Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.


BREAK STATEMENT

Capítulo veintidósDistancia

Con dedos temblorosos, dirijo la flecha hasta el botón y hago click con el ratón.

Y me arrepiento de inmediato. Debería haberme calmado antes de enviar el cortante mensaje en que le exigía que me llamase, pero ya es demasiado tarde. Cierro el portátil de un golpe por la frustración. El sonido me recuerda a un disparo -uno provocado por el arma de un verdugo.

Mi infinito caminar de un lado a otro vuelve a comenzar.

No es muy tarde -solo las nueve de la noche- y eso significa que voy a necesitar somníferos si no quiero pasar las próximas cuatro horas preocupándome por la reacción de Edward, luchando contra la necesidad de comer, o llorando... o puede que todo al mismo tiempo. De forma casi robótica, entro en el baño y cojo dos promesas azules de alivio temporal. La somnolencia y la necesidad de una gran cantidad de cafeína por la mañana serán pequeños precios a pagar por el silencio en mi cabeza.

Sin dejar nada al azar, me pongo una gran copa de vino y le doy un buen trago antes de dejarla en mi mesilla de noche. Minutos después empiezo a notar el cosquilleo del entumecimiento en los dedos. Siempre he sido muy sensible a los efectos del alcohol, sobre todo del vino tinto.

Mi cabeza, sin embargo, todavía no ha frenado; sigue reproduciendo la llamada telefónica que he recibido de Alice. Quería saber si Edward y yo planeábamos quedarnos en casa por Año Nuevo o si estaríamos interesados en salir con ella y Jasper. Aunque me hicieron falta unos segundos antes de poder responder, estoy bastante segura de que conseguí camuflar mi sorpresa -y terror- ante la mención de Edward viniendo a casa de forma inesperada. Ella no había parecido molesta cuando no le di respuesta y le dije en su lugar que primero tendría que hablarlo con él.

No es que no quiera verle -claro que quiero. Es que no quiero que él me vea a . Ahora no. Los últimos dos meses han sido los peores de los últimos años. Los episodios de bulimia, que habían sido menos frecuentes cuando empecé a salir con Edward, ahora suceden a diario. No duermo bien, y mi estado mental alterna entre la ansiedad y la apatía. El trabajo -algo que antes disfrutaba- ya no me produce ninguna satisfacción. Se ha convertido una tarea que debo soportar.

Mi agitación interna me ha afectado emocional y físicamente. Si dejo que Edward me vea, no habrá manera de que no note los cambios. Ya ha notado el cansancio en mi voz cuando hablamos por teléfono y el tono reservado de mis correos electrónicos.

Durante las últimas cinco semanas, he conseguido evitar hacer videollamadas con él (las pocas veces que ha tenido acceso a suficiente banda ancha), poniendo excusas o citando fallos del equipo. No puedo soportar la idea de que me vea ahora, ni siquiera mi cara; ya está bastante horrible con los círculos oscuros bajo los ojos hinchados, mejillas también hinchadas y labios cortados. No hay necesidad de provocarle náuseas con los casi 7 kilos de peso que he ganado.

El tempo de mi agitada marcha aumenta mientras considero la ironía de todo. Mi bulimia viene, en parte, del miedo de pesar mucho, y aun así siempre gano peso cuando me atiborro y vomito. Si solo tuviera la fuerza de voluntad necesaria para mantenerme alejada de la comida como les pasa a las anoréxicas...

Mis uñas se hunden en las palmas de mis manos y suelto una risita de asco. Soy tan fracasada que ni siquiera puedo tener el desorden alimenticio "correcto".

Sé lo que pasará si sigo teniendo este tipo de pensamientos, así que cojo mi copa de vino para terminar el contenido en un largo trago. Gracias a Dios por la poca tolerancia y las horribles resacas o, sin duda, también sería alcohólica.

Finalmente, puedo sentir los efectos del somnífero. Me tomo un antiácido y luego vuelvo al baño para lavarme los dientes. El cepillo sigue mojado de cuando lo he usado hace dos horas. Aunque no puedo dejar de vomitar, intento minimizar los daños lo mejor que puedo.

Me estoy enjuagando la boca cuando mi teléfono me alerta de una llamada de FaceTime. Me quedo helada un momento antes de obligarme a dejar el baño. Selecciono la opción de solo audio en la aplicación.

―Hola, ―respondo, con la voz temblándome por los nervios.

―Hola. ―Parece que se acaba de levantar.

―¿Hoy has dormido hasta tarde?

