Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.
BREAK STATEMENT
Capítulo treinta y tres – Siguiendo adelante
―He terminado mis deberes, ―canturrea Anna, de ocho años, mientras se acerca a saltitos hacia mí.
―Vale, déjame terminar de cortar el pepino y luego le echaré un vistazo, ―digo.
Es un jueves por la tarde de mediados de mayo y estoy en la casa de Alice, cuidando de sus dos hijos hasta que ella o Jasper lleguen a casa. Alice es profesora de teatro en un instituto y a menudo se queda después del horario escolar para hacer ensayos del musical que la escuela está preparando. El horario de Jasper es impredecible: su día puede alargarse de repente si surgen asuntos importantes en el barco.
Mi posición como cuidadora empezó como un favor a Alice. Me llamó hace un mes desesperada, diciendo que Anna estaba enferma y había que recogerla en la escuela. En ese momento Jasper había estado fuera en el mar y la niñera de emergencia de Alice no contestaba al teléfono. Aparte de una cita fácilmente aplazable con una máquina elíptica, no tenía nada más que hacer, así que fui a buscar una llave de la casa de Alice y llevé a su hija a casa. Me ofrecí a cuidar a la niña enferma también al día siguiente para que Alice no se perdiese una reunión importante en el instituto.
Isaac, el hermano de seis años de Anna, no quería ir solo otra vez al programa de cuidado extraescolar, así que ese día volvió en el bus a casa. Para entonces, Anna se estaba sintiendo mucho mejor, y todos lo pasamos bien jugando a Candy Land y haciendo formas con gelatina hasta que llegó Alice. Los niños me suplicaron que les cuidase después de clase al día siguiente y no fui capaz de decirles que no ante su entusiasmo. Antes de que me diera cuenta, les estaba cuidando de forma regular.
Los dos niños son ridículamente fáciles de cuidar y es bueno para mí volver a tener una ocupación diaria. Un buen número de compañías prestigiosas me han estado llamando y ofreciéndome puestos de Jefa de Proyectos o Consultora Senior, pero he decidido posponer el proceso de búsqueda de empleo hasta que Edward regrese. No tengo presión por volver a trabajar ya mismo y quiero concentrarme en nuestra relación sin el estrés inherente a empezar en un trabajo nuevo.
La parte mala de esa decisión, sin embargo, fue que mis días habían quedado enormemente desestructurados. Me había mantenido bastante ocupada, pero era más sencillo caer presa de mis pensamientos negativos y el aislamiento al no tener compromisos externos. Ahora, ir a casa de Alice cada día asegura que voy a salir de la cama, ponerme presentable y relacionarme con otra gente.
Al final tendré que encontrar un trabajo a tiempo completo, pero no es algo con lo que vaya a tener que preocuparme pronto. Llevo un estilo de vida bastante simple y, con mi coche pagado hace tiempo, tengo suficiente para pagar el alquiler y vivir cómodamente durante un año por lo menos.
Se lo he explicado a Alice, pero ella no deja de insistir en pagarme, incluso aunque yo sigo intentando negarme.
―No es más de la tasa que pagaba por el programa de cuidado extraescolar y a los niños nunca les gustó, ―discute―. ¡Prefieren venir a casa y estar con su increíble tía Bella!
Al principio, el título de tía me pareció un poco intimidante, pero ahora me encanta oírlo. Aunque los niños siempre me han parecido un misterio, no parezco tener problema para relacionarme con los de Alice. Son muy cariñosos y dulces, y me gusta pasar tiempo con ellos.
Anna está mirando sobre mi hombro mientras reviso sus deberes de matemáticas. Isaac está sentado delante de la mesita de café, construyendo algún tipo de vehículo con Legos.
―¿Saludaste al tío Edward de mi parte anoche? ―pregunta ella cuando termino.
―Lo hice. Dijo que te quiere y te echa de menos. Oh, ¡y adivina qué! Hay una buena posibilidad de que venga a casa al mes que viene.
―¿En serio? ―Sus ojos se iluminan de felicidad―. ¿Volverá a tiempo para mi fiesta?
―Puede. Eso espero.
Su cumpleaños es el 1 de julio y, si todo va bien, la unidad de Edward volverá a finales de junio. Conociendo al ejército como lo hago, no me haré demasiadas ilusiones hasta que su avión esté en el aire y en dirección oeste, pero no puedo evitar el tono de esperanzado entusiasmo.
