Sabía que algo andaba mal desde que sus ojos dejaron de encontrarse con los suyos pero se mantenían en su cuerpo más de lo que normalmente debería.

Y no era como si le agradara esa atención, o que fuese siempre consciente de la constante mirada proveniente de él, pero lo comenzó a preocupar que hubiese algo mal y que él no lo supiese.

Y estaba mucho más seguro de que algo estaba mal cuando supo sobre el incidente en el entrenamiento de los MFE, viendo a James siendo regañado sin fin por Iverson, incluso escuchando que fue suspendido de todos los entrenamientos hasta nuevo aviso debido a su incompetencia.

¿James? ¿Incompetente?

Algo definitivamente andaba mal.

Lo encontró mucho más distraído y desconcentrado después de eso, contestando vagamente a preguntas que normalmente contestaría con confianza y profesionalismo. Algunas veces titubeaba y preguntaba cuál era la pregunta de nuevo, evitando cuidadosamente su mirada desde el otro lado de la habitación y luego observándolo cuando pensaba que él no sabía de ello.

Quizás no era algo. Quizás todo estaba mal.

—En realidad, siempre lo supe.

Lo vio ponerse más cómodo contra la pata del León Negro, mirándola desde abajo, y Keith notó que estaba hablando con él.

Más o menos.

Keith se preguntó si él estaba de acuerdo con eso.

—Siempre quise convencerme de que no llegaría a nada por su temperamento—James continuó haciendo a Keith fruncir el ceño—. Y creí que todo llegó a su fin cuando fue expulsado gracias a ello.

Sí, James estaba hablando de Keith. Y con el León Negro, de todas las personas.

Tuvo que contener un bufido, poniendo los ojos en blanco, pero entonces recordó las primeras palabras que lo escuchó decir, la molestia desapareciendo así como así.

—Pero siempre tuve la esperanza de que regresaría—lo escuchó comentar, casi haciéndolo saltar—, de que sería alguien, de que lograría mucho.

Sintió su propio corazón comenzar a latir con más fuerza, molestándolo sin fin, y no podía seguir oyendo aquello, finalmente animándose a interrumpir.

—Pero no creí que fuese tan...

—¿Qué estás haciendo?

Lo vio saltar desde la pata del León negro, casi cayendo y poniendo una expresión de shock que le gustaría volver a ver.

Espera, ¿qué?

—Kei- Kogane.

Frunció el ceño, sintiéndose fuera de lugar, ¿estaba a punto de llamarlo por su nombre?

—¿Qué estás haciendo, Griffin?—preguntó caminando a él, diciendo su apellido solamente porque pensó que sería mejor así. Si James quería que se trataran en un ámbito de nombres y no apellidos, no se hubiese corregido.

No contestó. No que no lo haya intentando -en realidad sí intentó, Keith pensó, pero sólo tartamudeó y luego ya no trató de seguir.

La conversación fue un poco extraña después de eso, Keith preguntándole sobre su nueva adquisición de tiempo libre y un comentario que en realidad no quería que fuese grosero. James dijo que parecía estar preocupado por él, y Keith notó que sí estaba preocupado por él, pero en vez de sólo decirlo como una persona socialmente normal haría, Keith dijo algo sobre su comportamiento, como si con eso pusiese contestar que realmente estaba preocupado.

Pero, bueno, James no lo tomó de la mejor manera, diciendo que no debería saberlo sólo porque ya estuvo algunos meses en la Tierra. Y estaba en lo correcto, al punto que hizo enojar a Keith de una manera muy extraña.

Por supuesto que no lo conocía tanto. Por supuesto que los años habían pasado y ellos no se habían visto. Pero...

—Pero te conozco desde antes de Garrison—se encontró a sí mismo diciendo como un intento de excusa—, y hay cosas que nunca cambian.

Eso era, en realidad, bastante verdadero. Porque James seguía siendo igual de cuidadoso con su uniforme, sin arrugas y en extremo limpio. O el cómo se enderezaba en frente de un superior, firme y fuerte. O cómo arrugaba su nariz en un intento de no estornudar y terminar haciéndolo cuando no podía contenerlo más, disculpándose porque interrumpió incluso cuando fue algo tan trivial como un ámbito fisiológico.

Muchas cosas no cambiaban, así como él era siempre el más capaz y leal cadete en la academia, así como sus entrenamientos iban sin errores si Keith no interfería en ellos, así como era tan preciso y detallado cuando daba órdenes.

Y todas esas cosas estuvieron cambiando durante esas últimas semanas, con el uniforme de James estando un poco desastroso, con sus hombros un tanto caídos, con sus equivocaciones en las reuniones y errores de cálculo en sus entrenamientos.

