Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.


BREAK STATEMENT

Capítulo treinta y cuatroAnticipación

EPOV

―Faltan treinta minutos.

Es una cantidad de tiempo muy pequeña comparada con las 25 horas de viaje que ya he soportado, pero la media hora que se interpone entre mi casa y yo parece una eternidad.

Sin embargo, estamos cerca -la atmósfera en el avión lo demuestra. Es espesa por la anticipación y el alivio de los 21 miembros de una unidad de Reserva de la Marina que espera el final oficial de un largo despliegue.

Miro por la ventana las nubes que nos rodean y dejo que mi mente vague. Como pasa habitualmente, mis pensamientos se concentran en cierta belleza de pelo castaño que sé que ya me está esperando en el aeropuerto.

Bella.

Puedo imaginarla allí, en busca de mi llegada con esos profundos e inteligentes ojos que siempre me han cautivado. Seguramente estará caminando de un lado a otro, con el ceño fruncido y dándose golpecitos con los dedos en la cadera como hace a veces cuando está impaciente. Si tiene el pelo suelto, puede que incluso se lo eche sobre el hombro cada algunos pasos.

Recuerdo cuando le tomé el pelo por esas peculiaridades de su personalidad. A ella le sorprendió que me diera cuenta, pero la verdad es que siempre me ha costado apartar la mirada de ella.

Fue imposible no mirarla fijamente la primera vez que la vi en el restaurante. Estaba sentada con un gran grupo de oficiales senior del ejército, la mayoría seguramente le doblaba la edad, y aun así, a pesar de la abundancia de experiencia, era obvio que se manejaba perfectamente en la conversación. Me sentí fascinado por la forma en que su cuerpo se animaba y su cara se iluminaba al hablar. No hacía falta escuchar sus palabras para saber que sentía pasión por lo que fuera que estuviera diciendo.

Aun así, sabía que se estaba guardando algo. Había una tensión en su espalda y sus hombros que sugería que no estaba del todo a gusto. Fue aquella observación la que me hizo interceptarla en la barra de ensaladas para ver si podía sacar una sonrisa de sus deseables labios.

Sí, también los había notado.

No diría que me estrellé en mi lamentable pseudo intento de coqueteo, pero a ella no le impresioné mucho. Probablemente me habría ido igual de bien si le hubiera tirado de la coleta como si estuviéramos en el patio del colegio. De todas formas, me sorprendió un poco su fría respuesta -no es por presumir, pero ese tipo de cosas no suele pasarme.

Cuando después vi a Bella en el restaurante del hotel con un hombre, imaginé que había pasado de mí porque tenía una relación. Siendo un firme creyente en la fidelidad, la respeté por ello e intenté dirigir mis pensamientos a otra parte pero, según Rose y yo hablábamos mientras esperábamos a que hubiese una mesa libre, me encontré a mí mismo mirando a la hermosa castaña de reojo. En un momento, el hombre se acercó a ella y le dijo algo al oído. Ella pareció sorprendida al principio, pero luego una sensual expresión de deseo tomó sus rasgos. Tomé aire de forma superficial y me metí una mano en el bolsillo para esconder mi creciente erección. No podía entender qué estaba pasando: yo nunca había reaccionado así a una simple mirada, sobre todo a una que no iba dirigida a mí.

No debería haberlo hecho. No debería haberme acercado a una mujer que estaba obviamente tomada. Pero cuando Rosalie fue al baño y el compañero de Bella dejó la mesa, no pude evitar que mis piernas me llevaran hasta su mesa.

El hombre -Jake, como supe después- volvió demasiado rápido y no perdió un segundo en marcar terreno de forma obvia con gestos universales de posesión. Dejando a un lado mi sentimiento de envidia, me sentí incómodo porque Bella estuviera con él y aliviado, aunque preocupado por ella, cuando después vi cómo la policía le sacaba del edificio. Si hubiera tenido alguna manera de contactar con ella para comprobar su seguridad, lo habría hecho, pero los agentes me miraron como si estuviera loco cuando les pregunté qué había pasado. Aparentemente, tienden a no dar detalles a gente curiosa.

Por suerte, casualidad o incluso puede que el destino, Bella y yo nos volvimos a encontrar y, esa vez, ella cedió a mis encantos. O le di lástima... nunca me lo ha dicho. La razón no importa porque, al final, empezamos a salir y me enamoré de ella incluso más.

Estaba, y todavía estoy, asombrado por su inteligencia. Me refiero a que no es que me considere tonto, pero ciertamente yo nunca me he graduado en escuelas de élite como ella. Y, encima, es una artista increíble y canta genial.

Y luego está el hecho de que es preciosa.

Cuando la miro, veo unos ojos expresivos, una boca besable, ondas de brillante pelo en el que quiero enterrar los dedos, unos pechos deliciosos, suaves curvas y un culo perfecto. Solo pensar en ella hace que me ponga duro y las seis semanas llenas de sexo que tuvimos antes de marcharme fueron alucinantes. Dios, me siento tan atraído por ella.

