo de vida ya no era para mí. Mi familia siempre ha estado muy unida y me he perdido muchos eventos importantes. Y, si alguna vez soy lo suficientemente afortunado como para tener mi propia familia, quiero estar ahí para ellos, ¿sabes?

―Tiene sentido. ―Muevo algunas verduras por el plato con mi tenedor―. ¿Eso fue hace tres años?

―Sip. Ya me había sacado el MBA mientras estaba en la Marina así que, al terminar mi período de servicio, me pasé a la reserva y me convertí en Asesor Financiero.

―Y ahora vas a mudarte aquí.

Edward traga el último bocado de su gyro.

―Rose me está ayudando a buscar un lugar en el que vivir, ya que lleva una temporada en la zona. Me inclinaba hacia alquilar un apartamento de dos habitaciones, pero ella cree que tendré más aspecto de futuro esposo barra padre si compro una casa. ―Inclina la cabeza y me lanza una sonrisa de diversión―. ¿Qué te parece? Por ejemplo, ¿estarías más dispuesta a considerar salir conmigo si tuviera un camino de entrada y un jardín trasero?

Suelto mi tenedor y frunzo el ceño.

―Lo siento, pero tengo que preguntar esto porque para mí no tiene sentido. Eres inteligente, guapo, económicamente independiente... y pareces agradable. ¿Hay alguna razón para que sigas soltero? ―Me inclino hacia delante para examinar su dedo anular más de cerca―. ¿O es que no lo estás?

Con una risita, acerca su mano más a mí y mueve los dedos.

―Nunca he estado casado y tampoco estoy viendo a nadie. Tuve una novia en la universidad, pero lo de la larga distancia no funcionó para nosotros después de graduarnos. He salido con gente de forma intermitente desde entonces, pero con las largas horas en el barco y los traslados, nada ha durado. Tampoco ayuda que soy un poco aburrido y algo tímido.

Le echo la mirada más escéptica que soy capaz de conjurar.

―¡Lo digo en serio! ―Ríe―. Prefiero quedarme en casa y ver una película que ir a un bar o algo así.

―¿Y la parte de la timidez?

―A lo mejor esa no es la palabra correcta. Simplemente tiendo a no hablar mucho a no ser que tenga una razón para ello. Y, antes de que digas nada, ―continúa con una sonrisita satisfecha al notar mi expresión―, a ti te considero una buena razón.

―Um... ¿gracias?

―Solo estoy siendo honesto. Ahora es tu turno. Aunque no has mencionado nada sobre una pareja, ¿la tienes? ―Cruza los dedos de las dos manos y cierra los ojos―. Por favor di no, por favor di no, ―salmodia en un teatral susurro.

Una imagen de Jake aparece ante mis ojos y tengo que suprimir un estremecimiento en lugar de reírme por las tonterías de Edward como quiero hacer. Por suerte, la sensación no dura mucho y él no parece notarlo.

―No, no tengo a nadie.

Intento no pensar en lo cierto que es eso a más de un nivel.

―Señorita, ¿estaba bien su souvlaki? ―pregunta nuestra camarera mientras recoge el plato vacío de Edward.

Bajo la mirada al kebab de pollo casi sin tocar y luego le doy una brillante sonrisa.

―¡Estaba genial! Pero he comido tarde, así que me he llenado muy rápido. ¿Podría ponérmelo para llevar?

―Se lo envolveré, ―dice, cogiendo mi plato―. ¿Quieren algo de postre o café?

Me llevo una mano al estómago, sacudo la cabeza y señalo hacia Edward.

Él pide la cuenta y discutimos sobre si va a pagar mi parte o no. Dice que me dejará pagar si acepto cenar con él otra vez. Cuando ruedo los ojos y le doy mi tarjeta de crédito, se siente exultante. Secretamente, yo también lo estoy.

Hay una ansiosa tensión entre nosotros mientras caminamos hasta nuestros coches. Edward no hace ningún intento obvio de tocarme, pero nuestros brazos se rozan mientras nos movemos. Me pregunto si va a darme un beso de despedida. Espero que lo haga.

Aun así, no me sorprendo cuando simplemente extiende los brazos y pregunta si puede abrazarme. Después de todo, las señales de interés que le he mostrado han sido mínimas y esta cena ni siquiera ha sido una cita de verdad.

Sus brazos son fuertes y cómodos, y un suspiro escapa de mí mientras me permito disfrutar de la sensación. Nos abrazamos varios segundos y luego nos apartamos lentamente. Me pregunto si mi mirada es tan soñadora como la suya cuando nos despedimos.

Mi apartamento no está muy lejos del restaurante y pronto estoy cruzando la puerta, con la caja de la comida para llevar en la mano.

Como una respuesta pavloviana, mi estómago ruge en cuanto la cerradura suena detrás de mí. Hasta el momento he tenido un "buen" día, pero mi cuerpo pide comida a gritos. Quiere más de las 600 calorías que le he permitido absorber.

Dejo el recipiente en la pequeña mesa de cocina y me siento delante de él. Y lo miro fijamente.

Si soy capaz de ignorar el dolor que me produce el hambre e irme a la cama ahora... pero ni siquiera son las nueve. Normalmente no puedo dormirme hasta las diez por lo menos.

Me levanto para ir al botiquín, saco un bote de pastillas para dormir y lo pongo sobre la encimera. Y lo miro fijamente.

Si me tomo dos pastillas, estaré dormida en treinta minutos, pero también me sentiré adormilada durante varias horas cuando me despierte por la mañana. Una pastilla tiene un efecto menos severo, pero tarda más en hacerme efecto.

Dejando el bote intacto en la encimera, voy a la habitación a coger mi diario. Puede que escribir ayude a quitarme el hambre de la cabeza. Por el camino, sin embargo, paso ante la comida. Me detengo. Y la miro fijamente.

Incluso aunque me coma los dos kebabs del recipiente, habré consumido menos de 1000 calorías en todo el día.

Pero he estado antes en esta situación. Sé cómo terminará esto. Pasarán una de dos cosas: no seré capaz de parar solo con el pollo o me odiaré por dejar que el hambre gane e intentaré vomitar el fallo. De cualquier manera, empezará otro ciclo.

No quiero que lo haga. Sabiendo que veré a Edward mañana, lo quiero incluso menos. Ya ha sido objeto de una mentira sobre mi comida sin terminar y cuando preguntó por mis nudillos raspados.

A lo mejor simplemente debería tomar las pastillas para dormir. Vuelvo al baño.

Durante los siguientes cinco minutos, hago una y otra vez el mismo camino, con los argumentos saltando por mi cabeza como bolas de lotería. Me agarro la cabeza entre las manos y cierro los ojos con fuerza. Quiero gritar.

Mi agotado cuerpo se detiene frente a la mesa de la cocina y levanto el souvlaki.

Abro la caja y lo miro fijamente.


¡Hola!

Bueno, las que me sigáis en Facebook ya sabéis que no he subido antes porque he estado de viaje. ¡Después de veinte años deseando ir, por fin he pasado 6 días en Londres!

En fin, las que me seguís en Facebook también sabéis que a partir de ahora voy a actualizar cada dos días.

Así que disfrutad de este capítulo, decidme qué pensáis y nos vemos el jueves.

-Bells :)