Estaba fuera de personalidad.

—No he podido dormir bien—mintió. O eso es lo que Keith pensaba, porque había mucho más detrás que no quería decir. Sabía eso—. Y echar a perder el entrenamiento fue la consecuencia. Es todo.

No tuvo mucho tiempo para pensar detenidamente cómo responder a eso. Y Shiro llegando al hangar no ayudó en absoluto, comenzando una conversación amistosa con James, en la cual el mismo James no participó demasiado.

"...-s tú."

Volteó al León Negro, sobresaltado.

"Es por ti, Keith."

Keith estaba consternado.

—¡¿James?!

Ya estaba mirando cuando vio a James estrellar su cabeza contra la pared, haciendo a Rizavi saltar y a Kinkade detenerse. Lo había visto mirándolo a él y a Shiro, justo antes del movimiento abrupto.

Lo vio salir casi corriendo de la sala de reuniones con demasiada desesperación, escuchando a Rizavi preguntarle a Kinkade qué era lo que le estaba pasando. Pensó que usaría un tono de voz similar a cuando hace una broma, porque era fastidiosa a veces, pero sólo había preocupación, justo como Keith sentía aruñándole desde adentro del pecho.

—¿James está bien?—oyó a Shiro preguntar, quizás a otro colega, y Keith volteó a él con rapidez, haciéndolo saltar—¿Keith?

—Shiro, yo...—comenzó, pero no sabía qué era lo que iba a decir en primer lugar. Dio una mirada a la puerta abierta, encontrando a Kinkade viéndolos por un momento antes de irse, y volteó a Shiro de nuevo—. Creo que yo...

—Estás preocupado—Shiro completó, una sonrisa tranquila en su boca—, lo sé. Has estado muy distraído por eso.

Keith frunció el entrecejo.

—¿Qué?

Shiro se rio. Se rio de él.

—Anda y ve a hablar con él, ¿está bien?—le dijo con una palmada en el hombro—Tú también lo necesitas.

Keith dejó caer su vista al suelo, aún confundido, pero asintió y caminó hacia la puerta.

—Y, Keith.

Se detuvo en el portal, mirando a Shiro todavía en su lugar en la mesa, tomando algunos papeles de ella.

—Manténme informado.

Keith no lo comprendió, tragando nerviosamente ante la rara oscuridad pintando sus siempre brillantes ojos, pero aun así asintió, saliendo de la sala y tratando de seguir los pasos de James.

Le tomó algunos minutos encontrarlo. Especialmente cuando fue al hangar de los MFE y se detuvo a medio camino recordando que James todavía estaba suspendido del entrenamiento. Pensó que la mejor opción de dónde buscarlo era ir a su dormitorio, pero se detuvo en su lugar cuando oyó su voz en el pasillo de camino a su cuarto, saliendo de la enfermería, y su tono de voz demostraba que estaba agitado y enojado, maldiciendo de una manera tan colorida que nunca había oído de él.

Keith estaba realmente consternado.

—¡Mierda...!

Se asomó desde la puerta, justo a tiempo para verlo patear ferozmente un mueble, y pensó que el metal se doblaría bajo su fuerza. James pensó lo mismo, aparentemente, ambos sorprendiéndose y James gimiendo cuando su pie rebotó del metal con un sonido doloroso y James tuvo que agarrarse el pie para evitar pisar con él, saltando torpemente hacia la camilla en el centro de la habitación y dejándose caer en las sábanas blancas, su boca todavía escupiendo todo tipo de maldiciones y groserías con facilidad.

Esto era lo que fuera de personalidad significaba.

—¡¿Qué carajos...?!

—¿Estás bien?

Lo escuchó jadear, soltándose el pie y mirando hacia él en la puerta, y lo vio hacer una mueca cuando su talón tocó el piso demasiado descuidado.

—¿Parezco estar bien?—le gruñó, levantando su pie herido otra vez para ponerlo en su rodilla para intentar quitarse la bota, su cara deformándose en dolor mientras sus manos jalaban sin cuidado a las agujetas—Joder.

Keith bufó y caminó hacia él, viéndolo congelarse por medio segundo cuando jaló una silla y se sentó frente a él para ayudarle a quitarse la bota.

—¿Qué estás...?—comenzó empujándole las manos, pero Keith empujó las suyas, disparándole una mirada desde la silla—¿Qué?

—Estoy ayudándote—le contestó alcanzando sus agujetas enredadas—, ¿no es obvio?

James bufó, casi molesto.

—Puedo hacerlo solo—dijo moviéndose para volver a empujarle, pero Keith atrapó sus muñecas, esta vez arrugando su nariz con un gruñido de advertencia.

—Quieto, Griffin.

