Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.


BREAK STATEMENT

Capítulo dieciséisSaturación

Manos, caderas, dientes, lengua. Está en todas partes al mismo tiempo y no es suficiente.

La ropa es una molesta barrera para el contacto que necesitamos. Piel con piel, cuerpos alineados. Eso es lo que necesitamos. Las sábanas se enredan entre sus piernas mientras se mueve sobre mí, peleándose apresuradamente con los botones de mi blusa. Mis pantalones y la ropa interior se unen rápidamente a sus bóxer y camiseta en el suelo.

Por fin, por fin, puedo tomar su dureza en mi mano, algo que he deseado hacer desde nuestro primer beso. Su cuerpo se sacude como respuesta y embiste en mi agarre mientras un siseo escapa de entre sus dientes. Nunca antes me he sentido tan poderosa y tan humilde, tan taimada y tan agradecida, todo al mismo tiempo.

Su boca está en mi cuello, mordiendo, succionando... Gime contra mi piel cuando mi pulgar extiende humedad por una suave punta redondeada. Me deleito con la sensación de su peso en mi mano, pero no es suficiente.

Edward sigue mi orden silenciosa y se tumba para darme acceso completo. Hay un ansioso desconcierto en su expresión cuando una de mis manos se mueve entre mis piernas. La comprensión se muestra en forma de un jadeo cuando mis resbaladizos dedos se curvan alrededor de su polla.

Arriba y encima, girando y tirando, mi mano se mueve a un ritmo fijo que le tiene agarrado a las sábanas. Su espalda se tensa, sus caderas se mueven siguiendo el ritmo, y yo me lamo los labios hambrienta. Con los ojos cerrados, no se da cuenta de mis intenciones hasta que se está deslizando dentro y fuera de mi boca.

―Oh joder... ―Su cuerpo se queda muy quieto―. No puedo... todavía no... ven aquí...

Estira los brazos hacia mí, pero le evado al bajar por su cuerpo, bajando la lengua por la parte interna de su erección al moverme. Su gruñido retumba por todo su cuerpo y hace otro intento de levantarme. Al final se rinde cuando mis labios acarician los pliegues de piel bajo su polla.

―Dios, eso está muy bien, ―suspira.

Me detengo un momento para sonreír ampliamente y luego sigo prestándole toda mi atención. Sus gruñidos y siseos me animan hasta que mis actos no son suficiente. Le necesito en mi boca de nuevo.

―Bella... ―Quiere su propia oportunidad de explorar.

Esta vez, le dejo tumbarme boca arriba. Edward no pierde el tiempo y se pega a mi pecho, tomando mi pezón en su boca. Una mano baja entre mis piernas, acercando dos dedos a mi clítoris, rodeándolo, rozando, acariciando, pero sin hacer contacto completamente en ningún momento. Me arqueo hacia él en vano; su mano se mueve conmigo, adaptando su toque para mantener esa frustrante ligereza continua. Me provoca y me tortura hasta que mi cuerpo se retuerce debajo de él.

―Por favor... te deseo... por favor...

No son palabras lo que digo; es necesidad y promesa, doloroso placer y endulzada desesperación.

Él cede y me cubre, uniendo nuestro deseo entre mis piernas. Sus labios están contra mi oreja, su respiración es pesada y tensa.

―¿Estás segura de que esto está bien? ―dice con voz rasposa―. Compré condones ayer, por si cambiabas de opinión...

―No, no, justo así. Quiero sentirte dentro de mí así.

―Dios, sí... joder...

Empuja lentamente, saboreando el momento, y se detiene al llenarme completamente. Pero la anticipación de más me vuelve loca y le estrecho con fuerza, impaciente e implorante.

Su gruñido llega demasiado tarde como para servir de aviso. La fuerza de la embestida con que responde me pilla con la guardia baja. Es perfecta -profunda, deliberada y dura. Puedo sentir la pasión en su ritmo implacable, haciendo que mis ya ardientes sentidos se incendien. Es como si se hubiera abierto una compuerta o una presa hubiese estallado. Todo lo que lleva en su interior, todo lo que él es, corre por nuestra conexión hasta mi cuerpo.

