Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a winterhorses, yo solo la traduzco.


BREAK STATEMENT

Capítulo treinta y cincoAsuntos familiares

Cuando Edward coge sus bolsas de viaje verdes de la cinta de equipaje, los tres nos vamos a cenar. Como él y yo hemos hablado por teléfono casi a diario, pasa la mayor parte de la comida hablando con Esme. Yo estoy feliz de escucharles mientras me siento pegada a él, con nuestros dedos entrelazados sobre su muslo.

Me comporto bastante bien hasta que estamos esperando la cuenta; es entonces cuando mi autocontrol empieza a desaparecer. Los movimientos casuales de mi mano se convierten en caricias deliberadas a lo largo de la costura interna de sus pantalones. Le provoco haciendo círculos sobre el material, subiendo lentamente hasta que las puntas de mis dedos encuentran el duro bulto que he estado buscando. Con un control que disminuye rápidamente, deslizo la palma de mi mano sobre su erección y le doy un breve apretón. La respiración de Edward se entrecorta un poco cuando tiro de él pero, por lo demás, consigue mantener la compostura frente a su madre.

Nuestra despedida de Esme es bastante apresurada, pero su sonrisa cómplice muestra que no está ofendida. Suelto una risita mientras Edward echa a correr hacia mi coche, tirando de mí al tenerme la mano cogida. Los dos estamos ansiosos porque comience nuestro tiempo a solas y pretendemos pasar los próximos días recluidos en mi apartamento, saliendo justo a tiempo para asistir a la fiesta de cumpleaños de Anna.

Sin embargo, de camino a mi apartamento recibo una llamada de mi padre.

―Hola, Bells, ¿adivina qué? Voy a cogerme unos días en el trabajo para visitarte este fin de semana. Acabo de enviarte por email la información del vuelo.

―¿Qué? ―Estoy tan sorprendida que me lleva un momento conectar los puntos―. Um, sería genial verte, papá, pero ahora mismo no es un buen momento. ¿Recuerdas que te dije que Edward volvía? Pues acabo de recogerle en el aeropuerto.

―Huh, supongo que se me ha olvidado. ―Se aclara la garganta―. Me ha costado mucho organizarlo todo en el trabajo para ir y, de todas formas, no llego hasta el viernes por la mañana. Tendréis toda la semana para... uh... reconectar.

Voy a fingir que no he escuchado lo último que ha salido de su boca.

―Bueno... solo para que lo sepas, el viernes por la noche estoy ocupada. Anna, una de las niñas a las que cuido después del colegio, da su fiesta de cumpleaños.

La mano de Edward está sobre mi muslo y da un ligero apretón para llamar mi atención.

―Si quieres, puede venir con nosotros, ―dice en voz baja―. Sabes que a mi madre le encantaría conocerle.

―Espera, papá. ―Silencio el altavoz del manos libres del coche―. Es el cumpleaños de Anna. No va a querer allí a un completo extraño.

―Lo más probable es que esté demasiado ocupada corriendo por ahí con sus amigos como para notarlo siquiera. Por supuesto, depende de ti, pero la verdad es que no me importaría tener refuerzos la primera vez que me vea, ―dice con una sonrisa.

A regañadientes, reconozco que tiene razón y le hago la oferta a mi padre. Puedo oír en su voz que no le entusiasma la idea de ir a una fiesta infantil, pero acepta que estará bien conocer a la familia de mi alma gemela.

Para cuando finalizo la llamada, Edward ya ha confirmado la aprobación de Alice de su espontánea invitación. Aparcamos en el aparcamiento de mi edificio y, antes de salir del coche, decido avisar a Esme de los planes de mi padre por mensaje de texto. Estoy en medio de teclear mi mensaje cuando un golpecito en mi ventana me sobresalta de tal manera que suelto el teléfono. Suelto un grito ahogado al ver quién es.

Mamá.

Ella da un paso atrás con una sonrisa feliz cuando me bajo del coche.

―¿Qué demonios estás haciendo aquí? ―demando, y las palabras salen con más dureza de lo pretendido―. ¿Estás conspirando con papá o algo?

―¿Con Charlie? Para nada. Demonios, ni siquiera recuerdo cuándo hablamos por última vez. ¿Por qué, qué está pasando? ―Tiene una expresión de apropiada confusión.

Sacudo la cabeza.

―Espera un momento. Antes de nada, ¿qué haces aquí?

