Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.
BREAK STATEMENT
Capítulo catorce – Atractivo
―¿Edward?
Miro sobre mi hombro a donde está parado, mirando fijamente con una expresión que es una mezcla de asombro, anhelo y melancolía. Me remueve los sentimientos.
―¿Qué va mal?
Sin apartar la mirada, sacude lentamente la cabeza y me da una pequeña sonrisa.
―Había olvidado lo condenadamente sexys que son esas damas.
Entrecierro los ojos ante el sol de la tarde, intentando evaluar el sensual atractivo del navío de acero que tengo delante. Este destructor de clase Arleigh-Burke es ciertamente una obra de ingeniería notable y parece muy capaz, pero no estoy segura de que me parezca sexy.
Edward me toca el brazo y luego señala a un barco que está en un muelle adyacente.
―Mira aquel crucero. ¿Ves lo pesado que es en la parte superior y la forma de caja? Parece que un fuerte viento podría darle la vuelta. Y esos mástiles... nada atractivos. ―Chasquea la lengua y vuelve a mirar el destroyer―. Ahora compáralo con esta belleza. Es elegante, bien proporcionada y aerodinámica, con líneas limpias... y todas estas elecciones de diseño son una forma clásica de funcionalidad... pequeña sección radar transversal, supervivencia aumentada... ―Suelta un suspiro de admiración―. Como he dicho, muy sexy.
―Bueno, vale, ―digo riendo―. ¿Necesitas un minuto a solas o algo?
Me da un ligero empujoncito para que empiece a andar hacia la proa del destroyer.
―No, me tranquilizaré. Por supuesto, si tuviera una vista mejor que apreciar...
Su paso más lento le ha dejado un poco por detrás de mí y monta todo un espectáculo para mirarme el culo. Tras rodar los ojos -algo que parece que hago mucho cuando estoy con él- le cojo de la muñeca y tiro de él para ponerle a mi lado. Él ríe cuando le hago subir primero las escaleras de la pasarela.
Como es tradición, se detiene a tres cuartos del camino por la proa, mira hacia popa -dónde flota la bandera- y hace un firme saludo militar. Veo a numerosos militares todos los días rendir el mismo honor, pero hay algo especial en ver a un miembro de la Marina saludar a la bandera en un barco. La imagen tiene incluso más atractivo cuando dicho militar es tan atractivo como lo es Edward.
Cruzo la pasarela y me uno a él en el puesto de mando del barco. Una joven oficial de uniforme que seguramente no tendrá más de 22 o 23 años, está de pie en el podio e intenta con todas sus fuerzas mantener una postura profesional mientras admira el aspecto de mi compañía.
Edward le sonríe con tranquilidad.
―Buenas tardes. Soy el Teniente Comandante Cullen. ¿Podría decirle al Capitán que me gustaría verle si no está ocupado?
―¿Cullen? ―repite ella con algo de sorpresa―. Espere, por favor, Señor. ―Se acerca a una cabina telefónica gris que está montada en la mampara, introduce un número y habla en voz baja por el auricular un momento.
―Está de camino, ―le informa a Edward, que está inspeccionando el barco con ojo medio-admirado, medio-crítico.
Solo pasan un puñado de minutos antes de que un hombre alto con un uniforme gris y azul salga del interior del barco cruzando una puerta hermética. Tiene una figura delgada similar a la de Edward y, según se acerca a nosotros, puedo ver un mayor parecido en sus fuertes mandíbulas y los pómulos definidos.
Edward le hace un desenvuelto saludo militar al oficial senior, quien se lo devuelve con un movimiento de su muñeca cerca de su cabeza.
―Vaya sorpresa. Creí que ibas a venir mañana. Incluso había programado un día de campo en tu honor, ―dice el Capitán con tono sarcástico.
―No hace falta que hagas limpieza extra por mí.
El Capitán sacude la cabeza con tristeza.
―Pero el departamento de ingeniería estaba deseando tener tu ayuda para limpiar las cloacas.
Suelto una risita por la facilidad con la que Edward ha caído en la trampa y él sonríe de buena gana.
―Bella, este es mi divertidisimo hermano mayor, Jasper. ―Inclina la cabeza hacia mí―. Bella es la jefa del proyecto del módulo de simulación marítima que estoy probando en J7.
Jasper y yo nos damos un apretón de manos mientras Edward continúa.
―Ha habido una pequeña dificultad en el programa, así que tenemos un par de horas de tiempo muerto mientras lo solucionan. Cuando supe que Bella nunca había estado en un destroyer, imaginé que estaría bien matar dos pájaros de un tiro y traerla conmigo.
―Sin embargo, he visitado un submarino y un portaaviones, así que tengo algo de idea de qué va, ―aclaro, no queriendo parecer completamente ignorante, sobre todo teniendo en cuenta la naturaleza de mi proyecto actual.
Jasper mira su reloj y luego estira la mano hacia el podio para coger dos distintivos de visitante. Le da una roja a Edward que tiene un sello de "No Necesita Acompañante". Contrariamente, la mía es blanca y en ella se puede leer "Necesita Acompañante".
―Puedo enseñaros mi cabina y hasta la zona de los oficiales, pero tengo una reunión en 15 minutos. Edward tendrá que encargarse de ahí en adelante. ―Jasper sonríe y le da una palmada a su hermano en la espalda―. Por supuesto, ha pasado mucho tiempo para él. Si se pierde, puedes pedirle señas a cualquier miembro de la tripulación.
