Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.


BREAK STATEMENT

Capítulo veintiochoRealidades

Sus brillantes ojos azules brillan con amabilidad, y nunca deja de saludarme con palabras de ánimo y una cálida sonrisa. Si no fuera por el apagado y fino pelo, las mejillas hundidas y la figura esquelética, pensaría que era una de los miembros del personal en lugar de una paciente.

―¿Has llegado hoy al peso? ―pregunto, colocando mi bandeja del desayuno en la mesa.

―Casi, ―contesta Jessica animada―. Solo he ganado 0,18 kilos, así que nada de teléfono o visitas para mí otra vez.

Frunzo el ceño consternada.

―¿En serio? ¿Solo te han faltado 20 gramos y aun así te castigan? No es culpa tuya, ayer te comiste todo lo que debías.

Fiel a su naturaleza, Jessica simplemente se encoje de hombros antes de tomar una cucharada de sus cereales.

―Así es la vida. Yo no pongo las reglas. Aparentemente, solo las rompo.

―Con todas las que hay aquí, es imposible no hacerlo, ―me quejo―. No soy una rebelde ni nada, pero algunas no tienen ningún sentido para mí. ¿Por qué no podemos echarle mostaza a las patatas o mojar los rollos en salsa de carne? Mientras todo el bocadillo acabe en el estómago, ¿qué importa si alguien quiere comer el pan separado de la carne?

Las dos conocemos la posición de la clínica sobre "normalizar" el comportamiento alimenticio, así que me deja desahogarme sin interrupciones.

―Al menos las opciones de comidas no están mal, ―concedo finalmente―. Tuve suerte de que tuvieran brownies de postre anoche. No estoy segura de haber podido coger y volver a tragarme algo como la gelatina.

―Oh Dios mío, ¡no puedo creer que hicieras eso! ―dice la chica de 19 años entre risitas―. Aunque me dio mucho asco, tengo que darte el crédito. Estabas completamente empeñada en mantenerlo todo dentro aunque llevara más de un intento.

―Voy a usar el ordenador y el teléfono esta noche, no importa lo que haga falta. ―Mi voz está llena de determinación. No puedo pasar otro día sin ver si Edward ha respondido.

Desde la comida de hace tres días he vomitado de forma involuntaria dos veces más. Como consecuencia, no he tenido acceso a ninguna forma de comunicación. Los aparatos electrónicos están fuera de los límites hasta que consiga hacer tres comidas consecutivas sin vomitar nada de ellas.

Estuve cerca ayer por la noche cuando mi estómago empezó a contraerse a mitad del postre. Dos pequeños trozos marrones cayeron sobre mi plato como resultado y, sin pararme a pensarlo, volví a metérmelos en la boca y bebí un poco de leche antes de que nadie del personal se diese cuenta.

―Definitivamente mereces tener tu teléfono después de ese acto épico, ―dice Jessica de acuerdo―. Espero que tengas un correo o dos de Edward. ¡A lo mejor hasta puedes hablar con él esta noche!

Consigo formar una temblorosa sonrisa que no hace mucho por camuflar la preocupación que siento.

―Estoy nerviosa porque haya escrito o llamado y ahora se esté preguntando porqué no he contestado.

―Parece que es un chico inteligente. Estoy segura de que entenderá que hay una buena razón para ello. ―Su miraba baja a mi boca e inclina la cabeza―. Oye, lo estás volviendo a hacer.

―Maldición. ―Suspiro, apartándome la mano izquierda de la cara y deslizándomela bajo el muslo―. Gracias.

He empezado a morderme las uñas por la ansiedad y las cutículas comienzan a abrirse y sangrar. Si no es un mal hábito, es otro; aunque supongo que podría ser mucho peor. Al menos este no parece que vaya a matarme.

Jessica suelta su cuchara y me mira con timidez.

―Um, ¿Bella? Me preguntaba si tal vez... ¿podrías hacerme un favor esta noche?

Miro a la joven, que está moviendo de forma ausente el recipiente de su yogur por su bandeja. Parece nerviosa, lo que es algo que no he visto en ella antes.

―Sí, por supuesto. ¿Qué pasa?

―Mi madre va a venir esta noche. Viene cada lunes y jueves, sin importar si estoy bajo restricción o no. Supongo que quiere sentirse cerca de mí o algo así. ¿Podrías... tal vez... pasar unos minutos con ella... solo para que tenga algo de compañía?

Hay tal tristeza en sus ojos que me entran ganas de levantarme y darle un abrazo, pero sé que tal acto haría que el personal viniese corriendo: los pacientes no pueden tocarse entre ellos sin autorización.

―Claro, Jess. ―Le pongo a mi tono tanta sinceridad como puedo―. Me encantaría. ¿Cómo se llama?

Mientras nos terminamos el desayuno, Jessica me lo cuenta todo sobre su madre, Sandra. Es una historia agridulce que describe a una madre soltera que siempre ha intentado hacerlo lo mejor que ha podido, pero se siente inútil ante la enfermedad de su hija. Ella desearía poder visitar más a menudo, pero ahora tiene dos trabajos para permitirse el copago. Los ojos de Jessica se humedecen cuando describe cómo odia ser la razón de las largas horas de trabajo de su madre.

Una mirada de ánimo es lo más que puedo darle con el personal vigilando que no se infrinjan las reglas. Para mí es una posición rara. En mi campo tengo reconocimiento nacional y un gran éxito, además del respeto de los miembros más veteranos del ejército. Aun así, en este centro, no tengo permitido mezclar dos tipos diferentes de cereal en el mismo bol. Me siento como si debiera asumir el papel de mentora de Jessica, teniendo en cuenta que tengo más edad y experiencia en la vida, pero me siento flotar en lo que respecta a estos desórdenes tanto como ella -si no más.

