Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.
BREAK STATEMENT
Capítulo quince – Descansar
―Sus dedicados esfuerzos durante estas dos semanas han sido una parte integral del éxito del Proyecto SeaStar. Aprecio la paciencia que han demostrado mientras nos deshacíamos de los defectos del programa. Su apoyo las veinticuatro horas ha asegurado que el proyecto trascurriera sin problemas, incluso al enfrentarnos a problemas imprevistos. Ha sido un placer y un honor trabajar con ustedes, y espero que nuestros caminos vuelvan a cruzarse en el futuro. De nuevo, muchas gracias. Si van a viajar, que tengan un buen viaje a casa.
Le hago un gesto con la cabeza al Sargento Palmer, el coordinador administrativo de Preparación de Reservistas, y él ocupa mi puesto al frente de la sala para continuar con el informe. Salgo con paso rápido y la cabeza en alto del Puerto 11 pero, en cuanto las pesadas puertas se cierran detrás de mí, mi cuerpo cae contra la pared. Aunque me siento muy tentada a tumbarme y dormir en medio del pasillo, me tomo unos segundos para recuperar las fuerzas y luego me arrastro hasta el lugar de trabajo de mi equipo.
Unas caras igualmente agotadas me saludan al entrar en la habitación.
―Buen trabajo, chicos. Sé que todavía hay un montón de papeleo que hacer, pero nos preocuparemos de ello mañana. Salid de aquí de una puta vez y meteos en la cama.
Se oyen algunas respuestas murmuradas mezcladas con sonidos guturales ininteligibles mientras el equipo recoge sus pertenencias y se va. Después de tres intensos días y medio pasados durmiendo en cortos tramos cuando había un hueco, todos estamos reventados.
Ofrecer un control y apoyo continuos para este proyecto multinacional habría sido agotador incluso con todo el personal presente, pero hemos tenido que realizar la tarea con dos personas menos de las esperadas. Tyler tuvo un accidente de coche durante el fin de semana y salió del hospital ayer. Además, uno de los reservistas, el Comandante Llewellyn, pilló la gripe y ha estado de baja dos días.
Aunque son las once de la mañana, sé que dejar que todos se tomen libre el resto del día es la decisión correcta. Algunos miembros del equipo llevan aquí dieciocho horas seguidas y yo estoy básicamente en muerte cerebral. Solo he ido una vez a casa desde el lunes, eligiendo en su lugar echarme siestas en salas de conferencias desiertas y ducharme en el vestuario.
En cuanto la última persona ha salido por la puerta, apoyo la cabeza sobre mis brazos. Todas las células de mi cuerpo piden a gritos mi cómoda cama, pero me agota solo pensar en salir hasta mi coche y conducir veinte minutos con el tráfico de la hora de comer. Aunque sé que si no me levanto y empiezo a moverme me quedaré dormida en mi escritorio, no soy capaz de obligarme a levantarme de la silla.
Un golpecito en la puerta me despierta sobresaltada de mi sueño superficial. Al echarle una mirada a mi reloj, me doy cuenta de que han pasado veinte minutos desde que apoyé la cabeza. Me froto los ojos y me limpio la boca antes de arrastrarme hasta la puerta.
Edward no dice ni una palabra mientras entra en la sala. Me surge una leve curiosidad cuando se cuelga mi bolso y se coloca mi bolsa de ropa sobre su brazo, pero no es hasta que me está ayudando a subir al asiento del copiloto de su coche de alquiler que a mi lento cerebro se le ocurre preguntarle qué está haciendo.
―Voy a meterte en la cama, ―contesta con firmeza.
Asiento y no pierdo tiempo en caer dormida contra la ventanilla.
Siento dolor físico cuando me levanta para salir del coche. Todo lo que veo son borrosos rayos de color mientras me lleva por el vestíbulo del hotel hasta el ascensor. Me apoyo pesadamente contra su pecho, y es tan cómodo y cálido que suelto un bajo gruñido cuando el sonido del ascensor anuncia que hemos llegado a su planta. Mis débiles quejas no cesan hasta que Edward me guía sobre el colchón tamaño king y me tapa con las mantas.