Inteligente, hermosa, realizada, divertida... tiene muchas cualidades. Por eso me quedé completamente asombrado al descubrir cómo se ve a sí misma. No podía creer que tuviera depresión y un desorden alimenticio. En ningún momento lo había sospechado, ni siquiera cuando parecía que nuestra relación se iba al infierno.

Quiero decir, sí, había momentos en que ella estaba de mal humor o distante. Su trabajo podía ser muy estresante y nadie tiene una vida perfectamente feliz todo el tiempo. Mi despliegue fue uno de esos momentos infelices. Estar separados en un momento tan temprano de nuestra relación fue una desafortunada bola curva que ninguno de los dos llevó particularmente bien.

Pude sentir cómo la distancia emocional aumentaba entre nosotros y aun así hice una de las peores cosas posibles: me cerré. Bella dice que sus luchas internas secretas nos habrían condenado al mismo final sin importar mi desapego, pero odio haber empeorado las cosas para los dos.

Hay muchas cosas que desearía haber hecho de forma diferente, pero Gail Marconi del Centro señaló que debemos revisar nuestros errores para aprender de ellos sin regodearnos ni caer en los "y si". Gail es la terapeuta que llevaba las dos sesiones del grupo de Terapia de Pareja a las que Bella y yo asistimos durante mi permiso. La mayor parte de lo que se habló durante las sesiones eran cosas de sentido común, pero seguir esos consejos es mucho más difícil que simplemente entender porqué son importantes.

Sin embargo, lo estoy intentando con todas mis fuerzas -lo que sea por Bella. No quiero volver a perderla. La primera vez me dejó absolutamente devastado. Con la cabeza enterrada en la arena, no pude ver las señales hasta que fue demasiado tarde como para preparame. Francamente, su último email me dejó absolutamente asombrado. Al principio, me negué a creer que había terminado. Pero cuando dejó de responder a mis llamadas y mensajes, sentí como si me hubieran abierto en canal y me hubieran arrancado las entrañas. Aunque sabía que la amaba, nunca había imaginado lo malditamente vacío que me sentiría sin ella en mi vida.

Se me hizo casi imposible concentrarme después de eso, y consideré seriamente pedir un permiso para sentarme en la puerta de Bella y suplicarle respuestas. Al menos, quería un cierre, por pequeño que fuera. Incluso empecé a escribir una solicitud de un permiso de dos semanas para ir a casa cuando enviaron a mi unidad a suministrar ayuda en una catástrofe.

Parecía que mis planes iban a tener que quedar en pausa, pero entonces ella envió ese email.

Lo leí tres veces consecutivas y tuve sentimientos diferentes cada vez. La primera vez, me quedé completamente perplejo. No parecía posible que las palabras que aparecían en mi pantalla pudieran tener algo que ver con la persona que creía que era Bella. ¿Años de depresión? ¿Sentimientos de inutilidad y odio hacia sí misma? ¿Atiborrarse, vomitar y obsesionarse con la comida? No tenía sentido para mí.

La segunda lectura me dejó angustiado. Me mató saber que alguien a quien amaba había sufrido tanto. Desearía poder volver atrás en el tiempo y encontrar una forma de salvarla de sentir algún tipo de sufrimiento.

No fue hasta que empecé de nuevo por tercera vez, que un sentimiento de urgencia me absorbió y tomó control de mis pensamientos. ¿Por qué me había enviado Bella ese email... por qué había elegido ese momento en particular para hablar conmigo? Explicó sus luchas y cómo afectaban a nuestra relación pero, excepto al decir que me amaba, escribió todo en pasado. En ninguna parte mencionó su estado presente o su intención de buscar ayuda. No sabía cómo estaba, cuáles eran su planes, si necesitaba algo... si me necesitaba a mí.

Tenía que descubrirlo. Tenía que intentarlo.

Hace cinco meses, cuando estaba en un avión yendo hacia Bella, estaba lleno de miedo y ansiedad. Había recibido un segundo email breve, informándome de su decisión de entrar en el Centro Sheppard-Pratt, pero no había podido ponerme en contacto con ella. Teniendo en cuenta que estaba ingresada, asumí que su condición debía de ser seria, pero sabía poco sobre la depresión y mucho menos sobre los desórdenes alimenticios. A lo mejor, incluso aunque ella quisiera que la visitase, mi presencia era un estorbo. No tenía ni idea de qué iba a pasar cuando llegase al lugar.

Esta vez hay muchas cosas diferentes. Estoy mejor informado: además de las dos sesiones de terapia de pareja en el Centro, había ido a una sesión de apoyo familiar allí y ahora soy miembro del grupo de apoyo online en el que media un terapeuta. Bella y yo hemos discutido mucho sobre su historia con la bulimia y la depresión, y ella dice que siente que puede hablar conmigo sin miedo a que la juzgue. Aunque todavía hay que trazar un plan de futuro a largo plazo, estamos unidos en nuestro deseo de seguir adelante juntos.

