Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.
BREAK STATEMENT
Capítulo treinta y uno – Amor y apoyo
―¿Qué hace el hombre en la luna cuando le crece demasiado el pelo?
Silencio.
―¡Eclipsarlo!
Gimo.
―Vale, vale. Déjame pensar. ¿A lo mejor algo un poco más picante? A ver, ¿cómo se llama a un toro que se masturba?
―Hmmm... ¿rabo de toro?
―Oh, la participante ha estado cerca. La respuesta que buscamos es "carne stroganoff*". Pero gracias por jugar.
Aunque Edward está intentando mantener una expresión seria, puedo ver cómo las comisuras de sus labios se retuercen hacia arriba. Es la ruptura en su postura estoica que he estado esperando, así que aprovecho la oportunidad.
―Oye, no te rías. Es algo completamente natural. Todos los bovinos macho lo hacen. ―Me pongo a cuatro patas, hago puños con las manos como imitación de pezuñas, y empiezo a acariciar mi pene de toro imaginario―. ¡Muu, muu, MUUUUU!
Es suficiente para mandarle al punto de no retorno.
―¡Oh Dios mío, Bella, para! ―suelta entre jadeos y risas pobremente contenidas―. Alguien va a venir a vernos.
Miro sobre mi hombro y veo a un pequeño grupo de gente al otro lado de la habitación. Nos están dando la espalda y parecen estar metidos en una conversación.
―Eh, están a lo suyo. ¿Y qué más da si miran? ¡No cambia el hecho de que te he hecho reír primero! ―Me pongo de pie de un salto y sacudo mis manos unidas en el aire―. ¡La victoria es mía!
―Ugh, está bien, ―concede Edward con un resoplido, aunque todavía está riendo―. Tú ganas... esta vez.
―Aw, cariño, no te preocupes porque sea más graciosa que tú. Te prometo que no se me va a subir a la cabeza. ―Mis manos-pezuñas reaparecen para hacer unos cuantos gestos más de caricias.
―¡Señor, he creado un monstruo!
Compartimos otra risa mientras muevo mi asiento para que esté perpendicular al suyo. Bajo sobre la silla y me siento con las piernas sobre su regazo. No es una posición ideal para la intimidad y la comodidad, pero es una de las mejores que hemos probado. Obviamente, la sala de visitas no se diseñó con los arrumacos en mente.
Edward me aprieta el muslo y me regala una sonrisa llena de adoración. La absorbo, deleitándome en la calidez que radia desde mi pecho. Él lleva su amor por mí como un plumaje de brillantes colores, mostrándoselo orgulloso al mundo. La imagen me quita el aliento.
Sin embargo, también hay un rastro de melancolía en las profundidades de sus ojos -una opresiva desolación que ha amenazado nuestra feliz reunión según nuestro tiempo juntos se va agotando. Cuando la curva de su boca se convierte en una recta, sé que está pensando en nuestra inminente despedida.
―Oye, no te preocupes. Todo va a estar bien. Yo voy a estar bien. ―Estiro un brazo para acariciar la suave piel de su nuca―. Ya sabes todo sobre el programa disminutivo* que tienen aquí. Tendré apoyo de sobra. No me echarán por la puerta la semana que viene para que me encargue de esto yo sola.
Él suspira.
―Lo sé. Es solo que odio el hecho de no poder estar aquí para ti. En persona.
Yo solo asiento como respuesta: hemos tenido esta conversación muchas veces en los últimos días. Edward vuelve a Afganistán mañana por la mañana y su unidad no tiene previsto volver hasta julio, para lo que faltan más de cinco meses. Él espera que la segunda mitad de su despliegue sea similar a la primera, con tareas impredecibles y periodos de comunicación limitada o nula.
Mi futuro está, en cierto sentido, más establecido. En menos de una semana me darán el alta del ingreso y pasaré al Programa de Hospitalización Parcial. El tratamiento va de las 7:30 de la mañana a las 7 de la tarde, todos los días. Cuando se me considere lista, me "graduaré" para pasar al Tratamiento Intensivo de Pacientes Externos (cuatro horas al día, cuatro días a la semana). Después de eso, volveré a casa, pero continuaré la terapia con médicos locales como paciente externa según sea conveniente.