―¿No te unes a mí? ―murmuro contra sus labios cuando me da un suave beso.
El negro velo de la inconsciencia me cubre antes de que pueda oír su respuesta.
* . *
Mi primer pensamiento cuando mis ojos se abren de nuevo es que voy a llegar tarde a clase. Estoy a punto de quitarme de encima el brazo de Jake para salir de la cama cuando me doy cuenta de la verdad. El firme cuerpo que tengo al lado pertenece a Edward y yo estoy en su habitación de hotel.
Una perezosa sonrisa se extiende por mi cara mientras me acurruco más cerca de su cuerpo durmiente. Desde nuestra pseudo-cita en el restaurante griego hace una semana, Edward y yo hemos pasado juntos tanto tiempo libre como hemos tenido. Desafortunadamente, el comienzo del SeaStar el lunes significó que nuestras reuniones estaban limitadas a descansos para tomar café y besos robados al vernos pasar.
A pesar del vacilante comienzo de nuestra relación por mi parte, nunca imaginé que la primera vez que compartiésemos cama sería para dormir. Sin embargo, es una evolución sencilla que parece estar funcionando bien. Normalmente yo me lanzo de cabeza a la rutina diaria y, aunque esa forma de abordarlo me trae más éxitos, los fallos pueden ser de proporciones espectaculares -véase Jake.
Antes de quedarme atrapada pensando en un pasado desagradable, tomo aire profundamente y aparto los recuerdos de mi ex-novio. La verdad es que preferiría formar unos nuevos con el dulce hombre que está a mi lado.
Dormito un rato hasta que la naturaleza me obliga a levantarme. Tras sacar mi neceser de viaje de mi bolsa de la ropa, entro en el baño de puntillas, uso el váter y luego me lavo los dientes. Con suerte, mi boca tendrá un buen uso en el futuro cercano y quiero estar lista.
Edward todavía está como un tronco cuando vuelvo a meterme en la cama con él. Había estado tumbado de lado, pero se ha puesto boca arriba mientras yo no estaba. No estoy segura de si el cambio de posición es una bendición o una maldición. Mis dedos se curvan en un apretado puño al ver cómo las sábanas se levantan sobre la zona de su ingle. Él también ha echado muchas horas en el SeaStar y merece dormir sin interrupciones, sin importar lo mucho que mis manos deseen ponerse a explorar.
Soy capaz de mantener quieta la parte superior de mi cuerpo, pero es imposible evitar que mis muslos se muevan por la incomodidad. Cierro los ojos, pero eso no ayuda mucho; la imagen mental del tentador bulto permanece. Mi mente se llena de pensamientos de lo que quiero hacer: tocarle, saborearle, tomarle en mi interior.
Intentar concentrarme en otra cosa es inútil. En general, no hay muchas cosas tan atrayentes como Edward pero, cuando está tumbado en una cama junto a mí con una erección de tamaño considerable, mi mente solo va en una dirección. Dice mucho de mi sentido de lo apropiado que, cuando mi mano se estira hacia él, descansa sobre un firme pectoral en lugar de en su destino deseado.
Sin embargo, el constante ritmo de su corazón sí que me da un poco de calma y, al final, puedo abrir los ojos sin miedo de que mi mirada baje por su cuerpo. En su lugar, me empapo de la delicia visual que es su hermoso perfil. Hay un fuerte vigor en las angulosas líneas de su mejilla, nariz y mandíbula, pero sus largas pestañas y los labios rosas parecen muy suaves en contraste. Miro anhelante a lo que sé que es una boca con talento, y entonces me sorprende al moverse.
―Bella...
―¿Edward?
―¿Qué le dice la nariz al pañuelo?
Su voz suena rasposa y baja -adorable y sexy al mismo tiempo. Me asaltan necesidades igual de urgentes de acariciarle como a una mascota y saltar sobre él.
―Creo que te conozco, me suenas.
En su lugar gimo.
¡Hola!
Tras la respuesta al capítulo 14... os dejo esto. Puede que haya más en el 16, quien sabe...
Estoy deseando leer vuestras opiniones.
¡Hasta el viernes!
-Bells :)
