Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.


BREAK STATEMENT

Capitulo veinticuatroConvicción

El sol se está desvaneciendo del cielo cuando aparco en mi espacio en mi edificio. El camino entre la Base Aérea de Langley normalmente es largo. Hoy me ha llevado el doble de tiempo debido a un accidente entre dos coches que bloqueaba un carril.

Además de la ligera tensión, la tardía hora en que llego a casa me es indiferente. No me importa si estoy mirando ciegamente a un mar de coches desde el asiento del conductor o si miro al techo sobre mi cama.

Ya nada me importa mucho.

Sigo haciendo los movimientos diarios: me ducho, me visto, voy a trabajar, realizo mis tareas, vuelvo a casa, me meto en la cama. Ahora hago mucho eso -dormir, claro. No tengo ni el interés ni la energía para hacer mucho más. De hecho, la última semana ha estado libre de atracones y vómitos simplemente porque comer me me llevaba demasiado esfuerzo.

Soltando un suspiro que se pierde bajo el ruido de la puerta de mi coche al cerrarse, me subo el maletín por el hombro y me dirijo hacia la entrada del edificio. Paso junto a otros residentes que van a sus coches, pero mi cerebro no consigue procesar la información visual que le envían mis ojos. Solo tengo una cosa en mente y pretendo que me haga dormir en diez minutos. Estos días ni siquiera necesito medicación.

―Bella.

Giro la cabeza hacia la voz -que se me hace un poco familiar- y me concentro en la delgada mujer que lleva leggings, top ajustado y zapatillas de deporte. La hermana de Edward, Rosalie McCarty, camina hacia mí con determinación. Levanto una ceja ante su atuendo y su expresión fiera. A lo mejor ha hecho el viaje de noventa minutos desde su casa solo para impartir algo de justicia en forma de castigo físico. Si es así, no la culparía.

―Tenemos que hablar, ―dice, empezando a correr ligeramente para llegar hasta mí antes de que entre en el edificio.

―Vale.

Ella se mantiene cerca de mí mientras caminamos por el pasillo hasta la puerta de mi apartamento y no me deja mucho espacio para meter la llave en la cerradura cuando llegamos a nuestro destino.

―No te preocupes, voy a dejarte entrar, ―digo.

Ella frunce el ceño y se cruza de brazos.

―Será un buen cambio, teniendo en cuenta que estás ignorando las llamadas y las visitas de todos.

Mi única respuesta es un encogimiento de hombros mientras entro en la sala de estar, dejando la puerta abierta para que ella entre detrás de mí. Dejo caer mi maletín en la mesita de café, y me quito el abrigo y lo echo sobre el respaldo de una silla. Rosalie se queda en la entrada, mirándome mientras me acomodo.

La miro expectante desde mi asiento en el sofá cuando sus ojos se posan sobre mi abdomen. Los abre como platos por el asombro.

―Joder... ¿Estás...? ¿Es de... Edward?

―No estoy embarazada, ―respondo suavemente. No es la primera vez que alguien se ha equivocado sobre la razón para mi subida de peso.

―Oh. Uh, lo siento, ―murmura.

Una vez más, yo solo me encojo de hombros. No tiene ni idea de que arrepentimiento es lo último que debería sentir. Una emoción más apropiada sería el alivio porque no vaya a pasarle mis genes defectuosos a un bebé inocente. Es otra razón por la que mi decisión de terminar mi relación con Edward ha sido la correcta. Él había mencionado su deseo de tener hijos en más de una ocasión.

Yo nunca podría darle ninguno. No soy tan cruel.

Con mi cuerpo tirado contra las almohadas del sofá, espero mientras Rosalie reúne los pensamientos que se le han escapado debido a su desliz. Es fácil saber cuándo está lista: su cara recupera su expresión dura y amenazante.

―Escucha, Bella, no tengo ni idea de lo que te pasa, ―mira a su alrededor en mi desarreglado apartamento―, pero has tratado a mi hermano como una mierda. Está muy mal por tu culpa y todos estamos preocupados. Sabes que ahora no puede permitirse ninguna distracción. Si alguna vez te ha importado, aunque solo fuera un poco, harás lo correcto y me darás algunas respuestas. Le darás a Edward algunas respuestas.

Siento una chispa de emoción en mi pecho al oír su nombre. Sin embargo, se apaga rápidamente, como un pequeño rescoldo de un fuego.

―Ya se lo he explicado a él. No veo qué más puedo hacer aparte de eso. ―Mi tono de voz derrotado va a juego con mi postura.

―¡"Lo has explicado" en un maldito correo electrónico! ―escupe enfadada―. Ni siquiera tuviste los huevos o la decencia de llamarle y decírselo en persona. ¿Qué coño? ¿No te pareció que al menos merecía eso?

―Él merece mucho más de lo que yo podré darle nunca.

Rosalie rueda los ojos.

―Oh, por el amor de Dios. Deja la mierda de mártir. No eres ninguna heroína y, ciertamente, no eres una víctima.

―Sé exactamente lo que soy, ―digo en voz baja―. Y he hecho lo que he creído que era lo mejor. Mi meta principal era romper de forma lo más indolora posible.