―Bueno, he pensado que podría sorprenderte con una visita. ¡Además, me muero por conocer a este hombre tuyo! ¿No habías dicho que estaría ya de vuelta? ¿Qué te parece si mañana por la mañana le invitamos a venir para...?

Se detiene abruptamente cuando la puerta del lado del pasajero se abre y Edward se baja del coche. Él le da una cálida sonrisa y, aunque me siento irritada por la aparición de mi madre, siento una ola de amor por mi siempre educado novio.

―¡Tú debes de ser Edward! ―exclama mi madre mientras le da un abrazo delante del coche―. He oído hablar mucho de ti... y no puedo esperar a descubrir más cosas.

Contengo mi creciente ira lo mejor que puedo mientras ella habla sin parar en mi apartamento durante la hora siguiente. Edward responde educadamente sus numerosas preguntas, incluso aunque está conteniendo los bostezos. Al final, no soy capaz de contener mi impaciencia.

―Mamá, la habitación de invitados es toda tuya hasta que llegué papá, luego veréis cómo os las apañáis. Edward y yo nos vamos ya a la cama. ―Sin añadir nada más, me levanto y le arrastro fuera de la sala de estar.

Edward se da una ducha rápida para quitarse de encima la sensación del viaje y luego se une a mí bajo las mantas, solo con sus bóxer puestos. De inmediato, mi mano va a su pecho y empieza a explorar las curvas de sus músculos. Se han hecho más definidos y sólidos durante el tiempo que ha pasado en Afganistán.

―Bueno, mírate, ―murmuro, disfrutando de la sensación de su piel desnuda.

―Mmm... no puedo. ―Sus dedos bajaron un tirante de mi camisón de seda―. Estoy demasiado ocupado mirando otra cosa.

Gimo cuando roza mi expuesto pezón con su pulgar.

―Shh, ―me advierte provocativamente―. Tu madre está en la habitación de al lado, chica traviesa.

―No me importa. ―Mi voz es susurrante, pero petulante―. Eso es lo que le pasa por aparecer sin avi... oh Dios.

Él aparta la mano de mi pecho y la reemplaza con sus labios. Yo paso mis dedos por los cortos pelos de su nuca y sujeto su cabeza contra mi pecho. Su lengua gira sobre el sensible pezón cuando lo succiona en su boca.

Mis piernas le rodean los muslos y le atraigo sobre mí. En solo un momento, su bóxer y mi camisón están en el suelo y su polla se está deslizando entre mis húmedos pliegues.

―Joder, te necesito, ―jadea con sus labios moviéndose contra mi oreja―. He esperado demasiado para volver a estar dentro de ti y ahora voy a follarte... duro.

Cuando embiste en mí por primera vez, sé en seguida que ninguno de los dos va a durar mucho. Yo me aprieto a su alrededor y él está tan hinchado por la excitación que puedo sentirle en cada parte de mi cuerpo. Él adopta un ritmo fuerte, sin tregua, y yo ya puedo sentir el comienzo de mi orgasmo empezar a tomar forma. Entregándome al doloroso placer, le araño la espalda y me muevo salvajemente debajo de él, desesperada por más, hambrienta por el tipo de liberación que solo él puede darme.

Edward comprende mis súplicas sin palabras. Se mueve sobre mí para que mi boca quede alineada con su clavícula. Mi espalda se arquea contra el colchón mientras mi cuerpo se curva sobre sí mismo. Edward arrastra la hinchada cabeza de su polla adelante y atrás sobre el lugar que sabe que hará que me corra.

―Sí... justo ahí, ―jadeo innecesariamente―. Más...

Él sigue embistiendo en mí con determinada precisión. Mis dedos se hunden en su resbaladiza piel, intentando agarrarme ante la fuerza de sus movimientos.

―Tan cerca... estoy... tan cerca... ¡oh, joder!

Sin previo aviso, mi cuerpo se tensa y sacude debido al poderoso clímax. Edward suelta un grito ahogado cuando me aprieto a su alrededor y sus caderas se mueven de forma errática mientras su propia liberación le abruma.

―Voy a... correrme... yo, joder... me corro... ―grita.

Enredados el uno en el otro, nos estremecemos con los últimos temblores e intentamos recuperar el aliento.

―Menos mal que no querías hacer ruido, ―comenté con una risa cuando finalmente salimos de la cama para limpiarnos.

Edward baja la cabeza con timidez.

―Sí, bueno... tenías razón. Si va a aparecer la noche que vuelvo, no debería sorprenderla escuchar ruidos de sexo toda la noche.