Van a ser las seis de la mañana para él, que normalmente es la hora a la que llega al gimnasio.

―Sí, he decidido saltarme el entrenamiento esta mañana. No me apetecía.

―Ah.

Hay una pausa incómoda en la línea. Al final, él suspira.

―Así que, por el tono de tu último mensaje con el asunto en mayúsculas, supongo que no quieres que te sorprenda con una visita.

El dolor y el rechazo son evidentes en su voz, y siento un dolor en el corazón. Algo me insta a tranquilizarle, incluso aunque lo único que puedo ofrecer son medias-verdades.

―No es que no quiera... es solo... tengo mucho trabajo que hacer... y además, puede que esté fuera. Mi padre me ha estado dando la paliza para que vaya a verle... pero todavía no me he decidido, así que...

―No esperes mucho, ―murmura―. En esta época los vuelos suelen estar llenos. Y también son caros.

Me estremezco por mi lamentable intento y su válida respuesta. Seguramente haya notado que miento. Desesperada, pruebo con una táctica diferente, pero poco inspirada.

―De todas formas no querrías estar cerca de mí ahora mismo. Ya he mencionado el malhumor que tengo en estas fechas y este año está siendo bastante malo con todo lo del trabajo siendo un dolor en el...

―Bella, ¿todavía me quieres? ―Las palabras son apenas un susurro.

―¡S-sí! ―suelto con un jadeo, agarrándome el pecho. De todas las incertidumbres de mi vida, de todas las dudas y confusión, el amor que siento por él es una de las pocas constantes―. Por supuesto que lo hago. ¡Mucho!

―Oh. Entonces vale. ―Lo dice tan bajo... casi como si hacerlo más alto pudiera cambiar el sentimiento.

Y entonces, otra vez, miles de kilómetros de silencio nos separan. A mi mente cada vez más lenta le cuesta encontrar qué decir, qué acabará con la creciente separación. Casi desearía que se enfadase conmigo -que me regañase, gritase y exigiese respuestas. Lo que piensa y no dice no puede ser peor que lo que yo me imagino que tiene en la cabeza.

Hay muy pocas cosas que diría que son un fallo en Edward. Es considerado, amable y cariñoso. Y, aunque es inteligente y tremendamente guapo, tiene los pies en la tierra con su tonto sentido del humor y su naturaleza calmada. A veces me preguntó porqué una persona tan increíble me ha elegido a mí.

Por supuesto, es un ser humano y, por tanto, no es perfecto. Hay veces, como esta, en que es obvio que está enfadado, pero no dice nada. Los dos estamos intentando evitar el problema pero, dónde yo intento hacerlo hablando, él normalmente prefiere fingir que no está ahí.

―Así que, uh... ¿qué planes tienes para hoy? ―pregunto cuando la incomodidad por la falta de conversación se hace demasiado.

―Lo habitual, reuniones, presentaciones de PowerPoint, papeleo... Todo muy divertido.

Me obligo a soltar una risita ante su seco comentario.

―Puede que no sea como el trabajo de campo que hacías el mes pasado, pero al menos ahora estás en un lugar más seguro. Me preocupo mucho cuando estás fuera de la base.

Él hace un ruido que está a medio camino entre un resoplido y un suspiro.

―¿Qué?

―Nada, ―responde con tono de resignación antes de aclararse la garganta―. Bueno, tengo que irme. Pero quiero disculparme por lo de Año Nuevo. En realidad no había hecho ningún plan, solo lo había comentado un poco con Jas. Has parecido muy... y creí que podría ayudar que... ―Suelta aire―. Da igual, supongo que está bien que a Alice se le escapara, habría sido un asco ir hasta allí solo para descubrir que estabas en casa de tu padre o lo que sea.

―Edward, yo...

―Lo siento, tengo que irme o llegaré tarde a la reunión de la mañana. Debería estar libre esta tarde, según mi hora, si tienes oportunidad de llamar.

―Me aseguraré de tenerla. Espero que tengas un buen día. Y te quie...

Pero él ya ha colgado.


¡Hola!

Bueno, antes de nada... ¡Feliz Año Nuevo! Espero que todas hayáis tenido una buena salida y entrada de año.

Ahora, sobre el capítulo... algunas creísteis que Bella estaba emocionada por saber que Edward planeaba volver a casa por Navidad. Otras adivinasteis bien lo que realmente sucedía.

¿Qué os ha parecido el capítulo? Estoy deseando leer vuestras opiniones.

Nos vemos el jueves.

-Bells :)