Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.
BREAK STATEMENT
Capítulo veinte – Penetración
Miro mi teléfono, suspiro y empiezo a dibujar otra figura en el patrón de ochos de la moqueta de mi sala de estar. Cada segundo que pasa viene marcado por el golpeteo de mi burlón corazón. Un resoplido se me escapa mientras un breve pensamiento pasa por mi cabeza.
Tiempo.
Solo otra fuerza que solo puede controlarse deteniéndolo para siempre. Algo que tiene que ver con una Trampa-22. En esta ocasión, sin embargo, no busco ningún tipo de huida, temporal ni permanente.
Nunca había contemplado la idea seriamente, pero en las últimas tres semanas ha habido momentos en que he sentido la necesidad de escapar de la relación y el daño potencial. Un año es mucho tiempo para quedarse estancado, y eso es lo que tendría que pasar. Edward todavía no conoce mi debilidad, no he reunido el coraje para decírselo.
He estado intentando convencerme a mí misma de que estoy haciendo lo mejor para él. Después de todo, ¿quién quiere saber justo antes de marcharse a una zona peligrosa que su novia de casi seis meses ha mantenido en secreto una parte importante de sí misma?
Pero la simple verdad es que soy egoísta y tengo miedo. Quiero disfrutar del poco tiempo que nos queda juntos. Además, no soporto la idea de no poder hablar con él durante el despliegue, lo que podría pasar si él acabase con nuestra relación. Tengo miedo por su seguridad tal cual estamos ahora y no saber si está bien sería insoportable.
El tintineo de una llave en la cerradura hace que me quede congelada en mi sitio. Edward entra lentamente en el apartamento y deja caer al suelo la bolsa que lleva al hombro. Durante un momento infinito, nos miramos fijamente desde lados opuestos de la habitación. La significancia de esta noche pesa en el aire. Mi respiración se acelera mientras las emociones que he mantenido a raya durante tres semanas amenazan con desbordarme. Unas ardientes lágrimas me nublan la vista, pero no quiero dejar de mirarle ni un instante.
Esta es nuestra última noche juntos. Mañana, él se unirá a su unidad para volar al otro lado del océano. Lejos de su país, de su familia y de su hogar. Lejos de mí. Durante un año.
Cuando finalmente pestañeo, unas gotas caen a mis mejillas. Edward inspira bruscamente y el hechizo se rompe. Él cierra el espacio entre nosotros con tres grandes zancadas y tira de mí hacia su cuerpo -sus gestos son bruscos y necesitados. Yo clavo las uñas en los fuertes hombros que se ciernen sobre mí, intentando acercarle incluso más a mí.
Hay un frenesí de manos, caderas y lenguas -cada centímetro de nosotros anhela unirse y crear un solo ser, uno que no podrá ser separado. No hay contención ni pasos atrás. Caigo contra él con todas mis fuerzas, pero Edward es más fuerte. Mi espalda choca contra una pared con un ruido seco. Ninguno de los dos le da mayor importancia.
Él coloca mi cuerpo y empieza a deslizarme por la pared hacia mi habitación. Yo me permito ser guida de espaldas, aunque no siento ningún deseo particular de moverme. Le tendría contra la pared, en el suelo, en el sofá... el lugar no tiene importancia para mí. Solo le necesito a él.
La ropa es un mal menor. Se arranca del cuerpo en un orden aleatorio cuando es necesario. Me desabrocho la blusa mientras caigo de espaldas en la cama. Mis dientes se separan de su cuello solo el tiempo suficiente para pasarle la camiseta interior sobre la cabeza. Él se quita los pantalones a patadas incluso mientras sus manos separan mis muslos.
Sin avisos ni preámbulos, entra en mí, haciendo que los dos gimamos de satisfacción. No hay una suave escalada en la intensidad -es implacable desde el principio. El poder de sus embestidas me lanza contra el cabecero.
Podría ceder fácilmente ante su mandato, permitirle seguir hasta levantarme y tirarme por el precipicio. Sería increíble... pero no lo que deseo. Agarro en un puño su despeinado pelo broncíneo, bajo su cabeza hacia el colchón y uso la distracción de su sorpresa para darnos la vuelta. Con mis dedos hundiéndose en su pecho en busca de agarre, caigo con fuerza sobre su resbaladiza polla.
Él suelta un grito ahogado, su columna se arquea tensa y su cabeza cae hacia atrás. Verle responder de esa manera a mi asalto me excita más. Ahora yo, solo yo, tengo el control, marco el ritmo, dándole placer y tomando el mío. Reduzco la velocidad de mis movimientos para retrasar lo inevitable y sonrío amargamente -ojalá tuviera tanta influencia sobre su marcha como la tengo sobre su corrida.
Edward gruñe a modo de protesta por mi ritmo lánguido. Sus manos se estiran hacia mí, pero yo las inmovilizo contra las sábanas. No estoy lista para ceder el control. Con un giro de mis caderas, froto mi clítoris contra él, respirando pesadamente mientras palpita contra su ardiente piel. Me restriego una y otra vez, con gemidos de éxtasis saliendo desde lo más profundo de mi pecho. Todo mi cuerpo se retuerce anticipando la liberación.
―Ah, no, ―gruñe Edward―. O nos corremos juntos o no lo hacemos.
Me tumba boca arriba y se levanta de la cama. Yo suelto un grito de sobresalto antes de que su boca choque contra la mía. De forma casi simultánea, su polla comienza un riguroso avance hasta nuestro final. Mis piernas se mueven por voluntad propia, rodeando sus musculosos muslos y anclándome en mi sitio.