Sé que tendremos que enfrentarnos a muchos retos, tanto de forma individual como en pareja. Gail me llevó a un lado después de una sesión de pareja y me habló con franqueza. Me dijo que no hay "cura" para un desorden alimenticio o para la depresión, y que Bella tendría que esforzarse por controlarlo el resto de su vida.

―Algunas personas responden muy bien al tratamiento, ―dijo Gail―. Puede ser que la medicación marque una gran diferencia o que descubran una estrategia eficaz para sobrellevarlo. A lo mejor descubren el éxito con determinado tipo de terapia o hacen cambios importantes en su estilo de vida. Venga como venga, nuestra meta es una salida positiva, por supuesto, pero a menudo es difícil alcanzarla y nunca está garantizada. Algunos de los afectados luchan durante años o pasan toda una vida de altibajos. Y, tristemente, las enfermedades mentales a veces se cobran una vida completamente.

No digo estas cosas para asustarte y, teniendo en cuenta lo importante que es para los enfermos es tener un fuerte sistema de apoyo, lo último que quiero hacer es espantarte. Pero, como pareja de Bella, tu vida va a verse afectada por su condición. No es algo que puedas ignorar o esperar que desaparezca. Y aunque es importante que seas un apoyo y comprensivo, no vas a poder "arreglar" sus problemas. Al final, ella es la única que puede producir los cambios.

Las palabras de Gail se han quedado conmigo estos dos últimos meses y aprecio su sabiduría. No tengo ninguna intención de trivializar las luchas de Bella y tampoco tengo una idea irreal de lo que nos espera pero, aunque acepto que la depresión y la bulimia son parte de su vida, sé que no definen de ninguna manera quién es. Bella tiene muchas capas, está hecha de muchas peculiaridades, y las amo todas. Las quiero todas -todo de ella.

Una sensación de ligereza en mi estómago me llama la atención y me doy cuenta de que estamos comenzando nuestro descenso. Tengo que contener la infantil necesidad de aplastar la nariz contra la ventana y buscar el aeropuerto, como si eso pudiera acercarme más a ella.

La cabina está en silencio mientras aterrizamos. Muchos de mis compañeros de servicio están perdidos en sus pensamientos, otros se mueven ansiosos en sus asientos y algunos adoptan una forzada inmovilidad que no consigue esconder sus ganas. Yo alterno entre las dos cosas, intentando mantenerme estoico, pero moviendo la pierna arriba y abajo cuando la impaciencia me abruma.

Finalmente, me encuentro bajando mi bolsa del compartimento, siendo empujado en el pasillo, caminando rápidamente por la pasarela y corriendo hasta el puesto de seguridad. En cuanto doblo la esquina, mis ojos examinan la multitud reunida en busca de dos caras familiares. Delante de mí la gente se está reuniendo con sus seres queridos entre pequeñas banderas americanas y pancartas de bienvenida. Entonces la veo.

Mi madre y ella sujetan los bordes de una pancarta decorada en rojo, blanco y azul que dice "¡Bienvenido a Casa, Edward!". Mi mirada se encuentra con la de Bella y entonces me encuentro abriéndome paso entre los otros viajeros para llegar hasta ella. Ella suelta su borde de la pancarta y corre hacia delante. La sensación de alivio y felicidad que me recorre cuando ella choca contra mis brazos es todo lo que sabía que sería.

Algo de tiempo pasa mientras nos abrazamos y absorbemos la felicidad de la reunión -no tengo ni idea de cuándo y la verdad es que no me importa. No soy capaz de pensar, lo único que puedo hacer es sentir. La calidez de su cuerpo presionado con el mío. El rápido latido de su pecho contra el mío. Las suaves ondas de seda entre mis dedos. Sus brazos rodeando con fuerza mi torso. Sus labios abiertos contra mi cuello mientras su cálido aliento me hace cosquillas en la piel. El irrefutable amor que surge entre nosotros ahí donde nos tocamos.

Es todo lo que quiero y más de lo que podría haber esperado. Ahora que volvemos a estar juntos, no quiero volver a dejarla. Aunque sé que no todos los días van a ser fáciles, un futuro con Bella promete mucho, mucha felicidad. Mucho amor.

Y no puedo esperar a tenerlo todo.


¡Hola!

Y... ya están juntos. Esto se acaba, chicas. Solo quedan dos capítulos y un epílogo.

Pero de momento... aquí tenemos un vistazo a la mente de Edward y cómo ha sentido todo lo que ha sucedido. Espero que lo hayáis disfrutado, porque no hay más ya.

¿Qué os ha parecido? Estoy deseando leer vuestras opiniones.

¡Nos vemos el viernes!

-Bells :)