Han pasado más de tres largos meses desde que volvió a Afganistán -dos de los cuales habían pasado después de que yo dejara el Centro. Edward y yo hablamos por FaceTime con regularidad y, aunque no estamos juntos físicamente, nuestra relación nunca ha sido más fuerte. Es muy liberador saber que no tengo secretos que guardar ni razones para estar nerviosa porque se descubran.
En su mayor parte, esta apertura se extiende en mi vida más allá de Edward. Estoy haciendo progresos con mi nueva psiquiatra, la Dra. Marion Weaver, quien me gusta bastante. También voy semanalmente a un grupo de terapia de desordenes alimenticios. Esme sigue siendo una gran fuente de apoyo y, además, me ha introducido en un nuevo hobby: la jardinería. Al menos dos veces a la semana, hago el viaje de 40 minutos en coche hasta su casa y tenemos maravillosas conversaciones mientras regamos, arrancamos malas hierbas y podamos.
Estoy pensando en lo bien que van nuestras tomateras cuando un bajo zumbido hace que Isaac se ponga en pie de un salto.
―¡Mamá ha llegado!
Él abre la puerta lateral que da al garaje para ver a Alice entrar. Anna se une a su hermano y los dos saludan felices con la mano mientras el monovolumen se detiene. Alice todavía no ha salido del todo del vehículo antes de que los niños empiecen a hablar por encima del otro sobre su día en la escuela.
―Vale, vale, niños, ―dice ella riendo―. Uno cada vez. Pequeño tío, hoy es tu turno para hablar primero.
Preparo una lechuga para hacer ensalada mientras Alice escucha las historias del patio de la escuela elemental. Se une a mí en la cocina cuando los niños se distraen con un par de espadas de goma espuma y empiezan un duelo.
―¿Cómo ha ido tu día, cariño? ―pregunto con una sonrisita satisfecha, cubriendo el recipiente de la lechuga con una tapa de plástico.
―Ha estado bien, pastelito, ―dice riendo―. La banda es mucho mejor que el año pasado y nuestro primer ensayo con ellos ha ido muy bien. ―Alice coge los paquetes de filetes que hay en la nevera―. ¿Qué hay de ti? ¿Han dado problemas los niños?
―Para nada. Anna ha terminado sus deberes y he leído unos cuantos libros con Isaac. Veamos, mi clase de guitarra de esta mañana ha sido genial y en el gimnasio me ha vuelto a entrar el mismo idiota.
―¿El moreno despistado? Kevin, ¿no?
―Sí, ―digo, riendo―. La verdad es que no sé qué parte de "no estoy interesada" no puede entender.
―Lleva a Edward contigo cuando vuelva. Lo creas o no, ese tío puede dar mucho miedo cuando es necesario. ―Me sonríe ampliamente, con una nota de travesura en sus labios―. O puedo dejarte prestado a Jasper durante unas horas. Es tan caliente e intimidante cuando está en "modo de mando"...
Resoplo divertida mientras ruedo los ojos.
―Aunque aprecio la oferta de compartir a tu marido, creo que puedo arreglármelas sola.
Alice me sonríe con complicidad.
Para ser honesta, aunque ciertamente no le animo, mi autoestima mejora con la atención, por superficial que parezca. No puedo negar que aprecio cómo mi diligente régimen de ejercicio está provocando que me deshaga del exceso de peso. Es un buen beneficio colateral de mi verdadera meta: incorporar el ejercicio en un estilo de vida saludable. Estar más en forma me da la importante sensación de realización que ansío, mayor confianza y el orgullo por las cosas buenas que mi cuerpo puede hacer.
En general, estoy contenta con mi progreso. El Efexor y el Wellbutrin parecen ser efectivos en lo de estabilizar mi humor y suprimir el deseo de atiborrarme, aunque tengo que tener cuidado de tomármelos cada día alrededor de la misma hora. Si me paso de forma notable de la hora o me olvido un día, puedo notar la diferencia.