―Toda la noche, ¿eh? ―Levanto una ceja a modo de reto―. ¿Significa eso que estás listo para la segunda ronda?

―¿La segunda ronda? Hmm...

Él baja la mano y acaricia un poco su polla semi-erecta. Me siento terriblemente cohibida, pero intento no encogerme mientras su hambrienta mirada recorre mi cuerpo desnudo y se detiene entre mis piernas.

Da un paso hacia mí, y ríe de forma seductora y ronca.

―Creo que eso parece una gran idea.

- . - . - . - . -

En lugar de pasar la semana en un feliz estado de desnudez, Edward y yo nos encontramos entreteniendo a mi madre. No es una gran carga -visitamos la playa, algunos museos y lugares históricos-, pero no tengo ni de cerca tanto tiempo a solas con Edward como me gustaría. Aunque se queda en mi apartamento, el jet-lag le hace estar agotado durante el día, lo que significa que se queda dormido temprano. Yo soy más como un búho y, como consecuencia, hay mucho menos sexo pasional del que habíamos planeado. Ni siquiera tengo oportunidad de sacar la nata y el sirope de chocolate.

Mi padre llega a la ciudad el viernes por la mañana. Edward y yo le recogemos en el aeropuerto y luego le llevamos a comer. Mi madre opta por quedarse en mi apartamento, evitando así relacionarse con su ex-marido todo el tiempo que sea posible. Esto me parece una sabia decisión de su parte -opinión que se ve validada cuando nos llevo a los cuatro en el coche de camino a la fiesta de cumpleaños de Anna. Mi padre hace algunos intentos de hablar, pero mi madre le corta cada una de las veces, contando algún dato sobre Edward y yo -como si quisiera demostrar que nos conoce mejor que él.

Cuando Edward hace las presentaciones formales con su familia antes de que la fiesta empiece, siento como si estuviera atrapada en una tormenta perfecta de incomodidad. La casa de Alice es bonita y ligeramente sobre la media de lo que es una casa de clase media en un suburbio, pero mi madre no deja de hablar entusiasmada sobre cuánto dinero deben haber costado su propiedad y pertenencias, sobre todo la piscina de obra. En contraste, mi padre apenas habla, aunque su postura tensa y fría prácticamente grita incomodidad. Cuando mi madre le regaña por sus deficiencias sociales delante de todos y se lanza a una diatriba sobre su rol en su matrimonio fallido, quiero que me trague la tierra. O, mejor aún, que se trague a mis padres.

Alice y Esme son perfectamente acogedoras, como había esperado, pero apenas tienen tiempo para intercambiar las cordialidades básicas antes de volver a sus tareas de preparación de la fiesta. Jasper y Emmett parecen genuinos en sus saludos, pero Rosalie actúa como si hablarme fuera algún tipo de castigo. Las miradas furiosas que Edward le lanza no hacen nada por aliviar la tensión.

Me siento enormemente aliviada cuando los jóvenes invitados a la fiesta empiezan a llegar. Aunque no hay descanso de las tontas discusiones de mis padres, al menos no son el centro de atención. Nos disculpo a Edward y a mí para ver si podemos ayudar con algo.

―Siento eso, ―digo con un suspiro mientras nos dirigimos hacia la cocina―. Debería haber sabido que no iban a poder comportarse.

Él me da un abrazo.

―No son tu responsabilidad y, además, sabes que a mi familia no le importa. Están felices simplemente por tenernos aquí juntos.

Cuando resoplo por lo bajo, Edward reconoce inmediatamente a qué me refiero. Me da un ligero golpecito con el codo en el costado.

―Venga, sabes que Rose no puede evitarlo, ―dice con una sonrisa―. Ella es lo que sucede cuando la irritabilidad concentrada toma forma humana.

Sé que no debería dejar que su desdén me afectase, pero lo hace. Al pensarlo de forma lógica, me doy cuenta de que hay gente en el mundo a la que no voy a gustarle sin importar lo que haga. Entiendo completamente que mi concepto de mí misma no debería depender de ninguna manera de la opinión de los demás.

Pero es difícil cambiar tres décadas de hábitos. Estoy acostumbrada a desear la aprobación de otros y me pone literalmente enferma enfrentarme a no gustarle a alguien.

Esa es la razón por la que, más tarde, cuando me doy cuenta de que Rosalie va hacia su coche, la sigo. Ella escucha el ruido de mis pisadas en el camino de entrada y se gira para quedar frente a mí.