Con cada embestida, tomo cada ola de pasión que él libera y me acerco más a la completa rendición. El aire a nuestro alrededor parece crujir por la energía, y nunca me he sentido tan fuerte y tan vulnerable al mismo tiempo. La intensidad de la emoción me sacude el alma y me siento confundida, asustada. Quiero salir corriendo, quiero acercarme más. Quiero agarrar los sentimientos y aplastarlos entre mis manos, quiero ahogar sus oscuras profundidades.
Quiero pelear, quiero rendirme.
Sus ojos se encuentran con los míos, un traslúcido verde marino con un marrón chocolate. Se me escapa un grito ahogado por el entendimiento y la resolución que veo ahí. Él sabe que me he estado conteniendo, sabe que he mantenido mi corazón protegido de cualquier exposición. Ha sido paciente, esperando a que le dejase entrar, pero ya no queda tiempo. Su intención está clara, su método es instintivo.
A pesar de su aparente perspicacia, me pregunto si conoce completamente el efecto, el poder que tiene sobre mí. ¿Se da cuenta de que su ardiente mirada penetra mi alma? ¿Sabe que no solo está embistiendo en mi cuerpo físico, que mi muro defensivo se derrumba un poco más cada vez que conectamos? ¿Que soy suya completamente y que estoy casi lista para admitirnos esta verdad a los dos?
Sin apartar la mirada de mi cara, Edward agarra mis caderas y aprieta hasta el punto en que le doy la bienvenida al dolor. Yo cubro su mano con la mía y le hago apretar aún más. Quiero la huella de su mano gravada en mi piel, quedándose conmigo aunque él no pueda. Quiero una marca visible de posesión a juego con la de mi corazón.
Su ritmo implacable no vacila mientras se endurece y crece al máximo, aumentando la dolorosa presión entre mis piernas. Estoy casi ahí, dando vueltas alrededor del alivio, pero no puedo dejarme ir -todavía no. No sin él.
Cuando su mirada se desenfoca, sé que está cerca de terminar. Me quedo sin respiración cuando se pone más alto sobre mí, moviéndose lo suficiente como para profundizar el ángulo. Puedo sentir cada centímetro de su polla mientras entra y sale. Está tan duro... mi cuerpo está tan lleno...
―Bella, ―dice con voz ronca―, quería... pero no puedo esperar... tengo que decirtelo ahora...
Está a punto de correrse, no se necesitan más palabras aparte de mi confirmación.
―Lo sé... yo también... estoy lista...
Su cara se ilumina de felicidad, incluso mientras su cuerpo se tensa como preparación.
―¿Tú también? ¿De verdad? Oh, Dios... yo...
Mi repentino jadeo corta sus palabras.
―Voy a c-correrme...
Con movimientos descontrolados, mis paredes se cierran alrededor de la polla que está enterrada dentro, apretando y pulsando, ansiosas por cada una de las gotas que van a derramarse en su superficie.
Edward tiembla fuertemente mientras los chorros escapan de su hinchada carne. Cada poderoso movimiento provoca otra oleada de placer y no puedo evitar gritar mientras se extienden por mi cuerpo. Mis sentidos están abrumados -nunca en mi vida me he corrido así.
Finalmente, las olas se calman y la consciencia regresa. Hago recuento de las consecuencias. Cada centímetro de mi cuerpo está saciado y es incapaz de moverse, excepto mi corazón que todavía está bajando el ritmo, y mi pecho que sube y baja con rapidez. Estoy cubierta de una resbaladiza capa de mi sudor mezclado con el de Edward. El mismo hombre que ha colapsado sobre mí, con su pene semi-erecto todavía sumergido en mi interior.
Su cabeza descansa en el colchón junto a la mí, y me doy cuenta de que sus labios se mueven en el aire. Su voz suena suave y reverente.
―...esperaba que te sintieras así, pero no estaba seguro. Desde que recibí la orden de movilización has estado un poco distante. Me había preguntado si debería esperar para decírtelo, a lo mejor hasta que volviese, pero no podía. Y ahora... Dios, estoy tan... feliz de que tú también lo hagas. Te quiero, Bella. Te quiero mucho...
Él sigue hablando, pero para mí el mundo se ha detenido.
¿Ha dicho que... que... me quiere?
―...hablar por teléfono, por Skype siempre que sea posible, y veré cuándo puedo conseguir un permiso. Superaremos esto y cuando vuelva...
―Tú... ¿me quieres?
Edward acerca su cabeza más a la mía, de forma que su boca quede presionada contra mi sien.
―Maldición, ¿cómo lo has adivinado? ―Suelta una risita―. Sí, te quiero.
Mi boca se abre y se cierra, pero no sale ningún sonido. Había querido que me quisiera, pero nunca me había permitido a mí misma tener esperanza de ello. Apenas puedo creerlo, y aun así es imposible dudar de la sinceridad en su voz. El brillo en sus ojos que veo cuando me aparto para mirarle...
Realmente me ama.
Por segunda vez esta noche, las lágrimas humedecen mi cara. Estiro una mano y enredo los dedos en su pelo antes de moverme para rozar sus labios con los míos. Tomo su aliento como si fuera el mío y elimino la última barrera que protegía mi corazón.
―Edward, yo también te quiero.
¡Hola!
Bueno, creo que este capítulo es un bonito regalito traído por Papá Noel en este día y antes de que llegue verdaderamente el drama.
¿Qué os ha parecido? Estoy deseando leer vuestros comentarios.
Por cierto, me habéis preguntado cuántos capítulos tiene la historia. Son 37, así que ya hemos pasado de la mitad.
La próxima actualización será el jueves.
¡Feliz Navidad a todas!
-Bells :)