Le rodeo los muslos con las piernas y me agarro.

Es un hombre poseído. Su boca choca contra la mía, reclamando mis labios, retando a mi lengua. Yo le dejo entrar... le mantengo ahí... con el deseo de tomar cualquier cosa que me de y guardarlo para siempre. Está pasando algo, algo importante; y, aunque no puedo identificarlo, sé lo suficiente como para acoger con gusto su llegada.

Una y otra vez, embiste en mí hasta que siento esas primeras señales de la inminente liberación. Mis caderas se levantan y giran, embisten y bloquean, esperando encontrar el estrecho camino que lleva al fin ineludible. Me arqueo hacia arriba, empujo hacia delante, y entonces...

Ahí. Mis manos van a sus costados y le agarran, sujetándole donde está, y mostrándole dónde acariciar una y otra vez mientras chocamos. En la distancia hay una nebulosa burbuja, borrosa e indefinida, y vamos tras ella, chocando contra el otro mientras nos acercamos a toda prisa hacia nuestro final.

Nuestras bocas se quedan quietas, nuestros labios se apartan, todo queda olvidado excepto la sensación compartida en el lugar en que estamos conectados. La cabeza de Edward, humedecida por el sudor, cae sobre mi hombro, y puedo notar su respiración pesada y cálida; sus gruñidos siguen el ritmo de sus embestidas.

Está ahí, ahí delante, y avanzamos con nuestra victoria asegurada. Según nos acercamos, la meta se aclara y se revela un poco más de nuestra inminente liberación. Es desafiantemente hermoso, con sus temblorosos muros y el centro líquido, un delicado escondite de seductor caos. Mis dedos se hunden en la piel de Edward, mostrando la necesidad que siento, y le escucho. Escucho sus palabras frenéticas y desesperadas que persuaden, suplican y advierten su inminente final, pero no les presto atención. Ahora le estoy usando: él es una extensión de mi deseo. Aprieto las piernas alrededor de sus muslos y le empujo más adentro, acercándonos a esa burbuja de presión que ahora está tensa, condensada y lista para mí. Está suplicando, diciendo que no puede, pidiendo permiso, pero no le escucho. Me estiro y casi puedo tocarlo, estamos tan cerca... tan cerca... sigue... no pares... no pares... no pares...

Ahí.

Con un último movimiento, captura mi necesidad y la abre, liberando ola tras ola de caliente placer líquido que recorre mi cuerpo y amenaza con arrastrarme. Solo la sólida sensación del tembloroso cuerpo de Edward me mantiene anclada a la tierra. Su boca no ha dejado de moverse contra mi piel, pero apenas puedo oírle por encima de la corriente que tengo en los oídos.

―Oh Dios... me corro... tú... Bella... joder...

Con la mirada llena de asombro, se apoya sobre mí en sus brazos temblorosos -pero yo le necesito más cerca. Mis manos rodean su torso y le empujo hacia abajo, completamente contra mí, con tanta piel en contacto como es posible. Sus labios presionan contra mi cuello, su pelo húmedo se enreda con el mío y nuestras piernas se entrelazan.

Ahora hay silencio excepto por nuestras respiraciones jadeantes y los galopantes corazones. Nada existe aparte de nuestros resbaladizos cuerpos y la conexión que compartimos. Estamos agotados, vaciados y en paz.

Y, aun así, nunca me he sentido tan llena. No entiendo cómo o porqué, pero ahora no importa. Quiero deleitarme en este perfecto momento que es completamente suficiente.

No. Es más que eso. Más que suficiente.

Lo es todo.


¡Hola!

No tengo mucho que decir, la verdad. Prefiero que habléis vosotras. Estoy deseando leer vuestras opiniones.

¡Nos vemos el domingo!

-Bells :)