Ignoró su jadeo, aprovechándose de que sus manos se quedaron quietas para desatarle la bota y quitársela, continuando con su calcetín y finalmente siendo capaz de ver sus dedos, comenzando a verse rojizos.

—No parecen estar rotos—comentó mirándoles fijamente, aun cuando no tenía el conocimiento para asegurarlo. No se veían rotos así que no estaban rotos—. Deberíamos de vendarlos, con un poco de pomada, quizás.

No hubo respuesta, y arriesgó una mirada a su rostro, encontrándolo viendo fijamente hacia la pared con un gesto que no parecía de enojo. Keith miró un poco más arriba y encontró el pequeño moretón empezando a florecer en su frente, sus oídos timbrando ante el recuerdo del ruido que hizo su cabeza contra la pared.

Suspiró y se levantó, yendo hacia el mueble que James y él subestimaron, atrayendo la atención de James cuando lo abrió y comenzó a buscar en el cajón.

—¿Qué estás haciendo?—preguntó, el tono de molestia casi perdido en algo más suave que no podía identificar.

—Dije que tenemos que vendarlos—respondió agarrando los vendajes y un pequeño recipiente de pomada, dando una mirada fugaz a los analgésicos.

— ¿Tenemos?—James repitió con incredulidad, y Keith giró los ojos—No necesito tu ayuda, Kogane.

—No la estoy ofreciendo—dijo, pero no le ofreció lo que consiguió del cajón y se sentó para preparar el vendaje.

—¿Y vas a forzarme a tomarla?—James preguntó entrecerrando los ojos, y Keith lo ignoró por un momento—Kogane.

—James—murmuró encontrando sus ojos y viéndolo tensarse. Keith pensó que fue porque sus dedos tomaron su pie—, sólo déjame ayudarte.

No contestó, y Keith lo tomó como un sí, abriendo la pomada y poniendo un poco en los dedos dañados con cuidado, sorprendido cuando James no se quejó, solamente cuando presionaba demasiado fuerte o apretaba mucho el vendaje, solamente por la incomodidad.

—Listo—anunció cortando la venda sobrante y colocando el extremo entre los dobleces.

James se quedó en silencio, empujando a Keith a mirarle el rostro y encontrando sus ojos fijos en el vendaje descuidado. Keith se sintió extraño.

—Vi analgésicos por aquí—Keith continuó sólo para llenar el silencio, levantándose para buscarlos—. Para tu pie y tu frente, y-

—¿Por qué?

Keith se detuvo sin siquiera quitarse del camino, quedándose quieto y volteando a James sentado frente a él.

—¿Qué?—Keith dudó, estando a punto de empezar una explicación de tallada de cómo los analgésicos iban a ayudarle a quitarle el dolor. Estaba terriblemente nervioso.

—¿Por qué estás ayudándome?—James preguntó, sus ojos todavía en su pie antes de bajarlo como si no estuviese herido desde un principio—Yo...

Se mordió la lengua, haciendo una mueca, pero Keith sabía que no era por sus dedos. Keith miró hacia abajo también, extrañamente queriendo saber qué palabras eran las que James quería quedarse para sí mismo.

—Estoy preocupado—contestó con honestidad, bufando—. Tenías razón la otra vez. Estaba preocupado por ti, pero sabía que no tenía el derecho de decirlo, así que sólo intenté...

Sus palabras se perdieron en el aire, sus ojos finalmente encontrando los ojos azul-grisáceos de James, abiertos en clara sorpresa, su expresión tan abierta que Keith se sintió fuera de lugar. Había algo más en sus irises, un brillo, una pequeña esperanza, y Keith nunca creyó que quisiera más de eso por él.

Desde esa distancia, James sentado en la cama y mirando hacia arriba a Keith parado frente a él, sus rodillas rozándose de vez en cuando, Keith podía ver las pesadas ojeras que colgaban de sus pestañas, podía ver el ligero movimiento de sus ojos mientras le observaban cada detalle de su rostro buscando algo, podía ver sus labios dudar en decir algo. Y Keith se encontró a sí mismo ya no concentrado en su rostro, sólo mirando fijamente a su boca, inclinándose sin pensar mientras se preguntaba a sí mismo fugazmente si James estaría consciente de qué tan atractivo era, su respiración entrecortándose dulcemente contra la de Keith antes de besarlo con un toque leve.

Parpadeó, otra vez mirando sus labios, y de repente se dio cuenta de lo que había hecho, dando un paso descuidado hacia atrás y tumbando la silla detrás de él. Pero el sonido del golpe contra el suelo no lo molestaron, sus ojos pegados a la expresión de shock de James. Sus mejillas estaban ruborizadas, justo igual a cuando estaban combatiendo, y sus ojos eran más blancos que azules, abriéndose y cerrándose como su boca en confusión.