Consigo disimular un apretón en su mano cuando dejamos el comedor para empezar las sesiones de terapia diarias. En mi horario están Terapia Cognitiva del Comportamiento, Auto-Estima, Terapia Artística y grupos de Terapia del Movimiento. También hay una cita individual con el Dr. Carson, un psiquiatra que me puso en una combinación de Wellbutrin y Effexor hace dos días. Quiere asegurarse de que no estoy teniendo efectos secundarios provocados por los antidepresivos, lo que de momento no parezco sufrir. Aunque él me recuerda que determinar si la medicación ayuda y si hay que hacer algún tipo de cambio en cuanto a la cantidad o el tipo puede llevar varias semanas.

Aunque es un día ocupado, parece pasar lentamente. Por consideración con Jessica, intento contener mi entusiasmo durante la comida, pero ella me adelanta al celebrar otra comida completada con éxito. Estoy casi vibrando por la anticipación. Jessica ríe mientras se sienta frente a su bandeja.

―He decidido que mi favor ha sido pedir demasiado en un momento como este, ―declara con una sonrisa.

―¿A qué te refieres?

―Solo digo que es cruel y poco habitual hacerte pasar el rato con una extraña cuando estás a una cuenta atrás de despegar como un cohete.

Me estremezco por su desafortunadamente exacta observación sobre mi estado actual. Es un poco vergonzoso que esté actuando de forma menos madura que mi amiga adolescente.

―No, está bien. De hecho, tengo ganas de conocer a Sandra. Lo estoy deseando.

―Sí, estoy segura de que está arriba del todo en la lista junto a una llamada de teléfono de él.

La expresión dubitativa de su cara me hace reír.

―En serio, Jess, tu madre parece una persona increíble y me encantaría saludarla.

Cuando la cena por fin termina, busco a mi persona de contacto -un miembro del personal que me asignan diariamente por si quiero hablar o tengo un problema que necesita atención. Sin embargo, la enfermera en cuestión está teniendo una seria discusión con una joven llorosa, así que mi petición debe esperar.

Me debato entre si debería ver si hay algún ordenador disponible para mirar mi correo, pero una mirada al reloj me hace darme cuenta de que las horas de visita van a empezar pronto. Preferiría posponerlo hasta después de ver a Sandra para no tener que dejar sin leer cualquier mensaje que Edward pueda haber enviado.

En la zona de día hay un zumbido de voces bajas cuando entro. Las noches las tenemos libres y podemos elegir actividades tranquilas siempre que no estemos bajo restricción. Hay gente viendo la televisión, algunos leen o utilizan aparatos electrónicos, otros hablan en pequeños grupos.

No hay nadie de pie; la mayoría de los pacientes están por debajo de su peso -algunos de forma peligrosa- y, debido a esto, se nos pide que nos sentemos durante al menos 50 minutos cada hora, excepto durante nuestra clase de Terapia del Movimiento. De todas las reglas, esta es la que menos me gusta. Caminar de un lado a otro me calma la ansiedad hasta cierto punto y no poder hacerlo me provoca incluso más frustración. Anoche me dieron Ativan, una benzodiacepina, para aliviar mi alta tensión. La medicación me dejó tan atontada que caí en la cama a las 8:30.

Sin tal ayuda ahora, es difícil sentarme y esperar a que Sandra llegue. Veo un periódico diario en la mesa que tengo al lado y empiezo a pasar las páginas de forma ausente. Solo han pasado unos días desde mi ingreso, pero el mundo fuera de estas paredes ya parece una realidad diferente, como el recuerdo de un sueño.

Llego a la mitad de la primera sección del periódico y entonces todo se detiene.

El artículo solo tiene unas pocas líneas, como si la historia fuera algo de relleno. El titular está impreso en una letra de pequeño tamaño y no hay foto que lo acompañe. Da igual: mis ojos van inmediatamente al texto como si estuviera iluminado con luz de neón.

El Clima Adverso en Afganistán Deja Cientos de Muertos y Desaparecidos, Incluyendo 5 Militares de los Estados Unidos Desaparecidos

Aproximadamente 200 ciudadanos afganos han muerto y más de 500 se han declarado desaparecidos después de que una fuerte nevada, avalanchas e inundaciones azotasen la Región Central el 18 de enero. Las tropas afganas, militares de los Estados Unidos y organizaciones humanitarias de la ONU llevan varios días en la zona para prestar ayuda a los distritos afectados. Cinco militares de los Estados Unidos están desaparecidos después de que una avalancha enterrase un convoy que transportaba suministros de ayuda. No se han dado nombres, pero los informes indican que son miembros del Ejército y la Reserva de la Marina de los Estados Unidos.

Durante un momento infinito, me quedo helada en mi asiento, incapaz de moverme o respirar siquiera. Las palabras en la página se emborronan y mezclan, y me pregunto si el periódico es en realidad un engaño de mi mente que contiene historias ficticias sobre un mundo imaginario -uno que no existe. No puede existir, porque me niego a pensar en una realidad en la que Edward sufre algún daño.

Si eso sucediera, no estoy segura de si podría soportarlo. No ahora. Oh Dios, ahora no.

Empiezo a hiperventilar.


¡Hola!

Seguro que vosotras también estáis hiperventilando, ¿verdad?

Bueno, pues respirad hondo y calmaos. Esta historia tiene final feliz y yo estoy deseando leer vuestros comentarios.

¡Nos vemos el domingo!

-Bells :)