El lapso de tiempo exacto depende de mi progreso, pero estoy completamente comprometida con mi tratamiento y no voy a acortarlo, incluso aunque viviré de semana a semana, sola y en una ciudad desconocida. Ya tengo una habitación reservada en un hotel de larga estancia cercano. La madre de Jessica, Sandra, se ha convertido en algo parecido a una amiga desde que Edward y yo la conocimos el jueves pasado cuando vino de visita. Me dio su número de teléfono y se ofreció a responder cualquier pregunta que pudiera tener sobre la zona.
A Edward, sin embargo, no le parece suficiente.
―Recuerda, si necesitas algo, mi madre estará más que feliz de venir a ayudarte de la forma que pueda, ―insiste―. No dudes en llamarla, ¿vale?
―Vale, ―digo con una suave risita, un poco asombrada por su obvia preocupación. Como he hecho cada día que hemos pasado juntos esta última semana, me regaño por dudar de él y su amor por mí.
―Eres verdaderamente increíble. Lo sabes, ¿verdad? ―Paso la mano sobre la barba que cubre su mandíbula y la subo por un lado de su cara.
―Y tú también, ―contesta, con la voz cargada de emoción―. Tú también eres valiente y fuerte, y admiro la determinación que tienes para afrontar esto. Solo no olvides que yo estoy contigo también. Siempre. Sin importar nada. ―Me aparta los pies de su regazo y luego me levanta para que esté a horcajadas sobre sus muslos―. Te quiero mucho, Bella.
―Yo también te quiero.
Nuestros labios se unen brevemente en un suave y dulce beso -una ingenua reafirmación de nuestra compartida devoción. Ahora más que nunca, valoro un regalo tan precioso como este. Se me ha dado una segunda oportunidad para tener algo que una vez perdí por mi sola culpa. Nunca más daré por hecho ninguna expresión de su amor.
Pero, al mismo tiempo, no puedo negar mi dicha porque esas expresiones sean un poco más...calientes.
Durante el tiempo que hemos pasado juntos los últimos siete días, ha habido una innegable tensión sexual entre nosotros. Incluso la sugerencia de algo que no sean roces y besos castos enciende nuestro deseo, y nos encontramos luchando por contenernos y no romper las normas de decoro de la sala de visitas.
Y, a veces, incluso los gestos inocentes nos meten en problemas.
Le doy a Edward un suave beso en la mejilla y me muevo para rodearle el torso con los brazos. Cuando me inclino hacia delante en su regazo, oigo un casi inaudible -pero completamente inconfundible- gruñido de incomodidad provocada por la excitación. Él mueve su cuerpo y echa las caderas hacia atrás, pero le es imposible esconder la dureza que siento crecer debajo de mí.
En un instante, cada una de mis terminaciones nerviosas cobra vida, vibrando con ansiosa sensibilidad. Gimo contra su hombro, haciendo todo lo que puedo por no balancearme contra él como quiero hacer desesperadamente.
Él se tensa debajo de mí, con sus dedos apretándose alrededor de mis muslos y su respiración haciéndose más pesada. La tirantez de sus músculos, la presión de sus manos, el caliente soplido contra mi oreja -todo ello choca contra mis sentidos y destroza cualquier intención de resistencia. Me consume el anhelo e, incapaz de detenerme, hago círculos con la pelvis sobre el bulto que tira hacia arriba entre mis piernas. La consecuente fricción es tan deliciosa..., pero me quedo más vacía que nunca.
―Joder, ―sisea Edward, con un escalofrío recorriendo su rígido cuerpo. Sus manos van a ahuecarse en mi trasero y luego me acerca más, arrastrándome por la longitud de su erección cubierta, y luego atrás y adelante otra vez con otra lenta caricia. Y otra―. Dios, te deseo tanto.
Mis ojos se cierran fuertemente, mi pulso late acelerado. La excitación se desprende de mi cuerpo. El hambre desesperado es casi demasiado para soportarlo. Si solo pudiera arrancar las barreras de ropa que nos separan y tomarle en mi interior, justo aquí en esta silla, sin importar quién pueda estar en la habitación mirando... Ha pasado tanto tiempo...
Pero, por mucho que le deseo, por mucho que quiero volver a sentir esa profunda conexión física y emocional entre nosotros, sé que no hay forma de que suceda.
No aquí. No ahora.
Y por tanto, invocando toda mi fuerza de voluntad, estiro los brazos hacia atrás para tomar sus manos y deshacer su urgente agarre. Él se resiste a mi ligero tirón, no queriendo soltarme.
―Edward, tenemos que parar...