A pesar de sus propiedades que te cambian la vida, sin embargo, la medicación no es una cura para todo. Todavía hay muchos días en los que seguir luchando contra el desorden es todo un reto. El período anterior a la menstruación es especialmente difícil. Ni siquiera la medicación puede combatir completamente los efectos de las hormonas y otros cambios químicos asociados al Síndrome Premenstrual. Ahí es cuando pasan la mayor parte de mis deslices. Intento tomar medidas preventivas para que mis pensamientos no dejen de ser positivos, como hablar por teléfono o ver comedias, pero a veces la depresión aparece tan lentamente que no noto su presencia hasta que me está ahogando.
Hay momentos, algunos más largos que otros, en que siento que nada ha cambiado -como si los meses de terapia y los esfuerzos por actualizarme hubieran sido una pérdida de tiempo. Pero, al final, recuerdo que hay una diferencia entre ahora y entonces. Ahora tengo el apoyo completo de una maravillosa familia que me anima sin críticas ni juicios.
Excepto por Rosalie, claro.
No nos hemos visto desde que volví a casa -no desde que se enfrentó a mí en mi apartamento. Edward se enfureció con ella cuando unió las piezas de los eventos de aquella noche. Le echa la culpa a ella de una buena parte de mi estado mental cuando subí hasta el elevador de grano. He insistido repetidamente en que no fue culpa suya, pero él sigue resentido con ella. Tampoco ayuda que ella no esconda la desaprobación que siente hacia nuestra relación.
Aunque no quiero dejar que su opinión me afecte, odio el hecho de que sea una causa de tensión en la familia de Edward. Esa es la razón por la que evito cualquier reunión a la que ella vaya a acudir, incluyendo la inminente barbacoa del Día de los Caídos que tendrá lugar en casa de Esme. A Alice no le gusta mi decisión de no ir.
―Deberías estar allí, ahora también eres parte de la familia, ―dice mientras ponemos la mesa―. Dime cómo puedo hacerte cambiar de opinión.
Sacudo la cabeza.
―No va a pasar. Ya he provocado suficientes problemas y...
―Bella... ―Alice intenta intervenir, pero yo sigo sin parar.
―Y, no estoy lista todavía para enfrentarme a ella cara a cara. Sería demasiado incómodo y no quiero ser la razón de más drama familiar.
―Es ella la que está detrás del drama, no tú, ―gruñe Alice―. De todas formas, no puedes posponer verla eternamente. ¿Qué pasa con la fiesta de Anna?
―Bueno, habrá muchos niños cerca, así que seguramente no haga nada. Y, aunque lo haga, estaré tan feliz por tener a Edward de vuelta que no me importará.
―Eso es cierto, ―dice Alice, riendo. Entonces baja la voz para asegurarse de que los niños no escuchan―. Puedo decir por experiencia que el sexo de "Bienvenido a Casa Después del Despliegue" es de los mejores que hay. ¡Jasper y yo lo hicimos tan duro después de su última vuelta a casa que estuve días andando con las piernas arqueadas!
―¡Serás guarrilla! ―bromeo en voz baja.
―Ya te digo. Y no tengo duda alguna de que tú serás igual, si no peor. Después de todo, Jasper y yo tuvimos que limitar nuestras actividades a cuando los niños estuvieran en la cama. Vosotros no tenéis nada que os haga conteneros. Nada más que dos apartamentos vacíos, largos períodos de tiempo ininterrumpidos... solo vosotros dos... tantas superficies horizontales... puede que algo de chocolate y nata...
Sus palabras se desvanecen en el silencio y sus ojos se vidrian mientras se imagina a ella y a Jasper en ese escenario en particular. Al menos, asumo que se está imaginando a ella y a Jasper...
Yo dejo que los mismos pensamientos den vueltas en mi cabeza -pero conmigo y Edward en escena, por supuesto. Es difícil asegurarse de que las imágenes se mantienen borrosas y sin mucho detalle, pero todavía quedan cinco largas semanas de espera antes de que tengamos la oportunidad de convertir la fantasía en realidad. No tiene sentido excitarse ahora.
Aunque... por otra parte, un viaje a la sección de coberturas de postres no puede hacer daño...
¡Hola!
Perdonadme, el viernes no pude actualizar y ayer se me olvidó completamente.
Bueno, parece que Bella se está adaptando bien a su nueva vida y está tomando las decisiones correctas.
¿Qué pensáis vosotras? Estoy deseando leer vuestras opiniones.
¡Nos vemos el martes!
-Bells :)