―Oh. Ja, ja, hoy eres todo risas, ―murmura Edward con sarcasmo―. ¿Sabes qué más es divertido? Creo que este fin de semana voy a estar enfermo y no podré cuidar a los niños para que tengas tu cita con Alice.
Sonrío por su juguetona pelea mientras les sigo a las entrañas del barco. Subimos por una escalera vertical y bajamos un pasillo hasta la cabina de dos habitaciones del Capitán. Jasper me deja mirar hasta saciar mi curiosidad y luego me presenta a algunos oficiales que están trabajando con ordenadores en sus camarotes individuales. A juzgar por las expresiones cansadas que veo, el papeleo consume tanto tiempo y da tantos dolores de cabeza a bordo como en cualquier otro lugar.
Tras una cálida despedida y una mirada significativa pobremente disimulada hacia su hermano, Jasper me deja en las "capaces manos de Edward". Mi acompañante tiene la decencia de parecer tímido.
―Vaya, hoy estoy recibiendo indirectas con doble sentido de todas partes, ―comento secamente mientras él me muestra la cámara de los oficiales.
―Lo siento. Supongo que estoy siendo un poco demasiado obvio con cuánto me gustas, ¿no? ―dice con algo de vergüenza―. Intentaré bajar el tono.
―Oh. Bueno, eh... no me importa... mucho.
―Vale... bien...
Son sonreímos incómodos y me siento como una adolescente tonta otra vez.
―Vamos, déjame enseñarte el resto del barco. ―Coge mi mano y me lleva al pasillo.
Subimos por otra escalera vertical hasta el puente de mando, dónde me siento en la silla del Capitán y miro por unos prismáticos. Edward me enseña los paneles de navegación y me muestra cómo conducir el barco cuando está en movimiento.
Me lleva de nuevo a la cubierta principal, donde doy una vuelta por el Centro de Información de Combate, la cocina y el comedor, una sala de ingeniería y una de las habitaciones con literas de la tripulación.
―Hay otro sitio que quiero enseñarte en las entrañas y luego haremos nuestra última parada en el atracadero, ―dice Edward, abriendo una brillante puerta roja que tiene un emblema de bomberos―. Esto es un armario de reparación, dónde se guarda el equipo de control de daños. Mi primer cargo en la Marina fue como Asistente de Control de Daños en un destroyer. Estaba a cargo de dirigir el control de todo el barco en caso de fuego, inundación, gases tóxicos o situaciones nucleares.
―Vaya, impresionante, ―murmuro, notando la expresión de pasión que tiene mientras examina el pequeño espacio lleno de equipo y materiales de reparación―. Parece que lo echas mucho de menos.
Se gira hacia mí y suelta un suspiro apenas audible.
―Sí, lo hago. He tenido algunas de las experiencias más increíbles de mi vida en la Marina y me encantaba estar en un barco, estar en el mar. Pero dejarlo fue lo correcto. No tenía mucho además de mi carrera y solo habría empeorado según subía de rango. No me arrepiento de un solo segundo de mi servicio, pero esa vida no era para mí.
―¿Ahora sientes que estás en el camino correcto?
―Creo que tiene el potencial de serlo. Trabajar como asesor financiero no da el mismo nivel de satisfacción laboral, pero tendré un horario más flexible. Con suerte, podré ir a los partidos de fútbol, recitales de música y fiestas de cumpleaños de mis sobrinos. No será como antes, cuando era el extraño que siempre se perdía los picnics y los viajes a la playa de la familia Cullen.
Edward se acerca más a mí y me coge la mano.
―Sin embargo, la mejor parte es que cuando conozca a una mujer hermosa e inteligente, podré pedirle que pase el día conmigo sin preocuparme sobre cancelaciones porque algún equipo se ha estropeado o han arrestado a un tripulante. Esto es importante porque, si esta increíble mujer acepta, no voy a querer que nada interrumpa el tiempo que pase con ella.
―Oh, ya veo. ―Mi voz es baja y ronca. Una sensación de dolorosa presión comienza bajo mi cintura.
Edward aprieta su agarre en mis dedos mientras su mano libre se ahueca en mi cuello y mandíbula. Siento la hebilla del cinturón de su uniforme rozar mi camisa y, tarde, me doy cuenta de que mis caderas buscan contacto mientras se mueven hacia él.
―¿Bella?
Levanto la mirada hacia los suaves labios que acaban de pronunciar mi nombre.
―¿Hmmm?
―Tengo muchas ganas de besarte. ¿Te parece bien?
Ahora mi mirada va a esos claros ojos verdes que proclaman abiertamente el deseo que siente por mí. Veo un destello de calor en ellos en cuanto escucha mi inevitable respuesta susurrada.
―Sí.
Cierro los ojos con ansiosa anticipación mientras su boca desciende sobre la mía.
¡Hola!
Bueno, sé que este capítulo os emocionará a muchas. Con calma, no olvidéis que esta historia es un drama. Tiene 37 capítulos y vamos solo por el 14, así que las cosas malas todavía están por llegar.
Pero sí, por un momento, tenéis permiso para emocionaros.
¡Se han besadoooo!
Estoy deseando leer vuestras opiniones. Nos vemos el miércoles.
-Bells :)