Un momento más de impulsivo desafío ante la realidad y luego su cuerpo se relaja.
―Lo sé, ―susurra derrotado. Suelta un fuerte suspiro y su cara cae hacia su pecho―. Lo siento. Ha sido algo muy estúpido de mi parte.
Sacudo la cabeza.
―No, yo lo he empezado. ―Bajo la cabeza para dejar un beso en la comisura de sus labios―. No he podido evitarlo. Eres demasiado sexy para tu propio bien.
Él levanta la cabeza y me sonríe satisfecho.
―Lo mismo digo, preciosa.
Quiero negar sus palabras -un acto reflejo-, pero la terapia está dedicando una atención considerable a subirme la auto-estima. Aunque todavía no soy capaz de aceptar su cumplido como un mérito objetivo, al menos puedo reprimir mis objeciones inmediatas y, en su lugar, sonrío. No es un gran logro en mi tratamiento, pero me siento agradecida por el pequeño progreso.
Por el rabillo del ojo, veo que la puerta que da a la sala de espera se abre y dos personas salen de la habitación, despidiéndose con gestos de la mano y besos al aire del amigo o familiar al que dejan. Una mirada al reloj de pared revela que solo quedan cinco minutos de horas de visita.
Solo cinco minutos para tener que despedirme del hombre al que amo. Cinco minutos y luego no le veré hasta dentro de cinco meses. Ni siquiera intento esconder la angustia de mi expresión.
Cuando Edward me acerca a él esta vez, no hay rastro del acaloramiento que hemos compartido antes.
―Oye, todo va a ir bien, ―murmura―. Superaremos esto.
Entierro la cara en su cuello y me ahogo con los sollozos que amenazan con desgarrarme la garganta. Quiero apoyar su fe en mí, quiero ser fuerte y valiente, pero nuestro tiempo separados se me antoja una tormentosa noche infinita de soledad. El infalible apoyo de Edward ha profundizado mi habilidad para amar y ser amada, pero me preocupa que ahora vaya a ser incluso más difícil seguir luchando sin él cerca.
―No olvides a mi madre, ―dice Edward como si me leyera el pensamiento―. Si necesitas algo, incluso aunque solo sea algo de compañía durante algunos días, hazle una llamada. Alice y Jasper también quieren hacer tanto como puedan. ―Entonces se estremece ligeramente―. Siento que Rose todavía esté siendo tan mala. No entiende que no podías...
―No hace falta que te disculpes por ella. ―Me echo hacia atrás para mirarle a los ojos―. Te quiere y no quiere que te hagan daño. No puedo culparla por eso.
―Sí, pero...
―Edward... solo nos quedan unos minutos... ―La voz se me quiebra por la emoción. No quiero hablar de algo tan trivial como el desdén de Rosalie.
―Tienes razón, ―suspira y vuelve a atraerme a su pecho. Sus brazos me abrazan fuertemente―. Dios, voy a echarte mucho de menos.
Nos colgamos el uno del otro en esos últimos momentos antes de su partida, intercambiando silenciosas promesas de amor, devoción y apoyo. Cuando finalmente él se aparta y se obliga a ir hacia la puerta, yo cuadro los hombros y contengo las lágrimas. Aunque me duele verle marchar, aunque extraño desesperadamente el cálido consuelo de sus brazos mientras no está, estoy empezando a sentirme optimista sobre nuestro futuro... sobre mi futuro.
Me doy cuenta de que mi camino va a estar lleno de retos tanto para mí, como para nosotros como pareja. Sin embargo, no hay duda en mi mente de que finalmente estoy en el camino correcto. Puede que el viaje sea difícil, pero lleva a una vida mejor.
Y Edward estará ahí para mí, conmigo, durante todo el camino.
*Entre los ingredientes de la carne stroganoff está una crema.
*No tenía muy claro cómo traducirlo. Se trata de un programa en el que cada vez le van dando más libertad hasta llegar al momento en que viva fuera del centro y acuda periódicamente a terapia antes de darle el alta.
¡Hola!
Perdonad el retraso. He estado fuera el fin de semana y no había tenido planeado irme el viernes, pero me fui, y ayer volví demasiado tarde a casa.
Bueeeeeeno, se vuelven a separar, pero las cartas ya están sobre la mesa. Solo quedan seis capítulos más.
¿Qué os ha parecido el capítulo? Estoy deseando leer vuestras opiniones.
¡Nos vemos el miércoles!
-Bells :)