―Ah, eres tú, ―dice con tono de aburrimiento―. ¿Qué quieres?

Tomo aire profundamente e intento ignorar la forma en que mi corazón late acelerado.

―Escucha, siento todo lo que pasó entre tu hermano y yo, pero eso es algo del pasado, ―le digo con la voz más segura que puedo―. Estamos siguiendo adelante y planeando un largo futuro juntos. Así que, siento curiosidad: ¿vas a guardarme rencor todo el tiempo o qué?

Ella se encoge de hombros.

―No es rencor. Si Edward te perdona es asunto suyo, pero eso no cambia cómo me siento. Para ponerlo de forma simple: no me gustas. Le dejaste de una forma de mierda y él me parece un estúpido por volver contigo. Si tu "enfermedad" o lo que sea es la razón de que le rompieras el corazón, entonces deberías hacerle un favor y mantenerte apartada para que no vuelva a suceder. Él no debería malgastar su tiempo intentando construir una vida con una persona tan inestable. Merece más que eso. Siento ser tan directa, pero es que no creo que seas lo suficientemente buena para él.

Al principio, su declaración me provoca sentimientos encontrados y lo único que soy capaz de hacer es mirarla fijamente mientras intento desesperadamente contener unas traidoras lágrimas. El calor que siento en los ojos puede haber sido provocado por el enfado, la vergüenza o la frustración -no estoy segura, pero odio que sea algo tan visible. No quiero parecer débil. Quiero gritarle a Rosalie, puede que incluso atacarla. Al mismo tiempo, sin embargo, yo misma he pensado en más de una ocasión todo lo que ella ha dicho.

Sus oscuros ojos azules estudian el conflicto que se muestra en mis rasgos. Parece sorprenderse cuando cuadro los hombros y respondo a su fija mirada con una mía.

―Por si todavía no lo has entendido, amo a Edward y lo que más deseo es que sea feliz. Voy a asumir que tú sientes lo mismo, que a ti también te importa. Bueno, él y yo somos muy felices juntos y, mientras eso siga así, no voy a ir a ninguna parte. Me da igual lo que pienses.

Sí, me han diagnosticado depresión y un desorden alimenticio, pero soy consciente de los retos que tengo por delante y me esfuerzo cada día por superarlos. ―Sonrío satisfecha―. Eso es más de lo que puedo decir de ti y tu tendencia a ser una perra controladora y moralizante.

Rosalie abre los ojos como platos mientras intenta escupir una respuesta, pero sus chillidos de indignación me resbalan.

―Por el bien de Edward y del resto de vuestra familia, me gustaría que nos lleváramos bien. Al menos, sería genial que pudieras sacarte el palo del culo y comportarte de forma civilizada. En otro caso, simplemente se lo estarás poniendo difícil a todos. Piénsalo.

No teniendo deseos de pasar más tiempo cerca de ella, me doy la vuelta y regreso al jardín trasero, dónde Edward escucha a mi madre hablar sin parar sobre algo mientras Jasper conversa con mi padre. Vacilo antes de entrar en la zona de la piscina y pienso en mi relación con mis padres. Sé que me quieren a sus maneras, pero nunca me han dado el tipo de apoyo que necesito. Y, aunque me ha molestado, nunca he considerado hablarles de ello o mirar por mí misma.

Enfrentarme a Rosalie ha estado bien y ha sido empoderante. En mi opinión, he sido clara con mis expectativas y asertiva en mi discurso. No voy a rebajarme para intentar calmarla o a sentirme culpable si elige ignorar mis palabras. A lo mejor debería intentar lo mismo con mis padres.

Aunque puede que sea una buena idea dejar fuera los insultos y la parte del palo en el culo.

Poco después, me reúno con mi grupo -es hora de cantarle a la chica del cumpleaños y comer tarta. La fiesta dura otra media hora y luego los padres empiezan a llegar para recoger a sus hijos. Los niños de Alice y Rosalie se quedan en la piscina mientras el resto de la familia recoge.

Rosalie está notablemente ausente cuando Edward, mis padres y yo nos despedimos. Sin embargo, nadie la menciona y yo me siento más que feliz de sacarla de mi mente. Es mi última noche con mi madre: mañana por la mañana pondrá rumbo al aeropuerto. Mi padre decidió, sabiamente, quedarse en un hotel y Edward dormirá en su apartamento por primera vez desde que volvió a casa. El tiempo a solas con mi madre me da la oportunidad perfecta para sincerarme con ella.