―¡Indolora para ti, a lo mejor! Edward, por otro lado, está jodidamente devastado. No entiende porqué las cosas han ido así y tampoco ayuda que no contestes el teléfono o sus correos. Joder, no te conozco muy bien, no cómo lo hacen mis hermanos y Alice, pero nunca habría dicho que fueras una maldita cobarde.

Su mirada es fría y penetrante; aun así, yo se la devuelvo impasible, permitiéndola asumir lo que desee. Aunque hay una pequeña e importante parte de mí que se siente aterrorizada de ser juzgada y encontrada culpable, no soy capaz de hacer que me importe.

Un momento después, Rosalie sacude la cabeza y resopla, con un abierto asco retorciendo sus perfectos rasgos.

―Debes de ser demasiado estúpida como para darte cuenta de lo que has dejado escapar. Es lo único que se me ocurre que tiene sentido. Edward tiene mucho que ofrecer, mucho bien dentro. Aun así siempre se ha contenido, nunca ha mostrado realmente interés... hasta ti. Por alguna razón, se enamoró de ti y su mayor deseo fue hacerte feliz. Ese hombre habría movido montañas solo por poner una sonrisa en tu cara.

Pero entonces ... tú le seduces y le pagas la devoción con desconsideración y un puto correo en que le deseas una buena vida. ¿Cómo has podido hacerle eso? Es tan, tan... ni siquiera puedo... ugh, ¡me pone enferma solo pensarlo! ―Su voz se ha levantado casi hasta el punto de estar gritando. Respira profundamente varias veces, intentando calmarse.

No respondo porque no hay nada que decir, nada que añadir. Rosalie abre la boca como si fuera a seguir con su castigo; entonces hace una pausa, sacude la cabeza y lo intenta de nuevo.

―Da igual, he acabado contigo. Es obvio que venir aquí ha sido un error. Creí que podría hacerte entender cuánto daño le has hecho, puede que convencerte de llamarle para que él tuviera la oportunidad de cerrar la etapa. Pero ahora veo la fría zorra que eres en realidad. No tiene sentido malgastar más aliento.

Abre la puerta principal y se dirige a mí una última vez, con una mueca de odio en los labios.

―Es un asco que Edward tenga que pasar por esto, pero al menos me escuchó en lo de esperar antes de pedirte matrimonio. Tenía el anillo de nuestra abuela y quería hacerlo en el aeropuerto justo antes de marcharse. Habría sido una pena ver una joya tan importante en tu posesión. Parece que ha esquivado una buena bala, ¿no crees?

―Una grande, ―digo de acuerdo, con un toque de sorpresa y dolor coloreando mis palabras.

Nuestras miradas se encuentran desde los extremos de la habitación y, por un momento, creo ver un destello de simpatía en sus ojos. Ella suspira y sale al pasillo.

―Ya sabes, no es demasiado tarde para hacer lo correcto y llamarle. Piénsalo, por su bien... por favor.

Me quedo inmóvil en el sofá cuando se va. Pasa una cantidad indeterminada de tiempo, y entonces tomo mi decisión.

Rosalie tiene razón. Le debo una explicación a Edward. Él merece saber que nada a sido culpa suya. Que él no ha hecho nada mal. Que soy yo la que nos ha arruinado. Merece saberlo todo.

Todo.

Por la oscuridad que se ve fuera, debe de ser tarde cuando enciendo el portátil y abro un nuevo documento de Word. Los minutos se convierten en horas mientras tecleo, mis dedos vuelan por el teclado. A veces caen sobre mis manos unas grandes gotas , pero el ritmo no baja. Ahora que he comenzado un camino, estoy determinada a no perder un solo segundo. Después de todo, odio no llegar a tiempo a una fecha final.

Incluso a una literal.

Mi mirada va al reloj y, a las tres de la madrugada, el documento de veinte hojas está acabado. Podría haber sido más largo, más detallado, pero las partes más importantes sí que están: mi depresión, el desorden alimenticio, el pasado tormentoso, el odio que siento por mí misma, el amor que siento por él... mis más profundas y sinceras disculpas por el dolor que he provocado.

No me permito a mí misma cuestionarme, repasar o vacilar mientras adjunto el documento a un correo electrónico y lo envío inmediatamente. No hay necesidad; ya no tengo dudas.

Cierro el portátil y me pongo de pie, lista para seguir adelante.

Si mi vida fuera una película, seguramente habría música lacrimógena sonando mientras miro mi apartamento por última vez. Seguramente acariciaría una foto de Edward o me lamentaría ante las fotos de mis padres. A lo mejor me arrastraría hasta el pasillo como si el destino tirase de mí de forma involuntaria.

Nada de eso sucede. En su lugar, voy a la puerta sin mirar atrás, la cierro sin molestarme en echar la llave y camino rápidamente hacia mi coche. Me llevará unos cuarenta y cinco minutos llegar a mi destino final, pero el sol todavía no habrá salido.

Eso es importante, porque no tengo ningún deseo de ver la luz de otro día.


¡Hola!

Al igual que el anterior, este capítulo me da escalofríos. Estoy deseando leer qué pensáis.

Perdonad por tardar en actualizar, estoy teniendo problemas con el wi-fi en casa y me ha costado cargar el capítulo.

La próxima actualización será el viernes.

-Bells :)