Mierda.

—Y-yo...—intentó, ni siquiera encontrando en su cabeza una razón por la cual besaría cuando le diera la gana. Acababa de besar a James Griffin. Lo besó sin siquiera preguntar. Lo había besado y su corazón no dejaba de latir ensordecedor contra sus costillas—. L-lo siento, no debí-

Una mano atrapó la suya en su intento de correr hacia la puerta, demasiado impactado con sus propias acciones, demasiado confundido con sus propios sentimientos. ¿Acaso pensó que James era atractivo justo antes de besarlo?

—¡E-espera!

Keith no se movió, teniendo que tragarse sus problemas personales por un minuto para encarar a James, preparado para ser gritado con furia o ser golpeado hasta la muerte.

Pero encontrar a James viéndose igual de perdido que él estaba, como si no supiera por qué lo había detenido en primer lugar, boqueando sin palabras mientras su rostro se comenzaba a enrojecer.

—T-tú...—lo escuchó titubear, sus ojos encontrando los suyos por un segundo—¿P-por qué...?

Keith no lo sabía. O sí, lo sabía con certeza, pero su cabeza estaba a momentos de colapsar. ¿Qué tan ridículo era tener un enamoramiento por quién sabe cuántos años y de la nada darse cuenta de ello después de besarlo sin su permiso?

E incluso cuando su consciencia seguía diciéndole que estaba mal haber hecho eso, la reacción de James había hecho a su corazón gritar desde el fondo de sus pulmones que no importaba. Lo que realmente importaba era-

—¿Puedo hacerlo de nuevo?

James saltó en su asiento, el sonrojo alcanzando la punta de sus orejas.

—¿Qué?

Keith tragó.

—¿Puedo?—preguntó otra vez, dando un paso corto dentro de su espacio y viéndolo sobresaltarse—Quiero... Quiero besarte.

La boca de James se torció en una mueca, una sonrisa fugaz escapándosele.

—Tú quieres... ¿por qué?—preguntó sacudiendo la cabeza, pero eso no parecía ser la respuesta—Si esto es un estúpido intento de ilusionarme, Kogane, juro por dios que te voy a-

—¿Ilusionarte?

Los puños de James se apretaron en su regazo.

—¿Por qué yo te...?—dudó, frunciendo el ceño—¿Por qué te ilusionaría?

James se quedó en silencio, comenzando a morderse el labio antes de mirar a Keith.

No había necesidad de una respuesta. Cada una de las cosas que habían pasado esas últimas semanas llegaron a su mente como una poderosa ola del océano, ahogándolo y golpeándolo contra lo que James estaba diciendo. Contra lo que James estaba sintiendo.

Alcanzó su rostro con lentitud, permitiéndole alejarse si quería, pero sus dedos tocaron su mejilla, y lo acarició un poco para sostener su rostro desde su mandíbula. James tembló levemente, sus manos atrapando las sábanas, y Keith se inclinó en su espacio, conteniéndo su aliento cuando James suspiró y bajó la vista a sus labios.

Los lamió en anticipación, la ansiedad empujándolo a terminar con aquello de una vez, pero se quedó quieto, estremeciéndose ante el aliento rozando su boca humedecida.

—¿Puedo?—murmuró nuevamente, James todavía mirándolo con cautela—James, no voy a hacerlo si tú no-

—Cállate.

Cerró los ojos ante el contacto, más firme que una caricia y más suave que un susurro. Contuvo un jadeo que quería abrirle la boca al otro, pero James se adelantó abriendo sus labios e inclinando su cabeza mientras suspiraba en su boca, invitándolo a hacer lo mismo al sentir las manos de James rodearle la cintura mientras él atrapaba brevemente su cabello en un puño.

Se alejaron lentamente, el beso tan tranquilo y gentil que pudo haber durado algunos segundos o varios minutos.

Para Keith, no sería suficiente aunque se quedaran besándose durante horas, y ver a James lamerse los labios apreciativamente le hizo saber que para él tampoco fue suficiente.

—Keith...—respiró, frunciendo el entrecejo mientras le miraba a los ojos—Yo... No sabes cuántas veces soñé con esto.

A Keith se le escapó un bufido.

—¿Qué?

—Cállate—James ordenó, escondiendo su rostro en el pecho de Keith como si lo hubiese dicho sin pensar—. Yo...

Se mordió la lengua para evitar reírse, más apenado por la confesión que por lo que ésta decía.

—James—lo llamó, enterrando sus dedos en su cabello, y lo hizo levantar el rostro a él—, creo que yo...

Keith pausó, admirando su maravillosa expresión antes de continuar.

—Creo que me gustas.