Ella me escucha pacientemente mientras explico porqué habría preferido que me avisase con tiempo de su llegada. Le digo que había esperado verla durante mi estancia en Maryland. Ella me pregunta porqué no se lo había dicho antes y yo admito que no quería decepcionarme si ella no cumplía. Ella reconoce que no se puede contar con ella y me promete intentarlo más en el futuro, siempre que yo intente ser más abierta con ella.

En general, nuestra discusión es positiva y, a la mañana siguiente cuando ella se sube a su coche de alquiler, mis ojos se humedecen. Aunque su visita ha tenido lugar en un mal momento, me alegro de que haya venido y haya podido conocer a Edward. A lo mejor él y yo hacemos un viaje a Colorado en algún momento.

Intento tener una conversación similar con mi padre antes de que se marche, pero no va igual de bien. De hecho, casi podría clasificarse como un desastre. Intento explicar que no respondo bien a la presión a la que siempre me ha sometido y que desearía que me aceptara tal y como soy.

Él asiente a mis palabras, pero su ceño fruncido me dice que se está conteniendo de decir lo que realmente piensa.

―¿Qué pasa, papá? ―pregunto, intentando contener mi frustración―. Esto no va a funcionar a no ser que seas honesto.

Él me mira fijamente y al final suspira.

―Puedo ser honesto, pero no va a gustarte.

―Solo dímelo.

―Bueno, la verdad es que creo que te estás jodiendo la vida. Has tenido la mejor educación y las mejores oportunidades, pero en lugar de hacer algo de ti misma, en lugar de utilizar tu enorme potencial, cogiste un puesto insignificante en una compañía pequeña. Y cuando no te sentiste feliz allí, simplemente te rendiste y usaste esta cosa con la comida como una excusa para evitar enfrentarte a la realidad.

―¿Crees que mi bulimia es una excusa? ―pregunto, incrédula.

―La vida no es sencilla, Bells. El trabajo no siempre es divertido y la felicidad no es un derecho. ―Se inclina hacia delante en su silla mientras el volumen de su voz se eleva―. La gente estos días no se responsabiliza de nada. Se le echa la culpa a todo lo demás, incluyendo todos estos problemas mentales como la "depresión" y el "autismo". Piden medicinas en lugar de trabajar duro para resolver sus problemas. Es... Me da asco.

―¿Yo... te doy asco?

―No, por supuesto que no. Tú no eres... bueno, quiero decir que... tú solo...

―Te decepciono, ―digo en voz baja.

―Bells...

―No, está bien... ―Sacudo la cabeza y luego respiro profundamente para centrarme antes de mirarle a los ojos―. Es una pena que te sientas decepcionado conmigo, pero eso es tu problema. No voy a fingir que no duele, porque lo hace... mucho. Duele que creas que alguna vez usaría una enfermedad mental seria como razón para librarme de mis responsabilidades o hacerme la vida más fácil. ―Suelto una risa seca―. Confía en mí, no hay nada fácil en lo que he vivido. Tengo un desorden diagnosticado de forma profesional. No lo uso como una excusa pero, por otro lado, no voy a seguir restándole importancia a los significantes efectos que tiene sobre mí.

Por lo que respecta a mis elecciones en la vida... bueno, a eso se reduce, ¿no? Son mis elecciones. No las tuyas, ni las de mamá... demonios, ni siquiera las de Edward. Sí, he sido muy afortunada de haber nacido con el potencial para el éxito académico, pero me niego a sacrificar mi salud, tanto física como mental, o mi deseo de existir para satisfacer las expectativas de otras personas... incluso aunque una de esas personas seas tú.

Mi padre no dice nada en respuesta. Nos miramos el uno al otro un largo momento y luego él aparta la mirada.

Me doy cuenta ahora de que puede que él nunca cambie de forma de pensar. Como le he dicho, me mata que no pueda aceptar quién soy y lo que quiero de la vida, pero voy a intentar con todas mis fuerzas que su punto de vista no influencie el mío. Puede que nuestra relación nunca vuelva a ser la misma pero, si eso significa que voy a ser más feliz, entonces está bien.

E incluso mejor, creo que yo también voy a estar bien.


¡Hola!

Penúltimo capítulo y Bella ha cerrado un círculo al ser sincera con sus padres.

¿A vosotras qué os ha parecido? Estoy deseando leer vuestras opiniones.

¡Nos vemos el domingo!

-Bells :)